Skip to main content

Full text of "Historia pragmática é interna de la Universidad de Salamanca"

See other formats


*rm 






mfmm 



M&^i 



mmZ 






j;ff 



^vae* 






f *t# 



V m zá*t¿M 



TOMO SEGUNDO 



La Universidad de Salamanca: 

Maestros y alumnos más distinguidos. 



Sal 



HISTORIA PRAGMÁTICA É INTERNA 



DE LA 



UNIVERSIDAD DE SALAMANCA 



POR 



ENRIQUE ESPERABÉ ARTEAGA 



CATEDRÁTICO NUMERARIO DE LA ILUSTRE ESCUELA 



TOMO SEGUNDO 

LA UNIVERSIDAD DE SALAMANCA 

Maestros y alumnos más distinguidos. 



SALAMANCA 

Imp. y Lib. de Francisco INuñez Izquierdo 

Ramos oel Manzano, 42, Y Rúa. 25 

1917 






,*+•* 



-TV -^ . -TV- ¿l"U 
la ¡S> ex enísima ¿Úníattia 

tRarín JsxUuvi 4" v axir isra 

íKomenaje del ¿Autor. 



/=^* •> a»i 




CAPITULO PRIMERO 

El Rectorado en la Universidad de Salamanca. — Relación de Rectores has- 
ta el plan de estudios de 1845. — Pérez de Oliva (Fernán). — Sancho 
Dávila. — Muñoz Torrero. — Hiño josa (Martin). — Fernando Mena. 

Noticias referentes al cargo de Rector en la Universidad 

de Salamanca. 



j odas las investigaciones que hemos practicado en 
el Archivo y en otras dependencias, en busca de 
ÉÉH datos que consintieran fijar con certeza la fecha 
en que se creó el Rectorado en el antiguo Estudio de Sala- 
manca, han sido completamente inútiles. No hay documen- 
to alguno que lo atestigüe, pero debió ser instituido ese car- 
go por D. Alfonso X el Sabio— según ya indicamos en el 
tomo anterior — porque así se deduce de la partida II, títu- 
lo XXXI, donde se lee: Otrosí pueden establecer de sí mes- 
mos un mayoral sobre todos, á que llaman en latín rector, 

que quiere decir tanto como regidor del estudio 

El Rector, desde su origen hasta 1422, casi durante dos 
centurias, fué designado por maestros y escolares, teniendo 
éstos últimos tal intervención en el acto de elegirle, que 
eran en realidad los que decidían la persona que había de 
ocupar el puesto; pero cuando el Papa Martino V dio su cé- 
lebre bula para el régimen y gobierno de la Universidad, 
privóse á los escolares de aquel derecho. Por virtud de las 
Constituciones del susodicho Pontífice, la elección de los 
Rectores pasó á ser de la competencia del Claustro de Con- 
siliarios, y más tarde exigiéronse á aquéllos ciertas nuevas 
condiciones. En los primeros Estatutos, hechos por la Es 
cuela salmantina en 1538, se ordena que no son hábiles para 
el Rectorado los individuos del Cabildo de la Iglesia Mayor 



- 6 - 

de Salamanca, los de la Clerecía Menor, los religiosos que 
vivan en conventos de la ciudad ni los maestros con cátedra 
de propiedad ó de sustitución. 

Al reformarse esos Estatutos el 1561 con motivo de la 
visita de D. Diego de Covarrubias y Leiva, Obispo de Ciu- 
dad Rodrigo, consignóse además que no fuera votado para 
Rector quien no perteneciese al gremio de la Universidad 
y hubiera residido en ella un año por lo menos. Por provi- 
sión real de 29 de Octubre de 1594 se dispone que los Rec- 
tores sean de los reinos de Castilla v León, por haber en 
ellos un buen número de hombres nobles 3 r de excelentes 
dotes para ejercer el oficio rectoral; la Real cédula de 11 
de Diciembre de 1770 manda que sean doctores ó licencia- 
dos por la Escuela; el plan de estudios de 1807 incapacita á 
los bachilleres menores de edad, catedráticos y á las perso- 
nas de comunidad ó de oficio público y sin tonsura, fijando 
en dos años la duración del Rectorado, y la Real orden 
de 26 de Septiembre de 1818 admite á los catedráticos que 
llenen los demás requisitos. 

Cambia la elección del Rector con el plan literario 
de 1824, que da facultad al Rey para nombrarle libremente 
entre tres profesores de edad, y acreditados por su talento 
y prudencia, ó entre dignidades y canónigos de la Catedral 
propuestos por el Claustro. El Rectorado dura entonces tres 
años, y cabe reelegir al que hubiera desempeñado su cargo 
con acierto y discreción. Con el plan de estudios de 1845, 
quedó sujeta la Universidad de Salamanca á las leyes que 
regían para las demás, y el Rector, desde esa fecha, es de- 
signado por Real decreto, á propuesta del Ministro. 

Hasta la revolución de 1868 eran los Rectores funciona- 
rios administrativos ajenos á la Universidad, y mal vistos 
por lo tanto entre el profesorado. Ruiz Zorrilla, á fin de co- 
rregir ese mal y dignificar á los Claustros, firmó un decre- 
to para que los Rectores salieran de la misma Universidad, 
entre los catedráticos numerarios. Dejó, sin embargo, al 
Gobierno la libertad de nombrarlos y separarlos, y durante 
los cuarenta y siete años transcurridos han estado los Rec- 
tores de las Universidades españolas sometidos á las varin- 
ciones y contingencias de la política, sucediéndose unos 
ú otros á medida que ésta cambiaba. Sólo en la de Salaman- 



- 7 - 

ca, tal vez por su historia y por respeto á lo que representó 
y á lo que siempre significará, no han tomado parte para 
nnda los partidos ni las ideas, al tratarse sobre todo de pro- 
veer el cargo Rectoral. Un Gobierno radical y progresista 
puso al frente del antiguo Estudio á Esperabé Lozano en 
Octubre de 1869, y en la jefatura académica continuó hasta 
que fué jubilado por edad como catedrático á fines de 1900. 
Rector Unamuno por la voluntad de un Ministro conserva- 
dor, dejó de serlo también por otro conservador, que llevó 
á la firma del Rey su cesantía, y Cuesta Martín, que en la 
actualidad ocupa el sillón presidencial de la antigua Aca- 
demia, debió el puesto á su apartamiento de las luchas po- 
líticas, á su independencia y á la circunstancia de ser Vice- 
Rector. 

Rectores de la Universidad de Salamanca hasta el plan 
de estudios de 1845. 

Años (1 . 



D. Rodrigo de Rivera ■ 1403 

D. Diego Castro 1-104 

D. Alvaro Pérez, Chantre de Salamanca 1465 

D. Francisco de la Fuente 1466 

D. Diego de Villalpando 1467 

D. Lope García Salazar. 1468 

D. Alonso Riuero, Canónigo - 1469 

D. Francisco de Murcia 1470 

D. Alvaro Pérez, por segunda vez 1471 

D. Francisco Riuero, Arcediano de Medina 1472 

D. Alonso Riuero, por segunda vez 1473 

Dr. D. Alonso Ponce Madrigal 1477 

D. Lope García Salazar, Canónigo de Coria 147S 

D. Rodrigo Alvarez, Canónigo de Salamanca 147Ó 

Licenciado D. Bernardino de Carvajal. ... 1480 

D. Alonso Castilla 1502 

D. Francisco de Sosa 1503 

Licenciado D. Juan Pardo 1504 



(1) Los números indican el año de la elección ó nombramiento. De los que van 
marcados con esta señal (*) hacemos un estudio biográlico separadamente. 



Año». 



D . Diego Rivera 1505 

D. Francisco Enríquez 1506 

D. Francisco Osorio 1507 

Licenciado D. Alonso Manso 1508 

D. Francisco de Salamanca 1509 

D. Juan Fresno, Prior de Santa María 1510 

D. Luis Medrano, Canónigo de Coria 1511 

D. Luis de Pimentel 1512 

D. Juan Robles 1521 

Licenciado D. Antonio de Saavedra 1525 

D. Iñigo Arguello 1526 

Muy Ilustre Sr. Licenciado D. Carlos de Avellano. 1527 

* Maestro D. Fernán Pérez de Oliva 1528 

D. Francisco de Navarra, Prior de Roncesvalles. . 1529 

Licenciado D. Miguel Chacón 1530 

Maestro D. Juan Chaves de Sotomavor 1531 

D. Alvaro de Mendoza 1532 

Maestro D. Diego de Córdova 1533 

Muy Magnífico Sr. D. Pedro Ponce de León 1534 

Maestro D. Juan Chaves de Sotomavor, por segun- 
da vez 1535 

Muy Ilustre Sr. D. Leopoldo de Austria 1536 

Maestro D. Diego de Córdova, por segunda vez. . . 1537 

D. Gerónimo Manrique 1538 

D. Gaspar de Zúñiga y Avellaneda 1539 

D. Juan de Zúñiga 1540 

Muy Ilustre Sr. D. Pedro Núñez de Avellaneda . . 1541 

Muy Magnífico Sr. D. Gabriel Velasco 1542 

Muy Magnífico Sr D. Andrés de la Cueva y de Bo- 

badilla 1543 

Muy Ilustre Sr. D. Pedro González de Mendoza. . 1544 

Muy Magnífico Sr. D. Rodrigo Castro y de Osorio. 1545 

D. Gerónimo de Silva 1546 

D. Martín de Figueroa 1547 

Muy Magnífico Sr. D. Diego Ramírez de Fuenleal . 1548 

Muy Ilustre Sr. D. Antonio Fernández de Córdoba. 1549 

Muy ilustre Sr. D. Fernando de la Cerda 1550 

Muy Magnífico Sr. D. Gonzalo Fajardo y Silva. . . 1551 



- 9 - 

Años. 

Muy Ilustre Sr. D. Fernando de Saavedra 1552 

Muy Ilustre Sr. D. Pedro de Acuña . . 1553 

Magnífico Sr. D. Cristóbal Vela 1554 

Muy Ilustre Sr. D. Pedro de Luna, Abad de Monte 

Aragón 1555 

Muy Ilustre Sr. D. Pedro Porto Carrero 1556 

Muy Ilustré Sr. D. Gabriel de Cárdenas . . 1557 

Muy Ilustre Sr. D. Pero Alvarez Vega y Osorio.. . 155s 

Muy Ilustre Sr. D. Diego de Avila 1550 

Muy Ilustre Sr. Licenciado D. Juan de Bracamonte . 1560 
Muy Ilustre Sr. Licenciado D. Antonio Manrique, 

hijo del Marqués de Aguilar 1561 

Muy Ilustre Sr. Licenciado D. Pedro Manrique, 

hermano del anterior 1562 

Muy Ilustre Sr. D. Juan Vique 1563 

Muy Ilustre Sr. D. Iñigo López de Mendoza 1564 

Muy Ilustre Sr. D. Diego Dávalos 1565 

Muy Ilustre Sr. D. Pedro Porto Carrero, por se- 
gunda vez 1566 

Muy Ilustre Sr. D. Diego López de Zúñiga, hijo de 

los Duques de Béjnr 1567 

Muy Ilustre Sr. D. Juan de Almeida 1568 

* Muy Ilustre Sr. D. Sancho Dá vila 1560 

Muy Ilustre Sr. D. Gonzalo Ponce de León. 1570 

D. Diego de Castilla 1571 

* Muy Ilustre Sr. Licenciado D. Sancho Dávila, por 

segunda vez 1572 

D. Bernardino de Mendoza 1573 

Muy Ilustre Sr. D. Juan de Acuña 1574 

Muy Ilustre Sr. D. Diego López Zúñiga y de Soto- 
mayor, por tercera vez 1575 

D. Alvaro de Mendoza 1576 

Muy Ilustre Sr. D. Juan de Acuña, por segunda vez. 1577 
Muy Ilustre Sr. D. Alvaro de Bena vides, hijo del 

Conde de Santisteban 1578 

Muy Ilustre Sr. D. Pedro Ponce de León, hijo del 

Duque de Arcos 1570 

Muy Ilustre Sr. D. Enrique Enríquez de Villena. . . 1580 



- 10 - 

Años. 

Muy Ilustre Si\ D. Diego Pacheco de Toledo, hijo 

del Marqués de Cerralbo 1581 

Muy Ilustre Sr. D. Antonio Venegas ... 1582 

Muy Ilustre Sr. D. Diego de Álava 1583 

Muy Ilustre Sr. D. Enrique Enríquez de Villena, 

por segunda vez 15S4 

* Muy Ilustre Sr. Licenciado D. Sancho Dávila, por 

tercera vez 1585 

Muy Ilustre Sr. Licenciado D. Alvaro Benavides, 

por segunda vez 1586 

D. Juan Torres v Córdova, hijo del Conde del Vi- 
llar " 1587 

* Muy Ilustre Sr. Licenciado D. Sancho Dávila, por 

cuarta vez 1588 

D. Juanetín Doria 1589 

Licenciado D. Luis Abarca de Bolea 1590 

Licenciado D. Pedro Deza 1591 

Licenciado D. Antonio Sarmiento de Mendoza, Ar- 
cediano de Ubeda en Jaén 1592 

Licenciado D. Luis Abarca de Bolea, por segunda 

vez 1593 

D. Gómez de Figueroa 1594 

D. Enrique Pimentel, hijo del Conde de Bena vente. 1595 

D. Gómez de Figueroa, por segunda vez 1596 

D. Antonio de Borja 1597 

D. Antonio Idiáguez y Manrique 1598 

D. Gómez de Figueroa, por tercera vez 1599 

Muy Ilustre Sr. Licenciado D. Juan de Bracamonte . 1600 
D. Francisco Dávila y Guzmán, hijo del Conde de 

Uceda 1601 

D. Juan Torres y de Córdoba 1602 

D. Gaspar de Guzmán, hijo del Conde de Olivares. 1603 
D. Fernando de Córdoba y Cardona, hijo del Duque 

deSessa 1604 

D. Francisco Pimentel, hijo del Conde de Bena- 

vente 1605 

D. Fabrique de Toledo, electo, sin llegar á pose- 
sionarse 1606 



- 11 - 

Años. 

D. Bernardo Sandoval y Rojas 1607 

D. Antonio Ponce y Chacón 160S 

D. Baltasar de Moscoso 1609 

D. García de Haro y Sotomayor, hijo del Marqués 

del Carpió 1610 

D. Melchor de Moscoso y Sandoval, hijo del Conde 

de Altamira 1611 

D. Pedro de Aragón 1612 

D. García Pimentel, hijo del Conde de Bena vente. 1613 
D. Agustín de Spínola, no tomó posesión por ser de 

otro reino 1614 

D. Vicente Pimentel 1614 

D. Diego Pacheco, hermano del Marqués de Vi- 
llena 1615 

D. Gaspar déla Cueva y Mendoza, hijo del Marqués 

de Bedmar 1616 

D. Juan Pacheco, hijo del Marqués de Cerralbo. . . 1617 

D. Martín de Guzmán 1618 

D. Manuel Henríquez de Guzmán 1619 

D. Enrique de Haro, hijo del Marqués de Carpió.. . 1620 
D. Carlos Gonzaga, hermano del Príncipe de Bo- 

coli (Italia) 1621 

D. Antonio de Luna, hijo del Marqués de Salvatie- 
rra 1622 

D. Enrique de Guzmán, hijo del Marqués de Car- 
pió 1623 

D. Claudio Pimentel, hijo del Marqués de Carpió. . 1624 

D. Vicente de Calatayud y Toledo, Conde del Real. 1625 
D. Claudio Pimentel, hijo del Marqués de Carpió, 

por segunda vez . 1626 

D. Francisco Sarmiento y Luna 1627 

D. Claudio Pimentel, por tercera vez . . . 1628 

D. Juan Sfrondato 1628 

I). Lope de Moscoso y Pimentel, hijo del Marqués 

de Távara 1629 

D. Francisco Sarmiento y Luna, por segunda vez. 1630 
D. Antonio de Benavides, hijo del Conde de San- 

tisteban 1631 



- 12 - 

Años. 

D. Juan Esteban Dongo 1632 

D. Pedro Deza y del Águila 1632 

D. Gaspar Velasco de la Cueva 1633 

D. Juan de Bernuy y Mendoza 1634 

D. Antonio de Aragón y Córdova, hijo de los Du- 
ques de Cardona y de Segorbe 1635 

D. Vicente de Aragón y Córdova, hermano del an- 
terior 1636 

D. Francisco de Borja y Aragón 1637 

D. Pascual de Aragón y Córdova, hijo de los Du- 
ques de Cardona y de Segorbe 1638 

D. Diego de Zúñiga y Sotomayor, hijo del Duque 

de Béjar 1639 

D. Tomás Doria 1640 

D. Alvaro de Luna, hijo del Conde de Montijo 1641 

D. Fernando Moscoso y Ossorio 1042 

D. Fernando Bazán, hijo del Marqués de Santa 

Cruz 1643 

D. José Andía Irarrazabal 1644 

D. Baltasar de la Cueva, hijo del Duque de Albur- 

querque 1645 

D. Gaspar de Guzmán, hijo del Duque de Medina 

Sidonia 1646 

D. Antonio Manrique Zúñiga y Sandoval, hijo del 

Marqués de Villamanrique 1647 

D. Melchor de Moscoso y Rojas, Marqués de Pozas. . 1648 
D. Ambrosio Spínola y Guzmán, hijo del Duque 

de San Lúcar 1649 

D. García Hurtado de Mendoza, hijo del Conde 

de la Corzana 1650 

D. Antonio de Calatayud y Toledo, hijo del Conde 

del Real 1051 

D. Vicente de Calatayud y Toledo, hermano del an- 
terior 1652 

D. Juan Bautista Airoldo, Conde de Lezo 1653 

D. Gabriel Manrique, hijo del Marqués de Aguilar. 1654 

D. Juan Jacinto Manrique, heredero del anterior. . 1655 

D. Baltasar de Rosales, hijo del Conde de Bailet. . 1656 



- 13 - 

Años. 

D. José Manrique de Lara • 1657 

D. Antonio V. Ladrón de Guevara, hijo del Conde 

de Campo Real 1658 

D. Pedro Sarmiento y Toledo, hijo del Conde de 

Gondomar 1659 

D. Beltrán V. Ladrón de Guevara, hijo del Conde 

de Campo Real 1660 

D. Jacinto de Andrade y Castro, hijo del Conde de 

Maceda 1661 

D. Taime Polafox v Cardona, hijo del Marqués de 

Áriza 1662 

D. Mateo Arias de Pacheco, hijo del Conde de Pu- 

ñonrostro 1663 

D. Rodrigo G. Portocarrero, hijo del Conde de Me- 

dellín 1664 

D. Pedro de la Cerda y Trejo, hijo del Marqués de 

la Rosa 1665 

D. Juan Francisco Messía Ponce de León 1656 

D. Francisco Adda, Conde de Salas y de Adda, 

Marqués de San Juan 1667 

D. Domingo Medrano de Mendizábal, Caballero de 

la Oden de Calatrava 1668 

D. José Rabaschero Fiesco 1669 

D. Gaspar J. Márquez de Bracamonte 1670 

D. Luis de Losada Riva de Neira, Caballero de la 

Orden de Santiago 1671 

D. Francisco Dávila Ponce de León, Caballero de 

la Orden de Santiago 1672 

D. Félix Ventura de Aguirre 1673 

D. José González Pacheco 1674 

D. Diego Ulzurrun y Asanza . . . . • 1675 

D. Juan P. de Silva". 1676 

D. Juan Dávila Pacheco 1676 

D. Fradique Antonio de Colarte 1677 

D. José Cisternes y Oblitas 1678 

D. Antonio Pueyo Dameto 1679 

D. Manuel Rivera 1680 

D. Juan J. Castaños y Montano 1681 



- 14 - 

Años. 

D. Luis de Benavides y Aragón, hijo del Conde de 

Santisteban 1682 

D. Juan Terán de los Ríos 1683 

D. Luis Pánez 1684 

D. José de los Llanos 1685 

D. Pedro Muñoz Castiblanque 1686 

D. Antonio Pacheco y Monroy 1687 

D. Diego de Toro y Aguilar 1688 

D. Manuel Cifuentes y García de Villalpando 1689 

D. Pedro de Rada y Gallardo. 1690 

D. Sebastián de la Iseca 1691 

D. Juan Hernández Carretero 1692 

D. Pablo Albelo de Ulloa 1693 

D. Miguel Antonio de Tourlón 1694 

D. Tomás I. de Arrióla 1695 

D. Antonio de Grande y Barrientos 1696 

D. Francisco Antonio de Bustamante 1697 

D. Ignacio de Zezumaga 1697 

D. Antonio Blasco Alemán 1697 

D. Juan Moreno Serrano de la Cruz 1698 

D. Francisco Sayagües González 1699 

D. Juan Francisco Ibarburu 1700 

D. Domingo Scholano 1700 

D. Luis Manrique A. de Trujillo 1701 

D. Domingo Aguerrí 1702 

D. José Ruiz de Uvago 1703 

D. Juan Beltrán de Ozaeta 1703 

D. Juan Félix de la Llave 1704 

D. José Ortega y Orellana 1704 

D. Francisco Lorenzo Aizoain 1705 

D. Matías Interían de Ayala (no se posesionó) 1706 

D. José Borrul (Vice-Rector), que desempeñó el 

Rectorado 1706 

D. Juan Luna de Mendoza 1707 

D. Carlos Rivera y Losada 1708 

D. Juan Martín Marcos 1709 

D. Fernando Riofrío y Ladrón de Guevara 1710 

D. Francisco Méndez de Barrionuevo 1711 



- 15 - 

Años. 

D. Manuel Meléndez Valdés 1712 

D. Luis Gómez de Parada 1713 

D. Miguel de Córdova (no se presentó) 1714 

D. Pedro Gayoso (Vice-Rector), que desempeñó el 

Rectorado 1714 

D. Tomás Peláez del Valle 1715 

D. García G. Carvajal y Figueroa 1710 

D. Alfonso Merguelina Miño 1717 

D. Gerónimo Groso 1718 

D. Pablo Vitorino Calderón = . . 1719 

D. José Pizarro 1720 

D. M. Jacinto de Blancas 1721 

D. Pedro de Portugal, hijo del Duque de Veraguas, 

no aceptó 1722 

D. José A. de Mendinueta 1722 

D. Alonso Gutiérrez de Salamanca 1723 

D. Vito Cadelo y Fárdela 1724 

D. Isidro Orejudo (no aceptó) 1725 

D. Pedro Noguira (Vice-Rector), que desempeñó el 

Rectorado 1725 

D. Lorenzo Enríquez 1726 

D. Antonio Gaurín Palmir Palmir 1727 

D. Pablo Nicolás Porres y Silva 1728 

D. Juan Balparda de la Hormaza 1729 

D. Martín Cala de Vargas 1730 

D. Miguel Fernández Cacho 1731 

D. Pedro Casamayor y Pichón 1732 

D. Amaro González Mesa 1733 

D. José Capilla Bravo 1734 

D. José Rodríguez de Toro 1735 

D. Pablo de Echeverría . 1736 

D. Tomás Elío de Robles 1736 

D. Manuel de Osorio y Manso 1737 

D. Pedro Machado 1738 

D. Vicente Leal 1739 

D. Juan Antonio Arteaho (se anuló la elección por 

no ser legal) 1740 

D. Francisco Milla de la Peña 1740 



- 16 - 

Anos. 

D. Francisco Eugenio de J. López Pintado 1741 

D. Vicente Leal, por segunda vez 1742 

D. Jacinto Triguero 1742 

D. Francisco Domínguez Vela 1743 

D. Diego Arroyabe y Mirasol 1744 

D. Ramón Iñiguez Beortegui 1745 

D. Antonio Sánchez Manzanera 1746 

D. Bartolomé Casabuena y Guerra 1747 

D. Eusebio Vergara 1748 

D. García Manrique de Lara 1748 

D. Antonio Pérez de la Torre y Guzmán 1749 

D. Manuel Villar y Gutiérrez 1749 

D. Manuel Fernández Moreno 1750 

D. Lorenzo Bernardo Corrales y Huerta Gavilán.. 1751 

D. Miguel Lorenzo Pedrosa 1752 

D. Francisco Cabrero y Marqués 1753 

D. Ñuño Nabia y Bolaño 1754 

D. José Allende y Salazar 1755 

D. Juan Francisco de Zavala 1756 

D. Francisco Antonio Amavizcar y Monroy 1757 

D. Fermín J. García de Almarza 1758 

D. Juan Tamarón y Pintado 1759 

D. Alonso Rodríguez Gómez de Omaña 1760 

D. Francisco Tovares Pacheco (Vice-Rector), que 

desempeñó el Rectorado 1761 

D. Francisco Javier González (Vice-Rector), que 

desempeñó el Rectorado 1761 

D. Rodrigo de Rada y Santander (Vice-Rector), 

• que desempeñó el Rectorado 1761 

D. Andrés de Borja y Montero 1762 

D. José Vallejo 1763 

D. José Alonso Caballero 1763 

D. Miguel del Castillo y Barrio 1764 

D. Francisco Plácido González Maldonado 1765 

D. Antonio Torres y Bayona 1766 

D. José Martínez de la Raga 1767 

D. Fernando Velasco y de Arjona 1768 

D. Antonio Fuentes y Godínez 1768 



- 17 - 

so 1 Anos. 

D. Joaquín Morago 1769 

Licenciado D. Miguel Munarriz 1771 

Licenciado D. Pedro Luis Blanco 1773 

Dr. D. Pedro I. Hernández de la Encina (no se po- 
sesionó) 1775 

D. Ramón Salas Cortés (Vice-Rector), que desem- 
peñó el Rectorado 1776 

Dr. D. x\ndrés de Borja Montero 1777 

Licenciado D. Carlos López Altamiro 1779 

Licenciado D. Narciso Batiz 1782 

Dr. D. José Azpeitia Izaguirre 1784 

* Licenciado D. Diego Muñoz Torrero 1787 

Licenciado D. Vicente Ruiz Alvillos 17S9 

Licenciado D. Francisco Antonio Bajo 1790 

D. Ildefonso Ceballos (Vice-Rector), encargado del 

Rectorado 1791 

Dr. D. Juan Francisco Gorordogoicoa 1792 

Dr. D. Luis Casaseca y Tomé 1794 

Dr. D. Juan Francisco Gorordogoicoa, segunda vez 1796 

Licenciado D. Francisco Javier Caro 1798 

Dr. D. Juan Francisco Gorordogoicoa, tercera vez 1800 

Dr . D. Miguel Ortiz Ruf rancos 1801 

Dr. D. Francisco Forcada, Catedrático jubilado de 

Leyes 1803 

Licenciado D. Antonio Cabanillas 1805 

Dr. D. Francisco Crespo y Ramos 1806 

Licenciado D. Andrés Ramos Martín 1808 

Dr. D. Antonio Alba (Vice-Rector), que desempe- 
ñó el Rectorado 1809 

Dr. D. Salvador Tejerizo y Tejada (Vice-Rector), 

que desempeñó el Rectorado 1812 

* Dr. D. Martín de Hinojosa, catedrático jubilado 

de la Facultad de Leyes 1813 

Dr. D. Manuel Caballero del Pozo, catedrático jubi- 
lado de Concilios nacionales 1815 

Dr. D. Manuel Pavón y Gutiérrez 1816 

Dr. D. Luis Delgado Ramos 1818 

Dr. D. Manuel J. Pérez Mellado 1819 



- 18 - 

Años. 

Dr. D. Francisco Luis Alvarez (Vice-Rector), en- 
cargado del Rectorado 1823 

Dr. D. Agustín Librero Falcón 1825 

Dr. D. Francisco García Ocaña 1828 

Dr. D. Luis Delgado Ramos, segunda vez 1830 

Dr. D. Miguel Marcos 1834 

* Dr. D. Fernando Mena, catedrático jubilado 1843 



Fernán Pérez de Oliva. 

De este maestro sólo pueden darse datos muy incom- 
pletos, pues faltan los libros de Claustros de 1512 á 1526, no 
empiezan los de juramentos hasta después de esta última 
fecha, y no hay de matrículas, ni los expedientes de provi- 
siones de cátedras. Sin embargo, de lo poco que se conser- 
va, resulta que se encontraba en Salamanca en el verano 
de 1526, porque se le encargó de la sustitución de las cá- 
tedras de Filosofía moral del maestro Marga! lo y de la de 
Filosofía natural del Dr. Silíceo desde San Juan á Nuestra 
Señora de Septiembre. 

Debía ser ya maestro graduado por la Universidad, ó in- 
corporado á ella, toda vez que se habla del Maestro Oliva 
en manuscritos de aquella época. Luego no se encuentra su 
nombre hasta el Claustro de 29 de Abril de 1529, que presi- 
de como Rector. Desempeñó ese cargo hasta San Martín 
del mismo año, en que se eligió para sucedeile al Prior de 
Roncesvalles, y en el folio 188 vuelto del dicho libro, donde 
figura como jefe de la Escuela, se halla la firma del Maestro 
Oliva, Rector. Más tarde figura como asistente á los Claus- 
tros plenos del curso 529-30, y habiendo quedado vacante la 
cátedra de Filosofía moral por ausentarse sin licencia el 
Dr. Margallo, se opuso á esa clase el 23 de Marzo de 1530, 
juntamente con Alonso de Córdova, agustino, que fué el 
primer catedrático nominalista que hubo en Salamanca, y 
que desempeñaba Teología nominal, llamada también de 
Gregorio Arímino, ó de Durando, hombre de grandes méri- 
tos y del que se dice, entre otras cosas, que acompañó á 



- 19 - 

Valladolid, en 1527, á los maestros Silíceo, Vitoria, Marga- 
lio, etc., á fin de examinar las obras de Erasmo. Aunque en 
todos los libros que hemos leído se afirma que el resultado 
de estas oposiciones favoreció á Pérez de Oliva, resultan 
tales datos completamente inexactos, puesto que del exa- 
men de los protocolos de cuentas y de las actas de Claus- 
tros, á falta de otros elementos, resulta que el 28 de Marzo 
del 530 fué proveída la cátedra de Filosofía moral en el 
maestro Alonso. 

La que éste tuvo antes, de Teología nominal, se anunció 
á oposición el 30 del mismo mes y año, y á pesar de no ser 
de propiedad como la de Moral, sino de las instituidas por 
la Universidad, el maestro Oliva se opuso á ella en seguida, 
y por ser único aspirante pidió al Rector que hiciese infor- 
mación de suficiencia para no tener que leer de oposición. 
Hecho el expediente y habiendo sido favorable, el 2 de 
Abril recibió el nombramiento de catedrático de Gregorio 
por tiempo de cuatro años y sueldo de 30.000 maravedís 
anuales, según se desprende de los libros de Claustros. 
Poco pudieron aprovechar los estudiantes de Fernán Pérez 
de Oliva en el curso aquel, en razón á justificarse de un 
modo claro en los registros autorizados existentes en el 
Archivo Universitario, que de las noventa lecciones que 
debió dar, fué multado en setenta de media multa. Se des- 
conocen las causas de tan lamentable abandono, sin que 
basten á justificarle los días que estuvo preso, que se le des- 
cuentan, y una licencia que disfrutó. En la asignación he- 
cha el 27 de Mayo de 1530 para el curso del 30 al 31, se le 
mandó que prosiguiera la lectura de Durando. Hizo el ju- 
ra tiento como catedrático el 1 de Mayo de 1530. Al año si- 
guiente no fué mayor su asiduidad en la labor de clase, al 
ser multado en veinte y seis lecciones de media multa y en 
cinco de nullus legit por entrar tarde y salir temprano. No 
llegó á explicar todo el curso. El 8 de Agosto de 1531 se 
pronunció por vaca 1 i cátedra de Gregorio, siendo provista 
inmediatamente. A partir de entonces no se encuentra ras- 
tro alguno del maestro Oliva, ni en los libros de Claustros 
ni de cuentas, ni se hace constar, como es lo corriente, el 
motivo de la vacadura. El "Razonamiento,, que hizo en Sa- 
lamanca al practicar oposiciones á la cátedra de Filosofía 



-20- 

Moral, inserto en el Enciclopédico Hispano Americano, es 
en gran parte autobiográfico. 

No se conoce la fecha de su muerte. Fitz Maurice da la 
de 1530, desde luego inexacta. El Enciclopédico la fija 
en 1533. 

Viajó mucho, permaneció largas temporadas en el ex- 
tranjero, sobre todo en Francia é Italia, disfrutó de consi- 
derables distinciones, y publicó obras muy importantes y 
de verdadero mérito. Merecen citarse: El Razonamiento que 
hizo en Salamanca al opositar d la cátedra de Filosofía. 

El Razonamiento al Municipio de Córdoba sobre la na- 
vegación del Guadalquivir. 

Diálogo de la dignidad del hombre. 

Colección de poesías . 

Hécuba triste, de Eurípides. 

La venganza de Agamenón. 

La Lengua castellana en el nacimiento de Hércules ó 
comedia de Amphytryon. 

Las potencias del alma, y uso que de ellas debe hacerse. 



Sancho Dávila y Toledo. 

D. Sancho Dáviln y Toledo, hijo de D. Sancho Dávila y 
de D. a Juana Enríquez de Toledo, herederos del Marquesa- 
do de Velada, que poseyeron, nació en Alba de Tormes, 
según se dice repetidas veces en los libros de Claustros } T 
de Licénciamientos. El año en que vino al mundo no se sabe 
de cierto, pues aunque Nicolás Antonio anota que fué 
en 1547, hay motivos para creer que no es exacta la fecha, 
y en el acta del Claustro pleno de 10 de Febrero de 1586, se 
afirma que tenía cuirenta años y que hacía más de treinta 
que estaba en Salamanca. Del registro de Licénciamientos 
aparece que D. Sancho se graduó de Bachiller en Sagrada 
Teología el 26 de Abril del 568, y que el 10 de Noviembre 
del mismo año le eligieron Rector de la Universidad para 
el año 568-69. Era por entonces canónigo de la iglesia Cate- 
dral de Avila, pero tenía casa y criados en Salamanca, como 
claramente se desprende del acta del Claustro pleno de 11 
de Noviembre de 1568. En aquella reunión se acordó, á pro- 



, 



- 21 - 

puesta del Rector saliente, enviar á Avila al Dr. Diego 
de Vera con los recaudos necesarios á fin de que el Cabildo 
diese licencia á Dávila para que viniera á residir y ejercer 
su nuevo cargo en Salamanca. Los libros nada manifiestan 
sobre la embajada de Vera, mas el permiso debió conse- 
guirse, por cuanto D. Sancho tomó posesión del Rectorado 
á los pocos días. 

En el año en que desempeñó este puesto, una de las cues- 
tiones que más intrigaron al Claustro fué la comisión á 
Roma para ver de lograr que las dignidades y la mitad de 
los canonicatos de la iglesia de Salamanca se confirieran á 
los doctores y maestros de la Universidad. D. Sancho, por 
el ascendiente que su familia tenía cerca del Rey, favoreció 
el negocio en la Corte, y hasta alguien pensó en él para que 
marchara á la capital de Italia, si bien se desistió de ello 
muy pronto por dificultades que surgieron. Terminado el 
año de su oficio, volvió á Avila, dejando gratos recuerdos 
entre profesores y alumnos. Unas calenturas pusieron en 
gran peligro su vida, y así lo refiere en cariñosa carta que 
dirigió á la Universidad con fecha 10 de Marzo de 1570, en 
la que demandaba el apoyo de la Escuela para retornar á 
Salamanca. Ni padres, ni parientes — dice— me hacen olvi- 
dar las atenciones de vuestros mercedes, y como el Cabil- 
do se pronunciase en contra de sus deseos, pidió interven- 
ción á los doctores salmantinos, recabando por este medio 
el permiso del Cabildo durante tres años, pero obligándole 
á ir á Avila anualmente y servir su canongía seis meses. La 
Universidad no se conformó con la condición impuesta, y 
entabló un pleito con los capitulares, en el que entendieron 
los Dres. Francisco de Castro, Gutiérrez de Moya y Solís. 

Fué ordenado por el Obispo D. Rodrigo Vázquez Avi- 
la de los órdenes menores en la ermita de Nuestra Seño- 
ra de la Concepción, de Hontiveros, el 15 de Septiembre 
de 1570, según certificación que se halla en el Registro de 
su Licenciatura; al día siguiente de subdiaconado en la 
iglesia de San Cipriano de la misma villa, y al otro, domin- 
go 17 de Septiembre, de diácono. En Noviembre de 1572 le 
eligieron por segunda vez Rector para el año 72-73, y en 
12 de Enero los consiliarios reunidos en la posa/la de Dá- 
vila, le dieron licencia para asistir á las exequias de su cu- 



- 22 - 

fiada la Marquesa de Velada, y nombraron Vice-Rector 
á D. Gabriel de Luna. La ausencia de D. Sancho duró 
poco, pues el 10 de Febrero preside un Claustro en Sala- 
manca. El 30 de Mayo de aquel mismo año, el Claustro ple- 
no autorizó al Rector para la investidura de Licenciado en 
Sagrada Teología, y á los maestros teólogos para exami- 
narle. Presentóle al Vicescolástico el maestro León de Cas- 
tro, padrino del graduante y Decano de la Facultad, para 
los actos que el caso requería. El Vicescolástico encomen- 
dó á Fray Francisco Zumel que practicase la información 
de moribus, et vita, et legitimitate , y habiendo sido favora- 
ble, le dispensó en uso de sus facultades, de la lectura á que 
estaba obligado, y le señaló el 6 de Junio para tomar pun- 
tos, y el 7 para hacer el examen sobre los temas que le to- 
caron en suerte de los libros 2.° y 4.° del Maestro de las 
Sentencias. En el 2.° la distinción 35: quid sit peccatum, 
y en el 4.° la 20: de pcenitentia. Hizo el ejercicio en la famo- 
sa capilla de Santa Bárbara, y fué aprobado unanimiter et 
nemine discrepante, y el 8 en la de Santa Catalina le impu- 
sieron el birrete de Licenciado en Teología, al mismo tiem- 
po que le daba su venia el Tribunal para presentarse al 
grado de maestro, cuando le conviniera. Presenciaron la 
ceremonia muchos estudiantes y caballeros, personas dis- 
tinguidas y hombres de ciencia, entre ellos el limo, señor 
D. Pedro Enríquez, Conde de Fuentes. 

Tradujo del latín al castellano Los suspiros de San 
Agustín, y dejó escritas, al morir, bastantes obras. Son 
notables: 

Biografía de Santo Tomás. 

Vida de San Vidal. 

Sobre la veneración que se debe á los cuerpos de los san- 
tos y á sus reliquias. 

Vida de San Agustín. 

Los sermones que predicó en las cuatro ciudades de su 
Obispado. 

Milagros y aparición de Nuestra Señora de la Ca- 
beza. 

Fué penitenciario en Coria y más tarde Deán de aquella 
iglesia, Obispo de Jaén, de Murcia, de Sigüenza y de Pla- 
sencia; estimado entre las diferentes clases .sociales, de do- 






- 23 - 

tes diplomáticas y de un talento grande y claro que le per- 
mitía ver con facilidad las cuestiones difíciles y la manera 
de solucionarlas. 

Diego Muñoz Torrero. 

Diego Muñoz Torrero (ó Thorrero) era natural de Cabe- 
za de Buey, priorato de Magasela, é hijo legítimo de Diego 
Muñoz Torrero y de María Francisca Moyano, vecinos y na- 
turales de la misma villa. Debió de nacer hacia 1761, porque 
en el expediente personal de D. Diego, con referencia á he- 
chos ocurridos en 1776, se dice que tiene quince años. En 
Octubre de esta fecha fué admitido en la Universidad. Si- 
guió un curso de tres meses de Lógica y otro de seis de Me- 
tafísica en los del 776-77 y 777-78, respectivamente. En 6 de 
Octubre del 778 se presentó al Bachilleramiento en Artes, 
siendo aprobado némine discrepante el 10 de Octubre del 
susodicho año. En los cursos siguientes estudió uno de Cá- 
nones y cuatro de Teología, y concluidos el 11 de Junio 
de 1783 tomó el Bachillerato en Teología, también con la 
más honrosa calificación, propia de aquellos tiempos. 

Por Real carta-orden de S. M. de 10 de Enero del 786 
fué nombrado para una cátedra de Regencia de Artes, de 
la que se posesionó á los siete días. No hemos podido hallar, 
á pesar de registrar expedientes y libros, la fecha en que 
dejó esta clase. Un año después figura entre los opositores á 
la cátedra de Lugares Teológicos, provista por el Rey el 26 
de Junio de 1787 en el Rvdo. P. D. José de la Oliva, de la 
Orden de San Basilio. 

En 24 de Octubre del 787 hizo la Licenciatura en Sagra- 
da Teología, y en los documentos en que de esto se habla, 
se manifiesta que tenía pasantía cumplida. Tal vez se alu- 
da al curso de Artes que desempeñó. Le tocaron en suerte 
la distinción 30 del libro 2.° y la 43 del 4.° del Maestro de las 
Sentencias. Tuvo por padrino á Fray Basilio de Mendoza, 
y verificado el ejercicio, aprobó némine discrepante. Al 
recibir el grado, juró en la forma prevenida defender pú- 
blica y secretamente la Purísima Concepción de María San- 
tísima, y no promover ó enseñar directe negué indirecte 
cuestiones contra la autoridad civil y regalías Reales. 



- 24 - 

No mucho más tarde fué elegido Rector para el bienio 
de 1787-89, sin que se halle su nombre más tarde entre los 
antecedentes que obran en el Archivo. 

Que su cultura era vasta, su entendimiento clarividente 
y su elocuencia reposada, lo proclaman cuantos aportan no- 
ticias sobre su vida y el papel que desempeñó en las céle- 
bres Cortes de Cádiz, en donde se destacó como una de las 
figuras más interesantes y sugestiona dora?. Diputado elec- 
to en 1810, juró su cargo el mismo día que las Cortes se 
abrieron, y en los tres años de duración del Parlamento 
gaditano, usó de la palabra cuando las circunstancias lo 
exigían, siempre con moderación y templanza, circunspec- 
to, razonador y polemista en ciertas ocasiones. De la con- 
ferencia dada en el Ateneo de Madrid por D. Rafael María 
de Labra sobre Mimos Torrero y las Cortes de Cádiz, co- 
piamos las siguientes páginas: 

En este orden de ideas, quizá de todas las figuras que aparecen 
en el cuadro de las conferencias del Ateneo, no haya una compa- 
rable á la figura de D. Diego Muñoz Torrero, porque siendo su mé- 
rito individual superior, pocos como él han representado tan cum- 
plidamente su época, y después de haber intervenido de una mane- 
ra decisiva en el periodo quizá más grave de toda nuestra historia 
contemporánea, apenas si consta noticia segura de su vida particu- 
lar y pública, fuera de un corto número de años. Y si su acción fué 
toda en servicio del progreso y de la patria, la única recompensa 
que obtuvo de sus coetáneos fué la persecución y el martirio, que- 
dando luego para su memoria el más negro olvido, interrumpido 
al cabo de cuarenta años por la noble protesta de un partido que, 
por lo mismo, daba al desagravio cierto carácter de interesado. 

Con efecto, desde que en Marzo del año 29 murió en un calabo- 
zo de la Torre de San Julián de Barra el virtuoso sacerdote Muñoz 
Torrcio, apenas si alguno que otro de sus compañeros de martirio 
recordaba los grandes méritos del gran definidor de la soberanía 
nacional en 1812. Fué preciso que el partido progresista atravesa- 
se la gravísima crisis de 1863 para que se determinara á evocar la 
memoria del gran doceañista, provocando la gran manifestación 
pacífica de 5 de Mayo de 1864, que inauguró la práctica frecuente, 
y en verdad admirable, del derecho de reunión en nuestra patria. 

Poco antes, el viejo y heroico progresismo había necesitado con 
otro objeto, pero por el propio motivo, avivar la memoria de aque- 
llas tres grandes ilustraciones de la familia, verdadero orgullo de 



- 26 - 

la España moderna, que representaron la política, el derecho y la 
hacienda de aquel partido, y que se llamaron Arguelles, Calatrava 
y Mendizábal. Era el periodo de lucha definitiva, en el terreno 
de una legalidad más ó menos discutible, del viejo régimen con la 
idea nueva. El partido moderado se había dejado inficcionar y do- 
minar por el neocatolicismo. Era el último periodo de Narváez y 
Nocedal. El partido progresista, todaAia no exhausto, después de 
tantos años de proscripción y tantos levantamientos y suplicios, 
oponía á la negra ola de la reacción el espíritu y las obras del autor 
déla desamortización, del impugnador de los mayorazgos y del 
voto de Santiago y del orador quizá más popular y batallador de 
las Cortes de Cádiz, del adversario de la Regencia de 1813 y del 
autor del preámbulo de la Constitución. 

Pero pronto el progresismo corrió un mayor peligro. La unión 
liberal le arrancó lo más florido de su estado mayor, mediante cuya 
cooperación fueron posibles el reconocimiento del reino de Italia 
y la legalidad y organización de la democracia. La tentación fué 
inmensa, sobre todo para aquéllos que, después de una lucha sin 
tregua, ya no creían poder ver la tierra prometida, y, en cambio, 
encontraban condescendencias y transacciones del lado de los ele- 
mentos conservadores. Mas del otro lado surgía otra nueva contra- 
riedad. La democracia pujante realizando aquella magnífica obra 
de propaganda, llevada á feliz cima por Pí Margall en la prensa, 
Castelar en la tribuna popular y Rivero y Figueras en el Parla- 
mento. Predicábase el dogma de los derechos individuales, supe- 
riores y anteriores á la ley y á la voluntad del pueblo; y esta fórmu- 
la, por el radicalismo de su presentación y las necesidades de la 
polémica, pareció un momento la negación del dogma fundamental 
del viejo progresismo y de la base de la sagrada Constitución de 
Cádiz. Entonces fué precisa la invocación de otro genio; entonces 
el partido progresista buscó en Portugal y trajo á Madrid (donde 
reposan, en el cementerio de San Nicolás y junto á los restos de 
Arguelles, Calatrava y Mendizábal), las cenizas de aquel varón 
irreprochable, sabio teólogo, carácter entero y alma bondadosa, á 
quien se debió el decreto de las Cortes de 24 de Septiembre de 181 1 , 
donde se proclama, con la soberanía nacional, la división de los 
poderes públicos, la inviolabilidad de los diputados y la legitimi- 
dad de Fernando VII frente al extranjero conquistador y á despe 
cho de las cesiones de Carlos IV por la voluntad de la nación. 

Realmente si algunas figuras, si algunos prestigios hubieran 
podido contener la terrible crisis porque entonces atravesó el par- 
tido progresista, y sostenerle en su primitiva tendencia y su forma 
histórica más caracterizada, seguramente hubieran sido los pres 
tigios evocados al poblar los espacios por medio de la prensa y la 



- 26 - 

tribuna pública, con los nombres y memorias de Arguelles, Cala- 
trava, Mendizábal y Muñoz Torrero. Sólo que los tiempos pedían 
otra cosa, y había sonado la hora de la muerte de los viejos parti- 
dos y la transformación del viejo progresismo. Pero la manifesta- 
ción de 1864 fué un gran desagravio. Las nuevas generaciones oye- 
ron hablar del Chantre de Villafranca, y el pueblo español volvió 
los ojos á los tiempos gloriosos de nuestra primera Revolución. 
Pero como esto se hizo con motivo político y de momento, y por un 
partido determinado, con interés parcial y exclusivo, aquel plau- 
sible suceso sólo revistió una importancia relativa. Pasaron las 
circunstancias y volvió la indiferencia, y hoy mismo, los que, como 
yo, han pretendido buscar datos y penetrar en la intimidad de la 
vida del ilustre Muñoz Torrero, tropiezan con la escasez de fuentes 
y aquella misma falta de informaciones seguras que hace dificilísi- 
mo el apreciar concienzudamente la obra de los humanistas y esta- 
distas del último tercio del siglo xvín, contemporáneos de Pombal 
y de Turgot, y que son los precursores de la Revolución contem- 
poránea. 

De otra parte, pocas individualidades tan dignas como la de 
Muñoz Torrero del nombre y la consideración de personificación 
de su época. Estimadas las líneas generales de la vida de aquel 
sacerdote, apenas si ofrecen particularidad merecedora de espe- 
cial comentario. Nació hacia 1761 en Cabeza de Buey, provincia 
de Badajoz, en aquella tierra extremeña que con la asturiana com- 
partió el honor de dar el mayor número— entre los peninsulares- 
de hombres ilustres á las Cortes gaditanas. Porque extremeños 
fueron Lujan, Calatrava, Oliveros y Fernández Golfín. A los vein- 
titrés años era nombrado catedrático de Filosofía en la Universi- 
dad de Salamanca, que cuatro años después lo elegía Rector; de 
aquella ilustre Universidad que protestó, quizá la única, contra el 
atentado reaccionario de 1813, casi al mismo tiempo que la Univer- 
sidad de Cervera protestaba contra la fatal manía de pensar. 

Dedicado á la carrera eclesiástica desde su primera juventud, 
y por vocación irresistible de su espíritu, luego hubo de abando- 
nar la Universidad salmantina para recibir por el mérito notorio de 
sus virtudes, su talento y su ciencia, el cargo de Chantre de Villa- 
franca. En 1810 fué diputado para las Cortes de Cádiz, y en los tres 
años de vida del Parlamento gaditano, no fué de los que más usa- 
ron de la palabra. No obtuvo cargo alguno oficial ni honores extra- 
ños á la Diputación. Imposibilitado por prescripción legal (harto 
deplorable) de formar parte de las Cortes ordinarias de 1813, víno- 
se con todos los diputados y hombres políticos de aquella época á 
Madrid, cuando las Cortes, por efecto de la epidemia primero, y 
luego por motivos políticos, se trasladaron á la capital de la mo- 



- 27 - 

aarquía en Enero de 1914. Allí fué sorprendido ti exdiputado do- 
ceañista por el célebre decreto realista de 4 de Mayo, que disolvió 
las Cortes ordinarias y restauró el absolutismo. 

Allí fué preso la noche del 10 de Mayo, por el Capitán General 
Eguía, y sepultado en un calabozo, de la propia suerte que los dos 
regentes Agár y Ciscar, los ministros Alvarez Guerra y García 
Herreros, y los diputados y ex-diputados Arguelles, Martínez de 
la Rosa, Larrazábal, Yillanueva y tantos otros. En Madrid fué 
sometido sucesivamente á los dos tribunales especiales creados 
para juzgar á los hombres de la Revolución por sus actos en las 
Cortes ordinarias y extraordinarias, y de Madrid salió por decreto 
del propio Fernando MI que suplió las vacilaciones y timideces 
de los jueces, á sufrir seis años de encierro en el monasterio de 
Erbón, en Galicia. Del propio modo que Calatrava y García He- 
rreros fueron por ocho años á los presidios de Melilla y Alhuce- 
ma, respectivamente, y Arguelles entró por otros ocho años en el 
Fij<> de Ceuta. La Revolución del 20 le abrió de nuevo las puertas 
de la vida pública y le ofreció un asiento en las dos Cortes de aque- 
lla época, figurando como miembro de la Comisión permanente de 
las del 22. El Gobierno liberal quiso recompensarle con el episco- 
pado, designándole para la mitra de Guádix; pero el Papa no acep- 
tó el nombramiento, teniéndole por revolucionario y jansenista; en 
cambio la reacción del 23 se lanzó sobre él, obligándole á refugiar- 
se en Portugal, donde todavía fué preso en el mismo Lisboa, por 
reclamación de Madrid, y encerrado en un calabozo del castillo 
de San Julián de Barra, donde murió en 1829, esto es, á los se- 
senta y ocho años, por efecto de malos tratamientos y privaciones 
verdaderamente increíbles. 

A no dudarlo, todo esto no es común y, sobre todo, para la ge- 
neración presente raya en lo increíble y en lo heroico. Pero hay 
que considerar que estas notas son punto menos que generales tra- 
tándose de los hombres y de los sucesos del primer periodo de nues- 
tra vida constitucional. Puede tenerse por cierto que no hubo uno 
que no viese de cerca la muerte, ni fortuna que no recibiese golpe 
terrible en medio de aquellos vaivenes y desastres. Al temple suyo 
contribuía la brutalidad de la reacción que en 1814, y todavía más 
en 1823, se presentó en España con tales caracteres de violencia y 
de oprobio que constituyen la página más vergonzosa y sombría 
de la historia de Europa del siglo xix. Los hombres de primera lí- 
nea entonces fueron cargados con la cadena del presidiario 6 es- 
trangulados en el calabozo, ó arrastrados en un serón por las calles 
de Madrid. Se confiscaron ^us bienes, y sus familias vivieron de 1¡ 
mosna sufriendo la afrenta en el lugar mismo de su gloria. Los 
más felices vivieron años y años en el extranjero, donde, áexcep- 



- 28 - 

ción de Inglaterra (esa gran patria de la libertad política), tampo- 
co los dejó en paz la venganza ó la suspicacia del tirano. Pero és- 
tos eran los hombres de primera línea. La gente humilde, la gente 
modesta, los desconocidos, la masa, ó subían al patíbulo simple- 
mente por haber aplaudido en las tribunas de San Felipe en Cádiz, 
ó eran alanceados, cazados, acosados con lazos y perros como los 
madrileños defensores del Trocadero en las llanuras de la Mancha. 
Tara aquello se necesita haber sido fundidos en el molde de los 
grandes caracteres. ¡Soberbia generación, á la cual debemos con- 
templar con el religioso respeto que inspiran los mártires y la ad- 
miración entusiasta que determinan los héroes, aun en esta tierra 
del desprecio de la vida y de la locura del atrevimiento! Genera- 
ción cuyo recuerdo no puede menos de conmover el ánimo, porque 
sin su fe, sin su sangre, sin su perseverancia, sin su amor inque- 
brantable á la justicia, y su esperanza de un día, cuya aurora ja- 
más llegaron á gozar, no hubiéramos nosotros entrado en la vida 
de los pueblos cultos, ni salido de los expurgatorios de la Inquisi- 
ción, de las supersticiones de Santiago, del expediente del Consejo 
de Castilla y del derecho de pernada del monasterio de Pobletü Pero 
lo que realza á Muñoz Torrero es que á todas esas condiciones y 
rasgos generales une por su carácter y rasgo personal, por su in- 
tervención en los actos y resoluciones más señaladas de las Cortes 
gaditanas, por su posición é influencia dentro de ellas, otras que 
le hacen muy superior á todos sus compañeros y le aseguran tal 
representación, que no se puede hablar absolutamente de aquellas 
Cortes, sin hablar de Muñoz Torrero; y de tal modo se identificó su 
vida con la de aquella asamblea, que luego de cerradas las Cortes 
del 12, apenas hizo ni representó nada. Sin la reacción del 23 la 
posteridad quizá hubiera ignorado la presencia de Muñoz Torrero 
en las Cortes del segundo periodo constitucional. Importa, recor- 
dar cómo las Cortes reunidas en la Isla de León é inauguradas en 
los últimos días de Septiembre de 1810 fueron constituidas de un 
modo distinto y tuvieron un carácter casi opuesto al modo y al ca- 
rácter que tuvieron en el pensamiento de la Junta central al pro- 
mulgar en 14 de Mayo de 1809 su decreto de convocatoria para el 
l.° de Marzo próximo. Entonces la Central, el Consejo de España 
é Indias y la comisión especial, nombrada para entender en todo lo 
relativo á la reunión de Cortes, idearon que éstas habían de respon- 
der al tipo antiguo, constituyéndose por Estamentos, de reunión y 
deliberación separadas, y hasta con el predominio de los brazos 
eclesiástico y noble. Llegóse hasta el punto de preparar los decre- 
tos convocando especialmente estos dos últimos brazos; pero pu- 
blicada sólo la primera y general convocatoria, las circunstancias 
hicieron que sólo ésta subsistiese con beneplácito de la Regencia, 



— 29 - 

autora de los decretos definitivos de 16 de Junio y 20 de Septiembre 
de 1810, y que la Cámara gaditana fuera desde el primer día cons- 
tituida, primero por los diputados de las antiguas ciudades con 
voto en Cortes, luego por un delegado de cada una de las Juntas 
provinciales ahora establecidas para sostener la guerra, y, última- 
mente, por los diputados electos, mediante el procedimiento indi- 
recto ó de tres grados á razón de un diputado por cada 50.000 al- 
mas, por todos los españoles mayores de 25 años, cabezas de fami- 
lia y con casa abierta. Esta representación (modificada respecto de 
los reinos de América en sentido menos expansivo) constituyó la 
mayoría de las Cortes de Cádiz y le dio su principal carácter, má- 
xime verificándose la reunión de todos los diputados, los debates y 
las votaciones en una sola Cámara y por un solo procedimiento. 
Con efecto, varias causas trabajaban para quitar á esta asamblea 
el tono tradicional y la representación del privilegio. La Central 
y más, si cabe, la misma Regencia, habían resistido todo lo posi- 
ble la convocatoria de Cortes, que así se aplazaba ó se abreviaba, 
según que la agitación popular desmayaba ó crecía, y según la 
crisis de la guerra tomaba mayor ó menor gravedad. Para deter- 
minar á la Regencia á fijar el último plazo, fueron precisos la reti- 
rada de Wellington á las líneas de Torres Yedras, el anuncio de 
la insurrección americana y la prosternación de Fernando MI 
ante Napoleón Bonaparte, que recabó de él el consentimiento para 
casarlo con una hija del intruso José. 

La angustia fué inmensa y entonces el Consejo de España é In- 
dias formuló su célebre consulta de los tres luegos, señalando 
como único remedio la inmediata reunión de Cortes. De la propia 
suerte, el primer decreto de convocatoria de éstas, lo determina- 
ron la rota de Ocaña y la retirada de la Central desmoralizada y 
maltrecha á Sevilla, donde se disolvió, después de crear la Regen- 
cia, de proclamar la libertad de imprenta y de llamar las Cortes 
extraordinarias. Dato importantísimo para apreciar el sentido del 
gran levantamiento de la independencia con que se inaugura la 
historia contemporánea española. A cada desastre se opone un lla- 
mamiento al pueblo español y una invocación al genio de la liber- 
tad; y rada paso dado en este camino de las expansiones y de la 
democracia viene seguido de un éxito admirable, de una corres 
pondiente victoria. Además, sería pecar de injustos decir que la 
nobleza española en la crisis de 1808 desertó de la bandera de la 
patria; pero es necesario reconocer con igual imparcialidad que 
tampoco se puso toda entera ni mucho menos contra el invasor, 
acudiendo en cambio á Bayona muchos desús más caracterizados 
miembros. Otra cosa sucedió con el clero, confundido desde el pri- 
mer momento con la masa popular, con la cual mi popularidad 



- 30 - 

é influencia aumentaron. De aquí que tan luego cómo principió 
á ponerse en práctica el primer decreto de convocatoria de Cortes, 
obtuvieran los sufragios de la muchedumbre y de las Juntas pro- 
vinciales revolucionarias muchos eclesiásticos y algunos nobles. 
No á título de privilegiados, sino como procuradores del fuero 
ordinario. De esta suerte vinieron los Obispos de Ibiza, de Calaho- 
rra, de Mallorca, de Cisamo, de Plasencia y de Sigüenza, muchos 
canónigos y prebendados, el arcipreste de Málaga, los vicarios de 
Orense, de la Habana y de Toledo, el chantre de Villafranca, el 
penitenciario de Astorga, los racioneros de Murcia y Córdoba, el 
arcediano de Benasque, el doctoral de Urgel, algunos curas párro- 
cos, los inquisidores Riesco y Gómez Ibarnabarro y el comisario 
inquisitorial Borrull. 

Sobre noventa y cuatro individuos; cerca de la tercera parte de 
la Cámara. En cambio, dentro de las Cortes, sólo aparecen del bra- 
zo noble, el Conde de Toreno, el de Buenavista del Cerro, el Barón 
de Casablanca, el Marqués de Espeja, Conde de Puñonrostro, Mar- 
qués de San Felipe y Santiago, Conde de Vega y Marqués de Villa- 
legre. Es decir, ocho individuos votados como el resto del país. Mi- 
litares, desde alférez á general, había cuarenta y dos. El resto abo- 
gados y hombres de administración. De todo esto fué consecuencia 
que en las Cortes gaditanas llevaran la dirección dos elementos po- 
líticos y sociales, el clero y los abogados. Después, en la vida par- 
lamentaria hemos visto, sucesivamente entrar otros elementos, 
desapareciendo el clero y dando un carácter particularísimo á los 
debates parlamentarios y las legislaciones legislativas. Estos ele- 
mentos han sido los médicos, los ingenieros y últimamente los 
hombres de negocios. Resultado de este predominio es el tono so- 
lemne de los debates de Cádiz, ciertas fórmulas hoy casi incom- 
prensibles de la Constitución del VJ, la afición á discutir los pro- 
blemas en sus principios y con relación á la Teología y al Derecho 
Civil y Canónico y, en fin, cierta tendencia religiosa que satura 
toda aquella obra y que produce al lado de la consagración de la 
unidad religiosa y de principios verdaderamente radicales en el 
orden electoral y representativo, instituciones y prácticas como 
la de la misa, que con arreglo á la Constitución debe acompañar 
á los actos más solemnes de la vida política. En tal supuesto, com- 
préndese la importancia que debía tener en aquella Cámara un 
Muñoz Torrero, que era un sacerdote y además un sabio teólogo 
y un ex-Rector de la Universidad de Salamanca. A esto unía tres 
condiciones de valor excepcional. La primera, una conducta per- 
sonal irreprensible, digna en un todo de aquel prestigio que ha ro- 
deado y rodea después de tantos años á los ingenuos y venerables 
doceañistas que inscribieron al frente de la Constitución como uno 



- 31 - 

de los deberes positivos del español, el amor de la patria tanto 
como ser justos y benéficos, y que consignaron de modo no menos 
explícito, que las leyes con que la nación había de conservar y pro- 
teger la libertad civil , la propiedad y los demás derechos legítimos 

de todos los individuos que la componen , así como la religión cató- 
lica apostólica romana única verdadera , habían de ser sabias y 
justas. En segundo lugar, estaba su significación profundamente 
liberal. 

A él se refiere aquella tradición gloriosa de nuestros dominicos 
del siglo xvi, de los apóstoles de la redención del esclavo y de los 
grandes precursores de la ciencia del derecho internacional; tra- 
dición rota á partir del siglo xvn, cuando la intolerancia religiosa 
seca en España el pensamiento filosófico y á la vez hiere la pure- 
za cristiana de nuestra Iglesia y á la vida moral de nuestro país. 
A Muñoz Torrero hay que referir también el empeño moderno, 
fracasado á la postre, de buen número de sacerdotes católicos de 
armonizar por una acción viva, al modo de los católicos ingleses, 
la política liberal con las exigencias del catolicismo religioso. Hoy 
de este empeño ya no se habla. El sacerdocio liberal se aparta de 
la vida política y este campo queda entregado precisamente al sa- 
cerdocio que más ó menos directamente se inspira en la tradición 
del canónigo Inguanzo y del inquisidor Riesco, ya que no del ca- 
pellán Ostalaza, que en las Cortes de Cádiz, defendiendo el voto 
de Santiago, las prebendas eclesiásticas y la Inquisición, repre- 
sentaron un sentido perfectamente opuesto al de los Muñoz Torre- 
ro, los Lujan, los Villanueva, los Oliveros y otros canónigos y sa- 
cerdotes que luego purgaron sus principios liberales en los con- 
ventos y en el destierro. 

Pero en la época del 12 la actitud del chantre de Villafranca 
tenía y debía tener muchas simpatías, porque aquellos liberales 
difícilmente podían romper con los respetos católicos, ya por su 
educación y condición de españoles, ya por la repugnancia que 
á otras tendencias debía producir la presencia del invasor francés, 
acusado y no sin razón de traer á la economía social española 
conceptos, costumbres y fines incompatibles con el viejo catolicis- 
mo de nuestra patria. Por eso se ve al mismo Muñoz Torrero, de- 
fensor ardiente de la soberanía nacional, terciar en el debate 
provocado por el art. 12 de la Constitución, pidiendo con tóela 
sinceridad que se acentúe más el principio de la unidad religiosa. 
Por último, Muñoz Torrero, en su palabra, en su ademán, en su 
argumentación y en su actitud política y parlamentaria, se man- 
tuvo siempre en cierta templanza. Gustaba poco del aparato retó- 
rico y jamás utilizaba el apostrofe ni la ironía. Quizá por esto no 
era un orador. Cítase de él, como excepción, aquel discurso en 



- 32 - 

pro de la libertad de imprenta, donde exaltado decía: «Creo que 
haríamos traición á los deseos del pueblo y que daríamos armas 
al Gobierno arbitrario que hemos empezado á derribar, si no de- 
cretásemos la libertad de imprenta». «La previa censura es el últi- 
mo asidero de la tiranía que nos ha hecho gemir por siglos. El voto 
de las Cortes va á desarraigar hoy esa tiranía ó á confirmarla para 
siempre». Pero él mismo había dicho en el propio discurso: «La li- 
bertad sin la imprenta libre, aunque sea el sueño del hombre hon- 
rado, será siempre un sueño». Y otra vez, como fuera interrumpido 
al discutir contra el Santo Oficio con un murmullo de aprobación 
de aquel público que justamente se entusiasmaba con Arguelles 
y Mejía, exclamó: «Protesto que no volveré á hablar en el Congre- 
so si se repiten estas señales, bien sean de aprobación ó de des- 
aprobación; lo que todos deberán tener entendido para abstenerse 
de hacerlo otra vez». La cuestión más vidriosa de cuantas preocu- 
paron á las Cortes extraordinarias, encontró en Muñoz Torrero 
un discutidor como de encargo. Me refiero á la cuestión gravísima 
de la igualdad de los reinos de América y de la Península. 

Pero esto era problema punto menos que insoluble en los tér- 
minos en que lo habían planteado la Revolución del año 8 y las 
declaraciones de las Cortes. Porque éstas habían afirmado la igual- 
dad de todos los reinos españoles de uno y otro mundo, y aquélla 
había traído al seno de las Cortes extraordinarias un grupo de di- 
putados americanos de primera importancia, así por su número 
cuanto por su valer personal. Eran nada menos que cuarenta, y 
entre ellos se contaban hombres de la talla de Guridi Alcocer, el 
que primero protestó contra la exclavitud y la trata, Lazarrábal, 
Ramos Arizpe (condenado luego á cuatro años de encierro, en la 
Cartuja de Valencia), Morales Juárez, Castillo, Gordoa (el último 
presidente de las Cortes), y sobre todo la palabra más hermosa y 
el espíritu más atrevido de aquellas Cortes, el catedrático D.José 
Mejía, una de las víctimas de la liebre amarilla, y respecto de cuya 
vida y trabajos reina una oscuridad verdaderamente desesperado- 
ra. Con estos antecedentes es fácil comprender qué apuros y difi- 
cultades estrecharían á aquellas Cortes, al llegar al punto de esta- 
blecer la unidad de la monarquía y la igualdad de los ciudadanos 
en la esfera de la representación parlamentaria con el criterio vi- 
goroso de la después llamada asimilación. Porque á ser lógicos, la 
mayoría de la representación parlamentaria había de correspon- 
der á las Américas, de mayor población que la Península; puesto 
que de 25 millones de habitantes, 13 coi-responden á nuestro impe- 
rio colonial. 

Y éste se hallaba poblado principalmente por indios, negros y 
mestizos. El conílicto era claro y las Cortes trataron de salvarlo 



- 33 - 

con el art. 22 de la Constitución, que deja fuera de la ciudada- 
nía española á un grupo inmenso de americanos; á todos los de 
procedencia directa ó indirecta de África, ó sea á las castas. Pero 
de esta suerte se faltaba á los principios y á la lógica provocando 
la susceptibilidad de los representantes de América, y determinan- 
do una serie de choques que aun hombres como Muñoz Torrero, 
sólo conseguían atenuar. Con tales condiciones, el venerable chan- 
tre entró en la vida activa de la política y de las Cortes de 1812. 
Aunque no fué de lo más bullicioso, se distingue, sin embargo, por 
su iniciativa desde el primer momento de la reunión de la Cámara 
en el teatro de la Isla de León, y por su participación decisiva en 
las cuestiones fundamentales que preocupan á las Cortes. Así, él 
es el autor de la declaración de 24 de Septiembre de 1811 en favor 
de la soberanía nacional; él de los más calurosos defensores del 
proyecto sobre libertad de imprenta, iniciado por Mejía y Argue- 
lles hacia el 10 de Octubre. El, en 24 de Marzo, combate los conse- 
jos de guerra y los tribunales excepcionales creados por la Junta 
central. Su palabra está constantemente al servicio de las trans- 
cendentales declaraciones contenidas en los arts. 2.", o." y 4." de la 
Constitución del 12, que establecen que «la nación española es li- 
bre é independiente, y no es ni puede ser patrimonio de ninguna 
familia ni persona», y que «la soberanía reside esencialmente en 
la nación; y que por lo mismo pertenece á ésta exclusivamente el 
derecho de establecer sus leves fundamentales». Contra Toreno 
sostiene el sentido monárquico del art. 15, que atribuye á las 
«Cortes con el Rey la facultad de hacer las leyes». Luego, defien- 
de la existencia y las facultades de la Diputación permanente (te 
las Cortes, y el derecho de petición y representación de los ciuda- 
danos que sancionan respectivamente los arts. 160 y 373 de la 
Constitución. Por último, tercia en los grandes debates sobre la 
abolición de la Inquisición, y se asocia calurosamente á las pro- 
testas que provoca en Noviembre de 1812 el ataque dirigido al 
Congreso por un papel publicado contra las Cortes, con motivo 
de la conservación de D. Bartolomé Gallardo como bibliotecario 
de las mismas, á pesar de ser autor del Diccionario critico burles- 
co, condenado por diez obispos como herético, ateo, y subversivo. 
Puede decirse, por tanto, que Muñoz Torrero tomó activa parte 
en los tres debates más políticos de aquellas cámaras, que fueron 
los relativos á la soberanía nacional, á la Inquisición y á la liber- 
tad de imprenta. Si hubiera terciado de igual manera en los relati- 
vos á los mayorazgos y vinculaciones, á los reglamentos del poder 
ejecutivo y el Consejo de Estado y á la abolición de los señoríos y 
del voto de Santiago, podría decirse que no habría faltado su pa- 
labra en ningún debate de cierta importancia. En cambio, hay que 

3 



-34- 

reconocer su superioridad, demostrada por discursos solemnes ó 
someras y decisivas indicaciones en todo el debate propiamente 
constitucional. Bien que él fué no sólo miembro, sino presidente 
de la comisión que para redactar el proyecto de Constitución se 
nombró en virtud de la proposición del Sr. Oliveros, de 9 de Di- 
ciembre del año 10; comisión de que formaron parte, además de 
Muñoz Torrero, autor del articulado del proyecto, Arguelles que 
escribió el preámbulo, Fernández de Leiva, Rodríguez de la Bar- 
cena, Morales, Juárez, Mendíola, Espiga, Ric, Cañedo, Gutiérrez 
de la Huerta, Oliveros, Pérez, Jáuregui, Valiente (que se negó á 
firmar) y Pérez de Castro, que actuó como secretario. Esto trae 
como por la mano á hacer algunas indicaciones sobre la obra total 
de las Cortes gaditanas, siempre en relación con el tema de esta 
conferencia. Porque temo que la rapidez con que debo aludir á cier- 
tos hechos y aventurar algunas indicaciones, no dejen precisar, 
con la claridad que yo quisiera, la relación singularísima del ex- 
Rector de Salamanca con las Cortes extraordinarias que inaugura- 
ron nuestra vida constitucional; es decir, aquella relación especial 
que levanta su carácter sobre el de los demás diputados y autoriza 
la afirmación que repetidamente he hecho, de que Muñoz Terrero 
representa como nadie, y mejor que nadie, á las Cortes de 1810. 
Trataré de concretar mucho, con tanto mayor motivo cuanto que 
nuestra conferencia se prolonga demasiado, y temo un poco que 
estas digresiones (después de todo indispensables), dañen algo al 
interés eminente de la individualidad, objeto principal de mis ob- 
servaciones. La obra entera de las Cortes extraordinarias de Cá- 
diz, que como es sabido vivieron desde el 24 de Septiembre de 1810 
al 20 del mismo mes de 1813, puede dividirse en tres partes. La pri- 
mera comprende el periodo de instalación ó, por mejor decir, usan- 
do el lenguaje técnico y expresivo de nuestros tribunales y nuestro 
derecho procesal, del apersonamiento. En este periodo, que difícil- 
mente se extiende más allá de los primeros días de la reunión de 
las Cortes en el teatro de la Isla de León, ó sea desde el 24 de Sep- 
tiembre de 1810 á fines del siguiente mes de Octubre; en este pe- 
riodo, las Cortes tienen que constituirse y organizar su dirección 
y sus sesiones, y después atirman y proclaman ante la nación espa- 
ñola y el mundo todo, su carácter y representación esencialmente 
revolucionarios, arrastrando todos los inconvenientes, las censu- 
ras, las oposiciones y las responsabilidades. La segunda parte pu- 
diera llamarse la tarea dogmática. Es decir, la obra superior y 
transcendental de aquellas Cortes verdaderamente inmortales. En 
una palabra, la Constitución de 1812, cuyos primeros artículos fue- 
ron presentados á la Cámara por la comisión constitucional el 18 
de Agosto de 1811, y cuya totalidad fué votada por la asamblea so- 



- So- 
berana en 11 de Marzo de IS12. Naturalmente, en este largo periodo 
hay que distinguir tiempos, y para examinarla con juicio no se 
puede prescindir, ya de que el proyecto constitucional fué prece- 
dido de una serie de gravísimas y transcendentales kycs políticas, 
presentadas y discutidas desde el mismo mes de Septiembre de 1810 
hasta la víspera de leerse en las Cortes el proemio de la Constitu- 
ción redactado por el ilustre Arguelles (cuyas leyes facilitaron la 
votación de muchos artículos constitucionales por ellos realmente 
establecidos), ya de que algunos de los preceptos de la gran Carta 
política hubieran carecido de eficacia y aun de realidad, á no venir 
los decretos y los actos de las mismas Cortes posteriores al 11 de 
Marzo de 1912, incluyendo en este grupo el mismo manifiesto de 28 
de aquel mes y año, firmado por el presidente Vega Infanzón y los 
secretarios D. Juan Xicasio Gallego y D. Juan Bernardo Ogabán, 
encargados de explicar y recomendar al país la Constitución pocos 
días antes proclamada y jurada. Por último, está la tercera parte, 
tal vez la más difícil, sin duda la más variada y dramática de la 
obra total de la Cámara gaditana. Porque la constituyen todos los 
esfuerzos hechos casi desde el día mismo de su instalación hasta 
el 20 de Septiembre de 1812, para afirmar su existencia y su pres- 
tigio, así como la doble causa de la independencia nacional y de la 
renaciente libertad española, primero frente al extranjero invasor, 
audaz y poderoso; después frente á los elementos reaccionarios, 
que sobrecogidos al principio, á partir de la segunda mitad de 1811, 
se decidieron á reorganizarse y dar la batalla á las ideas y á los 
hombres del nuevo régimen. 

Este es un periodo de agitación y de combate que puede riva- 
lizar con los más vivos de la historia revolucionaria extranjera. 
Difícilmente se pueden apreciar ahora las dificultades morales y 
materiales con que lucharon los constituyentes de Cádiz para ins- 
talarse y celebrar sus primeras sesiones en el salón del teatro de 
San Fernando, donde permanecieron hasta que en 24 de Febrero 
de 1811, y para mayor seguridad, se trasladaron á la gran nave 
de la iglesia de San Felipe Neri, de Cádiz. Porque llevamos muy 
cerca de un siglo de vida constitucional, de práctica parlamenta- 
ría, de hábitos académicos y de elocuencia política. Nada, pues, 
nos extraña en el particular. Pero en 1811 las cosas pasaban muy de 
otra manera. Los más próximos precedentes de libre discusión de 
asuntos jurídicos y políticos, eran los que ofrecían las Academias 
de derecho, como la Matritense ¡donde el ilustre Antillón en 1802 
leyó su di airela y honrada Memoria contra la esclavitud de los 
negros) y aquellas sociedades económicas de Amigos del País con 
que el gran Carlos III, inspirándose en los libros de Campomanes, 
trajo á nuestra patria el espíritu renovador de los economista- y 



-36- 

humanistas de la época de los reyes filósofos. Pero no necesito 
decir nada respecto de los límites y carácter de aquellos debates. 
Las viejas Cortes españolas habían celebrado sus últimas sesiones 
en el salón llamado de los Reinos, del palacio del Buen Retiro 
en 1769, con el fin de derogar la ley sálica hecha por Felipe V y 
de jurar príncipe de Asturias á Fernando VII; que fué lo que real- 
mente hicieron aquellas Cortes compuestas de los diputados de 21 
ciudades ó villas de Castilla, siete de Aragón, dos de Valencia, 
seis de Cataluña y uno de Mallorca. Para buscar otra fecha ante- 
rior de reunión de Cortes hay que ir á 1712, en cuya fecha, Felipe V 
renunció ante ellas sus derechos á la corona de Francia y derogó 
la antigua ley de sucesión á la corona. Antes, Carlos II no las 
juntó una sola vez y Felipe IV las reunió en 1664. De donde resul- 
taba un desconocimiento casi absoluto de los usos y prácticas de 
aquellas asambleas, á pesar de los loables esfuerzos del ilustre 
Capmany, que por cierto perteneció á las Cortes gaditanas, y del 
diligentísimo Martínez Marina, que ya en 1808 había comunicado 
á Jovellanos buena parte de su Teoría de las Cortes. Uno de los 
más caracterizados miembros de éstas, D. Agustín Arguelles ex- 
pone con sencillez y franqueza insuperables, de qué suerte en los 
comienzos de aquella asamblea fué difícil á los nuevos diputados, 
aun á los más curiosos y diligentes, registrar en el momento y en 
las bibliotecas de Cádiz las voluminosas colecciones de actas de 
antiguas Cortes, donde, después de todo, se consignaban muy 
pocas reglas y sólo algunas alusiones respecto del ceremonial ba- 
sado en la tradición y la práctica. Pero lo más desagradable y 
comprometido de la instalación de las Cortes revolucionarias fué 
resultado de la situación en que dejó á los recién llegados la Re- 
gencia, que de muy atrás venía predispuesta en su daño, al pun- 
to de que su última y definitiva convocatoria fué efecto de la 
mala apariencia que ofrecía la guerra á mediados de 1810 y de 
la verdadera imposición de la Junta provincial de Cádiz y de los 
diputados electos D. Guillermo Hualde y el Conde de Toreno, 
que sostuvieron ruda y poco ejemplar contienda con el vehemente 
obispo de Orense. Con efecto, la Regencia, obligada á prescindir 
de las frases vagas con que venía aplazando la reunión de Cortes 
se apercibió para la lucha, restableciendo los antiguos y resisten- 
tes Consejos suprimidos por Bonaparte y pretendió, aunque sin 
fruto, que el Consejo de Castilla revisase los poderes de los dipu- 
tados. Fracasado el empeño, porque al fin se hizo indispensable 
que la Regencia misma nombrase una comisión de actas elegida 
entre los mismos diputados; fracasado el empeño, la Regencia se 
dispuso á sorprender á la inexperta Cámara, dejándola abandona- 
da á sus propias fuerzas y á su inexperiencia el mismo día de su 






- 37 - 

instalación. Llegó la mañana del 24 de Septiembre. La Naturaleza y 
los hombres se pusieron, al parecer, de acuerdo para dar una gran 
solemnidad á la instalación de la gran Asamblea. El día fué so- 
berbio; aquel amplio y puro cielo de la bahía gaditana, que tanto 
recuerda la famosa y poética concha de Ñapóles, parecía más azul 
y más riente que nunca, iluminado por los dulces resplandores del 
sol de un otoño tan templado y vivificante como la más plácida y 
rejuvenecedora primavera. El horizonte dilatadísimo del Atlántico, 
que se desarrolla delante de las blancas y alegres casas de San Fer- 
nando, provocaba la expansión del alma acongojada por los rigo- 
res del sitio y de la guerra, mientras él mar libre, entonces apenas 
rizado por suave brisa, aseguraba la relación y el trato con el mun- 
do todo, que tenía puestos los ojos en el heroísmo de aquella vigo- 
rosa generación que, para defender el honor y el derecho de la pa- 
tria atropellada, no había titubeado en encerrarse en aquella len- 
gua de tierra que parece como que las olas disputan á la Península 
ibérica, colocándose á conciencia entre la muerte por el hierro y 
el fuego del enemigo y el suplicio legendario y prestigioso en el 
fondo del abismo. Al aspecto terrorífico del inmenso campamento, 
que se extiende desde Cádiz á Sancti-Petri, erizado de baterías y 
cruzado constantemente por divisiones volantes y carros de arti- 
llería, había sucedido una agitación franca, ruidosamente alegre, 
espontánea, comunicativa al modo de las romerías populares. La 
población entera de Cádiz bajó á San Fernando, como en día de 
huelga y rumba, corría á los puertos y á Rota y llenó los aires de 
cantares y vítores, poblándose la carretera de coches y calesas de 
todas clases y de gentes de buen humor y mucho aire, apenas ima- 
ginables en el fondo de aquella plaza, cercada de fuego y maldicio- 
nes bajo las alas del genio de la muerte. Y los vecinos de la Isla 
colgaron los balcones de sus casas y adornaron con ramas y flores 
sus calles, como si se tratara de una fiesta religiosa. 

Dice un testigo presencial que los cañones de la parte española 
enmudecieron, después de haber atronado los espacios la noche y 
tarde anteriores con verdadera y extraordinaria furia, y los fran- 
ceses, posesionados de todo el frente de la línea por el lado de tie- 
rra, suspendieron también sus fuegos, acudiendo en grandes ma- 
sas á coronar las alturas para disfrutar desde ellas del movimiento, 
de la alegría, del entusiasmo que desbordaba en la Isla. Hubo un 
momento en que se produjo inmenso silencio, interrumpido sólo 
por el repique de campanas de la iglesia parroquial, donde prime- 
ramente, y á las nueve y media de la mañana, se congregaron los 
nuevos diputados y oyeron una misa, dicha por el Arzobispo de 
Toledo. Fué, pues, una verdadera solemnidad. Pocas veces, quizá 
ninguna en la historia, se ha dado este homenaje, más ó menos in- 



- 38 - 

voluntario, de la fuerza bruta y de la violencia de los hombres á la 
grandeza de una idea, al prestigio de una institución redentora. 

Desde la iglesia, los diputados, en medio de incesantes aclama- 
ciones y de vivas á la nación y á las Cor/cs, y después de haber 
jurado su cargo, pasaron al teatro déla Isla, cuyas galerías y pal" 
eos se llenaron de personas de todos sexos, clases y posiciones* 
Arguelles, que escribió un libro algo prolijo y enojoso sobre las 
Corles de Cádiz, pero que, como el Viaje de Vülanueva, El Redac- 
tor y El Español de aquella época, es preciso leer para adquirir 
noticia aproximada de aquellos sucesos, describe de sencilla, pero 
elocuente manera el aspecto y distribución de la gran sala del tea- 
tro, donde por primera vez se reunieron los fundadores del régi- 
men constitucional de España. 

«Un simple recado de escribir con pocos cuadernillos de papel 
sobre una mesa, á cuya cabecera estaba una silla de brazos, y á 
los lados algunos taburetes (dice el célebre orador asturiano), eran 
todos los preparativos y aparato que se había dispuesto para que 
volviesen á abrir sus sesiones, después de interrupción tan larga 
y desastrosa, las Cortes generales de una nación, célebre por su 
antigua libertad y privilegios, por el tesón y esfuerzo con que pro- 
curó conservarlos muchos siglos, venerable y digna de respeto 
por sus mismas desgracias, después que la usurpación y el fana- 
tismo confederadamente alteraron, depravaron, corrompieron y 
aniquilaron al fin sus instituciones.» 

La Regencia, que había también asistido á la iglesia y allí es- 
cuchado bajo dosel, al lado del Evangelio, el himno del Espíritu 
.Santo y el Te Dcnm, recibiendo el juramento de los diputados» 
ocupó el trono levantado en el escenario del teatro, y después de 
pronunciar su presidente, el Obispo de Orense, un breve discurso 
sobre la gravedad del acto y el estado délos negocios, comparado 
con el que ofrecían éstos al tiempo de la constitución de aquélla 
en Enero del propio año 1810, declaró instaladas las Cortes, reti- 
rándose inmediatamente y dejando sobre la mesa una declaración 
o Memoria, también muy breve y hasta entonces de todos ignora- 
da, por la cual los regentes renunciaban sus cargos y comprome- 
tían á las Cortes á elegir el gobierno que juzgaran más adecuado 
al crítico estado de la monarquía, que exigía por instantes esta 
medida fundamental». 

No necesito explicar el efecto que produciría en aquella reunión 
de hombres nuevos, encargados de una empresa sin precedentes, 
por tod<> extremo extraordinaria, aquella retirada y esta renun- 
cia. Recuerdo haber leído hace tiempo una pintoresca descripción 
de la perplejidad y basta la vergüenza de los representantes del 
tercer Estado, agolpados el día de la inauguración de los Estados 



- 39 - 

generales, á la puerta exterior del salón de Versalles, ba i 'o una 
lluvia menuda que los calaba, mientras el alto clero y la nobleza, 
conducidos en espléndidas carrozas, entraban arrogantemente en 
el palacio. Aquella muchedumbre se hubiera desmoralizado y per- 
dido bajo el peso de tantas iniurias prodigadas en la hora primera 
de su presentación al público, si no hubiese surgido un hombre 
enérgico y audaz que golpeando la puerta, consiguió que se abrie- 
se, ante la viril amenaza de echarla por tierra. Por cierto que fué 
el único robusto y atrevido actor de aquella otra dramática escena 
que se produjo en el salón de sesiones, cuando el maestro de cere- 
monias de Brezé invita de orden del Rey al despejo de la sala 
obteniendo por respuesta el magnífico cuanto ya repetido apos- 
trofe: «Aquí no tenéis voz, ni sitio, ni derecho de hablar. Mas para 
evitar todo aplazamiento, marchad á decir á vuestro amo que 
aquí estamos por el poder del pueblo y que de aquí sólo nos arran- 
cará el poder de las bayonetas . No hay para qué dar el nombre 
de Mirabeau. Pues algo análogo pasó en el teatro de la Isla el 24 
de Septiembre de 1810. Pero allí no había un hombre de la prepa- 
ración del tempestuoso Conde. Pasad la mirada por la lista de los 
ciento tres diputados que asistieron á la inauguración de nuestras 
Cortes: sin duda todos acomodados, de cultura literaria, de cierta 
representación superior á la de los hombres producidos por la fie- 
bre revolucionaria contra las clases superiores ó directoras; pero 
ninguno conocido por sus excepcionales aptitudes políticas, per un 
estudio y práctica de la vida pública extranjera. Aquella era una 
muchedumbre por todos conceptos necesitada de dirección, por lo 
menos en los primeros momentos. 

Además, la Central, al propio tiempo que lanzó la idea de con- 
vocatoria de Cortes, se ocupó de la vida interior de éstas, á cuyo 
fin creó una comisión llamada de Cortes, para que se ocupase, 
entre otros particulares de suma gravedad, del ceremonial de las 
mismas y del reglamento de sus sesiones. Pero luego vinieron la 
violenta disolución de la Central, las dilaciones y reservas de la 
Regencia, y las Cortes de 1810 se encontraron el primer día de su 
vida sin ley ni regla de géne-o alguno, viéndose comprometidas 
en un mismo y solo momento, á establecer lo necesario para su 
régimen, á ocurrir á las necesidades urgentes de gobierno, á aten- 
der al Gobierno dimisionario y á afirmar su carácter y represen 
tación, proclamando á la vista de un público ansioso, inexperto, 
sorprendido por la actitud de la Regencia, el plan de sus trabajos 
y las ideas objetivo de sus esfuerzos. 

Con tal motivo, cien veces se ha recordado la práctica de las 
antiguas Cortes de Castilla. E1 Rey, dirigiéndose á los tres brazos, 
para este solo efecto reunidos, pronunciaba un discurso, remedo 



- 40 - 

del tomo regio de los godos, donde manifestaba la causa de la 
junta y las materias de discusión y los servicios que esperaba del 
reino. Enrique III, postrado en cama, envió al infante D. Fernan- 
do para que llevase su voz en las Cortes de Toledo en 1406. Sepa- 
rábanse luego los brazos, 3- cada cual por su lado daba la respues- 
ta, estando previsto el turno de los oradores y los votos. Así, entre 
los nobles, el primero era el Sr. de Lara; y entre las ciudades, era 
la primera la de Burgos. A aquéllos los presidió el Condestable de 
Castilla, y á éstas la persona elegida por los procuradores á gusto 
del Rey, con dos secretarios dichos letrado délas Cortes y asisten- 
te de las mismas. 

Esta mesa era la competente para examinar y aprobar los po- 
deres. Sólo que con el tiempo, la voluntad del Rey se impuso y en 
las Cortes de 1789 presidió el Gobernador del Consejo de Castilla 
é hicieron de asistentes ó adjuntos seis consejeros. Las sesiones 
eran secretas, al punto de jurar la reserva los procuradores, y en 
ellas se comenzaba por discutir lo propuesto por el Monarca para 
luego venir á las peticiones que aquél veía por sí ó por el Consejo, 
dando luego la respuesta precisa ó vaga que entendía oportuna. 

Nada de esto podía ser aplicable á las Cortes gaditanas, cons- 
tituidas de rmry diversa manera y abandonadas el primer día de 
su instalación por la Regencia: y á la vista del público preocupa- 
do y suspenso. Y, sin embargo, el conflicto fué resuelto. ¿Por 
quién? Las actas de aquellas primeras sesiones no lo dicen. El 
movimiento debió ser espontáneo, general, unánime. ¿Pero cómo? 
Apenas salidos los cinco regentes, la Cámara, por aclamación, 
votó presidente interino y de edad á D. Benito Hermida, diputado 
gallego que desempeñó más tarde el Ministerio de Gracia y Justi- 
cia, secretario á D. Evaristo Pérez de Castro, suplente de Valla- 
dolid, y oficial mayor de la Secretaría de Estado. En seguida 
resultaron por cincuenta votos para la presidencia D. Ramón 
Lázaro Doce, Maestresala de Lérida y Diputado catalán; secreta- 
rios Pérez de Castro y Manuel Lujan, presbítero extremeño, y vi- 
cepresidente 1). Ramón Pover, teniente de navio, diputado de 
Puerto Rico. 

Luego vinieron, desde el mismo día 24 al 27 de Septiembre, 
otras resoluciones parciales de carácter reglamentario. Los car- 
aos de la mesa debían mudarse todos los meses. Las Cortes debían 
ser llamadas Majestad. Creóse una comisión permanente de actos 
ó poderes y otra de reglamento. 

Las sesiones serían públicas, pero no se permitiría la asisten- 
cia de mujeres; lo cual no había de obstar para que se celebrasen 
con frecuencia sesiones secretas bajo juramento de reserva délos 
diputados, por ] a gravedad de las materias, como sucedió en las 



- 41 - 

noches del 25 de Septiembre y 10 de Octubre, dedicadas respecti- 
vamente á la lectura de la Memoria del Obispo de Orense, que re- 
nunció la Regencia y la diputación por Extremadura y á la discu- 
sión de los asuntos americanos. Y así otros acuerdos tomados á 
medida que se producían los sucesos, rigiendo para lo demás (hasta 
que en 27 de Noviembre de aquel mismo año de 1810 fué aprobado 
el Reglamento interior de las Cortes) la discreción de la presi- 
dencia. 

En seguida se obvió otra dificultad. La dimisión de la Regencia 
en masa no fué aceptada por el momento, mandándose en cambio 
que los regentes prestasen juramento de reconocimiento de la so- 
beranía de las Cortes, lo cual hicieron en la noche del 24 los ru- 
gentes Saavedra, Castaños, Escaño y Lardizábal. 

Resistió con pretextos y luego francamente, el Obispo de Oren- 
se, concluyendo por insistir en su dimisión de regente y de diputa- 
do; dimisión aceptada por las Cortes, que al propio tiempo insis- 
tieron en exigir el juramento prestado, al fin, por el Obispo, de 
suyo reaccionario, intransigente, voluntarioso y muy hecho á con- 
sideraciones exageradas de parte del Gobierno de Carlos IV. De 
esta suerte, y hasta el 28 de Octubre, permaneció en funciones la 
antigua Regencia, á pesar de la poca afición de ésta á las Cortes, 
que al mismo tiempo reducían y fijaban sus atribuciones y res- 
ponsabilidades por los decretos de 25 y 27 de Abril, procedente 
del Reglamento provisional del poder ejecutivo de 16 de Enero 
de 1811. 

Vencidas estas dificultades, que pudieran pasar por de segun- 
do orden, á no plantearse en los primeros momentos de las Cortes, 
ion gravísimo peligro del buen orden y del prestigio del nuevo 
cuerpo frente á los viejos Consejos y Tribunales, ya organizados 
y en función y ante el público, que todo lo esperaba fácil y regu- 
lar y oportuno de la novísima institución; vencidas estas dificulta- 
des, que casi podría decirse materiales, las Cortes tuvieron que ha- 
cer frente á empeños de mucha ma}'or transcendencia, y cuya 
atención no era menos urgente, como que el problema fué plan- 
teado, en gran parte, por la misma retirada y dimisión de los regen 
tes el día de la inauguración. 

El problema era nada menos que el de afirmar clara y resuel- 
tamente el carácter, autoridad y propósitos de las Cortes. 

Hay que recordar cómo y para qué la Central las había convo- 
cado en 12 de Mayo de 1909, ^porque los desastres que la nación 
padecía habían nacido únicamente de haber caído en el olvido 
aquellas saludables instituciones, que en tiempos más felices hicie- 
ron la prosperidad y la fuerza del Estado»; después víctimas de 
«la ambición usurpadora de los unos y del abandono indolente de 



- 42 - 

los otros*. Por esto 1a Central trató sólo de «restablecer la repre- 
sentación legal y conocida de la monarquía en sus antiguas Cor- 
tes», las cuales habían de ocuparse de allegar recursos para la 
guerra, asegurar la observancia de las leyes fundamentales del 
reino, meiorar 1a legislación, recaudar, administrar, distribuirlas 
rentas del Estado, reformar 1a instrucción y 1a educación pública 
y sostener un ejército v una marina en condiciones regulares y 
efectivas. F.n la misma idea estaba la Central cuando á la vista de 
los descalabros de nuestros eiércitos y del creciente malestar del 
país, después de la batalla de Tudela, fijaba en 27 de Noviembre 
de 1800 la reunión de Cortes para el 1 .° de Marzo de 1810. 

Pero cavó la Central á fines de Enero, víctima á la vez de 1a 
impaciencia y las pasiones de la muchedumbre, de las desgracias 
de la guerra y de las maquinaciones de los que en ella veían el sen- 
tido reformista de los nuevos tiempos. 

Creóse la Regencia, y aprovechando su popularidad del primer 
momento y los pretextos que el avance de los franceses sobre Cá- 
diz proporcionó para aplazar la reunión de Cortes en esta plaza 
situada, deió en e1 olvido el asunto hasta que se produjo el descon- 
tento de las masas v la Tunta gaditana protestó, recabando, prime- 
ro, el decreto de 18 de Junio de 1810, que fijó el mes de Agosto para 
la reunión de Cortes, y después los dos decretos de 20 de Septiem- 
bre del propio año, por los cuales designó el 24 del mismo mes para 
la apertura de las Cortes en la Isla de León, estableciéndose, ade- 
más, que se reuniesen en un solo cuerpo, «sin perjuicio de los de- 
rechos y prerrogativas de 1a nobleza y el clero, cuya declaración 
se reservaba á las mismas Cortes». 

No modificó la Regencia e1 sentido dado por la Central á la con- 
vocatoria de Mayo; mas aparte de la profunda novedad que impli- 
caba el prescindir de la reunión separada de los brazos, pronto 
vino á dar un carácter especial á las Cortes convocadas la fórmu- 
la del juramento que prestaron los diputados en la iglesia de la 
Isla y que había sido confeccionada por la Regencia misma. En 
ella, después de acatar la religión católica, sin admitir otra algu- 
na, v de prometer la conservación de la integridad nacional, no 
omitiendo medio alguno para libertarla de sus injustos opresores 
y de conservar á D. Fernando VII y sus sucesores todos sus domi- 
nios, haciendo cuantos esfuerzos fueren posibles para sacarle del 
cautiverio y colocarle en el trono, se proclamaba el compromiso de 
<' desempeñar fiel y lealmente el encargo, guardando las leyes de 
España, sin perjuicio de alterar, moderar y variar aquellas que 
exigiese el bien de la nación». 

Acentuábase, pues, un sentido expansivo y reformador de las 
Cortes. Pero el golpe final y la nota decisiva la dieron éstas mis- 



- 43 - 

mas, en su primera sesión, después de la retirada de la Regencia. 
De aquella fecha es el decreto en que las Cortes «se declaran legí- 
timamente constituidas y que en ellas reside la soberanía nacio- 
nal». Declaración que precede á las importantísimas referentes al 
reconocimiento de Fernando VII como único y legítimo rey; á la 
nulidad de la cesión hecha en favor de Napoleón, no sólo por la 
violencia que intervino en aquel acto injusto é ilegal, sino princi- 
palmente por fallarle el consentimiento de la nación; á la división 
de los Poderes en legislativo, ejecutivo y judiciario, reservándose 
las Cortes el primero en toda su extensión; á la responsabilidad de 
los encargos del poder ejecutivo; á la confirmación de los regen- 
tes, de todos los tribunales, justicias, autoridades civiles y milita- 
res del reino en los cargos que venían desempeñando; á la invio- 
labilidad de los diputados y á la fórmula del reconocimiento y ju- 
ramento que había de prestar el Consejo de Regencia. 

Esta fórmula comprendía ante todo el reconocimiento de la so- 
beranía de la nación, representada por los diputados en Cortes. 
Luego, el respeto á los decretos, leyes y constitución que se esta- 
blecieren; la conservación de la independencia, libertad é integri- 
dad nacional, con la religión católica y el gobierno monárquico; el 
restablecimiento de Fernando VII en el trono y la promesa solem- 
ne de mirar en todo por el bien del Estado. 

Días después (desde el 25 al 29 de Septiembre), se dieron tres 
decretos complementarios del anterior. Como que versan sobre el 
tratamiento que debían tener los tres poderes públicos, la fórmula 
con que el ejecutivo debía publicar las leyes y decretos de las Cor- 
tes, el juramento exigible á todas las autoridades, las facultades 
y responsabilidades del poder ejecutivo y modo de comunicarse 
éste con las Cortes y, en fin, la prohibición para los diputados de 
solicitar ó admitir empleos y pensiones durante su diputación y un 
año después. 

Ya respecto de las proposiciones que motivaron estos decretos, 
las memorias de aquellos tiempos y las actas de aquellas sesiones 
dan los nombres de sus autores y sostenedores. 

La resolución sobre incompatibilidad de los diputados es de 
Capmany, y el decreto relativo á la soberanía nacional fué obra 
de Muño/ Torrero, á quien cupo el honor de iniciar los debates de 
la gran Asamblea, pronunciando el elocuente discurso que produjo 
aquella declaración transcendental y suficiente para caracterizar 
la obra entera de las Cortes 



- 44 - 

D. José María Romero y Rizo, publicó en 1911 un intere- 
sante folleto sobre Muñoz Torrero, impreso en Cádiz, casa 
de Manuel Alvarez. De él entresacamos estos documentos 
y noticias; 

D. DIEGO MUÑOZ TORRERO 

TEXTOS IMPORTANTES.— JUSTIFICACIÓN Y DIVULGACIÓN. 

Habíamos leído hace años, y hemos vuelto á leer en estos días, 
la Historia de los heterodoxos españoles, de Menéndez y Pelayo. 

Ya se sabe que la escribió en sus tiempos de más furia polemis- 
ta, en que tal vez, el gran artista puso algo de pasión mezclada 
con la convicción. 

Trata mal en su obra Menéndez y Pelayo á no pocos doceñistas, 
y entre ellos al «divino» Arguelles, contra quien emplea expresio- 
nes despectivas y duras. 

Pues bien, su apreciación acerca de Muñoz Torrero puede ver- 
se bien clara en el párrafo que vamos á copiar literalmente. 

Dice así: 

«Instaladas las Cortes generales y extraordinarias el 24 de .Sep- 
tiembre de 1810 en la Isla de León, de donde luego se trasladaron 
á Cádiz, fué el primer decreto el constituirse Soberanas, con ple- 
nitud de soberanía nacional, poniendo y dictando los términos de 
tal resolución el clérigo extremeño D. Diego Muñoz Torrero, anti- 
guo Rector de la Universidad de Salamanca, y distinguido entre 
los del bando jansenista por su saber y por la austeridad de sus 
costumbres.-» 

Pareemos que no es poco en su favor para dicho por el señor 
Menéndez y Pelayo. 

Acerca del jansenismo de Muñoz Torrero, alma de la Constitu- 
ción del 12, en que se declara y establece la unidad católica para 
el país, probable es que hubiera algo que hablar. 

Nadie ignora que el jansenismo fué multitud de veces condena- 
do por los pontífices, y es inútil recordar sus proposiciones hetero- 
doxas de considerar á Dios como un amo duro que quiere recoger 
donde no ha sembrado, y de presentar á la virtud de tan imposible 
adquisición para el hombre, como la belleza ó la fealdad del ros- 
tro, la pequenez ó la elevación de la estatura, etc. 

Los jansenistas fueron infinitamente más exaltados y sujetos al 
error y á la culpa que Jansenio (luchas de Port-Royal y otras con- 
mociones y trastornos, etc.), y consta que aquel antiguo jesuíta, 
que pretendió interpretar, y lo hizo muy mal, la doctrina de San 



- 45 - 

Agustín, á la hora de la muerte declaró que si la Santa Sede que- 
ría enmendar alguna cosa, era hijo sumiso y se sometía á ella, así 
como á la Iglesia, en cuyo seno había vivido hasta la muerte. 

Si los verdugos de Muñoz Torrero le hubieran dejado tiempo 
para pensar, reconciliarse y declarar algo, al quitarle la vida tan 
horriblemente como lo hicieron, ¿es absurdo pensar que habría 
purificado su memoria de cualquier falta, máxime con ese carác- 
ter grave y majestuoso y con esa austeridad de costumbres (todo 
está compulsado con el libro) que le reconoce el propio Menéndez 
y Pelayo? 

Reciente está el caso de Leopoldo de Bélgica, cuya vida priva- 
da y algunos aspectos de la pública nada de edificante tuvieron, y 
que sin embargo, desde que se reconcilió con la Iglesia al morir, 
fué objeto de expresiones respetuosas ó benévolas para su memo- 
ria por la generalidad de la prensa católica, como todos hemos 
leído. 

¿Y acaso la vida austera, el atroz martirio del sabio Muñoz To- 
rrero no son atenuantes para cualquier error de su vida, no des- 
piertan los sentimientos de piedad, bondad y caridad cristiana en 
que nos ha amamantado nuestra Santa Madre la Iglesia? 

¿Podemos dudar nosotros de la autoridad en materias históri- 
cas de nuestro esclarecido D. Adolfo de Castro, cien veces citado 
por Menéndez y Pelayo y otras magnas ilustraciones nacionales y 
extranjeras? 

No podemos menos, al mencionarle, de rendir un tributo á su 
memoria, y de recordar aquellas conversaciones (exquisito regalo 
siempre cuando se emprenden con un hombre sabio y experimen- 
tado) aquellas conversaciones con que nos favoreció, y en que 
aprendimos de él, entre otras cosas, cuánta gratitud debemos los 
contemporáneos, de las más opuestas ideas, á quienes en su labor 
de la primera mitad del siglo pasado consiguieron llevar á la ley 
y después á las costumbres, libertades y respetos para el individuo 
y para el hogar, sin las cuales cualquiera de los hombres del día, 
carlistas ó republicanos, librepensadores ó católicos de purísima 
doctrina, consideraríamos perturbada, atormentada y casi incom- 
prensible ó imposible la existencia. 

D. Adolfo de Castro, que falleció en el seno de la Iglesia, que 
jamás fué político radical ni exaltado y que en los últimos treinta 
ó cuarenta años de su vida se significó entre los de la derecha con- 
servadora, habla también de Muñoz Torrero, en su Historia de 
Cádiz, obra en que nunca enmendó ni rectificó una frase. 

Es el doceañista de quien más se ocupa, consagrándole diez 
veces más espacio que á cada uno de los demás, y escribe las fia 
ses siguientes, acerca de las cuales llamamos la atención ele los 



-?46 - 

lectores todos y de cualquier persona que sienta en su alma ímpe- 
tus de leal imparcialidad. 

Al instalarse las Cortes— escribe Castro— D. Diego Muñoz To- 
rrero, diputado por Extremadura, sacerdote de gran modestia, 
pero no de aquélla que nadie sabe de qué color son sus ojos, de 
índole agradable, que sobre escrita en su rostro llevaba la energía 
de su alma, de pensamientos religiosos, y que imaginaba sus dis- 
cursos al pie de un crucifijo propuso, etc. 

Sin entrar en otro orden de consideraciones y preguntas de 
candente actualidad, en una población como Cádiz, cuna del famo- 
so Código y sitio de su promulgación, donde existe, sin protesta 
de nadie, una calle de Arguelles, ¿no ha sido un verdadero acierto 
el rotular otro lugar público con el nombre de Muñoz Torrero? 

Aquellos á quienes se deben esa petición y ese acuerdo, la re- 
paración de ese olvido, merecen bien de cuantos sientan en lo ínti- 
mo de su corazón un aliento de verdad y un deseo de justicia. 



DIARIO DE CÁDIZ: suplemento al número del sábado, 12 de Febrero de 1910. 

Su familia: orígenes y genealogía.— Sus padres.— Su infancia y 
primeros estudios.— Carrera eclesiástica y profesorado. Sala- 
manca. —Su dirección universitaria. —Encargo regio.- Elogios. 

No son modernos habitantes de la villa de Cabeza del Buey la 
familia de Muñoz Torrero. No es por tanto desconocido este apelli- 
do en toda la comarca de Serena. 

Encuéntrase en los primeros libros bautismales de la Parroquia 
de Santa María Armentera, así como en los libros de acuerdos del 
Ayuntamiento de dicha villa, por haber desempeñado largos años 
la familia de Muñoz Torrero los cargos concejiles de dicho muni- 
cipio, siendo conocidos con el sobrenombre de los Regidores, 
sobrenombre que en la actualidad conservan aún sus descen- 
dientes. 

Fueron sus abuelos en tercer grado, D. Juan Muñoz Torrero y 
D. a Ana Muñoz, los que tuvieron que sacar breves para contraer 
matrimonio. Sus abuelos en grado segundo, lo eran D. Juan Mu- 
ñoz Torrero y D. a María Fernández Calvo, y sus abuelos en primer 
grado, lo fueron D.José Muñoz Torrero y IX a María Elena, por lí- 
nea paterna, y por la materna, de D. José Moyano y D. a Catalina 
Ramírez, vecinos y naturales todos de la villa de Cabeza del Buey. 
Fueron sus padres D. Diego Muñoz Torrero y D. a María Ramírez 
Moyano. 

De esta unión sólo tuvieron dos hijos; así es, que nuestro bio- 



- 47 - 

grafiado no tuvo más que una hermana, D. !l María de San Deme- 
trio Muñoz Torrero y Ramírez, casada con D. Juan Martín Pozo, 
preceptor de latinidad y farmacéutico que fué de esta Villa. 

A cosa hecha hemos dejado en último término al ilustre extre- 
meño, de quien nos ocupamos, con el fin de dedicarnos desde aquí 
en adelante de su ilustre personalidad, desde su natalicio hasta su 
fallecimiento. 

A continuación reproducimos la partida bautismal de tan ilus- 
tre patricio, y que es como sigue: 

«D. Federico Simancas, Presbítero, Rector y Cura Ecónomo de 
la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de Armentera, única de 
esta Villa: 

Certifico: Que en libro diez y ocho de Bautismos al folio dos- 
cientos ochenta y tres vuelto, se encuentra la siguiente 

Partida: En la Villa de Cabeza de Buey, á veinticuatro días del 
mes de Enero de mil setecientos sesenta y un años. Yo D. Domin- 
go Seco de Herrera, Cura propio de esta Parroquial que se intitu- 
la Santa María de Armentera, bauticé solemnemente á un niño 
que nació á veinte y uno de dicho mes y año, á el cual puse por 
nombre Diegx» Francisco y es hijo legítimo de Diego Muñoz Tho- 
rrero y de María Francisca Ramírez Moyano su legítima mujer, 
fué su padrino Juan Muñoz Thorrero, su tío paterno, todos veci- 
nos de esta dicha Villa, á quienes advertí la cognación espiritual 
y lo firmé. D. Domingo Seco de Herrera.— La. presente partida 
concuerda fielmente con su original á que me remito. Y para que 
conste extiendo la presente, etc., etc., y la firmo y sello con el de 
esta Parroquial en Cabeza de Buey á diez y ocho de Abril de mil 
novecientos diez. Federico Simancas.» 

Desde bien temprana edad notábase en el que luego iba á ocu- 
par el Rectorado de la Universidad salmantina, inteligencia clara 
y comprensión vivaz. 

Cursó los primeros estudios en su pueblo natal, y á los sitú- 
anos empezó á estudiar latín con su padre, que era un preceptor 
de los mejores y más acreditados en latinidad. 

Su carácter reflexivo y templado; su gran y constante aplica- 
ción, hízole adelantar en los estudios latinos de manera asombro- 
sa, encontrándose en actitud de emprender estudios superiores á 
los doce años. 

Admirado su padre de tal aplicación, de su carácter serio y re- 
flexivo, determinó su ingreso en la Universidad de Salamama, 
siendo conducido á dicho centro docente por el autor de sus días, 
el que veía grandes condiciones para los estudios literarios, en 
aquel hijo modelo que la naturaleza le había dado. 

Rápidos fueron sus progresos en las aulas salmantinas, hacién- 



- 48 - 

dose admirar por profesores y compañeros, los que vaticinaban 
un profundo filósofo y un sabio en el porvenir. 

Su carácter leal y franco, sus condiciones morales, su conduc- 
ta intachable, su proceder caballeroso, jamás cobijado por el man- 
to de la hipocresía, hiciéronle acreedor á las más preciadas consi- 
deraciones por parte de propios y extraños. 

Por vocación únicamente abrazó la carrera eclesiástica, y así 
puede consignarse, dadas sus especialísimas condiciones de carác- 
ter. Durante sus estudios en la Universidad obtuvo honrosas califi- 
caciones en todas las asignaturas que cursó y en cuantos ejercicios 
tomara parte. Dedicóse con gran preferencia al estudio de la Filo- 
sofía, ciencia que coincidía con su carácter pensador, así como 
también al de la Sagrada Teología. 

Después de recibir órdenes sagradas, á los veintitrés años, fué 
nombrado catedrático de Filosofía en la misma Universidad, don- 
de hiciera sus estudios, entonces, la Atenas española. 

En 8 de Junio de 1786 posesionóse de la capellanía que fundara 
en el año de 1649 D. Francisco García. Fué Rector de la misma 
Universidad de Salamanca durante el bienio de 1787-89, á la tem- 
prana edad de veintinueve años, cargo que le fué confiado por uná- 
nime votación. 

Cargo bastante codiciado por los nobles que estudiaban en los 
Colegios mayores y también por los profesores de más nombradía 
que contaban los veinticinco conventos y entre los que se educa- 
ban más de diez mil estudiantes, que acudían á la Atenas española. 

De tan brillante forma terminó el insigne Muñoz Torrero sus 
estudios, llegando al primer puesto del Rectorado español, sin más 
influencia que su saber asombroso y la fuerza de su genio; pues de 
familia modesta, de posición social nada acomodada, y, sobre todo 
por sus condiciones personales, que no le hubieran permitido em- 
plear medios bastardos para llegar á tan digno y honroso cargo. 

El Rey Carlos ÍII encomendóle en 1787 al insigne Muñoz Torre- 
ro que redactara un nuevo plan de estudios, obra que llevó á feliz 
término, haciéndose acreedor á las más justas alabanzas por todas 
las personas sensatas. 

El docto Jovellanos, en su Ley agraria, encomiaba la energía 
de Muñoz Torrero, que supo defender su proyecto de los ataques 
de frailes y rancios pedagogos. Su carácter serio y severamente 
rígido, hiciéronle no aceptar las proposiciones que le hubieran he- 
cho, al modificar su plan de estudios. 

En el año de 1789 se consultaron tres cuestiones sobre la causa 
de los católicos de Inglaterra á la Universidad de Salamanca. Eran 
]<>s encargados de evacuarlas Fray José Díaz, catedrático de Teo- 
logía; D. José Domingo Montegui, catedrático también en el mis- 



_ 4Q - 

mo centro docente de Derecho eclesiástico, tomando también par- 
te en este tribunal consultivo el sabio Rector de aquella gloriosa 
Universidad, nuestro ínclito Muñoz Torrero. 

Si grandes elogios le prodigaron la anterior vez por su nuevo 
plan de estudios, no fueron escasos los que ahora le tributaron por 
el difícil desempeño que le confiaron. 

Como las prendas personales de Muñoz Torrero, no coincidieron 
con las del Príncipe de la Paz, disgustóse éste con aquel ilustre y 
preclaro varón, declarándose enemigo irreconciliable del venera- 
ble sacerdote paisano suyo. 

Godoy, el privado de Carlos IV, protegió á presbíteros como 
D. Mateo Delgado y Moreno, á quien hizo Arzobispo, y á D. Ga- 
briel Alvarez, al que le favoreció con un Obispado, sin tener am- 
bos más cualidades que las de saber mal leer latín. 

Cuando era mayor la privanza del favorito Príncipe de la Paz, 
sacóse á oposición una canongía de San Isidro del Real, á la que 
hizo unos brillantísimos ejercicios el sabio Muñoz Torrero, sin que 
le llegara á valer su superioridad sobre los demás opositores; pues 
desde un principio habíase propuesto el citado Príncipe de la Paz 
que su ilustre paisano no obtuviera la dicha canongía. 

Produjo esto en Madrid alto revuelo en todos los hombres de 
cierta posición, y entonces el Marqués del Bierzo, conociendo la 
injusticia que se había hecho con tan insigne hombre, le dio otra 
canongía en una Colegiata suya, y á muy poco de tomar posesión 
de este cargo, sorprendióle en Aranjuez el célebre motín de este 
nombre. 

La Santa Sede no lo acepta para la mitra de Guádix.—Su emigra- 
ción á Portugal.— Persecución y muerte. —Habla Fernández de 
los Ríos. 

Al brotar en los años 1820 al 23, nuevos gérmenes por parte de 
1<> moderados, y con motivo de los alborotos ocurridos en las pla- 
za- de Cádiz y Sevilla, juntamente con la alarma general, que 
rápida cundía por nuestra Nación, propuso el ilustre hombre de 
estado Calatrava al Congreso, en un brillante discurso, que las 
Cortes enviasen al Rey un mensaje, con objeto de ver si reapare- 
cía de nuevo la confianza en el Gobierno, acallando á su vez los 
rumores públicos que habían adquirido grandes proporciones, 
dado el orden de cosas que imperaba. 

Fué elegido el timo. Sr. Muñoz Torrero, Presidente de la Co 
misión que había de hacer entrega al Monarca del eitad<» docu- 
mento extraordinario, que con independencia absoluta censuraba 
la conduela de (.Mellos hombres que formaban ministerio; solicitan 

i 



- 50 - 

do de Su Majestad la reforma de éste, por exigirlo así las circuns- 
tancias. 

Acontecimientos ocurridos en esta época, enemistada España 
con las naciones que formaron el tratado de la Santa Alianza, y 
en mala correspondencia con el Papa, negó éste las bulas para 
ascender al Arzobispado de Sevilla á Espiga y al Obispado de 
Guádix á Muñoz Torrero, por defender las instituciones y prin- 
cipios liberales que se hallaban establecidos en nuestra patria. 
Así las cosas, y perseguidos con mano dura cuantos se habían 
distinguido, unos en el campo de batalla, otros en el parlamento 
ó en la prensa, por defender el régimen constitucional, fué uno 
de éstos el ilustre extremeño Muñoz Torrero, el cual, merced á 
un aviso confidencial, huyó de su patria, por la que tanto ha- 
bía trabajado, logrando así escaparse de sus perseguidores. En- 
caminóse á Portugal refugiándose en Badajoz, desde cuyo punto 
se trasladó á Campo Mayor, en donde se estableció para hacer una 
vida llena de amarguras y privaciones. Cinco años estuvo estable- 
cido en este punto, consagrado á los ejercicios piadosos, y á coor- 
dinar algunos tratados religiosos, que emprendiera antes de la 
guerra de la Independencia, dejándoles sin dar á la estampa pol- 
las vicisitudes que después le sobrevinieron. 

Los serios disturbios ocurridos en Portugal, la guerra civil que 
sobrevino entre los partidarios de D. Miguel y D. Pedro; y en este 
estado de cosas vino á ser prisionero el ilustre Muñoz Torrero en 
manos de los partidarios del primero. 

Para pintar la persecución de que fué objeto y la despiadada 
muerte de que fué víctima aquel glorioso campeón de la libertad, 
y mártir venerable de la democracia, hemos creído oportuno re- 
producir el siguiente escrito de la autorizada pluma del Sr. Fer- 
nández de los Ríos. 

«Sin consideración á su carácter sagrado, sin miramiento á su 
«carácter sacerdotal, se le molestaba de mil modos, registrando sus 
»más inocentes papeles y quitándole toda comunicación; sin respe- 
»to á sus virtudes, su sabiduría y su nombre le dirigían insultos; la 
»víetima los oía con una mansedumbre evangélica, que aumentaba 
»la cólera de los miserables que así le trataban: por último, llegó 
el momento en que se vio privado de salir de su casa para evitar 
»los atropellos de los agentes de D. Miguel (gente soez y endureci- 
da por el crimen), tocando la realidad de los brutales tratamientos 
»que algunos emigrados le habían pronosticado, sin lograr de él 
»que imitara su ejemplo y dejara á Portugal; porque la bondad de 
»su alma no daba lugar á la sospecha de que la hospitalidad pudie- 
»ra nunca trocarse en persecución; creyendo que el deseo del Go- 
bierno portugués era que saliera del territorio, tal vez por el te- 



- 51 - 

»mor de que maquinara en favor de D. a María de la Gloria, se de- 
»cidió, aunque tarde, á quitar todo motivo de recelo buscando en 
»otro país la tranquilidad de que tan arbitraria y tan ilegalmente se 
»le despojaba. 

»Una noche salió de Campo Mayor en dirección á Lisboa, y con 
propósito de embarcarse para Francia ó Inglaterra, pero al llegar 
>á la ciudad fué preso y conducido á la torre de San Julián de la 
»Barra con D. José Fernández Ballesteros, el Conde de Adanero y 
»otros. En aquella prisión le dieron por alojamiento un calabozo á 
>orillas del mar, que se llenaba de agua, dejando solo libre en las 
»horas de marea creciente una tarima que servía á la víctima de 
»cama y único refugio. 

•>Así vivió cuatro meses á las órdenes del gobernador de la to- 
»rre el inhumano brigadier José María Téllez Jordán, que agotó 
»todos los recursos de su imaginación para acabar con la existen- 
cia de Muñoz Torrero; llenábale de improperios que él escuchaba 
»con indiferencia, hacíale trabajar como á los demás presos, en 
conducir grandes maderos de unas puertas á otras del Castillo, vi- 
»gilábale de la manera más odiosa; complacíase en ir al calabozo 
en las horas del rancho y revolvía con la contera del bastón la ra- 
ción del preso, á pretexto de cerciorarse de si iba algo que pu- 
diera contener alguna comunicación. 

»La salud de la víctima comenzó á resentirse y le acometió un 
• accidente apoplético de que pudieron salvarle los amistosos cui- 
» dados de su compañero el Sr. Ballesteros. 

» Muñoz Torrero acudió al gobierno portugués preguntando en 
•virtud de qué derecho era objeto de semejantes tratamientos y lue- 
g( i al español reconviniéndole porque toleraba que así se condu- 
jera un poder extranjero; el gobernador hizo entonces más horri- 
ble aun la situación del mártir; le separó de D. Francisco Calver, 
capitán de Artillería, natural de Barcelona, y de D. José Castille- 
jos, de Fuente Obejuna, que le aliviaban en sus trabajos, hasta 
«que lo supo Jordán; le obligó á bajar á un pozo y á limpiar por es- 
•pacio de varias horas diarias la inmundicia, arrancando con las 
«manos los ásperos arbustos que había en las paredes; y no para- 
ba aquí su bárbara inventiva, sino que hacía que desde arriba le 
•tirasen algunas piedras, y diriéndole, por vía de mofa, que bus- 
»case en el fondo del pozo la libertad que tanto ansiaba. 

Era aquello la pena de muerte por medio de la desesperación; 
una vosa peor, mucho peor que el suplicio; la pena de muerte sin 
la última mirada al cielo de la Patria. 

•Muñoz Torrero comprendió la suerte á que estaba condenado, 
y no volvió á protestar contra el suplicio que sufrían los presos, 
-no se creyera que temía la muerte; ni una queja, ni una palabra de 



- 52 - 

»despecho, ni de amargura salió de sus labios durante aquella inter- 
»minable muerte, siempre aplazada, como si la naturaleza vacilase 
«en romper el molde donde había encerrado una inteligencia y un 
«carácter excepcionales. 

«Aquella alma angelical, profundamente religiosa, reconcentra- 
»da en sí misma, fuerte y tierna á la vez, siempre dispuesta á ben- 
»decir, nunca á lanzar una maldición, iba resistiendo á los medios 
»que el inhumano gobernador y su verdugo Juan Cloz Reíz (crimi- 
»nal que tenía á su cargo diez y siete muertes probadas y veinte y 
»una confesadas en momentos de jactancias), empleaban para 
«deshacerse del prisionero por medio del martirio. 

«Más hacía aún: procuraba animar á sus compañeros de infor- 
«tunio, prodigándoles los consuelos que él encontraba en su fe reli- 
»giosa y liberal. 

«Una lágrima corrió un día por las mejillas de aquel mártir, y se 
«secó instantáneamente, devorada por el fuego del dolor. ¡Nada 
«hizo para contenerla y menos aun para explicarla! ¡Quién se atre- 
«vería á investigar el misterio de aquella lágrima! ¡Quién podía 
«atribuirla á flaqueza! Bien puede asegurarse á poco que se lea en 
»el pensamiento de aquel hombre, fuerte entre los fuertes, que si 
«lloró no fué por él, sino por el estado en que dejaba á su desgra- 
ciada patria. 

«La edad, los trabajos intelectuales, los padecimientos físicos, 
«habían debilitado aquella organización y preparado el efecto que 
»se esperaba de los tormentos, que ¡Muñoz Torrero sufría en la 
«torre. 

«Repitió el accidente y llegó la agonía: de tiempo en tiempo se 
«advertía por el movimiento de sus labios que el moribundo oraba; 
«de pronto vino un primer desfallecimiento, sus párpados se cerra- 
ron, y un velo fúnebre pasó por su rostro; este fué el momento 
»que escogió el gobernador para abreviarle la poca vida que le 
«quedaba, haciendo que ataran al mártir una soga á los pies y le 
«bajaran arrastrando por una escalera de treinta y cuatro pelda- 
ños de maulera, en los cuales fué dando otros tantos golpes la ve- 
«nerable cabeza de aquel grande hombre. 

«Así murió el limo. Sr. D. Diego Muñoz Torrero, Rector de la 
«Universidad de Salamanca, dignidad de Chantre de la Colegiata 
»de Villafranca del Vierzo, Presidente de la Diputación permanen- 
»te de Cortes y Obispo electo de Guádix, el día 3 de Marzo de 1829. 

«Luego que falleció, el gobernador mandó envolver su cadáver 
»en una levita vieja y ponerle unos zapatos de munición; esta fué 
»la mortaja que llevó á la sepultura, que se negó en sagrado, ence- 
«rrándole en la explanada junto á la muralla del Castillo.» 



- 53 - 

El cónsul dr España en Lisboa.— Su patriótica labor. — Traslado 
de los restos á España.— Solemnidades y homenajes tributados 
á la memoria de Muñoz Torrero— Su enterramiento narrado 
por El Comercio. 

El cónsul de España en Lisboa, D. Tomás Comyn, amigo y ad- 
mirador que fué del gran Muñoz Torrero, tomó á su cargo el tras- 
ladar á sitio más conveniente los restos mortales del gran patriota 
extremeño, del ilustre Rector de la Universidad salmantina. 

He aquí los documentos relativos con la exhumación de tan 
ilustre varón, insertos en el folleto del Sr. Fernández de los Ríos: 

Memorial de D. Tomás Comyn al Vicario general de Lisboa — 
«limo, y Exmo. Sr.: El infrascrito cónsul general de S. M. Católica 
en esta Corte, y demás dominios de S. M. Fidelísima, con el ma- 
yor respecto á V. E. hace presente: Que cerciorado de que el ca- 
dáver del limo. Sr. D. Diego Muñoz Torrero, presbítero español, 
dignidad de Chantre de la Colegiata de Villafranca del Vierzo, 
( >bispo electo de Guádix y víctima en el año 1829 de la tiranía de 
I ). Miguel ó inhumanidad de Téllez Jordán, gobernadora la sazón 
de la Torre de San Julián de la Barra, le fué negada la sepultura 
en sagrado, mandándose impíamente enterrarle en campo inme- 
diato á dicha fortaleza, pero cuyo respetable depósito se halla hoy 
felizmente identificado: y deseoso el exponente de proceder sin 
más demora á la exhumación de los restos mortales de tan sabio 
cuanto virtuoso eclesiástico, á fin de trasladarlos en seguida al san- 
to cementerio de Oeiras con la debida reverencia y previa celebra- 
ción de una misa rezada y los correspondientes sufragios: por 
tanto, 

A Y. E. suplica atentamente tenga á bien concederle la nece- 
saria licencia para que puedan tener cumplidos efectos estos pia- 
dosos actos y tributarse por el suplicante del modo posible la ve- 
neración debida á la memoria de uno de sus más dignos conciuda- 
danos. -Consulado general de España.— Lisboa, 14 de Noviembre 
de 1834.- Tomás Comyn.» 

Contestación copiada á la letra. — «O exemo. arzobispo Camo- 
11er mor. vicario general do Patriarcado manda remitir á V. S. or- 
den inclusa para o rmo. dr. vicario de vara de Arciprestado de Cas- 
raes, asistir á exhuma-cao é sufragios do plecarisimo D. Diego 
Muñoz Torrero S. E. senté sobre maneira que as honras fúnebres 
é sufragios que tao illustre ministro da Iglesia, nao posao tener lu- 
gar onde mellior se fizese aparecer á pompa y acatamieno que leo 
debido. 

Permitame V. S. que por esta ocasión proteste á V. S. los senti- 



- 54 - 

mientos de particular respeto, etc. Lisboa, 18 de Noviembre de 1834. 
Firmado.— José María de Sonsa Coi ice ira.» 

Carta del cónsul general de España en Lisboa, D. Tomás Co- 
myn á D. José Fernández Ballesteros, de Badajoz. — «Muy Sr. mío 
y mi dueño: A su debido tiempo recibí la apreciable suya de 1.° de 
Noviembre que no exige contestación, y ahora le dirijo de nuevo 
mis respectos con el motivo triste y á la vez satisfactorio de anun- 
ciarle que habiendo casualmente descubierto el idéntico lugar en 
que fué enterrado nuestro venerado amigo D. Diego, lo hice exhu- 
mar y trasladar al cementerio de la villa de Oeiras el 26 de Diciem- 
bre próximo pasado, previa la celebración de las correspondientes 
exequias y oficios de difuntos por la clerecía de Oeiras, que lleva- 
ron el cadáver con el justo acatamiento á su nueva morada, sobre 
la cual fué puesta una losa de mármol blanco en que mandé escul- 
pir su correspondiente epitafio. 

Y como todo lo que dice relación con tan digno sujeto no puede 
menos deserle áUd. interesante, debo noticiarle que según relación 
de dos de los asistentes al acto de la exhumación, que también lo 
fueron á su primitivo entierro, el infame Jordán lo mandó envolver 
en eneros en una levita muy usada y poner unos zapatos de muni- 
ción sin taloneras y en esta guisa fué colocado en un hoyo inme- 
diato á una tapia con la cabeza al Norte; cuya última circunstancia 
se halló ser cierta, recogiéndole casi del todo por entero el respe- 
table cadáver, incluso la calavera, y metiéndose en seguida en una 
caja ó ataúd hecho en Lisboa y cuya llave queda en mis manos. 

Dije equivocadamente más arriba que se habían celebrado sus 
exequias: y para que no se entienda que se cantó misa, debo aña- 
dir que esto se omitió forzosamente por haber tenido lugar el acto 
por la tarde. Bien que logré lo único que esperaba, que se reducía 
á depositar con decencia en sagrado los restos mortales de aquel 
insigne varón tan impíamente profanado, y bien sabe Dios que ha- 
bría gastado el doble de lo poco que he desembolsado, con el mayor 
gusto, por tal de tener la satisfacción y singular honra de hacer 
este corto sacrificio en obsequio y desagravio de tan desgraciado 
cuanto benemérito patricio. 

Páselo Ud. bien; su más atento y seguro servidor q. b. s. m., To- 
más de Con/y n.» 

Con la traslación de los restos mortales al cementerio de Oeiras, 
comienzan los actos para desagraviar la memoria del ¡lustre ex- 
tremeño, coronando la obra emprendida por el digno cónsul señor 
Comyn, el partido progresista. 

En una numerosa reunión celebrada en Madrid por éste, en el 
año 1863, en la que se encontraban sus principales prohombres, 
pronunció un elocuente discurso el Sr. Fernández de los Ríos pre- 



sentando el cuadro verdaderamente lamentable de que no se hu- 
biesen traído á su patria los restos de aquel insigne varón que de- 
fendiendo la libertad de una nación, fué objeto de las más encar- 
nizadas persecuciones y de los más refinados tormentos. 

Las palabras del Sr. Fernández de los Ríos levantaron el ánimo 
del partido progresista, abriéndose en seguida una subscripción 
para efectuar la traslación á España desde el cementerio de Oeiras 
de los restos de tan preclaro varón. 

En el periódico La Iberia publicó Fernández de los Ríos un ar- 
tículo con motivo del aniversario de la apertura de las Cortes de 
Cádiz, proponiendo que fueran enterradas las cenizas del ilustre 
extremeño, con las de los diputados Arguelles y Calatrava y que 
á la calle del Sordo, calle por donde el público entraba á oir las 
sesiones del Congreso de los diputados, se la llamara de Muñoz 
Torrero. 

El comité central del partido progresista designó una Comisión 
para que interviniera en todo lo concerniente al traslado ya dicho, 
redactando la indicada Comisión la siguiente: 

Circular.— «Madrid, 10 de Diciembre 1863.— Muy Sr. nuestro: 
Xadie puede usurpar al partido progresista la gloria de ser fiel 
guardador de la tradición liberal de 1810: él ha mantenido incólu- 
me las ideas de los legisladores de Cádiz; él ha mostrado que lo 
animan el patriotisrho, la fe política, la perseverancia y la virtud 
Je los que fueron sus maestros; él acaba de invocar la me noria de 
nuestros padres y devolver la vista á las tumbas de los regenera- 
dores de España, al anunciar en su solemne documento la nueva 
y transcendental actitud que le han aconsejado su dignidad y sus 
principios. 

Una deuda de gratitud, acaso la más sagrada de todas, tiene 
sin embargo, pendiente; la que está reclamando la memoria de 
Muñoz Torrero, el primer diputado que rompió el silencio de tres 
siglos de tiranía para abogar por los derechos del pueblo, para 
proclamar el principio de la soberanía nacional; el que firme en 
sus creencias sufrió horriblemente, pero no cedió aceptando con 
resignación evangélica el martirio por el apostolado de la libertad. 

Bastó que en una reunión celebrada en Madrid por el partido 
progresista se levantara una voz, pidiendo que cese la expatria- 
ción, para los restos Je Muñoz Torrero, y vengan desde Portugal, 
donde reposan, al monumento en que yacen Arguelles y Calatra- 
va, Je quienes fué compañero y frecuentemente consultor, para 
que se acogiera la idea por aclamación, sin más aplazamiento que 
el que aconsejaba la proximidad Jel verano, estación poco apro- 
pósito para plantearla. 

Bastaron dos artículos publicados en un periódico con ocasión 



- 56 - 

del aniversario del 24 de Septiembre, la fecha más gloriosa de la 
vida de Muñoz Torrero, para que Gerona, la inmortal, se coloca- 
ra á la cabeza de la subscripción que estaba resuelto á abrir con 
aquel objeto. 

El pensamiento iniciado en la primavera, es hoy proyecto for- 
mal; nuestros amigos políticos han nombrabo hoy una Comisión 
que se encargue de realizarlo y han dispensado á los que subscri- 
bimos la honra de elegirnos para formarla; con este carácter nos 
dirigimos á Ud., que jamás deja de responder á la voz del patrio- 
tismo, para participarle las bases siguientes: 

1. a Se abre una subscripción para trasladar á Madrid desde 
Oeiras (Portugal), al monumento de Arguelles y Calatrava, los 
restos del Timo. Sr. D. Diego Muñoz Torrero. 

2. a Correspondiendo á la acogida que esta idea ha tenido en 
Gerona, la subscripción se hace extensiva á reemplazar la humil- 
de caja de madera donde se guardan las cenizas de Alvarez, el 
heroico defensor de aquella ciudad, por un sepulcro decoroso y 
duradero, aunque sencillo. 

3. a Con el objeto de que la subscripción tenga un carácter emi- 
nentemente popular, en la cual puedan tomar parte todas las for- 
tunas, se fija como cuota la cantidad de cuatro á diez reales. Las 
personas, sin embargo, que quieran contribuir con mayores canti- 
dades, quedan en libertad de hacerlo. 

La Comisión cree ocioso señalar á Ud. las consideraciones que 
dan oportunidad al proyecto. 

Nunca como hoy que el partido progresista ha tenido que reti- 
rarse de la vida pública por no consentir la violación hipócrita, 
pero resuelta, de los derechos políticos para honrar la memoria 
del primero que proclamó en España el principio de la soberanía 
nacional; nunca como ahora que se quiere infiltraren la juventud 
la corrupción del materialismo, d culto del interés como medio de- 
gozar, tratando con el favor y besando la mano, sea la que quiera, 
que distribuya la riqueza, para atacar esta anarquía de pensa- 
miento, para ofrecer nuevo testimonio de que las creencias son la 
vida íntima del pueblo; de que si hay moneda para quien las vende 
no hay gloria más que para quien la sirve, nunca, en fin, como en 
presencia de una lucha miserable de grupos sin principios, que 
pelean no rnás que por los goces del mando, para una nueva ma- 
nifestación de que hay aquí un partido sistemáticamente alejado 
del poder, que dejando á las fracciones ambiciosas las emociones 
de sus luchas intestinas, sigue dando culto á la idea que proclamó 
medio siglo ha, y espera, volviendo la vista atrás para renovar la 
memoria de los que la iniciaron, lo que tiene la certidumbre de 
haber visto delante la promesa del porvenir. 



— 57 — 

La comisión no se contentará con ver el nombre de Ud. en la 
lista de subscripción; espera confiada que la dará á conocer y hará 
extensiva á sus amibos de esa localidad; esperamos que se realice 
con la rapidez necesaria para que pudiendo entrar en Madrid los 
restos de Muñoz Torrero el día 3 de Mayo próximo, se renuevan 
hermanados los recuerdos de dos sucesos que tienen íntimo y glo- 
rioso enlace en nuestra historia; la jornada del 2 de Mayo, que 
despertó de su letargo la nación postrada lanzándola á la defensa 
de su independencia, y la proclamación del principio político que 
acudió en apoyo del sacudimiento del 2 de Mayo, dando el triunfo 
al alzamiento iniciado, y abriendo al mismo tiempo la revolución. 

Somos de Ud. con toda consideración atentos seguros servido- 
res q. b. s. m., El presidente, Salustiano Olósaga.—El Conde de 
Reus. — Pascual Mados— Joaquín Aguirre. — Francisco de Paula 
Montemar- Ramón de Calatrava. — Práxedes Mateo Sagasta. 
Camilo Muñís Vega. — Secretarios, Ángel Fernández de los Ríos 
y Guillermo Crespo.» 

Dicho partido nombró una subcomisión para que pasase á 
Oeiras y que la componían los Sres. D. Ramón Calatrava, D. Ser- 
vando Ruiz Gómez y D. Guillermo Crespo, secretario del Comité 
central progresista. 

Al trasladarse para hacer la exhumación, después de los requi- 
sitos necesarios, y al entrar en el cementerio de Oeiras, cuyo patio 
hallábase cubierto por escombros, y en el que no existía ni nichos 
ni mausoleos, hallaron la siguiente losa, bajo la cual reposaban 
las venerables cenizas del doceañista extremeño, objeto de nues- 
tra obra. 



AQUÍ YACE 

EL ILMO. SR. D. DIEGO MUÑOZ 

TORRERO, PRE., DIGNIDAD DE MAESTRE DE LA 

IGLESIA COLEGIAL DE VI- 

LLANUEVA DEL BIERZO Y OBISPO 

ELECTO DE GUADIX. FALLE- 
CIÓ EN EL DÍA XVI DE MARZO DE 
MDCCCXXIX EN LA TORRE DE SAN 
JULIÁN DE LA BARRA. 

Desde el día que llegaron á Madrid tan respetables restos han 
ido demostrándose las simpatías hacia tan ínclito varón, y segu- 



- 58 - 

ramente no hay una capital española que no ostente alguna de sus 
calles el nombre de tan preclaro sacerdote 



Se ha comentado desfavorablemente por alguien que 
Muñoz Torrero no obtuviese la mitra de Guádix por devol- 
ver el Papa la propuesta, y hasta ha habido quienes lo atri- 
buyen á diferentes causas, poniendo en duda la conducta 
del intachable sacerdote. Nada más lejos de la verdad. Mu- 
ñoz Torrero, como hombre y como clérigo, mereció la esti- 
mación de todos por su honorabilidad y virtud, y si la cor- 
te de Roma se negó á elevarle al episcopado, fué únicamen- 
te por sus ideas liberales. Bien claro lo dice el Pontífice en 
la carta que á continuación transcribimos: 

A SU MAJESTAD CATÓLICA, PÍO VII 

Nuestro muy amado hijo en Jesucristo, salud y bendición apos- 
tólica: En carta del 2 de Agosto nos hace presente V. M., le sería 
muy sensible se retardase por más tiempo el despacho y expedi- 
ción de nuestras Bulas á favor de los presbíteros José Espiga y 
Gadea y Diego Muñoz Torrero, nombrado por V. M. el primero, 
para la iglesia arzobispal de Sevilla, y el segundo, para la episco- 
pal de Guádix; dándonos á entender al mismo tiempo, que ambos 
por sus virtudes y sabiduría merecen su Real estimación, y que 
la falta de Obispos en las iglesias de tan vasta Monarquía se hace 
cada día más sensible á la Religión y á la piedad de sus subditos, 
en los cuales desea V. M. conservar y acrecentar una y otra por 
todos los medios que están en su poder; excitándonos por lo mis- 
mo á remover con toda solicitud cualquiera obstáculo que pueda 
haber impedido la preconización de dichos sujetos en el consisto- 
rio celebrado el pasado mes de Junio. 

En cuanto á Nos toca, bien podemos cerciorar á V. M., que la 
tardanza sobredicha á la expresada preconización ha sido sólo 
efecto y consecuencia necesaria del terrible deber que nos impone 
nuestro ministerio; á saber, de no promover al gobierno de las 
iglesias á aquellos sujetos que no están dotados de las cualidades 
canónicas competentes, y por otra parte, exentos de los impedi- 
mentos religiosos que, según las leyes divinas y eclesiásticas, los 
hacen indignos de ellos. 



- 59 - 

Habiendo, pues, Nos hallado, por desgracia, alo-unos de éstos 
en los dos sobredichos nombramientos, no podíamos hacer traición 
á nuestros deberes procediendo á su promoción; y así, después de 
un detenido y maduro examen de sus cualidades, y tomados los 
oportunos consejos, según la práctica de la Santa Sede en estos 
negocios que son de la mayor importancia, hemos suspendido su 
preconización en consistorio. Sin embargo, no hemos dejado por 
eso de procurar en cuanto á Nos tocaba, y como puntualmente 
desea V. M., el remover los obstáculos que conocíamos se oponían 
á su promoción, y mediante el auxilio de la divina gracia, implo- 
rada por Vos con el mayor fervor, hemos llegado á concebir al- 
guna no mal fundada esperanza de conseguirlo respecto de uno 
de ellos, á saber: del sacerdote José Espiga. En efecto, éste nos 
ha enviado una declaración dirigida á desvanecer la siniestra opi- 
nión en materia de no sana doctrina que había dado lugar á hacer 
concebir de sí; declaración, sin embargo, que es necesario venga 
modificada en algunas pocas cosas que ya le hemos insinuado, y á 
las que no dudamos se prestaría con aquella docilidad que ya ha 
dado á conocer, por donde esperamos poderlo, con tranquilidad 
de nuestra conciencia, promover á la iglesia de Sevilla luego que 
llegue el acto sobredicho formado al tenor de nuestras insinuacio- 
nes. Estos cuidados que nos hemos tomado en orden á Espiga, 
deben probar á V. M. el vivo deseo que tenemos de complacerle 
en cuanto nos permiten nuestros deberes; pero tales pasos que re- 
petidamente hemos debido de dar para llegar á este término, han 
exigido no corto tiempo, y la dilación en ello sobrevenida no podrá 
parecer mal á V. M., si con ella como nos lisonjeamos, se llega á 
conseguir y produce aquel feliz resultado á que van dirigidos sus 
deseos. 

Por lo que toca al presbítero Muñoz Torrero, aunque demasia- 
damente ya Nos tuviésemos indicios menos favorables referentes 
á su persona, sin embargo, no desesperanzados de su reconoci- 
miento, hemos empleado toda especie de tentativas para obtenerlo; 
más él, no sólo seha negado á toda declaración que nos asegurase 
de la rectitud de sus sentimientos, al menos en la actualidad , sino 
(¡ite tampoco lia tenido dificultad de manifestar extcriormenlc y 
propalar aún en esta ocasión,y profesar sn tenaz adhesión d re- 
probables y erróneas doctrinas, y protestarse inflexible en ellas, 
poniéndonos de este modo el mismo en la imposibilidad de promo- 
verle al episcopado; por lo que en este caso V". M. no debe experi- 
mentar el dolor, por otra parte tan justo y digno de su religión, de 
que la iglesia, para la cual le había nombrado, continúe y perma- 
nezca en su viudedad. lis mucho menor mal que la sobredicha 
Iglesia permanezca todavía por algún tiempo sin Pastor, que el 



~ 60 - 

que tenga uno decididamente malo. Nos no podríamos darle uno 
de semejante carácter sin hacernos reos delante de Dios de la pér- 
dida de las almas que fuesen por él pervertidas, y cuya sangre 
reclamaría el Señor de nuestras manos, como se explica el santo 
Concilio de Trento. Bien ve V. M. por lo que hace á Nos, que no 
está lejos el momento en que hayamos de dar cuenta al tremendo 
Juez del gobierno de la Iglesia que nos ha confiado: ¿y cómo po- 
dríamos comparecer en su presencia manchados con tan grave 
culpa? 

Así, pues, nos vemos obligados por nuestros deberes á rehusar 
con aquella libertad apostólica, que es propia de nuestro sagrado 
ministerio, el promover al episcopado al sacerdote Muñoz Torre- 
ro, porque lo reconocemos positivamente indigno por su no sana 
doctrina; del mismo modo que nuestros antecesores y Nos mismo 
hemos debido negarnos á admitir al episcopado á algunos sujetos 
nombrados por otros soberanos, porque no los habíamos hallado 
adornados de aquellas dotes que esencialmente se requieren en un 
Obispo. Suplicamos, por tanto, á V. M. nos proponga desde luego 
otro sujeto sobre quien, no hallando dificultad, podamos inmedia- 
tamente promoverlo á la iglesia de Guádix, la cual, de este modo, 
no permanecerá más tiempo sin Pastor. 

No puede V. M. dudar de nuestra propensísima inclinación y 
disposición hacia su Real Persona y para con toda la nación espa- 
ñola. Apelamos en orden á esto á las pruebas que tenemos dadas 
en todos tiempos, romo en la actual situación del Reino, tanto 
en los negocios sobre que se ha recurrido á nuestra autoridad, 
como en las provisiones mismas de las iglesias, según que V. M. lia 
podido echar de ver en la pronta promoción del Obispo de Cuz- 
co. Por lo que, si en el caso de que se trata ahora, Nos no hacemos 
otro tanto, debe V. M. persuadirse que sólo la conciencia es la que 
nos detiene; ni puede V. M. ni otro alguno exigir de Nos que, por 
complacerle, ofendamos á Dios y hagamos traición á los más sa- 
grados intereses de su Iglesia. 

Mas, y puesto que para obtener la pronta promoción délos dos 
sujetos de que se trata, V. M. se vale también de la reflexión del 
daño que ocasiona á los líeles la falta de Obispos de muchas dió- 
cesis de España, permítanos el dar lugar en esta nuestra respuesta 
á un desahogo del intenso dolor que experimentamos por la priva- 
ción que tantas iglesias de este Peino sufren de sus Pastores, que 
en el actual orden de cosas han sido por desgracia extrañados. 
No hemos cesado de hacer por medio de nuestro Nuncio, nues- 
tras justas reclamaciones contra estos hechos lesivos de los sagra- 
dos derechos del episcopado. Y por los cuales tantas diócesis han 
quedado expuestas á los mayores desórdenes y á las más fatales 



— 61 - 

consecuencias; pero con el más vivo dolor de nuestro corazón he- 
mos visto hasta ahora han sido infructuosas todas nuestras soli- 
citudes. 

Sin embargo, no queremos todavía deponer aquella esperanza 
que la conocida piedad de V. M. y la Religión de esa católica Na- 
ción nos han hecho justamente concebir, y por lo mismo hemos 
aprovechado y abrazado cuidadosamente la ocasión de reclamar 
de V. M. sobre este importantísimo objeto. En lo demás, el mismo 
deseo que tiene V. M. de conservar y aumentar por todos los medios 
posibles la piedad de sus subditos, es el que nos detiene é impide 
para no darles por Pastores unos sujetos que, careciendo de las 
dotes que los sagrados cánones exigen en los Obispos, no se ha- 
llan aptos para corresponder á la santidad de su vocación. 

Estos son nuestros sentimientos, que con plena confianza le ex- 
ponemos, y con la mayor efusión de nuestro paternal corazón da- 
mos á V. M. y su Real Familia nuestra bendición apostólica. 

Dado en Roma, en Santa María la Mayor, á 30 de Agosto de 1821, 
de nuestro pontificado el 22.— Pío, Papa VIL 

Castelar y otros muchos han escrito también sobre Mu- 
ñoz Torrero, pero todos los que de él se han ocupado ponen 
de relieve su figura en las memorables Cortes de Cádiz, por 
ser tal vez la parte más interesante de su vida. Un salman- 
tino ilustre, sin embargo, D. Alvaro Gil Sanz, que figuró no 
poco en la política, donde desempeñó altos cargos, trata 
únicamente del Rectorado de D. Diego, y por considerarlo 
de apreciaciones muy exactas é inspirarse en los anteceden- 
tes que existen en el Archivo, lo copiamos á continuación: 

Rectorado de Muños Torrero. — Fué éste uno de los sabios al 
par que elocuentes diputados que en las Cortes de Cádiz abrieron 
nueva era de gloria y esperanza á la abatida nación española, y 
no el menos respetable de aquellos reformadores que de pronto 
surgieron admirando con su saber y energía á los que mediano 
concepto tenían formado de nuestra ilustración política. Empezó 
dándose á conocer en la Universidad de Salamanca, y en los dos 
años de su rectorado arreció la lucha de que hemos venido hablan- 
do, lucha del pasado que expiraba, y del porvenir que aparecía, á 
semejanza de la aurora, con luces tibias y vacilantes, pero cre- 
ciendo siempre y dominando por lin las tinieblas. 

Apenas elegido en 10 de Noviembre de 1777 por la Junta de ron 
siliarios, según costumbre académica, cuando aquella rivalidad 
pronunciada ya algunos años antes, se concretó lijando su campo 



- 62 - 

de batalla. Los colegios de medicina y artes Se atrevieron á quejar 
de «la extraña graduación de facultades, por las que se señalaba 
el primer lugar á la teología y jurisprudencia, colocaba como in- 
ferior á la medicina y daba el más íntimo lugar á la filosofía». No 
fué pequeña tempestad la que esa pretensión levantó entre los 
intransigentes del Claustro, y después de oírlos cerró la votación 
Muñoz Torrero, manifestando con merecida censura la extrañeza 
que no podía menos de causar aquella intolerancia, y haciendo 
notar la falta que la Universidad cometía, no apresurándose «á 
proporcinar á los jóvenes los medios necesarios para hacer sólidos 
progresos en sus facultades respectivas, y prestar el debido honor 
á la medicina y filosofía». Acaloradas discusiones hubo en diver- 
sas juntas, pero nos limitaremos á hacer mérito de dos votos, dig- 
nos de recuerdo por su objeto y autores. 

Uno fué de D. Juan Meléndez Vades, quien después de soste- 
ner la formación del colegio de Filosofía, añadió la propuesta si- 
guiente: «El Dr. Meléndez, penetrado de la igualdad de todas las 
ciencias, y de lo necesaria que es esta igualdad en las actuales 
circunstancias de nuestra escuela, está pronto á sostenerla por es- 
crito contra quien guste impugnarla: deposita desde luego cincuen- 
ta doblones, que podrán servir de premio para la mejor memoria 
ó discurso que se escriba sobre ello con el tiempo que señalare 
cualquiera de los señores que gusten aceptar esta especie de desa- 
fío literario, y señala a cualquiera de las dos Academias de la 
Corte, ó á la Real Sociedad Económica, según guste elegir el con- 
certante, por juez de este negocio, creyendo que debe decidirse de 
esta manera y no con litigios ni recursos». Supérfluo será advertir 
que los antifilósofos no admitieron el reto. 

Del otro voto fué autor el matemático D. Juan Justo García. 
«La teología no revelada, decía, las dos jurisprudencias y la me- 
dicina, ni son verdaderas ciencias, ni son capaces de progreso 
ni adelantamiento alguno, que no venga del adelantamiento y pro- 
gresos de la misma filosofía, madre universal de todos los conoci- 
mientos humanos, y estudio propio y natural del hombre». 

Por más que hoy nos parezcan fútiles aquellas contiendas y 
disputas, marcaban entonces el progreso científico que en España 
se desenvolvía, y tal estrépito produjeron, que ocasionaron el lar- 
go expediente que se cerró con los informes del fiscal y goberna- 
dor del Consejo. La Universidad formó al cabo un plan de ense- 
ñanza de la filosofía; pero sin que sepamos que diese más resulta- 
do que una real orden en que se mandaba que interinamente em- 
pezasen á usar //as Instituciones del Padre Jacquier! Y no fué ese 
trabajo el único de importancia que desempeñó la Universidad si- 
guiendo el impulso de su ilustrado rector. Meléndez redactó una 



-63- 

extensa contestación á consulta del Consejo sobre la mudanza de 
las cátedras llamadas de código y volumen en otras de derecho na- 
tural y de gentes, mostrándose en ella el dulce cantor de la vida 
del campo, entendido filósofo y político. Otro extenso plan sobre 
la enseñanza de medicina se discutió también y aprobó, acreditan- 
do sus autores que no eran vulgares médicos ni maestros. No con- 
cluiremos esta reseña sin hacer mención de otro informe que no 
poco llamó la atención pública. Los católicos irlandeses acudieron 
en 1789 á Mr. Pitt, primer lord de la tesorería y canciller del tri- 
bunal del Echiquier, suplicando se les restableciese en los derechos 
propios y naturales de los ciudadanos ingleses. Recibiólos favora- 
blemente el ilustre ministro; pero receloso sin duda de ciertas doc- 
trinas invasoras del ultramontanismo, con las que estaban en 
pugna los reinos católicos, manifestó que para la más pronta y se- 
gura expedición del negocio deseaba conocer las opiniones del 
clero y Universidades católicas acerca de la extensión de la potes- 
tad dispensativa del Pontífice romano en el reino de la Gran Bre- 
taña. Entonces los comisionados irlandeses, comprendiendo lo mu- 
cho que podrían servirles el dictamen de las Universidades de Es- 
paña, cuya Iglesia consideraban como la más genuina expresión 
del catolicismo, quisieron consultar á las de Salamanca, Vallado 
lid y Alcalá. Formularon al efecto tres cuestiones, que aceptó el 
mencionado ministro, reducidas á preguntar «si el Romano Pontí- 
üce, los cardenales de la santa Iglesia romana, ó alguna otra Junta 
de la Iglesia católica, gozaban autoridad, potestad, jurisdicción 
ó preeminencia civil en el reino de Inglaterra; si tenían facultad 
de absolver ó dispensar á los subditos del juramento de fidelidad 
debido ó prestado al Rey de aquel Estado; y si entre los artículos 
de la fe católica se encontraba alguno que eximiese á los católicos 
de guardar fe con los herejes ú otras personas que desintiesen de 
ellos en cosas pertenecientes á la religión». 

Una comisión de doctores teólogos, canonistas y juristas exa- 
minó estas cuestiones, y en un razonado informe, que en correcto 
latín redactó el P. José Díaz, catedrático de Teología, las resolvió 
negativamente, haciendo consideraciones respecto al poder tem- 
poral de los Romanos Pontífices, que tal vez hubieran sido mal mi- 
radas en más de una ocasión en nuestro siglo. No sabemos el re- 
sultado de la consulta á que respondió ese informe aceptado por la 
Universidad y que fué elevado al Rey por mano del Conde de Flo- 
ridablanca. Este resumen de luchas y trabajos científicos en el es- 
pacio de dos años, por más que no ofrezca incidentes de importan 
cía, algo, sin embargo, afecta é interesa á la historia literaria: 
demuestra la ilustrada dirección que al cuerpo universitario supo 
imprimir su Rector Muñoz Torrero, y acredita asimismo que la 



- 64 - 

Universidad de Salamanca no perdió de todo punto, aun en las 
épocas de decadencia, el lustre de su antigua historia. La situa- 
ción de los pueblos cambió desde entonces radical y profundamen- 
te; un nuevo mundo político se levantaba y hacia él nos llevaban 
en su corriente las agitadas alas de la revolución francesa. Otra 
tenía que ser ya la función, otro el organismo de las Universida- 
des, pero ¡qué contrariedad tan chocante! empezaron perdiendo 
entonces aquella especie de autonomía ó vitalidad propia á que 
debieron su encumbramiento, y para levantarlas de la postración 
y sacarlas del mal camino en que se hallaban, acudióse al remedio 
de reducirlas á una de tantas ruedas que más bien embarazan que 
dirigen la máquina del Estado. 



Martín de Hinojosa. 

Escasos son los datos que hay en el Archivo acerca de 
este ilustre maestro. Muy poco tiempo debió de desempeñar 
el Rectorado, porque se posesionó en 1815, y antes de fina- 
lizar el año, figura ya como jefe de la Escuela su sucesor 
D. Manuel Caballero del Pozo. 

Sábese, sin embargo, que fué querido de los estudiantes, 
y que los profesores todos le tenían gran respeto. En años 
anteriores figura como catedrático de Derecho, y escribió, 
en colaboración con los Sres. Mintegui y Ayuso, á nombre 
del Claustro de la Universidad de Salamanca, un Dictamen 
sobre la consulta hecha por los tres estados del reino de 
Navarra en lo referente al comercio de granos. Intervino 
también en la redacción del Plan de Estadios de 1814, 
y publicó Comentarios d las leyes de Toro y otras obras 
importantes. 

Fernando Mena. 

Fué el último de los Rectores de la Universidad de Sa- 
lamanca, anterior al plan de estudios de 1845; un hombre 
virtuoso y bueno, eminente teólogo, consejero prudente, y 
capacitado para desempeñar cargos de administración y 
gobierno. Nació en Villaescusa de Haro (Cuenca) el 15 de 
Marzo de 1776, y á los catorce años entró en la Orden de 
Santo Domingo, en el convento de San Esteban de Salaman- 



- 65 — 

ca, donde hizo, cuando llegó á la edad reglamentaria, la pro- 
fesión religiosa. Cursó después en dicho convento tres años 
de Filosofía con extraordinario aprovechamiento, y cuando 
terminaba en San Esteban los cursos de Teología, fué pre- 
sentado para una beca del Colegio de Alcalá por los Domi- 
nicos de la residencia de su pueblo natal. 

Allá acudió con tal motivo el joven Mena, volviendo al- 
gunos ;iños más tárele á Salamanca á explicar Filosofía, por 
haberle nombrado lector el consejo del convento dominica- 
no de la ciudad del Tormes. Durante los tres años que re- 
gentó la cátedra, llamó la atención por su ciencia, y debido 
á la fama que alcanzó y á la brillantez con que sostuvo el 
acto mayor en la Universidad, le designaron para maestro 
de estudiantes del convento de Piedrahita de Avila. 

A los pocos meses, le presentó el Duque de ¡VIedinaceli 
para la Cátedra de vísperas de Teología de Santo Tomás, 
de que era patrono, tomando posesión de ella como Bachi- 
ller en dicha Facultad. A continuación hizo los ejercicios 
de Licenciado y Doctor, recibiendo la nota de némine dis- 
crepante, viéndose la clase del maestro Mena invadida por 
gran número de alumnos, que acudían ansiosos de oír sus 
lecciones. Entonces empezó á cimentarse su prestigio, y en 
adelante y ya hasta su muerte, que se verificó en Salaman- 
ca, á los setenta y siete años de edad, su apellido era pro- 
nunciado con respeto en todas partes, y su autoridad se 
imponía constantemente. Salió en plena juventud de la fa- 
mosa capilla de Santa Bárbara con el calificativo de pole- 
mista temible, pues no se sabía qué admirar más en él, si 
la fuerza de la dialéctica, la claridad en la concepción, su 
destreza en la esgrima silogística, ó su rapidez pasmosa para 
destruir los argumentos del adversario. 

Como orador sagrado conquistó igualmente renombre, 
y muchos fueron los sermones que predicó, de ordinario los 
de mayor compromiso, unas veces delante del Rey y de 
toda la Corte, otras en presencia de sabios, y siempre te- 
niendo que tratar cuestiones hondas é intrincadas. En aten- 
ción á sus servicios, y tal vez por la manera con que cauti- 
vaba al auditorio desde el pulpito, le incluyó S. M. en la 
propuesta para el Obispado de Ceuta, que no quiso acep- 
tar. En Octubre de 1814 volvió á encargarse de su cátedra 

5 



- 66 - 

en Salamanca, ordenando el Rey que se le abonasen 1os 
años de ausencia, en gracia á sus méritos. La Universidad 
le confirió varios informes en asuntos de enseñanz i y de dis- 
ciplina escolar, y le envió como comisionado á Madrid á fin 
de que gestionara la exención de quintas para los estudian- 
tes. Lo consiguió para los Bachilleres en Facultad mayor, y 
el Claustro acordó por unanimidad darle las gracias por tan 
importante beneficio. Por tres veces le eligió prior su con- 
vento, y al morir la Reina D. a Isabel de Braganza, le enco- 
mendó el antiguo Estudio la oración fúnebre, notable do- 
cumento que trataron de imprimir á sus expensas varios 
ilustres doctores, y que no pudo llevarse á efecto por la 
modestia del P. Mena. La provincia de Castilla, en el con- 
vento de Tríanos, le nombró en 1824 definidor, y al admi- 
tirle la renuncia que hizo del Priorato, fundada en el estado 
de su salud, que exigía cierta tranquilidad y menos preocu- 
paciones y disgustos, se le dio la dirección de los estudios 
de San Esteban, por creer que nadie como él tenía derecho 
á ese honor. En 1825 la Universidad le declaró jubilado, y 
el 27 de Septiembre de 1828 el capítulo provincial, reunido 
en el convento de San Pablo de Palencia, le eligió prior de 
la Pasión, al poco tiempo de haberle sorprendido el Monar- 
ca con el nombramiento de predicador de S. M., que única- 
mente aceptó por no desairar al Rey. 

Convienen todos los que de D. Fernando Mena se ocu- 
pan, en que había nacido para mandar, y por eso sin duda 
sus compañeros ponían la mirada en el venerable maestro 
cuando había que proveer un puesto delicado. 

Mientras gobernó la provincia no sólo no defraudó las 
esperanzas de sus amigos y de los hermanos de Orden, sino 
que despertó entusiasmos y simpatías á granel. 

Mejoró los estudios, corrigió deficiencias, fundó acade- 
mias y fomentó cuanto tendía al mejoramiento y adelanto 
de las prácticas y enseñanzas de la Institución religiosa á 
que pertenecía. Hallándose otra vez en Salamanca en 1833, 
rehusó el Obispado de la Habana con la misma tenacidad 
que años antes rechazó el de Ceuta. 

Después de la exclaustración, siguió viviendo en Sala- 
manca, que sentía por él grandes afectos en justa corres- 
pondencia á los favores que de continuo dispensó á las cía- 



- 67 - 

ses necesitadas de la vetusta ciudad castellana. Consagrado 
por entero á practicar el bien, y con un espíritu de toleran- 
cia para todos, llegó á ser el consejero, el amigo y el pro- 
tector, á quien las gentes escuchaban con singular com- 
placencia, y á pesar de sus hábitos, los hombres de ideas 
avanzadas y hasta irreligiosos, le querían, porque el Padre 
Mena era muy popular, nada intransigente, y abría las puer- 
tas de su casa á cuantos deseaban verle y hablarle sin re- 
parar en las ideas que profesasen. A eso se debe el que al 
reunirse la Universidad el 1.° de Mayo de 1843 para nom- 
brar Rector, fuese elevado á tan alto cargo por el voto uná- 
nime de los compromisarios D. Fernando Mena; el que Sa- 
lamanca, sin distinción de clases, recibiera con júbilo tan 
grata noticia, y que el Gobierno de S. M., al aprobar la pro- 
puesta, felicitase al Claustro por su acierto en la elección. 
El viejo Rector dirigió sabiamente la gloriosa Escuela has- 
ta el plan de estudios de 1S45, en que tuvo que cesar como 
los demás Rectores, y al despedirse de maestros y alumnos 
en una sentidísima alocución, éstos y aquéllos dieron mues- 
tras elocuentes del sentimiento que les producía el que 
abandonase un puesto que á satisfacción de todos había des- 
empeñado. Su paso por la Rectoral dejó huellas que no han 
desaparecido aún. Está señalado con imborrables caracte- 
res en los libros de Claustro y en importantes documentos 
que existen en nuestra Biblioteca y Archivo. Su criterio 
prevalecía en juntas y reuniones, su presencia llevaba in- 
mediatamente la paz á los alborotos y motines escolares, su 
recta administración y sus reformas con suavidad introdu- 
cidas le rodearon de afectos y de admiraciones. 

Al morir el Dr. Mena, la Universidad y Salamanca se 
cubrieron de luto, y ese día fué el principio de su vida in- 
mortal en la historia. 



CAPITULO II 

Los Rectores de la Universidad de Salamanca desde 1845 a 1915 —Gabriel 
Herrera. — Tomás Be/está y Cambeses. — González Huebra. — Juan José 
Viñas. — Simón Martín Sanz. — Vicente Lobo. — Mames Esperaba Loza- 
no. — Unamuno y Jugo. Salvador Cuesta Mariín. 

Rectores de la Universidad de Salamanca desde el plan 
de estudios de 1845 hasta 1915. 

Años. 



D. Mariano Herrero 1845 

limo. Sr. D. Gabriel Herrera 1345 

Excmo. Sr. D. Tomás Belestá y Cambeses 1853 

limo. Sr. D. Pablo González Huebra. 1854 

limo. Sr. D. Simón Martín Sanz 1357 

Excmo. Sr. D. Tomás Belestá y Cambeses 1853 

limo. Sr. D. Simón Martín Sanz 1865 

limo. Sr. D. Juan José Viñas 1866 

limo. Sr. D. Simón Martín Sanz 1867 

limo. Sr. D. Vicente Lobo 1868 

Excmo. Sr. D. Mames Esperaba Lozano 1869 

Excmo. Sr. D. Miguel de Unamuno y Jugo V) )0 

limo. Sr. D Salvador Cuesta Martín N14 



Gabriel Herrera. 

Antes del 16 de Octubre de 1836 debió de ser Fiscal de la 
Audiencia de Oviedo, porque en una liquidación de habe- 
res de la Hacienda pública aparece devengado como cesante 
de dicho cargo. Desde 11 de Diciembre de 1839 al 4 de Sep- 
tiembre de 1840 fué jefe político de Salamanca, en virtud de 
Real decreto de 4 de Diciembre de 1839. El 10 de Noviembre 
de 1844 se le nombró magistrado de la Audiencia Territo- 



- 70 - 

rial de Aragón, que desempeñó hasta el 4 de Julio de 1846, 
en que tomó posesión del Rectorado de la Universidad sal- 
mantina, para cuyo puesto le designó el Real decreto del 3 
de Junio del mismo año. Durante su mando académico, es de 
creer pasara algunas temporadas en Madrid, que utilizó ges- 
tionando asuntos de interés para la Escuela, pues hay en su 
expediente varias cartas fechadas en la Corte durante el 
año 48 y en Enero del 49. En una de ellas se dice que no hay 
ninguna Universidad más atendida y respetada que la de Sa- 
lamanca. En otra de 5 de Enero de 1849 manifiesta que la 
Reina le ha nombrado Fiscal del Real Consejo. El Real de- 
creto tiene fecha de 29 de Diciembre de 1848, y ocupó la cita- 
da Fiscalía hasta el 9 de Marzo de 1849. Siendo Bravo Muri- 
11o Ministro de Comercio, Instrucción y Obras públicas, es 
elevado otra vez á la Rectoral de Salamanca, de la que se 
encargó el 9 de Septiembre de 1849. En esta segunda etapa 
de su Rectorado envió terna al Ministerio para proveer el 
cargo de Vice-Rector, figurando en ella D. Tomás Belestá 
(ultramontano), D. Santiago Diego Madrazo (progresista) y 
D. Juan González Giménez (independiente). Reunía con fre- 
cuencia al Claustro y sobre todo á la Junta de decanos; 
procuraba compenetrarse con éstos, atendía á las necesida- 
des de todos, y fomentó la marcha del estudio. En 1851 fué 
Diputado á Cortes y trabajó por el mejoramiento de su 
Universidad. En oficio dirigido al Vice-Rector el 12 de Mayo 
de 1852, habla de varios proyectos como vocal que era de la 
Comisión encargada de proponer las bases para una ley de 
Instrucción pública. Por Real decreto de 27 de Mayo de 1853, 
se le concedió la jubilación, efecto de su avanzada edad y 
quebrantada salud, con cuyo motivo dejó de ser Rector de 
la Universidad de Salamanca. 

El Sr. Herrera escribió al Vice-Rector una sentida carta, 
que el Sr. Belestá á su vez pasó á los decanos de las Facul- 
tades y jefes de los demás centros docentes. Entre las con- 
testaciones á la comunicación de D. Tomás Belestá, la más 
interesante es la del decanato de la Facultad de Medicina, 
que al final publicamos. La Universidad respondió á la carta 
de D. Gabriel Herrera, con otra muy afectuosa, en la que 
expresaba el sentimiento que le había producido la noticia 
de su jubilación. 



- 71 - 

CARTA DEL SR. HERRERA 

Sr. D. Tomás Belestá. — Madrid, 4 de Junio de 1853.— Muy se- 
ñor mío y apreciable amigo: Por Real decreto de 27 de Mayo próxi- 
mo anterior se ha dignado la Reina nuestra señora Q. D. G. con- 
cederme la jubilación, fundada en mi avanzada edad y quebran- 
tada salud, con cuyo motivo ceso en el gobierno de esa Universi- 
dad, que me ha estado confiado por espacio de seis años, periodo 
el más grato de mi vida pública, porque empleaba mis afanes y 
servicios en la Escuela donde recibí mi educación literaria-, incor- 
porándome á su gremio. 

Con harto dolor me separo, Sr. \ ice-Rector, de una corpora- 
ración donde en vez de subditos encontré compañeros y amigos 
afectuosos que á porfía me ayudaban á levantar el crédito de una 
de las escuelas más célebres del < >rbe, donde la enseñanza se da 
con más aprovechamiento y puntualidad, donde la disciplina es 
ejemplar, como lo prueba la circunstancia de no haber tenido apli- 
cación los corisejos que para conservarla establece el título 3.° del 
Reglamento. 

Mis ojos se bañan de lágrimas al recordar este bello cuadro; 
mi esperanza en el grato porvenir de la Academia salmantina 
aumenta en proporción del renombre que se va ganando, pues 
observo con singular placer que los hombres eminentes de la Mo- 
narquía forman ya votos por su conservación y creciente prospe- 
ridad. Persevere Ud. auxiliado de esos celosos profesores en la 
obra de regeneración emprendida con satisfactorios resultados, y 
cuente siempre la Universidad para ello con mi cooperación, en lo 
que valga y pueda, desde el retiro de mi hogar doméstico. 

Tengo el deber de rendir á Ud., á los dignos profesores y á los 
empleados de la Universidad las más sentidas gracias por su com- 
portamiento durante mi administración: dígnese Ud. ser el con- 
ducto para que llegue á noticia de todos mi reconocimiento, va- 
liéndose al efecto del medio que estime más conveniente, rogán- 
doles que olviden generosos las faltas en que haya podido incurrir 
á pesar de mi recta intención y voluntad. 

Con este motivo tiene el honor de repetirse suyo afectísimo 
amigo S. S. O. S. M. B., Gabriel Herrera.— Rubricado. 

Decanato de la Facultad de Medicina de la Universidad de Sa- 
lamanca. Xo permitiéndome el otado de mi salud salir de casa, 
invité á mis dignos compañeros y comprofesores de esta Escuela 
de Medicina á que se sirviesen concurrir á mi habitación á las cinco 
de la tarde del día de ayer, con el objeto de darles cuenta, como 
se dio, del oficio que V. S. se servio dirigirme con fecha de 7 del 



- 72 - 

actual, en que me transcribe una comunicación del Exmo. Señor 
Subsecretario de Gracia y Justicia, copiando un Real decreto del 
28 del próximo pasado, por el cual aparece que S. M. (q. D. g.) se 
ha dignado conceder la jubilación al Sr. D. Gabriel Herrera, Rec- 
tor de esta Universidad, en atención á su avanzada edad y dilata- 
dos servicios, quedando muy complacida del celo, inteligencia y 
probidad con que ha desempeñado el referido cargo. En seguida 
se dio lectura de la copia de la afectuosa carta del mismo señor di- 
rigida á V. S., y que acompañaba al oficio citado. Desde luego se 
vieron en los semblantes de los asistentes las emociones de la gra- 
titud, á la par que se manifestaban los sentimientos de que el be- 
nemérito Rector hubiera ya dejado de serlo. Y á V. S. que tan dig- 
namente le ha sustituido en sus ausencias y enfermedades, á V. S., 
su digno y respetable amigo, ha convenido unánimemente decirle 
la Facultad de Medicina que son tantos y tan grandes los servi- 
cios que el Timo. Sr. D. Gabriel Herrera ha prestado á la Univer- 
sidad, que es imposible enumerarlos: creación de gabinetes de 
Historia natural, de Física, de Química y de Materia médica, me- 
didas higiénicas en las aulas en bien de los profesores y de los 
alumnos, aumento considerable en la biblioteca, gabinete de ins- 
trumentos anatómicos y quirúrgicos, todo, en fin, de cuanto ha 
juzgado ventajoso á los progresos de las ciencias y á que éstas se 
graben en el ánimo de los alumnos, todo lo ha practicado y en 
todo ha influido nuestro digno Rector; pero aunque el Instituto y 
las Facultades de Filosofía y Jurisprudencia le deban mucho, ¿qué 
pueden decir los que componen el profesorado de la de Medicina? 
Es evidente, lo más evidente, que la instalación, la resurrección, 
por decirlo así, de esta filantrópica Facultad, se debe á nuestro 
digno Rector. A los profesores de ella les faltan palabras con que 
manifestar tanta y tan justa, justísima gratitud. Existe la Facultad 
Médica en Salamanca, porque el Sr. Herrera, empleando su mere- 
cido influjo cerca del poder, quiso, pudo hacer é hizo que renacie- 
ra de sus cenizas. Por otra parte, ha hecho tanto por los profeso- 
res de la misma, que no le negarán nunca el título de amigos agra- 
decidos, y corresponderán á él. 

Por todo lo que el nombre del Timo. Sr. D. Gabriel Herrera vi- 
virá en la Historia de la Universidad más célebre del orbe, de la 
hija predilecta de los sumos Pontífices, de la protegida de los Re- 
yes, de la admirada de todo el mundo civilizado. 

Si V. S. se dignase participar lo expresado al limo. Sr. D. Ga- 
briel Herrera, los profesores todos de la Facultad de Medicina y 
los empleados agradecerán á V. S. les dispense esta gracia, afir- 
mando á dicho ilustrísimo señor que todos los votos de aquéllos son 
y serán siempre porque el descanso que ha obtenido por su jubila- 



- 73 - 

ción sea para prolongar su importante vida con más firme salud 
que la que actualmente disfruta; y de esta manera podrá la Uni- 
tersidad de Salamanca continuar percibiendo los benéficos efec- 
tos del celo de su antiguo Rector por el influjo que empleara siem- 
pre en favor de este cuerpo literario, aun desde el retiro de su 
hogar doméstico. 

Dios guarde á V. S. muchos años.— Salamanca, 10 de Junio 
de 1853. —El Decano, Dr, Cristóbal Dámaso García. — Sr. Vice-Rec- 
tor de la Universidad literaria de Salamanca. 

Después de esta comunicación, huelgan datos y antece- 
dentes que atestigüen la provechosa gestión de D. Gabriel 
Herrera en la Rectoral. Su nombre ilustre ha pasado á la 
Historia y vivirá siempre en la Universidad de Salamanca. 



Tomás Belestá y Cambeses. 

Según certificaciones que obran en su expediente de 
Bachiller en Teología, Belestá nació el 29 de Diciembre 
de 1811; fué bautizado en la iglesia parroquial de San Vi- 
cente Mártir de la ciudad de Zamora al día siguiente, y 
confirmado por el Obispo de aquella diócesis D. Pedro In- 
guanzo Rivero el 16 de Mayo de 1815. Su padre era D. Luis 
Belestá, natural de S. m Clair, obispado de Poitiers, en 
Francia. Mediante oposición obtuvo beca de gracia en el 
Seminario Conciliar de San Atilano, de Zamora, donde es- 
tudió tres cursos de Filosofía y siete de Teología. En 1839 
ganó el curato-abadía de la villa de Viana del Bollo, en 
Astorga, y de su paso por dicha localidad se conserva ofi- 
cio del Alcalde en el que se manifiesta que D. Tomás Beles- 
tá, cura párroco de dicha villa, está en el pleno goce de sus 
derechos como ciudadano español. Esa certificación debió 
pedirla el Sr. Belestá para optar al grado de Regente en 
Religión y Moral, y está expedida en 21 de Mayo de 1847. 

Alcanzó en la Universidad de Salamanca en los días 10 
y 20 de Mayo de 1-S47 los grados de Bachiller y Licenciado 
en Teología, y el de Regente de Religión y Moral el 28 de 
Mayo del mismo año. Para recibir la licenciatura fué auto- 
rizado por la Dirección general de Instrucción Pública p<>r 
resolución de 23 de Febrero y 23 de Abril de 1847. En el 



— 74 - 

expediente del grado de Licenciado se conserva el manus- 
crito de su propositio: Damnatorum preña perpetuo dura- 
tura est. En el de Regente, un Programa de Moral y Reli- 
gión con comentarios. En el concurso celebrado en la 
diócesis de Salamanca en 1848 obtuvo el curato de la Ca- 
tedral, por consecuencia de lo cual en Julio de 1850 le 
nombró S. M. su capellán en la Real Capilla de San Mar- 
cos. Desempeñó cargos en las Juntas municipales de Bene- 
ficencia é Instrucción primaria, y en 13 de Agosto de 1851 
adquirió por oposición la Canongía Penitenciaria de la igle- 
sia de Salamanca. El 18 de Octubre de 1851 fué nombrado 
de Real orden Vice-Rector de la Universidad, y en 28 del 
mismo se hizo cargo de la Rectoral por estar ausente como 
Diputado á Cortes D. Gabriel Herrera, Rector entonces de 
la Escuela. Por Real orden del Ministerio de Gracia y Jus- 
ticia de 16 de Marzo de 1852 se le dispensó el estudio del 
octavo año de Teología, pero se le ordenaba que tenía que 
presentarse en la Universidad Central para sufrir los ejer- 
cicios del grado de doctor en el tiempo en que legítima- 
mente pudiera ausentarse del Cabildo. Por Real orden 
de 16 de Junio de 1853 se le nombró Rector en comisión de 
la Universidad Literaria de Salamanca, con la mitad del 
sueldo señalado á este cargo por Real decreto de 2 de Abril 
de 1846, además del de su prebenda. Fué designado por Su 
Majestad en 1853 vocal de la Junta provincial de Beneficen- 
cia, y en 1854 le encargó el Cabildo de redactar el dictamen 
que elevó acerca de la declaración dogmática de la Con- 
cepción Inmaculada de la Santísima Virgen. Prestó servi- 
cios que merecieron particulares gracias, cuando las epide- 
mias de cólera del 55 y 56, y el 25 de Junio de 1854 cesó de 
Rector en comisión. 

Por Real decreto de 3 de Marzo de 1858 es nombrado 
Rector de la Universidad salmantina, con sueldo de treinta 
mil reales vellón y demás ventajas, y el 30 del mismo mes y 
año, D. Esteban María Ortiz Gallardo, catedrático de tér- 
mino y Vice-Rector, le dio posesión del cargo. Por Real 
orden de fecha 7 de Junio del 58 le significaron las gracias 
por el celo desplegado para evitar que no se propagasen 
tas doctrinas disolventes del libro til alado «Catecismo 
democrático»; promovió la erección de un monumento á 



- 75 - 

Fray Luis de León, y en 1864 hizo la visita á todos los es- 
tablecimientos de enseñanza del distrito. En virtud de Real 
decreto de 1.° de Junio de 1865 cesó en el Rectorado el 6 de 
dicho mes. Fué académico de la Católica Romana y de la 
Pontificia déla Inmaculada Concepción, y más tarde Obis- 
po de Zamora, donde murió siendo ya octogenario. 



Pablo González Huebra. 

• De una certificación de Belestá resulta que por Real or- 
den de 28 de Noviembre de 1836 fué nombrado sustituto de 
la cátedra de Instituciones canónicas en la Escuela provin- 
cial de Jurisprudencia de la Corte, y tomó posesión el 17 
de Diciembre del mismo año. Por Real orden de 27 de Junio 
de 1838 se concedió categoría de catedráticos interinos á to- 
dos los profesores de la Universidad de Madrid que se ha- 
llasen ejerciendo cargo á consecuencia de reales nombra- 
mientos, y esa medida de carácter general favoreció al se- 
ñor González Huebra. Por Real decreto de 28 de Septiembre 
del 45 se le designó para la cátedra de Derecho civil mer- 
cantil y criminal de España de la Facultad de Jurispruden- 
cia de la Universidad de Salamanca, y por otro Real decre- 
to de 26 de Marzo siguiente se le nombró catedrático de di- 
cha asignatura. Debió hacer oposiciones á la cátedra de 
Práctica forense de la Universidad Central, por cuanto con 
fecha 5 de Septiembre de 1851 se remitieron del Ministerio 
los documentos presentados para practicar esas oposicio- 
nes. No hay datos de su Rectorado. Sólo consta que fué 
nombrado en 25 de Julio de 1854 y que cesó por Real decre- 
to de 26 de Agosto de 1857. Desempeñaba la cátedra de His- 
toria é instituciones del Derecho civil de España, cuando 
por Real decreto de 2 de Septiembre del 57 fue trasladado 
á igual clase de la Universidad de Barcelona, de la que tomó 
posesión el 10 de Octubre. 

Murió el 8 de Agosto de 1<S72 en el pueblo de Sotoserra- 
no (Salamanca), siendo todavía catedrático de Barcelona. 



76 



Juan José Viñas. 

Fué nombrado Rector de la Universidad de Salamanca 
por Real decreto de 11 de Septiembre de 1865, y tomó pose- 
sión el 18 de Noviembre del mismo riño. Debió de residir poco 
tiempo en Salamanca, porque en 26 de Marzo de 1866 se le 
concedió licencia por enfermo, que fué prorrogándose has- 
ta el 7 de Agosto, en que, por Real decreto, le trasladaron 
á la Rectoral de Santiago, pasando el Sr. Martín Sanz, que 
desempeñaba dicho cargo en la Universidad de Galicia, á 
la de Salamanca, 



Simón Martín Sanz. 

Fué nombrado por Real decreto de 29 de Octubre de 1856 
Rector de la Universidad de Zaragoza, posesionándose el 18 
de Noviembre. Trasladado á la Rectoral de Salamanca por 
decreto de 26 de Agosto de 1857, desempeñó la dirección de 
la Escuela hasta el 8 de Marzo del 58, en que le declararon 
cesante. Por Real decreto de 2 de Mayo del mismo año, se le 
designó para Rector de Oviedo, en cuyo puesto cesó el 30 de 
Junio de 1860, por pasar á ocupar igual cargo en Zaragoza. 
En la capital de Aragón permaneció el Sr. Martín Sanz al 
frente de la enseñanza durante cinco cursos, y por Real de- 
creto de 1 de Junio de 1865 vino de nuevo á regir los Estu- 
dios de Salamanca, poco tiempo por cierto, pues el 11 de 
Noviembre le trasladaron á Santiago. Se le nombró por ter- 
cera vez Rector de la Universidad de Salamanca el 7 de 
Agosto de 1866 y la revolución del 68 puso término á su vida 
académica, por haber acordado su relevo la Junta de go- 
bierno de la provincia. 

No quedan rastros de la gestión de D. Simón Martín. De 
carácter agrio é intemperante, no se cuidó más que de ha- 
cer cumplir con su deber á los profesores, quienes eran ins- 
peccionados por un bedel de su confianza, que tenía á su 
cargo dar cuenta al Rector de las faltas de los mismos á sus 
respectivas cátedras. 



Vicente Lobo. 

D. Vicente Lobo y Ruipérez nació en Valladolid hacia 
el año 1819. Recibió los grados de Bachiller, Licenciado y 
Doctor en Jurisprudencia el 2 de Julio de 1840, el 7 de Fe- 
brero y el 26 de Marzo del 43, respectivamente, y el de Ba- 
chiller en Filosofía el 1 de Octubre de 1845. Fué nombrado 
catedrático interino de Economía política de la Escuela de 
Vergara en 15 de Febrero del 55, y propietario de la Mer- 
cantil de Cádiz en virtud de oposición el 7 de Marzo de 1856. 
Pasó á la Escuela de Náutica y de Comercio de Rivadeo por 
Real orden de 30 de Septiembre del 59, y algunos años 
después, en 1863, figura ya como catedrático numerario de 
la Universidad de Oviedo, de donde es trasladado á la de 
Salamanca por Real orden de 23 de Diciembre del mismo 
año, para explicar la clase de Economía política y Estadís- 
tica. Desempeñó interinamente el decanato de Derecho 
en 1864, pronunció el 67 la oración inaugural, y el 9 de Oc- 
tubre del 68 le encarga del Rectorado la Junta revoluciona- 
ria de la provincia de Salamanca. Por decreto del Gobier- 
no provisional de 25 de Octubre de 186S se le nombró Rec- 
tor de la Universidad salmantina con la gratificación de 600 
escudos anuales. Ejerció el cargo hasta el 14 de Octubre 
de 1869, en que cesó en él por renuncia que le admitió Su 
Alteza el Regente del Reino. Durante el tiempo de su corto 
mando produjéronse trastornos en la marcha del Estudio, 
motivados casi todos por la debilidad de su carácter, por 
sus excesivas complacencias y por infracciones de la ley de 
Instrucción pública. Autorizó matricularse en Facultad á 
estudiantes que no tenían el grado de Bachiller y nombró 
jurados examinadores para el doctorado de Derecho á 
maestros y profesores normales, provocando con esas y 
otras desatentadas disposiciones protestas entre los cate- 
dráticos y algaradas escolares. Ese estado anárquico pro- 
dujo descontento en los hombres de la revolución que 
habían influido en el nombramiento de Lobo, y éste, á la ter- 
minación de un borrascoso Claustro, presentó la dimisión. 
Pidió y obtuvo luego licencia por enfermo , y solicitó más 



- 78 - 

tarde una prórroga, que le fué concedida, pero la Ordena- 
ción de pagos le descontó el sueldo á partir del 5 de Diciem- 
bre. Entre tanto, D. Modesto Falcón, sustituto de D. Vi- 
cente Lobo en su cátedra, reclamó la mitad de los haberes 
de éste desde el 24 de Noviembre al 13 de Diciembre de 1869; 
el decano reconoció la justicia de la petición de Falcón, 
mas el Rectorado, á instancias de Lobo, acudió á la Supe- 
rioridad, preguntando si la paga del sustituto en los días 
en que el propietario estaba á descuento, se había de abonar 
también de lo que percibiera. 

El Ministerio en comunicación de 10 de Mayo del 870 ma- 
nifestó que aun en este caso los sustitutos eran pagados pol- 
los propietarios. Para entonces el incidente habíase termi- 
nado y así lo hace constar el decanato de Derecho en oficio 
de 10 de Febrero de 1870 dirigido al Rector, porque D. Vi- 
cente Lobo abonó á Falcón los honorarios devengados. 

El 4 de Marzo de 1872 fué jubilado, nombrándose para 
sustituirle en la cátedra que desempeñó, á D. Salvador Cues- 
ta y Martín. 



Mames Esperabé Lozano. 

Ante la imposibilidad de escribir ni una sola línea acer- 
ca de su Rectorado, por tratarse precisamente de mi padre, 
me limito á reproducir trozos de la biografía escrita por un 
periodista extremeño y la revista Homenaje, que unos cuan- 
tos amigos le dedicaron en el primer aniversario de su 
muerte. 

Para todos, y en particular para la ilustre Escuela y la 
ciudad de Salamanca, guarda el autor de esta Historia un 
imborrable reconocimiento. 



- 79 



DATOS BIOGRÁFICOS 

de D. Mames Esperabé Lozano, Rector que fué de la Universidad 

de Salamanca, por Evaristo Pinto Sánchez, antiguo director de 

"El Cantón Extremeño,,. 

D. MAMES ESPERABÉ LOZANO 

literato distinguido, escritor correcto y elegante. sabio lingüista y de palabra 
fácil; amante del estricto cumplimiento del deber, partidario ardiente dk la 

JUSTICIA Y MODESTO HASTA EL ÚLTIMO GRADO DE LA EXAGERACIÓN; CARIÑOSO Y ATENTO 
PARA CON TODOS, DE PINO ASPECTO, REFLEXIYO EN SUS ACTOS, Y CONSIDERADO POR CUAN- 
TOS HEMOS TENIDO LA DICHA DE TRATARLE; TAL FUÉ EL ESCLARECIDO RECTOR DE LA MÁS 
GLORIOSA DE LAS UNIVERSIDADES DE ESPAÑA, EL HOMBRE TODO BONDAD QUE HA REGIDO 
DURANTE TREINTA Y UN AÑOS CONSECUTIVOS LA INSTRUCCIÓN PÚBLICA EN EL DISTRITO 
UNIVERSITARIO DE SALAMANCA, EL INSIGNE MAESTRO QUE HA LOGRADO INMORTALIZAR SU 
NOMBRE CONSAGRANDO TODA SU VIDA Á LA ENSEÑANZA 

Nació D. Mames Esperabé Lozano en Egea de los Caballeros 
(Zaragoza) el 17 de Agosto de 1830, siendo sus padres el modesto 
labrador D. Ambrosio Esperabé y la virtuosa Sr. a D. a Antonia 
Lozano. Se quedó huérfano de padre y madre antes de cumplir 
los cinco años, pero continuó recibiendo educación esmerada, por 
cierto, bajo la tutela de sus tíos D. Mariano Esperabé y D. a Anto- 
nia Tarragliel. 

Después de haberse impuesto en los primeros conocimientos 
del saber en su pueblo natal, cursó con extraordinario aprovecha- 
miento las asignaturas de segunda enseñanza en el Instituto de 
Zaragoza, pasando lueg-o á la Universidad, en donde recibió por 
unanimidad de votos el grado de Bachiller en Filosofía en 24 de 
Septiembre de 1849. De 1852 á 1854 fué sustituto de latín en el Ins- 
tituto de Zaragoza, profesor de un Colegio de la misma ciudad, y 
explicó también en su Universidad un curso de Historia g-eneral 
y otro de Lengua italiana, dedicando los ratos que le dejaban libre 
sus ocupaciones al estudio de las asignaturas que constituían el 
periodo de la Licenciatura, grado que recibió en la Universidad 
Central con la calificación más superior el 24 de Mayo de 1854. 
Desde este año hasta 1857 sustituyó en el Instituto del Noviciado 
de Madrid la cátedra de Clásicos latinos y castellanos; fué profe- 
sor en el Colegio del Rosario, y sustituto de las asignaturas del 
Doctorado de su Facultad en la Universidad Central. El grado de 
Doctor en Filosofía y Letras lo recibió también con nota de sobre- 
saliente el día 11 de Junio de 1856. 

En 1857 fué nombrado por el Ministro de Fomento, con el ca- 
rácter de interno, catedrático de Geografía é Historia del lnstitu- 



-SO- 
to de Falencia, en donde permaneció por espacio de dos años, 
desempeñando además de su cátedra la dirección del Colegio de 
internos agregado al mismo Instituto, y sustituyendo en varias 
ocasiones las enseñanzas de Griego y Lengua francesa. 

El carácter franco y expansivo de D. Mames, su genio alegre, 
su laboriosidad sin límites, su privilegiado talento, sus sentimien- 
tos generosos y nobles, y su amor á las ideas liberales que profe- 
saba desde los albores de su juventud, le granjearon muy pronto 
no sólo el aprecio y simpatías de sus discípulos y compañeros de 
profesorado, sino de todas las personas de importancia de la capi- 
tal, sin distinción de partidos, pues todas comprendieron desde 
luego las altas posiciones que podía llegar á ocupar por su vasta 
ilustración y por su gran inteligencia el que más tarde había de 
representar á los palentinos en la alta Cámara y en ocasiones muy 
solemnes. Partidario entusiasta de las ideas que defendía y propa- 
gaba el partido progresista, trabó en seguida íntima y cariñosa 
amistad con los hombres mas importantes de esta escuela política 
en la provincia, y sobre todo con los Sres. Sagasta (D. Pedro), 
Sanjuán y Antón Masa, que eran los que más figuraban por aquel 
entonces. 

Aficionado á la literatura y al periodismo, figuró como redac- 
tor jefe de El Porvenir durante algún tiempo, á la vez que escribía 
con frecuencia artículos científicos que vieron la luz pública en di- 
ferentes revistas nacionales y extranjeras. Hubiérase establecido 
detinitivamente en Palencia el Sr. Esperabé, donde contaba con 
muchos y buenos amigos, á no ser por la necesidad de dar más 
brillo á su carrera y adquirir por tanto una elevada posición 
social. Preséntase con tal objeto al Tribunal de oposiciones á la 
cátedra de Latín y Griego del Instituto de Málaga, y después de 
unos brillantísimos ejercicios que llamaron la atención de jueces 
y opositores, fué propuesto por unanimidad para citada cátedra, 
de la que tomó posesión el L x > de Julio de 1S59. 

D. José Amador de los Ríos, el inolvidable D. Julián Sanz del 
Río, y otros eminentes catedráticos de la Central que le tenían por 
discípulo predilecto y le profesaban extraordinario cariño, corrie- 
ron presurosos y conmovidos á abrazar al nuevo profesor en el 
momento mismo en que terminó el último ejercicio. Precedido, 
pues, de gran fama de helenista y de docto humanista marchó 
á Málaga el Dr. Esperabé Lozano, mereciendo del Rector de 
( i ranada, cuando fué á girar una visita de inspección á aquel ins- 
tituto, los mayores elogios y hasta señaladas distinciones por su 
entusiasmo por la ciencia y por sus desvelos en pro de la enseñan- 
za. El Claustro de aquel centro docente procuró explotar cuanto 
pudo las excepcionales aptitudes del ya sabio catedrático, enco- 



- Rt - 

mendándole comisiones difíciles que desempeñó con gran celo y 
actividad. Entre otras merece citarse el erudito y concienzudo aná- 
lisis crítico de una oda latina que dedicó el Instituto de Málaga á 
la entonces Reina D. a Isabel II, estudio crítico que fué publicado 
en 1860 y que aumentó la reputación y autoridad científica en que 
se tenía á su autor. 

El 12 de Julio de 1863 fué nombrado catedrático de Literatura 
clásica griega y Latina de la Universidad de Salamanca, en donde 
desempeñó durante los primeros años, además de su cátedra, las 
de Griego y Lengua hebrea. También estuvo encargado desde 1868 
á 1874 de la clase de Historia de la Filosofía perteneciente al Doc- 
torado, establecido en la gloriosa Escuela salmantina por la Exce- 
lentísima Diputación provincial. Fué secretario de la Facultad de 
Letras y colaborador del periódico Adelante, en el que escribían 
los hombres más ilustres de la ciudad del Tormes por su ciencia y 
saber. En 1854 leyó un buen discurso de recepción ante el Claustro 
de profesores de la antigua Atenas española, teniendo igualmente 
á su cargo la oración inaugural de las tareas escolares en el mis- 
mo establecimiento científico en el curso de 1865 á 1866. Demostró 
el Sr. Esperaba en tan importante trabajo que la unidad y no la 
contradicción es la ley fundamental de los conocimiento* huma- 
no*, y recibió con tal motivo las felicitaciones más entusiastas de 
sus colegas, mereciendo su discurso el honor de ser objeto de ex- 
tensos comentarios por parte de la prensa de Madrid y provincias. 

En 1868 fué elegido concejal y designado por el Ilustre Ayunta- 
miento para el cargo de segundo teniente alcalde, cargo que le 
obligó á desempeñar alguna vez la Alcaldía-Presidencia, y en el 
que demostró un exquisito celo por los intereses del pueblo, lo mis- 
mo que durante el tiempo que fué vocal de las Juntas provinciales 
de Agricultura, Beneíicencia y Sanidad. 

No eran, según nuestras noticias, los deseos del Sr. Esperabé 
el permanecer en Salamanca; es más, creemos que si se decidió á 
ir á esta población, fué por haberle dado palabra de que sería tras 
ladado á Zaragoza en la primera ocasión que se presentara. Pero 
como el hombre propone y Dios dispone, el insigne aragonés tuvo 
que hacerse salmantino y renunciar á sus aspiraciones, á pesar de 
haber podido pasar á los pocos años al Claustro de la Escuela en 
que se educó. La causa de ello fué sin duda alguna el haber con- 
traído matrimonio en Salamanca con D. a María Arteaga, hija de 
una de las familias que más influencia habían ejercido en la pro- 
vincia. 

A fines de 1868 se trató de eligir á D. Mames Rector de la céle- 
bre Universidad que inundó al mundo con una pléyade de precla- 
ros varones, mas hallándose ocupado el Rectorado por el anciano 

6 



- 82 - 

demócrata D. Vicente Lobo, negóse en absoluto el Dr. Esperabé 
Lozano á aceptar tan señalada distinción, manifestando que úni- 
camente accedería á los ruegos del Gobierno y de sus amigos cuan- 
do el cargo quedase vacante por propia renuncia del Sr. Lobo. No 
tardó mucho en suceder esto, pues agobiado el Rector por el peso 
de los años, y más que nada por su quebrantada salud y por la 
poca armonía que reinaba entre los profesores de los centros do- 
centes, presentó la dimisión de su elevado cargo el 3 de Octubre 
de 1869, dimisión que dio lugar á que al siguiente día se firmase 
por el Regente del Reino, general Serrano, un decreto, en virtud 
del cual se nombraba Rector de la Universidad de Salamanca á 
D. Mames Esperabé Lozano. Se hacía preciso por aquella época 
que entrasen las Universidades en un nuevo periodo de prueba, y 
á la de Salamanca, más que á ninguna otra, había forzosamente 
que levantarla, introduciendo en ella nueva savia y por consi- 
guiente una nueva vida. Para esta empresa hacía falta un hombre 
de gran empuje é iniciativa, de carácter, de mucha energía y de 
extraordinario valer, y ese hombre, en quien todos cifraban sus 
esperanzas, no era otro que el hijo de Egea de los Caballeros. 

Tomó posesión el Sr. Esperabé del Rectorado el día 16 de Oc- 
tubre de 1869, á cuya solemnidad asistieron comisiones de los dife- 
rentes establecimientos científicos dependientes de la autoridad 
rectoral, además del Claustro extraordinario de la renombrada 
Escuela. En dicho acto pronunció el nuevo Rector un elocuente 
discurso encaminado á pedir á sus subordinados le ayudasen en el 
desempeño de su puesto á fin de introducir radicalísimas reformas 
en la Universidad, é inmediatamente organizó varios servicios en 
los negociados de la Secretaría general, mandando abrir nuevos 
libros para el mejor despacho de los asuntos. Embelleció el señor 
Esperabé los patios y el claustro del grandioso edificio, procedien- 
do en seguida á su encristalamiento; formó un cuadro sipnótico de 
las donaciones hechas á la Biblioteca, dispuso una visita á los Ins- 
tutos y Escuelas Normales del distrito y la publicación anual de 
una memoria sobre la Universidad de Salamanca y los estableci- 
mientos que de ella dependen; hizo decorar con gusto un salón de 
descanso para los profesores, los decanatos y la sala rectoral; for- 
mó bajo su presidencia una junta para la prosperidad y mejor ad- 
ministración de las becas y pensiones de los antiguos Colegios, y 
dictó una infinidad de acertadas disposiciones que dieron los resul- 
tados que él se proponía, y que eran «-corregir los a husos que se ve- 
nían cometiendo y levantar el adormecido espíritu de la vieja Es- 
cuela, uniendo y concertando sus tradiciones gloriosas con las mo- 
dernas exigencias déla enseñanza». 

Es de todo punto imposible seguir paso á paso al Dr. Esperabé 



- S5 - 

Lozano en su glorioso Rectorado, pues no se ha dado ni un momen- 
to de reposo en los treinta y un años que lo ha ejercido sin la más 
mínima interrupción, y diariamente se veía en él al hombre celoso 
de su prestigio y que había de dejar un nombre en los anales de 
la ciencia. 

Primeramente y por no serle dable mejorar las condiciones de 
holgura del edificio universitario con los recursos ordinarios de la 
Escuela, dedico sus cuidados á realizar las restauraciones artísti- 
cas y mejoras de decorado é higiene, que hacía necesarias el esta- 
do de deterioro y abandono en que en ambo-; respectos se encon- 
traba, procurando no despojarle con ellas del venerable carácter 
que su antigüedad le imprimía. Buscando estas mejoras mandó el 
Sr. Esperabé poner canceles en los dos ingresos que, abiertos com- 
pletamente hasta entonces, y hallándose el uno enfrente del otro, 
hacían sumamente desagradable y hasta peligrosísimo en invierno 
la circulación por el claustro: ordenó cerrar los arcos de éste, así 
como los de la galería superior con una cristalería armada en hierro 
y agentada en el piso bajo sobre un antepecho de piedra, al que se 
adosaron por su parte interior asientos de lo mismo para mejor co- 
modidad de los alumnos; hizo renovar todo el pavimento sustitu- 
yendo las losas ya gastadas y desiguales de que estaba formado, 
por baldosa de piedra granítica de regulares dimensiones; y reem- 
plazó la pendiente y resbaladiza rampa que por la puerta princi- 
pal servía de ingreso, poruña anchurosa escalinata distribuida en 
cuatro espaciosas mesetas. Como obras no ya de conveniencia y 
ornato, sino de necesidad y urgencia para la seguridad de algunas 
de las partes del edificio que amenazaba inmediatamente ruina, 
construyó una armadura sobre la parte del tejado que caía sobre 
la Biblioteca, y llevó ;i rabo otras varias reparaciones de bastante 
coste en las paredes y tejados. 

En punto á restauraciones de carácter más artístico, logró ha- 
cer bien pronto la del techo ensamblado que cubre el vestíbulo ac- 
ce orio; la de la galería baja; la de los bajos relieves de la barandi- 
lla de la escalera y antepecho de la galería alta; la del artesona- 
do que cubre el techo de la misma, y otras más. Introdujo después 
considerables mejoras en el salón de grados, sala de Claustros, 
Capilla y Paraninfo, sustituyendo en este último local el sencillo 
piso de carcomidas tablas por un magnífico pavimento de listones 
de pino americano simétricamente colocados, y reemplazando 
además la raquítica é irregular plataforma en que se colocaba la 
Presidencia, por otra muy espaciosa, separada del resto del salón 
por un antepecho de nogal, en uno de cuyos extremos se colocó 
la tribuna de nueva construcción y donde tienen asiento en esca- 
ños revestidos de terciopelo de Utreeh, los doctores, corporacio- 



- 84 - 

nes y demás invitados que á las solemnidades académicas concu- 
rren. Hizo también estucar los muros del salón y renovar las col- 
gaduras de los huecos. 

Sin embargo de haberse realizado tan importantísimas obras, 
el Sr. Esperabé no estaba aún satisfecho, quería establecer cáte- 
dras y algunos locales más, y para ello era preciso ensanchar 
considerablemente el edificio de la Escuela. Compuesto solamente 
de planta baja en tres de sus lados, elevándose sobre el cuarto la 
Biblioteca, concibió el pensamiento de levantar la crujía del Norte 
para dar ensanche á dicha dependencia, cuyo caudal de libros no 
era suficiente á contener el salón que la constituía. Persuadido 
también el celoso Rector no sólo de la necesidad de esa reforma, 
sino de emprenderla más completa, levantando todo el segundo 
cuerpo del local de la Escuela en los tres frentes que sólo consta- 
ban de planta baja, empezó á gestionar para la realización de esta 
idea, logrando del Gobierno la aprobación del proyecto y la cre- 
cida suma que para tal objeto se requería. Consiguió el Dr. Espe- 
rabé Lozano que tuviera la Universidad completa toda su planta 
alta, y cerrada la galería que por esta planta la circunda, en la 
forma y gusto arquitectónico de la del único lienzo que entonces 
existía, quedando las nuevas cátedras que se establecieron en ex- 
celentes condiciones, tanto acústicas como de capacidad y de luz. 

Pero todas estas notables reformas de que acabamos de hacer 
mención, aunque muy sucintamente, no fueron hechas á la ligera, 
por lo que han venido á ser todo lo grandiosas y sólidas que era 
de necesidad lo fueran, si habían de resultar eficaces y provecho- 
sas las cantidades en ellas invertidas, empleándose gran número 
de inteligentes operarios por espacio de algunos años consecuti- 
vos, y pudiendo asegurarse, en vista del aspecto que ofrece ya la 
Universidad después de su magnífica restauración, que no la co- 
nocería, seguramente, el que habiéndola visitado antes del año 69 
volviera ahora á recorrerla, porque nuestro sabio maestro D. Ma- 
mes Esperabé ha sido un inteligente innovador que ha cambiado 
por completo la faz de la celebérrima Escuela salmantina. 

Además de estas reformas materiales, realizó otras no menos 
importantes, puesto que fundó las Bibliotecas de las Facultades de 
Derecho y Filosofía y Letras, de que antes se carecía, dotándolas 
de considerable número de obras de las más notables, tanto anti- 
guas y modernas como de autores nacionales y extranjeros, con 
lo que ha prestado un excelente servicio á la juventud estudiosa y 
á los hombres cultos de la pequeña Roma. 

Más tarde remitió á la superioridad una soberbia memoria con 
su correspondiente proyecto, rogando se le concedieran los cré- 
ditos necesarios á fin de llevar á cabo la más radical reforma del 






- 85 - 

antiguo Hospital del Estudio, la compra de dos ó tres casas par- 
ticulares adosadas al ángulo S. E. de la Universidad para elevar 
sobre su planta un pabellón análogo al que formaba la casa Rec- 
toral, el ensanche de la casa del conserje, y la apertura de una 
via pública por un rondín aislador, que hiciera de la veneranda 
Escuela una manzana independiente; mas no contaba el ilustre 
Rector con que había sido ya bastante crecida la cantidad gasta- 
da en la ampliación y restaurado del edificio, y era poco menos 
que imposible el que siguieran haciéndose nuevas consignaciones 
para tal objeto en el presupuesto de Fomento, que fué lo que en 
efecto sucedió. 

Muchísimos han sido los cargos desempeñados por nuestro bio- 
grafiado en su larga carrera de profesor, é incalculables las comi- 
siones confiadas á su pericia y á su notorio saber. Fué en diferen- 
tes ocasiones Juez y Presidente de Tribunales de oposiciones á 
cátedras, y en 1873 recibió del Gobierno el alto honor de ser nom- 
brado individuo de la Comisión permanente que se formó para 
auxiliar al entonces Ministro de Fomento en el planteamiento y 
reorganización de la segunda enseñanza. Imnumerables han sido 
también las consultas que el Sr. Esperabé ha evacuado, traducido 
y contestado á nombre de la Universidad de Salamanca, revelan- 
do en las contestaciones sus grandes conocimientos en las lenguas 
inglesa, latina, francesa y alemana, y dándose á conocer como 
consumado políglota en la mayor parte de sus traducciones, entre 
las que merecen citarse la bellísimamente hecha de una Memoria 
de la Universidad de Melbourne, una bula del Pontífice Paulo III, 
y ¡as de varías urinarias de las Universidades de Berlín, Utrech, 
Cambridge, New- York, Amsterddn y otras. Dirigió la estadística 
de la gloriosísima Escuela en el quinquenio de 1869 á 1875, resul- 
tando de tan difícil como pesada tarea una perla literaria, que fué 
premiada en la Exposición universal de Filadelfia en 1S77; y ha 
escrito y confeccionado otros importantes trabajos sobre instruc- 
ción pública, mereciendo el que se le felicitara y dieran las gracias 
en laudatorias Reales órdenes por casi todos los Gobiernos, sin 
distinción de partidos. 

Al ser proclamado en Sagunto D. Alfonso XII, presentó el doc- 
tor Esperabé Lozano la dimisión al nuevo Gobierno de la restau- 
ración Borbónica, pero el Sr. Cánovas del Castillo, que conocía 
las relevantes cualidades del Rector de Salamanca, le obligó á re- 
tirar la renuncia que había hecho de tan importante cargo, fun- 
dándose en que no era el Rectorado un cargo político, ni él lo había 
desempeñado con semejante carácter, sino con vocación verdade- 
ra por la enseñanza, con gran provecho de ésta, y para honra de 
la Escuela salmantina, lo cual demuestra claramente la gran esti- 



- 86 - 

tima en que se ha tenido siempre á D. Mames, tanto por su ex- 
traordinario talento como por sus excelentes condiciones de man- 
do. Otras veces, y con posterioridad á la época citada, al rechazar 
con energía las imposiciones de algunos Ministros, sabemos que 
manifestó vehementes deseos de ser sustituido, mas los jefes del 
gabinete, en el momento en que anunciaba su dimisión, cedían en 
sus pretensiones y le hacían ver que no podía el Gobierno compla- 
cerle por estar sumamente satisfecho de sus servicios. De ahí el 
que haya venido á registrarse en el Sr. Esperabé un hecho inau- 
dito en la historia de la administración y de la política española, 
cual es el de haber continuado en el desempeño de su cargo des- 
de 1869 que se le confirió, hasta que se halló comprendido por su 
edad en el decreto de jubilaciones de 1900, no obstante haberse 
sucedido una infinidad de Ministerios; y el que no deba extrañar- 
nos que muchas leyes beneficiosas y no pocas de las reformas que 
se han llevado á cabo en la enseñanza hayan sido debidas á su ini- 
ciativa y al concurso que prestó á los Ministros, que casi siempre 
le consultaron. 

Era D. Mames Esperabé Lozano, á la vez que eminente lingüis- 
ta y literato ilustre, hombre de palabra fácil, orador correcto y de 
una voz clara y penetrante, habiendo representado dignamente á 
la antigua Atenas de España en los banquetes, certámenes y asam- 
bleas á que ha asistido. A su actividad verdaderamente prodigiosa, 
á su amor por la ciencia y á su entusiasmo por las glorias de la pa- 
tria, se debe indudablemente el que haya conmemorado la Univer- 
sidad de Salamanca déla manera más solemne los centenarios de 
Calderón de la Barca, de Santa Teresa de Jesús, de Fray Luis de 
León y de Cristóbal Colón, correspondiendo en estos actos lo mis- 
mo que en otras muchas fiestas académicas los primeros y más 
principales honores al inolvidable Rector, que con sus bellísimas 
improvisaciones y sus notables discursos venía á probar constan- 
temente ser dignísimo de ocupar tan elevado cargo, y digno suce- 
sor también de aquella pléyade de sabios que desde la Escuela 
salmantina irradiaron los resplandores de su espíritu por el orbe 
entero. 

Al festejarse en Madrid como capital de la Nación el centena- 
rio de Colón en 1892, distinguióse de una manera especial á la 
Universidad de Salamanca, designándola un puesto de honor en 
la procesión cívica y en todas las demás fiestas que se celebraron 
en la Corte; y como uno de los números del programa era la vi- 
sita á Salamanca, allá fueron el 22 de Octubre del ya citado año 
de 1892 los representantes de los primeros establecimientos cientí- 
ficos de París, Poitiers, Burdeaux, Bélgica, Pisa, Portugal, Boli- 
via, Venezuela, Nicaragua, .San Salvador, Méjico, República Ar- 



- 87 - 

gentina, Uruguay, Chile, Paraguay, Costa-Rica, Honduras, Co- 
lombia, Ecuador, Perú, Brasil y Guatemala, acompañados del 
alcalde de Madrid D. Alberto Boschs y el concejal Sr. Morcillo, 
del Rector de la Central Sr. Colmeiro, los catedráticos de la mis- 
ma Sres. Bonilla Mirat, Sánchez Moguel, Valle Cárdenas, Palou, 
Sánchez Herrero, Moreno Pozo y Garagarza, el Rector de la 
Universidad de Santiago, el coronel Buján en nombre de las Aca- 
demias militares, y periodistas nacionales y extranjeros. El reci- 
bimiento que Salamanca dispensó á los ilustres visitantes fué 
grandioso y como no se ha conocido otro igual, y D. Mames Es- 
peraba dispuso con suma habilidad varios festejos en obsequio á 
ellos. En la Universidad se verificó un acto literario con asistencia 
del Claustro extraordinario, el cuerpo escolar é infinidad de pú- 
blico, acto que fué presidido por el Sr. Esperabé Lozano, teniendo 
á derecha é izquierda al Rector de la Central y al Alcalde de Ma- 
drid. El discurso que desde la presidencia pronunció D. Mames 
fué brillante, admirable y elocuentísimo. De un periódico que te- 
nemos á la vista, copiamos las siguientes notas: 

El discurso de D. Mames Esperabé.— «Señores: Nunca como 
ahora he sentido gravitar sobre mí la inmensa pesadumbre de mi 
situación al tener que llevar la voz de este Claustro, que, aunque 
quiera revestirse de su acostumbrada modestia, no puede prescin- 
dir de que es Claustro de la Universidad de Salamanca, heredero 
de las gloriosas tradiciones de sus mayores. Nunca, repito, como 
en estos solemnes momentos, quisiera yo poseer el talento profun- 
dísimo, la viril elocuencia y el entendimiento incomparable de 
aquellos Maestros del saber, que tanto abundaban en los tiempos 
antiguos, y cuyos nombres están grabados en las brillantes pági- 
nas de la historia de esta Universidad. Pero levins.fit palien lia 

cprrigere est nefas, como dijo muy oportunamente el padre de los 
poetas latinos. Forzoso me será hablar y á vosotros sufrir con re- 
signación y escuchar con benevolencia. 

»No es esta ocasión oportuna para vindicar á nuestra Univer- 
sidad de las calumnias inventadas por ciertos extranjeros y en mal 
hora repetidas por algunos españoles para echar un borrón sobre 
la joya más'preciada de los Reyes y de los Pontífices. Sería ofen- 
der vuestra ilustración si quisiera desvanecer las consejas forja- 
das por cerebros calenturientos con el fin de empequeñecer y em- 
pañar la gloria de la perla científica déla Nación española. Vues- 
tra presencia en este sitio es la prueba más convincente de que 
no dais crédito á esas patrañas tramadas por escritores ligeros 
que, prescindiendo completamente déla crítica histórica, se han 
dejado llevar de su fogosa fantasía para extraviarla opinión en el 
acontecimiento más importante que registran los anales modernos. 



-88- 

»Para vosotros está resuelta la cuestión. Entre los festejos que 
tenéis acordados para celebrar el centenario del inmortal Colón, 
está la visita á esta alma máter scientiarum, á la que consideráis 
como emporio del saber de aquellos tiempos, uno de los cuatro Es- 
tudios generales del orbe y el primero de nuestra Nación. Es cier- 
to que faltan de nuestro riquísimo Archivo los libros y documentos 
pertenecientes n este periodo histórico; pero también lo es que en 
Salamanca y sólo en Salamanca profesaban en aquella época los 
Maestros más distinguidos en las ciencias físicas y matemáticas, 
y que si en alguna parte podín ser comprendido el grandioso pen- 
samiento del marifio, era aquí, donde el sol de la ciencia irradiaba 
su luz por todo el mundo. 

»Aquí estaba en aquel entonces el célebre humanista Antonio 
de Nebrija, que abrió nuevos horizontes para la enseñanza de la 
lengua latina, el autor de la primera gramática castellana, única 
vulgar en todas las naciones de Europa, y restaurador del estudio 
del derecho en España con sus Inris civilis Lexicón. 

»Pues bien: este célebre humanista y distinguido jurisconsulto 
fué también matemático y escribió y publicó una cosmografía. 

»Aquí estaba Abraham Zacut, el primero de los astrónomos y 
matemáticos de su tiempo; el sabio Salaya, traductor de la obra 
inmortal del maestro Rabino; Francisco Núñes de la Yerra, co- 
mentador de Pomponio Mela; Pedro Ciruelo, gran políglota y exce- 
lente cosmógrafo, que pocos años después dejó oir su elocuente 
voz como profesor en las aulas de la Sorbona. Aquí estaban tam- 
bién los astrólogos Diego de Torres, Juan de Aguilera y Enrique 
de Aragón; y hasta el bello sexo tenía su representación en doña 
Al vara de Alba, que escribió sobre matemáticas; y otros mil que 
sería prolijo enumerar y que prueban hasta la evidencia que en la 
Atenas española se cultivaban las ciencias físicas y matemáticas 
como en ningún otro centro del saber. 

»¡Qué extraño es, pues, señores, que aquí viniera Colón, expu- 
siera su pensamiento, se le oyera, se le comprendiera y se le re- 
comendara á los Reyes Católicos, que tanto honraron á esta Es- 
cuela, y que estos ilustres Príncipes, poco tiempo después, libres 
ya y desembarazados de los enemigos de la fe, le acogieran con 
entusiasmo y le dieran y proporcionaran los medios necesarios 
para su realización! 

»Yo os felicito, señores, con toda la efusión de mi alma por el 
feliz acuerdo de vuestra expedición; yo os dirijo un saludo cariño- 
so y fraternal en nombre del Claustro y en nombre del cuerpo es- 
colar salmantino, que se halla dominado de júbilo y entusiasmo 
con vuestra presencia, en la que están representadas las Universi- 
dades extranjeras, americanas y españolas; las academias civiles, 



- 89 - 

militares y eclesiásticas y el noble y generoso pueblo de Madrid; 
y yo os doy la bien venida á esta tierra clásica de la hospitalidad, 
adonde en tiempos de feliz recordación vinieron vuestros antepa- 
sados á beber las puras y cristalinas aguas de esta inagotable 
fuente del saber. 

»E1 recuerdo esplendoroso de su gloria excitó en vosotros el 
deseo de visitarla, y aunque los colosos vistos de cerca pierden par- 
te de su grandiosidad, y las figuras más eminentes se achican á me- 
dida que nos aproximamos á ellas, no os arrepentiréis, porque 
aquí, en esta Casa, en este templo de Minerva, se aspiran los per- 
fumes de la ciencia, y los muros, los techos, los asientos y hasta 
las piedras mismas exhalan todavía los fragantes y embriagadores 
aromas de la Sabiduría. 

»Voy á concluir, porque no quiero molestaros más, ni menos 
interrumpir el objeto de vuestra expedición. 

»Yais á ver esas aulas antiguas que con su escasa luz convidan 
al espíritu á reconcentrarse dentro de sí mismo y á meditar sobre 
las profundas verdades de la ciencia; ese Claustro en cuyos lienzos 
están grabados en bellísimas inscripciones latinas los favores y 
mercedes de sus admiradores; la Biblioteca con su artesonado, su 
portada, su verja, sus innumerables volúmenes, sus incunables y 
sus manuscritos; el Archivo copiosísimo en documentación y de- 
pósito sagrado de las bulas y privilegios que á manos llenas repar- 
tieron á esta Casa los Pontífices y los Reyes; la fachada, esa bellí- 
sima fachada, afiligranada, encanto de los artistas y modelo el más 
acabado en su género por su conjunto y por sus riquísimos deta- 
lles; y por último, esa preciosa capilla donde maestros y discípulos 
elevan preces al Altísimo, símbolo perfecto entre la razón y la fe 
y del admirable consorcio en que aquí siempre han vivido la Cien- 
cia y la Religión.» 

Uno de los acontecimientos más gratos y fecundos para la Uni- 
versidad de Salamanca y que en el Rectorado de D. Mames se re- 
gistra, fué el de la visita con que se dignó honrarla el Rey D. Al- 
fonso XII en Septiembre de 1877, asistiendo el día 9 á la sesión 
literaria que en su obsequio se tenía dispuesta, y en la que desem- 
peñó un brillante papel el sapientísimo Rector. Saludado el Monar- 
ca al penetrar en los Claustros de la memorable Escuela ron vivas 
y aplausos por los escolares y circunstantes, se dirigió, á los acor- 
des de la Marcha Real, hacia el suntuoso Paraninfo, en donde se 
instaló delante del sillón presidencial, teniendo á la derecha á Cá- 
novas del Castillo, como Presidente del Consejo, y al Ministro de 
Ultramar, Martín de Herrera, y á su izquierda al Ministro de Fo- 
mento, Conde de Toreno y al Cardenal Renavides. 

Inmediatamente, y previa la venia del Rey, subió á la tribuna 



- 90 - 

el Sr. Esperabé Lozano, y dirigiéndose al Jefe del Estado pronun- 
ció el siguiente discurso. 

«Señor: La Universidad de Salamanca, que erigiera en remotos 
tiempos uno de vuestros egregios antecesores, á la que los Monar- 
cas castellanos dispensaron con mano pródiga protección y favor, 
disfruta hoy de la gran ventura de albergaros en su recinto, reci- 
biendo con ello la distinción más señalada que le fuere dado ape- 
tecer. 

»Sed, Señor, bien venido á la ciudad de los antiguos Vetones, 
á la rescatada de Ordoño I, á la cuna del antecesor de V. M. en el 
ilustre nombre que lleváis; á la favorecida de los Reyes Católicos, 
vuestros abuelos; á la patria intelectual de cien ilustres varones y 
de muchas esclarecidas mujeres que, por su saber ó por su genio, 
ocupan un puesto de honor en las páginas de nuestra historia. 

»La Universidad que honráis hoy con vuestra presencia, consti- 
tuye su joya más preciada. Emporio un día de todo el humano saber, 
fué el florón más brillante de la Corona de Castilla, el baluarte más 
firme de la cristiana fe, la predilecta de los Pontífices Romanos, la 
consejera de los Monarcas españoles, la protectora del inmortal 
Colón y la defensora de vuestra augusta dinastía. Recibid hoy tam- 
bién, Señor, el testimonio de su adhesión y respeto, y admitid be- 
névolo los fervientes votos que eleva por la prosperidad de un rei- 
nado que da principio bajo los faustos auspicios de la terminación 
de una guerra fratricida. 

»Que el iris de la paz luzca también en breve en los remotos cli- 
mas donde implantó Colón la enseña de Castilla, y que los días to- 
dos de V. M. se consagren por entero á fomentar la prosperidad 
de la Patria, siendo también parte en ello la Escuela salmantina. 

»La injuria de los tiempos, y algo la indiferencia y los errores 
de los hombres, la han traído á no vivir sino la vida de los recuer- 
dos, á no ser sino la sombra de sí misma; pero de hoy más, Señor, 
se abre de nuevo para ella el cielo de la esperanza; la visita de 
V. M. será la señal para el renacimiento que ha de surgir bajo 
\ uestra Real protección, y al que procurarán contribuir con sus 
débiles y escasas fuerzas cuantos, aunque indignamente, y yo más 
indignamente que todos, componen el Claustro salmantino. 

«Grande es, Señor, el empeño que sobre sus individuos pesa, é 
imposible para ellos el aproximarse siquiera á los esclarecidos va- 
rones, cuyos nombres, como brillantes estrellasen los horizontes 
del pensamiento, esmaltan estas severas bóvedas, se ostentan por 
doquier en los monumentos de Salamanca, y están escritos todos 
en los anales patrios y en la historia universal de la Ciencia. 

«Mas alentados los profesores de esta Escuela con el favor de 
V. M., y axiliados por la ilustración y patriotismo de vuestro Go- 



- 91 - 

bierno, prepararán el camino para que la juventud que hoy se edu- 
ca en las aulas, y ha de ocupar mañana sus cátedras, sea la restau- 
radora de sus glorias, reconquiste para el pensamiento español el 
lugar que ocupara un día en el concierto científico y en los certá- 
menes del arte, y proporcione á la Patria, para labrar su pros- 
peridad y ventura, pensadores reflexivos, estadistas diligentes, 
magistrados rectos é íntegros y hombres de Estado provisores y 
prudentes. 

»Todo, Señor, lo espera la Universidad de este fausto suceso. 
Vuestra Real visita reproduce y reanuda el alto honor que la han 
dispensado ya otros varios Monarcas, deparándoles ocasión para 
aumentar su interés por ella. 

»Sea hoy también, Señor, vuestra venida motivo y coyuntura 
para que la Universidad de Salamanca inaugure una nueva era, 
y por el respetuoso saludo que por mi conducto os dirige, recibid 
igualmente las más rendidas gracias por el honor que acabáis de 
confirmarla, permitiendo á los Doctores de su Claustro cubrirse 
ante vuestra augusta persona con las insignias de la Ciencia.» 

Después, y con autorización del Rey, leyó D. Mames una her- 
mosa memoria acerca de Los antecedentes, situación y porvenir 
de la Universidad de Salamanca , memoria escrita expresamente 
para tal acto por el insigne Rector, y de la que se ocuparon todos 
los periódicos, tanto de la Corte como de provincias, que la publi- 
caron íntera, con entusiastas elogios al autor de ella. 

Hemos dicho en anteriores páginas que fué el Sr. Esperabé du- 
rante algún tiempo catedrático del Instituto de Palencia, y como 
al salir de allí para ocupar un cargo de más importancia, dejó re- 
cuerdos gratísimos, amigos por toda la población y no pocos dis- 
cípulos cariñosos que le querían entrañablemente, y que sabían 
además lo que valía, no debe extrañarnos que no vacilaran ni un 
momento siquiera en designarle candidato en las elecciones sena- 
toriales de 1872, siendo tan bien recibido por todos el nombre de 
D. Mames, que obtuvo un completo triunfo. 

La noticia de haber sido proclamado senador le fué comunica- 
da inmediatamente por el Gobernador civil de aquella provincia, 
sorprendiéndole sobremanera al sabio Rector, puesto que nadie le 
había pedido el consentimiento para la presentación de su candi- 
datura, ni hecho tampoco sobre el asunto la más ligera indicación; 
debiendo notar que no dejó de contrariar al Sr. Esperabé, porque 
aunque desde muy joven se dio á conocer por sus ideas liberales, 
rehusaba siempre tomar parte activa en la política, pero el temor 
de que su renuncia pudiera tomarse por un desaire, le decidió por 
fin á ir á la Corte y jurar tan elevado cargo. Durante el corto 
tiempo que fué representante de la Nación, prestó señalados servi- 



- 92 - 

cios á la provincia palentina, atendiendo cuantas excitaciones y 
ruegos se le hacían para que interpusiera su valiosa influencia 
cerca del Gobierno en pro de todo aquello que á la misma convi- 
niera, y consiguiendo con sus incesantes gestiones que fueran 
aprobadas algunas carreteras que eran de necesidad suma en cier- 
tos distritos. 

Como Rector de la Universidad de Salamanca é hijo de la de 
Zaragoza, tenía que hacer algo el Sr. Esperabé Lozano, y juzgan- 
do que lo más importante era tratar de conseguir que se comple- 
taran oficialmente las enseñanzas de la Facultad de Filosofía y 
Letras en ambas Escuelas hasta establecer el periodo de la Licen- 
ciatura, empezó á trabajar en tal sentido con todas sus fuerzas, y 
á pesar de las dificultades y obstáculos con que tropezó, tuvo la 
inmensa satisfacción de que se vieran realizados sus deseos, sien- 
do él mismo precisamente el que dio el decreto ya redactado al 
Gobierno. 

También alcanzó, entre otras cosas, que tuvieran validez aca- 
démica los estudios y grados hechos en la Escuela libre de Medi- 
cina establecida poco ha en Salamanca por la Diputación provin- 
cial, ganándose con tal motivo las simpatías de los habitantes de 
las dos ciudades y recibiendo las mayores muestras de agradeci- 
miento por parte del Claustro de la inmortal Zaragoza y del de 
la ciudad del Tormes. 

El cuerpo escolar salmantino, representado por los estudiantes 
de todos los centros docentes de aquella capital, realizó una impo- 
nente manifestación de aprecio hacia el celoso senador y digno 
Rector, nombrando además una comisión de su seno para que 
fuera á rogar al Vice-Rector que telegrafiara á Madrid al Sr. Es- 
perabé, manifestándole la gran satisfacción y alegría que reinaba 
entre profesores, alumnos y pueblo por los decretos que acababa 
de conseguir. 

Siendo senador, ocurrió un memorable acontecimiento, el único 
de esa índole que en nuestra historia política se registra, y que 
fué la abdicación de D. Amadeo, elevado hacía poco más de dos 
años al Trono español. 

Reunidos entonces el Congreso y el Senado en un solo cuerpo 
(Asamblea Nacional) para deliberar acerca de la gravísima cues 
tión política que se originaba con la citada renuncia del Rey, 
formó parte D. Mames de dicha Asamblea, y fué uno de los repre- 
sentantes del país que votaron la República como forma de Go- 
bierno. Siguió perteneciendo á aquellas Cortes hasta que fueron 
disueltas para ser sustituidas por otras constituyentes, de las que 
no quiso formar parte, porque no andaba buscando más que un 
pretexto para marcharse á su casa y á su Universidad. 






- 93- 

Durante el tiempo que fué senador, influyó considerablemente 
el Dr. Esperabé Lozano en asuntos y cuestiones muy transcenden- 
tales, pues se le atendía y respetaba en las altas esferas, hasta el 
punto de habérsele ofrecido con insistencia la Dirección general 
de Instrucción pública por el primer Ministerio de la República, y 
como antesala para pasar después al desempeño de una cartera, 
pero el Rector de Salamanca, que había ido á Madrid sólo por no 
desairar á los palentinos y con el propósito firme de volverse muy 
pronto á la tranquila vida de la enseñanza y del hogar doméstico, 
se negó en absoluto á aceptar tan importante cargo, para no con- 
traer compromisos políticos y tener que volver á las Cortes en 
otras legislaturas. 

Lástima grande fué, porque D. Mames en aquel puesto hubiera 
hecho mucho bueno en pro de la Ciencia, habría llegado en segui- 
da á los lugares más codiciados en el mando de la política, y la 
ciudad del Tormes estaría hoy, sin duda alguna, en un estado de 
mayor florecimiento y esplendor. 

Con el fin de verse libre de las acometidas de unos y otros para 
que de nuevo fuese al Congreso ó al Senado, adoptó la determina- 
ción de separarse por completo de la política tan pronto como 
cesó en el puesto que ocupó en la alta Cámara en la legislatura 
de 1872 á 1873, y por más que posteriormente y en distintas ocasio- 
nes se intentó volverle á llevar á las Asambleas de la Nación, no 
lograron jamás vencer la resistencia que opuso, á pesar de los 
ruegos de los electores más importantes y conocedores del extra< >r- 
dinario valer de nuestro biografiado. Moret, Montero Ríos y el 
mismo Sagasta, le brindaron varias veces con el acta que algunos 
tanto ambicionaban, y han querido que se encargase de organizar 
en Salamanca bajo su dirección ó presidencia un poderoso centro 
político; pero cuantas excitaciones y ruegos se le han hecho, re- 
sultaron completamente inútiles, porque siempre contestaba di- 
ciendo que alejado por cutero de la política desde la renuncia de 
D. Amadeo, y resuelto á no hablar siquiera de ella, tenía el senti- 
miento de no poder complacerles. 

Durante su largo Rectorado, se ha visto el Sr. Esperabé Loza- 
no muchas veces en circunstancias difíciles, habiendo logrado 
siempre salir de ellas lo más airosamente posible, gracias á su 
exquisito tacto, á su prudencia y á esa energía incomparable y 
en él característica. Los motines escolares, esos tumultos estu- 
diantiles que con tanta frecuencia suelen promoverse en los Claus- 
tros universitarios y que han dado lugar en ocasiones á la caída 
de Rectores y hasta de Ministerios, esos conflictos que suelen ori- 
ginar por cualquier pretexto los jóvenes que concurren á las aulas 
de los establecimientos docentes, los ha sofocado el ilustre Rector 



- 94 - 

(3 antes de estallar, ó en el acto mismo que eran promovidos; y los 
ha sofocado por sí, con sola su presencia, sin nunca solicitar el 
auxilio de la fuerza pública. 

Un día, allá por el año 1870, aparecieron pasquines por las ca- 
lles y por todos aquellos edificios de Salamanca donde se rinde 
culto á la Ciencia, excitando á los estudiantes para que se amoti- 
naran y concurrieran á reunirse en el Colegio de Medicina. Avi- 
sado D. Mames, acudió en seguida á la Escuela médica, invadida, 
lo mismo que sus alrededores, por estudiantes de las distintas Fa- 
cultades y por no poca gente extraña al cuerpo escolar, que for- 
maba una manifestación verdaderamente imponente. 

Cuando llegó el Rector, se encontró con que había sido desobe- 
decido el eminente médico Sr. Llevot, Decano de Medicina, y sil- 
bado el Gobernador civil, y aun se encontró todavía con algo más, 
con el bedel Espino que le salió al encuentro, como hombre de su 
confianza, para prevenirle que no debía penetrar en el edificio por 
estar los ánimos tan excitados que preveía iban á ocurrir desgra- 
cias; pero D. Mames no hizo caso de su fiel dependiente, y sin más 
defensa que el bastón de mando, penetró en el patio del menciona- 
do establecimiento, atravesando por entre los grupos que se en- 
contraban en los alrededores. Una vez allí, dirigió la palabra á los 
manifestantes, é inmediatamente se calmaron los ánimos, cesó el 
escándalo por completo, se oyeron sus consejos con religioso si- 
lencio, y los gritos y mueras que se sucedían sin cesar, se torna- 
ron bien pronto en aplausos y vivas al Rector de Salamanca y á 
la Universidad gloriosa. 

En otras varias ocasiones en que se han suscitado motines ó 
alborotos, de más ó menos importancia, aunque no tan graves 
como el de que hemos hecho mención, logró igualmente el Sr. Es- 
peraba Lozano disolver en seguida las manifestaciones, y por lo 
tanto el restablecimiento del orden; y en uno de esos tumultos que 
se formaron precisamente en la monumental Plaza Mayor, pudo 
haber ocurrido un conflicto de transcendentales consecuencias á 
no haber usado entonces D. Mames de su autoridad, y sobre todo 
de su energía incomparable, pues noticioso el entonces Goberna- 
dor de la provincia de la manifestación fraguada por los estudian- 
tes, apeló para calmarla al recurso que nunca debe emplearse, y 
menos contra jóvenes por lo general indefensos, al que apelan 
únicamente los déspotas, al empleo de la fuerza, lanzando contra 
el cuerpo escolar todo el batallón de orden público y la guardia 
civil de infantería y de á caballo. 

El pueblo en masa protestó, y los alumnos de los diferentes es- 
tablecimientos de enseñanza, perseguidos y castigados inicuamen- 
te por efecto de la desatentada é incalificable orden del Poncio, se 



- 95 - 

dirigieron hacia la Universidad con el fin de refugiarse en los 
Claustros. En la plazuela de las Escuelas Menores se encontraron 
con el sabio y respetable Rector que les salía al encuentro, y ar- 
mado únicamente con el símbolo de la superior autoridad acadé- 
mica, y dirigiéndose á los guardias, é imponiéndose á ellos con su 
noble, enérgica y dignísima actitud, les obligó á retroceder y á que 
cesaran en sus atropellos y ataques. Acto continuo reunió á los 
estudiantes todos, que le aclamaban sin interrupción— en la céle- 
bre cátedra de Fray Luis de León— les habló en la forma que cre- 
yó oportuna, y después de haber disuelto la manifestación, se fué á 
ver al Gobernador para recriminar su conducta y darle cuenta del 
telegrama que dirigía al Gobierno; pero la autoridad civil confesó 
su falta desde luego, y dando toda clase de satisfacciones, logró 
desarmar muy pronto al celoso cuanto querido Rector. De aquí 
pues la veneración que en todo tiempo han profesado los alumnos 
al Sr. Esperabé, de aquí el extraordinario prestigio de que gozaba 
en el Claustro universitario, el que se le haya considerado como 
un verdadero padre, y el que conserven de él gratísimos recuerdos 
todos los que pisaron las aulas de la vieja Escuela durante su je- 
fatura académica. 

Entre los profesores era tal el cariño que constantemente des- 
pertaba, que no habrá ninguno que no tenga mientras viva gra- 
bado en su memoria el inolvidable nombre de D. Mames Esperabé 
Lozano, de ese ínclito varón, honra y galardón de Salamanca, 
tan estimado por todos, y que ha sabido mantener la más admira- 
ble armonía en los diversos centros docentes del distrito de su 
mando, puesto que á sus excepcionales dotes de talento, discre- 
ción y cordura, se debe únicamente el que se hayan evitado esce- 
nas ó espectáculos poco edificantes, y orillado muchos conflictos. 
En efecto, no pocas veces han surgido discusiones entre catedrá- 
ticos de los establecimientos de instrucción pública dependientes 
del Rectorado de Salamanca, y desarrollándose con tal motivo es- 
cenas bastante graves, que hubieran dado lugar á ruidosos expe- 
dientes, á procesos y á suspensiones, á no mediar en esas cuestio- 
nes persona tan hábil y de temperamento tan conciliador como el 
Sr. Esperabé, porque originándose por lo general los disgustos 
por intemperancias de los unos ó de los otros, y no por abusos de 
esos que merecen corrección, no quería en manera alguna proce- 
der romo jefe y dar curso á las quejas ó denuncias que recibía, 
sino acudir al terreno particular y de la amistad, hasta lograr 
que de nuevo volviera á restablecerse la paz que debe siempre 
reinar entre compañeros, y mucho más entre los que se consa- 
gran de Heno á lo que es tan digno de respeto como la ense- 
ñanza. 



- % - 

En cierta ocasión se enemistaron el director de un centro do- 
cente y un profesor del mismo de tal manera, que llegaron á lan- 
zarse calificativos que se acercaban á la injuria, y á colocarse en 
una tirantez de relaciones, que se hacía imposible de todo punto la 
vida entre esos funcionarios, celosos ambos en el cumplimiento de 
sus deberes, pero que por cosas de esas que suelen ocurrir con fre- 
cuencia, cuando se encuentran caracteres fuertes y opuestos, no 
podían verse sin empezar á reñir inmediatamente, dando lugar 
por lo tanto á una serie no interrumpida de escándalos. En esa si- 
tuación acudieron los dos á su superior jerárquico, formulando 
cargos y acusándose mutuamente, y el Sr. Esperabé Lozano, en 
lugar de decretar la formación de expediente como en tales casos 
se acostumbra, hizo comparecer á los interesados ante su presen- 
cia, y á fuerza de reflexiones y consejos logró no sólo que cesaran 
las diferencias que entre ellos había, sino que se reconciliaran de 
verdad en el mismo despacho de D. Mames, después de darse un 
apretado abrazo. Hechos como éste pudiéramos continuar citando 
á cada paso, porque el Rector Esperabé era un hombre todo bon- 
dad y todo corazón, albergue de los sentimientos más nobilísimos, 
inclinado por naturaleza á procurar con todos sus esfuerzos el bien 
de la humanidad, é incapaz de hacer el más ligero mal ó perjuicio 
ni aun á su mayor enemigo, si es que enemigo alguno pudo tener 
un hombre como él justo y probo, amable y caritativo, honrado y 
virtuoso, sabio y modesto, sencillo hasta en el vestir y esclavo del 
cumplimiento de sus deberes. 

Profesaba además nuestro insigne amigo un amortan entraña- 
ble hacia la desheredada clase de los mentores de la niñez, que 
bien puede decirse que á ella y á procurar por lo menos mejorar 
la situación aflictiva de muchos maestros consagraba diariamen- 
te el Sr. Esperabé gran parte del tiempo que dedicaba á los múlti- 
ples asuntos de su cargo. Los servicios importantes á esta respe- 
table ciase, los que prestó en el seno de las instituciones que he- 
mos mencionado, aunque muy á la ligera, y otros muchos, con los 
que contribuyó en gran manera al beneficio público, prueban de la 
manera más cumplida que el sabio é ilustre Rector se hizo acree- 
dor á la gratitud de la ciencia y de la patria, y demuestran consi- 
guientemente que de derecho le corresponde el envidiable dictado 
de ciudadano modelo. 

El Dr. D. Mames Esperabé Lozano, como hombre, considerado 
en las relaciones de la vida íntima, en esa esfera de afectos que 
advertirse suele allí donde la familia alienta, allí donde la amistad 
existe, y también allí donde la asociación impone peculiares y de- 
terminados deberes, resulta tan merecedor de la estimación de to- 
dos como realmente supo conquistársela cooperando de la mane- 



- 97 - 

ra más eficaz al bienestar de la comunidad, en los importantes 
destinos que sirvió . 



En Febrero de 1892 perdió á la compañera de su vida D. a María 
del Rosario Arteaga y Martínez, modelo de esposas y de madres, 
y en esos momentos tan dolorosos para el Sr. Esperabé se vio 
palpablemente el cariño inmenso que le tenía el culto pueblo de 
Salamanca. Los estudiantes de las distintas facultades se disputa- 
ban entre sí el honor de llevar sobre sus hombros el féretro donde 
reposaban los restos de la caritativa señora de D. Mames; los de- 
canos y jefes de los establecimientos de enseñanza, el de llevar las 
cintas que pendían de la caja mortuoria; los catedráticos y depen- 
dientes de la celebérrima escuela, en ir con velas encendidas al 
lado del cadáver, y las autoridades de todos los órdenes en formar 
parte de la presidencia del duelo. En el templo donde se celebra- 
ron los funerales, era imposible penetrar á la hora en que tenían 
lugar, por ser tal el número de personas que llenaban completa- 
mente aquél y sus alrededores; y al acto de la conducción al ce- 
menterio del cadáver de la piadosa dama, á pesar de lo desapa- 
cible del tiempo y de estar el piso cubierto de nieve, asistió un 
acompañamiento tan numeroso, que fué en efecto como entonces 
dijeron los periódicos, una manifestación de duelo en la que iban 
representadas todas las clases de la sociedad y como jamás se ha- 
bía visto en la ciudad del Tormes, Desde entonces el respetable 
Rector de Salamanca no volvió á asistir á ninguna clase de diver- 
siones, fiestas ó espectáculos, fuera de aquellos actos á los que le 
obligaba á concurrir su cargo oficial. 

Si le consideramos como amigo, le encontramos franco, atento, 
invariable, tolerante y generoso en extremo, porque había en el 
Sr. Esperabé Lozano algo mucho más meritorio que la sabiduría 
y el genio, que era la virtud, algo muy superior á la ciencia, que 
era la belleza de la moralidad y de la honradez, cualidades que 
reflejándose en su espíritu eminentemente cristiano, hacíanle prac- 
ticar todos los días las obras de misericordia y ejercer la caridad 
en la misma forma que el cristianismo dispone, sin que una mano 
se entere de lo que hace la otra. La pureza de sus intenciones, la 
firmeza y perseverancia de sus actos, la ternura de su corazón, la 
integridad en sus procedimientos, el testimonio de su ejemplar 
conducta, la bondad de sus saludables consejos, y su gran expe- 
riencia de la vida, dábanle una autoridad tan grande como la que 
justamente gozaba por su saber y privilegiada inteligencia el emi- 
nente catedrático, que con su inagotable paciencia en escuchar 

7 



- 98 - 

las desdichas, y su celo para remediarlas, veíase á cada momento 
visitado por cuantos necesitaban protección ó amparo, que iban 
á él con la mayor confianza á contarle todas las cosas, no obstan- 
te el respeto profundo que inspiraba. Desde el humilde artista has- 
ta el personaje más elevado, el rico propietario y el pobre misera- 
ble, el hombre de letras lo mismo que el que no lo era, y en una 
palabra, todo el que tenía necesidad de consejo, de apoyo ó de 
ayuda de cualquier clase que fuera, acudía presuroso á la Recto- 
ral ó al domicilio particular de D. Mames en busca de remedio 
para sus desgracias, é iban á él, no dominados por la vacilación ó 
la duda, sino llenos de confianza y aun de seguridades, porque ja- 
más salió nadie de su casa sin el consuelo que ansiaba. 

En cierta ocasión encontróse en uno de los mayores apuros un 
joven que le había censurado por no haber accedido á sus deseos, 
que excedían los límites de la equidad, un sujeto con el que nos 
unen relaciones de amistad é ilustrado ciertamente, pero bastante 
ligero y violento, y que por efecto de su temperamento le había 
producido algún disgusto y hasta tratado de una manera injusta, 
y aquel hombre, sólo un día, abandonado de todos, sin saber qué 
hacer y sin tener á quien volver los ojos, concibe en su mente la 
idea del suicidio. Mas hubo de tocarle Dios en el corazón, y antes 
de tomar en sus manos el arma para poner fin á sus días, decide 
presentarse á D. Mames y decirle con los ojos arrasados en lágri- 
mas y la amargura en el alma: Esto me ha sucedido, y he aquí la 
desesperación en que me encuentro: no tengo amigos ni parientes 
ni nadie que me salve, sólo cuento con usted , y á usted vengo, por- 
que á pesar de mi poca fe , he tenido una inspiración de lo alto que 
me ha mandado venir á usted. Otro cualquiera le hubiese arroja- 
do de sí como fueron lanzados los mercaderes del templo, pero 
D. Mames no podía hacerlo, por ser de los pocos que perdonaban 
las injurias, de los que devolvían bien por mal, y consecuente con 
esos principios en él innatos, procuró calmar la pena que le afligía, 
é hizo por él lo que pudiera hacerse por un hijo y lo que ninguno 
hubiera hecho en aquellas circunstancias. Ese hombre que tan fa- 
vorecido se vio por D. Mames, por el mismo á quien había preten- 
dido por lo menos molestar, ese hombre, que debe su salvación al 
Sr. Esperabé Lozano, quedó maravillado de la grandeza de aquel 
corazón, y desde entonces no cesa de bendecir el nombre venera- 
ble de su protector. 

Al tomar posesión del Rectorado el Sr. Esperabé Lozano 
en 1869, tenía la Universidad algunos bienes y láminas; pero mu- 
chas de éstas, que fueron propiedad de la ilustre Escuela, se ha- 
bían perdido por la incuria de los tiempos, y comprendiendo don 
Mames la importancia que tal asunto encerraba para la vida ulte- 



- 99 - 

rior de su alma máter, empezó á hacer las consiguientes gestio- 
nes, y después de frecuentes viajes á Madrid, visitar archivos y 
vencer dificultades casi insuperables, logró recobrar cuanto á la 
Universidad pertenecía, é inmediatamente y á nombre de ésta de- 
positó en el Banco de España de Madrid las láminas representati- 
vas de los fondos universitarios que ascendían ya entonces á bas- 
tantes millones de pesetas. Allí en el Banco madrileño tuvo la 
Universidad de Salamanca sus caudales durante los treinta y un 
años que fué jefe de ella D. Mames, aumentando aquéllos conside- 
rablemente por acumularse los intereses todos al capital, hallán- 
dose los resguardos en poder del Rector Esperabé. Hay que ver la 
labor que D. Mames sostuvo para conservar por espacio de tanto 
tiempo los fondos de la Escuela. Sólo siguiendo paso á paso los 
trabajos y las luchas que se vio obligado á sostener, es como se 
puede apreciar en todo su valor la meritoria obra de D. Mames 
Esperabé Lozano. 

Muchas veces y por medio de Reales órdenes se le pidió la en- 
trega de las láminas al Rector Esperabé Lozano, y con una ener- 
gía digna del mayor encomio, rechazó siempre las imposiciones y 
exigencias del Poder central, llegando hasta decir en cierta oca- 
sión á un Delegado de Hacienda en su despacho oficial «que pri- 
mero pasarían por encima de su cadáver que dar él lo que á la 
l 'uiversidad correspondía». Con sólo que le hablasen de esto se po- 
nía furioso D. Mames. Era lo único que le hacía perder su calma 
y tranquilidad habitual. Tenía muy presente el ilustre Rector lo 
que le había costado recuperar todo aquello, y lo defendió de con- 
tinuo como lo más sagrado, por entender que era lo que daba á la 
Universidad su carácter típico, su propia personalidad, su libertad 
é independencia, lo que principalmente la distinguió de las demás 
universidades, su cuantiosa fortuna, sus millones, el rico legado 
de mis antepasados, la esperanza de días mejores, de un después 
floreciente y de una vida pujante y verdaderamente autónoma. Es 
verdad que hoy día se ha perdido todo por haberse incautado el 
Gobierno de los cuantiosos fondos de la Universidad salmantina, 
pero esa entrega se hizo cuando ya no era Rector D. Mames. De 
continuar éste en el Rectorado, la gloriosa Escuela conservaría 
Mis dineros. 

Era el Sr. Esperabé Gran Cruz de Isabel la Católica, Gran Ofi- 
cial de la Orden de la Cruz de honor de la confederación interna- 
cional de Eldir, ( Micial de Instrucción Pública de Francia, profesor 
correspondiente de la Unión literaria y científica de la misma re- 
pública, condecorado con la Cruz y Gran medalla de la Asociación 
Universal de literatos y sabios de París, con la Gran placa del Ins- 
tituto científico europeo, y con la de Leopoldo de Bélgica, digni- 



- 100 - 

dad de Comendador de la venerable Orden humanitaria y benéfica 
de Saint-Etienne, miembro de mérito de la Academia de Ciencias 
y Artes industriales de Bruselas, de la Sociedad de Instrucción 
Pública de Oporto, de la Sociedad Académica Hispano-Portugue- 
sa de Toulouse, socio honorario de la Sociedad Colombina Onu- 
v r ense de Huelva y de la de escritores laureados de Málaga, socio 
corresponsal de la Sociedad Artístico- Arqueológica de Barcelona, 
y protector de la provincial de la Cruz Roja de Zaragoza, y des- 
pués de su muerte es cuando se ha sabido que poseía todas esas 
condecoraciones, por ser tan sencillo que rehusaba con insistencia 
cualquier distinción, y sólo cuando se encontraba con nombra- 
mientos ó credenciales como primera noticia, los aceptaba, por no 
desairar á instituciones respetables, á distinguidas personalidades 
ó á queridos amigos. 

La Gran Cruz de Isabel la Católica se la concedió, por sus rele- 
vantes servicios á la enseñanza, el ministerio Sagasta en 1882, y 
nada supo hasta que el entonces Ministro de Fomento Sr. Albare- 
da le escribió diciendo que en Consejo se había acordado otorgar- 
le dicha Gran Cruz, por tenerla tan merecida y ser tan justa la 
concesión que sería aplaudida por cuantos se interesan en pro de 
la ciencia y de la instrucción pública en general. 

Sin embargo, y á pesar de haberle regalado las insignias en 
magnífico estuche, en él han permanecido encerradas hasta su fa- 
llecimiento por no haber querido nunca ostentarlas sobre su pe- 
cho, ni siquiera en las grandes solemnidades ó recepciones. Úni- 
camente las llevó sobre la caja que conducía su cadáver el día del 
entierro, por no ser ya él, sino la familia y los amigos los ejecuto- 
res de aquel acto. Muchísimos otros rasgos de modestia pudiéra- 
mos citar del insigne Rector D. Mames, pero entre todos ellos me- 
rece consignarse la renuncia que hizo de un título de Castilla con 
que el Gobierno del Sr. Silvela quiso premiar sus grandes mereci- 
mientos al cesar en el Rectorado en Octubre del año 1900. 

Más que todos estos títulos D. Mames estimaba uno que con- 
movía su alma en lo más hondo, el cariño y el respeto que por él 
sentía la ciudad de Salamanca, su patria adoptiva. Salamanca, la 
capital de los recuerdos y de las tradiciones quería entrañable- 
mente á D. Mames, le consideraba como una de sus mayores glo- 
rias, como una de sus instituciones más veneradas. Por eso era tan 
popular D. Mames en Salamanca, y por eso los salmantinos le salu- 
daban siempre con el mayor afecto, porque D. Mames se interesaba 
como nadie por Salamanca y por su gloriosa Escuela, porque era el 
primero en contribuir á levantar las cargas de la población, el pri- 
mero en atender á las necesidades públicas, el primero en remediar 
las calamidades y desdichas de cualquier clase que fueran. Ya lo 



- 101 - 

hemos dicho antes, cuantos necesitaban de protección ó amparo, 
acudían á D. Mames. Su casa estaba abierta á todo el mundo por 
ser el protector de todos que con mano pródiga derramaba favores 
á granel. Limosnas, consejos, recomendaciones, y hasta el dinero 

que tenía todo, absolutamente todo, lo daba D. Mames. 

Fué D. Mames Esperabé Lozano durante toda su vida, de joven 
y de viejo, liberal convencido, espiritu abierto, transigente, y 
amante de la libertad y del progreso. EnPalencia, siendo catedrá- 
tico de Historia, dio una serie de conferencias muy notables, para 
obreros, encaminadas á inculcar en ellos la necesidad de la ins- 
trucción, á ponerles en condiciones ventajosísimas para adelantar 
y sobresalir en sus oficios respectivos, y á procurar conducirles en 
sociedad con la independencia y circunspección que debe caracte- 
rizar á los ciudadanos de un país libre, para que en sus actos bri- 
llase la determinación de una voluntad reflexiva y no el instinto 
ciego de un autómata. En esas conferencias, que llamaron grande- 
mente la atención, se ocupó el Sr. Esperabé Lozano de los altos 
fines de la moral y del derecho, de las obligaciones de los obreros 
y patronos, de la odiosa esclavitud, del trabajo y de la moralidad 
como escudo de nuestros fueros y de nuestras libertades, de la ti- 
ranía de los poderes públicos, de la tiranía de la fuerza y de las 
bayonetas, de la tiranía del vicio y de la ignorancia, que es la peor 
de todas las tiranías. En el Instituto palentino, de donde era profe- 
sor, dio también otras conferencias justamente elogiadas, sóbrela 
importancia de los establecimientos de segunda enseñanza. Habló 
en ellas de la instrucción primaria, que se extiende sin distinción 
á todas las clases de la sociedad, de la obligación que todos tienen 
de adquirir estos conocimientos cumpliendo con una de las más 
apremiantes necesidades que el espíritu déla época reclamara, de 
cómo la Escuela había dejado ya de ser afortunadamente el cala- 
bozo donde tiernos é inocentes seres acuden á recibir el pan de la 
inteligencia, y de cómo el maestro, antiguo juez verdugo, cuya 
simple presencia atemorizaba á los niños, se había transformado 
por el adelanto de los tiempos en ilustre pedagogo que tratándo- 
les cariñosamente despierta en las criaturas la afición al estudio 
por medio de una laudable emulación. Pasando luego á tratar de 
los institutos provinciales, anatematizó el Sr. Esperabé á los ene- 
migos de las luces, á los amantes del oscurantismo, á los elemen- 
tos retrógrados que avezados á su rutinaria práctica y dominados 
por añejas preocupaciones, hicieron encarnizada oposición á los 
mencionados centros docentes, lanzando contra ellos infundados 
cargos. Demostró que los establecimientos de segunda enseñanza 
eran las Escuelas llamadas á representar el movimiento progresi- 
vo de la instrucción, la mina científica que había de explotar la ju- 



- 102 - 

ventud estudiosa; que los Institutos deben ser algo más que la pre- 
paración para las carreras superiores, y que han de formar buenos 
ciudadanos que dirijan la agricultura, la industria y el comercio, 
y ocupándose después de las diferentes ciencias que en aquéllos se 
daban entonces, y de las que debían darse, fijó la misión de cada 
una de ellas y de sus respectivos maestros. En Málaga, adonde 
fué, previa oposición— de la que ya hemos hablado— como catedrá- 
tico de Latín y Griego del Instituto, escribió varios artículos que 
se publicaron en La Discusión de Madrid, y trabó estrechas rela- 
ciones con los más significados demócratas de la hermosa capital 
andaluza, principalmente con D. José Carbajal y Hüe, que tanto 
figuró más tarde en la política y en los ministerios de la Repúbli- 
ca, y á quien D. Mames enseñó inglés y griego en muy poco tiem- 
po, y con el que constantemente mantuvo una íntima y cariñosa 
amistad. 

En Salamanca, conocida es de todos su manera de ser y de 
pensar. Aunque se separó totalmente de la política á raíz de la 
restauración Borbónica, su influencia y sus mayores amistades 
las tenía entre los liberales, y él mismo se revelaba como tal en 
sus actos todos. En elecciones senatoriales por la ilustre y vene- 
randa Escuela, se colocó dos veces frente al Prelado de la dióce- 
sis, á pesar de marchar en muy buena armonía con los señores 
Martínez Izquierdo y el P. Cámara, que fueron los Obispos que 
lucharon con D. Juan Valera el primero, y con D. Fermín Hernán- 
dez Iglesias el segundo, y ambos derrotados por éstos. La derrota 
del P. Cámara levantó una gran polvareda, promoviéndose por 
el clero y los elementos neos poco menos que una cruzada contra 
el Rector Esperabé, á la cual fué ajeno por completo el sabio 
Obispo agustino. Dieron orden los canónigos de que no se permi- 
tiera á D. Mames la entrada en el coro, donde tenía, por razón de 
su cargo, asiento de preferencia, y al poco tiempo se verificó en 
la Catedral una solemnidad, á la que invitaron, según costumbre, 
á las autoridades y corporaciones. Allá acudió el Rector Sr. Espe- 
rabé Lozano con una comisión del Claustro, y creyendo que aquel 
sería momento oportuno, salió á su encuentro una representación 
del Cabildo para indicarle que se había ordenado que no fuesen al 
coro, pudiendo pasar á la capilla mayor con los demás invitados, 
mas D. Mames, con esa energía de la que sólo él sabía echar mano 
cuando llegaba el caso, dijo á los maeeros: al coro, y penetró en 
él á viva fuerza, manifestando á los canónigos «que si se quería 
que la Universidad no volviera á la Catedral, no volvería, pero 
que aquel día ocupaba su puesto por encima del Cabildo, del Deán 
y de quien lo hubiera dispuesto*. Al salir marchó á ver al Obispo 
para darle cuenta y protestar de lo ocurrido, manifestándose el 



- 103 - 

P. Cámara dolorosamente sorprendido, por ser también de alma 
generosa y grande el Prelado salmantino, que se apresuró á des- 
autorizar á sus subordinados. 

Siendo Ministro de Fomento el expresidente del Congreso señor 
Pidal, presentóse como candidato adicto para la senaduría por la 
Universidad salmantina D. Vicente de la Fuente, y como tenía 
D. Alejandro gran empeño en el triunfo de su candidato, y más si 
se quiere, en que fuese derrotado D. Manuel María José de Galdo, 
que con el beneplácito de todos venía representando á la ilustre 
Escuela, llamó al telégrafo al Rector D. Mames y celebró con él 
una larga conferencia. En ella parece ser que dijo el Ministro al 
Rector que el Gobierno conocía el prestigio de que gozaba en Sa- 
lamanca y su ascendiente sobre el Claustro universitario, por cu- 
ya razón le rogaba que pusiese en práctica los medios de que podía 
disponer — que eran muchos— para sacar á flote á D. Vicente la 
Fuente. 

D. Mames replicó al Ministro «que si ejercía cierto ascendiente 
sobre sus compañeros, era por no haber hecho jamás sobre nin- 
guno de ellos presión alguna, y que como no estaba dispuesto á 
modificar su norma de conducta por nada ni por nadie, en aquella 
ocasión— no obstante los deseos del Gobierno— dejaría á los claus- 
trales en completa libertad para que votasen con arreglo á su con- 
ciencia y á sus opiniones». Insistió el Ministro, y el Rector en el 
mismo instante le presentó por telégrafo la dimisión de su cargo, 
rogándole se la admitiese, á cuyo ruego no accedió aquél. 

Así las cosas, llegó el día de la elección, y Galdo salió triunfan- 
te por algunos votos, entre los que se contaron los de los más ínti- 
mos de D. Mames. Pidal se disgustó muchísimo, y todos los ele- 
mentos ultramontanos exigieron del Ministro la destitución del 
jefe de la Universidad de Salamanca, llegando á decir los periódi- 
cos de la Corte que estaba acordada. Varios amigos le escribie- 
ron previniéndole acerca del atentado que contra él se preparaba, 
entre ellos Carbajal y el eminente tribuno D. Emilio Castelar, que 
le anunció se ocuparía del asunto en las Cortes, si el atropello lle- 
gara á consumarse. 

D. Alejandro escribió entonces á D. Mames pidiéndole la dimi- 
sión, y éste le contestó con la entereza propia de su carácter: 
ahora no puedo complacerle, si cuando se la présenle antes de las 
elecciones la hubiese aceptado, me habría usted hecho un gran fa- 
vor; hoy espero mi relevo». El Ministro, cada vez más irritado, ha- 
bló con cierta timidez en Consejo de la cesantía de D. Mames, y 
de las exigencias de los amigos, mas Cánovas y Villa verde se 
echaron encima manifestándole: «al Rector de Salamanca no se le 
puede tocar*. 



- 104 - 

Ha sido siempre la Universidad de Salamanca el centro docen- 
te donde se han reunido los elementos más heterogéneos y donde 
por efecto de esa diversidad de escuelas más dificultades ha habi- 
do y hay para la buena armonía entre el profesorado. SóloD. Ma- 
mes era capaz de unirlos. 

Los catedráticos íntegros y carlistas fueron los que le propor- 
cionaron algunos disgustos, y los que más le combatieron en los 
periódicos tradicionalistas, pero el Rector Esperabé se sobrepuso 
á ellos con su carácter, con su tacto y con el respeto profundo 
que á todos inspiraba. Cuando la autoridad eclesiástica condenó 
las doctrinas del catedrático de Penal Sr. Dorado Montero, y como 
consecuencia dejaron de asistir á clase varios de sus alumnos, los 
comprofesores del ilustre penalista correligionario de Nocedal y 
de D. Carlos pretendieron del decano de Derecho, Peña Fernán- 
dez, que le formase expediente, por comprender desde luego que 
con el Rector no conseguirían nada. Débil y completamente des- 
provisto de autoridad y apoyo el decano, pretende buscarlo en 
los integristas, y con el fin de complacerles decretó en plenos exá- 
menes la suspensión de Dorado Montero. Prodújose con ese acto 
verdadera alcaldada, gran revuelo en la Universidad, el natural 
disgusto entre la clase escolar, una protesta general por parte del 
público imparcial y de la prensa independiente, y D. Mames, sa- 
liendo enseguida libre de apasionamientos, en defensa de la liber- 
tad de enseñanza y de la justicia atropellada, levantó la suspen- 
sión al digno maestro, reintegrándole en todas las funciones inhe- 
rentes al ejercicio de su cargo, y evitando el consiguiente es- 
cándalo. 

Muchas cosas se refieren de D. Mames reveladoras todas ellas 
de su justificación y de su mucho carácter. A un alto personaje 
político, amigo suyo, que le anunciaba la visita de su hijo con el 
lin de examinarse en la ilustre Escuela, le contestó diciendo: «si el 
chico está bien preparado que venga, de lo contrario, de ninguna 
manera, pues por cima de la amistad está el prestigio de la Uni- 
versidad de Salamanca». Fué, no obstante, el joven alumno, y el 
eminente y malogrado filósofo D. Mariano Ares, catedrático de 
Metafísica, é íntimo de D. Mames, le suspendió, por haberle dicho 
éste que le tratase como á un examinando cualquiera. 

Otra anécdota muy curiosa es la referida por el antiguo corres- 
ponsal de La Gaceta de Barcelona y publicada en los periódicos 
de Madrid por los años de 1878 á 1879. Estuvo D. Mames con una 
comisión del Claustro salmantino á ver á D. Alfonso XII, y en el 
palacio de Oriente, en presencia de la Corte, de algunos Ministros 
y de varios dignatarios habló al Rey. Al pronunciar unas palabras 
que despedían cierto olorcillo de posibilista de raza, el Ministro de 



- 105 - 

Fomento hubo de decir por lo bajo: Sr. Rector y D. Mames sin 

inmutarse y dirigiéndose al Ministro replicó en voz más alta que la 
de éste: «hablo al Rey, no al Gobierno», continuando su breve dis- 
curso de salutación al Monarca. Era cuando precisamente había 
que ver á D. Mames: en las situaciones difíciles. 

Entre los muchos trabajos realizados por D. Mames Esperaba 
Lozano durante su largo Rectorado, merece mencionarse la mag- 
nífica y voluminosa Memoria, que remitió en 1881 al Ministro de 
Fomento, Sobre las reformas y mejoras que debían introducirse en 
Ja enseñanza. Se mostraba partidario D. Mames en ese Informe 
de la libertad más completa en la indagación y especulación cien- 
titira; de sencillez y ausencia de trabas formalistas en la reglamen- 
tación académica; de educación y proporcionalidad entre el núme- 
ro de Institutos docentes y las necesidades intelectuales que deban 
ser satisfechas con ellos; de la autonomía del profesorado público 
en su organización interna y funciones privativas; de armonía y 
equidad en las funciones de relación con las entidades políticas que 
procuren á la enseñanza los medios materiales para su sostenimien- 
to; y de equiparar el cuerpo docente en consideración y jerarquía 
sociales á otras clases que llenan igualmente funciones públicas. 

Defensor ardiente de la instrucción primaria obligatoria y gra- 
tuita, examina ésta en todas y cada una de sus partes, y propone 
al Ministro las modificaciones que es preciso introducir en la Lev. 
Respecto á los Institutos de segunda enseñanza, entiende el señor 
Esperabé Lozano que deben suministrar al individuo una cultura 
general sobre todo el saber humano que la civilización de la época 
reclama como necesaria, no ya sólo en los que hayan de ejercer 
una profesión técnica ó una función pública cualquiera, sino en 
aquéllos que consagrándose á la gestión de sus intereses propios 
ocupen una posición social algún tanto desahogada y superior á la 
de los meros trabajadores mecánicos. Dice el Sr. Esperabé que se- 
ría conveniente dividir los estudios de los Institutos en dos perio- 
dos, el primero de los cuales comprendería los de ilustración y 
cultura, abarcando el segundo con las subdivisiones y duración 
convenientes, los de aplicación y profesionales, y los de prepara- 
ción especial para los estudios superiores. Cree que es de necesi- 
dad imperiosa en esos centros docentes dar importancia y estudiar 
con detenimiento la enseñanza de las lenguas vivas, y que no puede 
prescindiese tampoco de la parte física de la educación. Divide la 
enseñanza superior en especial y facultativa, y habla extensa 
mente de las diferentes Facultades universitarias, considerando 
muy urgente la subdivisión de la de Filosofía y Letras en las sec- 
ciones de Filosofía, Letras é Historia en que hoy se halla ya divi- 
dida; la de Derecho en las de Derecho civil y canónico y Derecho 



- 106 - 

administrativo, y encuentra convenientísimo que se intente una 
especificación mayor en la Facultad de Medicina, ya que no por la 

subdivisión en secciones, por la creación, más necesaria cada día, 
de cátedras conplementarias para la formación de médicos espe- 
cialistas. 

No es posible continuar. La Memoria de D. Mames es un com- 
pleto plan de enseñanza, en todos los ramos del saber humano, y 
un plan soberbio y hermoso hasta el último grado de la pondera- 
ción. Trata y resuelve cuestiones tan transcendentales y discuti- 
das como La de los libros de texto, Los estudios en pais extranje- 
ro, Las escuelas de instrucción primaria, Las normales de ambos 
sexos, Los establecimientos públicos de segunda enseñanza, Los 
establecimientos públicos de enseñanza superior y profesionales, 
Los colegios. Los establecimientos privados, La enseñanza domés- 
tica, Los estudios y establecimientos libres, Las academias, biblio- 
tecas y archivos, Los maestros de primera enseñanza, Los maes- 
tros de Escuelas Normales, Los catedráticos de Instituto y Los 
catedráticos de Facultad. Se ocupa también Del Gobierno y de la 
administración en general , cicla misión del Ministro del ramo, del 
Consejo de Instrucción pública , De los Rectores y consejos univer- 
sitarios, De las Juntas de Instrucción pública y de la Inspección. 
Consagra además un capítulo á La enseñanza de la mujer, de la 
que se declara defensor entusiasta. 

En el mes de Octubre de 1900, un funestísimo Ministro conser- 
vador, de quien dijo su actual jefe D. Antonio Maura que había 
causado en la enseñanza los mismos destrozos que un potro cerril 
en una cacharrería, el Sr. García Alix en una palabra, de triste 
recordación, dio un decreto jubilando á todos los profesores de 
los establecimientos docentes que hubiesen cumplido la edad de 
setenta años, y el Sr. Esperabé, tan pronto como vio en La Gace- 
ta tal medida, se apresuró á hacer entrega del Rectorado al Deca- 
no y catedrático más antiguo, sin esperar, por un exceso de de- 
licadeza, á que apareciese el Real decreto jubilándole, que tardó 
en firmarse. 

Después, dirigió sentidas cartas de despedidas á los Decanos 
de las Facultades, Directores de Institutos y Escuelas Normales 
del distrito, y á los Presidentes de las Juntas provinciales del mis- 
mo, dándoles gracias por la cooperación que le prestaron duran- 
te el desempeño de su cargo. La jubilación de D. Mames levantó 
en Salamanca gran polvareda, y fué objeto de extensos comenta- 
rios, de única conversación durante más de quince días en todos 
los sitios donde se reunían dos salmantinos, de unánimes protestas 
y de general disgusto. Los periódicos de Madrid y los de la histó- 
rica ciudad castellana publicaron artículos biográficos del Rector 



- 107 - 

saliente, elogiando de paso su gestión durante el largo periodo de 
treinta y un años consecutivos que estuvo al frente de la gloriosa 
Escuela, y Salamanca entera desfiló por el domicilio particular 
del noble anciano para expresarle el profundo sentimiento que le 
había producido el que dejase un puesto que tantos años había 
desempeñado brillantemente, y en el que tantos servicios prestó 
á la ciudad y á su Universidad ilustre. Y como nadie podía confor- 
marse con que el D. Mames tan querido y respetable abandonase 
su patriarcal Rectorado, en el que era una institución en el verda- 
dero sentido de la palabra, comenzaron en seguida las gestiones 
unos y otros para ver de conseguir que se le mantuviese en el car- 
go. El Gobernador civil, el Alcalde, los senadores por la provin- 
cia y los diputados telegrafiaron al Ministro Alix y al Presidente 
del Consejo para que continuara el Sr. Esperabé Lozano al frente 
del distrito universitario, y en idéntico sentido se hicieron traba- 
jos en Madrid por el senador de la Escuela D. Fermín Hernández 
Iglesias y otros importantes hombres públicos. 

La Universidad salmantina, el alma máter de D. Mames, hizo 
también cuanto pudo por conservar á su sapientísimo Rector, pues 
congregados en el Salón de Profesores cuantos constituían enton- 
ces el Claustro ordinario, y unidos por primera vez carlistas y re- 
publicanos, fusionistas y conservadores, acordaron por unanimi- 
dad dirigirse al Ministro de Instrucción Pública, expresándole el 
deseo de que siguiera desempeñando D. Mames Esperabé Lozano 
el importante puesto que venía ejerciendo con tanto acierto y por 
tanto tiempo. 

A tal efecto se redactó y firmó por todos los catedráticos un 
expresivo telegrama, anunciando además al Ministro el envío de 
una razonada exposición. Quería la Universidad de Salamanca, y 
así lo consignó en el documento remitido al Gobierno, que en ar- 
monía con el proyecto de García Alix sobre autonomía académi- 
ca, no jugase papel ni se diese á conocer influencia alguna de fuera 
en el nombramiento de jefe de la más gloriosa de las Universida- 
des españolas. Pedía la Universidad insigne al Ministro la conti- 
nuación de D. Mames Esperabé en el Rectorado, porque perfecta- 
mente sabía lo que esa digna autoridad había hecho y estaba dis- 
puesta á hacer en pro de la ciencia y de la ilustre Escuela, y lo 
pedía invocando los principios de libertad y de vida independiente 
y autónoma, con lo cual realizó la Universidad salmantina un 
grandioso acto y un alarde solemne de regeneración. He aquí 
ahora el telegrama y la instancia citada, que transcribimos de los 
periódicos de aquella época: 



- 108 - 

EL TELEGRAMA 

Exento. Sr. Ministro de Instrucción pública.— «Los que suscri- 
ben, profesores de las Facultades oficiales de Filosofía y Letras y 
Derecho de esta Universidad, entendiendo que la declaración de 
honorarios hecha á favor de los catedráticos jubilados por el últi- 
mo decreto, les capacita para ejercer los cargos de dirección ad- 
ministrativa en los centros docentes, ruegan á V. E. encarecida- 
mente se sirva reponer ó confirmar en el cargo de Rector al exce- 
lentísimo Sr. D. Mames Esperabé Lozano que lo ha desempeñado 
durante treinta y un años á satisfacción de sus subordinados y con 
gran prestigio para la enseñanza, como tendremos ocasión de ex- 
poner más detalladamente á la consideración de V. E.» (Siguen 
las firmas de todos). 

LA EXPOSICIÓN 

Excmo. Sr. Ministro de Instrucción pública. — «Los que suscri- 
ben, profesores de las Facultades de Filosofía y Letras y Derecho 
de la Universidad de Salamanca, á V. E. con el mayor respeto 
hacen presente la conveniencia de que en concepto de catedrático 
honorario continúe rigiendo esta Escuela el Excmo. Sr. D. Mames 
Esperabé Lozano, comprendido en el Real decreto de 19 del co- 
rriente mes. 

»La moderación y templanza con que el Rector cesante supo 
en el largo periodo de treinta y un años desempeñar cargo tan 
espinoso, el prestigio y las facultades que para ello le daba jefa- 
tura de tal duración, no menos que la discreta neutralidad con que 
acertó á mantenerse entre los diversos sistemas, escuelas y parti- 
dos, hace muy difícil una sustitución que por acertada que sea, no 
ha de resultar grata á la Escuela, ni favorablemente recibida, 
dada la disparidad y variedad de principios científicos y políticos, 
característica de la época y de la vida intelectuales y que por la 
naturaleza misma de la sustitución más se reflejan en la Univer- 
sidad, determinando en ella muy hondas, arraigadas y opuestas 
direcciones de pensamiento y conducta. 

»Pero la continuación del Sr. Esperabé en el Rectorado, además 
de legítima y muy digna recompensa de las distinguidas y excep- 
cionales dotes técnicas y gubernativas, y no sobrado galardón á 
los méritos y servieios de este antiguo y reputadísimo catedrático, 
tiene para esta Universidad doble importancia é interés; es el úni- 
co medio hábil de sustraer la sustitución que debe ser más impar- 
cial v serena al influjo é ingerencia de factores y elementos extra- 



- 10Q - 

ños, á la sugestión de doctrinas y tendencias contrarias, á la sig- 
nificación histórica de la Escuela, á sus gloriosas tradiciones, y 
acaso al mermado caudal de comunes verdades unánimemente es- 
timadas todavía como fundamentos esenciales y necesarios del 
ediñeio social. 

Mientras llega el día en que disfrute la Universidad de una de 
las facultades menos peligrosas y más compatibles con una pru- 
dente descentralización, dígnese V. E. en conformidad con los 
laudables deseos de autonomía escolar que le animan, y que le han 
inspirado su reciente proyecto orgánico, dispensar á este Claustro 
de la imposición burocrática de un jefe, que mientras no sea elegi- 
do por sus pares, no ha de ser gustosamente aceptado, ni tendrá 
derecho á la espontánea y decidida cooperación, y menos á la ín- 
tima reverencia y sincera estima de sus compañeros. 

»Ya que ahora no es posible legalmente tal elección, al menos 
de modo ostensible y directo, sírvase V. E. aplazar el cambio, dan- 
do así lugar á que convertido en Real decreto ó en Ley el proyec- 
to aludido, logre la Universidad alguna parte activa en la designa- 
ción de sus cargos y oficios de gobierno, con lo cual se cumplirían 
los propósitos de la Escuela salmantina. 

»Por todo lo cual á V E. suplicamos se digne decretar como pe- 
dimos en la presente solicitud. No dudamos conseguirlo de la no- 
Loria rectitud de V. E. cuya vida guarde Dios muchos años. 
>alamanca, 24 de Octubre de 1900. 

^Santiago Martines, Rector interino.— Teodoro Peña, decano 
lie Derecho. — Timoteo Muños Orea, decano de Filosofía y Le- 
tras.- Enrique Gil Robles, catedrático de Derecho político.— Ma- 
nuel ile Bedmar, catedrático de Derecho procesal. — Salvador 
Cuesta, catedrático de Derecho administrativo. — Federico Brusi, 
catedrático de Historia general de Derecho.— Luis Rodrigues 
Miguel, catedrático de Literatura general y española.— Manuel 
Rodríguez Garda, catedrático de Derecho internacional. — Nica- 
sio Sánchez Mata, catedrático de Derecho natural. — Miguel de 
l 'uanutuo, catedrático de Lengua griega. — Pedro Garda Dorado, 
catedrático de Derecho penal. — Mariano Amador, catedrático de 
Metafísica. — Prudencio Requejo, catedrático de Derecho mercan 
til. — Guillermo Garda Valdecasas, catedrático de Derecho civil 
(primer curso). — Luis Maldonado, catedrático de Derecho civil (se- 
gundo curso).— Esteban Jiménez de la Flor, catedrático de Dere 
cho ^romano.— José Té/te: de Metieses, auxiliar encargado de Len- 
gua hebrea. Gerardo Benito Corredera y Martín Domínguez Be- 
r nieta, profesores auxiliares de Filosofía y Letras. — Lorenzo 
Gregorio G 'alindo, Isidro Iglesias, Isidro Beato y Manuel Bed- 
mar Larras, profesores auxiliares de Derecho.» 



- lió - 

En vista de tantas peticiones como al Gobierno se dirigieron 
para que continuara en el Rectorado de Salamanca el Sr. Espera- 
bé Lozano, y en razón sobre todo á la actitud noble, levantada y 
justa en que la Universidad se colocó, esperábase que se excep- 
tuara á D. Mames del decreto de jubilaciones, pero D. Antonio 
García Alix, en su desmedido afán de llevar á la práctica sus re- 
formas, puso á la firma de la Regente el 29 de Octubre del último 
año del siglo xix el decreto jubilando á D. Mames Esperabé y Lo- 
zano de los cargos de Rector y catedrático de la Universidad de 
Salamanca, sin dignarse ni aun contestar á la veneranda Escuela 
que fué en los siglos fenecidos augusta matrona del saber y com- 
pañera en celebridad de las de París, Oxford y Bolonia. 

Los profesores de la Universidad, los de las Facultades libres 
de Medicina y Ciencias, Instituto y Escuelas Normales, el cuerpo 
escolar y el pueblo salmantino se apresuraron á dar al Sr. Espe- 
rabé inequívocas demostraciones de cariño, admiración y respeto; 
y por las diferentes fuerzas vivas de la capital y como enérgica 
protesta, se trató de obsequiar á D. Mames con un banquete po- 
pular, que no se celebró por haberse negado terminantemente el 
ilustre ex-Rector, por bastarle, según dijo, el afecto sincero é in- 
menso que por él sentía su querida Salamanca, su patria adoptiva. 
Pero la jubilación de D. Mames no sólo se sintió en Salamanca, 
sino que también fué comentada en todas partes, porque su nom- 
bre era querido y respetado en nuestra patria y fuera de ella; y en 
aquellos momentos en que dejó de ser todo lo que había sido para 
entregarse durante el resto de su existencia á la vida particular y 
de familia, cuando ya no era nada, ni volvería á serlo, recibió infi- 
nidad de cartas, más, muchas más de las que puede recibir un Mi- 
nistro al posesionarse de una cartera. 

El ilustre estadista D. Germán Gamazo manifestó que era sen- 
sible abandonase la enseñanza el Rector de Salamanca, que tanta 
gloria había dado ala ciencia española, y el insigne catedrático li- 
beral y eminente pedagogo D. Francisco Giner de los Ríos dijo en 
uno de sus escritos hablando de las jubilaciones, que nunca había 
sido grandemente entusiasta de ellas, y menos todavía hechas del 
modo que se venían haciendo, pero que aun aceptando el sistema , 
el hombre á quien comí D. Mames Esperabé Lozano ha debido la 
Universidad de Salamanca tan extraordinarios servicios, bien 
merecía una excepción, que no habría sido privilegio, sino jus- 
ticia, porque ésta no consiste en medir á todo el mundo por un 
rasero. 

No transcurrió mucho tiempo sin que en Salamanca y su Uni- 
versidad se sintiesen los efectos de la falta del prestigioso nombre 
de D. Mames con motivo de los varios conflictos que se origina- 



- 11 1 - 

ron, y cuando antes de medio año la emprendió el Ministro Alix 
con las Facultades de Medicina y Ciencias, todos volvieron la vis- 
ta al Sr. Esperabé, recordando su meritoria y constante labor de 
treinta y un años, el exquisito tacto con que había orillado dificul- 
tades y obstáculos, parando cuantos golpes se intentaron contra 
las enseñanzas universitarias. Como señal de indignación por el 
despojo que trató de hacer García Alix, se verificó en Salamanca, 
previo permiso de la autoridad gubernativa, una imponente mani- 
festación, en la que tomaron parte más de ocho mil personas, y 
que, presidida por la Junta de Defensa nombrada al efecto, reco- 
rrió las principales calles de la ciudad, entregando á su paso por 
el Gobierno civil respetuosa instancia al representante de aquel 
Ministerio, Sr. C^nde de Vista-Florida, para que la cursara á 
Madrid. 

De la residencia oficial de la primera autoridad de la provincia 
dirigiéronse los manifestantes al domicilio del ex-Rector Sr. Espe- 
rabé Lozano, al que hicieron una ovación tan entusiasta como ca- 
riñosa. El anciano maestro no estaba en su casa á la llegada de la 
manifestación, pero grupos de ella le buscaron, y amable y defe- 
rente vino con ellos en medio de no interrumpidas y frenéticas 
aclamaciones. 

En la puerta de la casa del Sr. Esperabé se había formado con 
las banderas un bonito arco triunfal por el que se hizo pasar á 
D. Mames en medio de nutridísima salva de aplausos. El Sr. Es- 
pjrabé salió al balcón acompañado del catedrático D. Tim iteo 
Muñoz Orea, su íntimo amigo, y saludando á aquellos miles de al- 
mas profundamente conmovido, les dio las gracias por tales prue- 
bas de afecto, y se ofreció mientras alentara, para defender á las 
Facultades de Medicina y Ciencias, á Salamanca y á su Universi- 
dad querida. El pueblo salmantino, delirante de entusiasmo, con- 
testó con aterradores vivas al antiguo Rector, al fundador de las 
Escuelas libres, al defensor de la Universidad, al mantenedor de 
sus glorias. 

Más tarde, siendo Presidente del Consejo el Sr. Sagasta, y Mi- 
nistro de Instrucción pública el Conde de Romanones, fué deroga- 
do el decreto del infausto Alix sobre jubilaciones, autorizándose 
con tal motivo en Marzo de 1901 á los catedráticos separados por 
su edad para volver á la enseñanza. Ni las súplicas del Gobierno 
liberal, ni los ruegos del Claustro universitario lograron vencer la 
tenaz resistencia de I). Mames para que aceptase de nuevo la cá- 
tedra y el Rectorado. El Sr. Sagasta le ofreció también una sena- 
duría, pero ni ésta ni la representación de la Universidad quiso 
ostentar, por impedírselo sus padecimientos antiguos. Miraba, 
no obstante, como cosa propia cuanto á la Universidad se refería, 



- 112 - 

y cuando fué á Salamanca el Conde de Romanones á presidir la 
apertura de curso, asistió á la recepción con el exclusivo objeto 
de saludar al jefe de la enseñanza. Por cierto que al ver entrar el 
Ministro á D. Mames en el salón, se adelantó hacia él y le estrechó 
efusivamente entre sus brazos, rindiéndole de ese modo el mere- 
cido homenaje. También escribió al ilustre Dr. Cobos para alen- 
tarle en sus trabajos de propaganda á fin de crear en Salamanca 
los estudios Hispano-Americanos. 

Durante estos dos últimos años D. Mames salía ya muy poco 
de casa, efecto del reuma crónico que, por habérsele exacerbado, 
le dificultaba el andar. Iba diariamente á la Plaza Mayor á media 
mañana y concurría por las tardes, con asiduidad, á la botica del 
Dr. Hoyos, donde en amigable tertulia pasaba largos ratos en 
unión de sus íntimos, Onís, Hoyos, García (D. Santiago) y otros. 
Además tenía costumbre de visitar por las noches á su amigo y 
vecino D. Lorenzo Domínguez, cura de San Pablo. Esa vida la 
hizo D. Mames hasta el mismo día en que desapareció para siem- 
pre del mundo, hasta la hora de su muerte, acaecida casi repenti- 
namente el día 3 de Noviembre de 1906, pues habiéndose acostado 
bueno y sano la noche anterior, se sintió indispuesto á las tres de 
la madrugada; llamó á sus hijos, los cuales le encontraron con una 
gran fatiga, no pudiendo decir más que le limpiasen el sudor y 
darles un beso. Así expiró como un justo el que en vida fué respe- 
table y cariñoso amigo del que estos desaliñados datos consagra 
á su imperecedera memoria. 

No concluiremos sin hacer constar que al tener noticia de su 
muerte el duelo fué general en todo Salamanca. El Rector señor 
Unamuno mandó cerrar la Universidad y todos los centros docen- 
tes en señal del dolor que su muerte había producido. Reunió al 
Claustro y Junta de Decanos, y acordaron asistir en pleno á su 
entierro é invitar á tojos los estudiantes para que concurriesen 
también. Acordaron asimismo celebrar solemnes honras en la ca- 
pilla de la Universidad, encargando la oración fúnebre al doctor 
D. Francisco Jarrín y Moro, Chantre de la Catedral, y preconiza- 
do Obispo de Plasencia. El Municipio, la Diputación y todas las 
corporaciones y sociedades consignaron en acta su profundo sen- 
timiento por tal pérdida, después de dedicar sentidas frases á su 
memoria, y el ilustrado concejal obrero Sr. Santa Cecilia propuso, 
y el Ayuntamiento acordó por unanimidad, dar su nombre á una 
de las calles principales. 

Hasta en su disposición testamentaria tuvo presente el ilustre 
D. Mames el amor que profesaba á la enseñanza, legando ocho 
mil pesetas á la Universidad, para que el Claustro las destine al 
fomento de la misma. 



- 113 - 



Descanse en paz el sabio y justo D. Mames Esperabé Lozano , 
y ojalá tengan los Rectores que se sucedan en la ilustre Escuela 
salmantina el mismo acendrado cariño é interés que él tuvo siem- 
pre por su engrandecimiento y prosperidad. 



APÉNDICE 

Con el fin de completar nuestro pobre trabajo, trasladamos á 
continuación varios artículos que se escribieron en la prensa sal- 
mantina al cesar D. Mames por jubilación en el Rectorado y al 
ocurrir su fallecimiento. Estas notas, juntamente con otras que pu- 
blicó la de Madrid, algunas de las cuales también transcribimos, 
suplirán nuestras muchas deficiencias. 

AL SER JUBILADO 
Del NOTICIERO SALMANTINO 

Excmo. Sr. D. Mames Esperabé Lozano. — «Hace treinta y un 
años que el ilustre catedrático con cuyo nombre encabezamos es- 
tas lincas fué nombrado Rector de nuestra Universidad. Hoy, por 
virtud de su edad, sepárale el Ministro de aquel cargo, y hoy tam- 
bién hemos de dar á nuestros lectores algo así como nota biográ- 
fica en testimonio de la alta consideración y profundo respeto que 
guardamos al sabio catedrático y maestro 



Sinceramente lo decimos, la separación del Sr. Esperabé de su 
elevado cargo nos mueve á honda pena; y aun cuando por virtud 
de un decreto dejó de ser Rector de derecho, nosotros, y con nos- 
otros todos los habitantes de Salamanca, diremos al verle pasar 

ahí va el Rector.» 

El Adelanto también publicó un bien escrito artículo sintiendo 
la jubilación y dando extensos datos biográficos del ilustre Rector. 

De EL LÁBARO 

El Rectorado de la l T niversidad. — «Cesó en virtud del decreto 
de jubilaciones el Rector de la Universidad de Salamanea, D. Ma- 
mes Esperabé. 

Raciona] y ordenadamente no se podía esperar cesase de tal 
modo en su cargo el Sr. Esperabé Lozano. 

8 



- 114 - 

No pretendemos hacer la historia del largo Rectorado de D. Ma- 
mes Esperabé (había tomado posesión en 16 de Octubre de 1869). 

La nota saliente de sus gestiones, en todo orden, ha sido la de 
su amor grande á la Universidad, entusiasta afecto á las glorias y 
tradiciones de esta famosa Escuela. 

Las fiestas religiosas y las costumbres clásicas de la Universi- 
dad de Salamanca, él las ha conservado con esmero y ha procu- 
rado enriquecer el tesoro de sus prerrogativas, consiguiendo de Su 
Santidad el Papa, no hace mucho tiempo, una fiesta y jubileo espe- 
cial para el día de la Virgen del Pilar. 

Su asiduidad en el trabajo, su constancia en el despacho de los 
asuntos del Rectorado, el desempeño fiel de sus deberes de cate- 
drático y de jefe le habían constituido aquí en autoridad indiscuti- 
ble, respetada y querida por todos. 

La afabilidad y llano trato, su condescendencia y su discreción 
han sido las señales de su carácter en las relaciones con el profe- 
sorado y con el público. No es de extrañar, por lo tanto, que al 
dejar D. Mames Esperabé el cargo de Rector sufriera sacudida 
violenta el statu quo de la Universidad y que se haga notar la fal- 
ta de su nombre y prestigiosa autoridad. 

Saludamos cariñosamente al Excmo. Sr. D. Mames Esperabé 
Lozano, deseándole tranquilo retiro y descanso de sus faenas aca- 
démicas, para que disfrute en paz del buen nombre que deja escri- 
to en la brillante Universidad salmantina.» 

De LA LIGA DE CONTRIBUYENTES 

La jubilación del Excmo. Sr. D. Mames Esperabé .— «El decre- 
to de jubilación del Excmo. Sr. D. Mames Esperabé Lozano fué el 
suceso más saliente de la semana, y á él debemos consagrar nos- 
otros algunas líneas; bien las merece el cumplido caballero que 
por espacio de treinta y un años ha dirigido con gran sabiduría y 
tacto la Universidad de Salamanca. 

Fué el Sr. Esperabé, en la Rectoral, un verdadero padre de pro- 
fesores y de alumnos. Su condición afable y franca, su edad, la 
autoridad que le prestaba el haber sido maestro de casi todos los 
catedráticos, y la bondad y tolerancia de su carácter, le hicieron 
respetado y querido de todos. 

En medio del abigarrado cuadro de encontradas opiniones que 
ofrecen hoy los Claustros de las Universidades españolas, y á cuyo 
fenómeno no podía sustraerse la de Salamanca, el Sr. Esperabé 
Lozano tuvo la difícil habilidad de colocarse en una actitud neutral 
y elevada. «Don Mames», que así familiar y cariñosamente le lia- 



- 115 - 

mábamos todos, se complacía siempre en servir á sus discípulos 
y comprofesores, sin distinción de ideas filosóficas ni políticas. 

Fué el Sr. Esperabé amante, hasta el delirio, de la Universi- 
dad, en cuyo edificio hizo importantes y bien entendidas mejoras; 
y fiel, constantemente, á las tradiciones de la ilustre Escuela, supo 
hermanar, con la tolerancia hacia todos, las aspiraciones honra- 
damente profesadas, la disciplina y el orden en los estudios. 

Hombre profundamente religioso, sin afecciones ni hipocresías, 
el Sr. Esperabé puso también empeño en mantener en la Univer- 
sidad aquellas brillantes huellas que la sabiduría de Reyes y de 
Pontífices habían dejado en la larga y luminosa historia de nues- 
tro celebrado Estudio. 

Salamanca entera ha sentido hondamente la jubilación del se- 
ñor Esperabé Lozano; la ciudad toda saluda con respeto al que fué 
insigne Rector de la Universidad, deseándole larga y tranqui- 
la vida.» 

LA PRENSA DE MADRID 
De LA LEY 

«Ha producido sentimiento la jubilación del Rector de la Uni- 
versidad de Salamanca, Sr. Esperabé. Prestó este benemérito fun- 
cionario excelentes servicios, y hoy se retira rodeado de muchas 
simpatías. Figuró bastante en el periodo del 68 al 75 como muy 
identificado con los políticos que entonces ocupaban el poder, y en 
el Parlamento del 72 al 73 se adhirió á los programas de Castelar, 
Figueras, Zorrilla y demás eminencias de la democracia republi- 
eana. Va era Rector de la Universidad de Salamanca desde el 
año 69 y siguió en ese cargo hasta ahora.» 

De EL CORREO 

D. Mames Esperabé. —«Era Rector de la Universidad de Sala- 
manca desde 1869, uno de los catedráticos más eminentes, y acaba 
de ser jubilado por su edad en virtud de las recientes reformas ele 
García Alix. fia trabajado mucho en pro de la enseñanza, y á él 
le debe la gloriosísima Escuela las mejoras que ha sufrido, el esta- 
blecimiento de nuevos estudios, la adquisición de láminas y de in- 
tereses verdaderamente respetables, el aumento de becas y pen- 
siones, la fundación de bibliotecas, y el haber recobrado gran 
parte de la fama que alcanzó en los siglos fenecidos. El Claustro 
salmantino, y el profesorado en general, ha recibido ron pena su 
jubilación.» 



- 116 - 

De LA EDUCACIÓN NACIONAL 

«En virtud del reciente decreto de Instrucción pública, ha sido 
jubilado el sabio Rector de la Universidad de Salamanca, D. Ma- 
mes Esperabé y Lozano. Venía desempeñando el cargo desde 1869 
y durante treinta y un años su celo por el engrandecimiento de la 
enseñanza no se ha desmentido ni un solo instante, habiendo reali- 
zado importantísimas obras en la histórica Universidad.» 

Del mismo periódico. 

«Con motivo de la jubilación del Rector de la Universidad de 
Salamanca, D. Mames Esperabé, se reunieron en la veneranda Es- 
cuela todos los catedráticos que forman aquel Claustro, quienes 
por unanimidad tomaron el acuerdo de telegrafiar al Ministro pi- 
diéndole la continuación en el Rectorado del Sr. Esperabé y anun 
ciándole el envío de una razonada exposición con tal objeto. 

Creyóse, pues, que el Sr. García Alix, que tanto habla de la 
autonomía de las Universidades, accedería á los deseos de la de 
Salamanca, pero el jefe de la enseñanza no sólo ha desatendido la 
petición del renombrado centro docente, sino que ni siquiera se ha 
dignado contestarle. La indignación que reina con tal motivo en- 
tre los profesores salmantinos es grandísima.» 

De LA CORRESPONDENCIA DE ESPAÑA 

«En virtud del reciente decreto de Instrucción pública, ha sido 
jubilado el antiguo Rector de la Universidad de Salamanca D. Ma- 
mes Esperabé y Lozano. Venía desempeñando el cargo desde el 
año 1869, y durante treinta y un años su celo por el engrandeci- 
miento de la enseñanza no se ha desmentido ni un solo instante, 
habiendo realizado importantes obras en la histórica Universidad. 
El Sr. Esperabé y Lozano deja en Salamanca imperecedero re- 
cuerdo de su gestión como Rector de aquella Universidad.» 

De la misma CORRESPONDENCIA 

El Redor de Sala ma tica .—«Desde que el Sr. Esperabé Lozano 
hizo entrega del Rectorado al decano y catedrático más antiguo, 
está recibiendo pruebas de respeto y cariño de todas partes, pero 
muy principalmente de los salmantinos, que se han apresurado á 
manifestar al sabio catedrático el profundo sentimiento que les ha 



- 117 - 

causado su cesación en el elevado cargo que durante tantos años 
ha desempeñado y en el que tan importantes y tan extraordinarios 
servicios ha prestado á la gloriosa y veneranda Escuela. El gran pe- 
sar que su jubilación ha producido, se demuestra de una manera 
bien palpable con la petición que Salamanca ha hecho al Gobierno 
para que continuara el Sr. Esperabé en el Rectorado no obstante 
su jubilación, pues la Universidad representada por todos sus pro- 
fesores, la capital por su alcalde y la provincia por medio de sus se- 
nadores, han hecho al Ministro de Instrucción pública idéntica peti- 
ción: mas el Sr. García Alix no ha podido acceder á tales deseos, 
por obedecer la citada jubilación del antiguo Rector de Salamanca 
á una medida general. De todos modos el anciano profesor tiene mo- 
tivos para estar verdaderamente conmovido, porque son tantas las 
manifestaciones de afecto que se le han hecho y continúan hacien- 
do, que conmueven hasta á sus mismos amigos. Según hemos oído 
la Universidad realizará un importante y solemnísimo acto con el 
fin de perpetuar la memoria de su inolvidable Rector.» 

De EL GLOBO 

El decano de ¡os Rectores. — «Lo era el Sr. D. Mames Esperabé 
Lozano, que acaba de cesar en la jefatura del distrito universitario 
de Salamanca, en virtud del reciente decreto de jubilaciones. Ve- 
nía desempeñando el Rectorado de la gloriosa Escuela salmantina 
desde 1869, y durante los treinta y un años consecutivos en que ha 
ejercido tan elevado cargo, se ha dado á conocer continuamente 
como profesor insigne y celoso, como funcionario recto é inflexi- 
ble, como correcto publicista y como un inteligente innovador, que 
ha cambiado por completo la faz de la veneranda Universidad con 
sus notables reformas y con las importantísimas obras que ha rea- 
lizado en el centro docente que tantos años ha regido. Fué senador, 
logrando entonces que se ampliaran las enseñanzas en su querida 
Universidad, y por su prestigio y relevantes méritos es unánime- 
mente estimado. Ahora, con motivo de su jubilación, está recibien- 
do extraordinarias pruebas de respeto y cariño de todas partes, y 
los salmantinos todos, sin distinción de partidos, han desfilado estos 
días por el domicilio particular del sabio é ilustre maestro, á quien 
ya se venía considerando tomo una institución en la enseñanza.» 

De FL IMPARCIAL 

l ';/ Rector jubilado. « I ). Mames Esperabé y Lozano, Rector de 
la Universidad de Salamanca, ha sido jubilado por virtud del re- 
ciente decreto de Instrucción pública. Durante treinta y un años 



- 118 - 

en que ha desempeñado el cargo, no decayó su celo por los intere- 
ses de la enseñanza, debiéndose á sus iniciativas muchas obras en 
la histórica Universidad. Su recuerdo será tan grato como dura- 
dero en Salamanca.» 



Del BOLETÍN DE INSTRUCCIÓN PÚBLICA 

El Exento. Sr. D. Mames Esperábé Lozano.— «Acaba de ser ju- 
bilado por hallarse comprendido en el reciente decreto del señor 
García Alix, y su cese en la jefatura del distrito universitario de 
Salamanca ha producido unánime sentimiento. 

Es D. Afames Esperábé uno de los más ilustres profesores de 
la nación y el más antiguo de los Rectores, puesto que venía figu- 
rando al frente de la gloriosa Escuela desde 1869. En tan largos 
años ha trabajado mucho por la enseñanza, y á él es deudor el ce- 
lebérrimo centro docente de las glorias que ha alcanzado en estos 
últimos tiempos, de importantísimas mejoras, y de haber recobra- 
do gran parte de su pasada fama. Con los proyectos que ha reali- 
zado después de orillar toda clase de dificultades, con la obra de 
restauración y ensanche del edificio universitario, con el impulso 
que ha dado á ciertas instituciones, con su extraordinario celo pol- 
la instrucción pública, con su respetabilidad y talento, con su ex- 
quisito tacto, con sus energías, con la persuasión desús palabras, 
y con la grandeza de su alma, ha sabido dar siempre el Sr. Espe- 
rábé Lozano brillo y esplendor á su Universidad querida.» 

De LA PUBLICIDAD 

El Redor dr la enseñanza— «De tal puede calificarse al que 
hasta ahora ha sido jefe de la célebre Universidad salmantina, al 
ex-demócrata D. Mames Esperábé, al sabio catedrático y distin- 
guido literato á quien tanto debe la gloriosa Escuela, al hombre de 
generoso corazón y de cívicas virtudes que venía dirigiendo la 
instrucción pública en Salamanca desde la revolución, y que hoy 
ha sido jubilado por su edad con sentimiento del profesorado en 
general. Las importantísimas obras que ha llevado á cabo D. Ma- 
mes en el renombrado centro docente, los trabajos que ha hecho 
para levantar el adormeeido espíritu de la vieja Universidad, sus 
notables discursos, y el impulso que ha dado ala ciencia en la ciu- 
dad del Tormes, le han elevado á la categoría de los hombres emi- 
nentes y patriotas, al par que le han granjeado «1 aprecio de todos 
los hombres doctos. Coadyuvó D. Mames á la gloriosa revolución 
del 68, juntamente con otros republicanos, algunos de los cuales 



- 119 - 

ya no existen, y fué promovido al Rectorado para premiar sus 
servicios á la santa causa y recompensar á la vez sus talentos y 
sus méritos. Más tarde figuró como senador radical, prestó su ayu- 
da á los proyectos de le}* presentados por el Ministerio Zorrilla, de 
quien era gran amigo D. Mames, y fué uno de los representantes 
de la nación que votaron la República.» 



De EL ESPAÑOL 

«Por virtud de un reciente decreto de Instrucción pública, ha 
sido jubilado el Rector de la Universidad de Salamanca D. Mames 
Esperabé y Lozano, sabio catedrático de aquella Escuela y hom- 
bre de gran prestigio en la capital salmantina. El Sr. Esperabé 
llevaba más de treinta años en el Rectorado de la Universidad.» 



De LA ÉPOCA 

El Rector de la Universidad de Sa lamanca.— «Después de más 
de treinta años ha sido jubilado el catedrático de Literaturas clá si- 
vas y Rector de la Universidad de Salamanca D. ?>íamés Espera- 
bé Lozano. Cuantos tuvimos la honra de pasar por su cátedra 
conservamos del sabio maestro inolvidables recuerdos. Su hondo 
conocimiento de las Literaturas griega y latina, su entusiasmo por 
la enseñanza y su amor á la Universidad, cuyo Claustro ha presi- 
dido durante tanto tiempo, son méritos harto conocidos en aquella 
culta ciudad. Gracias al Sr. Esperabé Lozano, instituyéronse con 
las rentas délos antiguos colegios becas, que han servido y sirven 
de noble estímulo y generoso apoyo á muchos alumnos de la famo- 
sa Escuela. 

Entre aquéllas es de notar una, cuyas plazas se obtienen por ri- 
gfurosa oposición, proporcionando á los agraciados, siempre que 
obtengan en sus estudios cierto número de notas de sobresaliente, 
no sólo el disfrute de una decorosa pensión y la obtención gratuita 
de los títulos de Licenciado y Doctor, sino el aumento de dicha 
pensión para seguir en Madrid los estudios del'Doctorado, y la 
cantidad de 4.000 pesetas para vivir un año en una capital de 
Europa. 

También al Si". Esperabé se debe la construcción de casi toda 
la planta alta de la Universidad, la restauración del patio, la for- 
mación de una Biblioteca, cuyos libros pueden ser llevados por los 
alumnos á sus respectivos domicilios, y la adquisición de mucho 
v muy moderno material científico. 



- 120 - 

Hoy el Sr. Esperabé Lozano, al dejar el honroso puesto, lléva- 
se á su apacible retiro el respeto de sus conciudadanos, la alta es- 
timación de los profesores del Claustro salmantino, y el amor sin- 
cero de sus alumnos.— Zeda,-» 

CUANDO SU MUERTE 
De EL ADELANTO 

D. Mames Esperabé Lozano. — Esta madrugada ha fallecido 
repentinamente el ex-Rector de esta Universidad D. Mames Espe" 
rain'- y Lozano, venerable anciano, que era una de las instituciones 
salmantinas, y al que todas las clases sociales profesaban el res- 
petuoso cariño y admiración á que por sus talentos y virtudes ha- 
bíase hecho acreedor. 

Durante treinta y un años, D. Mames desempeñó el Rectorado 
de la Universidad salmantina, y su gestión fué de amor y de con- 
cordia entre profesores y alumnos y de acertada labor económica 
que salvó los restos de la grandeza de nuestra Escuela y permitió 
que ésta resurgiera potente y gloriosa de sus cenizas. 

Inteligente, liberal, hombre de lucha durante los años primeros 
de su juventud, dedicó su vida entera á la caridad, y fueron mu- 
chas las lágrimas enjugadas y los apuros salvados, gracias á su 
bondad de alma, que le hacía dar limosnas de amor y de dinero á 
cuantos á su corazón generoso recurrieron. 

Padre de los pobres, de los humildes, hermano cariñoso de sus 
compañeros de Claustro, director querido desús alumnos, D. Ma- 
mes fué durante muchos años el alma déla Universidad salmanti- 
na, y al abandonar ésta recibió pruebas inequívocas y expresivas 
del sentimiento que causó su voluntaria retirada. 

Sin tic mpo para hacer una biografía extensa y detallada, para 
consagrar á su memoria el espacio que sus méritos y virtudes 
merecieron, queremos hoy sólo exteriorizar la honda pena que 
sentimos por la muerte del que en vida fué modelo de caballeros 
y hombre de corazón grande y de alma generosa. 

Descanse en paz, y reciba su distinguida familia, y muy espe- 
cialmente su hijo D. Enrique, la expresión de la sincera pena con 
que nosotros y Salamanca entera participamos de su dolor. 

De EL LÁBARO 

D. Mames Esperabé y Los ano. — La muerte.— A las ocho clama- 
ron esta mañana las campanas de la Universidad, y aquellos majes- 
tuosos sones funerales tenían un decir más grave, más hondo, más 



- 121 - 

sentido y entraña que nunca. El pausado gemir del reloj universi- 
tario anunciaba la muerte del ilustre ex-RectorD. Mames Esperaba 
y Lozano, á quien debe llorar la gloriosa Escuela como algo de su 
vida, institución de su historia; quien estaba aún en pie para dar 
testimonio del fuego sagrado, del cariñoso ahincado afecto á la 
casa solariega de los saberes, de la cultura española. 

Ayer mismo andaba por esas calles el respetable maestro: era 
el último día de su vida, y no alteró en nada su itinerario. 

No faltaron los actos de su profesión de fe católica, el culto de 
sus oraciones, las prácticas religiosas. Comulgó y asistió repeti- 
damente al sacrificio santo déla misa. Compartió con sus hijos las 
horas de intimidad en su casa; por la tarde paseó, y descansó 
luego en la botica del Sr. Hoyos; se retiró temprano; hizo más 
tarde su visita v tertulia al Sr. Párroco de San Pablo 



Y sin notar malestar en su salud, tranquilamente se despidió 
de los suyos y durmió. 

A las tres de la madrugada se sintió mal; se obstinó en no mo- 
lestar á nadie ni llamar al médico. 

Su hijo llamó al facultativo; pero fué en vano. Cuando llegó el 
Sr. González, á las cuatro de la mañana, había expirado don 
Mames. 

Duelo ex Salamanca.— La aflicción natural para la familia toda 
ha sido reforzada por tan inesperada, rápida, desconsoladora 
muerte. 

Es fácil medir la rudeza del golpe para el apenadísimo amante 
hijo. ¡Pobre Enrique Esperahé, el amigo afectuoso de siempre! 

Pero si alguna vez se dice en verdad, ahora puede afirmarse 
que la muerte de D. Mames es un duelo de familia en Salamanca, 
y esa sincera participación ha de templar la amargura de los que 
lloran al padre, al deudo, al amigo, al maestro. 

La Universidad.— La Universidad se ha adelantado generosa 
á ocupar en este duelo el lugar preeminente, al lado de la fami- 
lia, formando con ella. 

Los decanos con el Sr. Rector, reunidos, han acordado lo más 
urgente, inmediato, para que el entierro y los funerales del Doctor 
D. Mames Esperabé sean expresión solemne de la gratitud de la 
Escuela y del respeto y afecto de su Claustro. 

I .os funerales serán mañana en la suntuosa iglesia de .San Es- 
teban, y seguidamente la conducción del cadáver al cementerio. 
El Claustro ha roto con sus olvidos y ante el cadáver del mantene 
dor entusiasta délas viejas, tradicionales, hermosas prácticas uni- 



- 122 - 

versitarias, mañana asistirá en pleno el cuerpo de catedráticos y 
doctores, vistiendo el traje académico, y puede asegurarse que 
descontando enfermos y ausentes, el Claustro universitario verda- 
deramente en pleno, acompañará hasta la puerta de San Ber- 
nardo. 

El Claustro está convocado para las diez de la mañana en la 
Universidad. 

Otro acuerdo de la junta del Rector y decanos ha sido celebrar 
otras exequias fúnebres, en día que no se ha señalado, en la capi- 
lla de la Universidad, habiendo encargado la oración fúnebre al 
Dr. D. Francisco Jarrín y Moro, Chantre de la Catedral. 

Acordaron también, y el Sr. Unamuno nos ruega en atenta 
carta que lo hagamos público, invitar á los estudiantes todos á que 
asistan al funeral y entierro del difunto D. Mames Esperabé, tri- 
butándole esta prueba de arraigada estimación y respeto. También 
invitan el Rector y los decanos, en nombre de la Universidad, al 
pueblo salmantino 



Pero llegamos á fechas y sucesos recientes que están grabados 
con la gratitud de Salamanca. 

En 1900 el decreto de García Alix estableciendo la jubilación 
forzosa y que movilizó los escalafones, retiró de su cátedra y del 
Rectorado al Excmo. Sr. D. Mames Esperabé, cuando aun su in- 
teligencia y su voluntad estaban en vigor y cuando la Universidad 
podía esperar mucho de su celo é interés por la prosperidad de la 
Escuela. 

El pueblo no acertó á entender cómo D. Mames, viviendo, po- 
día dejar la Rectoral, y hay que decirlo porque es verdad, la gen- 
te salmantina siguió quitándose el sombrero al Sr. Esperabé y sa- 
ludándole: «Adiós, Sr. Rector». 

Y esta mañana, cuando la gente menestral, la gente del pueblo 
corría la voz de la triste nueva, la anunciaba diciendo: «Se ha 
muerto el Rector de la Universidad». 

De tal suerte estas expresiones de naturalidad significaron 
cómo se había identificado D. Mames en Salamanca con el culto 
á la celebérrima Universidad. 

I .os pobres eran socorridos con mano larga por su caridad. 

Desús lágrimas y de las oraciones amigas recibirá el piadoso 
sufragio su alma. 

Descanse en paz. 



- 123 - 
De EL CASTELLANO 

D. Mames Esperabé.—E\ anciano y venerable ex-Rector de 

nuestra Universidad ha fallecido esta madrugada, sin que la más 
ligera indisposición hubiese podido anunciar ni á los extraños ni 
á los suyos su próximo fin. Su equilibrado espíritu corría parejas 
con su salud y su robustez física, jamás quebrantada, y que se 
sostenía vigorosa, no obstante el peso de los años. 

D. Mames era tan popular como querido entre nosotros: para 
comprender toda la estimación en que se le tenía, bastará decir 
que las gentes continuaban llamándole «El Rector», más que por 
la costumbre, sin duda, por el deseo de distinguirlo con un título 
tan honroso. 

Rector había sido D. Mames durante treinta y un años, ejer- 
ciendo aquel cargo sin interrupción desde el año 1869, en que fué 
nombrado por un Gobierno revolucionario, hasta el día en que se 
decretó, en el año 1900, la jubilación de los catedráticos que hu- 
bieran cumplido setenta años. 

Juntamente con la Rectoral, desempeñó siempre la cátedra de 
Literatura latina, revelando en ello sus dotes de maestro, que 
eran notabilísimas, pues no sólo sabía enseñar, sino que sabía 
también hacerse querer de sus discípulos, verdadero y sublime 
ideal del magisterio. 

Como Rector, su labor universitaria fué constante y fecunda. 
En el edificio de la Universidad introdujo reformas importantes y 
normalizó su régimen, dando pruebas á la vez de su bondad, de su 
tacto y de su energía, sosteniendo con valor, cuando llegaba el 
caso, los fueros y derechos de la Universidad, y manteniendo los 
prestigios del Rectorado contra los ataques de los que tal vez le 
miraban con hostilidad, creyéndole representante del Gobierno 
central, cuya conducta se inspiraba en ideales de progreso y de 
libertad, contrarios á ciertas tendencias reaccionarias. 

Al frente de la Junta de Colegios, y secundado por el inolvida- 
ble Ares, llevó á cabo la magna empresa de recabar contra las de- 
masías desamortizadoras de los Gobiernos y la rapacidad del Fis- 
co, los bienes que constituían el patrimonio de las fundaciones de 
enseñanza y reorganizó esas instituciones dándolas el carácter 
que demandaban los nuevos tiempos y bis vigentes leyes. 

1.1 venerado D. Mames tenía, pues, derecho á la consideración 
pública de que gozaba. Hombre bueno, probo, modesto y lleno de 
alecto para con todo el mundo, catedrático ilustrado y competen- 
tísimo, jamás hubiera podido dejar de estimarle quien le conocie- 
ra, y conocido era de nuestra ciudad, cuya principal institución do- 



- 124 - 

cente, su Universidad, le es deudora de tan largos y notables 
servicios. 

Salamanca está de duelo, y en él es justo que tome parte muy 
principal la prensa de la localidad, que no puede hacer en esta oca- 
sión, al dar cuenta del repentino fallecimiento del ilustre ex-Rec- 
tor, otra cosa que ser intérprete del general sentimiento. 

El fallecimiento.— Ocurrió esta madrugada, poco después de 
las cuatro, y de manera tan inopinada, que cuando el médico de 
la casa Sr. González, que fué avisado inmediatamente, llegó al do- 
micilio del Sr. Esperabé, éste había fallecido. 

D. Mames gozaba de una salud inalterable, y ayer, como de 
costumbre y á pesar del mal tiempo, concurrió de seis á ocho de la 
noche á su diaria tertulia de la botica del .Sr. Hoyos, donde anima- 
damente conversó con todos los buenos amigos que allí acostum- 
bran á reunirse. 

A la hora indicada se retiró á su domicilio, mostrando al des- 
pedirse de sus contertulios su buen humor habitual. Como de or- 
dinario cenó acompañado de sus hijos y se retiró á descansar sin 
que se notase en él el más leve signo de enfermedad. 

Poco antes de las cuatro de la madrugada D. Mames sintióse 
enfermo y avisó á la familia que le vio acometido de un ligero ata- 
que de disnea que le produjo instantáneamente la muerte sin ma- 
yores angustias. 

La noticia del fallecimiento cundió rápidamente por la ciudad 
é inmediatamente acudieron á la casa mortuoria los más íntimos 
amigos, casi todos los catedráticos, empleados y dependientes de 
la Universidad, el actual Rector Sr. Unamuno que profesaba al 
finado un singular afecto, y multitud de personas significadas que 
han testimoniado á la familia del Sr. Esperabé y más particular- 
mente á su hijo D. Enrique el sentimiento de que se hallan po- 
seídos. 

La muerte del Sr. Esperabé atribuyese por los médicos á un 
ataque de congestión cerebral 



Rasgos di-: modestia.— Muchos podrían referirse del ilustre 
ex-Rector, reveladores de esa virtud en él característica; pero en- 
tre todos relataremos uno que es tan notable y elocuente como 
poco conocido. 

Cuando el Gobierno del Sr. Silvela se vio precisado á admitir la 
renuncia del cargo de Rector presentada por D. Mames que al ser 
jubilado como catedrático por ministerio de la ley se apresuró á 
tomar aquella determinación, quiso darle una prueba de su alta 



- 125- 

estimación y de lo mucho que apreciaba sus singulares mereci- 
mientos, y al efecto comisionó al nuevo Rector Sr. Unamuno á fin 
de que explorase el ánimo del Sr. Esperabé y viese si se hallaba 
dispuesto á aceptar un título de Castilla que el Gobierno pensaba 
ofrecerle como recompensa. 

El Sr. Unamuno cumplió en efecto su cometido, y enteró á su 
noble amigo de lo que se proyectaba. 

Pero el Sr. Esperabé agradeciendo el ofrecimiento que se le 
hacía, lo rehusó con tan pertinaz insistencia y alegando tan since- 
ras razones que el Jefe del Gobierno y el Ministro Sr. García Alix 
se vieron precisados á desistir de su propósito. 

Invitación á los estudiantes.— El Sr. Rector, los decanos de 
las cuatro Facultades y el director del Instituto provincial nos rue- 
gan que en su nombre invitemos á todos los estudiantes á que con- 
curran mañana á los funerales y conducción del cadáver. 

El entierro. — Se verificará mañana después del funeral que 
habrá de celebrarse en la iglesia de Santo Domingo á las diez y 
media de la mañana. 

A éstos es casi seguro que asistan en corporación los escolares 
todos, llevando las banderas de las respectivas Facultades. 

Se tributarán al Sr. Esperabé iguales honores que á los cate- 
dráticos en ejercicio. 

De EL ADELANTO 

El Rector D. Mames.— Ayer, al mediar el más triste de los días 
otoñales de este año, nuestra ciudad, acudiendo en masa á la cere- 
monia, dio cristiana sepultura al insigne maestro que fué, durante 
largo tercio de siglo, encarnación viva del genio salmantino, al 
Rector D. Mames. 

La familia recluyó cariñosamente el cadáver en la casa mor- 
tuoria, preparó el funeral y prodigó limosnas. 

Mas el acto grandioso de conducir aquellos venerados restos 
pertenece á la población, que acudió presurosa y triste á rendir 
homenaje de respeto á quien llevó su nombre, ensalzó su fama y 
difundió su gloria en labor constante y meritísima por la bondad 
en que se inspiraba, por el bien que perseguía y por los éxitos que 
alcanzara en afortunada y laboriosa gestión. 

Allí, en aquella grandiosa ceremonia, estaba Salamanca, cuyo 
espíritu, cuyo sentimiento, palpitando de hondo dolor, tratamos de 
reflejar en estas líneas, no para expresar nuestra opinión, sino la 
de un pueblo agradecido, la de una ciudad que identificada y con- 
fundida con su Universidad, no olvidará nunca que el insigne Rec- 
tor D. Mames restauró los prestigios de la vieja Escuela y preparó 



- 126 -- 

su renacimiento, dando nueva vida á preciosas instituciones y su- 
jetando la acción de los poderes por salvar los restos que quedaban 
del viejo alcázar del saber. 

Y todo en silencio, modestamente, sabiamente, como si fuera la 
propia Universidad, la propia ciudad, el genio de Salamanca, quien 
movía resortes, estimulaba voluntades é impulsaba iniciativas para 
salvar la veneranda Escuela. 

Esta labor de treinta años, realizada por el Sr. Esperabé Loza- 
no con sin igual desinterés, hubiera sido pedestal suficiente para 
conquistar la más alta posición que la justicia reserva siempre á 
los hombres eminentes. Pero el mérito incomparable de D. Mames, 
el que más realce da á su figura, es que llevaba con tan grande 
respeto y cariño el nombre de la Universidad, el nombre de Sala- 
manca, que el suyo no aparecía nunca; por eso se agrandó y reso- 
nó en todas partes el del viejo estudio y por eso Salamanca rindió 
en vida el mayor de todos los respetos al Rector D. Mames y en 
estos momentos le proclama digno de la pública estimación y de 
preferente lugar entre los más preclaros de sus hijos. 

Doblando á muerto la campana de la Universidad, silenciosos 
los Claustros, porque se cerraron en señal de duelo las puertas de 
los centros docentes, triste la juventud escolar, que conserva el re- 
cuerdo de aquel glorioso Rectorado, apenado el pueblo que adora- 
ba á D. Mames y pendiente la oración de los labios y las lágrimas 
de la mejilla, acude Salamanca primero al más grande de sus tem- 
plos, donde por excepción se verifica el funeral y después á llevar 
el cadáver en hombros, como se lleva lo que más se ama y se 
venera. 

Órganos nosotros de opinión local, meros cronistas que aspira- 
mos á que se ocupe pronto el pedestal que la muerte quedó vacío, 
tenemos que declarar y reconocer que esa gran figura que hoy 
ofrecemos al lector, no es obra de nuestro cincel, la ha tallado con 
maestría é inspiración divina la propia capital, agradecida al maes- 
tro en el saber, al maestro en la enseñanza, al maestro salmantino 
que nos ha enseñado á hacer patria, ciudad, Salamanca, á hacer 
España, pues si cada uno en su esfera hiciese labor análoga á la 
que realizó el Rector D. Mames, nuestra patria sería grande y po- 
derosa, porque la grandeza y el podar de una nación proviene de 
las partes que forman el conjunto. 

Elevemos, pues, las grandes figuras regionales, que de ese modo 
los conceptos de justicia no quedarán olvidados, y nuestros suce- 
sores bendecirán la memoria de los que pusimos nuestra voluntad 
al servicio de causa tan simpática y, sobre todo, tan salmantina. 

El funeral.— El amplio templo de Santo Domingo era insufi- 
ciente para contener á las personas de todas las clases sociales 



- Í27 - 

que á él acudieron deseosas de tributar á D. Mames el último ho- 
menaje de respeto y cariño. 

junto al altar mayor alzóse severo catafalco que lucía el escu- 
do de la Universidad, y á su lado, emocionados, oraban los anti- 
guos servidores de D. Mames, que como á padre más que como á 
dueño lo consideraban, y por cuyas curtidas mejillas rodaban 
lágrimas de amor. 

Después, en bancos, la Universidad en pleno, los doctores con 
sus birretes, y presidiendo el duelo los Sres. Rector y Vice-Rector 
de la Universidad, decanos de las Facultades, director de la Nor- 
mal de Maestros, Alcalde, Gobernador civil, autoridades militares 
y numerosos estudiantes. 

El entierro.— Desde mucho antes de la hora señalada para el 
mismo, la calle de San Pablo y plaza de Colón fueron invadidas 
por numerosos grupos de personas que esperaban la salida del 
cadáver. 

Formando dos grandes hileras se veían en la calle de San Pa- 
blo infinidad de pobres con hachas, asilados del Hospicio, ancia- 
nos Je las Hermanitas de los Pobres, y á la puerta de la casa mor- 
tuoria había varios coches particulares y el de la funeraria tirado 
por cuatro caballos. 

Los balcones de las casas estaban atestados de gente y á la 
plaza de Colón no cesaban de llegar amigos del finado con objeto 
de acompañarle hasta su última morada. 

Llovía á ratos con verdadera furia; soplaba fuertemente el 
viento, y esto hizo que la manifestación de duelo no fuera tan 
grandiosa como se esperaba. 

Sin embargo, bien podemos decir, en honor á la verdad, que 
todo lo que Salamanca encierra de bueno, que lo más selecto y lo 
más distinguido acudió en masa al triste acto de rendir homenaje 
de cariño al venerable anciano muerto, y que fué la solemne cere- 
monia brillantísima y extraordinariamente concurrida. 

Pocos minutos después de las doce llegaron á la casa mortuoria 
el Sr. Unamuno, el Gobernador civil, el Alcalde y el Claustro de 
doctores, formándose acto seguido la comitiva. 

Abrían marcha los ciriales con cruz alzada, siguiendo detrás 
un sacerdote, y á los lados compactas filas de menesterosos lle- 
vando hachas. 

A continuación, vistiendo de toga, marchaban los doctores del 
Claustro universitario, entre los que recordamos á los Sres. 1 kis- 
tos, Núñez (A.), Díaz Redondo, Hoyos, González Cobos, Bedmar 
(hijo), Beato, Berrueta (J.), López (P.), Ñuño Beato, Miral, Sesé, 
González (I.), Berrueta (M.), Bar anona, García Tejado, Tapia, 
Campo, Calzada, Méndez Seijas, Madruga y Concha Alcalde. 



- Í28 - 

Seguía el cadáver, encerrado en soberbio féretro que era lleva- 
do en hombros de empleados de la casa y del que pendían ocho 
cintas que llevaban los Sres. Sánchez Mata (decano de la Facultad 
de Derecho), Muñoz Orea (de la de Filosofía y Letras), Segovia 
(de la de Medicina), No García (de la de Ciencias), Rey mundo por 
el Claustro del Instituto, Sanz y Muñoz por el de la Normal de 
Maestros, el Rector del Colegio de Nobles Irlandeses, y el estu- 
diante D. José María Onís y Sánchez, en representación del cuer- 
po escolar. 

Sobre el féretro fueron colocados el birrete, la muceta y la ban- 
da de Isabel la Católica, condecoración, que entre otras muchas, 
poseía el ilustre muerto. 

Delante del féretro marchaban los bedeles de la Universidad 
con las macetas enlutadas. 

El duelo lo presidían los Sres. Unamuno, Rector de la Univer- 
sidad; el Vice-Rector, Sr. Cuesta (D. S.); el Gobernador civil, se- 
ñor Larrondo; el Alcalde, Sr. Hernández Sanz; el presidente del 
Colegio de Abogados, Sr. Cuesta (D. T.); el Chantre de la Cate- 
dral, Sr. Jarrín; el teniente de Albuera, Sr. Pizarro; el Sr. Artea- 
ga (D. V.), pariente del finado, y el famacéutico, Sr. Hoyos. 

Y seguidamente iba el acompañamiento, selecto, distinguido, 
numerosísimo. 

Imposible sería citar nombres; la concurrencia era grande y 
habríamos de incurrir en lamentables omisiones. 

Ya lo decimos antes: todo lo que Salamanca encierra de nota- 
ble hallábase allí representado dignamente: las ciencias, las artes, 
el comercio, la industria, la prensa; todo cuanto significa vida, 
todo cuanto honra á nuestra ciudad acudió á rendir el último tri- 
buto de cariño y de respeto al que durante tantos años fué Rector 
de nuestra gloriosa Universidad. 

Marchaba detrás del acompañamiento el coche fúnebre, tirado 
por cuatro caballos, y luego varios carruajes particulares. 

En las afueras de San Bernardo se despidió el duelo, y muchos 
siguieron el cadáver hasta el Cementerio. 

¡Descanse en paz el venerable anciano, y reciba de nuevo su 
familia, especialmente su hijo D. Enrique, el más sincero pésame 
de la redacción de El Adelanto! 

Del BOLETÍN DE PRIMERA ENSEÑANZA 

Publica la papeleta y dice: 

«La Redacción del Boletín de Primera Enseñanza por sí y en 
nombre del profesorado del distrito universitario, cuya suprema 
jefatura ostentó, con tanto acierto como celo, justificación y leal- 






- Í29 - 

tad por espacio de treinta y un años, el ilustre finado, envía á sus 
afligidos hijo D. Enrique é hija política D. a Celia González Cobos, 
la expresión más sincera de sentimiento y profundo dolor por la 
irreparable pérdida que acaban de sufrir; y esté segura la apena- 
da familia que los que fuimos sus subordinados y admiradores de 
sus virtudes, elevamos al Dios de las misericordias, en unión de 
los niños de nuestras escuelas, fervientes plegarias en súplica del 
eterno descanso para el que en vida fué, más que Rector, cariñoso 
padre de los maestros.» 



De EL ADELANTO 

Funerales en la Universidad por el alma de D. Mames Esperabé 
Lozano.— La oración fúnebre del Chantre Sr. Jarrin. — Cláu- 
sula testamentaria en favor de la Universidad. Cartas de 
pésame. 

Como oportunamente anunciamos, ayer mañana, á las diez y 
media, se celebraron en la capilla de la Universidad solemnes 
honras fúnebres por el eterno descanso del inolvidable ex-Rector 
de la Universidad, D. Mames Esperabé Lozano. 

A ellas asistió numerosa concurrencia, en su mayoría de es- 
colares. 

A la hora señalada para celebrar las honras, llegó á la Univer- 
sidad el Sr. Obispo de la diócesis Rvdo. P. Yaldés, el cual entró 
en la capilla acompañado del Rector, Sr. Unamuno; del Vice-Rec- 
tor, Sr. Cuesta; del Gobernador civil, Sr. Larrondo, y del derano 
de Derecho, Sr. Sánchez Mata. 

En los bancos destinados en la capilla para los doctores vimos 
vistiendo toga á los Sres. Unamuno, Muñoz Orea, González Do- 
mingo, López (D. Pedro), Ruano, Hoyos (D. R.), Amador y An- 
dreu, Concha Alcalde, Reymundo, Aparicio, Sesé, Martín Sánchez, 
J.iramillo, Bedmar (hijo), Vázquez de Parga, Calzada, Borregue- 
ro, Díaz Redondo, Beato, Nó (hijo), Cuesta, No (D. E.), Sánchez 
Mata, Rodríguez Miguel, Corredera, Retuerto, Miral, Requejo, Ji- 
ménez, Diez (D. R.), Diez (D. A.), La Riva Iglesias, Peláez, Be- 
rrueta, Téllez, Madruga, Sánchez García, Hoyos (hijo), González 
Cobos y Bustos. 

De paisano á los Sres. Vahamonde, Boyer, García Tejado, Sán- 
chez Gómez, Beato, Cañizo, Bedmar, al director de la Normal de 
Maestros, Sr. Sanz, á los profesores de esta Escuela Sres. Allú, 
Garría Sánchez y Niño, al Rector del Colegio de Nobles Irlande- 
ses y á los canónigos Sres. Redondo y de La Mano. 

9 



- 130 - 

Presidían el duelo el Gobernador civil Sr. Larrondo y el Padre 
Matías, en representación de los PP. Dominicos. 

Ofició el Sr. Deán asistido de los canónigos Sres. Campoamor 
y Sanz. 

El Sr. Obispo tomó asiento en el presbiterio. 

Terminada la misa, el Chantre de la Catedral Sr. Jarrín pro- 
nunció la siguiente oración fúnebre, muy sentida y llena de elo- 
gios para el venerable anciano muerto: 

Comenzó el Sr. Jarrín su oración hablando del día de difuntos, 
en que las campanas de la población doblaban por los que fueron 
y recordando la impresión que en su alma produjo el sonido de la 
campana de la Universidad anunciando la inesperada muerte del 
ex-Rector D. Mames Esperabé. 

Citando textos de las Sagradas Escrituras sobre la brevedad 
de la vida, pinta el dolor de los amigos y parientes del Sr. Espe- 
rabé al enterarse de su muerte. 

El Sr. Esperabé, que vivía alejado del mundo, sin mezclarse 
en las luchas y contiendas mundanas, murió sin pompas ni apara- 
to y con la sencillez de un hombre bondadoso. 

La memoria del Rector muerto pide algo más que un recuerdo, 
y este algo son las honras que por su alma se están celebrando en 
este momento en el santuario del saber, en esta Escuela, á la que 
dedicó en vida todos sus afanes. 

A nadie debe extrañar que estos funerales se celebren en la 
capilla de la Universidad, porque el título 52 de los Estatutos dis- 
pone que se celebren honras por todos los graduados de la Es- 
cuela. 

Echando una rápida ojeada sobre las épocas gloriosas de nues- 
tra Universidad, dijo el Sr. Jarrín que ahora, merced á los trabajos 
de los becarios, por quienes el Sr. Esperabé se interesó siempre 
grandemente, se ha conseguido que el nombre de la Universidad 
salmantina vuelva á pronunciarse con elogio en Bélgica, Alema- 
nia, Italia y Francia. 

Hizo una breve biografía del Sr. Esperabé, recordando que ha- 
bía explicado varias asignaturas en la Universidad Central y que 
se desvanecieron muy pronto los recelos que produjo el discurso 
que pronunció al tomar posesión de su cátedra. 

Después de esto, estudió la vida del Sr. Esperabé como profe- 
sor, como jefe de la Universidad, como orador y sobre todo como 
defensor de los derechos de nuestra Escuela. 

Recordó la benevolencia del antiguo Rector con los estudian- 
tes, concediéndoles vacaciones cuando se las pedían por motivos 
que le parecían justificados, romo ocurría en Semana Santa, en que 
les concedía permiso para que pudieran cumplir con la Iglesia. 



- 131 - 

Quizá, decía el Sr. Jarrín, si esta costumbre se hubiera segui- 
do, no hubieran ocurrido los sucesos del 2 de Abril. 

En toda la Universidad hay pruebas manifiestas del interés que 
siempre inspiró el Sr. Esperabé, pero sobre todo las hay en esta 
capilla, á la que donó varios cuadros y diferentes objetos que re- 
cordarán eternamente su nombre, entre los que se destaca la Vir- 
gen del Pilar, que hizo donación últimamente, como testimonio de 
su religiosidad y de su amor á la tierra aragonesa, donde había 
nacido. 

El era el primero en asistir á mantas ceremonias religiosas se 
celebraban en la Universidad, y el primero que acompañaba á la 
Mesa de los ángeles. 

Bien claro ha demostrado el Sr. Esperabé su amor á la Univer- 
sidad con el legado hecho á su muerte, consistente en 5.000 pese- 
tas para que las aplique el Claustro á necesidades de la enseñanza 
y 3.000 á las Facultades de Ciencias y .Medicina, á más de un im- 
portante legado para limosnas á los pobres de Salamanca. 

Terminó su oración el Sr. Chantre diciendo que el Sr. Espera- 
bé había sido en vida de una honradez intachable, de una modestia 
sin límites y de una gran religiosidad, así como de una caridad 
inagotable, y pidió á todos que le encomendaran al Señor en sus 
oraciones para que le concediera el descanso eterno. 

La oración del Sr. Jarrín, que duró unos veinte minutos, fué 
escuchada con extraordinario interés y muy elogiada. 

Telegramas y cartas de pésame. — Nuestro querido amigo el 
Sr. Esperabé (D. Enrique), y su distinguida familia han tenido el 
consuelo, en medio de la irreparable desgracia que les aflige, de 
recibir numerosísimas y sentidas manifestaciones de duelo, prue- 
bas elocuentes del cariño y respetuosa adhesión de que gozaba el 
ilustre ex-Rector de la Universidad, D. Mames Esperabé. 

He aquí algunos de tan delicados homenajes: 

Telegramas.- Director del Instituto de Cáceres al Rector de la 
Universidad. — En nombre de este Claustro expreso vuestra ilus- 
trísima la profunda pena que nos embarga al saber triste noticia 
fallecimiento inolvidable Rector D. Mames Esperabé. — Castillo. 

. II Rector de la ( r niversidad de Salamanca el Claustro de Ovie- 
do. Enviamos á la Universidad salmantina sentido pésame muer- 
te antiguo é ilustre Rector Esperabé.— Rector Canetta. 

C '.astas.— De D. Luis Maldoiiado. —Querido Enrique: Acabo 
ile leer en El Imparcial la noticia de la gran desgracia que apena 
á tocia Salamanca, y que á vosotros especialmente os aflige. Era 
nuestro querido D. Mames un verdadero patriota de nuestra tie- 
rra, á quien todos queríamos y respetábamos como á un padre, y 
del cual conservaremos todos, y yo tanto como el que más, memo- 



- 132 - 

ría grata y veneranda. Yo os envío mi pésame y uno mi dolor al 
vuestro y al de toda Salamanca, elevando al Señor mis oraciones 
por el alma de aquel que fué honra de nuestra Escuela y dechado 
de caballeros. Y no te escribo más porque no quiero que mi senti- 
miento desborde en palabras. Ya habrás recibido un telegrama 
mío. Te abraza tu amigo, Luis. 

De D. Francisco Giner de los Fios. —Sr. D. Enrique Espera- 
bé.— Amigo mío: Al leer esta mañana los diarios, sentí la amarga 
impresión que Ud. comprenderá, al recordar la sincera y larga 
amistad que me unió siempre con su buen padre (q. D. p.) Cuén- 
teme Ud. y todos los suyos en el número de los que conservarán 
perpetua memoria de aquel excelente hombre, á cuya bondad de- 
bimos tantas atenciones todos mis compañeros en esta institu- 
ción, que se unen en sus sentimientos á su afectísimo buen amigo, 
F. Giner. 

De D. Segismundo Moret.—E?icmo. Sr. Rector de la Universi- 
dad de Salamanca.— Muy Sr. mío, amigo y compañero: Tienen 
por objeto estas líneas ofrecer al Claustro de esa Universidad mi 
pésame muy sentido por la muerte del Sr. Esperabé, que en vida 
dio días de gloria al profesorado español, y especialmente al de 
vSalamanca. Recíbalo Ud. con la misma sinceridad con que se lo 
envío, y al transmitirlo á sus compañeros, asegúreles que soy suyo 
afectísimo s. s. q. b. s. m., S. Moret. 

De D. Fernando Alfaya. — Sr. D. Enrique Esperabé. Mi queri- 
do amigo: Ayer como domingo salí de Madrid, y hoy á primera 
hora, al coger El Imparcial, que no había leído por esa causa, me 
encuentro la fatal nueva de la desaparición de aquel cariñosísimo 
padre de Ud., todo bondad, todo afecto, todo rectitud y á quien yo 
recordaba constantemente como algo que se relacionaba conmigo 
íntimamente. Paso una de las grandes amarguras de mi vida ante 
la consideración de que no volveré á verle, ni á tener noticias 
suyas. Hace muy pocos días preguntaba en este Ministerio con el 
más vivo interés por él, á su suegro de \5á., y me decía que iba 
defendiéndose. Dios ha querido llevárselo cuando aun creíamos 
ver prolongarse su vida. A lh\. en verdad no sé que decirle siendo 
el ejemplar más extraordinario que he conocido de amor filial y 
de identificación con el autor de sus días. Sírvale de consuelo que 
Dios ha premiado las virtudes del finado, y que cuantos tuvimos 
la dicha de conocerle, con Uc\. lloraremos siempre su pérdida. Le 
abraza entrañablemente su invariable amigo que le quiere, Fer- 
nando . Ufa ya. 

De D. Juan Garda Nieto. Sr. I). Enrique Esperabé.— Muy 
Sr. mío y distinguido amigo: Recibo la esquela de fallecimiento de 
su inolvidable padre y mi venerado maestro D. Mames (q. g. h.); 



— 133 — 

terrible desgracia que no sólo llena de luto el alma de Udes. y de 
cuantos nos honrábamos con la amistad del ilustre y respetable 
difunto, sino que constituye una irreparable pérdida para la patria 
y para la ciencia, de cuyo culto era él uno de los más fervorosos 
sacerdotes. Profundamente afectado por la catástrofe me apresuro 
á comunicar á Ud. la mucha parte que tomo en el legítimo dolor 
que les aflige, rogando á Ud. se haga intérprete de mis sentimien- 
tos cerca de toda su distinguida familia. 

¡Descanse en paz el sabio maestro, y Dios haya acogido su 
alma en su santo seno. Con tan triste motivo se reitera de VW. suyo 
afectísimo amigo, Juan García Nieto. 

El Excmo. é limo. Sr. Obispo de Zamora— Al Sr. D. Enrique 
Esperabé y familia bendice afectuosamente y les expresa el senti- 
miento grande que experimenta por el fallecimiento de su señor 
padre, tan digno de la estimación general de que gozaba, y de la 
particular que le profesaba este su sincero amigo que encomienda 
áDios al finado, pidiendo además para Udes. perfecta resigna- 
ción.- -Litis Felipe. < >bispo de Zamora. 

De D.José Sánchez Rojas.— Sr. D. Enrique Esperabé.— Mi dis- 
tinguido amigo: Con verdadera pena he sabido el fallecimiento de 
su señor padre, y créame que con el alma entera me asocio á su 
dolor por esa desgracia. 

Yo quería al buen D. Mames mucho, y tendré de él un vivísimo 
recuerdo. Era uno de esos hombres que sabían hacerse querer y 
ser queridos, uno de los pocos que no han dejado en su paso por 
la vida ni la más ligera enemistad, y cuya memoria será guardada 
por todos. 

Me asocio, pues, á su dolor muy de veras y en espíritu. Créame 
que soy suyo afectísimo amigo s. s. q. b. s. m., José Sánchez Rojas. 

De D. José Man ud Segura.— Sr. D. Enrique Esperabé.— Mi 
querido compañero: Me he enterado de la muerte de su señor pa- 
dre q. e. p. d.) mi querido Rector, mi inolvidable amigo, cuyas 
bondades y cariño las conservaré siempre grabadas en mi alma; 
jamás se borrará mi recuerdo de mí. Este verano sólo pensé en ir 
á esa por darle un abrazo; me apena extraordinariamente no ha- 
berlo hecho: inquieto por la salud de mi mujer, tuve que regresar 
antes de lo calculado de mi excursión veraniega. En la iglesia de 
las Escuelas de ManjOn se dirá una misa en sufragio del alma de 
mi queridísimo amigo 1). Mames, los niños rezarán por él, que era 
un espíritu justo y bueno y merecía el cariño de cuantos lo trata 
mos; que Dios lo acoja en su seno y dé á Vci. resignación para 
soportar tan grande pérdida. 

Reciba \^c]. y ron la expresión de mi gran sentimiento, un abra- 
zo cariñoso.— José Manuel Segura, 



- 134 - 

De D. Francisco I. Bautista, párroco de Arroyomuerto.— 
Sr. D. Enrique Esperabé.— Afligido y desconsolado señor: Al leer 
ayer un periódico de esa localidad, vi un anuncio en primera pla- 
na: triste, negro y escrito en abultados caracteres; terrible sorpre- 
sa: ha muerto un hombre insigne, un caballero noble, un sabio 
consumado, un perfecto cristiano, tal era la voz de mi alma; pero 
fué más allá mi pensamiento; me acordé del profundo dolor en que 
los había puesto la inesperada pérdida; me acordé del sufrimiento 
cruel que devora el corazón del hijo amante, con la muerte del 
bondadoso padre; me acordé de los terribles momentos aquellos, 
de ingrata memoria, en los que el venerable anciano, cual otro 
Jacob, bendecía á Udes. para emprender e! largo viaje de la eter- 
nidad: qué desconsuelo, qué torturas, qué ratos tan penosos ha- 
brán Udes. pasado; lo concibo, lo creo, lo siento en el alma, y en 
prueba de ello, envía á Udes. la expresión sincera de su profundo 
sentimiento este su afectísimo seguro servidor y capellán que en 
estos momentos dirige al cielo una oración por el finado, Francis- 
co T. Bautista. 

De D. José de Cárdenas. — Sr. D. Enrique Esperabé.— Mi que- 
rido amigo: He tenido un verdadero sentimiento con la muerte de 
su excelente padre y buen amigo (q. e. p. d.); recuerdo siempre las 
deferencias que le merecía, y Salamanca y su ilustre Universidad 
no creo olviden nunca los eminentes servicios del antiguo y bene- 
mérito Rector tan apreciado y querido de todos. Reciba Ud. mi 
más sentido pésame y disponga como guste de su más afectísimo 
amigo, José de Cárdenas. 

De D. Fermín Hernández Iglesias. — Sr. D. Enrique Esperabé 
Arteaga.— Querido amigo: No tengo palabras con qué significarle 
mi pena por la desgracia que aflige á Ud. La misma intensidad de 
la pena me ha caído la pluma délas manos cuando he tratado de 
escribir á Ud. No sé qué decirle. No puedo decirle cuanto siento. 
Me hubiera satisfecho más estar al lado de Ud. y con Ud. abraza- 
do llorar y desahogarme. He perdido el más generoso amigo y de 
quien más pruebas de sincero afecto he recibido en mi larga vida. 
Su hijo es y será siempre quien tenga más derecho á recordarme 
esta mi declaración. No puedo decir más á Ud. Si hoy hiciera otra 
cosa, amenguaría la vigorosa sinceridad de sentimiento. Mi mujer 
se asocia á vuestro dolor. Quería mucho á Mames, y en su estado 
delicadísimo ha sentido hondamente la desgracia. Ella y yo pedi- 
mos á Dios que reciba en su gloria á nuestro inolvidable amigo y 
que envíe á Udes. los consuelos que necesita. Ambos ofrecemos 
nuestros respetos á su señora, y á Ud. le abraza su viejo amigo, 
Fermín H. Iglesias. 

De D. Ángel Pulido.— Sr. D. Enrique Esperabé.— Mi distinguí- 



- 135 - 

do amigo: Asocio mi condolencia, que de todo corazón le transmi- 
to, al sentimiento general de su familia, sus amigos y Salamanca 
toda, por la desgracia que les aflige con motivo de la muerte de 
D. Mames. No por ser muy avanzada la edad del sabio é ilustre 
ex-Reetor resultaba su existencia menos necesaria y menos queri- 
da á tanto amigo y respetuoso admirador como tenía. Pido á Dios 
le tenga en su gracia y á Udes. les deseo resignación y salud para 
encomendarle al Padre de todos. Sabe le quiere su siempre afectí- 
simo amigo q. b. s. m., Ángel Pulido. 

De D. Juan Uña.— Sr. D. Enrique Esperabé.— En este pueblo, 
donde me encuentro de temporada, acabo de recibir la noticia que 
me anuncia que hemos perdido para siempre, Ud. á su buen padre 
y yo á uno de mis más fieles, más nobles y más queridos amigos y 
compañeros, á quien deseo eterna y santa paz. Téngame Ud. con 
su señora y sus niños por asociados á su dolor, así como á toda mi 
familia, que conmigo hace votos porque recobren Udes. la tranqui- 
lidad perdida por semejante desgracia. Es de Ud. muy afecto ami- 
go, Juan Illa. 

Continuaríamos la serie de esta clase de manifestaciones, si los 
límites de periódico lo consintieran: mas en la imposibilidad de ve- 
rificarlo, y si las notas tomadas no nos son infieles, han escrito, 
además, los señores siguientes: 

Sánchez Arjona, Pérez Oliva, Sánchez Albornoz, general Ló- 
pez Domínguez, Montero Ríos, Vincenti, Duque de Sotomayor, 
Diez Macuso, Bullón de la Torre, Marqués de Cerralbo, Groizard, 
D. Victoriano Guzmán, Marqués de Villa-Alcázar, Ojesto, D. Ju- 
lián Calleja, Cavestany, Cogorza, Solier, Conde de Lumbrales, 
Montalvo, D. Tomás Moreno, D. Juan y D. Eduardo Aparicio, 
D. Antonio y D. Guillermo Ortega, Astola de la Riva, Alba Fru- 
zado, Miguel Pérez, D. Ramiro Navas, Martínez Mendoza, Ruiz 
Arenas, D. Francisco Casas, D, Guillermo Sáez, Villalobos, doctor 
Mercado, D. Manuel Muñoz Orea, Directora de la Normal de Cáce- 
res, D. Ramón Losada, Sons y Castelín, Medina Carrascal, Mar- 
qués del Romeral, Bedmar Escudero, Campos Notario, Oliva Rodrí- 
guez, Galarza, Ochoa, Marqués de Albaida, D. Salvador Toribio, 
Sánchez Bordona, D. Evaristo Pinto Sánchez, D. Andrés Sánchez 
Rojas, Melón é Tbarra, D. Federico y D. Mauricio Onís, Rodrí- 
guez Vague, D. Esteban Moran, viuda de Sánchez de Castro, 
García Morales, Calvo y Madroño, Casajús, Basanta, D. Antonio 
Solís, Cuartero Gómez, D. Salvador Guzmán, viuda de García Her- 
nández, D. Manuel Vega, García Estévez, Aharez Hernández, don 
Mariano Catalina, D. Pascual Amat, D. Rafael Labra, García Bo- 
yen», Fidalgo, Benítez de Lugo, García Amado, Molina y López, 
Directora de la Normal de Avila, Galindo Pardo, García Alonso, 



- 136 - 

Paradinas Alvarez, García Ladevese, Viscasillas, Hernández Sán- 
chez, D. Manuel Labajo, D. Federico Arriaga, Dr. Bejarano, don 
Miguel Perlines, Sánchez de la Peña, Duque de Tamames, Sánchez 
Blanco, Más del Rivero, viuda de González Serrano, Zumalacá- 
rregui, D. Víctor González San Román, D. Alberto Segovia, D. Jo- 
sé Jorge, Lezcano, Conde de Árdales, García Robles, Obispo de 
Palencia, D. Santiago Juan, Martín González, García Gavilán, 
Núñez González, Cobaleda, viuda de Mesonero, D. Emilio García 
y García, Zorrilla y Vicario, D. Sandalio Santiago, Franco Loza- 
no, Gaspar Serrano, Sánchez Delgado, Presidente de la Audiencia 
territorial de Burgos, el Rector y Claustro de la Universidad de 
Valladolid, D. Pedro Martín Robles, D. Francisco Moran, D. Isi- 
dro Gástelo, Gómez Pineda, Conde de Casasola, D. Francisco Co- 
lomer, García Maceira, Banqué Feliú, D. Carlos Sánchez de la 
Fuente, González Ibarra, D. Eduardo Benot, D. Arturo y D. Ra- 
miro Salinas, D. Andrés Mellado, Zunzunegui, Octavio Picón, Bar- 
tolomé, D. Manuel Cosío, D. Enrique Alvero, D. Niceto Soler, 
Silvan, Andrés y Calvo, Robledo Rodríguez, D. Eufemio Moro, 
Padre Manuel Cámara, Marqués de Távara y de Alejecilla, don 
Pedro Hernández Sánchez, Regil, Sánchez Román, D. Sinforoso 
Nodal y D. Francisco, Obdulio García, Hernández Rodríguez, Sán- 
chez (D. Bibiano), Hernández (D. Felipe), Benito de Endara, Infante 
Ortiz, D. Nicolás Salmerón, Gabado, de la Mora y Abarca, viuda de 
Gamazo, Gamazo (D. Juan Antonio), Hernández (D. Gerónimo), 
Albino, Dr. Andrade, Valle Cárdenas, Cañedo, Sala del Castillo, 
Marqués de Flores-Dávila, Gumersindo Azcárate, Miguel, Moray 
ta, Fernández y González, Conde Luque, Menéndez Pelayo, Vida 
(D. Gerónimo), Gaspar Remiro, Becerra del Toro, Núñez de Cou- 
to, Aranda, La Fuente (D. Antonio), Caldevilla, Dr. Ihot, Bretón, 
D. José Echegaray, Dávila, Conde de Romanones, Garzón Es- 
tébanez, Aguilera (D. Alberto), Sánchez Noguel, etc. 

El ilustre escritor francés Mr. Achule Milien, el notable publi- 
cista Sr. Rosa y Rullo, el Dr. Lassot, el profesor Zama, el distin- 
guido catedrático de Salamanca y decano de Derecho Sr. Sánchez 
Mata, el antiguo periodista y abogado de Valladolid D. Ramón 
Barco, el Alcalde de Peñaranda D. Sinforoso Nodal, el Sr. Benei- 
te, y otros varios publicaron en diferentes periódicos y revistas 
sentidísimos artículos necrológicos de D. Mames. 

La prensa de Madrid y de provincias se ocupó también exten- 
samente del fallecimiento y entierro, cuyas notas no transcribi- 
mos por no dar demasiadas proporciones á este apéndice, hacién- 
dolo únicamente, y para terminar, eon la hermosa y sentida carta 
que el sabio y genial Rector Sr. Unamuno dirigió al hijo del fina- 
do y cuya carta fué publicada en la prensa salmantina por el 



- 137 - 

inteligente archivero jefe de la Biblioteca, D. José María ele Onís, 
uno de los más serios y prestigiosos demócratas de la histórica 
ciudad, amigo muy querido de D. Mames y también del Sr. Una- 
muno, y conocedor como nadie del sincero afecto que mutuamen- 
te se profesaban los dos Rectores. 

«El Rector ilcla Universidad de Salamanca. Particular. — Mi 
querido Enrique: Acepto reconocidísimo el bastón y la medalla 
que como recuerdo de su buen padre (q. d. D. g.) tiene la bonda- 
dosa atención de ofrecerme. 

No necesito de objeto alguno material para conservar mientras 
viva devota memoria del que fué para nosotros todos, los maestros 
de esta Universidad, un padre á la vez que un amigo, pero ellos 
serán para mí como reliquia venerable y cada vez que los use pen- 
saré una vez más que todo mi anhelo en el puesto que ocupo— pa- 
sadas ya las tormentas primeras— es que cuando lo tenga que de- 
jar, ó Dios me lleve, puedan todos decir de mí lo que todos decimos 
del inolvidable D. Mames: fué ante todo y sobretodo un corazón 
noble en que jamás posaron malas pasiones. 

De nuevo le abraza acompañándole en su gran dolor su amigo 
y compañero, Miguel de Unamuno.» 



Salamanca, 3 de Noviembre de 1907. 



HOMENAJE 

REVISTA CONSAGRADA 
A HONRAR LA MEMORIA DEL RECTOR 

D. Mames Esperabé Lozano 



i:x EL 



PRIMER ANIVERSARIO DE SU MUERTE 



DIRECTOR 

D. EVARISTO PINTO SÁNCHEZ 



A. d' Andrade D. Antonio). 

Astola 1 1). Teodoro). 
Barco I). Ramón . 
Benito I). Lorenzo). 
Bretón 1 1>. Tomás). 
«."ampos X. iiano D. José . 
Castillo iD. Manuel i. 
('id 1 1). Jerónimo). 
Cossio (D. Manuel Bartolomé . 
I). Berruéta i D. Martin). 
Diez D. Ricardo . 
Director de (El Lábaro». 
El Adelanto . 

Francos Lozano U. Francisco). 
Plores-Dávila 'Marques de). 
García Maceira I). Antonio.. 
Gil y Robles i L>. Enrique). 



COLABORADORES 

González Ibarra iD. Didio». 
González Garbín iD. Antonio 
Hoyos D. Ramón). 
Hubner (D. X. 
Jiménez D. Esteban. 
Jhot i D. Ladislao). 
Maldonado (D. Luis). 
M. Benito (D. J 
Mellado i D. Andrés. 
Moret i D. Segismundo). 
Muñoz orea 1 1). Timoteo). 
Nodal 1 1). Sinforoso). 
Nú García 'I). Eduardo . 
( ibispo de Plasencia. 
i im- D, Federico). 
< Inís i '. .lose m ."i 
Pascua] Español D. M. > 



Pérez Oliva 1 1). Isidro . 
Pesado Blanco i 1). Sci gii 
Pulido (D. Ángel). 
Rcgil (D. Maximiano 
Reymundo i D. Mariano). 
Rodríguez Miguel (D. Luis). 
R. Pin illa 1 1). Cándido). 
Rosa (D. G.) 

Sánchez Delgado | I). Víctor). 
Sánchez Mata - D. Nicasio). 
Sánchez Rojas (D. José). 
Sauz i 1). Gonzalo). 
1 1. Isidro). 
Unamuno i D. Miguel). 
Uña i D. Juan). 
Vázquezde Parga D. Ja 
Viscasillas y U. D. Mai 



SALAMANCA 
IMPRENTA Y LIBRERÍA DE FRANCISCO XÚXEZ IZQUIERDO 

RAMOS DEL' MANZANO, 42, Y RÚA, 25 



Homenaje al Rector D. Mames Esperabé 



D. Mames Esperabé Lozano. 

Del inolvidable Rector salmantino, honra y galardón de la his- 
tórica ciudad del Tormes y de su Universidad ilustre, se han pu- 
blicado en vida y en muerte un buen número de bocetos, infinidad 
de biografías y de siluetas, y aun nosotros mismos dimos á la luz 
pública en los comienzos de este año un modesto folleto de más 
de cien páginas con el título de Datos biográficos de D. Mames Es- 
perabé Lozano. No es cosa, pues, de repetir lo que tantas veces se 
ha dicho y dar una biografía más del venerable maestro, con tanto 
más motivo cuanto que su vida y sus hechos están presentes en la 
memoria de todos. Pero dedicada esta revista á honrar al ilustre 
muerto el día del primer aniversario de su fallecimiento, justo es 
que recordemos algo de lo que hizo. 

Fué D. Mames Esperabé un profesor eminente, un Rector insig- 
ne, un notable lingüista, amante de la enseñanza y del trabajo, que 
constituían en él su única ocupación y su pasión más ciega. 

Fué también un hombre integérrimo é inflexible, un espíritu 
fuerte, de mucha entereza y de gran energía, pero á la vez tan 
caballeroso, tan caritativo y tan bueno, que merece figurar entre 
los principales benefactores. Jamás negó á nadie protección ó 
ayuda; jamás miró con indiferencia las calamidades ó desdichas 
públicas; jamás dejó de socorrer al necesitado ó desvalido. Su vida 
toda es una vida de laboriosidad continua, una vida consagrada 
al estudio, al prestigio de la Universidad salmantina y á la prácti- 
ca del bien. 

Periodista en sus mocedades y catedrático por oposición del 
Instituto de Málaga, distinguióse en seguida por sus escritos, por 
sii> conferencias y por sus explicaciones, y cuando en 1863 llegó á 
Salamanca para encargarse de la clase de Literatura clásica, grie- 
ga y latina, vino ya precedido de merecida fama de doctísimo pro- 
fesor. En 1869 fué nombrado jefe de nuestra renombrada Escuela, 
y desempeñó sin interrupción tan elevado cargo hasta Octubre 
de 1900, en que por haber llegado á los setenta años, y hallarse 



- 142 - 

comprendido en el decreto de jubilaciones de García Alix, aban- 
donó la enseñanza. 

Su gestión en el Rectorado durante el largo periodo de treinta 
y un años no pudo ser más fecunda ni tampoco más gloriosa. La 
restauración y radical reforma del edificio universitario, la gale- 
ría de cristales y el pavimento del antiguo Claustro, el hermoso 
y artístico artesonado de sus techos, la construcción de toda la 
planta alta de la Universidad, la recuperación de muchas láminas 
é intereses perdidos y la conservación de los mismos, la fundación 
de las bibliotecas de Filosofía y Letras y Derecho, el estableci- 
miento oficial del periodo de la Licenciatura en la Facultad de Fi- 
losofía y Letras, la validez académica á los estudios hechos en la 
libre de Medicina, y la reorganización y prosperidad de los Cole- 
gios, obras entre otras muchas debidas exclusivamente al Sr. Es- 
perabé Lozano, llevarán á los siglos venideros el recuerdo del 
Rector D. Mames. 

Llevando la voz de su queridísima Universidad en centenarios 
como los de Calderón, Santa Teresa, Fray Luis de León y Cristó- 
bal Colón, demostró ser sucesor dignísimo de aquellos sabios que 
colocaron el nombre de Salamanca al lado de los de Oxford y París; 
presidiendo certámenes y asambleas, academias y solemnidades 
literarias, hizo con sus discursos que volviera á hablarse de la Ate- 
nas española en todas partes; y con trabajos tan científicos é im- 
portantes como la memoria leída ante el Rey D. Alfonso XII, la 
que dirigió al Ministro sobre las reformas que debían introducirse 
en todos los ramos de la enseñanza, la referente al estado de las 
Universidades, el magistral informe sobre la autonomía de las 
mismas, el de disciplina académica y otros varios, logró que se le 
tuviese por persona de tal autoridad y competencia, que no hubo 
( rbbierno que no le consultara en materias de instrucción y cultura. 

Siendo senador por Palencia en la legislatura del l'l al 73, con- 
siguió ser sumamente atendido y respetado; mas poco aficionado 
á la política, no quiso volver á las Cortes á pesar de reiteradísimas 
instancias, ni aceptar tampoco la I Hrección general de Instrucción 
pública. No encontraba más placer que en su Universidad. A ella 
se consagró por entero; por ella sostuvo ante los poderes públicos 
ven todos los sitios brillantes campañas; en defensa de sus glo- 
rias luchó como puede luchar el hijo amante y cariñoso por su 
madre, y nunca consintió por nada ni por nadie que en lo más 
mínimo se cercenaran sus prerrogativas y derechos. 

Apartado de la Universidad durante los últimos seis años de su 
vida, continuó siendo para todos El Redor, no obstante su jubila- 
ción, por haber encarnado en él la representación más gloriosa 
de la Escuela, por ir siempre su nombre unido al de la Universi- 



- 143 - 

dad, y porque dentro y fuera de ésta miraba á todas horas por sus 
prestigios. 

La última yez que le vimos, en Febrero de 1906, nos habló de la 
Universidad de Salamanca, de su alma máter, de lo que en él cons- 
tituía una obsesión. 

En su disposición testamentaria se acordó igualmente de lo que 
nunca podía olvidar, de su Universidad querida, y desde el mundo 
de ultratumba seguros estamos de que ha de seguir pensando en 
ella, y de que su espíritu será, á no dudarlo, el verdadero sostén 
de la Escuela veneranda. 

«Hombres como D. Mames no debían morirse nunca» dijo en 
cierta ocasión un ilustre pedagogo, y parodiándole ahora nosotros 
diremos «que la vida del gran Rector salmantino debiera escul- 
pirse en el sitio más público, del mismo modo que ha de hallarse 
ya grabada en la celeste y azulada bóveda con letras de oro, cu- 
biertas de brillantes, al lado de la de aquéllos de quienes decía 
nuestro querido é inolvidable amigo Urbano González Serrano que 
eran los Santos de la Humanidad». 

E. PINTO SÁNCHEZ 
Plasencia, Octubre, 1907. 



Fragmentos de las conferencias que dio en Palencia D. Mames Es- 
perabé Lozano en 1857. 

«La primera enseñanza tiene el carácter más general de la ins- 
trucción pública. Se extiende, sin distinción, á todas las clases de 
la sociedad, y felizmente acaba de consignarse en la nueva Ley la 
obligación que todos tienen de adquirir estos conocimientos, cum- 
pliendo de esta manera con una de las más apremiantes necesida- 
des que, días ha, reclamara el espíritu de la época. 

A la escuela vienen á recibir el pan de la inteligencia esos pe- 
queños seres que ostentan en su rostro la inocencia de su corazón, 
y vienen con agrado, porque afortunadamente dejó de ser la es- 
cuela el calabozo donde esa masa tierna era expuesta á la mayor 
tortura: ya no venios niños en el maestro el juez verdugo cuya 
presencia les atemoriza. Este ilustrado pedagogo, poseído de la 
sabia máxima _///// titi sitnt , erudi tilos, les trata cariñosamente y 
despierta en ellos la afición al estudio por medio de una laudable 
emulación. El amor al premio impresiona á esas inteligencias vír- 
genes que antes se sobrecogían por el temor al castigo. ¡Loor eter- 
no á los encargados de tan elevada misión! » 



- 144 - 

«La enseñanza de las lenguas vivas es otra de las innovacio- 
nes que con muy buen acuerdo introduce la Ley de instrucción 
pública, porque los vínculos é intereses que ligan estrechamente 
á la gran familia europea, hacen de necesidad suma su estudio. 
La significación política de la Francia, su intervención en las altas 
cuestiones sociales, su progreso científico y literario, y más que 
todo, el amor á las glorias de su patria, tan encarnado en el espí- 
ritu francés, han generalizado la lengua francesa cual lo estuviera 
en tiempos pasados la lengua de los romanos, llegando hasta el 
punto de constituir uno de los elementos principales de la educa- 
ción moderna.» 



«Deber sagrado es de todos el fomentar la instrucción por 
cuantos medios estén á nuestro alcance, contribuir á hacer cultu- 
ra, llevar cada uno una piedra á ese edificio social, á fin de que la 
juventud agradecida aprecie nuestros esfuerzos y bendiga nuestra 
memoria. La historia de los pueblos tiene reservado un lugar para 
conservar eternamente el recuerdo de aquéllos que han dedicado 
su vida á la defensa de las grandes causas, y ninguna para mí tan 
importante como la que tiene por objeto enseñar al hombre lo que 
es, lo que debe á Dios, á la familia, á la sociedad y al Universo 
entero. Los nombres de Sanchos, Alfonsos, Téllez, brillarán siem- 
pre al lado de los Fructuosos y Guzmanes que supieron honrar 
con su aplicación las escuelas palentinas. Dificilísimo era en aque- 
llos tiempos tan calamitosos proteger la enseñanza, y la protec- 
ción se llevó á cabo entonces con tanta mayor gloria cuanto me- 
nor era el fruto aparente que prometía. Pero hoy que los resultados 
se tocan constantemente y que» 



«Jóvenes obreros qiu najéis venido á escucharme, acudid á las 
escuelas y centros de cultura, para que la instrucción que allí ad- 
quiráis os ponga en condiciones ventajosísimas de sobresalir en 
vuestros oficios y artes respectivos. En la escuela fortificareis 
vuestro espíritu y agrandareis vuestra personalidad para cumplir 
los santos fines de la moral y del derecho. De ese modo se exten- 
derán los beneficios de la enseñanza por las clases todas de la so- 
ciedad, y cerraremos de una vez para siempre el periodo de las 
revueltas y asonadas que hacen derramar inútilmente la bendita 
sangre del pueblo. Convenceros de que el fusil es un arma homi- 
cida y el enemigo declarado de nuestra prosperidad, bien lo em- 



- 145 - 

punen los unos como defensores de la libertad, bien lo empuñen 
los otros como mantenedores del orden. La libertad que se impone 
por la fuerza no es tal libertad; el orden que se apoya en las bayo- 
netas es la tiranía. Instrucción y moralidad son las armas escudos 
de nuestras libertades, de nuestros derechos y la paz que todos 
ansiamos. » 



D. Mames Esperaba. 

Ligado, como estaba, el que estas breves líneas subscribe, con 
D. Mames Esperabé y Lozano (q. e. p. d.), cuya memoria se pro- 
pone honrar en este día de su primer aniversario la actual revista, 
con vínculos los más fuertes desde la tierna infancia, no puede me- 
nos de asociarse á las respetables personas que tan generoso pen- 
samiento han concebido y llevado á cabo. Allá, ha más de sesenta 
años, en la inmortal Zaragoza, simpatizábamos ya en un colegio de 
segunda enseñanza, muy bien montado por cierto, para lo que los 
tiempos aquellos consentían, en el estudio de la lengua del Lacio 
uno y otro, paisanos ambos, él de Egea de los Caballeros, en aque- 
lla provincia, y el que esto escribe nacido, cabe el Santo Pilar, y 
juntos continuamos toda la carrera en el Instituto, como en la Fa- 
cultad de Filosofía y Letras de aquella Universidad, teniendo am- 
bos la suerte de contar con grandes maestros, como D. Jerónimo 
Borao, D. Jerónimo Maciá Cani, D. Braulio Foz, D. José Puente 
y Yillunía y D. José Delgado, cuyas sabias enseñanzas jamás he- 
mos olvidado, como ni las de otros no menos ilustres, á quienes 
después oimos en la Central, entre los cuales brillaba D. José 
Amador de los Ríos. La constante laboriosidad de D. Mames Es- 
perabé, significada desde su infancia, dispúsole pronto, una vez 
terminado su Doctorado, para brillar en oposiciones á cátedras de 
Instituto, en cuyo escalafón ingresó, en Latín y Griego, en 1859, 
con destino á Palencia, si la memoria del que esto escribe no lees 
infiel, y años después pasó ya á nuestra Atenas entre las antiguas 
Universidades, á la cátedra de Literatura latina en nuestra que- 
rida Facultad, obteniendo más tarde el Rectorado de aquel famo- 
so Cuerpo docente, que desempeñó más de treinta años (mientras 
los jefes de otras Escuelas de esa índole eran removidos con gran 
frecuencia), hasta que correspondiéndole por su edad, según re- 
ciente disposición, dejar el ejercicio de la enseñan/a, fué jubilado 
en Julio de 1900. Y bien merece, por cierto, que su memoria sea 
ahí y en toda España enaltecida quien, (.orno el Dr. Esperabé, supo 

10 



- 146 - 

ascender por sus propios méritos, en fuerza del trabajo, á los más 
distinguidos puestos de la enseñanza oficial desde una modesta es- 
fera en que le había tocado nacer, mostrando siempre una ejem- 
plar honradez, una modestia y sencillez que nunca le consintió 
envanecerse con sus triunfos, un extraordinario amor á la ense- 
ñanza y á la juventud á él encomendada, y un singular tacto y es- 
peciales dotes de carácter, que le granjeaban pronto las simpatías 
de todos sus amigos y de todos sus subordinados, en tiempos en 
que el principio de autoridad está tan decaído entre nosotros. ¡Hon- 
remos, pues, su memoria, proponiéndole como modelo á nuestros 
jóvenes escolares, y encomendemos su alma al Todopoderoso para 
que, según podemos esperar de sus virtudes cristianas, la ponga 
luego al lado de las de sus escogidos en la eterna bienaventuranza! 
¡No terminaremos estas desaliñadas líneas sin enviar nuestro ca- 
riñoso saludo al distinguido hijo del Dr. Esperabé, D. Enrique, 
para quien en su incomparable desgracia por la pérdida de un tan 
valioso padre debe servir de consuelo la general simpatía que su 
memoria suscita todavía entre sus innumerables amigos! 

Mariano VISCASILLAS Y ÜRKIZA 

Decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central 
y Consejero de Instrucción pública. 
San Lorenzo del Escorial, 26 de Agosto de 1907. 



A la memoria 
del Hxcmo. Sr. D. Mames Esperabé Lozano. 

SONETO 

-;Cómo vamos, pojétes? me decía 
siempre que á saludarle me acercaba: 
y afable y cariñoso me abrazaba, 
y á la vez que lloraba, sonreía. 

-;Cómo vamos, poiétes? repetía, 
y los gratos recuerdos evocaba 
en que el Literatura me explicaba 
y á los clásicos griegos traducía. 

En la clase jovial y afectuoso, 

no era el serio censor, grave y temido, 
era el amigo amable y bondadoso. 

Hoy el poiétes triste y afligido, 
rogando á Dios por su eterna 1 reposo, 
la muerte llora del Mentor querido. 

Sinforoso NODAL 

Abogado y Alcalde de Peñaranda. 
Peñaranda de Bracamonte, Septiembre, 16-907. 






- 147 - 

D. Mames Esperabé. 

Fui discípulo del venerable maestro á quien honramos hoy en 
estas columnas, y sentí por él un cariño tan intenso y una admira- 
ción tan grande, que su recuerdo vivirá en mi memoria siempre. 

Aquel cariño y esta admiración van unidos á mis recuerdos es- 
colares. Los de mi generación no podemos concebir á la Escuela 
salmantina sin su anciano jefe, como no conciben muchos, y de los 
mejores mozos de ahora, las glorias viejas sin ensalzar éstas de 
hogaño, frescas y lozanas, que ya ha poetizado Unamuno. D. Ma- 
mes no solamente era la cabeza visible de la Escuela, sino su bra- 
zo, su nervio, su voluntad, y sobre todo y ante todo, su corazón. 
D. Mames quería á la Universidad con toda su alma. Era el ena- 
morado de sus glorias, pero el enamorado terco, de limpia sangre 
aragonesa. Y la consagró sus desvelos, y buena parte de sus cari- 
ños los consumió ella, la veneranda matrona, que digan lo que 
quieran los termómetros, hoy vuelve á mocear como en sus mejo- 
res días. 

Nosotros, los que hacemos política, tenemos mucho que apren- 
der de aquel rectísimo anciano. El nos enseñó el camino de hacer 
á la Escuela grande sin ostentaciones y sabia sin arrogancias em- 
palagosas. Quédense las farándulas para los demasiado imagina- 
tivos, que nosotros, los que hemos respirado los airecillos de la li- 
bertad, como los respiró D. Mames en lo mejor de su juventud, no 
tenemos otros caminos que recorrer que los ya andados por el 
ilustre muerto. 

El cual nos enseñó que el prestigio de su Escuela estaba en los 
maestros y en sus estudiantes, y luego, muy secundariamente, en 
los despachos de los Ministerios y en las gestiones oficiales. 

¡Que el muerto me sirva de ejemplo y de estímulo en dar reali- 
dad á mis sueños por el mejoramiento de mi querida Universidad 

salmantina! 

Isidro PÉREZ OLIVA 

Doctor en Derecho y Diputado á Cortes. 
Madrid, Septiembre, 1907. 

Un recuerdo 
al inolvidable D. Mames Esperabé Lozano. 

Va á cumplirse un año que pasó á mejor vida el docto catedrá- 
tico y dignísimo Rector que fué de la Universidad de Salamanca, 
Dr. D. Mames Esperabé Lozano. 

El haber pertenecido al Claustro de esa afamada Universidad, 



- 148 - 

y haber explicado en ella durante algunos cursos como catedráti- 
co de la Facultad de Derecho, me proporcionó ocasión de conocer 
y apreciar las relevantes cualidades morales é intelectuales que 
adornaban al sabio catedrático y celoso Rector, cualidades que 
extensa y exactamente se describen por su biógrafo el Sr. Pinto 
Sánchez (1). 

En l<So7, y por el entonces Ministro de Fomento Excmo. Señor 
I). Severo Catalina, se hicieron modificaciones radicales en la le- 
gislación de Instrucción pública, siendo una de ellas la supresión 
de las Facultades de Filosofía y Letras, que hasta el grado de Ba- 
chiller se cursaba en diferentes Universidades del Reino, como en 
las de Valladolid y Santiago. A consecuencia de esa supresión 
fueron trasladados á la Universidad de Salamanca D. Antonio 
Castaftón, catedrático que había sido de Metafísica en la de Va- 
lladolid, y D. Santiago Usoz, que lo había sido de Lengua griega 
en la de Santiago. 

Al poco tiempo de estancia en Salamanca de esos distinguidos 
catedráticos, se establecieron corrientes de simpatía, que pronto 
se tradujeron en íntima y sincera amistad entre ellos, D. Mames 
y el que subscribe. En nuestros casi diarios y largos paseos por 
la carretera de Zamora, se discurría sobre diferentes asuntos, y 
espeeialmente acerca de las reformas que en esa época venían 
haciéndose en instrucción pública. En estas conversaciones cons- 
tantemente se traslucía el cariño de D. Mames por la Universidad 
de Salamanca, y el interés por su engrandecimiento y prosperidad. 
¡Cómo habíamos entonces de presumir que dentro de no muy leja- 
no plazo se encontraría en condiciones para llevar á efecto sus 
plausibles deseos! 

En su claro criterio comprendía perfectamente que no está el 
verdadero y principal mérito del ser humano en el concebir, expo- 
ner ó sentir magníficos ideales y empresas grandiosas, sino pro- 
piamente en realizarlas; así que, en cuanto fué elevado al honroso, 
pero también espinoso cargo de Rector, puso en ejecución y llevó 
á feliz término sus planes y designios. Mejoró, restauró y ensan- 
chó el edificio universitario; consiguió el establecimiento de nue- 
va- Facultades; recobró láminas é intereses que á la Universidad 
pertenecían; atendió á la prosperidad y buena administración de 
becas y pensiones de los suprimidos Colegios; fundó, ó por lome- 
nos amplió las bibliotecas de las Facultades de Derecho y Letras; 
dio gran impulso á diversas instituciones, y en su celo extraordi- 
nario por la instrucción pública tomó otro gran número de medi- 

I 1 i Véase Datos biográficos de D. Mames Esperabé Lozano, Rector que fué 
de Salamanca, por Evaristo Pinto Sánchez, Plasencia, 1907. 



- 149 - 

das y acuerdos sumamente útiles y beneficiosos, no sólo para la 
Universidad, sino también para el distrito universitario en gene- 
ral; de tal modo, que bien puede designarse con el título de glo- 
rioso su largo Rectorado, como acertadamente le califica su bió- 
grafo, y no cabe duda que la gestión como Rector del Sr. Espera- 
ba será de imperecedero recuerdo para la Universidad y pueblo 
salmantino. 

Con gran complacencia he recordado estos hechos, porque va- 
rios de ellos se refieren á los primeros años de mi carrera profe- 
sional, y lo que me apena es la consideración, que esos tres que- 
ridos amigos y compañeros de profesorado dejaron ya de existir; 
atenúa algún tanto esta pena la creencia que allá, en el mundo 
de la verdad y de la justicia, habrán recibido la recompensa de 
sus trabajos y merecimientos. 

Didio GONZÁLEZ IBARRA 

Rector y Catedrático de la Universidad de Valladolid. 

Valladolid y Septiembre de 1907. 



Fragmentos del discurso leído por D. Mames Esperabé en la solem- 
ne apertura de los estudios de la Universidad de Salamanca, en 
1.° de Octubre de 1865. 

«Por poco que meditemos en el asunto, veremos que la histeria 
déla civilización no es más que el desenvolvimiento progresivo 
del género humano hacia la unidad. La monarquía universal ha- 
cia la cual tendía el mundo antiguo, fué en realidad la tumba de la 
antigüedad. El imperio romano enervó las fuerzas de las naciones 
occidentales, y facilitó la conquista de los bárbaros: la invasión 
de los bárbaros abrió una nueva era para la humanidad; y al mis- 
mo tiempo que los pueblos del Norte se apoderaban del imperio 
romano, el cristianismo destruía los cultos de la antigüedad; el 
Hijo de Dios vino á abolir el culto de las mil una divinidades fal- 
sas que adoraban los antiguos; y el derecho público europeo en la 
Edad Media basado en la unidad de creencias, en medio del caos 
del feudalismo y al través de la variedad de fisonomía, de lenguas 
y costumbres que presentaban aquellos pueblos, realizaba la uni- 
dad absoluta en el dominio de la fe. Este es su carácter esencial. 
Los pueblos antiguos estaban divididos porque adoraban á Dios 
en sus manifestaciones diversas, en lugar de adorarle en su uni- 
dad: los pueblos modernos la conciben como el último objeto de 
sus esfuerzos, porque el cristianismo les enseña que todos los hom- 
bres proceden de un mismo tronco, y todos están llamados al mis 
mo fin. 



- 150 - 

Poco importa que el error se enseñoree y usurpe el sitial de la 
verdad. Todos los hechos del mundo son impotentes contra la jus- 
ticia y contra la razón: en vano se mostrarán triunfantes, porque 
este triunfo es efímero y pasajero, como fundado en base delezna- 
ble y falsa: la denominación de la fuerza es un trono de cañas que 
arrebata el viento de la tempestad, es un cetro que rompe la lima 
del tiempo entre los manos del que le empuñó. Es imposible de 
toda imposibilidad, repito, que el hecho reine definitivamente so- 
bre la razón, que es el derecho; el derecho viene de Dios, en tanto 
que los hechos que lo destruyen vienen de los hombres, cuyas 
obras, cuando no se apoyan en la justicia, caen desplomadas por 
el peso de su misma debilidad. 

Cierto que se ha abusado en todos tiempos de la razón, de la 
palabra, de la libertad, de la ciencia, de la autoridad, de la filoso- 
fía; pero cuando el horizonte se oscurece, nunca son perpetuas 
las sombras: el sol de la verdad concluye siempre por disipar las 
nubes que enturbian su brillante luz.» • 



«Esta ley es la ley del paganismo, de las castas, de la desigual- 
dad y de la violencia, la ley de las jerarquías asiáticas aplicada 
primero al principio creador para extenderla luego á todas las for- 
mas é intereses sociales. Tuvo su época el mundo antiguo, como el 
mundo moderno tiene también la suya, la unidad. La unidad es le- 
gítima, necesaria, no como fin, sino como medio. El fin es el des- 
envolvimiento, la perfección de las facultades de que Dios ha do- 
tado al hombre; mas para desenvolverse, hasta para vivir el hom- 
bre, debe estar unido á sus semejantes. El lazo que une á los hom- 
bres llega á ser más general á medida que realiza el progreso. La 
unidad comienza por la familia, comprende después la ciudad, la 
Nación y concluye por extenderse á la humanidad. Pero en la or- 
ganización de la familia, de la ciudad, de la Nación y de la huma- 
nidad, no se puede prescindir del desenvolvimiento del individuo; 
y en este sentido decimos que la unidad es necesaria como medio. 
Los más grandes genios con que se honra el género humano pro- 
clamaron ó al menos entrevieron esta verdad. Aristóteles, como 
Platón, examinando el principio de contradicción, piensa en la uni- 
dad de la ciencia, y amalgama la lógica y la metafísica atribuyén- 
doles los mismos principios y el mismo orden de investigación. En 
la Edad Media el ilustre poeta que se ha inspirado en la filosofía 
católica, el Dante, ha escrito un tratado sobre la monarquía, don- 
de sienta el principio de que la paz es necesaria á los hombres 
para que puedan realizar su misión sobre la tierra y que única- 



- 151 - 

mente puede procurarla la organización unitaria de la humanidad. 
En los tiempos modernos ha emitido las mismas ideas en esa tierra 
prometida de las teorías, donde, fuerza es confesarlo, existe un 
gran movimiento científico y literario, el más universal de los pen- 
sadores, Leibnitz.» 



«Dios es el objeto supremo de la filosofía y el fin último de to- 
das las ciencias. En los cedros del Líbano y en los arbustos que en 
pocos días florecen, se marchitan y secan, en el cetáceo y en el 
más diminuto de los peces, en el arador y en el elefante, en el gra- 
no de arena y en el astro que rueda sobre nuestra cabeza, y espe- 
cialmente en el hombre, ha dejado al criarles impresa su imagen 
ó la huella de su acción criadora; y todo este conjunto de seres or- 
denados en peso, medida y número, enlazados entre sí con miles 
de relaciones, de inferioridad y superioridad un género á otro y 
una á otra especie, y de semejanza los individuos de una especie ó 
de un género, forman el mundo, la creación, esa unidad relativa 
que se va descomponiendo gradualmente desde el espacio hasta el 
punto geométrico, desde el tiempo en general hasta el instante, el 
firmamento en sistemas ó grupos de astros, la tierra en sus tres 
reinos animal, vegetal y mineral, y toda universalidad en sus indi- 
viduos respectivos. Al estudiar todos esos diversos órdenes la cien- 
cia, aunque por la limitación del entendimiento humano necesita 
ramificarse en tantas secciones como puntos de vista ofrece el gran 
panorama de las ideas y de la realidad; cuanto más penetra y se 
extiende la investigación, surgen y se descubren relaciones nue- 
vas; y por un fenómeno singular se reúnen en el centro con más 
estrecha lazada, cuanto más se ensancha la eircunferemia. A la 
luz de esta observación fácil nos es encontrar la base de la unidad 
v universalidad de los conocimientos humanos. 

Si todo está dentro de universalidades, podemos establecer la 
unidad en las operaciones mentales. La ciencia es una, porque uno 
v sólo uno es el criterio de demostración. Unas son las humanida- 
des, porque uno es el medio de estudiar la palabra. Unas son las 
bellas letras, porque uno es el medio de referirlos hechos á la me 
moría. Unas son las artes, porque uno es el medio de la imitación. 
Una es la autoridad, porque uno es el medio de creer. » 



«Llega la plenitud de los tiempos, viene el I [ombre I )ios, el Sal- 
vador del mundo, y la tierra oye una palabra que había olvidado 



- 152 - 

con el ruido y aparato de los cultos idolátricos, la unidad. Desde 
entonces no hay griegos ni romanos, judíos ni gentiles, esclavos 
ni libres, todos son descendientes de un mismo tronco, todos hijos 
de Dios. Dios es la unidad infinita y eterna. La naturaleza es la 
unidad de los fenómenos y de las formas, el espejo donde se refle- 
jan las perfecciones de Dios. La humanidad es la unidad del hom- 
bre, la santa unidad por el amor. La ciencia es la unidad del pen- 
samiento. La fantasía y la emoción son la unidad del arte. La ley, 
de que da testimonio la conciencia, es la unidad de la moral. La fe 
católica es la unidad del dogma. El trabajo del hombre es la uni- 
dad de la industria. El cambio es también la unidad del comercio. 
Uno es Dios, uno es el Universo, uno es el hombre, y la ley no 
puede ser otra que la unidad. 

Esta unidad, reflejo perfectísimo de la causa suprema, reflejo 
perfectísimo de lo absoluto, tiene que ser por todos los siglos el 
grande y luminoso ideal adonde se dirija la ciencia del hombre. 
Esa unidad es el cristianismo. El cristianismo que anuló al paria, 
al sudra, al faquir, al sunnya, al hebreo, al esclavo, al ilota y al 
siervo: el cristianismo que suprimió el éxtasis absoluto, la abso- 
luta nulidad de la vida: el cristianismo que abolió la idolatría de 
Belo, del sacerdote, del faraón, del brahmán, del doctor celeste, 
del mago, del fariseo; el cristianismo que borró la idolatría del ar- 
te, de la patria, de la fuerza, de la conquista; la idolatría del terri- 
torio y del feudalismo: el cristianismo, en fin, que disipó las idola- 
trías del volcán, del astro, de las flores, de las fuentes, de los ríos 
y de los mármoles: sí, el cristianismo, esa ley santa que se llama 
Evangelio, tiene indudablemente la misión divina de echar por tie- 
rra la ley de la contradicción, la ley de las castas, la ley de los 
odios, la ley destructora de la dualidad y del antagonismo; para 
crear un nuevo mundo, un mundo más grande, el mundo sin lími- 
tes de la caridad, que es la ley suprema de la vida, océano de feli- 
cidad en el cielo, cumbre de perfección en la tierra, corona de la 
virtud religiosa, fuente perenne de heroicas virtudes sociales, re- 
gla y foco de civilización, aroma que purifica, bálsamo que cura, 
luego que acrisola, vínculo sagrado que une en suave y firmísimo 
lazo á los padres con los hijos, á los esposos entre sí, al vecino 
con su vecino, los ciudadanos en el amor de la patria, á las nacio- 
nes en el amor santo de la humanidad, y á todos los hombres su- 
premamente con Dios,» 



- 153 - 



El Rector D. Mames. 

Rindo el más sentido homenaje de recuerdo á la gloriosa me- 
moria del ilustre Rector D. Mames Esperabé, de quien la guarda- 
rá imperecedera nuestra querida Universidad de Salamanca. 

No tuve el honor y la satisfacción de conocerle y tratarle cuando 
sus brillantes facultades servían con general aplauso á la resu- 
rrección de la ciudad decaída; pero apenas mi espíritu hubo de en- 
tender en los intereses docentes de ésta, en seguida se me llenó 
con el hermoso resplandor que, como luminosa estela, había deja- 
do tras de sí el catedrático ilustrado y el director eximio. 

Veíale yo, de cuando en cuando, paseando por las galerías de 
la preciosa plaza de Salamanca, y no nos cruzábamos vez alguna 
que no escuchase frases de respeto y admiración de cuantos me 
acompañaban, fuesen jóvenes ó ancianos. Era aquello como la 
consagración purísima de generaciones posteriores, rendida á 
quien, todavía viviente, había entrado en el reino de una inmorta- 
lidad ya indiscutible. Después, cumplidamente apercibido mi áni- 
mo por este general sentimiento, tuve ocasión de conocer más á 
fondo los hechos y méritos de aquel varón insigne, y de leer las 
concienzudas biografías consagradas, ya á narrar las líneas de su 
carácter y los trabajos de su ministerio, ya á describir los entu- 
siasmos de su pasión salmantina y de su adhesión á la juventud 
escolar; y entonces fué cuando comprendí cuan excelsa y venera- 
ble figura había sido, y qué merecedora de que la Universidad 
afamada la coloque en aquella primera línea donde ostenta el plan- 
tel de sus más esclarecidos hijos. 

Debiera materializarse de algún modo la perennidad de este 
merecidísimo recuerdo: un busto, una lápida lo que mejor pa- 
rezca; y para obra tan justa tendrá singular orgullo en figurar, 
siquiera sea entre los más humildes, el que deposita conmovido y 
respetuoso esta flor de su veneración modesta, al lado de las co- 
ronas espléndidas que podrán ofrecer para exaltación de su re- 
cuerdo los que gozaron la dicha de ser sus discípulos y de admirar 

sus virtudes. 

Ángel PULIDO 

Senador por la Universidad do Salamanca. 
Madrid, Septiembre, 1907. 



- 154 - 

A nuestro inolvidable Rector 
en el día del primer aniversario de su fallecimiento. 

Triste fecha para Salamanca la del 3 de Noviembre de 1906. En 
ese día falleció nuestro Rector, que así llamábamos todos á D. Ma- 
mes Esperabé, aun después de haber cesado en su cargo, y así se- 
guimos llamándole los que con respetuoso cariño invocamos su 
memoria. 

Afable con todos, guardaba sin embargo un tesoro de entraña- 
ble afecto para las viudas y huérfanos de los que con él habían 
compartido la honrosa tarea de enseñar en la gloriosa Escuela 
salmantina. Frases de verdadero amor, palabras de consuelo y de 
aliento, nacidas de lo íntimo de su corazón, templadas al recuerdo 
de los que fueron sus comprofesores, escuchaban las atribuladas 
familias, por cuyo bienestar continuamente se preocupaba. 

Que Dios Misericordioso haya acogido en su seno al alma de 
nuestro Rector, á quien ni el trabajo rindió jamás, ni los azares y 
sinsabores de esta vida consiguieron abatirle ni irritarle; y quiera 
el Cielo que allá, en la Región de la Verdad Increada, se halle ro- 
deado de cuantos maestos le precedieron en el camino de la Eter- 
nidad. 

Jerónimo CID 
Ingeniero Jefe de Montes y ex-Profesor 
de la Universidad de Salamanca. 
Salamanca, 20 de Octubre de 1907. 

El viejo Rector. 

Ha sido siempre para mí empeño grave el escribir algunas lí- 
neas necrológicas, sin duda porque el recuerdo de la persona que- 
rida á quien han de dedicarse, abatiendo el ánimo con tristes re- 
membranzas, oscurece del todo mi inteligencia. 

Tal me ha acontecido en las diferentes ocasiones en que he in- 
tentado escribir algo tocante á aquel hombre insigne que regentó 
nuestra Escuela, y al cual profesaba un afecto punto menos que 
filial; pero esta vez he podido sustraerme algunos instantes á la 
obsesión de que hablaba anteriormente, para corresponder ala 
atenta invitación que se me ha hecho, y los he aprovechado en es- 
cribir estos renglones en tributo á la memoria del amado maestro. 

Era éste un aragonés ligrimo, en cuya personalidad encarnaba 
con sus caracteres más salientes el dechado de la raza. Bajo apa- 
rente rudeza, ocultaba un alma de exquisita sensibilidad; siendo 
hombre de gran cultura y muy versado en idiomas, no lo dejaba 



— 155 — 

conocer más que cuando las circunstancias le forzaban á ello; pa- 
reciendo económico (y siéndolo realmente para él), era un verda- 
dero pródigo para sus amigos necesitados; llegaba hasta la riere- 
za en sus enojos, siempre justificados; pero luego que encauzaba 
las cosas por donde él creía que debían ir, volvía á su semblante 
la calma y á sus labios aquella sincera inolvidable jovialidad y 
aquella frase amable y atractiva; toda su vida estuvo en contacto 
con incrédulos, progresistas y raciocinantes, y jamás se le pegó 
una hilacha de irreligiosidad, de patriotería ni de pedantismo, y 
cuando dejó el cargo, supimos que, durante muchos años, había 
estado ¡él, liberal de siempre! defendiendo muchos años, con ver- 
dadero heroísmo, los intereses de nuestra Escuela contra las últi- 
mas razzias desamortizadoras. 

Nunca le lloraremos bastante, porque en él se cifraba un ideal 
que, poco á poco, van haciendo desaparecer los fermentos pesimis- 
tas que han invadido nuestra vida local. 

Estaban entonces unidos el pueblo y la Universidad por un 
vínculo tradicional, que D. Mames procuró estrechar en su tiempo 
con el mayor ahinco. 

Todo lo universitario era popular, todo lo popular universita- 
rio, y cuando salíamos por esas calles de Dios, bajo mazas, con 
nuestras togas y birretes tan impropios para caminar al peón, las 
gentes saludaban con reverencia, porque con nosotros iba D. Ma- 
mes, el bueno, el patriarca, el en que se cifraba la vida sencilla de 
este pueblo, el que daba honor á toda ceremonia, llevando á ella 
la esplendorosa representación de la Escuela. 

Con él se fué el último recuerdo de esas venerandas tradicio- 
nes, de cuya desaparición nos pedirán cuenta algún día nuestros 
hijos cuando, desvanecidos los postreros fulgores del glorioso pa- 
sado, y sin orientación alguna hacia el porvenir, se sientan aban- 
donados en medio de una sociedad que, después de renegar de su 
historia, ha perdido la fe en sus destinos. 

L. MALDONADO 

Catedrático de la Universidad de Salamanca, 

ex-Subsecretario de la Presidencia de! Consejo de Ministros 

y Diputado á Cortes por Vitigrudino. 



D. Mames Esperabé. 

Yo le quería mucho, y él dio pruebas repetidas de quererme á 
mí también de verdad. 

Amigo de mi difunto padre, D. Mames siempre me trató como 
á un muchacho, y siempre me dio saludables consejos. 



- 156 - 

Cuando alguna cosa me advertía, siempre amoldaba á ella mi 
conducta, porque D. Mames conocía profundamente los hombres 
y las cosas. 

Muy pocos los españoles como él: tolerante y á la vez creyen- 
te. Parecía no ver las faltas ajenas, sino las virtudes y las faltas 
propias. 

Era muy devoto, y jamás mostraba exteriormente su devoción. 
Decía como San Francisco y San Bernardo: «Mi secreto para mí». 

Había realizado á maravilla aquel sabio consejo que daba Santa 
Teresa de Jesús á sus hijas para la vida espiritual: «Acomodarse á 
la complexión de aquél con quien se trata: con el alegre, alegre; con 
el triste, triste. En fin, hacerse todo á todos para ganarlos á todos». 

Rara vez hablaba de sí, de ninguna cosa hacía burla, y jamás 
reprendía sin discreción y humildad. 

Sí; D. Mames era un hombre de excepcionales cualidades. Era 
un gran carácter, muy difícil de formar en estos tiempos de tan 
general frivolidad. 

A. GARCÍA MACEIRA 

Ingeniero Jefe de Montes. 
Madrid, 13 de Septiembre de 1907. 

Una circular. 

El Rector de la Universidad 

DE 

SALAMANCA Octubre de 1870. 

Particular. 

«Muy Sr. mío y de toda mi consideración: Favorecer el des- 
arrollo y propagación de la Ciencia, y trabajar porque se levante 
el nivel de la cultura, es un deber, al que todo buen patricio debe 
reconocerse obligado, que atañe principalmente álos que por nues- 
tra profesión nos hallamos consagrados á difundir la verdad. 

Mas la cátedra por sí sola no puede alcanzar todo el objeto: 
circunscrita á un pequeño radio, y obrando en lugar y tiempo de- 
terminados, ni aun los mismos que á ella concurren podrían repor- 
tar grandes frutos, si á la palabra de profesor no sirviera de com- 
plemento la enseñanza del libro. 

Las Bibliotecas públicas tienden, es verdad, á cubrir este vacío, 
pero en su modo de ser actual no alcanzan á llenarle por comple- 
to, porque en ellas, como en la cátedra, la esfera de acción no sale 
de ciertos límites. 

Si, pues, el movimiento intelectual, que dichosamente se ha ini- 
ciado en nuestra patria, no ha de quedar paralizado, es preciso ir 






- 157 - 

delante de él allanándole el camino hasta conseguir hacer compa- 
tible la Ciencia con toda clase de fortunas y con todo género de 
ocupaciones. 

Respondiendo á este pensamiento, la Facultad de Filosofía y 
Letras de esta Universidad literaria ha pensado en la creación de 
una Biblioteca especial de las materias propias de aquélla, y cu- 
yas obras usadas á domicilio, ayuden en primer término á los pro- 
fesores y alumnos de la Facultad mencionada, auxilien á los de 
otras Facultades, y sirvan además para el público en general, si 
hay alguien que, dedicándose por necesidad ó afic ion á esta clase 
de estudios, carezca de recursos para adquirir la s obras necesa- 
rias y no pueda concurrir á la Biblioteca pública. 

El método propuesto tiene indudablemente la pequeña desven- 
taja de que las obras que se circulen sufrirán algún deterioro; 
pero, ¿vale esto la pena de que se le tenga por obstáculo? Aun su- 
poniendo que se destruyan algunos libros á fuerza de pasar de 
mano en mano, ¿el fruto que produzca su lectura no compensará 
ci m creces el valor material de aquéllos? Seguramente que sí; y 
como que en la entrega y recepción se han de adoptar además las 
precauciones convenientes, cabe el esperar que se conseguirá el 
resultado sin quiebras de ningún género. 

En el supuesto, por tanto, de que reconocerá usted de buen gra- 
do la bondad del pensamiento, para cuya mayor explanación es 
adjunto un ejemplar del Reglamento de la Biblioteca, el Rectora- 
do de esta Escuela, á quien no anima otro deseo que el de propa- 
gar la ilustración, no encuentra reparo alguno en acudir á la ge- 
nerosidad de usted en demanda de alguna obra de las que cuente 
en su librería, éntrelas que pertenezcan á los estudios peculiares 
de Filosofía y Letras. 

Con los escasos fondos de que la Facultad ha podido disponer, 
sí' lo ha sido dable adquirir un pequeño número de volúmenes, y 
de no poner en juego otros recursos, la Biblioteca tardaría mucho 
tiempo en poder funcionar con provecho. Pero si, por el contrario, 
el llamamiento que se hace á la generosidad de usted y á la de las 
demás personas que se hallan unidas á esta Escuela por los víncu- 
los de la Ciencia, no queda desatendido, como es de esperar que 
no quede, la Biblioteca puede prometerse desde luego un abundan- 
te caudal, y comenzar en seguida á producir resultados. 

Creo no necesitar más para merecer de usted el obsequio que 
se le ruega, y anticipándole por él la gratitud de esta Escuela, 
agradeciéndole también en nombre de la Patria y de la Ciencia el 
servicio que en ello han de recibir una y otra, tengo la satisfac- 
ción de ofrecerme de usted afectísimo y seguro servidorQ. B.S. M., 

Mames ESPERABÉ LOZANO 



- 158 



D. Mames Esperaba. 

Los de la generación que sigue á ésta nuestra de los que an- 
damos entre los cuarenta y los cincuenta, no habrán conocido á 
aquellos hombres que surgieron á vida pública merced al movi- 
miento revolucionario de 1868, á la Gloriosa. En punto á conoci- 
mientos y ciencia creo que cedían á los de ahora, pero por lo que 
hace á entereza de convicciones y á celo por el bien público dieron 
pruebas que éstos aun no han dado, y que todo hace temer que 
desgraciadamente no las han de dar. 

Uno de los hombres de aquella hornada fué aquí, en Salaman- 
ca, D. Mames Esperabé. 

En 1868, el año de la Revolución, le eligió el pueblo, bajo la 
dirección de la Junta revolucionaria que presidía D. Tomás Ro- 
dríguez Pinilla, concejal de esta ciudad, y el año siguiente fué 
nombrado por el Gobierno revolucionario Rector de esta Univer- 
sidad. Y lo fué por su significación política como demócrata pro- 
gresista, que era como se llamaban los del partido radical acau- 
dillado por D. Manuel Ruiz Zorrilla. 

D. Mames era, en efecto, por entonces progresista ó radical, ó 
si se quiere liberal, amplia y genuina y enteramente liberal. Y su 
liberalismo se corroboraba y acrecentaba en su trato frecuente é 
íntimo con D. Santiago Usoz, un cuáquero, y D. Mariano Ares, 
un racionalista. 

Su significación política le llevó á D. Mames en 1872 al Sena- 
do, sin él haberse enterado de su elección hasta que ésta se hubo 
verificado en Falencia, y al año siguiente, el de 1873, votó como 
senador la República. Sus relaciones y amistades políticas, á la 
vez que privadas, eran con Zorrilla, Castelar, Salmerón, Giner, 
Uña, Madrazo, Rodríguez Pinilla, Gil Sanz y con los más signifi- 
cados progresistas. 

Llegó la Restauración, y D. Mames, que debía el Rectorado al 
movimiento revolucionario que expulsó de España á los P>orbones, 
consultó con sus amigos políticos si debía ó no renunciarlo. Con 
fecha 4 de Enero de 1875 le escribían D. Nicolás Salmerón y don 
Juan Uña en carta que tengo bajo los ojos: 

«Nuestro querido amigo: No siendo el Rectorado un cargo polí- 
tico, ni habiéndolo usted desempeñado con semejante carácter, sino 
con vocación verdadera por la enseñanza, con provecho de ésta y 
honra de usted, opinamos que no debe renunciarlo. Si el Gobierno 
actual no estima buenos los servicios de usted, que lo releve, y si 



- Í59 - 

no, siga usted haciendo lo que pueda por la enseñanza y por su 
Universidad» (1). 

En el mismo sentido le aconsejaron, entre otros, D. Tomás Ro- 
dríguez Pinilla y D. Santiago Diego Madrazo. Este último, en 
carta fecha 7 de Enero le~ decía, entre otras cosas: «Por ahora, 
pienso que no será usted separado, por el espíritu de atracción que 
domina; eso será quizá temible cuando se hagan las elecciones y 
se exacerben las pasiones políticas» (2). 

No ocurrió así, porque D. Mames tenía clara conciencia de la 
significación no política de su cargo, aunque á la política le hubie- 
ra debido, y no se sirvió de él nunca para hacerla. Y es que, sobre 
todas sus demás virtudes, dominó siempre la de la discreción. 

La de la discreción, cuya raíz y fundamento es la tolerancia. 

Los años y el cansancio que tras de sí traen, el ambiente de la 
Salamanca de la Restauración, desengaños acaso, sobre todo des- 
pués de la ruidosa muerte de su querido, fiel y buen amigo Ares, 
fueron acaso entibiando sus primeras convicciones, pero de su es- 
píritu liberal y progresista, nunca en él extinguido, conservó siem- 
pre el ánimo de amplia tolerancia. En mis manos ha estado cierto 
famoso expediente contra un catedrático que lo prueba, así como 
prueba su celo por la independencia académica y por la libertad de 
la cátedra, celo demostrado además en su actitud cuantas veces se 
intentó meter en la representación senatorial universitaria á prín- 
cipes de la Iglesia, que tienen la suya propia y adecuada. En toda 
contienda electoral académica se puso siempre D. Mames del lado 
del candidato más liberal y del lado del civil frente al eclesiástico. 
Votó á Valera frente al Obispo Izquierdo, y á Hernández Iglesias 
frente al Obispo P. Cámara. 

Y sobre todo guardó siempre un profundo respeto hacia toda 
actividad mental inteligente y sincera, fuere la que fuese su direc- 
ción de doctrina. He conocido pocos hombres más íntimamente 
respetuosos de la libertad de conciencia, y pocos más aborrecedo- 
res de toda intransigencia y todo sectarismo. 

Jamás olvidaré que en días que él creía eran para mí de difícil 
prueba y de amargas contrariedades, me habló de las intemperan- 
cias sectarias, demostrando conocer muy bien á aquéllos con 
quienes había convivido académicamente tantos años. Cuando se 
intentaba hacer de su nombre bandera, le oí muy instructivas refe- 
rencias. 

Si él se afirmó en su puesto fué ante todo y sobre todo por 
aquella su discreción, hija de la tolerancia de su espíritu liberal. 



(1) De la colección del Sr. Onís. 

(2) Id. id. id. 



- 160 - 

Hoy que la tierra le guarda de las malicias de los hombres, es 
un deber para los que le quisimos el de revelar con qué dotes de 
espíritu se aquistó el cariño y el respeto de cuantos le conocieron, 
y este deber es acaso mayor para mí, que ocupo hoy el honrosísi- 
mo sillón que él honrara tantos años. 

Miguel de UNAMUNO 

Rector de la Universidad. 
Salamanca, Octubre, 1907. 



D. Mames. 

Le conocí el año 87, ó sea cuando llevaba diez y ocho años de 
Rector, y declaro sinceramente que si el cargo de Rector es de 
los que imprimen carácter, D. Mames se sobrepuso siempre al 
cargo. 

Fué mi primer jefe universitario, y en la primera entrevista 
que tuve con él al tomar posesión de mi cátedra de Salamanca, 
me borrró con sus primeras palabras la silueta que yo conservaba 
grabada en mi memoria de estudiante, de aquel Rector grave y 
estirado que, con uniforme distinto de todos los demás, preside la 
ceremonia de apertura del curso académico, concediendo la pala- 
bra á unos y á otros, y cierra solemnemente la sesión pronuncian- 
do de pie y descubierto la frase sacramental: «En nombre de Su 
Majestad el Rey (q. D. g.) queda inaugurado el curso académico 
de á Se levanta la sesión». 

A los cinco minutos de estar en el despacho Rectoral, me expli- 
qué fácilmente por qué D. Mames habrá podido atravesar tantas 
y tantas situaciones políticas, manteniendo incólume su prestigio 
y autoridad y disfrutando de la confianza de los innumerables mi- 
nistros de Fomento que había conocido desde que fué nombrado 
Rector. 

D. Mames, sin dejar de ser el Rector enérgico que reclama Co- 
gliolo en su precioso libro Malinconie ( r niversitaire , no fué jamás 
el Rector tnqgnificus que tanto abunda en Italia y del que he co- 
nocido yo en España algunos (aunque afortunadamente muy po- 
cos) ei'emplares. D. Mames era el amigo cariñoso de todos los ca- 
tedráticos y, en general, de todos sus subordinados. Por eso todos 
le queríamos, y yo como el que más. Bien es verdad que desde el 
primer momento encontré en él al compañero y al amigo, dis- 
puesto siempre á darme un consejo y á prestarme su apoyo y sus 
recursos. 

Para mí fué un segundo padre, cuyo recuerdo perdurará mien- 
tras viva. Y, sin embargo, en una ocasión nos encontramos frente 



- 161 -* 

á frente. Con honda pena me di cuenta de ello; hice lo posible por 
evitarlo; pedí y supliqué casi con lágrimas en los ojos. Ni pudo ce- 
der él, ni pude ceder yo; pero puedo decir con orgullo que de aquel 
choque no salió quebrantada nuestra amistad. Ni D. .Mames me 
guardó rencor por ello, ni j t o dejé de ser para él lo que había sido 
hasta entonces. Era un alma grande y noble; era un perfecto ca- 
ballero; era un honrado aragonés. 

Cuando salí de aquella Universidad, siguió siendo para mí mi 
Rector, y lo ha sido hasta su muerte, á pesar de la jubilación for- 
zada que le impuso el decreto de García Alix. 

Lorenzo BENITO 

Viee-Rector y Catedrático de Derecho Mercantil 
en la Universidad de Harcelona. 



In memoriam. 

Un año hace que el fúnebre tañido de la campana de la Univer- 
sidad anunciaba á Salamanca que había dejado de existir el Exce- 
lentísimo Sr. D. Mames Esperabé Lozano (q. s. g. h.), inolvidable 
Rector de nuestra querida é histórica Escuela. 

El pueblo todo asoció su sentimiento al dolor que experimenta- 
mos todos los que con el finado compartíamos la noble tarea de 
aleccionar á la juventud estudiosa; desde el linajudo procer hasta 
el más humilde menestral, todos sin excepción, mostraban clara- 
mente la pena que les embargaba por la irreparable pérdida que 
llorábamos. 

Y es que en D. Mames, como familiarmente le llamábamos, se 
reunían todas las cualidades más envidiables: noble corazón, alteza 
de sentimientos y de miras, prudencia exquisita en el mando, con- 
sideración para cualquiera que á él se acercaba y un amor sin lími- 
tes á la Universidad que miraba como cosa propia, y por cuyo en- 
grandecimiento y prosperidad trabajó sin descanso. 

Nada de extraño tiene, pues, que al llegar el primer aniversa- 
rio de la muerte de varón tan esclarecido, haya querido perpetuar- 
se su memoria con el homenaje de esta revista, cuyo Director, al 
invitarme á colaborar en ella, no ha tenido en cuenta mi esca- 
so valer, y sí solamente mi buena voluntad y el imborrable re- 
cuerdo del que fué nuestro Rector querido, que guardo y guarda- 
ré siempre. 

Mariano REYMUNDO 
Secretario del Instituto General y Técnico de Salainauca. 
Salamanca, Octubre, 1907. 



11 



- i6á - 



El culto á la tradición. 

Entre los señalados méritos reconocidos á D. Mames Esperabé, 
menos que otro cualquiera debe quedar en olvido el amor á vene- 
randas tradiciones de la Escuela. Nadie las estimó más que él, ni 
las profesó cariño más acendrado, así como á nadie cedió en la ce- 
losa y perseverante defensa de los mermados y reducidos intere- 
ses universitarios que, por milagro, se salvaron de la rapacidad 
desamortizadora . 

Y ese respeto tan reverente, ese tan profundo afecto, por lo 
mismo que así eran, no significaban una de tantas flaquezas, hoy 
frecuentísimas, de sacrificar á la que se juzga impura realidad la 
pureza y el vigor de los principios; brotaban con espontáneo y 
fervoroso impulso de lo más íntimo de la conciencia y del corazón, 
afortunadamente inmunes del avasallador influjo de las doctrinas 
que ejercieron casi incontrastable imperio en la generación á que 
perteneció el docto y llorado maestro. En los tiempos de su forma- 
ción científica no se presentaba el pensamiento moderno en su re- 
pugnante desnudez fatalista y anticristiana; venía disfrazado de 
fe y de libertad, y los espíritus sanos, mal advertidos y no bien 
resguardados, á causa del abandono de la tradicional filosofía de 
las gentes y de la política fundada en ella, acogieron ansiosos al 
error como si fuera realmente apóstol de emancipación y heraldo 
de legítimo progreso. 

Costaba trabajo á 1,.;, entendimientos, por agudos y penetran- 
tes que fueran, sondear y descubrir toda la intrínseca y disolven- 
te malicia de las nuevas ¡deas; y así se explica que almas sólida- 
mente cristianas, tomando el oropel por oro lino, depurado de 
escorias seculares, juzgaran que era el cristianismo más aquila- 
tado el principio informante de la Revolución, y que no necesi- 
taban sacrificaren su- aras las creencias del Bautismo. En lomas 
recóndito del espíritu de esos hombres bien intencionados y cul- 
tos ardía inextinguible la llama de la fe, como la lámpara que 
luce perenne ante el tabernáculo, mientras fuera del santuario 
rugían desencadenados y fieros todos los delirios, zapando con 
insidias ó volcando con violencia las instituciones de la más cris- 
tiana y democrática de las edades. 

Por tal antítesis, para él felicísima, se explica que Esperabé, 
con la más sincera piedad y con la devoción más efectiva y tier- 
na, se prosternase en la capilla ante Jesucristo Sacramentado, y 
quisiera que todos ante Él nos postráramos, como, en mejores 
días, aquellos claros varones, gloria y orgullo de la Escuela, que 



- 163 - 

fieles siempre al divino Libertador, consagraron á la dichosa ar- 
monía entre la razón y el dogma las más luminosas lecciones y los 
más insignes monumentos escritos de memoria indeleble y de 
ciencia imperecedera. 

Nunca supe lo que pensó el profesor inolvidable acerca del Es- 
tado docente, que arrebató á la Universidad su autonomía y la 
convirtió, de órgano que fué del saber social, en oficina habilitado- 
ra de títulos conferidos por el Poder civil, después de meros simu- 
lacros de prueba ante funcionarios docentes; lo que sé de cierto es 
que cuando alguna vez hablamos de la libertad usurpada, de las 
deshechas grandezas, del perdido prestigio, del fulgor extinguido, 
acaso para siempre, dolíase D. Mames, tanto como yo, de la ser- 
vidumbre, de la postración y del desdoro de la Academia madre, 
y sobre el alma del Rector pesaban tan dolorosa, tan aflictivamen- 
te como sobre la mía las ligaduras opresoras. 

Es que Esperabé, como otros muchos hombres ilustres de su 
época, no pudo evitar que el entendimiento, mal resguardado por 
el eclecticismo, avasallador entonces de los más nobles espíritus, 
lo asaltaran la filosofía y la política novadoras, allanados, como 
estaban, los baluartes de la Escolástica; pero del generoso cora- 
zón fueron rechazados siempre los invasores, y en él se mantuvo 
invicta la tradición capital y salvadora de la raza, de la Patria y 
de la Escuela, la fe inquebrantable, la amorosa y segura esperan- 
za en el Rey inmortal de los siglos. 

E. GIL Y ROBLES 
Catedrático de Derecho Político de la Universi lad. 
Salamanca, Octubre, 1907. 



Tradicionalismos. 

D. Mames llegó á ser tradicionalista. Otros sabrán cuál fué el 
punto de partida y el camino recorrido. 

Yo le conocí apegado á la tradición, enamorado de la tradición 
gloriosa de la Universidad salmantina; dichosamente para todos, 
no se había dado entonces en eso de vivir sólo del presente, olvi- 
dando la vida en sus arraigos y manantiales, borrando sin piedad 
la historia de los estudios de Salamanca. 

Y D. Mames, guardián celoso del tesoro, con esos pergaminos, 
ron esos memoriales del tiempo que pasó, supo defender á la Uni- 
versidad de cuantas arremetidas pudieron urdir los envidiosos y 
los atrevidos ignorantes. 

Invocando esos títulos de la tradición, no hubo investigador de 
Hacienda capaz de poner mano en los bienes propios de la Uní ver- 



- 164 - 

sidad, y las leyes y las órdenes se embotaban contra las llaves del 
celo y del entusiasmo y del culto" de D. Mames á la gloriosa tradi- 
ción de la Universidad salmantina. 



De cómo conservó y cuidó el legado de las hermosas prácticas 
de la Capilla, son testigos muchos de los que hoy deploran el olvi- 
do y abandono en que han quedado. 

Nunca faltó á su asiento presidencial en la Capilla; jamás olvi- 
dó las costumbres escogidas del Claustro universitario, que dedi- 
ca fiestas al Beato Juan de Rivera, á San Jerónimo y San Cayeta- 
no, que instituyó la solemnidad del Santísimo y los piadosos, edi- 
ficantes, oficios divinos de Semana Santa. 

Al morir aquel hombre, los claustrales, con Unamuno á la ca- 
beza, no encontraron mayor fineza que honrarle, en sus exequias 
fúnebres, asistiendo en corporación, con trajes académicos, pre- 
cedidos demaceros, con su maestro de ceremonias 

Después, quizás alguna intemperancia sintomática haya dado 
al traste con las funciones religiosas de la Capilla universitaria- 
Es lástima que no sea un pecado á cargo de la irreligiosidad de 
Unamuno. 

:•: * * 

Los que fuisteis estudiantes bajo el rectorado de D. Mames, re- 
cordareis aquella invitación que nos hacía al llegar las vacaciones 
de Semana Santa, el Viernes de Dolores, para prepararnos al 
cumplimiento pascual con la Santa Iglesia. 

También eso ha desaparecido al contagio de no sé qué atonis- 
mo, que ha secado el espíritu universitario entre los claustrales 
de Salamanca. 

Aquello podrá ser tenido por una antigualla, y no faltará doc- 
tor ilustrado que lo llame anacronismo. Pero yo os recordaré que 
en días de amargura, de trastornos, de duelo para los anales estu- 
diantiles, Unamuno tuvo que acudir, para levantar el espíritu y el 
aliento, á las tradiciones de D. Mames, y en cuatro líneas impre- 
sas, saturadas de verdad, despedía á los escolares á la invocación 
de la Virgen de los Dolores, para que se retirasen á sus casas, al 
cumplimiento de los deberes cristianos 

Yo no sé decir más. Que la Universidad no sea ingrata con 
aquel hombre que tanto la amó, y que su ejemplo ponga siquie- 
ra una mira de unión para cuantos vivimos en este rico solar del 
saber. 

Martín D. BSRRUETA 

Catedrático de la Universidad y ex-Director de El Libaro. 
Salamanca, Septiembre, 907. 



!65 - 



Fragmento de la memoria que escribió el Rector Esperabé en 1877 
sobre los antecedentes, situación y porvenir de la Escuela, diri- 
gida al Rey D. Alfonso XII. 

III 

Había hasta aquí la Universidad de Salamanca llenado cumpli- 
damente su función bienhechora, salvando del olvido los restos del 
antiguo saber, y siguiendo, y aun adelantándolos á veces, los pro- 
gresos científicos. Restauró de igual modo el gusto por los mode- 
los clásicos, y fué parte muy principal á crear nuestra literatura, 
en la cual la pertenecían hasta entonces las mejores y más nota- 
bles producciones. 

Empero, desgraciadamente, en vez de continuar este rumbo y 
de abrirse con expansión á las corrientes del pensamiento, sin me- 
noscabo de las creencias religiosas, la Universidad de Salamanca, 
cohibida, como la vida nacional toda, por la cruel suspicacia del 
Tribunal de la Inquisición, que ya había hecho antes en ella vícti- 
mas tan ilustres como el sabio Pedro de Osma, y el dulce Fray 
Luis de León: adhiriéndose también de su parte con un apego ex- 
cesivo á las doctrinas antiguas, y dejándose influir más de lo jus- 
to por la circunstancia de su carácter pontificio, comenzó á decaer 
lentamente, sin que pudieran evitarlo los distinguidos hombres 
de ciencia, elegantes escritores y poetas inspirados que todavía 
produjo. 

En todo el siglo xvu la Universidad permaneció estacionaria 
en las antiguas ideas, y aislada casi por completo del movimiento 
científico. Falta de aliciente y estímulo, y reducida á decorar cons- 
tantemente una ciencia que se anticuaba, degeneró su enseñanza 
en formalismo efgotista, y gastó su poderosa savia en rivalidades 
internas sobre cuestiones de forma, que dieron por resultado, á la 
vez que el decaimiento de los estudios, la relajación de la discipli- 
na escolar, manifestada alguna vez hasta por conflictos san- 
grientos. 

Provino también su decadencia de la creación de otros estable- 
cimientos de igual índole, y entre ellos más especialmente la Uni- 
versidad de Aléala, que por su proximidad á la Corte, desde que 
ésta fué trasladada á Madrid, la privó de gran número de alumnos. 
Así es que, al terminar el siglo xvu, apenas si llegaban aquéllos á 
dos mil, yendo paulatinamente en descenso. 

En medio de todo, sin embargo, y á despecho de estas diversas 
causas, nuestra decadente Escuela conservaba todavía su superio- 
ridad relativa entre todas las de España, afectadas de los mismos 



- 166 - 

males que ella, y puede ofrecer una lista de profesores distingui- 
dos y relevantes alumnos, con nombres tan importantes en los 
anales científicos ó en los fastos literarios como los de Francisco 
Suárez, Solís, Saavedra, Fajardo, Nieremberg, Páravicino, Már- 
quez, Ponce de León, Abarca, Ramos del Manzano, Núñez, Ruiz 
de Alarcón, Villegas, Calderón de la Barca, Góngora, Pellicer, 
Cardoso, Cnramuel, Chumacero, Láinez, Gonzalo Correas, Gil 
González Dávila y muchos más. Siguió mereciendo gran respeto 
á los poderes del Estado, que apelaron á su saber y prudencia en 
asuntos de todo género, y se mantuvo en una situación económica 
suficientemente desahogada para subvenir más de una vez á los 
apuros del Erario y á las crisis de la ciudad, cuando á su despren- 
dimiento acudieron. 



Fl Fxcmo. Sr. í). Mames Fsperabé y lozano 
y su Rectorado. 

Los colos que dieron rienda suelta á los vientos revoluciona- 
rios, que tantos ciclones produjeron en las naciones de Europa, 
barrieron en la nuestra todas las Instituciones seculares, sin per- 
donar, en su desoladora violencia, á las más venerandas. 

La Universidad de Salamanca, que desde el siglo xvu venía 
acusando una decadencia paulatina, vio eclipsarse en el xix el sol 
de sus esplendores, por las tres desamortizaciones ó despojos, de 
que fueron objeto sus rentas y emolumentos. 

La riqueza es signo de poder, de vida; el poder lo es de cultu- 
ra; así que, dejando reducidas las Universidades á la pobreza, se 
daba un gran paso para anular su importancia, como instituciones 
progresivas. 

La de Salamanca sufrió el vendaval; se salvó; y si quedó, fuó 
por hipócrita apariencia de respeto á su veneranda antigüedad; 
pero reducida á ser una anticualla provinciana, sin importancia 
dentro del mecanismo central de la enseñanza. 

La Providencia, que contraría muchas veces los designios hu- 
manos, convirtiendo en bienes lo que suele hacerse con el pro- 
posito del mal, tenía escrito en sus destinos, que la secular es- 
cuela, monumento venerando en el orden intelectual de España, 
no desapareciera, ni se apagaran los resplandores de la luz de la 
ciencia que por tantos siglos difundió; ya que no le cupo el respe- 
to y la veneración que otros países ion sagran á los que fueron 
sus Estudios generales. A pesar de la indiferencia de los españo- 
les, de las dañosas disposiciones de los Gobiernos, que la fueron 



- 167 - 

mermando recursos y enseñanzas, trabajosamente ha sorteado los 
varios planes de enseñanza; los ataques que con propósito de eco- 
nomías se dirigían contra su existencia; salvando los azarosos 
tiempos de trastornos políticos, y la inestabilidad de los planes de 
enseñanza; sin que en tan difíciles circunstancias le hayan falta- 
do profesores ilustres, alumnos que pusieron su nombre á gran 
altura, espontáneos protectores, ni Rectores de grandes presti- 
gios, celosos de su buen nombre é infatigables procuradores déla 
restauración de sus glorias. 

Entre estos últimos, ocupa un lugar preferente el Excmo. Se- 
ñor D. Mames Esperaba y Lozano, en cuya memoria, en el primer 
aniversario de su muerte, escribimos estas líneas. 

No es ésta la ocasión de lucir una erudición adquirida á poca 
costa, señalando la influencia beneficiosa que los aragoneses, 
maestros ó discípulos, han ejercido en los fastos de la Universi- 
dad salmantina. 

Xi la de los Rectores del reino de Aragón que habían desempe- 
ñado ese cargo, antes que nuestro inolvidable amigo; ni me toca 
referir sus méritos como profesor, hombre de ciencia, ni de ensal- 
zar sus rarísimas cualidades para el trato. Esa misión toca á otras 
plumas hábilmente manejadas, correspondiendo á nosotros hablar 
de su largo Rectorado, tan beneficioso para la Universidad, pro- 
poniéndonos en esta difícil empresa, trazar los rasgos más salien- 
tes que hacen imborrable su memoria, por tantos títulos unida á 
la vida y porvenir de la que él encontró decadente y anéirica. 

Difícil, muy difícil es reúna otro hombre la perseverante cons- 
tancia, la tenacidad en los propósitos, los alientos para las situa- 
ciones difíciles, v, sobre todo, el entrañable cariño, el air.or que 
demostró siempre á esta al ma máter, objeto predilecto de sus des- 
velos, aunando siempre el respeto á sus venerandas tradiciones, 
con el progreso y mejoras que pudieran colocarla al lado de las 
más progresivas é innovadoras de sus similares; poniendo á con- 
tribución para lograrlo sus talentos, sus relaciones personales, 
dentro y fuera de España; sin perdonar sacrificios de todo género, 
aun entre sus desafectos, cuando había que buscar protectores ó 
destruir los trabajos de enemigos solapados ó encubiertos. 

Esta labor de treinta y //// años al frente del Rectorado, es 
nuestra tesis, demostrando con hechos cómo cumplió y realizó 
los propósitos de regenerar el buen nombre y acrecentar los pres- 
tigios de la Universidad. 

Trasladado por concurso desde la cátedra de Latín y ('.riego 
que desempeñaba en el Instituto de Málaga, á la de- Griego de la 
Universidad de Salamanca, en 1864, al pronunciar el discurso que 
era costumbre entonces al tomar solemne posesión de la cátedra, 



- 168 - 

eligiendo por tema los oradores griegos; en el preámbulo que le 
precede, con la modestia que fué siempre lo más saliente de su 
carácter, con atrayente sinceridad, hace la promesa solemne de 
consagrarse por completo á la restauración y buen nombre de su 
Facultad y de la Escuela. 

Comenzó á cumplirlo desde luego en la cátedra, y lo demostró 
públicamente en el discurso inaugural del curso de 1865 á 1866, 
desarrollando el tema, La unidad , no la contradicción , es la ley 
fundamental de los sucesos y de los conocimientos humanos; des- 
arrollado con gran competencia, demostrando profundos conoci- 
mientos, del que no hemos de ocuparnos, debiendo únicamente 
hacer notar que en sus razonamientos, pruebas y argumentos, 
respira el discurso un ambiente purísimo de católica doctrina y hu- 
yendo intencionadamente de los exclusivismos de las escuelas he- 
geliana y krausista, que por entonces alcanzaron gran influencia 
entre los intelectuales. Dirigiéndose á los jóvenes les decía: para 
ser sabios es necesario ser virtuosos, como que la virtud es el estí- 
mulo más poderoso de la ciencia. A sus compañeros les decía: No 
olvidéis que sois los sucesores de aquellos preclaros varones, mo- 
delos de ciencia y de virtud, honra y prez de esta noble y generosa 
Escuela . 

Los acontecimientos políticos, acompañados de motines y su- 
blevaciones militares, intranquilizaron al país, sin dejarle lugar 
para preocuparse poco ni mucho de la ciencia, ni de las modifi- 
caciones de todo género, que por no acometerlas, nos distanciaban 
de la Europa intelectualmente, llegando al máximum de los tras- 
tornos con los sucesos de la llamada Revolución de Septiembre. 

Por consecuencia de aquellos sucesos, repercutieron en toda 
España los gritos de las muchedumbres, inconscientes como siem- 
pre, pidiendo la destrucción de todo lo antiguo, llamando hombres 
nuevos á regir los destinos de la Nación, cuyas halagadoras pro- 
mesas esperaba el pueblo se convirtieran en realidades de bien- 
andanza. 

En Salamanca, como en otras provincias, ocupáronlos puestos 
públicos los que se consideraban identificados con la Revolución, 
y el de Rector recayó en el Sr. Esperabé, no ciertamente por 
creerle partidario de las nuevas ideas ó materia dispuesta para 
los planes revolucionarios, sino debido á indicaciones de personas 
de su familia, que vieron en él condiciones muy á propósito para 
ese cargo, y que por la circunstancia de recaer en persona de 
gran ilustración y generales simpatías, no podía ser rechazado por 
el Gobierno de la Regencia, que en 4 de Octubre de 1869 le nom- 
bró Rector. 

Animo esforzado, grandes alientos eran necesarios para poner- 



- 169 - 

se al frente de un establecimiento público en aquellas circunstan- 
cias, las menos favorables para dar esplendor á una institución 
docente, á la que los sucesos de 1812, los de 1820, el plan de 1824, 
la supresión de los Colegios universitarios, las reformas de 1840, 
y la ley de 1857, la habían dejado reducida sólo á dos Facultades 
oficiales, sin otros medios que una insignificante dotación para 
material, quedando con la supresión de la Facultad de Teología 
en situación tan precaria, no mejorada con los sucesivos planes 
de enseñanza, durante los años que siguieron á la Revolución de 
Septiembre. 

Con razón pudo decir el Sr. Esperabé, en la memoria que leyó 
ante S. M. el Rey D. Alfonso XII, cuando en 1877 visitó la Uni- 
versidad, que el estado en que la encontró no podía ser más de- 
plorable, y que con titánicos esfuerzos había logrado restablecer 
las Facultades de Ciencias y Medicina con el carácter de libres, 
merced al auxilio prestado en tiempos de angustia y pencaría 
por la Excma. Diputación provincial y Excmo. Ayuntamiento. 
Esos esfuerzos no fueron inútiles: Dios recompensó su obra fecun- 
da en favor de esas enseñanzas, proporcionándole la inmensa sa- 
tisfacción de ver, antes de morir, consolidadas las dos Facultades 
con el carácter de oficiales, á las que defendió siempre, consagrán- 
dolas especial cariño. 

Una Real orden en 1877, gestionada por su diligencia en el Mi- 
nisterio de Fomento, le proporcionó la ocasión de trazar un yasto 
proyecto de reformas en el local y edificios anejos de la Universi- 
dad, complemento de las obras que anteriormente había empren- 
dido, auxiliado por los conocimientos técnicos del Arquitecto don 
José Secall, y de cuya memoria nos vedan ocuparnos los vínculos 
de parentesco que nos unían con el citado Arquitecto; no obstan- 
te, haciendo caso omiso de lo que pudiera decirse de lo bien com- 
binado del plan, de las evidentes razones con que se fundamenta- 
ban las reformas, no podemos resistir al deseo de copiar las pala- 
bras con que el Rector nos dice que: «No siéndole dable mejorar 
las condiciones de holgura del edificio con los recursos ordinarios 
déla Escuela, dedica sus cuidados á realizar las restauraciones 
artísticas y mejoras de decorado é higiene , que hacia necesarias 
el estado de deterioro y abandono en que eu ambos respectos se en- 
contraba, procurando, sin embargo, no despojarla con ellas del ve- 
nerable carácter que le imprime su antigüedad-». Consecuente con 
esas ideas, hubiera transformado la vieja Universidad en un am- 
plio edificio, quitando peligros constantes que amenazan su exis- 
tencia. ¡Lástima es que no haya existido la solidaridad en ese pen- 
samiento en las obras sucesivas!.... 

Sería interminable la enumeración de los muchos datos que 



- 170 - 

pueden añadirse para demostrar, con hechos, el interés y venera- 
ción que le inspiró siempre la Casu de la Ciencia, y hemos de pres- 
cindir de las reformas introducidas en la Secretaría, en el Archi- 
vo, en las Bibliotecas de los Decanatos, en la Capilla, objeto pre- 
dilecto de su atención; y vamos a ver ese mismo amor y deseo del 
buen nombre y lustre, en lo que se refiere á las relaciones de la 
Universidad con la vida pública y los centros docentes de España 
y del extranjero. 

Aunque fué teniente alcalde del Municipio salmantino prime- 
ro, y más tarde senador, no ambicionó puestos políticos. Deseaba, 
sí, influencia, relaciones, amigos y agradecidos, en todos los 
partidos políticos y esferas sociales, pero era para poner esa in- 
fluencia, esos amigos y los afectos á su persona al servicio de la 
Universidad, que constituyó para él parte de su familia, su pre- 
ocupación, sus cariños, sus desvelos, sus alegrías. 

Desde 1869 hasta 1°00, en que dejó el Rectorado, no ha habido 
acto público, acontecimiento nacional, en el que no haya figurado 
la Universidad de Salamanca, con su Rector á la cabeza. Si no ha- 
bía recursos, no importaba, su bolsillo particular lo suplía. De ese 
modo asistió la Universidad á los centenarios de Calderón, Fray 
Luis de León y del descubrimiento de América. 

Su discurso, en esta última ocasión, ante los extranjeros y co- 
misiones, merece mil veces ser reproducido. Es una gallarda mues- 
tra de su viril entereza, defendiendo á España y á la Universidad 
de las calumnias propaladas dentro y fuera de nuestra patria, que 
habían llegado á formar opinión vulgar, con perversa intención 
esparcidas por escritores extranjeros, recibidas, toleradas y con- 
sentidas sin protesta, por algunos que, llamándose liberales, en- 
tendían, erróneamente, servían de ese modo á la causa liberal, 
acogiendo todo género de groseras invenciones, en desprestigio 
de la patria y de instituciones de más valor social que sus dispa- 
ratadas teorías. Bien es verdad que antes, y en libros de gran es- 
tima, bajo este punto de vista, estuvieron con él para defender á 
Salamanca Rodríguez Pinilla, Doncel, Falcón, Torre Vélez, y 
otros; pero en ocasión tan solemne y oportuna, revistió de autori- 
dad sus afirmaciones, y puso el sello del desprestigio á las infun- 
dadas especies que se propagaron sobre la intervención de los doc- 
tores salmantinos en los proyectos de Cristóbal Colón. 

Su numerosa correspondencia particular y la oficial daría á 
conocer á los que lo ignoran, que no fué invitada la Universidad 
á ningún acto, certamen ó subscripción, en los que no figurara Sa- 
lamanca; y aunque era tan modesto que nunca hizo alarde de sus 
conocimientos de lenguas extranjeras, mantuvo en sus propios 
idiomas relaciones con los sabios, Universidades y centros cientí- 



- 171 - 

fieos de Francia, Italia, Inglaterra y Estados Unidos, siempre á 
nombre de nuestra Universidad, ó llevando su representación. 

De sus dotes de mando, puede decirse que el vínculo más fuer- 
te con que sujetaba á sus subordinados, fué siempre el de su bon- 
dad sin límites, conquistando el corazón de los que le trataban. 

En esos largos años de su Rectorado ban pasado por la Uni- 
versidad y otros establecimientos de enseñanza muchos, muchísi- 
mos catedráticos de diversas opiniones, condiciones y carácter. Ni 
uno solo puede señalarse que no le tuviera por amigo, y la inmen- 
sa mayoría le debieron especiales favores, dispensados sin alarde, 
sin que la ingratitud, tan común entre los hombres, le arredrara 
para dispensarlos á manos llenas, ni se preocupara nunca de cómo 
habían de ser reconocidos. 

Interminable sería la enumeración de las especialísimas condi- 
ciones de D. Mames, como familiarmente le llamaban sus amigos, 
ó el Sr. Rector, como el pueblo le designaba, indicando el respeto 
y la consideración que grandes y pequeños tenían y dispensaban 
al que era personalidad conjunta con la Universidad, y por estas 
consideraciones á su Rector, se tributaban á la institución y á los 
catedráticos. 

La bel observancia de cuantas órdenes emanaban del Gobier- 
no, excepto las apremiantes y conminatorias para la entrega de 
los fondos universitarios, fué recompensada con la concesión de 
la Gran Cruz de Isabel la Católica. Entre los muchos informes que 
evacuó sobre diferentes asuntos, es muy notable el que redactó 
en cumplimiento de la Real orden de 19 de Julio de 1881. En este 
informe se anticipan ideas, que planteadas veinte años más tarde, 
en los diferentes grados de la enseñanza, se han tenido como nue- 
vas y progresivas. 

La exactitud en el cumplimiento desús deberes no hay para 
qué mencionarla, si bien hay que hacer notar que con pocos ó 
muchos compañeros no faltó á ningún acto adonde debía asistir 
la Universidad, siendo el primero en los actos de la Capilla, y en 
los tradicionales de los Oficios y recepción de procesiones, en el 
Jueves y Viernes Santos y Domingo de Resurrección. 

Larga, muy larga sería la referencia á una de las empresas 
acometidas, verdadera gloria de su Rectorado, que ni se lia esti- 
mado lo bastante, ni será agradecida nunca como se merece por 
el pueblo de Salamanca y por cuantos han disfrutado, disfrutan y 
disfrutarán los beneficios de las becas. Sí, la institución de los Co- 
legios, tenazmente defendida, organizada y mejorada con aumen- 
tos de nuevas fundaciones, fué desde que tomó posesión del Rec- 
torado, el amor de sus amores, la institución de su constante pre- 
ocupación. Bien es verdad, y á ello nos obligan los fueros de la 



- 172 - 

verdad y la justicia, que en esa empresa tuvo á su lado, con todas 
sus fuerzas y enero-fas, al catedrático que fué de Metafísica en la 
Facultad de Filosofía y Letras, D. Mariano Ares. El reglamento 
por el cual se rige hoy la Junta de Colegios, los expedientes se- 
guidos en reivindicación de sus bienes, el aumento de becas, la 
solicitud y cariño con que alentó á los jóvenes para trasladarse al 
extranjero, facilitándoles relaciones, dinero, etc., son méritos con- 
traídos con la institución de los Colegios universitarios, y con los 
becarios, que han disfrutado sus beneficios, que no pueden ol- 
vidarse. 

Vida tan bien empleada, los nobles esfuerzos en favor de la 
Universidad y de Salamanca le conquistaron universales simpa- 
tías, traducidas en aquéllos á los que honró con su particular afec- 
to, en acendrado cariño. 

No estuvo sembrado de flores el camino recorrido durante su 
Rectorado, ni los tiempos eran pacíficos, pues precisamente los 
caracterizó la enconada lucha de pasiones y las agitadas turbu- 
lencias; ni su personalidad, por ocupar tan alto puesto, dejó de 
pagar el natural tributo que el bueno y noble paga en este mundo 
á la envidia y á las bajas pasiones. Ocupa en la historia del si- 
glo xix una gran parte de ella la despiadada lucha de los exage- 
rados principios de la escuela liberal, y los defensores intransi- 
gentes de los tradicionales. 

Como en toda lucha abundan los que exageran, precisamente 
los que llamándose amigos, son los más encarnizados enemigos de 
la causa que suponen defender. Salamanca padeció con esa lucha 
como ninguna otra población, y los partidarios de las extremas y 
más encontradas direcciones tildaron más de una vez á nuestro 
querido amigo: los unos, de tibio, acomodaticio en la defensa del 
sistema é ideas liberales, y los otros, de católico ritual y forma- 
lista. Varias veces se puso á prueba por unos y por otros el tem- 
ple sereno de su alma, cebándose la calumnia en aquel espíritu 
tan Heno de grandes ideas, que la única defensa de su conducta, 
después de sufrir resignado los rudos ataques de sus enemigos, fué 
olvidar sus ofensas, y devolver con creces esas ofensas con espe- 
ciales favores ;i los quemas encarnizadamente le combatían. ¡Al- 
ma grande, católico práctico, fué la única defensa que se per- 
mitió! 

Juzgúese cuál hubiera sido su beneficiosa acción al frente de un 
establecimiento tan necesitado de actividad y celp, si tiempos más 
á propósito para solicitar la protección de los Gobiernos hubieran 
sido los alcanzados por hombre de tan excepcionales condiciones. 

Puso digno remate el cariño que profesó á la Universidad, en- 
comendando á su hijo hiciera el donativo de ocho mil pesetas, para 



- 173 - 

que el Claustro las detinara á los fines que juzgara más útiles en 
favor de la enseñanza. 

No necesita el Exorno. Sr. D. Mames Esperabé y Lozano bus- 
tos ni inscripciones que perpetúen su recuerdo: mientras la Uni- 
versidad exista, cuantos profesores y alumnos pasen por ella, for- 
zosamente han de recordarle, porque llena una página muy impor- 
tante de su historia, que no puede borrarse, que no puede desapa- 
recer 

Luis R. MIGUEL 

Catedrático de Lengua y Literatura Española 
de la Universidad de Salamanca. 
Salamanca, Octubre de 1907. 



El Sr. Rector. 

«Combate con la prudencia y la justicia, y todo lo vencerás». 
Así contestó ya ha varios siglos un filósofo á quien se pedía la fór- 
mula reguladora para los actos humanos. 

D. Mames Esperabé, el Sr. Rector, como se continuó llamán- 
dole hasta su muerte, dada su vasta ilustración clásica, debió no 
s<)lo conocer esta sentencia, sino también, con firme y deliberada 
voluntad, constituirla en regla de conducta. 

Si el efecto es cierto que revela su causa, los actos de su vida 
acusan aquel conocimiento. 

Traté á D. Mames en la última etapa de su existencia, cuando 
ya los años y la experiencia hacen al hombre más reflexivo, pero 
también más calculista, y sin embargo, ni en un solo momento le 
vi decaer ni vacilar en el cumplimiento de su deber ni en la apli- 
cación estricta del j'us suum caique tribuere. Era el hombre de 
hierro que sentado en el viejo y duro sillón de cuero permanecía 
inconmovible, lo mismo ante las apremiantes exigencias de una 
soberbia nacida al calor de un seudo concepto del propio valimien- 
to personal, productora de egoísmos ó concupiscencias reproba- 
das, que ante las intemperancias de espíritus inquietos y quizá 
torcidamente exaltados por falsas ideas acerca de las personas y 
las cosas. Es que D. Mames, como los héroes de Homero, entendió 
siempre que estaba obligado de igual modo á saber que á obrar. 
Tanto como en el saber, en el obrar estuvo el secreto de su ex- 
traordinario prestigio. 

Pude apreciarlo muchas veces. Cuando, sin el más leve detrimen - 
to de la ley, podía secundar una pretensión, allí estaba la equidad 
y hasta el favor, si era preciso; pero cuando así no era, los con- 
vencionalismos no tenían realidad, desaparecía el amigo, surgía 
el Rector, y la justicia era un hecho tangible. 



- 174 - 

¡Hermosa virtud, que enaltece al hombre en vida, y proyecta so- 
bre su memoria el recuerdo puro que el suceder de los tiempos no 
ha de ser bastante á extinguir! 

Si pues estas dos cuartillas, que le dedico en su primer aniver- 
sario, no han de falsear el estado de mi conciencia, creo acomo- 
darme á ella al afirmar que el hombre que mantuvo á gran altura 
el nombre de nuestra histórica Universidad, que organizó muchos 
de sus servicios de modo adecuado, que desafió con ánimo sereno 
las tempestades varias que amenazaron la existencia de aquélla, 
que conservó incólumes con paternal solicitud sus tradiciones y 
sus prestigios, que guardó sus rentas, como el huraño á miradas 
indiscretas oculta sus dineros, que acalló tantas quejas y endulzó 
muchas amarguras, ese hombre tuvo otra cualidad, virtud inago- 
table: practicó siempre y constantemente la justicia. 

Esteban JIMÉNEZ 

Salamanca, Octubre, 1907. 



Autógrafo del Rector Esperabé, publicado en "La Ilustración Es- 
pañola y Americana,,. 

Salamanca , que fué la primera en comprender al genio de los 
mares, tenía que ilustrar después con los resplandores de su cien- 
cia los países por él descubiertos. La gloria del gran aconteci- 
miento que se conmemora en este día, embargando en sublimes 
arranques de admiración y de júbilo el ánimo de todos, pertenece 
exclusivamente á la patria de los Reyes Católicos. Pero además 
de brillar como perla preciosa en la refulgente Corona de Castilla, 
sin dejar de ser eminentemente española, es singularmente sal- 
mantina. Aquí el italiano burlador, no sólo encuentra generoso 
hospedaje en el convento de San Esteban, sino que entendido ;i la 
primera ojeada por Deza, catedrático de prima, y apoyado des 
pues, merced al prestigio del insigne dominico, por los maestros 
más celebrados de la Escuela, firme ya con el voto favorable de 
Salamanca, es admitido al servicio de los Reyes, recibiendo de 
sus augustos labios esperanzas ciertas de que, acabada la guerra 
de Granada, le entregarían las carabelas. 

Fiel, por tanto, la entonces llamada Atenas española al solem- 
ne compromiso adquirido ante los Reyes y ante España, ante la 
religión y la sociedad, ante la civilización y la historia, debía co- 
rresponder al realizado proyecto en la esfera propia de su institu- 
ción, y á la altura de su reputación científico y literaria. 

Y, en efecto, el llamado por Alejandro IV uno de los cuatro 
Estudios generales de la Cristiandad, que dio consejeros á los Re- 



- 175 — 

yes, consultores á los Papas, teólogos á los concilios y sabios y 
literatos á todos los ramos del saber humano, no había de desmen- 
tir su historia en el momento solemne de la revelación de la mitad 
del globo, en el suceso más portentoso de los siglos modernos, 
previsto por su clara intuición y llevado á cabo por su iniciativa 
é influjo decisivo. 

A su pasado responde unísono el porvenir. La civilización de 
América es debida principalmente á Salamanca. Ln hijo suyo, 
Fernán Pérez de Oliva, fué el primero que escribió la vida del 
Marino, perdida desgraciadamente, pero registrada en la Colom- 
bina por mano del fundador D. Fernando, hijo del Almirante. 
Cuatro frailes de San Esteban fueron los primeros en organizar 
una misión permanente para cristianizar los países conquistados. 

El gran defensor de la libertad de los Indios contra las vejacio- 
nes de los logreros fué Las Casas, alumno de las aulas salmanti- 
nas, y el insigne jurista Domingo Soto, hijo de San Esteban, el 
que sostuvo en la célebre disputa de Yalladolid la sana, humani- 
taria y cristiana doctrina respecto á los derechos del hombre con- 
tra el Dr. Sepúlveda, que abogaba por la esclavitud. 

José Acosta fué uno de los primeros y de los más notables en 
describir las producciones de América, y la legislación de India.-, 
que no reconoce semejante, fué inspirada por los doctores salman- 
tinos, uno de cuyos maestros, Solórzano, la resumió en la tan 
sabia como poco conocida obra titulada: De Jure ct Gubernatione 
Indiarum Occidentálium. Y mientras Hernán Cortés, después de 
frecuentar estas aulas, regalaba al Emperador Carlos V un vasto 
imperio por medio de hazañas superiores á las de la mitología, 
otros hijos ilustres de esta Escuela fundaban casi todas las Uni- 
versidades del continente americano, junto con las de la Habana 
y de Manila, movidos por su ilustración civilizadora y por su ge- 
ner< >so desprendimiento. 

Con razón, pue>, puede reclamar Salamanca uno de los prime- 
ros puestos de honor en las proyectada- lie-tas del cuarto cente- 
nario del descubrimiento de América. 

Mames ESPERABÉ LOZANO 



D. Mames. 

Pocos, entre nuestros contemporáneos, podrán merecer de la 

historia fallo más glorioso que el Excmo. Sr. I). Mames Esperabé 
Lo/ano, ilu>tre Rector que fué de la Universidad salmantina. 
Maestro de n<> pocos, dio á cuantos á él acudieron en demanda 



- 176 - 

de protección, de auxilió y de enseñanza, un modelo que seguir, 
un trabajo que emprender, una recompensa que alcanzar y una 
laboriosidad en que inspirarse. Ejemplo vivo de virtudes austeras 
y oráculo de enseñanzas seguras, fué D. Mames representante fiel 
de aquellos antiguos varones severos y nobles, sobrios, modestos, 
justos y fuertes, de vida retirada y tranquila, leales, sinceros, 
parcos en el hablar, graves y reposados en la reflexión, pero tena- 
ces y enérgicos en la ejecución de la obra comenzada. 

Los amores santos de aquel inolvidable Rector fueron siempre 
para su Universidad veneranda, y á ella, y singularmente á las dos 
Facultades de Ciencias y de Medicina, dedicó también su labor 
c< Mistante, callada, sin relumbrón ni apariencia, pero bien cimen- 
tada y robusta, fecunda, provechosa, útilísima y duradera. 

En el homenaje que al muerto ilustre se rinde en el día del pri- 
mer aniversario de una de nuestras tristes fechas no puede faltar 
mi pobre ofrenda, pues si mi silencio nada significaría quizá para 
el público, respecto de aquella sagrada memoria representaría una 
ingratitud, y jamás fué ingrato quien en todas las ocasiones tribu- 
tó honores de veneración y respeto á sus queridos maestros. 

Eduardo NO GARCÍA 

Decano de la Facultad de ciencias. 
Salamanca, Octubre, 1907. 



Un recuerdo. 

Uno mi modesto nombre al de las ilustres personalidades que 
hoy rinden homenaje á nuestro antiguo Rector, nuestro maestro, 
nuestro entrañable amigo: y me identifico en el dolor con D. En- 
rique Esperabé, á quien si las muestras de respetuoso cariño y 
admiración á su padre pueden darle alguna satisfacción, un nada 
merman sus penas recuerdos de tan amarga tristeza. 

Los intelectuales conservarán memoria perdurable del hombre 
que en los días aciagos de la Restauración, cuando en disposicio- 
nes ministeriales se injuriaba al profesorado, perdían sus cátedras 
y eran desterrados hombres del relieve de D. Francisco Giner, 
D. Nicolás Salmerón, D. Gumersindo Azcárate, etc., etc., etc., en 
la Universidad de Salamanca, donde también había algunos pro- 
fesores señalados por sus ideas radicales en política y religión, 
muy singularmente el entontes catedrático de Metafísica D. Ma- 
riano Ares, no hubo que lamentar esas persecuciones, verdaderos 
desvarios, merced al tino, al acierto con que nuestro Rector diri- 
gió asunto tan delicado, y á la firmeza de carácter con que sostu- 
vo la independencia del profesorado en la indagación y exposi- 



- 177 - 

ción científica, cuando la ciencia es honradamente profesada y 
sinceramente expuesta. 

La ciudad cuya vida está vinculada en su Universidad, tampo- 
co olvidará que D. Mames no encontró más que una escuela de 
Derecho, y dejó cuatro Facultades que con el tiempo renovarán 
nuestra atmósfera intelectual, inspirarán nuevas orientaciones 
para la vida, y se llegará sin duda, con la ayuda de todos, á reco- 
brar el nombre y prestigio que tuvo en su época más gloriosa. 

Timoteo MUÑOZ OREA 
Catedrático de la Facultad de Filosofía y Letras. 
Salamanca, Octubre, 1907. 



Una anécdota. 

Salamanca celebraba con júbilo grande la inauguración de un 
templo dedicado á su patrono San Juan de Sahagún y levantado 
sobre el solar que ocupara en otro tiempo la iglesia de San Mateo. 

Merced á la fe religiosa y á la tenacidad tradicional en el ma- 
logrado Padre Cámara, el proyecto de aquella hermosa iglesia, 
cuya portada adornara el laureado Marinas con sus notables alto 
relieves, llegó á feliz término, y á la bendición del edificio acudie- 
ron muchos Prelados. 

Entre ellos destacábase, en todos los actos religiosos, la mar- 
cial figura del inolvidable Cardenal Cascajares, Arzobispo á la sa- 
zón de la archidiócesis vallisoletana. 

Todos los purpurados desfilaron por nuestra Universidad, reco- 
rriendo sus claustros y admirando las bellezas que aun conserva. 

La renombrada Biblioteca, donde pasé mis años juveniles y 
cuyo recuerdo cariñoso me acompañará siempre, mientras viva, 
fué también muy visitada, y yo, á la sazón jefe interino, me vi 
obligado, durante varios días, á hacer los honores de la casa. 

Un día me avisaron que por la escalera subían, acompañan - 
d > al Arzobispo de Valladolid, el Reverendo Padre Cámara, el in- 
olvidable D. Mames y un número no pequeño de canónigos. 

Salí presuroso al claustro, y tras los saludos de rúbrica, serví 
á los visitantes de modesto cicerone en el salón que podíamos lla- 
mar de Churriguera, y en la sala de manuscritos, donde permane- 
cimos en pie largo rato. 

Después de admirar las muchas curiosidades que allí se encie- 
rran, noté yo, y alguno más conmigo, en el semblante del Carde- 
nal algunas demostraciones de fatiga, y les invité á descansar en 
los cómodos asientos del despacho. 

Todos accedieron gustosos á mi invitación, y el Cardenal aña 

12 



- 178 - 

dio á su asentimiento unas palabras que me produjeron la mayor 
impresión y que me crearon en pocos segundos el mayor conflicto. 

Y así fumaremos un cigarro — dijo el Cardenal. 

¿Qué hacer? Yo entonces no fumaba, y D. Mames no acostum- 
braba á llevar tabaco en el bolsillo, pues los magníficos habanos 
que fumaba los tenía en casa. Esto lo sabíamos sus íntimos, que 
más de uno habíamos saboreado á su salud. 

El compromiso para mí era enorme. ¿Quién había de creer que 
todo un Arzobispo había de descender á fumar un pitillo de un hu- 
milde bibliotecario? 

Llamé al portero, al bueno de Isaac, y le encargué que á todo 
escape trajese del estanco de la mejor clase de cigarros que ha- 
llase, y al entrar en el despacho vi, con sorpresa, á D. Mames, 

ofreciendo, en una humilde y deteriorada petaca, pitillos de á vein- 
ticinco céntimos paquete, al Cardenal y demás personajes que le 
acompañaban. 

Mi confusión subió de punto, cuando el Rector se dirigió á mí, 
haciéndome el mismo ofrecimiento. 

—No fumo, le dije azorado. 

—Mejor para tí, me respondió, tomando á su vez un pitillo que 
envolvió y encendió, ofreciendo antes la cerilla al Cardenal, que 
recordando sus tiempos de artillero, lo hizo también con verdade- 
ra complacencia. 

Para todos pasó desapercibido mi compromiso, menos para mi 
inolvidable Rector, quo aprovechando un momento, mientras la 
comitiva se acomodaba en el despacho, pidió su petaca al venera- 
ble Pascua, conserje de la Universidad, que con los demás bedeles 
y mozos quedaba en el pasillo, y la presentó á los visitantes, sin 
tener en cuenta las advertencias del empleado sobre la calidad del 
tabaco. 

El conflicto se había resuelto, y mi confusión se había desva- 
necido. D. Mames se retrataba allí de cuerpo entero, cuando se 
trataba de salvar á cualquiera de sus compañeros ó subordinados, 
que como yo, tenían la fortuna de ser tuteados por él. 

Hombre modesto en público, demostraba con esplendidez su 
alma grande en privado, prefiriendo hasta la humillación por evi- 
társela á otro, aunque éste hubiera sido un ingrato. 

Más de alguno de los que estas líneas lean, recordarán amar- 
guras por él pasadas en trances en que sus enemigos, que tanto 
tenían que agradecerle, quisieron explotar sus sentimientos para 
invadirle la Rectoral, sin apreciar que durante el tiempo en que la 
ocupó, con su tacto y energías solucionó muchas crisis y evitó 
grandes disgustos, sufriendo él solo los embites de los despechados. 

Hasta su muerte fué el de siempre, el amigo sincero, el compa- 



- 170 - 

ñero leal y el jefe respetable que con paternales consejos, á los 
que como yo nos honramos siempre con haber sido sus subordi- 
nados, nos guiaba por el camino del bien y de la honradez, que en 
todos sus actos presidía. 

Manuel CASTILLO 
Director del Instituto General y Técnico de Cáceres. 
Cáceres, Octubre, 1907. 



A su memoria. 

Perdura la memoria del que fué ilustre Rector de nuestra Uni- 
versidad, y de año en año, al contarse uno más desde que murió, 
el homenaje que Salamanca le tributa adquiere nuevos caracteres 
de cariño intenso á su memoria, y de conocimiento exacto de su 
bondad é inteligencia. 

Una vida entera consagrada al bien particular y colectivo, un 
corazón que palpitó al conocimiento de todas las desgracias y acu- 
dió á su socorro, una inteligencia al servicio siempre de la gloriosa 
Escuela, á cuyo frente estuvo, tales fueron las armas con que don 
Mames conquistó el respeto á su persona en vida, y el culto á su 
memoria después de muerto. 

El Adelanto cumple un deber al asociarse al sentido homenaje 

que hoy se tributa al Sr. Esperabé Lozano, que lo mereció por 

bueno y por sabio. 

«EL ADELANTO 



D. Mames Esperabé Lozano y la Universidad 
de Salamanca. 

La segunda mitad del siglo xix forma época en los anales de 
la Historia de España, por los frecuentes y continuos trastornos y 
convulsiones en la política, los cuales necesariamente habían de 
afectar á la Instrucción pública, causando en ésta una revolución, 
que bien puede decirse comenzó con el plan de estudios de 1845, 
desde cuya fecha las Universidades, habiendo perdido su antigua 
libertad por efecto de la vida lánguida y monótona que llevaran 
durante el anterior siglo y medio, comenzaron ;'i sentir la necesi- 
dad de recobrar aquella autonomía de otros tiempos. 

Por lo que á nuestra Universidad se refiere, hemos de manifes- 
tar, con sentimiento, el grado de decadencia á que vino á parar, 
habiendo estado á punto de perder sus derechos y prerrogativas 
políticas y religiosas, cercenadas sus enseñanzas, y apuntada para 



— 180 — 

desaparecer como centro de la misma, por efecto del citado plan 
de estudios y de otras secesivas reformas, así como por el poco 
amor que hacia la Escuela salmantina tuvieran la mayor parte de 
sus Rectores, quienes se renovaban en la jefatura con inusitada 
frecuencia. 

Llegó el 16 de Octubre de 1869, en cuyo día toma posesión de 
la Rectoral el inovidable y cariñoso Excmo. Sr. Dr. D. Mames Es- 
rabé Lozano (q. e. p. d.), y desde ese momento, puede decirse, co- 
mienza á revivir la Universidad, á la que dedica todo su cariño, 
todas sus energías, todo su talento y sus extensas relaciones, 
habiéndola quedado, al terminar su gestión, en un estado de 
florecimiento que contribuyó no poco á que el Estado se hiciese 
cargo de todas las enseñanzas que actualmente la constituyen. 

Las excelentes cualidades que adornaban á D. Mames, y entre 
otras, su carácter bondadoso á la vez que enérgico, su exactitud 
en el cumplimiento del deber, para lo cual daba ejemplo, le con- 
quistaron el cariño y el respeto profundo, no solamente de cuantos 
le tratábamos, sino también la consideración de los prohombres 
de gobierno, que le respetaron en el puesto de Rector durante 
treinta y un años y once días, á pesar de los innumerables cambios 
acaecidos en el régimen político durante tan largo espacio de 
tiempo. 

Con las expresadas condiciones, y además haber sido senador, 
se comprenderá la gran influencia que llegó á adquirir, cuya in- 
fluencia aprovechó principalmente en beneficio de la Universidad, 
á la cual miraba como su propia casa. 

No permitiendo la índole de este trabajo detallar todos los be- 
neficios que el Rector D. Mames reportara ;í la Universidad sal 
mantina, expondremos sucintamente que á su gestión se deben las 
grandes obras de ampliación y saneamiento del edificio universi- 
tario, edificándose un segundo cuerpo, la creación por el Estado 
de la Facultad de Filosofía y Letras, el sostenimiento de los bienes 
propios de los suprimidos Colegios universitarios, que tantos be- 
neficios reportan; á su gestión se debe también la existencia délos 
bienes correspondientes á la Capilla universitaria, para que en ella 
se siga sosteniendo el culto católico con las prerrogativas que le 
concedieran los Sumos Pontífices. Estas prácticas religiosas se ve- 
rificaban con gran solemnidad, asistiendo casi todos los Doctores 
del Claustro general durante los treinta y un años que D. Mames 
fué Rector, quien además regaló, hace años, á la Capilla, una her- 
mosa efigie de la Santísima Virgen del Pilar, instituyendo de su 
peculio una fiesta todos los años el día 12 de Octubre. 

Por último, á su señor hijo D. Enrique dejó dicho que á su 
muerte legaba á la Universidad un donativo de 8.000 pesetas para 



- 181 - 

premios, manda que este señor se apresuró á cumplir al morir su 
señor padre. 

En otro orden de hechos, al Rector D. Mames le debe gratitud 
Salamanca porque adquiriesen desde el año 1875 carácter oficial 
las dos Facultades de Medicina y Ciencias, sostenidas en esta Uni- 
versidad como libres por las Corporaciones municipal y provin- 
cial. Profesaba especial cariño á estas Facultades, y muy espe- 
cialmente á la de Medicina, como lo prueba el que á su muerte 
quedó para esta Facultad la parte mayor del legado antes re- 
ferido. 

Hemos presentado brevemente la noble figura delRector D. Ma- 
mes, en quien todo el mundo vio la firmeza de carácter aragonés, 
unida en estrecho lazo con la hidalguía castellana, á cuyas pren- 
das personales debemos añadir su excesiva caridad, su religiosi- 
dad perfecta y sus ideas liberales sin exageración ni mixtificación 
alguna, todo lo cual constituía en este señor el tipo de hombres 
perfectos é íntegros, de los pocos que se ven en estos tiempos de 
egolatría. 

Cuanto llevamos expuesto nos conduce á recordar algún hecho 
de la vida de D. Mames, hechos que aun siendo del dominio pú- 
blico, no son conocidos en la pura verdad del sucedido, y cuyo 
desenlace ulterior contribuyó á acelerar su muerte. 

El entrañable cariño que profesó toda su vida á su querida 
casa, la Universidad salmantina, teníale constantemente con la 
esperanza de conocer la autonomía universitaria , y con este mo- 
tivo supo conservar para ulteriores fines de engrandecimiento 
déla Universidad los muchos millones de pesetas que constituían 
los fondos propios de aquélla. 

El Rector D. Mames bien sabía que producía una sangrienta 
revolución en el pueblo salmantino en cuanto le participase que 
por denuncias y excitaciones de alguien tratábase de arrebatarle 
dichos capitales, y prefirió, antes que ocasionar un día de luto á 
la ciudad, afrontar él solo las consecuencias, negándose á entre- 
gar dichos millones de pesetas cuantas veces quisieron los Go- 
biernos incautarse de ellas. Una vez el Excmo. Sr. Marqués de 
Pidal escribíale diciendo que entregase esos valores, y la contes- 
tación de D. Mames al gobernante fué decirle que había roto su 
carta y arrojado los pedazos al cesto de los papeles; que no entre- 
garía nada mientras fuese Rector. Otra vez fué el Sr. Villaverde, 
con quien le unía estrecha amistad, y la contestación fué pareci- 
da, si bien no rompió la carta. 

El día que 1). Mames supo habían sido entregados á la I lacienda 
eso- millonea de pe>etas, que todos los salmantinos sabíamos se 
hallaban en litigio, respecto al derecho que á ese capital uniera el 



- 182 - 

Estado á la Universidad, el Rector D. Mames lloró y estuvo en- 
fermo, sin poder salir de casa en unos días; entonces anunció su 
muerte próxima á los amigos íntimos que le visitaron. 

Para terminar, otro rasgo de su carácter enérgico é indepen- 
diente fué la contestación que diera al Excmo. Sr. Ministro de Fo- 
mento D. Alejandro Pidal, quien pretendía imponer un candidato 
(que no citamos) dignísimo por todos conceptos, contra el no me- 
nos digno candidato liberal. Si el Sr. Ministro, dijo, se atreve á 
dirigirse al Claustro universitario, hágalo por su cuenta, y si para 
ello necesitase la autoridad Rectoral, á su disposición queda la in- 
signia del jefe, mas no jamás la persona. 

Vamos á terminar pidiendo al pueblo salmantino dedique un 
recuerdo en este día al hombre integérrimo y pundonoroso, á 
quien este mismo pueblo hasta el último momento de su vida sa- 
ludaba diciéndole: ¡Vaya Ud. con Dios, Sr. Rector! Para el 

pueblo salmantino fué el Rector de la Universidad hasta el último 
día de su vida. 

El Excmo. Ayuntamiento ha dedicado á su memoria una vía, 
dándole el nombre de Pasco del Rector Esperaba 

La Universidad conserva como recuerdo un hermoso cedro, 
que se yergue arrogante en medio del patio, buscando el sol de 
las alturas, sitio adonde llegó aquél por cuya orden se plantara. 

Dr. Ricardo DIEZ SÁNCHEZ 

Catedrático de Medicina- 
Salamanca y Octubre de 1907. 



Jamás cobró réditos. 

Prestó mucho dinero, todo lo que le pedían. Su despacho se 
convertía con frecuencia en sala de esgrima. Tal menudeaban los 
sablazos. Y todo lo daba sin garantías de ningún género. No otor- 
gó nunca una escritura de préstamo, ni exigía siquiera recibo de 
las cantidades, muchas veces cuantiosas, que prestaba. 

Tenía un cuaderno de bastantes hojas, y en cada una apuntaba 
el préstamo, sin más formalidades que el nombre del prestatario, 
la fecha y la suma que le entregaba. Después anotaba á continua- 
ción las cantidades que á cuenta le iban devolviendo. Cuando los 
préstamos no excedían de cien pesetas, los consideraba, sin duda, 
como limosnas, pues los apuntaba unos á continuación de otros, 
sin dejar espacio para anotar la devolución, que ni exigía, ni es- 
peraba. 

De intereses no había que hablar. Jamás los cobró. 

En cierta ocasión me dijo en su despacho: «Aquí ha estado fu- 



— 183 — 

laño, y me ha pedido 10.000 pesetas que no he podido darle porque 
no las tengo, pero quiero dárselas para sacarle del apuro en que 
se ve. Ahí tienes ese título, pignórale, y dáselas como cosa tuya. > 
Y me entregó un título del 4 "/,, interior, de 25.000 pesetas 

Cumpliendo el encargo, lo pignoré en el Banco, y entregué á 
aquel fulano las 10.000 pesetas, no sin obligarle al otorgamiento 
de la oportuna escritura, estipulando en ella el rédito anual del 
5 por 100. 

Creí cumplir así mi deber de asegurar en lo posible un dinero 
que se me confiaba, y su legítimo producto, toda vez que en el caso 
concurrían los requisitos exigibles para que sea lícito el rédito. 

Buena reprimenda me costó, y de nada valió mi diligencia. El 
fulano, que era un hombre de bien y se vio metido en aquel aprie- 
to por haberse metido en empresas aventuradas, fué devolviendo, 
aunque á pijotadas, el capital, y cuando ya lo hubo devuelto, me 
mandó D. Mames que cancelase el préstamo, perdonándole los ré- 
ditos, sin cobrarle los gastos de las dos escrituras ni aun los inte- 
reses de la pignoración. 

Mírense en este espejo tantos usureros despiadados como por 
ahí andan sueltos. 

Que D. Mames fué un hombre de talento, catedrático notable, 
Rector esclarecido, senador, Gran Cruz y hasta marqués, si hubie- 
ra querido. 

¡Bah! Fué más que todo eso: fué la bondad personificada. 

José María DE ONIS 

Jefe de la Biblioteca Universitaria. 
Salamanca, Octubre, 1907. 



Párrafos de una carta que D. Mames dirigió en 1903 á una alta é in- 
fluyente personalidad política poco antes de la incorporación al 
Estado de las Facultades de Medicina y Ciencias. 



«No pretenderemos resucitar unos 

tiempos que pasaron, ni elevamos nuestra humilde voz en deman- 
da de privilegios; mas sí tenemos el deber de pedir lo que de de- 
recho nos corresponde. No hay ninguna Universidad que haya 
dado á la Nación española tanta gloria, ni que le haya proporcio- 
nado tantas riquezas como la Universidad de Salamanca, y sin 
embargo, ninguna se ha visto ni se ve, por desgracia, tan desaten- 
dida por el Estado. 

No culpo á este Gobierno, censuro á todos los que se han suce 



- 184 - 

dido en el pasado siglo y lo que llevamos del presente, incluso á 
usted.» 



«Hoy no cuenta nuestra Escuela más que con dos Facultades 
oficiales, y annoue sus profesores y su eximio Rector, mi querido 
Unamuno, se esfuerzan por levantarla con su talento, con su ilus- 
tración y su entusiasmo, no pueden representar el antiguo lema: 
Omnium scientiarun princeps Salmantica docet. Salamanca ha 
sido, es y será siempre su Universidad, y así lo han comprendido 
las Corporaciones populares, la Diputación provincial primero y 
el Ayuntamiento después, que con sus generosos esfuerzos, noble 
desprendimiento y una abnegación sin límites, vienen sosteniendo 
sin interrupción, hace más de treinta años, la Medicina y la sec- 
ción de Ciencias físico-químicas. Pero llega ya el día en que por 
causas ajenas á su voluntad, por carencia absoluta de recursos, 
es imposible á nuestros patronos, mal que les pese, soportar la pe- 
sada carga que se les echa encima. A prevenir esta contingencia 
dirige en estos momentos Salamanca toda su atención, toda su ac- 
tividad y todas sus energías. No importa que nuestra voz haya 
sido vox clamantis in deserto; hemos cumplido nuestro deber en 
cuantas ocasiones se han presentado, exponiendo.» 



«Yo evoco aquellos recuerdos, y me permito apelar al patrio- 
tismo de Ud., á sus nobilísimos sentimientos, á su amor á esta glo- 
ria nacional, y á nuestra antigua amistad, para suplicarle tome á 
su cargo la defensa de nuestra insigne alma máter.» 



Un recuerdo. 

Mezclados van en mi espíritu la veneración y el cariño con su 
recuerdo, que evoca en mi memoria otros muchos de mi infancia 
y mi adolescencia. A su nombre va unido el de mi propio padre y 
el de otra porción de personalidades salmantinas de aquel tiempo, 
que gozaban en torno del hogar de mi familia, donde se prepara- 
ron tantos sucesos públicos y donde se lloraron tantas tristezas 
ignoradas. 



- 185 - 

Todavía recuerdo al D. Mames de sus tiempos juveniles, cuan- 
do recién llegado á Salamanca púsose en contacto con los hom- 
bres que aquí rendían culto á las ideas liberales y democráticas, 
constituyendo por esta sola razón una especie de grupo familiar 
del que entró á formar parte el nuevo y joven catedrático, que 
casi á diario visitaba mi casa en unión de aquellos inolvidables es- 
tudiantes Ponsá, Puig, Boladeres, Sánchez Ruano, Ares y Manuel 
Gil Maestre, los cuales, como otros muchos, iban á recibir de mi 
padre el santo y seña dado por los jefes de la Revolución, oyendo 
á la vez la alentadora palabra del jefe salmantino que estimulaba 
los entusiasmos de aquellos neófitos de la democracia, discípulos 
aprovechados y soldados bisónos. 

El joven catedrático era de los que rara vez faltaban á aque- 
llos conciliábulos, ni á otros más peligrosos que los conspiradores 
de entonces solían celebrar sigilosa y nocturnamente en el alto 
del Rollo, donde en vez de perorar se trazaban planes y se trans- 
mitían órdenes, que alguna vez llegaron á perturbar la paz públi- 
ca en nuestra propia ciudad. 

En la memoria, á la que mis ojos no han podido después trans- 
mitir otras imágenes, consérvase fielmente grabada la figura y los 
rasgos fisonómicos de aquel señor, igualmente joven que los jóve- 
nes estudiantes que generalmente le acompañaban, de complexión 
vigorosa y fuerte, de no muy grande estatura y de cara redonda 
y sanguínea, adornada de largas y abundantes patillas; y en mi 
corazón mantiénese más vivo aun el recuerdo de las caricias que 
me prodigaba, dichas en un tono para mí extraño, y en que se 
mezclaban la rudeza y el afecto. 

Después las cosas cambiaron dentro y fuera de mi propio 

hogar; pero en mis oídos jamás dejó de sonar gratamente aquel 
nombre que tan de lejos se hallaba enlazado á mis primeras im- 
presiones de niño. Mi noble padre vióse elevado por los azares dé- 
la política á ciertas altas esferas, donde, como jamás olvidó á su 
ciudad y á su terruño, tampoco dejó de recordar á los que con él 
habían comulgado en el culto de las ideas democráticas, y habían 
batallado por su triunfo. 

A la dimisión de D. Vicente Lobo, Rector de-la Universidad de 
Salamanca, nombrado por la Junta Revolucionaria de 1868, déla 
que D. Tomás Pinilla había sido presidente, este mismo, en unión 
de los Sres. Gil San/, y Merelo, tuvo el honor de proponer al Mi 
nistro de Fomento el nombramiento de Rector de esta Escuela á 
favor de I ). Mames Esperabé, nombramiento que Echegaray hizo 
en efecto, aunque sin presumir, de seguro, que ron ello daba á la 
Universidad salmantina Rector para tan largos años. 

Jamás olvidó el nombrado aquel pequeño favor, más ganado 



- 186 - 

por sus méritos que por sus amistades, y temiendo incurrir en una 
nota de inconsecuencia, ó faltar á ciertos deberes de correligiona- 
rismo, tampoco dejó de consultar con su antiguo amigo el Sr. Pi- 
nilla, cuál debiera ser su actitud ante los acontecimientos políticos 
que dieron por resultado la restauración borbónica y que hicieron 
pensar al Sr. Esperabé sobre si debía ó no presentar la dimisión de 
su cargo de jefe de nuestro Centro universitario. 

No hay para qué decir cuál sería la respuesta del consultado, 
cuyas intransigencias en materia política estaban siempre conte- 
nidas por la más exquisita corrección, por su afecto hacia las per- 
sonas, y por el más nimio respeto á la libertad y modo de obrar de 
cada cual. D. Mames Esperabé continuó siendo Rector en Sala- 
manca, y no fueron nunca sus antiguos amigos y correligionarios 
los que pudieron sentirse pesarosos de ello, puesto que más de una 
vez, desde aquel puesto, su constante amigo pudo favorecer sus 
pretensiones personales, y hasta sus planes políticos, siempre den- 
tro de los debidos límites. Así ocurrió con el veterano jefe de los 
demócratas salmantinos, á quien el buen Rector, allá por los años 
70 ó 71 facilitó los medios de tomar posesión de la cátedra que se 
le había adjudicado nuevamente, sin tener que ausentarse de Ma- 
drid, donde residía, evitándole no pocas molestias y gastos. 

Hombre consecuente en política como en amistad, no sé qué 
otros méritos suyos puedan ser mayores que los que por tal con- 
cepto merecidamente se le reconocen. Si otros pueden hacer su 
elogio como maestro y como Rector, á mí no me es dado más que 
alabar esas virtudes morales que tan altamente resplandecían en 
su espíritu, mientras la memoria y el corazón evocan gratamente 
su recuerdo unido á los más íntimos de mi vida. 

Cándido R. PINILLA 

Director do El Castellano. 
Salamanca, Octubre, 1907. 



D. Mames. 

Invariablemente, todas las noches, á las ocho, mientras duró 
mi vida de estudiante de Leyes en Salamanca, era, durante los 
inviernos, contertulio de D. Mames. Nos reuníamos en casa del 
Sr. Cura párroco de la Santísima Trinidad. 

Generalmente llegaba yo antes. Minutos después unos aldabo- 
nazos conocidos nos anunciaban la presencia del Rector viejo. 
Nos estrechaba su m irio ancha y carnosa, siempre fría, muy fría; 
nos tendía su mirad-i protectora de abuelo que se torna chocho 
con los arrumacos do sus nietos; hacía que yo le leyese El Ldba- 



- 187 - 

ro, con la tinta todavía fresca; comentábamos la lectura, entre 
las reflexiones siempre discretas del buen párroco D. Lorenzo 
Domínguez, y entre las advertencias, un tanto irónicas, deD. Ma- 
mes; cesaba la lectura, y tomando pie del asunto del día, charlá- 
bamos largo y tendido, cuando no se jugaba á la lotería, sport 
casero muy del gusto de todos. 

¡Cómo me gustaba charlando D. Mames! El me quitó los resa- 
bios pegadizos del odio á los viejos con una charla espontánea, 
fluida, ajena á toda burla y siempre benévola, de hombre que ha- 
bía vivido mucho y que había comprendido todo. Conocía á todos, 
tuteaba á todos, de todos era querido y venerado. Si comentábamos 
un noviazgo, allá salía D. Mames descifrándonos parentescos, 
puntualizando caracteres, describiendo, en ameno relato retros- 
pectivo, aquellos sus tiempos en que la abuela de la gentil novia, 
guapa como una rosa de Mayo, era codiciada de sus condiscípulos. 

D. Mames hablaba mucho de su juventud. Discípulo de Sanz 
del Río en la Central, fué condiscípulo y amigo de D. Emilio Cas- 
telar. Conoció á los prohombres todos de la Revolución, y la Re- 
volución le hizo jefe de la Escuela salmantina. Hasta tuvo sus co- 
natos de conspirador en aquella brava época en que nuestros 
abuelos celebraban temibles reuniones secretas en el Rollo, dejan- 
do á sus prometidas en la reja y posponiéndolas al ideal. 

La Revolución dejó en los adentros del espíritu del Sr. Espera- 
bé posos de cierto escepticismo risueño, de ese suave y humano 
escepticismo que nos hace encoger gratamente de hombros en las 
situaciones difíciles. 

D. Mames era bueno, bueno ante todo y sobre todo. Su inte- 
gridad aragonesa profesaba principios morales de roca viva. Era 
un hombre derecho, amable, curtido en la vida, de la que había 
salido triunfante, sin dejar rasgaduras en la maleza. No conocía 
el odio; creo que no ha dejado un solo enemigo. 

A las nueve, D. Mames se retiraba á su casa. Yo le acompa- 
ñaba siempre. Y dándome un apretón de manos de camarada— ca- 
ntaradas han sido siempre la muchachez y la ancianidad— me de- 
cía, despacito, paladeándolas, algunas palabras que me servían 
de contento íntimo. 

Aquellas pláticas han concluido ya. El sillón de nuestra salita, 
donde I). Mames departía siempre, está ahora vacío. Y cuando 
visito á su amigo inseparable, el párroco de la Trinidad, tenemos 
un recuerdo piadoso para el muerto en el alma y una anécdota 
inolvidable en la memoria. 

José SÁNCHEZ ROJAS 
Abogado. 

Alba de Tormes, 15 de Septiembre de 1907. 



— 188 — 



¡Estos modernistas! 

Mis recuerdos más vivos de D. Mames son de sus últimos años 
de vida, cuando el pobre viejo, después de abandonar el Rectora- 
do, arrastró su vida oscuramente, lejos de todo afán mundano, es- 
perando el buen morir. 

Hablamos muchas veces; le acompañaba amoldándome á su 
marcha lenta y trabajosa, y en muchas ocasiones mi hombro fuer- 
te y joven servía de apoyo á aquel cuerpo deshecho. Me amoldaba 
á su paso, dominando mi tendencia á marchar de prisa, contras- 
lando constantemente mi juventud con su vejez. 

Y del mismo modo me era el contacto con aquel alma un toni- 
ficante ejercicio espiritual. Era un efecto sedante el que este con- 
tacto me producía; á su lado se serenaban mis ardores juveniles, 
y, á las puertas de la vida, ante la confusión de los caminos, en- 
cendido en la fe de mi misión, el trato con aquel hombre á las puer- 
tas de la muerte, para quien toda misión había concluido, era 
fuente de serenidad. 

Pero él, el querido y respetado D. Mames, no se dio cuenta nun- 
ca de este mi profundo respeto á su ancianidad, otro respeto muy 
distinto, claro está, del personal y de amistad. El creía ver en mis 
ojos, como contestación á sus palabras, un irónico ¡estos viejos! 
que yo nunca pronuncié ni pensé, y solía contestar á las mías ca- 
riñosamente: ¡estos modernistas! Era su constante estribillo. 

No sé á punto fijo el valor que tendría en sus labios la palabre- 
ja esa; pero no me molestaba lo más mínimo, porque sabía de so- 
bra que en sus palabras no había hiél. No era como otros que en la 
imputación de ese mote, sin sentido para ellos, escudan su impo- 
tencia y su miseria intelectual. 

No me molestaba el jarro de agua iría sobre mis apasionamien- 
tos, sino que hasta lo agradecía después, porque había buena vo- 
luntad, y cada uno estábamos en nuestro terreno. Y hubiera sido 
tan malo en mí ser viejo de veinte años, como en él ser uno de 
aquellos iii<>zo.< tic cien años malditos por la Escritura. 

Era I). Mames un alma limpia, testimonio viviente de aquel di- 
cho salomónico de que la edad de la vejez es la vida sin mancha. 

Federico DE ONIS 

Salamanca, Octubre, 1907. 



189 



Hospitalidad salmantina. 

Podrán acusarnos á los salmantinos de grandes defectos, pero 
nadie podrá negar que practicamos la virtud de la hospitalidad. 

Todo forastero es bien recibido en esta tierra de la charrería. 
A su llegada no se le fatigará con exageradas cortesías ni grandes 
ofrecimientos, que nuestra seriedad castellana pugna con la ex- 
pansión; somos tan fríos que parecemos descorteses al que por vez 
primera nos visite; tan reservados, que siendo muy curiosos, no 
haremos visibles esfuerzos para averiguar el por qué de la venida 
del forastero, ni su biografía, si no hallamos un íntimo á quien pre- 
guntar. 

Mas no crea el forastero por lo que precede, que nos es indife- 
rente; muy por el contrario, desde que llega á Salamanca, unos 
cuantos se dedicarán por turno á investigar su vida, sus costum- 
bres, su valía, á estudiarle, en fin. En petit comité, y sin que se 
aperciba si es posible el forastero, le disecaremos para hacer de él 
un completo análisis, y si fuera preciso, para que senos revele tal 
cual es moralmente, murmuraremos de él, le arañaremos. 

Mas no importa al forastero esta novatada á la que le somete- 
mos, pues si de ella le sacan triunfante su valor intelectual y so- 
cial, no sólo sería para nosotros un salmantino más, será lo que 
él quiera ser en Salamanca. Honores, prosperidad, respeto y ca- 
riño hallarán él y los suyos en esta noble tierra, que sabe estimar 
al bueno y distinguir y honrar al mejor, sin preguntarles nunca 
de dónde vienen. Comenzamos por considerarles como hermanos, 
y terminamos por elevarles á la categoría de directores de nues- 
tra vida social. 

Infinito es el número de hombres de mérito, que hallaron en 
Salamanca honores y bienestar, sin que fuera obstáculo á su pros- 
peridad el no ser salmantinos; que Salamanca que vive y vivirá 
siempre espiritualmente en su pasado gloriosísimo, sabe que sus 
glorias no fueron fruto exclusivo de esta tierra, sino cristaliza- 
ción del saber mundial, que tuvo en un tiempo su crisol en esta 
Universidad querida, que recibió siempre como hijos á todos los 
hombres que llegaron á sus famosas aulas, y que pródiga repartió 
entre todos sus enseñanzas, sin distinguir entre los hijos de esta 
ciudad y los de las demás del mundo. 

No pidió la madre Universidad á sus hijos de adopción el que 
fueran agradecidos á sus bondades; procuraba salieran de sus 
aulas vultos y buenos, y confiaba en que no la olvidarían, y no la 
olvidaron: que los tesoros de nuestra Universidad, en un tiempo 



- 190 - 

tan cuantiosos, se formaron en gran parte, con generosos donati- 
vos de muchos de sus agradecidos hijos. 

Los salmantinos, que sólo por serlo nos consideramos hijos de 
su Universidad, que es nuestro blasón de familia, seguimos fiel- 
mente las enseñanzas de nuestra madre muy amada, y como ella 
practicamos la hospitalidad á nuestro modo. Y Salamanca, como 
su Universidad gloriosa, tiene la dicha de contar entre sus hijos 
adoptivos algunos que supieron pagar generosamente el bien re- 
cibido, y entre ellos, uno de los mejores, fué el Excmo. Sr. D. Ma- 
mes Esperabé y Lozano, que nacido en la noble tierra aragonesa, 
hizo por su patria adoptiva, Salamanca, cuanto pudo, y pudo 
mucho, como sabemos todos los que tuvimos la honra de conocer- 
lo por sus obras. 

Consagró su claro talento, sus grandes energías y sus activi- 
dades todas, al sostenimiento de la Universidad, laborando y 
preparando su resurgimiento de hoy tan lleno de esperanzas, con- 
vencido de que así correspondía y pagaba su deuda con Salaman- 
ca, que al confiarla, no ya la custodia, sino la defensa de su Uni- 
versidad, que es y será siempre el más preciado de sus tesoros, la 
honró con la más estimable y alta confianza. 

Al encargarse del Rectorado, se convenció de que la vida ané- 
mica de la Universidad no podía prolongarse, buscó nueva savia 
estudiantil, y no pudiendo restablecer sus Facultades suprimidas, 
creó con otros salmantinos ilustres, los Dres. D. Pedro Sánchez 
Llevot y D. José Villar y Macías, las Facultades libres de Medici- 
na y Ciencias, que cultivó y protegió con especial cariño, y que 
tuvo la dicha, en las prostrimerías de su vida, de ver convertidas 
en Facultades oficiales, y que libres y oficiales fueron y son por 
su contingente de alumnos la defensa y nervio de la Universidad 
salmantina. Cumplió como bueno, y Salamanca honrará agrade- 
cida la memoria del Excmo. Sr. D. Mames Esperabé, al que con- 
sidera como uno de sus más ilustres hijos. 

Hasta aquí llevó mi pluma el hijo de Salamanca; algo ha de 
decir el universitario, y este algo es que D. Mames, como le lla- 
mábamos todos, profesores y alumnos, era jefe y padre ala vez 
de unos y otros. Como lo primero, exigía y conseguía el cumpli- 
miento del deber, y como lo segundo, era consejero prudente y 
sabio, dispuesto á darnos su poderosa ayuda para vencer dificul- 
tades y evitar disgustos. Con la grandeza de su alma llegó á con- 
seguir que los universitarios fuéramos para él, más que subordi- 
nados por disciplina académica, adictos á él en justa correspon- 
dencia al afecto paternal que nos tenía. 

Isidro SEGOVIA 
Decano de la Facultad de Medicina. 
Salamanca, Octubre, 1907. 



Í9Í - 



No le olvido. 

Nada más cierto que el dicho corriente de que hasta que no se 
pierden las cosas, no se sabe cuánto valen. Los que á diario tra- 
tábamos con D. Mames, los que nos honrábamos con su trato, lle- 
no de afecto 3' de bondad, de nobleza y sencillez, sólo al perderlo 
nos hemos dado cuenta exacta de todo lo que perdíamos, del va- 
cío, tan difícil de llenar, que aquella muerte había abierto en nues- 
tra vida. Un día marchó de aquí, de mi casa, donde pasaba las tar- 
des, marchó como siempre Al salir le recordé una de sus limos- 
nas mensuales (una de las muchas que hacía) y dijo al despedirse: 
—Es verdad, se me ha olvidado, mañana os la daré. 

Y llegó mañana Pero D. Mames no volvió más. 

Los que no sabemos escribir, sabemos, sin embargo, sentir. Y 
con el sentimiento del recuerdo constante pagamos el tributo á la 
amistad perdida. 

Ramón HOYOS 



A la memoria de D. Mames Esperaba y Lozano. 

UN RECUERDO DEL PASADO 

Parece que era ayer ¡y sin embargo han pasado más de cua- 
renta años!, cuando apenas apuntándonos el bozo asistíamos ;i su 
clase de Literatura griega. 

Era D. Mames un profesor serio, amable, disciplinario sin exa- 
geración y amante de sus discípulos, á todos los cuales, fueran 
quien fuesen, indefectiblemente tuteaba como si fuesen sus hijos; 
lo cual hacía que sin faltar al debido respeto, tuviéramos en él con- 
fianza y le profesáramos verdadero cariño. 

Hemos dicho que era disciplinario sin exageración, y esto lo 
prueba el siguiente episodio de nuestros años estudiantiles. 

Un día de Santa Águeda, nos propusimos no entrar en su clase 
y marcharnos de paseo: estaba tan hermoso el día lucía tan es- 
pléndidamente el sol, que era necesario aprovecharlo, y eran tan 
raros los buenos días entonces, en que los inviernos eran más lar- 
gos y rigurosos que hoy, y la disciplina universitaria también, que 
á despecho de ésta nos venció la tentación. 

Nos convinimos todos sus discípulos, exrepto uno á quien no 
fué posible convencer de que faltara á clase, un terco y testaru- 
do esclavo del reglamento, y esto nos contrariaba, pue> >¡ entraba 
uno en clase, D. Mames explicaría la lección como si estuvieran 



- 192 - 

todos sus alumnos, la falta era segura y á las ocho que cometiéra- 
mos (la clase era alterna), pérdida de curso casi irremisible. 

Sin embargo, confiados en su bondad que conocíamos á fondo, 
y creyendo que aunque el tenaz colega llevase á efecto su propó- 
sito, D. Mames no daría la clase para él solo; silenciosamente an- 
tes de la hora de entrar en ella, fuimos desfilando separadamente 
por las dos puertas, sin las alharacas de hoy, y nos marchamos 
por grupos de paseo. 

Al otro día, cuando volvimos á la Universidad, preguntamos á 
los bedeles si D. Mames había dado la clase, y al contestarnos 
que sí: 

—Buena peluca nos espera— dijimos nosotros. 

¿V por qué no decirlo?; no con miedo, porque nunca lo inspiró 
su correcta bondad, sino con sentimiento de que por nuestra tras- 
tada hubiera explicado la lección á uno solo, entramos en el aula. 
Como relativamente éramos pocos y á todos nos conocía desde los 
primeros días de curso, á una simple ojeada sabía los que falta- 
ban, por lo que no pasaba lista, contentándose con anotar la baja 
que notaba; así que después de un breve rato en que se enteró que 
estábamos todos, dirigiéndose al alumno que había estado solo el 
día anterior le mandó decir la lección que para él exclusivamente 
había explicado. 

El pobre hombre, desprevenido ó sorprendido, no contestó pa- 
labra. 

Entonces, la única vez que recordamos haber visto en clase en- 
fadado á D. Mames, se levantó de pie en la plataforma y dirigién- 
dose á él le dijo: 

— Sr. D. Rogelio García y García, ¿qué adelantamos usted y yo 
con que venga todos los días á clase con el cuerpo, si su alma 
está en otra parte y de nada le aprovecha su asistencia? 

La lección de antes de ayer, en que no estuvieron, trata de 
esto, etc., y nos la explicó de nuevo, como si no hubiera sucedido 
nada. 

Inútil es decir que con esto consiguió D. Mames que á no ser 
cuando en general con todos los estudiantes, en los días de ciertas 
festividades, que aunque no eran reglamentarias, por tradición, á 
pesar del reglamento, se acostumbraba á faltar á clase, no volvié- 
ramos á dejar de asistir á la suya. 

Esto fué D. Mames como profesor. 

(Orno Rector, ahí están sus obras; como ciudadano, su vida; y 
como cristiano, sus copiosas limosnas. 

Cuando llegamos á la virilidad, fué para nosotros un verdade- 
ro y cariñoso amigo, que se interesaba por todo lo que nos afecta- 
ba, uniéndonos hasta su muerte leal y sincera amistad. 



- 193 - 

Dios le habrá acogido en su seno y dado la recompensa mereci- 
da á sus méritos: así se lo pedimos nosotros por el Maestro y el 
amigo que nos vio apuntar y encanecer la barba. 

J. VÁZQUEZ DE PARGA MANSILLA 

Salamanca, Octubre, 1907. 

Pensamientos. 

Era D. Mames un caballero, en quien se unía la nobleza arago- 
nesa con la hidalguía castellana; un enamorado del dulce sosiego, 
pintado por Horacio, y de la ruda lucha, á que le convidaba Fray 
Luis de León; una autoridad suave, pero majestuosa las más de las 
veces, aunque enérgica con los irrespetuosos; un maestro en la cá- 
tedra, y un discípulo entre sus iguales; un ciudadano modesto, 
pero con rasgos reveladores de alta alcurnia; un devoto, sin afec- 
tación; un filántropo, que derramaba beneficios y administraba 
sus bienes como quiere San Francisco de Sales que lo hagan los 
buenos cristianos; en una palabra, un alma doble, sin doblez al- 
guna. 

El Obispo de Plasencia. 

Era D. Mames tan bueno, cariñoso, probo 3* digno de admira- 
ción como particular lo mismo que como maestro y Rector de la 
veneranda Escuela, que todos los que le tratamos lo recordaremos 
y lloraremos con el respeto que nos merecía. 

Víctor Sánchez Delgado. 

Eramos muchos, muchísimos, los que de veras le queríamos. 
Unos y otros llamábamosle «el Rector», como si continuase gober- 
nando todavía la veneranda Escuela que cautivó las mayores 
energías de su voluntad, y los entusiasmos todos de su alma ara- 
gonesa. 

Era que no acertábamos á explicarnos la vida de aquel hombre, 
sin verla del todo repartida y como derramada en las varias fun- 
ciones del Rectorado; más aun; costaba trabajo el comprender la 
existencia de nuestra Universidad, sin estar dirigida por el pensa- 
miento, por la acción y sobre todo por el cariño y solicitud inque- 
brantable de nuestro D. Mames 

Nicasio Sánchez Mata. 
Decano de la Facultad de Derecho. 

Era bueno, y por serlo, su alma merece estar en la región de 
los justos. 

Una plegaria ;i I >ios por el eterno descanso del que en vida se 
llamó Mames Esperabé, es el mejor obsequio que puede hacerle y 

1a 



- 104 - 

el mejor pensamiento que puede dedicarle quien en vida le admiró 
y quien recibió de él atenciones que, ni olvida, ni ya puede devol- 
verle sino con la mirada puesta en el cielo, decir: ¡Señor, tened 
piedad de su alma! 

El Director de "El Lábaro,,. 

Honrando la memoria del amigo y compañero Esperabé, que 
tanto brillo dio al profesorado español, á Salamanca y á su ilus- 
tre Escuela, se rinde culto á la ciencia y homenaje á la virtud. 

S. Moret. 

La Universidad de Salamanca volvió á adquirir en el último 
tercio del pasado siglo gran parte de la fama y del esplendor de 
sus mejores tiempos, los trabajos y empresas realizados por el 
más grande é ilustre de sus hijos el eminente Rector D. Mames 
Esperabé Lozano, que tan sabiamente supo dirigirla y á quien yo 
me complací mucho en proponer para miembro de honor de esta 
Asociación. 

El Presidente del Instituto Científico 
del Mediodía de Francia. 

La muerte de D. Mames Esperabé Lozano constituye una do- 
lorosa pérdida para la ciencia de Europa. Yo conservaré siempre 
de él en mi corazón devota memoria. 

Dr. Ladislao Jhót. 

Miembro de la Real Academia Matritense 

de Legislación y Jurisprudencia, 

Abogado referendario en el Real Ministerio Húngaro 

de Justicia do Budapest. 

Cuantos tuvimos la fortuna de ser sus discípulos, llamábamos- 
le cariñosamente D. Mames, queriendo significar de este modo el 
respetuoso afecto que sus cualidades nos inspiraban. 

Teodoro Astola. 

Yo sentía hacia el inolvidable D. Mames el afecto del hijo cari- 
ñoso. Su pérdida es para mí de las que dejan hondas huellas y va- 
cíos que no se llenan, pérdida de persona de familia íntima, cá la 
manera de un segundo padre. 

Maximiano de Regil. 
Director del Instituto General y Técnico de Ciudad Real. 

Fué D. Mames Esperabé un entusiasta é infatigable maestro 
que trabajó y luchó por el triunfo de la ciencia, de la justicia y 
del bien: un hombre de acción y de una voluntad de hierro que 
desempeñó el Rectorado con vocación decidida, para gloria de la 



— 195 — 

Universidad y provecho de la enseñanza. Su nombre será siempre 

pronunciado con respeto, y Salamanca, al honrar su memoria, se 

honra á sí misma. 

Andrés Mellado. 

Tengo del doctísimo é ilustre Rector D. Mames el más vivo re- 
cuerdo y guardaré á su imborrable memoria profundo respeto. 

A. González Garbín. 

Catedrático de la Universidad Central. 

Desde que conocí en Porto, ha ya bastantes años, al ilustre don 
Mames Esperaba, le respetaba y veneraba como hombre de gran 
inteligencia, como un espíritu superior y como prototipo de ex- 
traordinaria bondad. 

Dr. Antonio A. d'Andrade. 

La antigua Salmántica llegó á colocarse á la altura de sus me- 
jores tiempos por la acertadísima gestión del Rector D. Mames 
Esperabé Lozano. Quiera Dios se inspire constantemente la vene- 
rada Escuela en el talento, sensatez y virtud inmaculada del sabio 

v querido maestro. 

Profr. G. de Rosa. 

Publicista. 

D. Mames ha muerto; pero D. Mames vive y vivirá con la in- 
tensa vida del espíritu en cuantos, como yo, tocaron de cerca sus 
bondades, en cuantos pudieron admirar la grandeza inmortal de 

aquella alma. 

Mariano Pascual Español. 

Magistrado de la Audiencia de Palma. 

Inspiraba D. Mames á todos simpatía y afecto por su talento, 
caballerosidad y nobles sentimientos, habiendo figurado yo de 
continuo entre sus admiradores más entusiastas por las bellas 
prendas que le adornaban. 

Francisco Franco Lozano. 
Catedrático del Instituto General y Técnico de Badajoz. 

Nadie podrá olvidar lo que á D. Mames Esperabé debe la en- 
señanza, y muy especialmente la Universidad de Salamanca, pol- 
la que tanto trabajó. 

Manuel Bartolomé Cossío. 

Profesor de la Institución libre de enseñanza. 

Con la muerte del Rector I). Mames Esperabé desapareció la 
figura de mayor relieve en nuestra querida Salamanca, por su sa- 
biduría tan preclara y por su caballerosidad tan ilustre. 



— 196 - 

Maestro de dos generaciones en mi familia, fué modelo de cris- 
tianos é íntimo amigo de mi padre inolvidable. Por eso he llorado 
y seguiré llorando su desaparición para siempre de este mundo. 

£1 Marqués de Flores Dávila 
Diputado á Cortes por Peñaranda. 

Cuantos conocimos y apreciamos los méritos contraídos por el 
Rector Esperabé, durante el largo periodo de tiempo en que se 
consagró al cultivo de la ciencia, y los relevantes servicios que 
prestó á la gloriosa Universidad de Salamanca, llevaremos por él 
luto en el corazón durante toda nuestra vida. 

Dr, N. Hubner. 

El sabio y laborioso Rector salmantino, Dr. Esperabé Lozano, 
obrero constante de la ciencia desde la edad más temprana, cons- 
tituye una verdadera gloria nacional, y su busto, labrado en bron- 
ce, debía erguirse sobre sólido pedestal en una de las plazas de la 
ciudad del Tormes, no sólo por el honor de las letras patrias que 
tanto le deben, sino para estímulo y ejemplo perpetuo de propios 
y extraños. 

Sergio Pesado Blanco. 
Médico de Baños de Montemayor. 

He leído con fruición el preciosísimo libro Datos biográficos del 
insigne é inolvidable D. Mames, dado á la luz pública por D. Eva- 
risto Pinto Sánchez, y ha venida á aumentar, si posible era, la ad- 
miración y cariño que por él sentía. Leyéndolo se agranda por 
modo excepcional la figura del gran Rector, que es más que pro- 
bable merezca el primer lugar en la larga lista de los que le pre- 
cedieron en la gloriosa Escuela. El Sr. Pinto ha hecho un extraer 
diñado servicio á la patria revelando á los españoles para su es- 
tímulo, tan egregia figura. Yo le envío mi modesto y entusiasta 
aplauso. 

Tomás Bretón. 

Los monumentos de piedra y bronce que se construyen para 
honrar á las grandes celebridades, pueden ser destruidos por la 
acción del tiempo, por olvido de la humanidad, ó por la muche- 
dumbre irritada. 

Los que levantamos en nuestras almas, á la memoria de los 
hombres honrados, buenos y virtuosos, y así lo era D. Mames Es- 
perabé y Lozano, esos son eternos, como el terreno en que los he- 
mos emplazado. 

José M. Benito. 



- 197 - 

Al honrar los vivos la memoria de los muertos con actos con- 
memorativos de gloria postuma, no es porque éstos necesiten de 
ella, no; pues harto bastante tienen con la que, por la gracia de 
Dios y premio á sus merecimientos cristianos, disfrutan en las re- 
giones celestiales; sirven, sí, esos actos, como el presente, que ce- 
lebramos en memoria del Excmo. Sr. D. Mames Esperabé y Loza- 
zo, á quien en vida admiramos como Rector y como ciudadano 
por su justificación y acrisoladas virtudes, para que imitándole, 
nos hagamos como él, dig'nos de que la posteridad nos rinda me- 
recido tributo de admiración y afecto. 

Gonzalo Sanz. 
Director de la Escuela Normal. 

D. Mames me enseñó Literatura latina. Me enseñó», lo digo 
con toda su íntima propiedad. Cierto que yo la habré olvidado des- 
pués, pero de su enseñanza, de su clara y metódica explicación, ha 
quedado en mi espíritu recuerdo imborrable. «Así se enseña», dije 
yo entonces muchas veces, y lo repito en público ahora que no 
puede sonar á adulación. 

Siempre le llamé «Maestro >. Xo sabía darle otro nombre. . . 



Comprendo el duelo de Salamanca por la muerte de D. Mames. 
Era en ella una institución. Esto á parte de los grandes beneficios 
que la produjo durante su larguísimo y provechoso Rectorado. 

A ese duelo, como al de la familia de mi «querido Maestro», me 

asocio yo, el más humilde de cuantos fueron sus discípulos, con 

toda, con toda mi alma. 

Ramón Barco. 

(De El Castellano). 



Unas cartas. 

ALBACETE 

la hunde (Casa de) 30 de Julio, 9<)7. 

ALPERA 

Sr. D. Evaristo Pixto Sánchez 
Muy Sr. mío: Yo me asociaría de buen grado á esos trabajos 
de que usted me habla en su grata del 23, si con mi humilde coope- 
ración pudiera llevar un tantico de honor á la memoria, siempre 
grata para mí, y al nombre ilustre de mi amigo D. Mames Espe- 
rabé y Lozano. 

Lo que ^é ( y recuerdo de él, como maestro de Letras, más que 
de mi natural modestia, lo aprendí de boca de sus colegas y de 
sus discípulos, quienes siempre ensalzaron por igual sus mereci- 
mientos. 



- 198 - 

Y de su Rectorado, en el que libró campañas tan valientes y 
tan provechosas para su inmortal Escuela, gracias á las cuales los 
hijos de la Universidad de Salamanca pueden obtener pensiones 
para el extranjero, ¿que podría yo decir que todo el mundo no sepa, 
sino bendecir su memoria y la de aquel insigne secretario suyo, 
filósofo y profesor, tan pronto malogrado, Mariano Ares, á quien 
él y yo en tanto aprecio tuvimos. 

Dispense Ud., por tanto, su concurso para tan importante obra 
á su afectísimo amigo y S. S. 

J. UÑA 

vSr. D. Evaristo Pinto Sánchez. 

Muy Sr. mío de toda mi consideración: Es, en efecto, para mí 
la memoria de nuestro querido D. Mames, como lo fue su persona 
en vida, del mayor respeto y cariño. Pero una regla de conducta 
(de que este mismo verano acabo de dar testimonio, con motivo 
del libro dedicado por el Sr. Manad á otra personalidad con quien 
me unió la mayor intimidad, D. a C. Arenal) me veda colaborar á 
su obra, por grandes que sean mis simpatías para con el benemé- 
rito Rector, á quien tanto debió Salamanca. 

Dispénseme por ello, le ruego, y créame su afectísimo ami- 
go y S. S. 

P. GINER 

Madrid, 18-X-7. 

COLEGIO DE SAN MIGUEL 

M. de Valcleiglesias, 4, tlupedo. Octubre. 17 007. 

(antes Torres) 

MAD1UI) 

Sr. D. E. Pinto y Sánchez. 

Muy Sr. mío y de mi distinguida consideración: Recibí su aten- 
ta y grata del 15 del corriente y considero muy acertado y plausi- 
ble el pensamiento de honrar en el primer aniversario de su muer- 
te la memoria del ilustre y laborioso Rector de la Universidad de 
Salamanca, D. Mames Esperabé Lozano (q. g. h.) Lazos de since- 
ra amistad me unían á él desde los ya lejanos tiempos de mi ju- 
ventud en que á su lado y bajo su dirección empecé á dar los pri- 
meros pasos en mi carrera. Su generoso corazón recibía siempre 
con paternal alegría las noticias de mis adelantos y prosperidades, 
y yo le correspondía con filial cariño y gratitud que la muerte 
convirtió en oraciones por el eterno descanso de su alma. 

Que goce de la paz de los muertos en el Señor y de la buena 
memoria entre los vivos es lo que pide á Dios Nuestro Señor el 
que con esta ocasión se ofrece de Ud. afectísimo s. s. q. s. m. b., 

José CAMPOS 



- 199 - 

De ESPAÑA LIBRE 

Diario de la noche. 

Madrid, 3 Noviembre de 1912. 

Recuerdo á Salamanca. 

Homenaje a un muerto ilustre '. — Recuerdos estudiantiles.— La 
autoridad de un Rector jubilado. 

Hoy hace seis años que D. Mames Esperabé Lozano falleció en 
Salamanca. Los salmantinos, muchísimos que no lo son, pero que 
estudiaron en aquella Universidad, más gloriosa que vieja, é infi- 
nidad de otras personas que, sin haber estudiado allí, tuvieron la 
suerte de conocerle y tratarle, le recordarán más de una vez, sin 
necesidad de los requerimientos de ciertas fechas despertadoras ó 
avivadoras de las almas; pero el 3 de Noviembre de 1906 viene y 
seguirá siendo de profundísima recordación para las legiones de 
admiradores y amigos que D. Mames Esperabé Lozano dejó en 
este mundo. 

Veintinueve días fué maestro mío de Literatura latina. Des- 
pués, como acababa de cumplir sesenta años, le jubilaron. Y aquel 

suceso (en cuya virtud D. Gerardo pasó á ser mi discípulo de 

latín y de sentido común) me quedó privado de la ubérrima y afec- 
tuosísima é inolvidable enseñanza de aquel hombre, por quien, á 
medida que pasan los años, siento un cariño más fuerte y sincero. 

La brutalidad de una ley que no se paró en excepciones, midió, 
valiéndose de partidas de bautismo, capacidades mentales é ido- 
neidades pedagógicas, y deshizo la relación de intra muros uni- 
versitarios entre D. Mames y yo; pero no pudo romper nunca, 
antes hizo más íntimo cada vez el afecto que desde luego nos ins- 
pirábamos. 

D. Mames fué una maravillosa, y encantadora, y admirable 
armonía de sencillez, bondad y autoridad. No he conocido ningún 
hombre tan exhausto como él de pedantismo. En cuanto á su bon- 
dad, ¿quién no sabe que fué D. Mames una fuente inagotable de 
piedades y de beneficios? Y en cuanto á su autoridad, ¿quién tan 
respetable y tan respetado? Hoy hace seis años que murió aquel 
hombre. V todavía es lo mismo decir D. Mames que decir el Rec- 
tor de la Universidad de Salamanca. 

El llorado maestro estimaba más el espíritu que la letra de la 



- 200 - 

ley, al contrario que Unamuno, temperamento de abogado de ca- 
rretilla, no obstante sus predicaciones crónicas contra la peste del 
abogadismo. 

Tuve yo en Salamanca un profesor de Hebreo que 

Desde el primer día de clase nos 

reconocimos, instintivamente, incompatibles. No me propongo, ni 
podía proponerme, molestar la memoria de aquel hebraísta, que 
ya murió, sino de aducir hechos que luego exploten en comenta- 
rios. A fines de curso, al llegar un día á la clase aquella, que, ade- 
más de serme inútil, me era perniciosa, me comunicó el hebraísta 
la nota que, sin examinarme, como era su deber, me había adjudi- 
cado: «ha obtenido usted notable en Hebreo, y ya está su expe- 
diente en Secretaría». 

El notable rm perjudicaba, porque yo era becario; pero como 
por encima de lo de becario sostuve y mantuve siempre lo do in- 
dependiente, más me perjudicó que aquel señor no me hubiera 
examinado, aunque me hubiera suspendido. Además, ¿quién era 
él para negarnos en Hebreo matrícula de honor? ¿Qué menos que 
matrícula de honor? 



Era una mañana de Mayo. Mis amarguras contrastaban con la 
alegría suave y dulce de aquella hermosa mañana. Venía yo de la 
Universidad, y, apenas penetraba en la plaza Mayor, por las esca- 
lerillas de San Martín, cuando antes que 3^0 á él, me vio I ). Mames 
que paseaba por la acera de Correos. Al verle sentí una emoción 
entrañable y respetuosísima. 

Ven acá— me dijo D. Mames; — á tí te pasa algo que no puede 
ser grato. Dímelo todo. ¿Te has examinado de Hebreo? Entonces 
le conté todo lo que me había ocurrido con el hebraísta. 

:¡: * * 

Pasados dos ó tres días entré yo al despacho del nuevo Rector 
Sr. Unamuno. 

Siéntese usted. Me senté, y me dijo. Acaba de ocurrir aquí algo 
que 



hemos tenido que romper unos papeles de uste.l que con carácter 
oficial estaban va archivados en Secretaría. 



- 201 - 

Sobre el del hebraísta, y sobre el apego de Unamuno, des- 
de que le hicieron Rector, á las fórmulas de la ley, quedaron triun- 
fantes el amorosísimo espíritu de D. Mames, su visión meridiana 
de los hombres y de las cosas, su justificación, y su autoridad que, 
en aquel caso mío, volvió á entrar en funciones, aunque hacía ya 
algún tiempo que le habían jubilado. 

Modesto Pérez. 



¡Qué howbre tan bueno! 

Copiaba yo sobre una mesa de pintado pino, en el pasillo inme- 
diato á la Secretaría de la Universidad salmantina, el programa 
oficial de Historia, cuando pasó á mi lado el Sr. Rector, persegui- 
do, más bien que seguido, por un bedel y una señora maestra de 
pueblo, por las trazas. 

Pocos pasos más allá de donde yo escribía le dieron alcance, y 
con D. Mames hablaron escasamente cinco minutos. Esperabé 
agarró unos papeles que el bedel le presentaba respetuosamente, 
y vino hacia mí diciéndome: 

- Déme esa pluma. 

Me levanté precipitadamente, y pluma y asiento me dispuse á 
ceder al jefe de la ilustre Universidad que, por ganar tiempo, pre- 
firió decretar y firmar allí mismo lo que, sin duda, solicitaba la 
maestra pueblerina. 

— ¿Cómo te llamas? — me preguntó, mientras firmaba; y al de- 
cirle mi nombre, me replicó: 

- Un abuelo tm*o también estudió aquí, y después fué profesor 
de la casa. 

Echó la rúbrica, y devolviendo el expediente al bedel, dijo á la 
maestra: Está usted servida, señora; y siguió claustro adelante sin 
escuchar las palabras de gratitud que le prodigaba aquella humil- 
de pedagoga. 

- ¡Qué hambre tan bueno es el Sr. Rector!— exclamó dirigién- 
dose á mí porque en aquel momento, iududablemente, experimen- 
taba la necesidad de comunicar su alegría á todo el mundo. ¡Me 
ha amparado y me ha hecho justicia sin recomendaciones! -aña- 
día la pobie mujer, como extrañada del caso. 

Días después necesité de D. Mames Esperabé, y en aquella 
ocasión, y siempre, le encontré propicio, servicial y bueno, que 
ésta era su característica, á tal extremo, que por bondad y amor 
á la vieja Universidad castellana, dijo al Rey, en ocasión solem- 
ne, las verdades que no se suelen oir en las antesalas palatina-, 



- 202 - 

pero que sonaron á gloria en el Paraninfo salmantino, pronuncia- 
das por el desde entonces Exemo. Sr. Rector. 

Manuel HILARIO AYUSO 



El Rector Esperaba. 

Aunque han pasado ya algunos años desde que desapareció de 
este mundo, perdura su grato recuerdo en cuantos tuvieron la for- 
tuna de tratarle, pues nadie olvidará al benemérito Rector, á cuya 
memoria tan obligada está la vieja y gloriosa Universidad de Sa- 
lamanca. Yo le quería mucho y le admiraba más aun. Guiado por 
mis instintos estéticos no sabía hacer otra cosa. Era un hombre 
superior, de esos que sugestionan y dominan por su talento y por 
la nobleza de su alma. Hoy, al rendirle un homenaje, sólo acierto 
á descubrirme con profundo respeto. 

Ernesto GARCÍA LADEVESE 



- 203 - 

Miguel de Unamuno y Jugo. 

Nació en Bilbao, de familia vasca, el 29 de Septiembre 
de 1864, y allí, en su pueblo natal, estudió primera y segun- 
da enseñanza. En 1880 fué á Madrid á cursar Filosofía y 
Letras, y en 1884 volvió á Bilbao á dar lecciones particula- 
res y prepararse para oposiciones á cátedras. En 1889 hizo 
un viaje por Francia, Italia y Suiza, y en 1891, el año mis- 
mo en que se casó, obtuvo por oposición una cátedra de 
Lengua griega en la Facultad de Letras de Salamanca. 
En 1897 publicó su primera obra Pas en la guerra, novela 
histórica de costumbres vascas, cuyo fondo es la última lu- 
cha carlista de 1872 á 1876, de que siendo niñ^, fué en par- 
te testigo el autor. El 29 de Octubre de 1900 es nombrado 
por Real decreto, Rector de la Universidad de Salamanca, 
en una situación conservadora, y á los catorce años, en 
Agosto de 1914, otro Gobierno, conservador también, le 
destituye del Rectorado. Además de su clase de Lengua y 
Literatura griega, desempeña en la antigua Escuela la de 
Historia de la Lengua castellana. Su figura más saliente 
está en su labor de escritor y de publicista, fuera de la Uni- 
versidad, y si bajo el primer aspecto merece elogios, como 
universitario y como Rector, sobre todo, su gestión se ha- 
lla oscurecida por densos nubarrones, empañada por imper- 
donables faltas y llena de justas y durísimas censuras. 

Ha dado conferencias en Bilbao, Madrid, Cartagena, 
Orense, Barcelona, Valencia, Málaga. Almería, Granada, 
Canarias, Valladolid, etc., etc.; y en la provincia de Sala- 
manca habló sobre cuestiones agrícolas y de socialismo en 
la mayoría de los pueblos. 

Sus obras, además de la novela ya citada Paz en la 
guerra, son: 

De la enseñanza superior en España (1899). 

Tres ensayos (1900). 

En torno al casticismo (1902). 

. [mor v pedagogía (novela), (1902.) 

Paisajes (1902). 

De mi país (1903). 

Vida de D. Quijote y Sancho (1905). 



- 204 - 

Poesías (1907). 

Recuerdos de niñez y de mocedad (1908). 

Mi religión y otros ensayos (1010). 

Por tierras de Portugal y de España (1911). 

Soliloquios y conversaciones (1912). 

Contra esto y aquello (1912). 

Estas cuatro últimas son colecciones de artículos que 
aparecieron en el diario La Nación, de Buenos Aires, de 
que es el autor asiduo corresponsal. Ha publicado además: 

Rosario de sonetos líricos (1911). 

Los doce ensayos del sentimiento trágico de la vi- 
da (1912), y algún otro libro de fecha posterior, que descono- 
cemos. De sus dramas nada decimos, por no haber tenido 
éxito ninguno. Se le discute como versificador y se le tacha 
de arrítmico, se dice que desprecia en no pocos de sus es- 
critos las leyes de la lógica, y que no se sujeta á los pre- 
ceptos de la gramática, que produce tedio en los lectores 
con sus paradojas é incoherencias, y hasta hay quien tilda 
de soporíferos é insustanciales sus discursos y artículos. 
Quizá á veces tengan razón, en parte, los que así piensan, 
pero casi siempre hay que admirar en él al literato eximio, 
al escritor reputado y capaz, al pensador de alto fuste y de 
gran fama. Su mentalidad, su vigoroso y clarividente en- 
tendimiento, su mucha cultura, el dominio de las lenguas 
vivas y una imaginación espléndida, le han proporcionado 
especiales aptitudes para la oratoria hablada y escrita. 
Como pedagogo y catedrático, reúne igualmente muy bue- 
nas y envidiables condiciones. ¡Lástima que no tenga tan 
grande la sentimentalidad, que su vanidad científica le con- 
virtiera en el mayor ególatra, frío é indiferente ante las 
cosas y personas de un mundo que con desprecio mira, por 
creerse muy superior á todos los que han pasado y hoy tran- 
sitan por el camino de la vida! ¡Lástima que el talento que 
Dios le dio no haya tenido aplicación más seria, noble y le- 
vantada, que al descender adonde no le permitía su nivel 
intelectual, echase por tierra autoridad y prestigios, y que 
por aceptar un cargo para el que jamás tuvo dotes, perdiera 
para siempre el pasar á la historia de los ilustres y escla- 
recidos varones de la celebérrima Escuela salmantina! No 
guardamos más que afectos para D. Miguel de Unamuno, 



- 205 - 

el compañero, el amigo, el maestro, y honda pena nos cau- 
sa estampar su nombre en esta sección del libro II. Quisié- 
ramos arrancar las páginas de su Rectorado, borrar con 
tinta muy negra nefastas fechas, sepultar en el olvido cier- 
tas indiscreciones y ligerezas, actos nada serios, palabras 

que nunca debieron pronunciarse pero no es posible. 

Prescindir de Unamuno, no citarle siquiera, ha sido nues- 
tro propósito durante algún tiempo, mas hemos rectificado. 

Lo exige el compañerismo ofendido, un Claustro respe- 
table y heredero de gloriosas tradiciones, la voz de la Uni- 
versidad que lo demanda, la verdad que se impone, los gri- 
tos de la propia conciencia que quiere quedar tranquila. 
Sea pues. ¿Qué queda del Rectorado de Unamuno? Nada 
positivo, útil, ni beneficioso para la Universidad de Sala- 
manca. Arcas vacías, por haber hecho entrega al Fisco de 
los fondos sagrados de la Escuela, de láminas representati- 
vas de cuantiosos intereses; responsabilidades por su falta 
de tacto y de dotes gubernamentales; pruebas de servilismo 
y de la debilidad de su carácter, sedimentos de anarquía y 
de indisciplina entre los escolares, el peso abrumador de 
sus desaciertos y desvarios; semilla disolvente que al po- 
sarse en corazones vírgenes y juveniles, explota con la 
fuerza y rapidez de una bomba, para producir destrozos, 
separación y desmoronamiento; recuerdos lúgubres, que 
contristan el ánimo y despedazan el corazón; estigmas que 
oprimen y que habrán de agrandarse con el correr de los 
tiempos; restos de una obra totalmente destructora. 

Testimonios perennes ¡Ojala no hubiera tantos! Ahí 

están las ruinas de sus olímpicos desdenes; las santas ceni- 
zas del Dr. López Alonso, del inolvidable Julián Sánchez 
Ruano y de otros beneméritos salmantinos, por él des- 
piadadamente maltratados, á pesar del respeto que los 
muertos merecen; las víctimas del 2 de Abril de 1905, tal 
vez por consentir que dentro de la Universidad se celebra- 
se una reunión, para protestar contra el Gobernador civil; 
el 21 de Octubre de 1904, en que por sus complacencias 
perdió la Escuela su independencia, su personalidad y lo 
que de su autonomía le quedaba; los conflictos que provocó 
al arrojarse en brazos de los estudiantes para que le mantu- 
vieran en el cargo; la sustitución antilegal de un catedráti- 



- 206 - 

eo durante el curso de 1913; el discurso de Bergamín en el 
Congreso de los Diputados el 2 de Diciembre de 1914, y la 
tristemente célebre conferencia leída por Unamuno en el 
Ateneo de Madrid el 25 de Noviembre del mismo año. 



Salvador Cuesta Martín. 

Nació en Piedrahita en 1844, y siendo muy niño fué lleva- 
do á Salamanca, donde cursó la segunda enseñanza y los 
estudios superiores. Recibió el grado de Bachiller en Ar- 
tes en 1859 y á los dos años el de Filosofía y Letras. Siguió 
después la Facultad de Derecho, en la que se licenció 
en 1867, y obtuvo la borla de Doctor con la calificación de 
sobresaliente en 1871. Hizo oposiciones á cátedras de Latín 
y de Psicología, Lógica y Etica de Institutos, y más tarde 
á Derecho político y administrativo, y en unas y otras me- 
reció el segundo lugar. En 1873 ingresó en el profesorado 
oficial como auxiliar de la Universidad de Salamanca, y al 
poco tiempo es nombrado catedrático numerario de la de 
Zaragoza, de donde pasó de nuevo por concurso en 1881 á 
la gloriosa Escuela salmantina. 

Tiene publicadas importantes obras, entre las que mere- 
cen citarse: Elementos de Derecho político, Tratado de 
Derecho administrativo , Temas sobre Economía política, 
Hacienda pública, Derecho natural, Derecho canónico, 
etcétera, etc., y ha escrito notables artículos en periódicos 
y revistas. Desempeñó cargos de administración y de go- 
bierno, como concejal y teniente de alcalde, diputado pro- 
vincial, presidente del Círculo de Obreros y secretario de 
la Junta de los Colegios universitarios, pero poco aficionado 
á la política y sí sólo entusiasta de la cátedra y de la tran- 
quila vida académica, negóse bien pronto á seguir figurando 
en la actuación de los negocios públicos. 

En Noviembre de 1900, se le designó por Real orden para 
el Vice-Rectorado, y al relevar á Unamuno, alguien con 
gran acierto indicó por lo visto su nombre para suceder á 
aquél. Elevado pues al sillón Rectoral por Real decreto de 
20 de Agosto de 1914, tomó posesión el 5 del mes siguiente 
con el beneplácito de los catedráticos salmantinos, que 



- 207 - 

veían en él á un compañero digno de consideración y res- 
peto, maestro prestigioso, de gran cultura, bueno, enérgico 
y restaurador celoso de las tradiciones de la Universidad 
de Salamanca. 



De LA RAZA LATINA 

Periódico consagrado á estrechar las relaciones entre 
los pueblos latinos. 

Madrid, 12 de Abril de 1915. 



Impresiones de un viaje. 

Sr. D. Salvador Cuesta Martín. Sala nía tica .—En nuestra visi- 
ta á esta población, y al repasar los recuerdos de las que antes he- 
mos visto, observamos que en las diferentes urbes se guarda incó- 
lume memoria de aquellos hombres que en su esfera de acción hi- 
cieron algo, poco ó mucho, según sus fuerzas y elementos, en favor 
del mejoramiento social. 

Para otros hombres que nada hicieron, ha}" un olvido despre- 
ciativo, pues esa clase de pasividades se rechazan como nocivas. 

Hay, sin embargo, otra clase de individuos que, sin ocupar el 
primer plano en esa obra armónica de la organización de la socie- 
dad, actúan de un modo indirecto en el verdadero progreso de la 
Humanidad. 

Son los hombres rectos, aquéllos cuya fuerza moral domina las 
pasiones, los Heles cumplidores del deber, los que rinden á la ver- 
dad, entendiendo por ésta lo que hay de más elevado, sencillo y 
difícil, á la vez que de más natural; gentes que estudian y laboran, 
no para ser superiores á otros, sino como un deber, que al reali- 
zarlo les proporciona medios poderosos para comprender mayor 
número de cosas, levantando el espíritu y perfeccionando la ma- 
nera de pensar. 

A este grupo de hombres pertenece la digna personalidad cuyo 
nombre va á la cabeza de este trabajo, y precisamente por estimar 
lo que vale su conducta, hacemos mención de él, pues comprende- 
mos que no hay nada tan eficaz eomo el ejemplo, ya que cuanto 
realizamos, ó la mayor parte de nuestras meritorias ó reprobables 
obras, producen desde luego otras parecidas, y nadie negará que 



- 208 - 

imitamos las buenas acciones por emulación y las malas por la 
perversidad de nuestra naturaleza, que la vergüenza íntima retie- 
ne prisionera, pero que el ejemplo pone en libertad. 

La actuación de nuestro presentado será siempre encomiada 
por todos los elementos sociales y recordada por los mismos jus- 
tamente. 

De ella se dirá que fué honrada, inteligente y progresista. 

Y si nos preguntare alguien el por qué de la predilección nues- 
tra en favor de este ciudadano, le contestaríamos que por haber 
reconocido en él tres virtudes que conducen al cumplimiento del 
deber: la. prudencia, que hace discernir el bien del mal; el amor 
/////versa/, ó sea la fraternidad, que liga entre sí á todos los hom- 
bres, sin ocuparse de las opiniones ó criterios que sustenten, y el 
valor, ó sea la fuerza de voluntad para perseverar en toda idea 
engendradora de acciones provechosas á su pueblo, tanto en el 
aspecto moral como material. 

Además, en este ciudadano apreciamos lo que es un hombre de 
conciencia, ese algo misterioso que registra nuestros actos, inco- 
rruptible testigo de nuestra conducta, y tribunal secreto que se es- 
tablece en el fondo de nuestro corazón. 

El nos da un ejemplo que tiene de admirable, entre otras cosas, 
el de la sencillez y naturalidad, como si estuviere persuadido que 
salirse de esa senda perturbara las leyes sociales, y de que la opi- 
nión lo entiende así, certificándolo hechos repetidos, demostrati- 
vos de cómo no pasan inadvertidos los anhelos regeneradores de 
esos espíritus superiores que la educación é instrucción han ido 
poco á poco perfeccionando para colocarlos en sitial desde donde 
puedan ser faros previsores y vigías permanentes que orienten á 
todos los otros. 

Raras veces se dará un caso de tan justo enaltecimiento cual 
el hecho en honor de la ilustre y ameritada personalidad del se- 
ñor D. Salvador Cuesta Martín, que desde estos renglones presen- 
tamos á la consideración general y como una prueba del buen cri- 
terio en que se inspiran las modernas sociedades al confiar el 
desempeño de ciertos cargos á los hombres que por sus especiales 
condiciones de capacidad y saber son acreedores á ello. 

D. Salvador Cuesta Martín, figura de relieve extraordinario 
entre los elementos que integran la intelectualidad de la nación 
española, es el catedrático de Derecho político y administrativo 
de la Universidad de Salamanca, cargo al que ha llegado en razón 
á sus indiscutibles merecimientos, y en el desempeño de cuya mi- 
sión su labor es brillantísima, tanto, que se le conceptúa con ra- 
zón como uno de los profesores que dan más lustre y esplendor á 
ese afamado centro docente de renombre universal. 



- 209 - 

Recientemente se ha nombrado á D. Salvador Cuefeta Martín 
Rector de la citada Universidad, designación que ha sido muy 
bien recibida por conocerse las dotes que concurren en tan eximio 
varón, quien no dudamos ha de mantener los históricos prestigios 
de esta institución. 

Reciba nuestro saludo cariñoso y la expresión de cuanto le ad- 
miramos. 

H. R. 



11 



CAPÍTULO III 

Loa senadores de la Universidad de Salamanca. — Valera. — Manuel María 
José de Galdo. — Maldonado Macanaz. - Hernández Iglesias. — Gonzá- 
lez Blanco. — El Dr. Pulido. — Ismael Calvo Madroño. — Maldonado 
y Fernández de Ocampo. 

Juan Valera. 



ox Juan Valera y Alcalá Galiano nació en Cabra, 

provincia de Córdoba, el 18 de Octubre de 1824. 

¿2. Fué hijo de D. José Valera, oficial de Marina, y 




de D. a Dolores Alcalá Galiano, Marquesa de Paniega. 

Estudió en el Seminario de Málaga y en el Colegio del 
Sacro Monte de Granada. 

Desde niño se mostró aficionado á los estudios de Lite- 
ratura. 

Se licenció en Leyes en 1846. 

En 1847, al ser nombrado el Duque de Rivas embajador 
de España en Ñapóles, llevó á D. Juan con él como agrega- 
do á la legación. 

En Ñapóles estuvo dos años. En 1850 pasó á Lisboa de 
agregado numerario. En 1851 figura como secretario de 
segunda clase de la legación de España en el Brasil. 

Desde luego dio á conocer Valera sus ideas liberales. 

En 1854, al vencer el partido progresista, fué nombrado 
primer secretario de la legación española en Dresde. 

En 1-S57, el general Zabala le hizo oficial de la secretaría 
de Estado. 

Aquel mismo año pasó D. Juan á San Petersburgo como 
agregado á la embajada española en aquella capital; pero 
cuando la Unión liberal subió al poder en 1858, volvió al 
Ministerio de Estado. 

En 1865, O'Donnell le nombró Ministro plenipotenciario 



- 212 - 

de España en Francfort, y cuando aquél cayó del Poder, 
Valera hizo renuncia. 

En 1868, D. Juan fué hecho subsecretario de Estado por 
el Duque de la Torre. 

En 1881, Sagasta le hizo enviado extraordinario y Minis- 
tro plenipotenciario de primera clase de España en Lisboa, 
cargo que desempeñó Valera hasta 1883. 

En 1885 estuvo en Washington, y desde 1886 á 1888 en 
Bruselas, también como enviado extraordinario y Ministro 
plenipotenciario de primera clase. 

Desde el 20 de Marzo de 1893 al 28 de Junio de 1895 fué 
embajador de España en Viena. 

En 1858 es elegido diputado á Cortes por la provincia de 
Córdoba. £1 Gobierno de la Unión liberal combatió su can- 
didatura. D. Juan se afilió al partido moderado, pero aspi- 
rando á infundirle una orientación progresiva. Siguió sien- 
do reelegido diputado en cuantas elecciones se hicieron 
desde 1860 á 1865. 

Con Albarcola, fundador de El Contemporáneo, con 
González Bravo y con otras personalidades, combatió á la 
Unión liberal desde las columnas de aquel periódico. 

En realidad Valera era unionista, aspiraba á la fusión 
de progresistas y moderados. O'Donnell dijo de él: es de los 
ministeriales que tengo en la oposición. 

Con varios diputados progresistas y demócratas firmó 
Valera una proposición de ley favorable al reconocimiento 
del reino de Italia. 

En la sesión del Congreso de 3 de Febrero de 1863 pro- 
nunció un gran discurso en defensa de la unidad italiana y 
de que España debía reconocerla. 

Este discurso causó profundo enojo entre los modera- 
dos, en cuyas filas siguió, sin embargo, militando Valera. 

En 1864 Narváez confirió á Valera un alto puesto en el 
Ministerio de Fomento, pero al abrirse las Cortes, D. Juan, 
con Albarcola, Fabié y otros, combatió el criterio reaccio- 
nario de aquel Gabinete. 

Con los moderados disidentes, Valera entre ellos, for- 
mó Alonso Martínez un centro parlamentario. 

Con motivo de los luctuosos sucesos que se desarrolla- 
ron en Madrid en la noche de San Daniel (10 de Abril 



- 213 - 

de 1865), dicho centro parlamentario aumentó sus arreme- 
tidas contra el gabinete Narváez. 

O'Donnell reemplazó á Narváez, y los del centro parla- 
mentario apoyaron á la nueva situación. 

En 1862 había sido Valera secretario del Congreso. 

En 1867 defendió en los periódicos la unión ibérica. 

Desde la caída de O'Donnell, en 1866, hasta el destrona- 
miento de Isabel II en Septiembre de 1868, estuvo algo 
apartado de la política. 

En las Cortes Constituyentes de 1869, fué diputado por 
Montilla, provincia de Córdoba. Se sentó en los bancos de 
los unionistas, pero al constituirse las Cortes pronunció un 
discurso, apoyando una proposición, que daba un voto de 
confianza al Gobierno, y manifestó opiniones de cierto sa- 
bor democrático. 

Al discutirse el proyecto de Constitución de 1869, pre- 
sentó una enmienda referente á la libertad de cultos, redac- 
tada en un sentido muy radical. 

Se mostró partidario de la candidatura del Duque de Ge- 
nova para rey de España, y formó parte de la comisión que 
marchó á Florencia á ofrecer la corona española al príncipe 
Amadeo de Saboya. 

Fué diputado desde 1809 á 1872 y en los días de la re- 
nuncia de Amadeo era senador electivo, habiendo perma- 
necido alejado de las luchas políticas todo el tiempo que 
duró la República. 

Restaurada la monarquía, aparece como diputado 
en 1876, afiliado á la política de Cánovas, política en cuya 
defensa pronunció varios discursos. 

Es senador electivo en 1876, y pronto ingresó en el cen- 
tro parlamentario que acaudillaba Alonso Martínez. 

En 1877 fué elegido senador por la Universidad de Sala- 
manca. Se verificó la elección el 5 de Abril, y la lucha se 
manifestó muy reñida, por haber presentado los elementos 
clericales al Obispo D. Narciso Martínez Izquierdo en fren- 
te de la candidatura de Valera, que resultó elegido por 
treinta y cuatro votos contra treinta y uno que obtuvo el 
Prelado salmantino. 

En 1882 fué consejero de Instrucción pública. 

El 5 de Septiembre de 1881, gobernando Sagasta, fué 



- 214 - 

nombrado senador vitalicio, y juró el cargo el 1.° de Di- 
ciembre de aquel año. 

El 7 de Enero de 1882 le concedieron la gran cruz de 
Carlos III. 

En 1882 fué consejero de Estado, en la sección de Estado 
y Gracia y Justicia. 

Desde la fundación del partido fusionista, apoyó al par- 
tido liberal. 

Después de haber renunciado, en 1866, el cargo de Mi- 
nistro plenipotenciario de España en Francfort, Valera se 
dedicó con asiduidad á la literatura. Entonces principiaron 
á publicar artículos suyos las revistas más notables de Es- 
paña, pero desde mucho antes de esa fecha tenía Valera 
reputación de escritor. Tanto es así, que el 2 de Mayo 
de 1861 había sido ya elegido individuo de número de la 
Academia de la Lengua, en la que ingresó el 12 de Marzo 
de 1862, habiendo leído un discurso cuyo tema fué: La poe- 
sía popular como ejemplo del punto en que deben coinci- 
dir la idea vulgar y la idea académica. 

En el Ateneo de Madrid dio lecciones, que se hicieron 
famosas, sobre filosofía del arte. 

En 1889 fué presidente de la sección de Literatura del 
Ateneo. 

Una de las revistas en que más colaboró Valera fué La 
. Imérici', fundada en Madrid por Asquerino. 

También publicó muchos trabajos en La España Moder- 
na, en la Revista política Ibero-Americana, y en El Li- 
beral . 

El 21 de Enero de 1873 fué elegido individuo de número 
de la Academia de Ciencias Morales y Políticas, pero no 
tomó posesión del cargo, que se declaró vacante el 6 de 
Abril de 1886. 



JUICIOS SOBRE VALERA 
Del "Italiano Gubernatis,,. 

«Como poeta es algo frío; como crítico se distingue por la gra- 
cia, finura, elegancia, amenidad y erudición Las novelas de 

Valera se señalan por las tendencias psicológicas y filosóficas y 



- 215 - 

por la belleza del estilo; son trabajos de la fantasía más que de la 
observación, pero de una fantasía brillante y graciosa, ligeramen- 
te satírica.» 

De Cánovas del Castillo. 

«El mejor testimonio de las novelas de Valera está en ellas 

propias. Comenzando por Pepita Jiménez, que fué la primera que 
escribió, ninguna hay que no posea tantos grados de verdad como 

las que pasan por realistas ¿Quién no ha leído en España la tal 

Pepita Jiménez.* Pienso yo, como todo el mundo, que no ha he- 
cho Yalera cosa tan ingeniosa en el fondo y tan acabada en la 

forma Fué más tarde el asunto de D. & Luz , otra de las novelas 

de Valera, un mayor desenvolvimiento del de Pepita Jiménez-. 
Planteado, desde luego, en más intensos términos, están más hon- 
damente caracterizados los personajes, y la situación culminante 
despierta más interés. Sólo el discreteo y el primor de estilo des- 
cienden algo " 

Hablando de otro libro de Valera, /'asarse de tisto, dice Cáno- 
vas: La heroína de esta otra novela era señora honestísima, se- 
gún supimos todos después, que hubo obligado á tirarse á su ma- 
rido por el viaducto de la calle de Segovia Nadie dirá que sea 

éste un convencional tipo femenino. Al contrario: por el mundo 
sobran las mujeres de esa especie. » 

De D. Antonio Alcalá Galiano, tío de Valera. 

«No es de la escuela romántica moderna, ni de la clásica ordi- 
naria. Y sin embargo es, en sentir del que esto escribe, clásico por 
excelencia. Quien atienda á las formas de que reviste sus concep- 
tos, quien penetrando en su pensamiento, hasta donde es dado al 
crítico llegar en sus investigaciones, obsérvela elaboración délas 
ideas en su mente, habrá de conocer que el estudio de la antigüe- 
dad griega y latina y de los verdaderos clásicos modernos influye 
en su juicio y aun en su inventiva, descubriéndose en suscomposi 
r iones lo que sabe, juntamente con lo que hace y lo que intenta » 

Valera poeta, juzgado por Menéndez y Pelayo. 

1.1 Sr. Valera tuvo, como poeta, la desgracia de llegar de 
masiado pronto, de adelantarse á la época en que comenzó á flo- 
recer; por lo cual si es verdad que agradó á algunos pocos y selec- 
tos jueces que supieron entender y gustar las novedades que el li- 



- 216 - 

bro traía, halló, en cambio, cierta frialdad en la masa del público, 

que aun seguía las corrientes románticas » 

«Hay en los versos del Sr. Valera, aunque en cifra y de un 

modo indirecto y simbólico, como conviene al arte, una verdadera 

doctrina filosófica Es, pues, la poesía del Sr. Valera, poesía 

reflexiva , erudita, sabia y llena de intenciones El autor podía 

llamarse condiscípulo, aunque no copista, de Leopardi. El plato- 
nismo erótico es el alma de los versos amatorios del Sr. Valera.» 

Valera pensador y metafísico, juzgado por Menéndez y Pelayo. 

«Pocos, muy pocos, merecen en España con tanta razón como 
Valera el noble calificativo de pensadores, y pocos, ó ninguno, tie- 
nen y alcanzan por fuerzas propias tan gran número de ideas me- 
tafísicas como las que él ha alcanzado y madurado en su entendi- 
miento Si el Sr. Valera publicase juntos en un volumen los 

artículos que tiene escritos bajo el rótulo de Meta física á la ligera, 
no sé yo cuantos españoles de este siglo podrían pasar por más filó- 
sofos que el Sr. Valera en aquella filosofía que se saca de las re- 
conditeces del espíritu propio, no en la que se elabora zurciendo 
trozos de Kant, Hegel ó Krause, de Santo Tomás, Sanseverino 
ó Prisco.» 



Las primeras publicaciones de "Pepita Jiménez,,. 

Se publicó por primera vez Pepita Jiménez en la Revista de 
España. Después la publicó El Imparcial en su edición de pro- 
vincias. 

Valera juzgado por sí mismo. 

«Desidioso yo, descuidado y vagabundo, jamás tuve humor, 
paciencia y reposo para estudiar seria y detenidamente doctrina 
alguna. A la naturaleza jamás le interrogué con pertinacia y ahin- 
co para que me revelase sus misteriosas operaciones. El aguijón 
de la curiosidad siempre me punzaba, pero la desidia pudo más 

conmigo He querido con mayor empeño saber del hombre, en su 

colectividad y en su individualidad; de las facultades de su alma; 
de la tremenda autoridad é irrecusable jurisdicción de su concien- 
cia; de lo que llaman derecho y deber; de si la especie progresa, ó 
no; de este compuesto maravilloso de la sociedad, con su historia, 

su política y su economía Un poquito más he estudiado sobre 

todo esto, pero no lo bastante, ni con mucho; por donde confieso 



- 217 - 

que lo que sé no es digno de transmitirse de palabra ni por escri- 
to La música, por ejemplo, escapa á mi comprensión, aunque 

gusto de ella. Para la maquinaria soy tan torpe que nada me ex- 
plico. Y de varios artefactos solo siento, creo que sin equivocar- 
me, por buen gusto instintivo, si están bien ó mal, pero no doy las 
pruebas, ni llego á percibirlas. 

También he consultado á los filósofos, y leído lo que dicen, y 
meditado por mí; pero nada he sacado muy en claro. 

Por manera que, á la edad de sesenta años, me encuentro sin 
ciencias experimentales, sin conocimientos de artes y sin meta- 
física.» 

Valera: detalles íntimos y curiosos. 

Hasta que murió tuvo una abundosa cabellera negra y brillante. 

Era miope 3* gastaba quevedos de oro. 

Vestía con limpísimo y correcto descuido. 

Siempre gastó chalina de seda, de gran lazo. 

Cuando vivía en la calle de Claudio Coello, 25, se celebraban en 
su casa veladas en las que recitaba versos D. José Zorrilla. 

En los últimos momentos de su vida se confesó con el Padre 
Miguel Mir. 

No conoció la envidia. 

Casi nunca hablaba de sus escritos, ni de las traducciones de 
ellos. 

Perdonaba pronto y por completo las ofensas. 

Consideró la vida como una broma pesada, que él tomaba sin 
incomodarse. 

Pero amaba la existencia tal cual es, porque, según él mismo 
afirmaba, no conocía personalmente otra mejor. 

Tuvo un criado que se llamaba Juan Valera. Este criado le 
abría la correspondencia. 

Cuando formó parte de la comisión que trajo á D. Amadeo, 
compuso el discurso que D. Manuel Ruiz Zorrilla debía pronunciar 
ofreciendo á Víctor Manuel, para su hijo, la corona de España. 
Aquel discurso no llegó á decirse, por haberlo reproducido, antes 
del arto oficial para que se escribió, un periódico de Madrid. 

El título que más le halagaba era el de poeta. 

I .os más de los días recitaba versos en idiomas clásicos y vul- 
gares, y siempre lo satisfacía íntimamente que se le invitase á de- 
cir los suyos, originales ó traducciones. 

El profesor de griego Sr. Alemany y un sacerdote ó una insti- 
tutriz alemanes, le leían á menudo en sus lenguas respectivas los 
poemas de Homero y de Schiller. 



- 218 - 

Jamás empleó en su conversación palabras ni giros que no fue- 
ren castellanos; aunque sabía griego, latín, alemán, francés, in- 
glés, italiano y portugués. 

Era tan aficionado á las matemáticas, que casi todas las tardes 
descansaba de lecturas y dictados planteando problemas algebrai- 
cos que resolvía con suma facilidad. 

Apenas se preocupó por adquirir bienes materiales. Ni defendió 
con ahinco su hacienda. 

Murió D. Juan sin haberse hecho el uniforme de embajador, 
y sin haber puesto pluma blanca al sombrero del de Ministro ple- 
nipotenciario. 

En todo tenía fe y esperanzas, menos en nuestros hombres de 
ciencias exactas, físicas y naturales, ni en las victorias de la cam- 
paña feminista. 

Últimamente se levantaba á las nueve de la mañana. 

Xadie le aventajó en cortesía, nobleza y caridad en la polémi- 
ca, como lo demostró, entre otras muchas, en las que sostuvo con 
D. :l Emilia Pardo Bazán y D. Ramón de Campoamor. 

Después de levantarse dictaba á su secretario, D. Pedro Gala, 
algunas cartas de las más urgentes. Luego solía dictarle trabajos 
literarios. 

Tuvo abundantísima correspondencia epistolar con el Dr. The- 
bussem. 

Almorzaba á las dos. Con frecuencia prefería los platos de la 
cocina cordobesa á los de la francesa. 

Bebía siempre ligero vino blanco de Los Móviles. 

Fumaba mucho, pero sólo cigarrillos emboquillados. 

Después de almorzar solía quedarse traspuesto en una butaca. 

Por l;i tarde y por la noche recibía á sus amigos. 

Los viernes, sábados ó domingos, se celebraban en su casa ter- 
tulias literarias. Últimamente concurrían á ellas D. il Emilia Pardo 
Bazán, los Sres. de Lampérez, los de Vázquez de Parga, D. Al- 
fonso Danvila, los Marqueses de Villasinda, D. Ricardo Spottorno, 
D. Emilio Ferrari y varios otros publicistas y académicos nacio- 
nales y extranjeros. < >tras noches, entre semana, se daban lecturas, 
ya de las obras teatrales, para estrenar, de D. a Blanca de los Ríos 
y de los hermanos Quintero, ya de otras producciones históricas ó 
poéticas, como las de L). Alfonso Danvila, las poesías de la Mar- 
quesa de Bolaños, los Retratos de 1). Antonio de Zayas, El Casti- 
tillo del Marqués de Mas cu Sotomayor, interesante libro de la 
Marquesa de Ayerbe, y los viajes y cuentos orientales del Mar- 
qués de Villasinda. 

D. Juan, abrumado por el trabajo mental y apoltronado por no 
hacer ejercicio corporal, dormitaba frecuentemente en visita, lee- 



— 219 — 

turas y tertulias; pero sin dar cabezadas, enhiesto siempre y en 
posturas correctas. Se dormía de pronto, y de pronto despertaba, 
reanudando la plática sin balbuceos, 

En familia, como en sociedad, era muy amable y divertido. 

Obras de D. Juan Valera. 

Pepita Jiménez, El Comendador Mendoza, Algo de Indo, Las 
ilusiones del Dr. Faustino, Pasarse de listo, D. A Luz, La bue- 
na fama, El hechicero, El bermejino prehistórico, Las Salaman- 
dras, Dafinoy Cloe (traducción del griego), Estudios críticos, Di- 
sertaciones y juicios literarios, Cuentos y diálogos, Poesía y arte 
de los árabes en España y Sicilia, Tentativas dramáticas, Can- 
elones, ron/anees y poemas, Cuentos, diálogos y fantasías, Nuevos 
estudios críticos, Cartas americanas, Nuevascartas americanas, 
Pequeneces Currita Albornoz al P. Luis Coloma, Las muje- 
res y las Academias, Ventura de la Vega , Juanita la Larga, La 
metafísica y la poesía, A vuela pluma, De varios colores, Genio y 
figura, Morsa mor, Eeos argentinos, Canuta ola cigüeña blanca, 
Florilegio de poesías castellanas. 

D. Juan Valera dejó comenzadas las obras siguientes: 

Elisa la Malagueña, novela. La introducción versa sobre el 
teosolismo. 

Otras dos novelas, con escenarios en Madrid y en Villabermeja. 

Dos ó tres cuentos y chascarrillos. 

El primer artículo de tres que pensaba escribir acerca de gra- 
máticas comparadas, tratando de las de Alemany, Padilla y Me 
néndez Pidal. 

Meditaciones estópicas sobre educación humana. 

El t. VI del Florilegio de poesías castellanas del siglo XIX. 

Con el Dr. Thebussen tenía comenzadas unas epístolas sobre 
cecina española. 

Un Epistolario de D. Juan Valera, sería interesantísimo. 

No hemos podido adquirir ningún dato acerca de la la- 
bor realizada por el primer senador de la Universidad de 
Salamanca, sin que á nadie deba extrañar, puesto que fué 
completamente nula, defraudando las esperanzas que en él 
pusieron sus ilustrados votantes. 

El Claustro universitario, al pedir á Valera que .acepta- 
se la representación del antiguo Estudio en la alta Cámara, 
quiso elegir para tan importante cargo á un hombre digno 
de la docta academia, y el insigne literato, comprendiendo 



- 220 - 

y estimando el honor, contestó al Rector Esperabé Lozano 
en estos términos: Cánovas me tiene ofrecida nna sena- 
duría vitalicia, pero prefiero Ja de esa célebre é inmortal 
Universidad. Todo hacía suponer que consagrándose Va- 
lera á la defensa del renombrado centro docente, vendría á 
lograr para éste preeminencias y ventajas, mas no fué así 
por desgracia. Abstraído en la literatura y engolfado en 
sus libros, no se cuidó ni de ventilar siquiera en el Ministe- 
rio los asuntos pendientes de tramitación, provocando tan 
manifiesta apatía y tan constante indiferencia un descon- 
tento general entre sus electores, que bien pronto se con- 
vencieron de la equivocación que habían padecido. 

Manuel María José de Galdo y López. 

Nació en Madrid el 16 de Enero de 1825. Con gran apli- 
cación y aprovechamiento hizo sus estudios en la Corte, y 
en ella obtuvo los títulos de doctor en Ciencias y de licen- 
ciado en Medicina y Cirugía. 

En 1845 fué encargado de la cátedra de Historia natu- 
ral de la Universidad Central. 

En la Facultad de Ciencias enseñó, durante algunos 
años, Mineralogía y nociones de Geología y de Botánica. 

Luego pasó al Instituto del Noviciado, llamado después 
Instituto del Cardenal Cisneros, como catedrático de His- 
toria natural, cargo que desempeñó hasta su muerte. 

Afiliado al partido progresista se distinguió especial- 
mente por sus campañas en pro de la libertad de ense- 
ñanza. 

Asistió á la inauguración del Canal de Suez, y por sus 
trabajos mereció ser elegido, en 30 de Diciembre de 1867, 
individuo de la Academia de Ciencias. 

Poco después del triunfo de la Revolución de Septiem- 
bre, fue alcalde presidente del Ayuntamierto de Madrid. 

Figura como senador en la legislatura de 1871 á 1873, y 
tomó parte en la asamblea nacional que votó la República. 

Representó en el Senado á la Universidad de Salaman- 
ca desde 1879 á 1881 y desde 1886 á 1891. 

En 1880 firmó el manifiesto que dio vida al partido re- 
publicano-progresista. 



- 221 - 

Cuando Marios se inclinó hacia la monarquía, Galdo 
rompió sus relaciones con dicho partido, y sin renunciar á 
sus ideas democráticas, no volvió á tomar parte en la políti- 
ca activa. 

Fué un orador correcto y de muy buen juicio, director 
del Instituto del Cardenal Cisneros, socio de mérito de la 
Academia médica de emulación de Santiago, consejero de 
Instrucción pública, individuo honorario del Colegio de 
Farmacéuticos de Madrid, individuo de la Sociedad Geoló- 
gica de Francia, académico corresponsal de la Real de Cien- 
cias médicas, físicas y naturales de la Habana, individuo 
corresponsal de la Sociedad de Ciencias médicas de Lisboa, 
socio fundador de la Antropológica española y honorario 
de la Antropológica de París. 

Mereció el honor de ser comisionado para adquirir en el 
extranjero el material con destino á la Escuela Modelo mu- 
nicipal de Madrid. 

En 1855 publicó un excelente Manual de Historia Natu- 
ral, del que se han hecho varias ediciones. 

Escribió, además, otras obras. 

Falleció en Madrid el 18 de Julio de 1895. 



GALDO, PARLAMENTARIO 

En el primero de los cuatro apéndices á la sesión que ce- 
lebró el Senado el 3 de Junio de 1879, se publica un dicta- 
men de la comisión permamente de actas, en el que mani- 
fiesta haber examinado las de las elecciones verificadas por 
varias corporaciones y provincias y propone á la Cámara 
que las apruebe, por no contener protesta ni reclamación 
alguna y que proclame senadores electos á los señores que 
se expresan. Uno de ellos es D. Manuel María José de Gal- 
do, elegido por la Universidad de Salamanca. 

La comisión la componían D. Manuel Silvela, como pre- 
sidente; D. Santiago Darán y Lira, el Conde de Pallares y 
D. Hilarión Sanz Ortiz, como vocales, y como secretario 
el Sr. López Borreguero. 

En la sesión de aquel día 3 de Junio, dicho Sr. López 
Borreguero, autorizado por el presidente de la Cámara ex- 



- 222 - 

celentísimo Sr. Marqués de Barzanallana, ocupó la tribuna 
y leyó, y anunció que se imprimiría y repartiría á los seño- 
res senadores mencionado dictamen de la comisión perma- 
nente de actas. 

En la sesión del 4 de Junio, no habiendo habido ningún 
señor senador que pidiera la palabra en contra, y puesto á 
votación el dictamen, quedó aprobado, y fueron proclama- 
dos senadores los señores incluidos en él. 

Fué, por consiguiente, proclamado el 4 de Junio de 1879, 
senador por la Universidad de Salamanca D. Manuel María 
José de Galdo. 

En la sesión del 5 de Junio usa de la palabra el Sr. Gal- 
do con el exclusivo objeto de hacer una manifestación acer- 
ca del juramento para ejercer el cargo de senador, habién- 
dose expresado en los siguientes términos: 

Sres. Senadores: si ayer hubiese tenido el gusto de asistir á la 
sesión, indudablemente os excusaría las breves palabras que os 
voy á dirigir. 

Mi amigo el Sr. Rivera hizo ayer una manifestación de con- 
ciencia: yo la vengo á hacer también. Vengo aquí obligado por la 
gratitud hacia los insignes profesores de la Universidad de Sala- 
manca, que me han elegido su representante; precisamente ocupo 
ahora el mismo sitio que ocupaba en un día memorable en la his- 
toria de la política española, cuando de él salí en 1873, y cumple á 
mi conciencia declarar que si vengo á prestar el juramento en aras 
de la gratitud que debo á mis compañeros y para defender los fue- 
ros de la enseñanza, queda á salvo siempre mi conciencia. El se- 
ñor presidente lo dijo ayer, y de sus palabras me aprovecho. 

I lecha esta manifestación, suplico al Senado me dispense las 
palabras que le he dirigido, por la recta intención que las inspira. 

El Sr. Presidente: Queda terminado el incidente.» 

En aquella misma sesión prestó el juramento D. Manuel 
María José de Galdo. 

Al procederse, también en la sesión del 5 de Junio, al 
sorteo de secciones, en que había de dividirse el Senado, 
resultó incluido el Sr. Galdo en la sección quinta. 

Al día siguiente, 6 de Junio, se reunió el Senado en 
secciones y procedió a constituir y nombrar varias comi- 
siones, habiendo sido designado el Sr. Galdo para formar 
parte de la de Presupuestos generales del Estado. 



- 223 - 

En la sesión de // de Jimio de 1879, el Sr. Galdo, en 
nombre de la Asociación de escritores y artistas, dirigió un 
ruego al Ministro de Hacienda, Marqués de Orovio. 

Un escritor había dado una conferencia pública, que des- 
pués imprimió y puso en circulación. La Administración le 
impuso 296 pesetas como contribución industrial, conside- 
rándole editor. El conferenciante recurrió en alzada contra 
el acuerdo administrativo, pero el acuerdo fué confirmado. 

Y Galdo rogaba al Ministro de Hacienda que dictase las 
reglas necesarias para la debida inteligencia del significado 
de la palabra editor, que no creía justo que se aplicara á 
quien gasta su inteligencia, su tiempo y su dinero en dar 
una conferencia y en imprimirla para repartirla después. 

—Es necesario, le contestó el Marqués de Orovio, que 
el interesado se alce de esa disposición, y que en caso de 
que no le sea admitida la alzada en el inferior, acuda al su- 
perior, para que éste le obligue á admitirla en la forma y 
manera que determinen los reglamentos. No he de ser yo, 
dijo también el Ministro, quien niegue la protección que se 
merecen las letras españolas. 

En la sesión del 16 de Junio, estándose discutiendo la 
contestación al discurso de la Corona, pronunció un discur- 
so, en pro del mensaje, el Sr. Mena y Zorrilla, de la comi- 
sión del mismo, respondiendo al Sr. Rivera, 

El Sr. Mena y Zorrilla aludió al Sr. Galdo por la manera 
como éste había jurado días atrás el cargo de senador. 

' Los señores senadores- Jijo entre otras cosas el Sr. Mena — , 
comprenderán que aludo al acto del juramento, á las declaracio- 
nes v protestas deque ha sido acompañado Mis palabras, mi 

sentir, no implican apreciación alguna desfavorable de las perso- 
nas que puedan considerarse aludidas. Han obrado con lealtad, 
han obrado sinceramente, no han mentido;! su conciencia, no han 
mentido á I )¡os, pero pasa, en mi sentir, en esta cuestión, una co- 
sa por demás nueva y peregrina. 

Hemos llegado ;'i un punto en que se han inventado distincio- 
nes, sutilezas, restricciones mentales que no se habían ocurrido 
jamás á ninguno de los antiguos tratadistas. Pero con la singula- 
ridad de que en los antiguos casuistas, en las antiguas restriccio- 
nes mentales se observaba una cosa, á saber: que la restricción 
mental era para Dios, y el juramento era para los hombres. Seles 



- 224 - 

hacía creer á éstos que el que prestaba juramento juraba, pero se 
le prestaba á Dios mediante la restricción mental de que el jura- 
mento no existía. Mas ahora se ha inventado una restricción men- 
tal que invierte los términos: se jura para Dios y la restricción men- 
tal es para los hombres; porque el juramento, después de todo, 
¿que es?» (El Sr. Galdo: Pido la palabra). 

«Decía, (sigue hablando Mena y Zorrilla), que aquí la res- 
tricción mental es para los hombres, es para el fanatismo de los 
partidos, es para que no se crea que ha habido una apostasía, es 
para que no se crea que han renegado de algo que pueda suscitar 
la desconfianza de las muchedumbres y que amengüe esa popula- 
ridad á que se hacen tantos y tan grandes sacrificios. Pero el ju- 
ramento sincero, el juramento verdadero, es el dirigido á Dios, es 
el en que se jura lo que no puede menos de jurarse, lo que toda 
persona leal jura en esta clase de actos, que es el respeto á las le- 
yes; porque las tres preguntas que contiene el Reglamento se re- 
ducen y compendian en el cumplimiento y respeto de las leyes, y 
las leyes tienen siempre derecho al respeto, y las leyes obligan en 
consecuencia á respetar los Poderes existentes é imponen ese res- 
peto y obediencia aun á sus mayores adversarios en el fondo de 
las conciencias.» 

He aquí lo más substancial de la respuesta del Sr. Galdo á la 
alusión del Sr. Mena y Zorrilla: 

«¿Qué significa el acto que yo ejecuté días atrás en esta asam- 
blea? Significa, señores, y no temo decirlo, para ahora, para siem" 
pre, para el presente y para el porvenir, significa, repito, que soy 
respetuoso con las leyes. ¿Pero quiere decir esto que yo me inspi- 
re, que yo piense y que yo sienta como están inspiradas y forma- 
das esas mismas leyes en su espíritu y en su letra ó texto? No; y s 1 
otra cosa dijese, mentiría, y yo no miento ni falto al sagrado de- 
ber de mi conciencia aquí ni en parte alguna. 

Por no hacerse lo que he hecho , por no hacerse lo que creo 

que debe hacerse, repito, por eso está la política española tan per- 
turbada. Pues qué, ¿es lícito pensar una cosa y hacer otra? No lo 
he creído así nunca, y por esto, desde el momento en que haya 
cambiado de opinión, pensando de distinto modo que antes pensa- 
ba, ya con la pluma, ya con la palabra, cuando se me presente 
ocasión de hacer rectificación de mi pensamiento, rectificaré el 
error, manifestaré las razones que antes tenía y las nuevas que 
me asistan para desechar el primer pensamiento. 

He pertenecido, pertenezco y me glorio de pertenecer, siempre 
lo he dicho, al partido liberal más avanzado, pero en el sentido 
más recto posible, esto es, siempre dentro de las leyes, porque 
siempre dentro de las leyes he de encontrar y encontraré medio s 



- 225 - 

para combatir con mis adversarios por fuertes que ellos sean, y 
dentro de esos principios he creído, señores senadores, que no po- 
día en conciencia prestar juramento tal y como literalmente se me 
exigía al entrar en el Senado. 

Esta es la razón por la cual, ni aspiraba á entrar en las lides 
políticas por ahora, ni quería, á pesar del altísimo honor que con- 
fiere, venir á esta Cámara; me han traído circunstancias superio- 
res é independientes ele mi voluntad; á este sacrificio penosísimo 
me ha obligado la espontánea iniciativa de mis amigos y compa- 
ñeros de Salamanca, más respetables siempre que mi soberana 
voluntad, y por fin, me lo ha exigido mi amor cada día más inten- 
so á la enseñanza pública, en que figuro como el último de sus in- 
dividuos, y á la cual debo cuanto soy y mucho más de lo poco que 
valgo. Si no fuera por ella, jamás hubiera consentido. Pero, al 
venir aquí y jurar protestando, ¿he proclamado acaso que no he 
de obedecer ni acatar las leyes? Xo. Yo respetaré las leyes; pero 
siempre que me sea posible, dentro del criterio que crea más acep- 
table y conveniente al bien de mi patria, he de contribuir á modi- 
ficarlas y procuraré hacerlo con todo el valor y entusiasmo de que 
soy capaz. Decía, señores, que respetando como tengo de costum- 
bre, las leyes, he de procurar contribuir, entendedlo bien, en cuan- 
to me sea posible, á su reforma, dentro del criterio de mi concien- 
cia y de mi escaso saber.» 

En la sesión del 19 de Junio se votó, por 149 votos con- 
tra 21, el dictamen de la comisión, relativo á la contesta- 
ción al discurso de la Corona. 

La minoría democrática votó en contra, y en la sesión 
del día 20 pidió ia palabra el Sr. Galdo (que sin duda no 
había asistido á la sesión anterior), para unir su voto al de 
dicha minoría. 

En la sesión del 26 de Junio, el Sr. Moncasi, pertenecien- 
te, como el Sr. Galdo, al partido progresista-democrático, 
hizo, acerca del juramento, manifestaciones en el sentido 
de que se había sujetado á esa formalidad reglamentaria, 

«pero queriendo mantener y manteniendo libre mi espíritu de toda 
obligación que no tenga una sólida base en mi conciencia, no re- 
nunciando á nada, absolutamente á nada, de lo que constituye mi 
fe política, ni á nada de lo que sea ó pueda ser legítima aspiración 

de mi partido en adelante . 

Al terminar de hablar el Sr. Moncasi, pidió la palabra el se- 
ñor Galdo; pero le fué reservada para la sesión siguiente. 

15 



— 226 - 

Sesión del 27 de Jimio. En el debate, que se venía sos- 
teniendo, relativo al proyecto de ley eximiendo á los sena- 
dores de la isla de Cuba de las condiciones marcadas en 
el art. 22 de la Constitución, D. Manuel Silvela pronunció 
un discurso defendiendo el dictamen que una comisión, de 
que había formado parte, había dado sobre el asunto. 

La comisión la habían constituido. D. Joaquín Jovellar, 
como presidente; D. Manuel María Alvarez, el Marqués de 
Fuentefiel, D. Manuel Silvela, el Conde de Tejada de Val- 
dosera, y el Marqués de la Conquista, como vocales, y el 
Conde de Bernar, como secretario. 

El 23 de Junio de aquel año, la comisión, como resumen 
de su dictamen, sometió á la aprobación del Senado el si- 
guiente proyecto de ley: 

«Art. 1." Los elegidos para el cargo de senadores en repre- 
sentación de la isla de Cuba, en virtud de la convocatoria á Cor- 
tes de 10 de Marzo último, podrán tomar asiento en el Senado, una 
vez aprobadas sus actas, aunque no justifiquen las condiciones 
exigidas por el art. 22 de la Constitución de la Monarquía. 

Art. 2." En lo sucesivo, únicamente podrán ingresar en el Se- 
nado con la representación de las provincias y corporaciones de 
la isla de Cuba, los elegidos en quienes concurran las condiciones 
dispensadas por el artículo anterior para el presente caso.» 

Después de hablar el Sr. Silvela, hizo uso de la palabra 
el Sr. Galdo, oponiéndose á la le) 7 propuesta. 
He aquí la síntesis de su extensa oración: 

«Yo creo que este ( robierno desea obrar en justicia y respetar 
las leyes; pero no lo conseguirá con proyectos como el presente, 
que invalidan y hasta anulan la lev más fundamental, la Consti- 
tución del Estado. Señores senadores, meditad mucho el voto que 
vais á dar, pues esta ley afecta á vuestras prerrogativas. No olvi- 
déis que ataca duramente á vuestra íntima organización, y que si 
hoy se os pide el sacrificio de alguna de las condiciones exigidas 
por la Constitución para poder desempeñar el cargo de senador, 
es muy probable que mañana, y con este precedente, se vuelva á 
repetir la misma petición. Condeso de buen grado que el Gobierno 
actual, si en ese banco permaneciese no la pediría; creo también 
que esta comisión tampoco la defendería; pero como todos sabe- 
mos que el Ministerio actual, dada la índole de los Gobiernos re- 



— 227 — 

presentamos, ni es ni debe ser eterno, pudiera ocurrir muy bien 
que otro Gobierno, otra comisión ú otra asamblea creyese conve- 
niente hacer más extensiva la dispensa que hoy se reclama, y al 
hacerlo, invocarían en su apoyo este precedente, y sólo presenta- 
rían como razón la de los hechos consumados y autorizados pol- 
la ley que ahora vais á votar. 

Resolved, en tin, esta cuestión como las cuestiones todas que 
atañen á Cuba, con amor y cariño, con efusión fraternal, en lin; 
pero resolvedla también con un santo respeto á las leyes todas, en 
su espíritu y en su letra, y muy especialmente á la ley fundamen- 
tal, que debe ser la misma para cuantos aquende y allende los ma- 
ro se enorgullecen de llamarse españoles.» 

Después rectificaron los Sres. Silvela y Galdo, abundan- 
do cada cual en sus respectivos puntos de vista. 

En la sesión del 28 de Junio, el Sr. Galdo usa de la pa- 
labra para rogar al Ministro de Fomento, que se regulari- 
zara el disfrute de las licencias de los maestros de instruc- 
ción primaria y para tratar acerca de la anómala situación 
en que se encontraba la enseñanza en Málaga. 

En la sesión del 7 de Julio hizo el Sr. Galdo una pre- 
gunta á los Ministros de ( Gracia y Justicia y Gobernación, 
respecto á si estaban dispuestos á que se levantaran los 
atestados, según lo prevenido en los arts. 206 y 207 de la 
ley de Enjuiciamiento criminal; y llamó la atención del Mi- 
nistro de Fomento sobre el estado de la instrucción pri- 
maria en la provincia de Cádiz. 

En la sesión del 28 de Julio usa de la palabra el Sr. Gal- 
do para presentar dos proposiciones, una del gremio de 
vendedores de leche y ganaderos, y otra de los mineros que 
explotan sulfato de sosa 



No podemos continuar. La labor parlamentaria del se- 
ñor Galdo es inagotable, y ocuparía, aun extractándola, un 
tomo de muchas páginas. En la mayor parte délas sesiones 
de la Cámara dejó oir su voz el representante de la glorio- 
sa Escuela, y sus discursos en defensa de ésca, de la ense- 
ñanza en general y de los maestros de escuela, fueron tan- 
tos y tan hermosos, que merecen figurar en una vitrina. 



— 228 *- 

Baste decir que adelantó, al proponerlas, la mayor parte 
de las reformas llevadas á cabo por los Ministros de Instruc- 
ción pública, y que como senador, dio honra á la Universi- 
dad ilustre. Defendió con entereza, ante el Gobierno, los 
proyectos del Rector, y era tan celoso y activo, que siem- 
pre supo ocupar dignamente su puesto y responder cumpli- 
damente á los requerimientos de los claustrales. 

Fué D. Manuel María José de Galdo senador por la 
Universidad de Salamanca, desde 1879 á 1891, pues aunque 
en 1884 eligieron los claustrales á D. Gerardo Vázquez de 
Parga, no pudo éste llegar á jurar el cargo por no justificar 
la renta, y al siguiente año volvió el ilustre naturalista á 
representar ala veneranda Escuela. Por cuatro veces le vo- 
taron los doctores salmantinos para la senaduría: el 3 de 
Mayo de 1879, el 2 de Septiembre de 1881, el 11 de Octubre 
de 1885 y el 25 de Abril de 1886, y en una de ellas, sobre 
todo, tuvo que sostener fuerte y reñida lucha con D. Vicen- 
te de La Fuente, candidato ministerial y á quien el entonces 
Ministro del ramo D. Alejandro Pidal apoyó con ahinco y 
verdadera decisión. El Gobierno obligó á votar en aquella 
ocasión á los directores de los establecimientos de enseñan- 
za del distrito y á cuantos tenían puestos de confianza, en 
favor del ex- Rector de la Central, y el 11 de Octubre de 1885 
se verificó la elección, en la que se desarrollaron vivas es- 
cenas y curiosos incidentes, sin que al fin lograra satisfacer 
sus deseos el ultramontano jefe de la pública instrucción, 
por salir triunfante el Dr. Galdo por cuarenta y seis votos 
contra cuarenta y dos que alcanzó el Sr. La Fuente. Viril 
prueba de energía y de arrogancia dio entonces la Univer- 
sidad de Salamanca rechazando al candidato adicto. 

Con ese tan valiente proceder demostró que á un cen- 
tro de cultura y de vida intelectual no se le puede ni debe 
tratar de la misma manera que á los meros organismos de- 
pendientes del Estado; hizo pública manifestación de que 
sabía defender sus fueros con titánico y ardiente brío; pro- 
bó á la faz del mundo entero que conservaba puras sus tra- 
diciones de libertad é independencia, y vino, en fin, á cum- 
plir sus más sacratísimos deberes. 



- 229 - 

Joaquín Maldonado Macanaz. 

Nació en la villa de Iscar en 1833, siendo su padre D. Joa- 
quín Maldonado de Guevara y Gimeno, señor de Peñarru- 
bia y Hernancobo. Estudió en Madrid en el Colegio de No- 
bles; terminó la carrera de doctor en Administración y ganó 
muy pronto la cátedra de Arte é Historia de la Coloniza- 
ción, sobre la cual escribió un libro traducido á varios idio- 
mas. Fué un fecundo y notable publicista, sobre todo en 
cuestiones relacionadas con la guerra de sucesión y los rei- 
nados de Carlos II y Felipe Y, acerca de los cuales poseía 
los interesantísimos datos del archivo de su abuelo. Trató 
también como nadie los asuntos relativos á la colonización 
española en América y Oceanía. Figuró siempre como in- 
cansable periodista, redactando y dirigiendo importantes 
diarios de la Corte, desde los diez y ocho años, día por día, 
pues murió siendo redactor jefe de La Época, después de 
casi medio siglo de colaboración no interrumpida. Como 
primer director general de Instrucción pública de la Res- 
tauración, apoyó con entusiasmo las iniciativas y propues- 
tas del Rector Esperabé Lozano referentes á las grandes 
obras de la Universidad de Salamanca y funcionamiento de 
las Facultades libres de Medicina y Ciencias. Perteneció á 
la carrera diplomática, y fué académico de la Historia. Du- 
rante dos años representó en el Senado á la Universidad de 
Salamanca, que le eligió su representante en la alta Cáma- 
ra el 15 de Febrero de 1891, por cincuenta y cuatro votos 
contra doce que obtuvo el Sr. Galdo. 

No respondió en el tiempo que ejerció este cargo á lo 
que de él había derecho á esperar, ni dejó vestigio alguno 
de su labor parlamentaria que fuese beneficioso para el an- 
tiguo Estudio. 

Fermín Hernández Iglesias. 

Nació en Salamanca el 11 de Octubre de 1833. 

De una certificación dada por el Dr. Pedro González 
Martín, profesor de Latinidad, resulta que estudió bajo su 
cuidado Hernández Iglesias las materias correspondientes 



- 230 - 

á los dos primeros años. Se matriculó en 1845 del tercer 
curso, y en los siguientes del cuarto y quinto. Aprobó el 
grado de Bachiller en Filosofía el 24 de Octubre del 48, y 
en 1840, hizo el preparatorio de Teología y Jurisprudencia, 
simultaneando luego esta Facultad con la sección de Lite- 
ratura. Se graduó de Bachiller en Jurisprudencia el 2.5 de 
Diciembre de 1854, y completó los siete cursos de la licen- 
ciatura del 54 al 56. Se licenció el 24 de Junio de 1856, y se 
le expidió el título el 22 de Julio. Los estudios de Literatu- 
ra no los pudo terminar en Salamanca, por no estar estable- 
cidas en la Universidad todas las enseñanzas de la sección. 
Se doctoró en Madrid el 6 de Mayo de 1863 y recibió la in- 
vestidura el 16 del mismo mes. teniendo el título la fecha 
de 7 de Octubre de dicho año. En 1885 se inscribió en el 
Claustro de Madrid; quedó cancelada la inscripción el 3 de 
Febrero de 1893, y el 20 de Marzo solicitó del Rector de Sa- 
lamanca en atento oficio matricularse en el Claustro sal- 
mantino, siéndole admitida la instancia. Son los únicos da- 
tos que hay de él en el Archivo. 

Con su laboriosidad, y después de una juventud llena de 
sobresaltos y de privaciones, logró Hernández Iglesias 
formarse una envidiable posición, digna de su talento y de 
quien como él, supo ascender desde la condición más hu- 
milde y modestísima á los puestos principales y de mayor 
compromiso. Sus padres le dieron á fuerza de no pocos sa- 
crificios los estudios de la segunda enseñanza, pero como 
al hacerse bachiller en Artes les fuera completamente im- 
posible seguir costeándole la carrera, entró de escribiente 
en una notaría, y de esa manera y mediante una vida de 
continuo trabajar, y hasta robando al descanso y al sueño 
lo necesario, pudo continuar sus tareas escolares en nues- 
tra ilustre Universidad. 

Hecho abogado, empezó á ejercer con bastante fruto 
por cierto su profesión, y sin que transcurrieran muchos 
años, conquistó escogida clientela y fama de competente y 
habilidoso jurisconsulto. Fué auxiliar de su Facultad, y 
profesor interino de una cátedra de Derecho; colaborador 
literario de varias revistas científicas, y escribía á la vez 
en periódicos políticos y de avanzadas ideas. Tomó activa 
parte en la revolución del 68 en unión de Rodríguez Pini- 



- 231 - 

lia, Gil Sanz y Sánchez Ruano, y al constituirse el Gobier- 
no provisional se trasladó á Madrid definitivamente, donde 
abrió bufete, para dedicarse con especialidad á los asuntos 
civiles y á las cuestiones de beneficencia. 

En la época de la Restauración, se afilió Hernández Igle- 
sias al partido conservador, figurando siempre entre los 
amigos de Cánovas, que le distinguió en distintas ocasiones 
con pruebas de singular afecto. 

Tomó asiento en las Cortes por vez primera en 1879 y 
desde entonces no cesó de ser diputado ó senador. Ocupó 
en dos situaciones conservadoras la Dirección general de 
Beneficencia, y luego la de lo Contencioso y la de Adminis- 
tración local, y en todas ellas se reveló como hombre inte- 
ligente y de excepcionales aptitudes. Al fundar el Asilo de 
San Rafael en 1«S<S0, tropezaron los patronos con un sin nú- 
mero de dificultades, y cuando éstas se consideraban insu- 
perables, acuden á D. Fermín en busca de solución, y mer- 
ced á sus esfuerzos y á sus conocimientos en la materia, 
vino á dictarse la Real orden para el funcionamiento de 
aquél. Lo propio ocurrió al establecerse la Caja de Crespo 
Rascón de socorros paro labradores. 

Fué una gloria de la magistratura, y contribuyó con su 
justificación y saber á dar honor y prestigio al Tribunal 
Supremo, donde desempeñó los cargos más altos; alma 
del Instituto de Reformas sociales, al que dedicaba diaria- 
mente largas horas, inspirando leyes beneficiosas para 
la clase obrera y para el proletariado en general; bien- 
hechor cariñoso y paternal de la Sociedad protectora de los 
niños, amante de todas las obras meritorias y buenas, de 
corazón grande y de sentimientos nobles. Nunca dejó de 
recordar con agrado la pobreza de sus padres y los sinsa- 
bores que pasó. Su consejo era procurado, y su palabra, 
atildada y tranquila, se oía en el Parlamento, en las Aca- 
demias y en todas partes con respeto y silencio. 

Cuatro veces consecutivas le votó para senador la Uni- 
versidad de Salamanca, el 19 de Marzo del 93, el 26 de Abril 
del 96, el 10 de Abril del 98 y el 30 de Abril del 99. En esta 
última, Luchó con el Obispo de la diócesis, R. P. Cámara, 
y á pesar del calor é interés que en aquella contienda pu- 
sieron los elementos clericales, venció al sabio prelado por 



- 232 



cincuenta y cuatro votos contra veintinueve. También de- 
rrotó antes, en la elección de 1896, al ex-director general 
de Instrucción pública y Ministro que fué más tarde de Agri- 
cultura, D. José de Cárdenas. Activo y servicial en grado 
máximo, no dejó de atender las justas peticiones de la Es- 
cuela y de los claustrales. Llegó viejo, sin embargo, á la 
senaduría universitaria, y esa circunstancia y su descono- 
cimiento en la complicada legislación de la enseñanza, hi- 
cieron su labor algún tanto infructuosa. 



José González y González Blanco. 

Sólo representó á la Universidad salmantina en una le- 
gislatura, y fué senador por la célebre Escuela desde el 2 
de Junio de 1901, en que le eligieron por cincuenta y cua- 
tro votos contra veinticuatro que obtuvo el doctor del Claus- 
tro Sr. Concha Alcalde, hasta el año 1903. Era ya en esa 
época magistrado del Tribunal Supremo. Ni tenemos datos 
de él, ni tampoco hay para qué lamentarse por ello, puesto 
que su nombre pasó desapercibido para todos. 



Ángel Pulido y Fernández. 

Cursó su carrera en Madrid, con premios en todas las 
asignaturas de la Facultad de Medicina, licenciándose y 
doctorándose con la calificación de sobresaliente en 1873. 
Al año siguiente se presentó á oposiciones á cátedras de Sa- 
nidad militar y de la Armada, obteniendo plaza con el nú- 
mero dos, entre más de 200 aspirantes, en el primer Cuerpo, y 
con el uno, entre más de 60, en el segundo. Abandonó el Cuer- 
po de Sanidad de la Armada por ayudar al Dr. Velasco en 
la fundación del Museo Antropológico, en la creación de su 
Escuela libre de Medicina y en los trabajos de la revista El 
Anfiteatro Anatómico, la cual dirigió ocho años. Permane- 
ció también al frente de la Escuela de Matronas, estableci- 
da por el citado Dr. Velasco, y explicó muchos años la cá- 
tedra de partos. Desempeñó además, por espacio de nueve 
años en la Institución libre de enseñanza para la mujer, la 
clase de Fisiología é Higiene. En FU Liberal, de Madrid, y 



- 233 - 

en El Siglo Medico viene publicando, desde hace treinta y 
cinco años, varios artículos, que sumarán ya algunos miles, 
sobre importantes cuestiones de interés público, en su ma- 
yoría de carácter científico y sobre todo, sanitario. Dipu- 
tado provincial desde 1889 á 1892, realizó no pocas campa- 
ñas benéficas, que dieron por resultado una reforma regla- 
mentaria de los servicios hospitalarios, la mejora de los 
manicomios de Ciempozuelos, la construcción del pabellón 
de autopsias y la sala de operaciones del Hospital general, 
estudios sobre las oftalmías de los asilos, etc., etc. Ha he- 
cho doce elecciones para representante en Cortes, habiendo 
representado en el Congreso de los Diputados á Murcia y 
á Madrid, y en el Senado á la Real Academia de Medicina y 
á la Universidad de Salamanca, y ha intervenido como par- 
lamentario en gran número de comisiones, debiéndose á su 
actividad y celo y á sus excelentes dotes bastantes proposi- 
ciones de Ley. Suyas fueron algunas de carácter sanitario y 
el cambio de procedimiento en la ejecución de la pena de 
muerte, que presentó en tres legislaturas sucesivas, hasta 
obtener su aprobación. Con ella se redujeron las ejecucio- 
nes y se prestó un buen servicio á la sociedad. Ha sido Di- 
rector general de Sanidad, Director general de Correos y 
Telégrafos, Subsecretario de Gobernación y Vicepresidente 
del Senado. Se le ha ofrecido la Alcaldía de Madrid y el Go- 
bierno de Barcelona, cargos que no quiso aceptar. Repre- 
sentó á España como Comisario Regio en la Comisión Inter- 
nacional de Higiene de Dresde en 1911 y como Delegado 
plenipotenciario en la Conferencia sanitaria Internacional 
de París del mismo año. Es actualmente el Delegado de Es- 
paña en el Office International d' Hygiéne. Lleva publica- 
das ochenta obras originales sobre viajes, eminencias mé- 
dicas, estudios científicos, cuestiones de interés público, 
reformas sanitarias y problemas sociales. Son entre ellas 
muy notable^, las que tratan de saneamientos de poblacio- 
nes, oclusiones del intestino, emoción oratoria, problemas 
de Ríotinto y de la raza judío-española, obra esta última 
que ha llevado el nombre del Dr. Pulido á todas las nacio- 
nes de Europa y América. Sus trabajos sobre los locos de- 
lincuentes, los ciegos, el tratamiento del cáncer y otros, le 
han dado la reputación y fama de que justamente goza. Sus 



- 234 - 

publicaciones y organizaciones destinadas á exaltar gran- 
des figuras de la ciencia y principalmente de la medicina, 
han sido muchas. Es miembro de la Real Academia de Me- 
dicina desde los treinta y dos años, senador vitalicio, vocal 
de los Institutos de Previsión, de Reformas sociales y de 
otras instituciones, y posee varias grandes cruces naciona- 
les y extranjeras. Es también uno de nuestros principales 
benefactores y de una modestia grande. 

Entró á desempeñar el Dr. Pulido la senaduría por la 
Universidad salmantina en días muy difíciles, cuando las 
facultades libres, después de más de treinta años de vida, 
estaban amenazadas de inmediata muerte por los recientes 
decretos de García Alix, y haciéndose cargo de la impor- 
tancia que tenía para el porvenir de la Escuela la conser- 
vación de esas enseñanzas, se constituyó desde los prime- 
ros momentos en el defensor más decidido y entusiasta de 
las mismas, hasta lograr que se encargara el Estado de su 
sostenimiento, y se diese una soberana disposición estable- 
ciéndolas oficialmente. Cierto que fueron muchos los que 
laboraron en tan patriótica obra, según indicamos en el 
tomo I: el Conde de Romanones, el Marqués de Tovar, No- 
cedal, Salmerón, Gil Robles, todas las fuerzas vivas de la 
ciudad del Tormes, y la prensa de Madrid, sin distinción de 
opiniones, pero él llevó la dirección y acompañó siempre, 
en sus gestiones y visitas de un día y otro día, al diputado 
á Cortes Pérez Oliva, incansable paladín de las glorias de 
Salamanca y de su Universidad. 

D. Alvaro de Figueroa, al encargarse por vez primera 
de la cartera de Instrucción pública, preparó el camino 
para llegar con facilidad y rapidez al fin que se perseguía, 
y al ver Pulido que con aquellas Reales órdenes se abrían 
risueñas esperanzas para sus representados, empezó á mo- 
verse en distintas direcciones con el objeto de introducir 
en las Facultades de Ciencias y Medicina las reformas que 
demandaban los tiempos. Hacía falta en Madrid entonces 
un representante celoso, activo, ilustre y de excepcionales 
dotes, una inteligencia privilegiada, un espíritu fuerte, un 
buen orador, y lo tuvo el viejo Estudio en D. Ángel Pulido- 
Un hombre no de su temple, al tener en frente tantos obs- 
táculos, hubiera caído en la vacilación, en el escepticismo, 



- 235 - 

en el despecho, creyendo sus propósitos irrealizables. Otro, 
en tan críticas circunstancias, habría renegado de sí mis- 
mo enviando, con sonrisa de hiél en los labios, su adiós á la 
senaduría; mas el Dr. Pulido no es de los que en seguida se 
abaten, sus energías crecen á medida que aumentan los es- 
collos y se multiplican los tropiezos, y reluchando con ellos, 
y con acometividad de iluminado, salió triunfante y arribó 
adonde se proponía. El Municipio salmantino agradecido 
rotuló una de las calles de la ciudad con el nombre del doc- 
tor Pulido. 

Durante los nueve años que ostentó la representación 
de la Universidad, ha sido Pulido su guardián diligente, y 
en toda ocasión ocupaba el sitio que le correspondía. Vino 
á Salamanca acompañando al Rey D. Alfonso XIII, con 
Moret y López Muñoz al celebrarse los Juegos florales his- 
pano-portugueses, que presidió S. A. la Infanta D. a Isabel, 
en nombre de la Reina, y con el Dr. D. Francisco de los 
Cobos, cuando visitó la gloriosísima Escuela, á fin de dar 
una conferencia y defender el derecho preferente de ella al 
tratar de establecer en España estudios para los hijos de 
América. Y con habilidad y delicadeza exquisitas supo con- 
trarrestar las inconveniencias de Unamuno, quitando el mal 
gusto que dejaron sus atrevidas é inconvenientes palabras, 
al pronunciarse en contra de tan simpática idea. 

Nombrado senador vitalicio, volvió á despedirse de los 
claustrales, y con ese acto de alta corrección probó una 
vez más su amor á la ciencia y á la patria, el afecto y 1 i 
idolatría que siente por la Universidad de Salamanca. En 
la historia de esta perdurar;! su memoria. 

PRINCIPALES PUBLICACIONES DEL DR. PULIDO (1875 á 1911). 

Viajes. 

Apuntes sobre el estado actual de la Medicina cu Por- 
tugal y España, año 1875, 131 págs. en 4." 

Una expedición alas Cuevas de Arta, -dúo 1879, 64 pági- 
nas en 8.° 

París. Viaje medico, año 1880, 4.">4 págs. en 8.° 

De Carabanchel al Paraíso, en colaboración con el doc- 
tor Tolosa Latour, año 1882, 77 págs. en 4." 



- 236 - 

Plumosos de un viajero, año 1893, 360 págs. en 8.° 
El gran pueblo, año 1894, 320 págs. en 8.° 
La bella Asturias, año 1895, 30 págs. en 4.° 
Desembocadura del Nalón, año 1900, 84 págs. en 4.° 
Cartas escandinavas, año 1911, 226 págs. en 8.° 

Estudios médicos. 

Un buen tratamiento del Hidrocele, año 1878, 24 pági- 
nas en 8.° 

El paludismo en Madrid, año 1879, 92 págs. en 8.° 
De la ovariotomía en España, año 1880, 29 págs. en 4.° 
mayor. 

Lactancia paterna, año 1880, 80 págs. en 4.° 
Estrangulación interna, año 1881, 502 págs. en 8.° 
Sobre el carbunco, año 1882, 54 págs. en 8.° 
Locos delincuentes, año 1883, 80 págs. en 4.° 
Evolución histórica de la Patología, año 1884, 44 pági- 
nas en 4.° mayor. 

Inoculación anticolérica del Dr. Ferrán, año 1885, 94 
páginas en 8.° 

Un juicio médico, año 1888, 27 págs. en 8.° 
Estudios médicos, año 1889, 223 págs. en 4.° 
Oclusiones del intestino, años de 1889 y 1890, dos tomos 
en 4.° de 560 y 478 págs. 

Discurso sobre la Cirugía radical en Ginecología, 
año 1894, 16 págs. en 4.° mayor. 

El Congreso Dosimétrico de 1881, año 1881, 64 pági- 
nas en 8.° 

De higiene y sanidad pública. 

Salubridad pública, discurso, año 1888, 30 págs. en 4.° 
Estudio de manicomios, año 1889, 30 págs. en 4.° 
Oftalmía granulosa de los asilos, año 1889, 27 páginas 
en 4.° mayor. 

Las calcinaciones de Huelva, año 1890, 160 págs. en 4.° 
mayor. 

Más sobre las calcinaciones de Huelva, año 1890, 164 pá- 
ginas en 4.° 



- 237 - 

La despoblación de España, año 1892, 34 págs. en 4.° 

Memoria sanitaria sobre la peste de Oporto, año 1901), 
40 págs. en 4.° 

Inspección sobre las asociaciones benéficas, año 1902. 

Sanidad pública en España y Ministerio social de las 
clases médicas, año 1902, 104 págs. en 4.° 

Saneamiento de poblaciones españolas, año 1902, 390 pá- 
ginas en 4.° 

Sobre la mezcla de pimentón y aceite, año 1902, 036 pá- 
ginas en 4.° 

Mi gestión sanitaria, año 1903, 124 págs. en 4." 

Capacidad sanitaria de España, año 1907, 40 pági- 
nas en 4.° 

El problema de las Hurdes, año 1908, 16 págs. en 4.° 

La sanidad militar, año 1909, 60 págs. en 4.° 

Intereses nacionales. 

Grandes problemas, año 1892, 290 págs. en 8.° 
Los israelitas españoles, año 1904, 246 págs. en 8.° 
Españoles sin patria, año 1905, 660 págs. en 4.° mayor. 

Trabajos parlamentarios. 

La pena capital en España, año 1897, 216 págs. en 8.° 

Bases para una ley de sanidad, discursos parlamenta- 
rios, riño 1899, 34 págs. en 8.° 

Discursos parlamentarios sobre la mezcla de pimentón 
y aceite, año 1902, 265 págs. en 4.° menor. 

Los catedráticos y sus cargos de elección popular, dis- 
curso, 1909, 12 págs. en folio. 

El servicio militar obligatorio, año 1911, 206 pági- 
nas en 8.° 

Biografías. 

El Dr. Velasco, año 1S94, 122 págs. en 4.° 
El Dr. Letamendi, añ > 1898, 112 págs. en 4.° 
El Dr. E. Gutiérrez, año 1904, 12 págs. en 4.° 
El Dr. Gimeno y su estudio sobre la vejez, discurso, 
año 1910, 36 págs. en 4.° 



- 23S - 

Propagandas científicas. 

Evolución de las ciencias, año 1875, 54 págs. en 4.° 
Bosquejos médico-sociales para la mujer ¡ año 1876, 374 
páginas en 8.° 

La Medicina y los médicos, año 1882, 618 págs. en 8.° 
Conflictos entre la frenopatía y el Código penal, 
año 1884, 40 págs. en 4.° 

Educación física de la mujer, año 1892, 28 págs. en 4." 
menor. 

El corro de niñas, año 1893, 47 págs. en 4." 
Relaciones de la pintura y la medicina, año 1894, 46 pá- 
ginas en 4.° 

Miniaturas científicas, año 1894, 316 págs. en 8.° 
La emoción oratoria, año 1896, 395 págs. en 4." 
Patria, por Castelar, año 1904, 336 págs. en 8.° 
La protección al ciego, año 1909, 11 págs. en 4." 

Instituciones médicas. 

Hospitales provinciales de Madrid , año 1889, 36 pági- 
nas en 4.° 

Memoria sobre manicomios, año 1889, 40 págs. en 4.° 

Las pensiones de la Diputación provincial , año 1891, 
22 págs. en 4.° 

El Instituto de terapéutica operatoria, año 1897, 23 pá- 
ginas en 4." 

Programa económico y profesional del Colegio de Mé- 
dicos, año 1907, 39 págs. en 4° 

Intereses profesionales de las clases médicas, año 1910, 
45 págs. en 4.° 

Relaciones entre la prensa médica y los poderes del 
Estado, t año 190.'), ocho págs. en 4.° 

Faltan algunas obras de los últimos años. 

Ismael Calvo y Madroño. 

Nació en Pozoantiguo (Zamora), pueblo próximo á la re- 
nombrada ciudad de Toro, obtuvo el grado de bachiller en 
el Instituto libre de Ledesma, y siguió después la carrera 






— 239 — 

especial del notariado en la Universidad de Valladolid, que 
terminó á los 18 años, con nota de sobresaliente y premio 
extraordinario. Más tarde se trasladó á Madrid, donde con- 
tinuó los estudios de Filosofía y Letras hasta doctorarse. 
También cursó en la Universidad Central la Facultad de 
Derecho, en la que se licenció y doctoró con la calificación 
más superior, y aun aprobó las asignaturas que se enseña- 
ban en la Escuela de Diplomática. 

Dedicado desde muy joven ;í la enseñanza, alcanzó bien 
pronto en ella notables triunfos, siendo el más señalado el 
que le llevó á la cátedra de Derecho romano de la Univer- 
sidad de Madrid, mediante brillantes oposiciones. 

Es el Sr. Calvo de un vigor extraordinario de inteligen- 
cia, de gran actividad y de una voluntad de hierro para 
trabajar. Sencillo y modesto, huye de todo lo que pueda pa- 
recer exhibición, no conoce la vanidad, va siempre á lo útil 
y conveniente, y jamás hace daño á nadie, como las necesi- 
dades de la defensa no lo exijan. 

Ha tomado parte activa en casi todos los proyectos de 
enseñanza que se han discutido en el Consejo de Instruc- 
ción pública de veinte años acá, y en la primera ley de pre- 
supuestos del Estado que se aprobó, siendo él senador por 
la ilustre Escuela salmantina, se reformó el escalafón de 
catedráticos de las Universidades del Reino, haciéndose 
una distribución más equitativa de los números que habían 
de corresponder á cada categoría, á la vez que se fijaba el 
sueldo de entrada en 4.000 pesetas, y los ascensos de mil 
en mil hasta llegar al máximum con 12.500 pesetas de suel- 
do. Uno de los principales autores de esta reforma fué Cal- 
vo y Madroño. Como para la mejora del escalafón se hizo 
preciso ceder al Estado los derechos de examen, de que 
participaban los auxiliares, los senadores universitarios 
designaron á Calvo para que buscase una compensa ción 
para éstos. Entonces, presentó una enmienda al dictamen 
de la Ley de Presupuestos, pidiendo un aumento de 500 pe- 
setas en la gratificación de cada auxiliar, y no habiéndola 
aceptado la comisión, llevó al articulado de la lev una de- 
claración de derechos para participar en las dos terceras 
partes de las que se cedían al listado por la recaudación de 
exámenes. 



- 240 - 

Consiguió igualmente el Sr. Calvo, por medio de una 
enmienda que le aceptaron, el aumento desde 359.000 pese- 
tas á 500.000 en la subvención del Estado á la caja de De- 
rechos pasivos del magisterio, con lo cual se salvó de la 
bancarrota dicha caja, y se aseguraron las pensiones á las 
viudas y huérfanos de los profesores de instrucción prima- 
ria. Logró, en particular para la Universidad de Salaman- 
ca, que se aprobase el presupuesto de obras de reparación, 
y se mandasen unos miles de pesetas á fin de poner en con- 
diciones la cubierta, que estaba deteriorada, y algunas es- 
tancias, como la Biblioteca, donde cuando llovía, penetraba 
el agua en abundancia. 

Es Calvo y Madroño: consejero de Instrucción pública 
por Real decreto de 1.° de Novie nbre de 1895; vocal de la 
Comisión permanente del mismo; presidente de la sección 
de Institutos; vocal de la Junta de Clases pasivas del ma- 
gisterio de Cuba y Puerto Rico; secretario de la Facultad 
de Derecho de la Universidad Central; socio de número de 
la Real Academia de Legislación y Jurisprudencia; vocal 
y vice-presidente de la Comisión de Fomento; socio de la 
Económica de Amigos del País; socio de número del Insti- 
tuto Ibero-Americano; vice-presidente de la Asamblea na- 
cional de los Amigos de la enseñanza; abogado consultor 
de la embajada de Austria-Hungría en España, y presiden- 
te de la Asociación del Colegio de huérfanos del magisterio. 

Ha escrito importantes obras, y todas ellas, lo mismo 
que la traducción de la Instituía de Justiniano, fueron muy 
elogiadas por los críticos. 



Luis Maldonado Fernández de Ocampo. 

Nació en Salamanca el 7 de Junio de 1860, y en la ilus- 
tre Escuela hizo toda la carrera con brillantez. El 18 de No- 
viembre de 1886 es nombrado auxiliar accidental de su Fa- 
cultad por el Decano de la misma; por el Rector auxiliar 
interino en 25 de Abril del 87, para que le sirviera de méri- 
to en su carrera, con arreglo á la Real orden de 15 de Mar- 
zo de 1876, y el 25 de Enero de 1889 le expidió el Ministro 
de Fomento el título de auxiliar numerario. 



- 241 - 

Por concurso, y á propuesta del Consejo de Instrucción 
pública, se le nombró en 1.° de Agosto de 1899 catedrático 
de Historia general del Derecho de la Universidad de Za- 
ragoza, pasando por permuta el 17 de Noviembre del mismo 
año á la de Derecho civil de Valladolid, y por Real orden 
de 10 de Abril de 1900 á igual clase en la ciudad del Tormes. 

Ha sido diputado á Cortes por Salamanca primero, y 
por Vitigudino después; senador por la provincia y ahora 
por la Universidad, y tristeza sentimos los que le queremos, 
que continúe teniendo fe en el partido conservador— donde 
milita— cuando sólo amarguras le ha deparado. Ni en el 
Congreso ni en el Senado logró ser atendido, y su buena 
voluntad vino á estrellarse siempre ante la falta de apoyo 
en las esferas oficiales, sobre todo en estos últimos años de 
su representación universitaria. En ninguno de los asuntos 
de interés para la Escuela intervino Maldonado, por pres- 
cindir en absoluto de sus opiniones y consejos los Ministros 
del ramo, que para nada le consultaron. 

Pero si como político no ha conquistado lauros, ni logra- 
rá jamás hacer carrera, por carecer de dotes para ello, dis- 
fruta en cambio de una bien cimentada reputación como 
publicista. Escribe versos y artículos con facilidad y senci- 
llez, y es quizá el más elegante y castizo de los literatos sal- 
mantinos, pues conoce como nadie las costumbres de los 
labriegos, y tiene ángel para penetrar en el fondo del cora- 
zón del charro, y gracia y facultades para mostrarlo tal 
cual es. Debemos lamentarnos hondamente de que el hom- 
bre de partido, el diputado unas veces y el Senador otras, 
haya robado á las letras mayores triunfos, para perder un 
tiempo precioso, por no comprender tal vez que no puede 
ser parlamentario ni funcionario público el que nace poeta 
con temperamento de artista. 

Maestro del buen decir, rebuscador de los viejos modis- 
mos de la tierra, y entusiasta de su ciudad nativa, acepta 
con gusto y cariño cualquier invitación, para describir con 
ática prosa los encantos de sus murados rincones, ó para 
cantar las bellezas del campo y los amores de los criados. 

Ha escrito algunas obras jurídicas como: 

El Consentimiento y el Consejo paterno para contraer 
matrimonio en los Códigos patrios. 

1G 



- 242 - 

El acta Torrens. 

La dote en Castilla. 

La amenidad en la enseñanza del Derecho. 

Prolusión de un curso de Derecho civil. Escuelas jurí- 
dicas, individualistas, socialistas, orgánica. 

Tiene en preparación: Curso de Derecho Civil. 

Entre las literarias merecen citarse: 

Querellas del ciego de Robliza. (Romance charruno). 

La Golisa de Alisan. (Novela corta). 

La montar asa de Altuero. (Novela corta). 

El Pantano de Elisa. (Novela). 

Del campo y de la ciudad. (Colección de cuentos). 

La montarasa de Olmeda. (Drama que se representó 
en la Princesa). 

En periódicos y revistas ha publicado multitud de cuen- 
tos, loas, romances y artículos que tiene el propósito de 
reunir en varios tomos. 

Para representar en breve: 

La farsa de Matallana. (Drama). 

La verdad imposible. (Drama). 

Muy pronto verá la luz pública: 

El Vinculero de Villausende. (Novela). 




CAPITULO IV 

Catedráticos de la Universidad de Salamanca en el siglo XV. — Enseñanzas 
que en ella se daban. — Datos biográficos y bibliográficos de los prin- 
cipales maestros y alumnos de la Escuela. 

Cánones. 

j| a primera vez que se hace mención de las clases 
de esta Facultad es en un privilegio de Alfonso X 
^\j de 1254 1 . En las constituciones de Benedic- 
to XIII de 1411. se habla de seis cátedras de propiedad. Des- 
pués Eugenio IV instituyó las catedrillas de Decretales, 
Sexto y Clementinas. Los más antiguos datos que se con- 
servan en la Universidad (de 1464' revelan la existencia de 
las siguientes: dos de Prima de Cánones con 272 florines de 
salario, una de Decreto con 204, dos de Vísperas de Cáno- 
nes con 150, y una de Sexto y Clementinas con 150. Ade- 
más, figuran cátedras cursatorias. 

Xo hay datos anteriores al siglo xv, y en éste encon- 
tramos: 

(?) Mella (Juan de). 
1421 González ijuan). 
426 Ruiz (Antón). 
433 Ruiz de Segovia (Antón). 
433 González (Juan). 
433 Martínez (Pedro). 
433 Rodríguez (Juan). 

Cátedra de Prima ia) (2). 

(?) (?) Espinosa (Rodrigo de). 
4-17 ? 84(?) Gómez de Zamora ( Diego . 
484 (?) 532 Gómez de Villasandino (Gonzalo). 



(1) Tomo I, pág. .- 

En las cátedras de igual denominación nos serviremos para distinguirlas 
entre sí de esta nota, que por lo demás no tiene valor alguno. 



244 - 



Cátedra de Prima (b). 

1444 (?) 77 Benavente (Juan Alonso). 
477 512 Benavente (Diego Alonso). 

Cátedra de Decreto. 

447 (?) 84 (?) Méndez de Deza (Gonzalo). 
484 (?) 507 Cubiellas (Juan de). 

Cátedra de Vísperas (a). 

(?) 471 Melgar (Gonzalo Alonso de). 
471 79 García de Villadiego (Gonzalo). 
485 (?) Oropesa (Pedro de). 

Cátedra de Vísperas (b) 

(?) 464 Núñez (Antón). 
464 79 Rodríguez de San Isidro (Alfonso). 
(?) (?) Aponte (Alonso de). 

Sexto y Clementinas. 
450 (?) 504 Rodríguez Cornejo (Antón). 

Cursatorias de Cánones. 

Los datos son muy incompletos y confusos. Entre los 
años 1464-1480, figuran los siguientes: Godínez (Juan), Cuen- 
ca (Tomás de), Ruiz de Córdoba (Sancho), Medina (Fran- 
cisco de), Fuenmayor (Fernando), Ponce (Alonso), Belver 
(Pedro de), Toledo (Alfonso de), Benavente (Diego de), Ma- 
drid (Francisco de). Todos éstos eran bachilleres. 

Leyes. 

Como en la otra Facultad, el privilegio de Alfonso X 
de 1254, y las constituciones de Benedicto XIII de 1411 se 
ocupan de estas cátedras. De los datos de la Universidad 



- 245 - 

resulta que en 1464 se daban estas clases: dos de Prima de 
Leyes con 272 florines de salario y dos de Vísperas con 150. 
Hay, además, algunas indicaciones de cátedras cursa- 
torias. 

1433 González (Diego), 
433 Rodríguez (Ferrán). 
433 Arias Maldonado. 
(?) González de Hontiveros (Pedro). 

Cátedra de Prima (a). 

(?) 468 Rodríguez de la Rúa (Juan). 
468 503 Avila (Martín de). 
503 503 Segura (Diego). 

Cátedra de Prima (b). 

447 68 García de Burgos (Diego). 
468 507 Rodríguez de San Isidro (Diego). 

Cátedra de Vísperas (a). 

(?) 68 Avila (Martín de). 
469 (?) 73 García Bonilla (Fernando). 
473 (?) Villalón (Andrés de). 
(?) 503 Segura (Diego). 

Cátedra de Vísperas (b). 

(?) 468 Rodríguez de San Isidro (Diego). 
469 77 Maldonado Talavera (Rodrigo). 
477 507 Villa (Juan de la). 

De lasCursatorias de Leyes figuran entre los años 1464-80 
los siguientes: Alcalá (Juan). Mora (Juan), Villa (Diego de 
la), Villalpando (Alvaro). 

Teología. 

Los estudios de esta Facultad fueron instituidos por Be- 
nedicto XIII. De los datos que se conservan en la Univer- 
sidad resulta que en 1464 había tres cátedras: una de Prima 



- 246 - 

de Teología con 150 florines de salario, una de Vísperas de 
Teología con 113 florines y una de Biblia con 100. Uno de 
ellos fué 

(?) Murcia (Guillen de). 

Cátedra de Prima. 

1416 36 (?) Barrientos (Fray Lope de). 
436 (?) 63 Osorio (Fray Alvaro de). 
463 80 Martínez de Osma (Pedro). 
1480 86 Deza (Fr. Diego de). 
487 503 (?) Santo Domingo (Fr. Juan de). 

Cátedra de Vísperas. 

(?) 436 (?) Osorio (Fr. Alvaro de). 

(?) 54 Rodríguez de Peñalver (Martín). 
454 87 (?) Calvea (Fr. Pedro de). 
487 (?) Ota (Sebastián de). 

Cátedra de Biblia. 

(?) (?) González de Segovia (Juan). 
(?) 449 (?) Madrigal (Alonso de). 
449 (?) 64 García (Alvaro). 
464 500 Betoño (Fr. Diego de). 



Medicina. 

Pudiera sospecharse que había estudios de Medicina en 
la Universidad, á principios del siglo xiv, á juzgar por el 
pasaje que copia Chacón. Benedicto XITI crea las cátedras 
de Prima y Vísperas de esta Facultad. Son muy escasas 
las noticias de sus catedráticos. Tenían de salario, la de 
Prima 150 florines y la de Vísperas 113. 
1433 Fernández (Juan). 
433 Gómez García. 



- 247 - 

Cátedra de Prima. 

1445 09 Reina (Dr.) 

469 70 Ruiz de Medina (Francisco). 

470 75 García (Nicolás ). 

475 (?) Reina (Gabriel de la). 

Cátedra de Vísperas. 

(?) 69 Ruiz de Medina (Francisco). 
469 78 Fores (Licenciado). 
478 512 Parra (Gonzalo de la). 

Artes. 

Aunque la clase de lenguas podía haberse incluido en- 
tre las de la Facultad de Teología, por su afinidad con al- 
guna de las cátedras de la de Artes, nos atrevemos á colo- 
carla dentro de las enseñanzas de ella; y así formaremos 
un grupo con las demás cátedras de propiedad de la Uni- 
versidad, de que hace mención la constitución de Benedic- 
to XIII, á saber; la de Fisolofía moral, de 100 florines de sa- 
lario; la de Filosofía natural, la de Lógica magna (texto 
viejo de Lógica), la de Súmulas (Prima de Lógica), dos de 
Prima de Gramática, y las de Lenguas (hebreo-caldeo-ára- 
be), todas ellas también con 100 florines; y las de Retórica, 
Astrología y Música, cada una con 60 florines. Son muy es- 
casos los datos que se tienen antes del año 1464. 

Filosofía moral. 

(?) (?) Córdoba (Fr. Martín Alfonso de). 
1457 63 Martínez de Osma (Pedro). 
463 (?) 66 Pérez de Talavera (Fernando). 
466 73 León (Juan de). 
473 (?) Roa (Fernando de). 

Filosofía natural. 

456 (?) 79 Ruiz de Aranda (Pascual). 
480 504 Salamanca (Antón de). 



- 248 - I 

Lógica magna. 



(?) 1464 Padilla (Fr. Pedro de). 
464 6 ( ) Navalmorcuende (Diego de). 
469 88 (?) Salaya(Juan de). 
488 523 Car mona (Andrés de). 

Súmulas. 

(?) 484 (?) Espinosa (Martín de). 
484 (?) 530 Vázquez de Gropesa (Martín). 

Prima de Gramática (a). 

(?) (?) Zamora (Mro.) 
(?) 503 Gomiel (Pedro de). 

Prima de Gramática (b). 

(?) 503 Xuárez (Pedro). 
(?) 464 75 Xuárez (Alfonso). 
476 87 (?) Lebrija (Antonio de). 

En unión de estas cátedras se daban otras enseñanzas 
de Gramática, con el nombre de generales y repeticiones. 
Además, había cursos especiales, como los de Nicolao Anto- 
nio, Pomponio y otros. Entre los encargados de generales 
y regencias en los años 1464-80, figuran los siguientes: 
Br. Burgos, Rodrigo Alba, Juan de León, Juan Roqueño, 
Juan Esteban, Juan Alonso de Piedrahita, Xuárez (Alfon- 
so), Rodrigo Figueroa, Fernando de Alba, Pedro Gallego 
y Pedro de Mena. 

Lenguas. 
1440 (?) Deza (Fr. Pedro de). 

Retórica. 

(?) 471 (?) Días (Alvar). 

471 80 Salamanca (Antón de). 



— 249 — 

Astrología. 

(?) 1464 Polonii (Nicolás). 

464 69 Sala va ( |uan de). 

467 75 Calzadilía (Diego de). 
476 (?) Fontiveros (Fernando de). 
(?) (?) Torres (Diego de). 
(?) 504 Bazurto (Rodrigo). 

Música. 

(?) 452 (?) Ramos Pereira (Bartolomé). 

(?) 465 Gómez de Salamanca (Fernando). 

465 79 Gómez de Cantalapiedra (Martín). 



Datos biográficos y bibliográficos. 

Anaya Maldonado (Diego de). 

Xació en Salamanca en 1366, y fué el fundador del Cole- 
gio Mayor de San Bartolomé. Tomó parte en los Concilios 
de Basilea y Costanza, \ siempre se distinguió como notable 
teólogo y buen filósofo. En todos los puestos que desempe- 
ñó, dio muestras de habilidad y cordura, sobre todo en el 
arzobispado de Sevilla. Hizo en 1405 las constituciones del 
Colegio que instituyó. 

Aponte (Alonso de). 

Figura con el número 138 entre los colegiales de San 
Bartolomé: se dice también que fué catedrático de Víspe- 
ras de Cánones. No hay datos ni para, aceptar ni para re- 
chazar dicha atribución. Fué elegido colegial el 22 de Junio 
de 1463. 

Arias Maldonado. 

Dr. en Leyes. Le cita Chacón entre los regentes de cá- 
tedras que figuraban en una inscripción, que existía en su 
tiempo, conmemorativa de la edificación de la Universidad, 
terminada en 1433. No se ha encontrado ningún otro dato. 



- 250 - 

Avila Maldonado (Martín de). 

Hizo el juramento que previene la Constitución XIV de 
Martirio V el 1 de Mayo de 1464, era entonces catedrático 
de una de las de Vísperas de Leyes, y ya doctor desempeñó 
el cargo de Primicerio durante el curso de 1468-69. En 2 de 
Diciembre de 1468 fué nombrado por el Claustro, por ser 
único opositor, catedrático de Prima de Leyes en la vacan- 
te del Dr. de la Rúa. El proceso de estas oposiciones inser- 
to en el libro de Claustros del año correspondiente deja en- 
trever lo mucho que influyeron las recomendaciones en 
aquella elección. Quedó vacante la cátedra de Vísperas que 
desempeñaba . En la carta del Príncipe D. Juan de 14 de Fe- 
brero de 1497, se dice que fué enviado al Príncipe como co- 
misario de la Universidad para arreglar la cuestión del abas- 
tecimiento de carnes (1). No se sabe la fecha de su jubilación 
ni la de su muerte, pero consta que hizo el juramento de 1 
de Mayo de 1503, y que el 18 del mismo mes y año se pro- 
nunció la vacatura de la cátedra de Prima por muerte del 
Dr. de Avila. Gozó de prestigio é influencia por su gran ta- 
lento. 

Barrientos (Fr. Lope de). 

Figura como maestro en Teología en la inscripción que 
ha conservado Chacón. Por textos varios se sabe que fué el 
primer catedrático de Prima de Teología que hubo en la 
Universidad de Salamanca. Nicolás Antonio, en su Biblio- 
theca Vetns, Scriptores ordinum Prcedicatorum y los His- 
toriadores del convento de San Esteban, por no citar otros, 
dan abundantes notas biográficas y bibliográficas sobre el 
ilustre dominico. Las fechas de su magisterio en Salaman- 
ca, tomadas del Scriptores ordinum Prcedicatorum, son 
de 1416-36. Se dice que fué llevado á la Corte en 1434, pero 
como sólo le faltaban dos años para la jubilación, es de su- 
poner, como en tantos otros casos, que obtuvo licencia para 
leerla por sustituto durante ese tiempo. Si después figuró ó 



(1) Tomo I, pág. 131. 



- 251 - 

no como catedrático jubilado de Prima de Teología hasta 
su muerte, no nos ha sido dable averiguarlo. Lo conocido 
de este personaje nos lleva á no ser más extensos para no 
repetir datos de todos sabidos. 

Basurto (Rodrigo). 

Figura con el número 207 entre los colegiales de San Bar- 
tolomé: á los datos biográficos que allí se dan ha} 7 que poner 
la enmienda de que los libros de Claustro de 1503-04 le lla- 
man el Licenciado Basurto; y hay que añadir que en 12 de 
Julio de 1504 se declara vacante la cátedra de Astrología 
que tenía. Debió ser poco tiempo catedrático porque había 
sido elegido colegial el 17 de Julio de 1495. Su bibliografía 
puede encontrarse en el t. IIT de Ciencia española, de Me- 
néndez y Pelayo. 

Benavente (Diego Alonso de). 

Hijo del Dr. J. A. de Benavente: fué Dr. en Cánones. 
Cuando hizo el juramento de 1 de Mayo de 1464, prevenido 
por la constitución era sustituto de su padre en una de las 
cátedras de Prima de Cánones. Habiendo hecho su padre 
renuncia de la cátedra que tenía y declarada vacante, fué 
nombrado para sucederle el 19 de Noviembre de 1477. Des- 
empeñó la clase de Prima de Cánones hasta su muerte, 
ocurrida alrededor del 23 de Marzo de 1512 en que se pu- 
blicó la vacatura de la cátedra. Al decir de Nicolás Anto- 
nio, Marineo Sículo en su obra De Hispania: laudibus, Bur- 
gos, 1497 (1), hace un elogio de este famoso canonista. 

Benavente (Juan Alfonso de). 

Padre del anterior. Fué Dr. en Cánones. En una nota in- 
serta en Nicolás Antonio cuando se ocupa de este canonista 
se dice que hizo repeticiones en 1444. Como de los libros de 
Claustros se deduce que era ya catedrático jubilado en 1464. 



(1) Este incunable no está en Salamanca. 



- 252 - 

cabe afirmar que después de 1440 fué nombrado catedrático 
de propiedad. No sabemos nada de las cátedras que desem- 
peñó: sólo que era jubilado en una de las de Prima de Cáno- 
nes. Como catedrático jubilado hizo el juramento prevenido 
por la constitución varios años. En 2 de Enero de 1476 su hijo 
Diego pide á la Universidad que acuda á su padre entera- 
mente con el salario y residuo de su cátedra, que estaba muy 
viejo, en edad decrépita y padecía de gota: que era enfer- 
mo perpetuo. En 19 de Noviembre de 1477 renunció á su cá- 
tedra de Prima y los libros de Claustros no nos vuelven á 
hablar de él. Ninguno de los autores consultados señala la 
fecha de su muerte. Nicolás Antonio y otros autores copian 
todo ó parte del elogio que de él hizo Marineo Sículo en la 
obra citada. Nicolás Antonio enumera también los tratados 
que escribió sobre materias diversas de Derecho canónico. 

Betoño (Fr. Diego de). 

Era dominico y fué Mro. en Teología. Por renuncia del 
Mro. Alvaro García es nombrado catedrático de Biblia el 30 
de Julio de 1464. En 24 de Febrero de 1468 fué designado 
por el Claustro para ir á Madrigal á defender los dere- 
chos de la Universidad en la Junta de la Hermandad. Pol- 
las historias del convento de San Esteban sabemos que ju- 
biló este maestro el 9 de Septiembre de 1483 en la cátedra 
de Biblia, y que murió en 1500. En este caso la afirmación 
del P. Alonso Fernández de que le sucedió en la cátedra el 
Mro. Alonso de Peña fiel, habrá que entenderla en el sentido 
de que fué su sustituto. No consta que haya escrito ningu- 
na obra. 

Burgos (Pedro de). 

Figura con el número 178 entre los colegiales de San 
Bartolomé. Fué elegido colegial en 27 de Junio de 1483. Se 
dice allí mismo que se graduó de Dr. en Cánones, y que 
llevó la cátedra de propiedad de Sexto. Contra esta última 
afirmación se puede hacer una objeción seria: en la época 
en que fué elegido colegial era catedrático propietario jubi- 
lado el Dr. Rodríguez Cornejo. Este doctor fué catedrático 



- 253 - 

hasta su muerte en 1504. En el siglo xvi no hubo ningún ca- 
tedrático de Sexto que se llamase así. Lo único que cabe 
suponer es que nuestro biografiado fuese sustituto del doc- 
tor Rodríguez Cornejo durante algún tiempo. 

Calvea (Fr. Pedro de). 

Mro. en Teología. Era franciscano. De las notas consig- 
nadas en los libros de Claustros cuando su jubilación, se 
sabe que fué nombrado catedrático de Vísperas de Teolo- 
gía el 21 de Abril de 1454. Las historias del convento de San 
Esteban añaden que fué en la vacante del Mro. Rodríguez 
de Peñalver. Pidió licencia en 20 de Junio de 1468 para ir á 
Palencia al capítulo de su Orden. En 7 de Julio de 1474, en 
vista de lo que resultó de la lectura de los libros del bedel 
ante el Claustro de 4 del mismo mes y año, se le dio por ju- 
bilado en la citada cátedra de Vísperas. Formó parte de la 
Junta reunida en Alcalá de Henares en 1479 para examinar 
las proposiciones del Mro. Pedro Martínez de Osma, cate- 
drático jubilado de Prima de Teología de la Universidad de 
Salamanca. Las Historias, del convento de San Esteban di- 
cen que cuando Fr. Juan de Santo Domingo era catedrático 
de Prima de Teología, llevó la de Vísperas Fr. Sebastián de 
Ota. El magisterio de Fr. Juan de Santo Domingo, como 
arriba hemos dicho, fué de 1487-503 (?). Habrá, pues, que co- 
locar la muerte del Mro. Calvea entre estas fechas. No se 
conserva noticia de ninguna obra suya. 

Calzadilla (Diego de). 

En los libros de Claustros se dice que era colegial. Debe 
ser el que figura con el número 117 el limo. Sr. D. Diego 
Ortiz de Calzadilla, ó de Irenimes, Obispo de Tánger. La 
historia del Colegio hace grandes elogios de él: que se dice 
que estudió en Bolonia y en París y que era un gran teólo- 
go. Fué elegido colegial en 25 de Noviembre de 1457. De los 
libros de Claustros resulta que algún tiempo fué regente de 
Gramática; que en 31 de Mayo de 1469 se opuso á la cátedra 
de Astrología, y aunque no consta la provisión, sí hay una 



- 254 - 

cita en el acta del Claustro de 9 de Abril de 1470 en que ma- 
nifiesta que el Prior Diego de C ilzadilla se va del Claustro 
para ir á leer su cátedra de Astrología. La desempeñó los 
años sucesivos, hasta que en 19 de Abril de 1475 se declaró 
vacante porque el Lie. Calzadilla se había ausentado de ella 
sin licencia de la Universidad. La historia del Colegio aña- 
de que cuando los Reyes Católicos comenzaron á reinar, 
hizo un juicio astronómico, con el cual previno que el Rey 
de Portugal había de entrar en estos reinos muy poderoso, y 
que temiéndose algún daño de esta adivinanza, se pasó á 
Portugal, y fué muy favorecido de Alfonso V, que le hizo 
Obispo de Tánger. El existir algunas coincidencias nos ha 
llevado á identificar á nuestro catedrático de Astrología 
con el Obispo de Tánger, aunque no estemos seguros de que 
sean una misma persona. 

Carmona (Andrés de). 

Mro. en Artes. Fué repetidor y regente de Lógica des- 
de 1475 en adelante. De las notas consignadas en los libros 
de Claustros al tiempo de su jubilación resulta que siendo 
catedrático de Lógica magna (texto de Lógica) se graduó 
de maestro el 22 de Julio de 1488. Pidió su jubilación y se 
leyeron los libros de multa del bedel para ver si había des- 
empeñado la cátedra los veinte años que determinaba la 
bula Eugeniana en Claustro de 11 de Noviembre de 1507. 
Era catedrático jubilado cuando murió á fines de 1523. Fué 
hombre de gran valer. 



Córdoba (Martín Alfonso de). 

Se han ocupado de él, entre otros, los historiadores de la 
Orden de San Agustín y Nicolás Antonio. El P. Fr. Manuel 
Vidal, dice que era natural de Córdoba; que tomó el hábito 
en el convento de aquella ciudad; que hacia 1420 era lector 
en uno de los conventos de la Orden y que en 1424 vino con 
este cargo al convento de Salamanca. Estuvo aquí has- 
ta 1431, en que con licencia del general pasó á recibir el gra- 
do de Dr. á Tolosa (Francia). Volvió después á este conven- 



- 255 - 

to, incorporó su grado en la Universidad y obtuvo cátedra. 
Dice el mismo P. Vidal que, aunque ha consultado no sólo 
los registros del convento, sino también los de la Universi- 
dad, no ha podido comprobar nada, pero que había queda- 
do alguna memoria escrita de que fué catedrático de Filoso- 
fía moral. Debió ser antes de que lo fuese el Mro. Martínez 
de Osma, porque se conserva noticia de los que siguieron á 
este último hasta 1480, y el P. Vidal dice que el Mro. Mar- 
tín Alfonso de Córdoba murió en Valladolid el 5 de Julio 
de 1476. 

Cubillas (Juan de). 

Dr. en Cánones. Figura con el número 161 entre los co- 
legiales de San Bartolomé, siendo elegido en 2 de Abril 
de 1475. Fué catedrático de Decreto y canónigo de la igle- 
sia salmantina. En representación del cabildo y clero de 
Salamanca tomó parte en la comisión que marchó á ver al 
Príncipe D. Juan en 1497 para fijar definitivamente la cues- 
tión del abastecimiento de carnes á la ciudad (1). De una 
nota conservada en los libros de Claustros, sabemos que le 
fué concedida la jubilación en su cátedra de Decreto el 22 
de Julio de 1504. Es presumible que fuese el sucesor del 
Dr. Méndez de Deza, y que le nombraran catedrático de 
propiedad en 1484. La historia del colegio dice que era hom- 
bre de mucha ciencia y virtud, y que murió santamente 
en 1507. Los libros de Claustro nos dicen que por fin y muer- 
te del Dr. Cubillas se declaró vacante la cátedra de Decre- 
to el 25 de Mayo de 1507. Según hemos tenido ocasión de 
comprobar, entre la muerte del catedrático y la declaración 
de la vacatura no transcurrían tres fechas en la mayoría de 
los casos. 

Deza (Fr Diego de). 

Mro. en Teología. Pocos son los datos nuevos que pode- 
mos aportar de la vida de este ilustre y sapientísimo domi- 
nico. Sus actos más salientes, y la importancia de los car- 



el) Tomo I, pág. 131. 



- 256 - 

gos que desempeñó son de todos conocidos. En las historias 
del convento de San Esteban se dice que á los 33 años (1476) 
había sustituido, en ausencia, al Mro. Martínez de Osma en 
su cátedra de Prima de Teología. En los libros de Claustros 
hemos visto que el 9 de Julio de 1479 fué nombrado sustituto 
del Mro. Calvea en la cátedra de Vísperas de Teología. Al 
vacar la cátedra de Filosofía natural, por muerte del maes- 
tro Pascual Ruiz de Aranda á fines de aquel año, se opuso 
á ella y protestó del nombramiento del Mro. Antón de Sala- 
manca, pero el visitador de la Universidad, D. Tello Buen- 
día, arcediano de Toledo, reconoció en 17 de Marzo de 1480 
legítimo el nombramiento del Mro. Antón. En 20 del mismo 
mes y año fué nombrado sustituto del Mro. Martínez de 
Osma en la cátedra de Prima de Teología, vacando, por 
consecuencia, en la de Vísperas. No hemos encontrado la 
publicación de la vacatura de la cátedra de Prima, pero las 
historias del convento de San Esteban, que dan muy abun- 
dantes datos sobre la vida y obras del Mro. Deza, dicen que 
se vacó en Abril de 1480, y que después fué provista en él. 
La desempeñó hasta 1486. 



Deza (Fr. Pedro de). 

Tenía el grado de maestro. Empezó á leer la cátedra de 
Lenguas en 1449, según información hecha al tiempo de su 
jubilación. Fué jubilado en 28 de Septiembre de 1468, siendo 
nombrado sustituto en Marzo del 70, el Br. Belén, que figu- 
ra todavía en 1480. No se tienen más noticias de su vida. 



Días (Alvar). 

El grado más alto con que figura es el de licenciado, y 
era portugués. Aparece como catedrático de Retórica 
en 1464. Disfrutó de varias licencias por enfermo; entre Ju- 
lio de 1470 y Febrero de 1471, no se consignan las actas en 
el libro de Claustro. En este tiempo se declaró vacante la 
cátedra de Retórica, y en Marzo del 71 fué nombrado por 
votos de estudiantes el Br. Antón de Salamanca, catedráti- 
co de Retórica. 



- 257 - 

Díaz de Costana (Pedro). 

Figura con el número 84 entre las colegiales de San Bar- 
tolomé. Nicolás Antonio y la historia del colegio de San Bar- 
tolomé, entre otras, dan abundantes noticias de su vida y de 
sus obras. En ellas se hace constar que fué catedrático de 
Vísperas de Teología, y es afirmación que no puede aceptar- 
se sin reservas. En 15 de Febrero de 1475, según resulta de 
los libros de Claustros, fué nombrado sustituto del maestro 
Calvea. En 1.° de Mayo de 1476 aparece como sustituto del 
Mro. Deza, en la cátedra de Hebreo. En el juramento de 1.° 
de Mayo de 1478, se dice que es sustituto del Mro. Calvea. 
Poco después se declara vacante la sustitución, que como 
hemos dicho fué dada al Mro. Fr. Diego de Deza, y no se 
vuelve á hacer mención de él. Es probable que dejara á Sa- 
lamanca para desempeñar el canonicato de Burgos; pero lo 
que puede afirmarse es que, durante el tiempo que estuvo 
en Salamanca, había catedrático de propiedad de Vísperas 
de Teología y que Costana sólo pudo ser sustituto de este 
catedrático. 

Espinosa (Martín de). 

Mro. en Artes. Se tienen muy pocas noticias de su vida. 
Hizo el juramento de 1.° de Mayo de 1464, y entonces era ca- 
tedrático de Prima de Lógica. Siguió desempeñando la cáte- 
dra y como catedrático figuraba en 1480. Uno de sus suce- 
sores, quizá el inmediato, el Dr. y Mro. Martín Vázquez de 
Oropesa fué jubilado en 1504; esto supone un nombramiento 
como catedrático de propiedad obtenido en 1484, fecha en 
la cual puede aproximadamente ponerse la muerte del maes- 
tro Espinosa. 

Espinosa (Rodrigo de). 

Figura con el número 46 entre los colegiales de San Bar- 
tolomé. Fué recibido en el colegio el 2 de Junio de 1438. Dí- 
cese que siendo colegial fué graduado de Lie. en Cánones, 
y que habiendo llevado la cátedra de Prima de Cánones, se 

17 



- 258 - 

graduó de doctor. No hay datos ni para aceptar ni para re- 
chazar estas afirmaciones. Hipotéticamente le hemos con- 
siderado como antecesor del Dr. Gómez de Zamora. 



Fernández (Juan). 

Dr. en Medicina. Le cita Chacón entre los regentes de 
cátedras que figuraban en una inscripción, que existía en su 
tiempo, conmemorativa de la edificación de la Universidad, 
terminada en 1433. No se ha encontrado ningún otro dato. 



Fontiveros (Fernando de). 

En 20 de Abril de 1472 es nombrado sustituto de la cáte- 
dra de Astrología, durante la ausencia del Br. Diego de 
Calzadilla. En 5 de Febrero de 1474, hace la probanza de 
cinco cursos, de seis meses cada uno en este Estudio, para 
recibir el grado de Br. en Teología. En 20 de Mayo de 1476, 
se le nombra catedrático de Astrología. Sigue figurando en 
los libros de Claustros hasta 1480. No se conocen más datos 
de él: sólo se sabe que en 1485 no era catedrático de Astro- 
logía. 

Fores (Lie) . 

Lie. en Medicina. En los libros de Claustros se le llama 
siempre el Br. Fores ó el Lie. Fores. Tan sólo tratando 
en 16 de Noviembre de 1468 de oposiciones á unas cátedras 
de Leyes, se dice que Rodrigo Maldonado dio por fe al ba- 
chiller Fores, fijo del bachiller Jaymes. ¿Será este Jaymes 
el médico Fores? En 22 de Marzo de 1466 por enfermedad del 
propietario se le nombra sustituto del Dr. de la Reina en la 
cátedra de Prima de Medicina y en 19 de Mayo del mismo 
año se encarga, por voto de los oyentes de la sustitución de 
la cátedra de Vísperas de Medicina del Dr. Medina; así, con- 
tra su voluntad, leyó, como sustituto, las dos cátedras de 
Prima y Vísperas de Medicina. Sobre el nombramiento de 
sustituto de San Juan hasta la Virgen de Septiembre de 1468 
tuvo algunas diferencias con el Dr. de la Reina. Al quedar 



- 259 - 

vacante la cátedra de Vísperas de Medicina por ascenso del 
Dr. Medina debió ser nombrado catedrático de propiedad el 
Lie. Fores. En 22 de Marzo de 1470 se anuncia la sustitución 
de la cátedra de Vísperas del Lie. Fores, y en una citación 
al Br. Reina de Mayo de aquel año, se dice claramente tam- 
bién que era catedrático de Vísperas. Fores, sin embargo, 
no debió leer por su persona mucho tiempo la cátedra. En 
los libros de Claustros se encuentran con fechas de 9 de 
Marzo de 1472 y de 7 de Junio de 1473 licencias á nuestro 
licenciado y catedrático para que vaya á servir al arzobis- 
po de Sevilla, y en la segunda se añade que sea. sine percep- 
tione salarii, y por respeto al Sr. Arzobispo de Sevilla, que 
Dios haya, e del Sr. Fonseca, su sobrino, que gelo enbio a 
arrogar. En los años siguientes obtuvo prórroga de aque- 
llas licencias hasta que en 6 de Abril de 1478 renunció á la 
cátedra de Vísperas de Medicina. 



Frías (Gonzalo). 

Bachiller, probablemente en Teología ó en Artes. Fué 
nombrado sustituto de San Juan á la Virgen de Septiembre 
del año 1471 de las cátedras de Filosofía moral y Filosofía 
natural. Por enfermedad del Maestro Juan de León, cate- 
drático de Filosofía moral, fué designado sustituto de esta 
cátedra en 1472. En 26 de Noviembre de 1476 se le nombra 
sustituto del Mro. Pascual Ruiz, catedrático jubilado de Fi- 
losofía natural y desempeñó esta sustitución hasta que entró 
en religión. Por esta causa se declaró vacante la sustitución 
del Mro. Ruiz el 19 de Octubre de 1479. Debe ser el mismo 
de quien dice Nicolás Antonio que fué monje Jerónimo en el 
Monasterio del Parral, que había estudiado en Salamanca 
Filosofía, Teología, Retórica y Matemáticas, enseñado Teo- 
logía escolástica, y que dejó escritos 16 ó 17 volúmenes, 
parte transcripciones, parte trabajo original. Debe ser tam- 
bién de él de quien Vallín refiere en los apéndices de su obra, 
al hablar de los que se distinguieron en el cultivo de las ma- 
temáticas, u que fué un insigne catedrático de Salamanca, 
que dejó escritos 16 ó 17 volúmenes sobre todos los ramos 
de esas ciencias, que se han conservado inéditos en el mo- 



- 260 - 

nasterio del Parral^. La afirmación de Vallín es difícil de 
armonizar con la enumeración que hace Nicolás Antonio 
del contenido de tales volúmenes. 

Gómez García. 

Dr. en Medicina. Le cita Chacón entre los regentes de 
cátedras que figuraban en una inscripción que existía en su 
tiempo, conmemorativa de la edificación de la Universidad, 
terminada en 1433. No se ha encontrado ningún otro dato. 

García (Alvaro). 

Los libros de Claustros nos dan la fecha de la renuncia 
de la cátedra de Biblia que desempeñó, ocurrida en 29 de 
Junio de 1464. Las Historias del convento de San Esteban 
nos dicen que fué en la cátedra de Biblia el sucesor de x\lon- 
so de Madrigal, y que fué también arcediano de Cea. 

García (Nicolás). 

Dr. en Medicina. En 1467 sustituyó la cátedra de Prima 
de Medicina por enfermedad del Dr. de la Reina. En 17 de 
Febrero de 1470 fué nombrado catedrático de Prima de Me- 
dicina en la vacante del Dr. Medina. En Claustro de 30 de 
Marzo de 1471 se le remite, á instancias de los frailes de San 
Francisco, la multa que le impuso la Universidad por haber 
ido sin permiso á Zamora á curar al provincial de los Fran- 
ciscanos. En 15 de Febrero de 1473 pide licencia para ausen- 
tarse de la cátedra por haber sido llamado por el Rey. La 
Universidad se la dio sine perceptionc salarii. En 26 de No- 
viembre de 1474 se le da autorización por estar paralítico 
para ir donde le convenga y en 31 de Enero de 1475 se de- 
clara vacante la cátedra por fin y muerte del Dr. García. 

García de Bonilla (Fernando). 

Se opuso á la cátedra de Vísperas de Leyes que quedó 
vacante por ascenso del Dr. Avila. Debió llevarse la cáte- 
dra porque luego figura como catedrático de esta asigna- 



- 261 - 

tura. Fué enviado por la Universidad en Mayo de 470 con 
una comisión al Arzobispo de Sevilla, para conseguir la li- 
bertad del sustituto del Licenciado Fores, catedrático de 
Vísperas de Medicina, y luego con otra al Conde de Alba 
para que dé una carta "de favor para el alcaide de Castro- 
nuño que tenía preso á un estudiante. En 24 de Octubre 
de 1472 se declara vacante la cátedra de Vísperas de Leyes 
por fin y muerte del Dr. Bonilla. 

García de Burgos (Diego). 

Dr. en Leyes. Según las notas apuntadas al tiempo de su 
jubilación era catedrático de propiedad en la facultad de 
Leyes en 1447. No se conservan de él más noticias que la de 
su jubilación en la cátedra de Prima de Leyes, que le fué 
concedida el 20 de Noviembre de 1467. En Claustro de 18 
de Octubre de 1468 se declaró vacante la cátedra por muer- 
te del Sr. Burgos: por tanto la fecha de su muerte hay que 
suponerla durante las vacaciones de aquel año, ó sea, del 8 
de Septiembre al de la declaración de la vacatura. 

García de Villadiego (Gonzalo). 

Aparece con el número 143 entre los colegiales de San 
Bartolomé. Ingresó en el Colegio el 16 de Diciembre de 1465. 
Fué Dr. en Cánones. Estimamos algo equivocada la relación 
que hace de su vida académica la historia del Colegio de San 
Bartolomé. Según los libros de Claustro en 8 de Noviembre 
de 1468 fué nombrado sustituto del Dr. Gómez de Zamora en 
la cátedra de Prima de Cánones. Hizo juramento como tal 
sustituto los años siguientes. En 10 de Noviembre de 1471 
fué nombrado catedrático de Vísperas de Cánones en la va- 
cante del Lie. Melgar. Sin embargo figura en los libros de 
Claustros una concordia entre él y el Lie. Juan de Medina, 
por la cual, para evitar ruidos y escándalos, y por bien de 
paz, utilidad y provecho de la Universidad, la mitad de los 
residuos y emolumentos de la cátedra serían para el licen- 
ciado Medina. En 15 de Noviembre de 1471 se discutió la le- 
gitimidad de la colación, que impugnó el Lie. Diego Alonso 



- 262 - 

de Benavente y defendieron el citado Medina y Gonzalo de 
la Rúa. En 28 de Agosto de 1475 le dieron un año de licen- 
cia, mejor dicho, hasta San Lucas del 476, para ir á Roma 
para asuntos propios. Le fué prorrogado el permiso, hasta 
que en 10 de Febrero de 1479 los Consiliarios pronunciaron 
por vaca la cátedra del Dr. Villadiego; el Vice-Rector y al- 
gunos otros claustrales se opusieron á esta determinación 
por entender que la licencia no había caducado. La cues- 
tión fué muy debatida y ocupa en el libro muchos folios. La 
cátedra sin embargo se publicó por vaca y se admitieron 
las presentaciones de algunos opositores. Según dice Nico- 
lás Antonio era canónigo doctoral de la catedral de Toledo 
en 1476. Después fué Oidor de la Sacra Rota y desempe- 
ñando este cargo fué presentado para Obispo de Oviedo. 
Menéndez Pelayo le coloca en Ciencia española entre los 
intérpretes del Derecho romano con una obra que no men- 
ciona Nicolás Antonio: De restitutione in integrum. En la 
Biblioteca de Gallardo se da cuenta del tratado Contra 
h&reticam pravitantem, como impreso en Salamanca en 
el año 1496. Disfrutó de justa y merecida fama. 

Gómez de Cantalapiedra (Martín). 

Tenía el grado de maestro. Fué nombrado catedrático 
de Música á principios del año 1465. No se conoce pormenor 
ninguno de su vida. Sólo consta que en 29 de Octubre de 1479 
se declaró vacante la cátedra de Música por muerte del 
Mro. Cantalapiedra. 

Gómez de Salamanca (Fernando). 

En 1464 era catedrático de Música. Por su muerte se de- 
claró vacante la cátedra en 22 de Enero de 1465. Se le llama 
en los libros de Claustros Fernand Gómez, cantor. 

Gómez de Villasandino (Gonzalo). 

Dr. en Cánones. Aunque los datos que conocemos de su 
vida son del siglo xvi, su importancia como catedrático en 
la Universidad de Salamanca fué del siglo xv. En 1 .° de Mayo 



- 263 - 

de 1476 figura un bachiller de este nombre como sustituto del 
Dr. Méndez de Deza en la cátedra de Decreto. Después en- 
contramos en los libros de Claustros de 1503 que el Dr. Vi- 
llasandino era catedrático de Prima de Cánones, y en 22 de 
Julio de 1504 se le concede la jubilación por haber leído vein- 
te años como catedrático de propiedad. Es, por tanto, ha- 
cia 1484 cuando fué nombrado catedrático. Figuró como ju- 
bilado en todos los negocios de la Universidad hasta su 
muerte, ocurrida el 9 de Marzo de 1532. 

Gómez de Zamora (Diego). 

Dr. en Cánones. De las notas consignadas al tiempo de su 
jubilación resulta que era catedrático de propiedad desde el 
año 1447. En 30 de Octubre de 1467 se hace la publicación de 
los servicios prestados, y días después, el 2 de Noviembre, 
se le jubiló en su cátedra de Prima de Cánones. En acta de 30 
Octubre de 1475 se dice que el Dr. Zamora tenía la cátedra 
más antigua de Cánones. Figura en libros de Claustros has- 
ta 1480: luego no hemos hallado nada más que en 25 de No- 
viembre de 1484 repitió para licenciado el Dr. Pedro de Oro- 
pesa, y la repetición la presidió el Dr. Zamora. Sin embar- 
go, teniendo en cuenta que su sucesor debió ser el Dr. G. de 
Villasandino, que ganó cátedra de propiedad en 1484, podrá, 
con las naturales reservas, ponerse en esta fecha bien la 
muerte del Dr. G. de Zamora, bien la renuncia de la cátedra 
de Prima. 

Gomiel (Pedro). 

Mro. en Artes. Sabemos que fué catedrático de Prima de 
Gramática, porque en 21 de Abril de 1503 se declara vacan, 
te la cátedra por muerte del maestro. 

González (Diego). 

Dr. en Leyes. Le cita Chacón entre los regentes de cá- 
tedras que figuraban en una inscripción que existía en su 
tiempo, conmemorativa ele la edificación de la Universidad, 
terminada en 1433. No se ha encontrado ningún otro dato. 



- 264 - 

González (Juan). 

Chacón ha conservado dos notas. Una de un doctor de ese 
nombre que aparece en una concordia hecha entre la Uni- 
versidad y el Concejo en 1421. La otra es de 1433 y corres- 
ponde á la inscripción en que figura el anterior. En esta ins- 
cripción el Dr. Juan González figura como Dr. en Decretos- 
González de Hontiveros (Pedro). 

Figura con el número 27 entre los colegiales de San Bar- 
tolomé, y allí se dice que fué catedrático de Vísperas de 
Leyes. No hay datos para aceptar ni para rechazar esta afir- 
mación. Ingresó en el Colegio hacia 1426. 

González de Segovia (Juan). 

Hemos encontrado dos citas, y en las dos se dice que era 
Mro. en Teología. La más antigua es de 1426: figura en una 
carta de Juan II (1) como querellante en nombre de la Uni- 
versidad contra la conducta de Juan de Valencia, corregi- 
dor de Salamanca. La otra es de 1433 en la inscripción que 
conserva Chacón. Como de los tres Mros. en Teología cita- 
dos por este autor sabemos las cátedras que desempeñaban 
dos de ellos, nos hemos atrevido á ponerle entre los cate- 
dráticos de Biblia. 

Juan de Sahagún (San). 

Figura con el número 96 entre los colegiales de San Bar- 
tolomé. Se supone que fué catedrático de Sagrada Escritu- 
ra en esta Universidad. El P. Cámara, Obispo que fué de 
Salamanca, escribió la mejor y más completa biografía que 
sobre él se ha publicado. 

Lebrija (Antonio de). 

Mro. en Artes. Algunas veces figura en los libros de 
Claustros Lebrixa, y otras, muy pocas Nebrija y Nebrixa. 
Los datos que se tienen de su vida puede decirse que están 



(1) Tomo I, pág. 114. 



- 265 - 

sacados del prólogo de su Dictionariwn ex hispaniensi in 
latinum sermonan de donde directa ó indirectamente los 
han tomado los que se ocupan de la vida de este ilustre 
humanista. Hace mención de tres de sus maestros en Sa- 
lamanca, Mros. Osma, Ruiz de Aranda y Apolonio. Toda 
vez que los dos primeros son bien conocidos nos atrevemos 
á identificar al tercero con el catedrático de Astrología 
Nicolás Polonii, que en 1464 leía todavía aquella cátedra. 
Puede suponerse que entre los años de 1457 y 1463 trans- 
currió el quinquenio que pasó Lebrija en Salamanca. Re- 
sulta que en 4 de Julio de 1475 se hizo un concierto entre 
la Universidad y el Br. Lebrija para que leyese por tiempo 
de cinco años dos lecciones diarias, una de prosa y otra de 
poesía. Poco después vacante una cátedra de Prima de Gra- 
mática, se opuso á ella el 27 de Diciembre de 1475 (el libro 
dice 1476, pero debe ser error del amanuense). Presentó el 9 
de Enero de 1476 su título de Br. en Artes y testimonios de 
suficiencia, entre los cuales está el del Mro. Pedro de Osmn, 
y á los pocos días fué nombrado catedrático de una de las de 
Prima de Gramática, de la que se le hizo colación el 22 de 
Enero de aquel año. En el encabezamiento de este acta se 
le llama Juan, y entre los catedráticos que hicieron el ju- 
ramento de 1 de Mayo de 1476 figura el Br. Juan de Le- 
brixa. ¿Sería error también del amanuense ó que Lebrija 
se llamó Juan algún tiempo? Luego no se ofrece esta parti- 
cularidad. En 1480 era todavía catedrático de Prima, pero 
cuando en 1503 los libros de Claustros nos pueden dar nue- 
vos testimonios, nos encontramos con que los maestros que 
desempeñan las cátedras de Prima de Gramática son Pe- 
dro de Gomiel y Alonso de Tizón. Tampoco figura su nom- 
bre ni en la cátedra de Poesía ni en la de Oratoria. Debió 
hacer renuncia de las cátedras que desempeñaba, la de 
Prima y algunas de las que se había comprometido á leer, 
hacia 1487 ó 1488, porque dice en su especie de autobiogra- 
fía "cuánto provecho hice doce años leyendo,,. Conocidas 
son las labores á que se consagró después bajo la protec- 
ción de D. Juan de Estuñiga, á quien dedica el Dicciona- 
rio hispano-latino. La muerte de su protector, que con sus 
mercedes había dado ocio y sosiego á la vida de Lebrija, le 
obligó á dedicarse de nuevo á la enseñanza al fallecimien- 



- 266 - 

to del Mro. Gomiel y se opone en 19 de Mayo de 1503 á 
una de las de Prima de Gramática (ignoramos si la misma 
que antes había desempeñado). No tuvo contrincantes y el 
Claustro le dio posesión de ella el 23 del mismo mes y año. 
No sabemos la causa, pero consta que ante el Claustro de 
20 de Octubre del mismo año de 1503, Juan de Villafuerte, 
en virtud de poder que exhibió del Mro. Antonio de Le- 
brija, renunció á la cátedra de Prima que tenía. Su suce- 
sor, el Mro. Pedro de Espinosa, la disfrutó escaso tiem- 
po porque murió á poco de ser nombrado. Lebrija entonces 
se vuelve á oponer en 10 de Abril de 1505. Tuvo por con- 
trincante al Mro. Arias Barbosa, que desistió de la opo- 
sición, y entonces el Claustro, por ser único opositor, le 
hizo colación de la cátedra de Prima de Gramática, el 2 de 
Mayo de 1505. Permaneció algún tiempo en Salamanca, 
pero en Claustro de Consiliarios de 19 de Febrero de 1509, 
en vista de que el Mro. Lebrija llevaba cuatro meses 
cumplidos ausente de su clase se pronunció por vaca la 
cátedra de Prima, conforme á las Constituciones. Vacante 
la cátedra de Retórica, el Mro. Lebrija se opone á ella 
el 31 de Agosto de 1509 y aceptó la colación del salario de 
lectura de Plinio, que Flaminio había dejado vacante. En 
3 de Octubre de aquel año, habiéndose quedado único opo- 
sitor, fué nombrado catedrático de Retórica: como tal si- 
gue figurando hasta 1512. Faltan los libros de Claustro de 
los años siguientes hasta 1526. Es presumible que á la muer- 
te del Mro. Tizón en 1513, se opusiese á la clase de Prima 
de Gramática, tal vez para obtener la jubilación de aque- 
lla cátedra que tenía más renta que la de Retórica, que 
desempeñaba, pues en Julio de 1513 llevaría unos dieci- 
nueve años de servicios como catedrático de propiedad. 
Estas oposiciones han sido, por desgracia, las que han ad- 
quirido más celebridad por haberse divulgado el texto in- 
serto en el Cronicón ó Ayuntamientos de Pedro de Torres, 
según el cual, un rapaz de Castillo, favorecido por toda la 
Universidad se llevó una cátedra de Prima de Gramática, 
á la que el Mro. Lebriga se había opuesto, y en la que 
se explicaban las obras de Gramática que escribió. No du- 
damos de que la autoridad del Mro. Lebrija era mayor que 
la del Mro. García del Castillo, del que nada ha quedado, 



- 267 - 

salvo el nombre y alguna otra nota biográfica, pero sí tene- 
mos en cuenta que Lebrija era catedrático de propiedad y 
que fué por lo menos tres veces maestro de aquella asigna- 
tura y la había renunciado, aparte de que tal vez buscase la 
cátedra para jubilarse, como algún otro, con más renta, 
quizá encuentre disculpa en su proceder nuestra Escuela, 
ya que no justificación, y no seguirá pesando sobre ella, 
como hasta ahora el cargo que se le hace. Su vida en Alcalá 
ha sido estudiada con gran cuidado en la tesis doctoral del 
catedrático de la Universidad de Valencia Sr. Latorre y del 
Cerro, y á ella remitimos á los que quieran seguir la vida 
académica del ilustre maestro. Nicolás Antonio, nuestro 
inolvidable amigo el notable filólogo y catedrático de la Cen- 
tral Sr. Sánchez Moguel, y los que después de él han tra- 
tado de este humanista, completan los datos biográficos y 
bibliográficos. Por esta razón omitimos dar más particula- 
ridades de su vida y la lista de las obras que publicó. 

León (Juan). 

Mro. en Artes. Fué regente de Gramática. Siendo sólo 
bachiller ganó la cátedra de Filosofía moral de la que se le 
hizo colación el 7 de Julio de 1466. Era ya maestro á prin- 
cipios de 1469. En Claustro de 23 de Junio de 1473 se publicó 
la vacatura de la cátedra por fin y muerte del maestro. 

Madrigal (Alonso de). 

La celebridad de este ilustre Mro. en Teología contrasta 
con la carencia de noticias que tenemos de él. Sentimos 
vernos obligados á decir que no hemos encontrado ningún 
dato más que los publicados en las obras impresas. 

Maldonado de Talavera (Rodrigo). 

Dr. en Leyes. No tenemos más que una nota: en 2 de Fe- 
brero de 1477 renuncia á su cátedra de Vísperas de Leyes. 
Antes de esta fecha sabemos que el Dr. Rodríguez de Snn 
Isidro renunció la cátedra de Vísperas de Leyes á favor de 



- 268 - 

Rodrigo Maldonado, y que la cátedra se provee en él. Pero 
en 19 de Enero de 1469, á raíz de esta provisión un Lie. Ta- 
lavera nombra sustituto en su cátedra de Víspera de Leyes 
hasta doctorarse, y luego ya se habla del Dr. Talavera y 
se prescinde del apellido Maldonado hasta que en la renun- 
cia aparecen los dos apellidos. Con las naturales reservas 
nos atrevemos á indicar que debe tratarse de una misma 
persona. 

Martínez (Pedro). 

Figura como Dr. en Decretos en la inscripción copiada 
por Chacón. 

Martínez de Osma (Pedro). 

Mro. en Teología y en Artes. Figura con el número 70 
entre los colegiales de San Bartolomé. Ingresó en el colegio 
en 1.° de Mayo de 1444. Se hizo Mro. en Artes en 18 de Di- 
ciembre de 1457; leía entonces la cátedra de Filosofía mo- 
ral. En 27 de Junio de 1463 se encargó de la de Prima de 
Teología. En 4 de Enero de 1465 le requirió la Universidad 
para que pagase al arca del Estudio los derechos de su in- 
corporación de Mro. en Teología. En 2 de Agosto de 1478 
se le declaró jubilado. Conocido es el examen hecho en Al- 
calá de algunas repeticiones sobre la confesión y sobre la 
jurisdicción y poder del Pontífice. Consta efectivamente en 
los libros de Claustros que el 14 de Junio de 1479 se tomaron 
acuerdos contra los libros del maestro que se consideraron 
heréticos. La historia del de San Bartolomé dice que murió 
en 1480, después de haber hecho penitencia en el convento 
de San Francisco de Alcalá. Las historias de San Esteban 
manifiestan que confuso y corrido al ver sus libros quema- 
dos se retiró á Alba de Tormes, y allí murió en Abril de 1480. 
Nicolás Antonio se ocupa de él é inserta la apología que 
Lebrija hizo del maestro en sus Quincuagenas. Cuando Le- 
brija habla de los maestros que tuvo en Salamanca, en el 
prólogo del Diccionario dice, sin embargo, que aquellos va- 
rones, aunque no en el saber, en decir sabían poco. Y más 
adelante añade que para desarraigar Lebrija la barbarie de 






- 269 - 

los hombres de nuestra nación, comenzó por el Estudio de 
Salamanca. No quedan con este juicio á mucha altura los 
conocimientos que en la lengua latina tenía nuestro maestro. 

Mella (Juan de). 

Figura con el número ocho entre los colegiales de San 
Bartolomé. Fué Dr. en Decretos. Llegó á ser hasta Carde- 
nal de la iglesia romana. En la historia del colegio se dice 
que fué catedrático de Decreto en la Universidad de Sala- 
manca. No hay datos para aceptar ni para rechazar esta 
afirmación. Murió en Roma en 1467. Nicolás Antonio hace 
constar también que fué catedrático de Salamanca. 

Melgar (Gonzalo Alonso de). 

Lie. en Cánones. Era catedrático de Vísperas de Cáno- 
nes en 1464, pero no leía la cátedra. Se encuentran en los 
libros de Claustros acuerdos concediendo licencia al licen- 
ciado Melgar para que se ausentara de la ciudad y no se le 
vacase la cátedra, aunque no la leyese, pero no se dice la 
causa por la que se le daba la licencia. Por muerte del li- 
cenciado Melgar se declara vacante la cátedra que tenía de 
Vísperas de Leyes. 

Méndez Deza (Gonzalo). 

Era catedrático de Decreto y Dr. en Cánones en 1464. 
Fué jubilado hacia 1466-67. Como catedrático jubilado hizo 
el juramento de 1 de Mayo de 1467. En 29 de Julio de 1472 
dio poder al Claustro para que pudiese nombrar sustitutos 
en su nombre. Seguía figurando como catedrático jubilado 
en 1480. Quizá muriese en 1484. (V. Cubillas (Juan de). 

Murcia (Guillen de). 

Figura con el número 5 entre los colegiales de San Bar- 
tolomé. Mro. en Teología. Parece que fué catedrático de 
Teología de la Universidad. No hemos encontrado datos ni 
para aceptar, ni para rechazar esta afirmación. Ingresó en 
el colegio en 1417. 



- 270 - 

Navalmorcuende (Diego de). 

Mro. en Artes. Figuró como sustituto en cátedras de 
Lógica. En 3 de Agosto de 1464, fué nombrado catedrático 
de Texto de Lógica. En 20 de Diciembre de 1466, pide licen- 
cia para hacer su magisterio en Artes. En 13 de Mayo 
de 1469, se pronunció la vacatura de la cátedra de Texto 
viejo: no se dice la causa. 

Nicolau Antonio . 

Italiano. En 8 de Agosto de 1465, se le encarga que lea 
Poética por la mengua que en el dicho estudio avia de se- 
mejantes onbres. En 7 de Septiembre se le señalaron de sa- 
lario 6 florines de oro mensuales, porque lea un curso, desde 
San Lucas de aquel año hasta el del siguiente de 1466. En 20 
de Agosto de 1466, se le da licencia para ausentarse y nom- 
bra sustituto á Diego Gómez, canónigo de Salamanca. En 3 
de Enero de 1467, pide su parecer á los oyentes para decir 
al Rector que ad vota audiendum, ha cambiado la lectura 
de Virgilio por la moral de Julio. 

Núñez (Antón). 

Lie. en Cánones y catedrático de Vísperas de Cánones. 
En 26 de Mayo de 1464, renunció la cátedra á favor del Ba- 
chiller A. R. de San Isidro. Sin embargo esta renuncia no 
daba la propiedad, y así la vacante del Lie. Núñez se pro- 
veyó, por oposición, el 15 de Junio de aquel año. 

Oropesa (Pedro de). 

Figura con el número 171 entre los colegiales de San Bar- 
tolomé. Ingresó en el colegio en 17 de Octubre de 1478. De 
un manuscrito que poseyó el autor de la historia del colegio 
de San Bartolomé, resulta que en 28 de Diciembre de 1484 
tomó el grado de Lie. en Cánones y en 1485 llevó la cátedra 
de Vísperas de Cánones. Otros particulares cuenta de su 
vida la historia del colegio: entre ellos, el de que á la muer- 



— 271 — 

te de Mendoza, la Reina Católica pensó en él para el Arzo- 
bispado de Toledo, pero nuestro doctor no lo quiso aceptar. 
Xo dice, sin embargo, cuando dejó la cátedra. No hemos 
encontrado dato alguno por faltar en el Archivo la docu- 
mentación de esa época; con todo género de reservas le po- 
nemos como sucesor del Dr. Villadiego. 



Osorio (Fr. Alvaro de). 

Dominico. Mro. en Teología. Figura su nombre en la ins- 
cripción que conservó Chacón, lo cual autoriza á creer que 
regentaba cátedra, quizá la de Vísperas de Teología en 1433. 
Sucedió en la de Prima á Fr. Lope de Barrientos, según nos 
dicen las historias del convento de San Esteban, y se jubiló 
en ella. Murió en 1463. 



Ota (Fr. Sebastián de). 

Mro. en Teología. No tenemos más datos que los vagos 
que nos dan las historias de San Esteban. Según ellas, era 
de excelente y sutil ingenio y desempeñó la cátedra de Vís- 
peras al tiempo que Fr. Juan de Santo Domingo regentaba 
la de Prima. No se sabe á qué orden pertenecía el Mro. Ota. 



Padilla (Fr. Diego de). 

Era catedrático de Lógica magna en 1464. Hizo renuncia 
de su cátedra en 4 de Julio de 1464 á favor del Br. Naval- 
morcuende, según dicen los libros de Claustros. 



Parra (Gonzalo de la). 

Dr. en Medicina. Fué sustituto varias veces en cátedras 
de Medicina. En Mayo de 1478 es nombrado catedrático de 
Vísperas de Medicina en la vacante del Ledo. Fores. En 4 
de Noviembre de 1512 renunció la cátedra de Vísperas. 



- 2?2 - 



Pérez de Talavera (Fernando). 

Lie. en Artes. No hay más nota precisa que la de que el 7 
de Julio de 1466 renunció su cátedra de Filosofía moral á fa- 
vor del Br. Juan de León. 



Polonii (Nicolás). 

En Marzo de 1464 fué provista la vacante de la cátedra 
de Astrología de Nicolai Polonii. Sospechamos que es el 
Apolonio que Lebrija menciona entre sus maestros de Sala- 
manca y que repiten todos los que de Lebrija se han ocupa- 
do. No se conoce, sin embargo, ningún otro dato biográfico. 



Pomponio-Mantuano. 

Fué opositor con Lebrija á la cátedra de Prima de Gra- 
mática, que vacó por muerte del Mro. Xuárez. Consta que 
se opuso á ella el 27 de Diciembre de 1475 (el libro de Claus- 
tro pone 476 por error indudablemente). Antes, en Claustro 
de 7 de Junio de 1473, mandaron que lea un año de Poética 
el mantuano italiano; sospechamos que sea este mismo. No 
se encuentran más datos de él. 



Ramírez de Villaescusa de Haro (Diego). 

Figura con el número 177 entre los colegiales de San 
Bartolomé. Fundó el colegio mayor de Cuenca en la Univer- 
sidad de Salamanca. La historia del colegio dice que fué ca- 
tedrático de Retórica á los diez y seis años (1475), y esto no 
puede ser cierto, porque se sabe quién era aquel año cate- 
drático de Retórica. También dice que lo fué de Durando 
en 1480, y esta cátedra no fué instituida hasta el siglo xvi. 
No damos más notas de este personaje por considerarlas 
impropias de nuestro trabajo. 



- 273 



Ramos Pereira (Bartolomé). 

Según una nota de Vallín en su apéndice de españoles 
que enseñaron en el extranjero, Nicolás V creó en Bolonia 
en 1482 (sic) la primer escuela de música de Italia y llamó 
para dirigirla á Ramos Pereira, catedrático que era de la 
Universidad de Salamanca. No hemos encontrado dato al- 
guno de este catedrático. 



Reina (Dr. de la). 

Dr. en Medicina. Para distinguirle de su hijo, algunas 
veces le llaman el Viejo. En los libros de Claustro no encon- 
tramos noticias de este médico. El dato único que tene- 
mos de su vida profesional la hemos hallado en la historia 
del convento de San Agustín de Salamanca del P. Vidal: 
hablando de San Juan de Sahagún, dice que en 1463 cayó 
enfermo el Santo con el mal de piedra, y que los médicos 
que le asistían, que eran célebres por su ciencia y conoci- 
dos el uno por el título del Dr. de la Reina y el otro por el 
nombre del Dr. de Medina, acordaron que abriesen al Sier- 
vo de Dios. En 1464 figura como catedrático en los libros de 
Claustro. Tenía la cátedra de Prima de Medicina. En 22 de 
Marzo de 1466 varios médicos declararon estar imposibilita- 
do el Dr. de la Reina para leer su cátedra. En 26 de Agosto 
de 1468 presentó información de haber leído veinte años en 
cátedra de propiedad después que fué doctor: empezó sus 
servicios en 1445. Fué tenido por jubilado y se le nombró 
sustituto. Quiso sin embargo hacer los nombramientos de 
sustitutos para las vacaciones, de San Juan á la Natividad 
de la Virgen, pero el sustituto que era el Br. Fores protestó 
y el Rector negó al apoderado del Dr. de la Reina derecho 
á hacer tales nombramientos. El 8 de Mayo de 1469 se pro- 
nunció la vacatura de la cátedra de Prima del Dr. de la 
Reina. 



L8 



- 274 



Reina (Gabriel de la). 

Dr. en Medicina. Era hijo del anterior. Figura ya en el 
año 1465 leyendo cátedras cursatorias de Medicina: se le lla- 
ma el Br. de la Reina. En 27 de Marzo de 1470 es nombrado 
sustituto del Lie. Fores en la cátedra de Vísperas de Medi- 
cina. Fué hecho preso por aquel tiempo: no se sabe la cau- 
sa. Consta sí, que en Claustro de 17 de Mayo de aquel año 
marchó una comisión á ver al Obispo de Salamanca para 
que dé libertad al Lie. de la Reina, y que al Claustro de 23 
del mismo mes y año asistieron para tratar el asunto el 
Obispo de Salamanca y un escudero del Arzobispo de Se- 
villa. Hizo el juramento en 1 de Mayo de 1471. Como se le- 
yese también por sustituto la cátedra de Prima de Medicina 
en 2 de Marzo de 1473, se mandó que leyese la sustitución 
de Prima y el sustituto del Dr. García la de Vísperas. En 4 
de Febrero de 1475 se le hizo colación de la cátedra de Pri- 
ma de Medicina, vacante por muerte del Dr. García. Era 
catedrático en 1480: después de esa fecha no hay ningún 
dato de él. Al principiar el siglo xvi, no figuraba ya como 
catedrático de Prima. 

Roa (Fernando de). 

Aparece como Regente de Lógica en 1469. En 31 de Ju- 
lio de 1473 se le hace colación de la cátedra de Filosofía mo- 
ral. En 29 de Julio de 1475 le dieron dos años de licencia 
para graduarse de maestro. Era catedrático todavía en 1480, 
pero no al principiar el siglo xvi. 

Rodríguez (Ferrán). 

Figura como Dr. en Leyes en la inscripción que conser- 
vó Chacón. No se tiene ningún otro dato. 

Rodríguez (Juan). 

Figura como Dr. en Decretos en esa misma inscripción. 
No se tienen más datos. 



- 275 - 

Rodríguez Cornejo (Antón). 

Dr. en Cánones. Aparece con el número 31 entre los co- 
legiales de San Bartolomé: la historia dice que no se sabe 
el día de su ingreso en el colegio. Por la fecha de su jubila- 
ción cabe pensar que hacia 1450 fué nombrado catedrático 
de Sexto. En 22 de Abril de 1471 figura como catedrático 
recientemente jubilado. En 1479 asistió á la Junta que en 
Alcalá dictaminó sobre las obras del Mro. Osma. Hizo el 
juramento de 1.° de Mayo en 1503. Poco después, el 2 de 
Enero de 1504, se declaró la vacatura de la cátedra de Sex- 
to y Clementinas por muerte del Dr. Cornejo. 

Rodríguez de Peñalver (Martín). 

Mro. en Teología. Figura con el número 54 entre los co- 
legiales de San Bartolomé. Se le da también el apellido Pe- 
nal. La historia del colegio dice que se le admitió en él en 29 
de Octubre de 1439. Lo mismo esta obra que las historias de 
San Esteban dicen que fué catedrático de Vísperas de Teo- 
logía. En esta última se consigna que la tenía por los años 
de 1446, y que le sucedió en ella el Mro. Calvea. Lo que será 
más difícil de aceptar es que fuese el sucesor del Mro. Fray 
Alvaro Osorio. No hemos encontrado ningún dato referente 
á este maestro. 

Rodríguez de la Rúa (Juan) . 

Dr. en Leyes. Figura como catedrático de Prima de Le- 
ves en 1464. En 30 de Enero de 1468, el Claustro le dio licen- 
cia para que fuese á Madrigal, cum pevceptione salar ii, á 
la Junta de la Hermandad, porque la ciudad le compelía á 
que fuese. En Claustro de 18 de Octubre de 1468 se declaró 
vacante la cátedra de Prima por muerte del Dr. de la Rúa. 

Rodríguez de San Isidro (Alfonso). 

Dr. en Cánones. Debía desempeñar en 1464 alguna cáte- 
dra cursatoria. En 15 de Julio de aquel año fué nombrado 
catedrático de Vísperas de Cánones; era bachiller cuando 



- 2?6- 

ganó la cátedra. Se graduó después de licenciado, y en 29 
de Enero de 1469 de doctor. En 19 de Octubre de 1479 se de- 
clara vacante la cátedra de Vísperas de Cánones por muer- 
te de dicho doctor. 

Rodríguez de San Isidro (Diego). 

Dr. en Leyes. En 1464 era catedrático de Vísperas de 
Leyes. En 2 de Diciembre de 1468 fué nombrado por oposi- 
ción catedrático de Prima de Leyes en la vacante del Dr. de 
Burgos. En 29 de Enero de 1469, el mismo día que su herma- 
no Alfonso, recibió el grado de Dr. en Leyes. Fué su padri- 
no el Dr. Alonso Sánchez de Avila. En 1503 figura como ca- 
tedrático jubilado. Murió en 1507: al consignarse la vacante 
de la cátedra en acta de 16 de Agosto de 1507 se dice que 
está sepultado el doctor en la iglesia de San Isidro de esta 
ciudad de Salamanca. 

Ruiz de Aranda (Pascual). 

Mro. en Artes. La historia del colegio de San Bartolomé 
dice que tal vez sea el colegial señalado con el número 93, 
Pascual del Moral. Los argumentos que emplea no son muy 
convenientes. Figura como catedrático de Filosofía natural 
desde 1464 en los libros de Claustros, pero como Lebrija en 
el quinquenio que pasó en Salamanca estudió con él, y por 
las notas apuntadas al tiempo de su jubilación sabemos que 
se hizo maestro en Artes el 28 de Noviembre de 1456, hay 
que poner el comienzo de su magisterio alrededor de esta 
fecha. En 29 de Febrero de 1468 fué designado por el Claus- 
tro para acompañar á Madrigal al Mro. Betoño á la Junta 
de la Hermandad. Los comisionados trajeron ciertas pro- 
visiones de la Junta que presentaron á la Universidad. Es 
declarado jubilado el 22 de Noviembre de 1476. El 26 de 
Agosto de 1477 fué recibido por la Universidad como Vice- 
cancelario: el nombramiento fué hecho á presentación de la 
Universidad y confirmación del Arzobispo de Toledo. Cesó 
en el cargo el 31 de Octubre de aquel año por haberse pre- 
sentado, con las cartas pontificias que le acreditaban como 
Maestrescuela, D. Gutierre de Toledo, hijo del Duque de 



- 277 - 

Alba. Por muerte del maestro fué declarada vacante la cá- 
tedra de Filosofía natural el 27 de Octubre de 1479. Los li- 
bros de Claustro nos informan de que Salamanca sufrió 
aquel año los horrores de una pestilencia: nada nos dicen, 
sin embargo, de si kis vacantes que ocurrieron fueron debi- 
das á ella ó á otra enfermedad. 

Ruiz de Medina (Francisco). 

Dr. en Medicina. En 1464, era catedrático de Vísperas de 
Medicina. Visitó á San Juan de Sahagún, según dijimos al 
hablar del Dr. de la Reina. Sucedió á este doctor en la cáte- 
dra de Prima de Medicina, de la que se hizo provisión el 15 
de Junio de 1469. No disfrutó mucho de ella: á fines de aquel 
año se anunció de nuevo á oposición la cátedra de Prima de 
Medicina. 

Ruiz de Segovia (Antón). 

Tenemos muy escasas noticias de este personaje: alguna 
vez se le cita sólo con el primer apellido (Antón Ruiz). Era 
Dr. en Decretos y fué Maestrescuela de Salamanca. Figu- 
ra en una carta de Juan II (1) como querellante en nombre 
de la Universidad en 1426. Y otra cita tenemos en la ins- 
cripción de 1433, que conservó Chacón. 

Salamanca (Antón de). 

Mro : en Artes. Algunas veces se le llama Rodríguez de 
Salamanca. Figura como repetidor de Lógica en 1466. Va- 
cante la cátedra de Retórica, se opuso á ella y fué nombra- 
do catedrático por voto de estudiantes, el 9 de Marzo de 1471. 
En 7 de Enero de 1480, se declara vacante la cátedra de Re- 
tórica por haber sido nombrado el Mro. Antón, catedrático 
de Filosofía natural. No hemos visto la fecha de esta pro- 
visión. En 19 de Octubre de 1504, se anuncia la vacadura de 
esta última cátedra, por muerte de Antonius Roderici, que 
por la razón antes apuntada, creemos que es el mismo maes- 
tro Antón de Salamanca. 



(1) Tomo I, p;i^. 114. 



- 278 - 

Salaya (Juan). 

Mro. en Artes. En Marzo de 1464 fué nombrado catedrá- 
tico en Astrología. Debió serlo hasta Junio ó Julio de 1469: 
de esta época hay un encabezamiento en el libro de Claus- 
tros que dice: "colación de la cátedra de Texto viejo de Ló- 
gica fecha al maestro Salaya,,. En 5 de Julio de 1469 se da 
por vaca la cátedra de Astrología. Figura desde esta época 
hasta 1480. Es presumible, aunque lo apuntamos con las na- 
turales dudas por no tener muy sólidos apoyos, que el ma- 
gisterio durase hasta 1488 en que sabemos fué nombrado 
catedrático de esta asignatura el maestro Carmona. 

Santo Domingo (Fr. Juan). 

Dominico. Mro. en Teología. No tenemos más datos que 
los que nos dan las historias del convento de San Esteban. 
Sucedió á Fr. Diego de Deza. Llevó la cátedra de Prima de 
Teología en 1487. No hemos podido averiguar cuándo cesó 
en el desempeño de la cátedra. Las historias de San Esteban 
dicen que hacia 1507: nosotros hemos encontrado en los li- 
bros de Claustro el nombre del Mro. León ya en 1503: pon- 
dremos el fin de su magisterio con las naturales reservas en 
esta fecha. 

Segura (Diego). 

Dr. en Leyes. No tenemos apenas datos del siglo xv. 
Sólo'hemos averiguado que hizo el juramento de 1.° de Mayo 
el año 1503; que era entonces catedrático de Vísperas de Le- 
yes; que fué nombrado catedrático de Prima en la vacante 
del Dr. Avila el 17 de Junio de 1503, y que pocos días des- 
pués, el 30 de Agosto, se declaraba de nuevo vacante la cá- 
tedra de Prima por muerte del Dr. Segura. 

Torre Martín (Alonso de la). 

Mro. en Teología. Figura con el número 134 entre los co- 
legiales de San Bartolomé, donde ingresó en 29 de Noviem- 
bre de 1461. En esta obra se dice que fué catedrático de 



- 279 - 

Teología en la Universidad de Salamanca. En los libros de 
Claustros hemos visto citado en los años 1464, 1465 y 1467 
un Br. Martín de la Torre como sustituto de San Juan á la 
Natividad de la Virgen de las cátedras de Prima y Vísperas 
de Teología. Después de esta fecha se conocen los nombres 
de casi todos los catedráticos de Teología. Creemos que no 
debe incluírsele entre los catedráticos de esta Universidad. 



Torres (Diego de). 

Lie. en Artes y Medicina. Nicolás Antonio dio cuenta de 
dos obras: una que vio sin portada en la biblioteca del Mar- 
qués de Mondejar y otra que citaba Tamayo de Vargas. So- 
bre estos incunables puede verse la obra de Haebler que 
hace mención de ellas. Una es el primer tratado de Medicina 
impreso en español: de él se ocupa la Bibliografía de la Me- 
dicina española de Morejón. En estos incunables se dice que 
el autor era, en el año 1485, catedrático de Astrología de la 
Universidad de Salamanca. No sabemos cuándo empezó, ni 
cuándo terminó en el desempeño de su cátedra. En los libros 
de Claustros hemos encontrado algunas notas anteriores á 
estas fechas. En 1469, fué nombrado sustituto, de San Juan 
á la Natividad de la Virgen, de la cátedra de Prima de Ló- 
gica; en 1471 de Filosofía natural; en los de 1472, 1473 y 1474, 
de la de Prima de Medicina, y en 1473, además ausente el 
Licenciado Fores catedrático de Vísperas de Medicina, y 
tal vez, impedido para leer, fué nombrado lector de esta 
cátedra por orden del Rector. 



Vázquez de Oropesa (Martín). 

La primera noticia casi que tenemos es la de su jubilación 
en la cátedra de Prima de Lógica que se le dio el 22 de Ju- 
lio de 1504. Fué por tanto nombrado catedrático de propie- 
dad hacia 14S4. Era entonces Mro. en Artes. En 5 de Enero 
de 1508 se incorporó á la Facultad de Medicina y desde en- 
tonces figura unas veces como doctor, otras como maestro 
y otras veces como doctor y maestro. En los libros de Claus- 



- 280 - 

tro se dice que el 8 de Octubre de 1530 quedó vacante la cá- 
tedra de Súmulas, aunque no se anunciase hasta el 19 del 
mismo mes. 

Villa (Juan de la). 

Dr. en Leyes. Fué nombrado catedrático de Vísperas de 
Leyes en la vacante del Dr. Maldonado Talavera, el 15 de 
Marzo de 1477. En 1503 figura ya como catedrático jubilado. 
Se declaró vacante la cátedra, por muerte del Dr. de la Vi- 
lla, el 3 de Abril de 1507. 



Villalón (Andrés). 

Dr. en Leyes. Sucedió al Dr. Bonilla en la cátedra de 
Vísperas de Leyes: fué nombrado el 1 de Febrero de 1473. 
En Julio de aquel año pidió su doctoramiento y se le señaló 
el día de Santiago. En Febrero de 1474 se habla de ausen- 
cias del Dr. Villalón; en 3 de Mayo de 1475 presenta al Claus- 
tro una carta del Rey pidiendo á aquél le dé licencia para 
ausentarse de la lectura de la cátedra que tiene y el Claus- 
tro se la concede por ser mandamiento del Rey. En Noviem- 
bre del mismo año pidió renovación de la licencia con otra 
carta del Rey, y la Universidad accedió á ello con disgusto. 
Prorrogándole las licencias la Universidad, y leyendo por 
sustituto el Dr. Villalón, continúa este estado de cosas has- 
ta 1480. En los libros de Claustros de 1503 no figura para 
nada este doctor. 

Xuárez (Alfonso). 

Mro. en Artes. Era hijo del Lie. Pedro Xuárez, á quien 
sucedió en una de las cátedras de propiedad de Prima de 
Gramática, de la que tomó posesión el 27 de Octubre de 1464. 
Antes había sido repetidor de Gramática. Desempeñó el 
cargo hasta su muerte. Se publicó la vacatura de la cáte- 
dra el 29 de Noviembre de 1475. 



- 281 



Xuárez (Pedro). 

Lie. en Artes. Era catedrático de Prima de Gramática. 
Compareció ante el Claustro en 17 de Agosto de 1464, para 
pedir que le admitiese la renuncia de su cátedra á favor de 
su hijo Alfonso, de quien decía que era orno mancebo e buen 
letrado. Debió morir poco después, pues hay una petición 
de su hijo hecha en 26 de Octubre de aquel año y en 
ella se dice, hablando del licenciado Pedro Xuárez: que 
Dios aya. 

Zacuth (Abraham). 

Hebreo de gran fama y uno de los más notables médicos 
de su época, fué llamado en consulta por los Reyes varias 
veces. Desempeñó la cátedra de Astronomía en la Univer- 
sidad salmantina, pero no se sabe durante cuanto tiempo, 
ni el día fijo en que se encargó de su explicación. Hay notas 
en el Archivo de las que se deduce que su clase se llenaba 
de alumnos, y que venían desde muy lejos á oir sus leccio- 
nes. Sobre este sabio doctor ha escrito un libro el distin- 
guido publicista é ilustre catedrático de Oporto D. Maxi- 
miano Lemos, adonde deben acudir los que deseen estudiar 
á Zacuth. 

De la obra Zacuto Lusitano, a sua vi a e a sua obra, por 
Maximiano Lemos, págs. 19 y siguientes, traducimos lo que 
va á continuación: 

De entre los hebreos más ilustres que de España fueron expul- 
sados, sobresale el astrónomo Abraham Ben Samuel Zacuth, tam- 
bién conocido por Diego Rodríguez. Este notable médico y mate- 
mático nació en Salamanca por los años de 1450, y fué catedrático 
de Astronomía en la Universidad de su ciudad natal y más tarde 
en la de Zaragoza (1). 

Desterrado de España vino á Portugal, donde luego fué nom- 
brado astrólogo de la Corte é historiador de D. ]uan II. Probable 



íl) Afirma A. Ribeiro de los Santos que Agustín Riccio, en su tratado De motit 
octava Spherce, publicado en 1513. confiesa que fué discípulo de Zacuth en Sala 
manca y Cartagena. (Memorias de Literatura, II, pág. 385). 



- 2S2 - 

es que fuese él el rabino de la judería de Lisboa á quien se refiere 
una orden de pago de 1493 (1). El favor que encontró con D. Juan II 
acentuóse mucho con su sucesor. 

El Sr. Méndez de los Remedios juzga probable que la carta de 
horría que D. Manuel concedió, en el principio de su reinado, á los 
judíos cautivos, fuese acto inspirado por Abraham Zacuth. Gaspar 
Correia afirma que D. Manuel era muy inclinado á la astronomía, 
por lo cual platicaba mucho con el judío Zacuth, porque en todo lo 
hallaba muy cierto. Con él se entendió el monarca portugués se- 
cretamente antes de la partida de la expedición de Vasco de Gama 
para la India. Zacuth estaba en Beja cuando el Rey le mandó á 
llamar para saber lo que la astrología pronosticaba respecto déla 
proyectada expedición. Sobre todo, deseaba averiguar si era una 
empresa posible y no una vana tentativa. Nada se haría sin la opi- 
nión de Zacuth, que podía reclamar el tiempo preciso para consul- 
tar los astros. Pasado tiempo, y después de haber regresado de 
Beja, el esclarecido astrónomo presentóse á D. Manuel y di jóle: 
«Señor, con el mucho cuidado que tomé en lo que Vuestra Alteza 
tanto me encargó, con el querer de Nuestro Señor, lo que hallé y 
tengo sabido es que la provincia de la India está muy lejos de esta 
nuestra región, separada por largos mares y tierras, todas de gen- 
tes negras ó naturales; en que hay grandes riquezas y mercadu- 
rías, que corren por muchas partes de! mundo, y todo de mucho 
peligro, primero que puedan venir á esta nuestra región, lo cual 
tengo bien mirado y por querer de Nuestro Señor alcanzado que 
Vuestra Alteza la descubrirá, y grande parte de la India someterá 
en muy breve tiempo, porque, Señor, vuestro planeta es grande 
bajo la divisa de Vuestra Real persona, la esfera en que se con- 
tienen los cielos y la tierra, que todo querrá Dios traer á vuestro 
poder, y todo acabará, lo que nunca acabará el Rey que Dios tie- 
ne, aunque todo su reino en eso gastara, porque esto Dios lo tenía 
guardado para Vuestra Alteza. Y hallo que la India la descubrieron 
dos hermanos vuestros naturales, mas cuáles ellos sean, yo no lo 
alcanzo. Mas pues de Dios así está ordenado, él lo mostrará, por 
lo que tengo dicho á Vuestra Alteza toda la verdad, de lo cual 
pongo mi cabeza en prenda, con la aprobación de Nuestro Señor, 

en cuyo poder todo está » (2). Vasco de Gama recibió de Zacuth 

avisos útiles, que aprovechó en su memorable expedición (3). Des- 
pués que los viajes á la India se repitieran, el astrónomo salmanti- 



(1) Sonsa Viterbo, Occorrencias da vida ¡minien iti Archivo Histórico, II. pá- 
gina 183. 

(2) Gaspar Correia Lendas de India, [, p;íg. 10. 

(3) Gaspar Correia, op. cit. págs. 16 y 23. 



- 283 - 

no procuró hacer secura la navegación en tan remotos parajes, 
para lo cual inventó un nuevo astrolabio de cobre, con el cual se 
podía determinar la altura del sol, y más tarde una aguja de ma- 
rear, «compás de los grados del Sur para la cuenta de las leguas 
en el discurso del sol». 

Para hacer observaciones cuando este astro estuviese cubierto, 
«concertó las tablas del discurso del sol, con las circunferencias 
de la estrella del Norte, para lo cual hizo otro artificio para tomar 
el punto en que estaba la estrella del Norte, á fin de que por todo 
ello los pilotos quedaran en muy perfecto saber de navegar en 
todos los tiempos con mucha perfección» (1). 

Sus grandes servicios no le protegieron todavía contra las per- 
secuciones inauguradas por D. Manuel, por instigación de Fer- 
nando é Isabel, y vióse obligado á buscar seguridad en Túnez. 
Realizó el viaje lleno de trabajos, y el médico judío por dos veces 
fué hecho prisionero. Aun en África sólo tuvo tranquilidad hasta 
la invasión española, viéndose entonces forzado á huir para Tur- 
quía, donde residió hasta su muerte, acaecida por los años de 1510. 

En 1473, estando aún en Salamanca, Zacuth escribió su Bi'ur 
Luhot, que fué publicado en una versión latina bajo el título de 
Almanach Perpetuutn por su discípulo José Vizinho (Leiría, 1496), 
que también lo tradujo en español y lo juntó á su She'erit Yosef. 

En 1504, durante su residencia en Túnez, escribió una Historia 
cronológica de los judíos, desde la creación hasta 1500, en que hace 
constantes referencias á la literatura judaica, y que tiene el título 
de Sefer ha Yuhasin. En esta obra, que Ribeiro de los Santos dice 
muy erudita y sabia, Zacuth da cuenta de la ley oral como trans- 
mitida de Moisés por los ancianos, profetas y sabios hasta el año 
de 1500, y recuerda los actos y monumentos de los reyes de Israel, 
así como los de algunos de los soberanos de las naciones vecinas. 
Consagra mucho espacio al cautiverio de Babilonia, á los aconte- 
cimientos que sucedieron durante el periodo del Segundo Templo, 
á las características de este periodo, á los príncipes del cautiverio 
y á los rectores de las Academias de Sura y Pumbedita. A pesar 
de haber incurrido el autor en numerosos errores, afírmase que es 
obra valiosa para el estudio de la historia literaria de los judíos. 

El Sefer ha Yuhasin fué publicado por Samuel Shalom con mu- 
chas omisiones y adiciones del editor (Constantinopla, 1566) y re- 
publicado en Cracovia en 1581, en Amsterdan en 1717, y en Koenis- 
berg en 1857. L'na edición completa apareció ese mismo año en Lon- 
dres, por el cuidado de Filipowski. 

Atribúyense á Zacuth otras tres obras: Sefer Tekunat Zakkut, 



<\) Gaspar Correia, op. cit. I, págs. 261 y siguientes. 



- 284 - 

libro de astronomía que aun está manuscrito; Arba im la Binah, 
tratado de astrología, y Hosafot le Sefer ha-Arut, diccionario ra- 
bínico arameano, sobre el cual Seiger publicó una noticia en The 
Jewish Encyclopedia , XII, art. Zacuth. Atribuyele también Kay- 
serling un manuscrito con el título: Del clima y sitio de Portugal, 

Zamora (Maestro). 

No hemos visto nunca citado el nombre de este gramáti- 
co. Era Mro. en Artes: en 1464 desempeñaba una de las cá- 
tedras de Prima de Gramática. El Claustro de Consiliarios 
acordó en 15 de Mayo de ese año no pagarle su salario por 
no haber querido ni querer leer cierta lectura de Evange- 
lios en su cátedra. Pocos días después, el mismo Claustro 
le levantó la pena por haberse sometido el maestro á sus 
acuerdos. Desempeñando su cátedra siguió los años sucesi- 
vos, pero como faltan los libros desde 1480, no sabemos 
cuándo cesaría en el desempeño de ella. 

Terminamos esta parte de nuestro trabajo confesando 
que es más lo que falta que lo que hemos hecho, pero el 
Archivo universitario tiene poca documentación de este 
siglo. El examen practicado nos autoriza, hasta cierto pun- 
to, á advertir de la poca seguridad de los datos que, refe- 
rentes á dicho siglo, consigna Vidal y Díaz en el Apéndi- 
ce VII de su obra. No todos ellos son erróneos, pero como 
su trabajo está basado principalmente en la Biblotheca de 
Nicolás Antonio, en la historia del colegio de San Barto- 
lomé y en el anuario que acompaña á la memoria de la Uni- 
versidad de Salamanca del curso de 1860-61, y ninguno en 
investigaciones de los fondos del Archivo universitario, 
hace propias, con todos los errores que tienen, las notas 
que vio en las obras que consultó. Así incluye en la lista de 
catedráticos á más de Díaz de Costana, Prexamo, Mella y 
otros de que hemos hablado, á Díaz de Montalvo, Juan de 
la Encina, á un Juan López y á las que el anuario llama 
Señoras científicas, D. ,a Beatriz Galindo y D. a Lucía de Me- 
drano, que nosotros no incluímos por no haber visto hechas 
citas, aunque con mucho gusto lo haríamos si encontráse- 
mos alguna fuente segura en que apoyarnos. 




CAPÍTULO V 

Catedráticos de la Universidad de Salamanca en el siglo XVI. —De Cáno- 
nes. —Leyes. — Teología. — Medicina. — Artes. — Gramática.— Cátedras 
cursatorias. — Colegios y otras cátedras. — Noticias biográficas y bi- 
bliográficas de los más notables. 

Cánones. 



sta Facultad tiene las mismas cátedras de pro- 
piedad que en el siglo anterior. En las clases cur- 
satorias se puede determinar mejor el número de 

sus catedráticos por haber documentación abundante en el 

Archivo. 

Cátedra de Prima (a). 

1532 37 Alvarez de Tapia (Francisco). 
537 41 Azpilcueta (Martín de). 
541 49 Collado (García del). 
549 (?) 80 Aguilera (Antonio de). 
580 98 Vera (Diego de). 
598 603 Yáñez de Deza y Frechilla (Juan) . 

Cátedra de Prima (b). 

512 (?) Puebla (Pedro de la). 
(?) 30 Olarte (Juan de). 

530 35 Montemayor (Antonio de). 

535 49 Puebla (Juan de la). 
549 51 (?) Yáñez de Frechilla (Francisco). 
551 (?) 57 León (Francisco). 

558 69 Díaz de Sandoval (Gutierre). 

569 91 Gutiérrez de Moya (Cristóbal). 

591 97 Sahagún de Villasante (Diego). 
597 602 Espino de Cáceres (Diego de). 



- 286 - 

Cátedra de Decreto. 

1507 (?) Olarte (Juan de). 
(?) 25 (?) Alvarez de la Carrera (Jerónimo). 
526 (?) 28 Castro (Juan de). 

528 32 Alvarez de Tapia (Francisco). 
532 37 Azpilcueta (Martín de). 
538 49 Aguilera (Antonio de). 
550 63 Xuárez (Pedro). 
563 80 Vera (Diego de). 
581 83 Azpilcueta (Martín Salvador). 
583 601 Busto (Martín de). 

Cátedra de Vísperas (a). 

(?) 507 Olarte ([uande)(l). 

507 12 Puebla (Pedro de la). 
512 (?) Monleón (Juan de). 

(?) 22 Váñez de Frechilla (Fernando). 

522 23 Alba (Cristóbal de). 

523 28 Alvarez de Tapia (Francisco). 
528 35 Puebla (Juan de la). 

535 41 Collado (García del). 

541 50 Xuárez (Pedro). 

550 66 Pérez (Luis). 

566 84 Acosta (Miguel de). 

584 98 Yáñez de Deza y Frechilla (Juan). 

598 99 Blasco de Medrano (Pedro)." 

Cátedra de Vísperas (b). 

(?) 507 Puebla (Pedro de la). 

508 (?) Alvarez de la Carrera (Jerónimo) (2), 
(?) 22 Diez de Alcocer (Fernando). 

522 30 Montemayor (Antonio de). 
530 59 Ciudad (Juan de). 



(1) No hay datos que permitan asegurar que el Dr. Olarte fuese sucesor del 
Dr. Oropesa. Se le coloca aquí porque teníamos que poner á alguno. 

(2) No hay datos para afirmar con certeza quiénes fueron los sucesores de los 
Dres. Monleón y Carreras en las cátedras de Vísperas. 



- 287 - 

1560 69 Gutiérrez de Moya (Cristóbal). 

569 81 Azpilcueta (Martín Salvador). 

581 91 Sahagún de Villasante (Diego de). 

591 97 Espino de Cáceres (Diego de). 
597 600 Gallegos (Dr. Alonso de). 

Cátedra de Sexto y Clementinas. 

504 06 Ferrera (Francisco de). 

506 26 Castro (Juan de). 

526 57 Benavente (Antonio de). 

557 58 Díaz de Sandoval (Gutierre). 

553 67 Castillo (Juan del). 

567 74 Pérez (Diego). 

574 83 Busto (Martín deh 

583 91 Espino de Cáceres (Diego de). 

591 97 Gallegos (Alonso de). 

597 99 Rodríguez de Carvajal (Rafael). 

Cátedras cursatorias. 

Son cuatro: las designaremos con las letras a, b, c, d. 
Desde el curso académico de 1518-19 se puede determinar, 
con bastante precisión, quiénes fueron los que las desempe- 
ñaron, pero hasta esa fecha las noticias que hay del profe- 
sorado son algo confusas. De este primer periodo se deben 
citar los nombres de Soto, Juan de Monleón, Juan de Cas- 
tro, Miguel de Cuéllar, Francisco Ferrera, Flores, Figue- 
roa, Cristóbal de Alba (1508), Fernando Yáñez de Frechilla 
y otros. 

Cursatoria (a). 

(?) 1519 Alba (Cristóbal de). 
519 21 Alvarez de Tapia (Francisco). 
522 30 Rodríguez de P'igueroa (Lie. Juan) (1). 
530 33 Montalvo (Lie. Francisco). 
533 35 Cortes (Lie. Pedro). 
535 48 Yáñez de Frechilla (Dr. Francisco). 



(1) De la mayor parte de los catedráticos de cátedra cursatoria, lo mismo de 
ésta que de las demás Facultades, no haremos mención en las notas biográficas. 



-- 288 - 

1549 57 Aguilar (Lie. Tello de). 
557 66 Acosta (Miguel de). 
567 74 Guerrero (Dr. Antonio). 
574 79 Espino de Cáceres (Diego de). 
579 83 Ocon (Lie. D. Juan). 

583 84 Ramírez (Dr. Juan). 

584 92 Alderete (D. Diego de). 
592 97 Pareja (Juan de). 

597 600 Ortega (Dr. Juan de). 

Cursatoria (b). 

512 22 Benavente (Antonio de). 

522 23 Ortiz (Br. Pedro). 

523 28 Fuenmayor (Lie. Alonso de). 
528 29 Azpilcueta (Martín de). 

529 (?) 32 Álava Esquivel (Lie. Diego de). 

532 35 Estella (Lie.) 

535 38 Aguilera (Antonio de). 

538 46 Muñoz (Lie. Fernando). 

546 39 Díaz de Sandoval (Gutierre). 
549 51 (?) Colmenares (Lie.) 
553 (?) 55 López de Mora (Lie. Pedro). 

555 60 Pérez (Dr. Diego). 

560 62 González (Dr. Antonio). 

562 74 López (Dr. Juan). 

574 84 Guerrero (Dr. Antonio). 

584 89 Blanco de Salcedo (Dr. Luis). 

5S9 92 Rodríguez de Carvajal (Rafael). 

592 96 Bal ma seda (Bernardo de). 

5% 96 Parra (Lie. Beltrán de la). 

596 99 Cornejo de Pedrosa (Lie. Bartolomé). 
599 601 Salamanca (Lie. D. Luis de). 

Cursatoria (c). 

(?) 520 Criado (Lie.) 
520 20 Grado (Lie.) 
520 23 Ciudad (Juan de). 
523 28 Puebla (Juan de la). 
528 35 Collado (García del). 



- 289 - 

1535 40 Bello (Lie. Fernán). 
540 48 Covarrubias (Diego de). 
548 57 Castillo (Juan del). 

557 62 Ulloa (Lie. Gerónimo de). 

562 74 Busto (Martín de). 
574 77 López (Dr. Juan). 

577 84 Suárez de Paz (Dr. Gonzalo). 
584 91 Mondragón (Dr. Pedro de). 
591 93 Rosales (Lie. Bernardino de). 
593 95 Vallejo (Lie. Gaspar). 
595 98 Blasco de Medrano (Lie. Pedro). 
598 99 Pareja (Juan de). 
599 603 Cornejo de Pedrosa (Lie. Bartolomé). 

Cursatoria (d). 

(?) 520 Montemayor (Antonio de). 

520 22 Pero ó Perero (Lie.) 

522 22 Madrid (Br.) 

522 26 Castro (Br. Juan de). 

526 33 Fuente (Lie. Bernaldino déla). 

533 38 Xuárez (Pedro). 
538 42 (?) Pérez de la Fuente (Dr. Hernán). 
542 50 (?) Pérez (Dr. Luis). 
550 (?) 51 (?) Lie. D. Enrique. 

551 54 Gómez de Montalvo (Lie.) 

554 53 Vera (Diego de). 

558 60 Gutiérrez de Moya (Cristóbal). 
560 63 Vera (Diego de). 

563 67 Pérez (Diego). 

567 63 Azpilcueta (Martín Salvador). 

568 69 Sahagún de Villasante (Diego de). 

559 71 Albornoz (Lie. Francisco de). 
571 74 Espino de Cáceres (Diego de). 
574 79 Cruz (Lie. Juan de la). 

579 83 Silvente de Cárdenas (Lie. Antonio). 
583 86 Gallegos (Alonso de). 
586 90 Fernández de Boan (Lie. Juan). 
590 97 Almansa (Lie. Juan de). 
597 600 Sotillo de Mesa (Lie Alonso). 

i; 



- 290 - 

Leyes. 

Esta Facultad tiene las mismas cátedras de propiedad 
que en el siglo anterior. Lo que aumenta considerablemen- 
te es el número de las cursatorias. A principios de siglo se 
habla va de dos cátedras de Código y otras dos de Institu- 
ta. En 4 de Marzo de 1534 se empieza á leer una de Diges- 
to Viejo, y en 1551, probablemente después de la visita del 
Obispo de Coria, comenzó á leerse la de Volumen. 

Cátedra de Prima (a). 

1503 (?) 27 Galíndez de Carvajal (Lorenzo). 

527 30 Se leyó de media multa. No había catedrático. 
530 36 Montoya (Gaspar de). 
536 42 Castro (Benito de). 
542 65 Pérez de Grado (Alvaro). 
665 92 Solís (Antonio de). 
592 606 Enríquez (Gabriel). 

Cátedra de Prima (b). 

508 26 San Pedro (Tomás de). 

520 34 Rodríguez de San Isidro (Fernando). 
534 61 Peralta (Pedro do. 

561 62 Costa (Manuel da). 
502 63 Pinel (Arias). 
563 7 ( ) Rodríguez (Héctor i. 

579 84 Gómez de Valenzuela Pescador (Francisco). 
584 005 Enríquez (Diego). 

Cátedra de Vísperas (ai. 

503 (?) 21 Zúfíiga (Alonso de). 

521 31 Frías (Francisco de). 
531 36 Castro (Benito de). 

537 38 Velasco Martín de). 

538 61 Gómez (Antonio). 
561 86 Andrada (Juan de). 

580 602 León (Juan de). 



— 291 — 

Cátedra de Vísperas (b). 

1507 26 Rodríguez de San isidro (Fernando). 

527 34 Peralta (Pedro de). 

535 42 Pérez de Grado (Alvaro). 

542 72 Muñoz (Juan). 

572 84 Enríquez (Diego). 
584 600 Bernal (Cristóbal de). 

Cátedras cursatorias. 

Hasta el curso de 1518-19 los datos que hay sobre los ca- 
tedráticos de Código é Instituía son incompletos. Encon- 
tramos como catedráticos de Código á Palacios, Castrover- 
de, Martín Váñez, Alvendea, Villadiego, Diego Sánchez de 
Aguilera, Pedro de Medina, Diego López de Estúñiga, Lope 
de la Cruz, Hernández, Buendíay otros. Como catedráticos 
de Instituta hasta la misma fecha podemos citar á Juan de 
Oviedo, Lope de la Cruz. Juan del Castillo, Juan de la 
Fuente, Br. Peñas, Juan de Zumel, Sancho Diez, Francisco 
de Espino y algún otro. 

Instituía (a). 

(?) 1519 Montoya (Gaspar de). 

519 19 Castro (Benito de). 

520 23 Femino (Lie.) 

523 (?) Mohedano (Br. Juan de). 

(?) 29 Núñez de Montalvo (Lie. Hernán). 
529 31 Paz(Dr. Alvaro de). 
531 U León (Lie. Melchor de). 
534 37 Torres (Lie. Luis de). 
537 37 Xuárez (Lie. Antonio). 

537 33 Quesada (Lie.) 

538 40 Acuña (D. Pedro de). 

540 41 Muñoz Juan . 

541 44 Hernández (Francisco). 
544 47 Orozco (Dr. Juan de). 
547 49 Mercado (Lie. Pedro de). 



- 292 - 

1549 53 Guevara (Lie. Andrés de). 
553 56 Ribera (Lie. Sebastián de). 
556 57 Chaves (Lie. Hernando de). 
55S 59 Solís (Antonio de). 
559 60 Covarrubias (Lie. Antonio de). 
550 62 Martínez Espadero (Lie. Alonso). 
552 67 Valcazar ó Valcarcer (Lie. Francisco de), 

567 68 López (Dr. Asensio). 

568 69 Vidania (Lie. Antonio). 

569 72 Valladares (Lie.) 

572 73 Fernández de Torquemada (Dr. Pedro). 
574 76 Villares (Lie. Pedro dé). 

576 77 Gudiel (Lie. Francisco). 

577 77 Rivadeneira (Dr. Alvaro de). 
577 79 Navarrete (Lie.) 

579 79 García de Axpe(Dr. Juan). 

580 83 Barrientos (Lie. Fernando de). 
583 86 González Melón (Lie. Alonso). 
586 89 Díaz de Mendoza (Lie. Ruy). 

589 90 Argote (Lie. D. Juan de). 

590 95 Arellano(Lic. Alvaro). 

595 601 Flórez Melón (Lie. Sancho). 

Instituía (b). 

(?) 519 Gómez (Dr. Francisco). 
519 23 Peralta (Pedro de). 
523 (?) Sayavedra (Lie.) 
(?) 27 Pérez de Grado (Alvaro). 
527 29 Paz (Lie. Alvaro de). 
529 32 Gómez (Antonio). 
532 34 López de Ribera (Lie. Pedro). 
534 37 Sánchez de Corral (Lie. Juan). 

537 38 Ortiz (Lie. Miguel). 

538 40 García de Castro (Lie. Lope). 

540 41 León (Francisco de). 

541 46 Santillana (Lie. Alonso de). 
546 49 Vélez de Otalora (Lie. Juan). 

549 51 (?) Abedillo (Dr. Francisco de). 
553 (?) 54 Ovando (Lie. Juan de). 



- 293 - 

1554 55 Escobar (Lie.) 

555 56 Guzmán (Lie. Buenaventura de). 

556 59 Ramírez de Arguelles (Dr. Pedro). 

559 59 Roche (Lie. Cristóbal). 

560 60 Cervera (Lie. Fernán). 

560 61 Roda (Lie. Gerónimo de). 

561 64 Gómez (Dr. Juan Bautista). 

564 66 Chumacero de Sotomayor (Lie. Francisco). 
566 68 Núñez Boorques (Lie. Alonso). 
568 68 Bernal (Cristóbal de). 

568 69 Liciniana (Lie. Diego de). 

569 69 Somonte (Lie.) 

569 71 Márquez (Lie. Pedro). 

571 72 Gómez de Valenzuela Pescador (Francisco). 
572 75 (?) López de Ayala (Lie. D. Diego). 
575 (?) 76 Rodríguez (Manuel Alfonso). 

576 78 Maldonado Bonal (Dr. Antonio). 

578 82 Ramírez de Arellano (Lie. Gil). 

583 84 León (Juan de). 

584 84 Tapia (Lie. Pedro de). 

584 85 (?) Peralta (Dr. Antonio de). 

585 (?) 89 Meneses de la Parra (Dr. Gonzalo), 
589 91 Frías (Lie. Juan de). 

591 93 Ordónez de Portocarrero (Lie. Rodrigo). 

593 94 Vela (Lie. D. Juan). 

594 98 Pichardo (Antonio). 
598 602 Diez (Marcos). 

Código (a). 

(?) 520 Espinosa (Dr.) 
520 29 Castro (Benito de). 
529 31 Grado (Alvaro de). 
531 34 Galarza (Br. Beltrán de). 
534 38 Paz(D. Alvaro de). 

538 39 Ortiz (Lie. Miguel). 

539 44 Santiago (Dr. Antonio de). 
544 51 (?) Hernández (Dr. Francisco). 
551 (?) 54 Avedillo (Dr. Francisco de). 

554 56 Ovando (Lie. Juan de). 



- 294 — 

1556 59 Guzmán (Lie. Buenaventura de). 
559 61 Solís (Antonio de). 
561 64 Diez de Rivadeneira (Lie. Fernán). 

564 65 Gómez (Dr. Juan Bautista). 

565 68 Gómez de Aireo ó Halreo (Lie. Francisco). 

568 72 Bernal (Cristóbal de). 

572 76 Gómez de Valenzuela Pescador (Francisco). 
576 78 Villares (Lie. Pedro deK 

578 79 Maldonado Bonal íDr. Antonio). 

579 79 Xavarrete (Lie. Juan Bautista). 
579 85 (?) García de Axpe(Dr. Juan). 
585 (?) 90 Luyando (D. Ochoa de). 

590 93 Fernández de Argote (Lie. Juan). 
593 98 Ordóñez de Portocarrero (Lie. Rodrigo). 
598 602 Pichardo (Antonio). 

Código ib). 

(?) 519 Frías (Francisco de). 
519 23 Montoya (Gaspar de). 
523 (?) Femino (Lie.) 
(?) 27 Saavedra (Lie. Antonio de). 
527 29 Grado (Alvaro de). 
529 31 Núñez de Montalvo (Lie. Hernán). 

531 32 Brizeño (Lie.) 

532 34 Gómez (Antonio). 

534 35 López de Ribera (Dr. Pedro). 

535 37 Velasco (Martín de). 
537 37 Torres (Dr. Luis de). 
537 41 Sarmiento (D. Juan). 

541 42 Muñoz (Juan). 

542 49 Contreras (Lie. Gerónimo de). 
549 53 Mercado (Lie. Pedro de). 

553 (?) 55 Guevara (Lie. Andrés de). 
555 58 Escobar (Lie. Diego de). 
558 62 Meneses Padilla (Lie. Antonio de). 
572 63 Martínez Espadero (Lie. Alonso). 
563 65 Roda (Lie. Gerónimo de). 
565 69 Enríquez (Diego). 

569 71 Liciniana (Lie. Diego de). 



— 2 Q 5 — 

1571 73 Vidania iDr. Antonio). 
573 70 Fernández de Torquemada (Dr. Pedro). 
576 79 Rodríguez (Dr. Manuel Alfonso). 

580 81 Luna (Lie. D. Fernando). 

581 84 Enríquez (Gabriel). 
584 84 León Juan de). 

;>s4 86 Tapia (Lie. Pedro de). 

586 86 Avalos Dr. D. Juan de). 

.586 80 González Melón (Lie. Alonso). 

589 91 Meneses de la Parra (Dr. Gonzalo i. 

591 93 López Bueno (Lie. Diego). 

593 94 Virbiesca (Lie. Diego de). 

594 9"> Vela (Lie. Juan). 

505 98 Arellano (Lie. Alvaro de). 
598 601 Márquez de Gaceta (Lie. Francisco). 

Volumen. 

551 ,53 Sarmiento (Lie. Francisco). 

553 54 Andrada (Juan de). 

554 57 Raposo de Castro (Lie. Hernando. 
.557 64 Arias (Dr. Cristóbal). 

564 65 Ramírez de Arguelles (Dr. Pedro). 

565 69 Gómez Dr. Juan Bautista). 
569 72 Enríquez (Diego). 

572 73 Bernal Cristóbal de). 

573 76 Vidania (Dr. Antonio de). 

576 79 Gómez de Valenzuela Pescador (Francisco) 

579 80 Navarrete (Lie. Juan Bautista). 

580 82 Rodríguez (Dr. Manuel Alfonso). 
.582 «4 Ramírez de Arellano (Lie. Gil 1. 
584 86 León - Juan de). 

586 89 Tapia (Lie. Pedro de). 

589 90 González Melón (Lie. Alonso). 

590 91 Avalos (Dr. D. Juan de). 

591 95 Frías (Lie. íuande). 

595 98 Vela (Lie. D. Juan). 

598 99 Arellano (Lie. D. Alvaro de). 



- 296 - 

Digesto Viejo. 

1534 34 Galarza (Lie. Beltrán de). 
534 38 Gómez (Antonio). 
538 41 Paz (Dr. Alvaro de). 
541 51 (?) León (Francisco de). 

551 (?) 54 Orozco (Dr. Juan de). 

554 56 Avedillo (Dr. Francisco de). 
556 60 Villafáña (Lie. Francisco de). 

560 61 Andrada (Juan de). 

561 65 Solís (Antonio de). 

565 65 Roda (Lie. Gerónimo de). 
565 73 Becerril (Dr. Tuan de). 
573 84 Bernal (Cristóbal de). 
584 86 Rivadeneira (Lie. Alvaro de). 
586 92 Enríquez (Gabriel). 
593 600 Caldeira (Francisco de). 

Teología . 

Conserva las mismas cátedras de propiedad que en el si- 
glo anterior. En lo que hay diferencia es en lo referente á 
las cátedras cursatorias. Las de Santo Tomás y Escoto, es- 
tablecidas ya en el siglo xv, pero que se leían en los con- 
ventos de Santo Domingo y Mínimos, fueron trasladadas á 
la Universidad. No se sabe á punto fijo cuándo se hizo es- 
te traslado, pero tenemos datos de los catedráticos de estas 
materias desde principios del siglo xvi. En el año 1508 se 
estableció la cátedra de Teología de nominales, la cual en 
el transcurso del siglo, se llamó también de Gregorio de 
Arimino y de Durando. Además se leyeron algunas veces 
cursos extraordinarios. 

Cátedra de Prima. 

1503 (?) 26 León (Fr. Pedro de). 

526 46 Vitoria (Fr. Francisco de). 
546 52 (?) Cano (Fr. Melchor). 

552 (?) 60 Soto (Fr. Domingo de). 



- 297 - 

1560 64 Sotomayor (Fr. Pedro de). 

564 76 Corpus Christi (Fr. Mando de). 

576 81 Medina (Fr. Bartolomé de). 
581 604 Báñez (Fr. Domingo). 

Cátedra de Vísperas. 

(?) 507 Maynar (Juan de). 
597 28 Frías (Martín de). 

528 32 Vázquez de Oropesa (Bernardino). 
532 49 Soto (Fr. Domingo de). 

549 51 (?) Gil de Nava (Juan). 
551 (?) 60 Sotomayor (Fr. Pedro de). 
561 65 Peña (Fr. Juan de la). 
565 600 Guevara (Fr. Juan de). 

Cátedra de Biblia. 

(?) 507 Frías (Martín de). 
508 18 (?) Peña fiel (Fr. Alfonso de). 

518 519 Paz (Fr. Matías de). 
519 24 (?) Oria (Juan de). 
524 (?) 528 Vázquez de Oropesa (Bernardino), 

529 38 Ortiz (Pedro). 
538 40 Gómez (Pedro). 
540 79 Gallo (Gregorio). 
579 91 León (Fr. Luis de). 

591 600 Curiel (Juan Alonso de). 



Cátedras cursatorias. 
Escoto. 

504 05 Pajares (Lie.) 
505 (?) 22 Ortega (Mro. Juan de). 
522 28 Prades (Lie. Fr. Juan de). 
528 31 Pérez (Br. Juan). 
531 35 Gómez (Lie. Pedro) 

535 36 Jiménez de San Martín (Lie. Juan). 

536 40 Sancho (Francisco). 



- 298 - 

1540 41 Sandoval (Mro.) 

541 41 Villegas (Mro.) 

541 42 (?) López (Fr. Francisco). 

542 43 Tricio (Mro.) 

543 47 Torres (Mro. Bartolomé). 

547 50 (?) Zúñiga é Avellaneda (D. Gaspar de 
550(?)51 (?) Roa (Martín de). 
551 (?) 57 Peralta (Martín de). 

557 58 Torquemada (Mro. Diego de). 

558 60 Vela (Cristóbal de). 
560 62 Barrio (Lie. Lope de). 
562 65 Espinar (Mro. Pedro del). 
565 73 Vela (Cristóbal de), 

573 76 Castillo (Mro. Fr. García del). 
576 82 Aragón (Mro. Fr. Pedro de). 
582 85 Curiel (Juan Alonso de). 
585 91 Mendoza (Fr. Alonso de). 
591 91 Luna (Mro. Fr. Alonso de). 
591 93 Sepúlveda (Fr. Marcos de). 
593 601 Herrera (Fr. Pedro de). 

Santo Tomás. 

500 (?) 04 Navarro (Martín). 
504 07 Poveda. 

507 08 Suberagero. 

508 09 Medina (Fr. Alonso de). 

509 (?) Merino (Fr. Francisco) (1). 
(?) 518 Paz (Fr. Matías de). 

518 22 Vázquez de Oropesa (Bernardino). 
522 22 Enríquez (D. Alonso). 
522 (?) Astudillo (Mro. Fr. Pedro de). 
(?) 28 Oncala ú Honcala (Lie. Antonio de). 

528 29 Prades (Lie. Fr. Juan de). 

529 31 Vela (Mro. Esteban). 

531 32 Guerrero de Logroño (Mro. Pedro). 

532 38 Vega (Lie. Andrés de). 
538 38 Gallo (Gregorio). 



I) Hay datos muy incompletos de los cinco primeros. 



- 299 - 

1538 40 Gil de Nava (Juan). 

540 41 Quintanilla (Lie). 

541 (?) Navarro. 

(?' 43 Gómez (Lie. Juan). 

543 48 Delgado (Mro. Francisco). 
.548 40 (?) Carrionero (Dr. Antonio). 
550 (?) 54 Muñón (Mro. Sancho de). 

554 56 Vicente (Martín) 

556 57 Guevara (Fr. Juan de). 

557 61 Peralta (Martín de). 
561 65 León 'Fr. Luis de). 

565 67 Espinar Albendea (Mro. Pedro del). 
557 94 Rodríguez Lencina (Mro. Diego). 
594 96 Antolínez (Fr. Agustín). 



Teología nominal. 
Gregorio de Arimino ó Durando. 

508 Fué designado por el Claustro de 2 de Octubre 
para desempeñarla un Mro. Monforte, pero 
no sabemos si tomó ó no posesión de la cá- 
tedra. 
(?) 518 Gil (Mro. Gregorio). 
519 22 Pérez (Lie. Diego). 
522 24 (?) Vázquez de Oropesa (Bernardino). 
524 (?) 30 Córdoba (Fr. Alonso de). 

530 31 Pérez de Oliva. 

531 32 Pérez (Lie. Juan). 

532 35 Guerrero de Logroño (Mro. Pedro). 
535 38 Gómez (Lie. Pedro). 

538 40 Gallo (Gregorio). 
540 41 (?) Sancho (Francisco). 
542 (?) 43 Causo (Mro. Pedro de). 

543 47 Gómez (Lie. Juan). 

547 50 Urranga 'Lie. Hernando de). 
550 (?) 54 Palacios (Lie. Miguel de). 

556 57 Vicente (Martín). 

557 65 Guevara (Fr. Juan de). 
565 73 León (Fr. Luis de). 



- 300 - 

1573 76 Medina (Fr. Bartolomé de). 

576 77 Castillo (Fr. García del). 

577 81 Báñez (Fr. Domingo). 

581 82 Guzmán (Fr. Domingo de). 

582 86 Vicente (Mro. Fr. Juan). 
586 91 Curriel (Juan Alonso). 

591 96 Luna (Mro. Fr. Alonso de). 



Partidos de Teología. 

565 72 Gallo (Fr. Juan). 

573 76 Uceda (Mro. Fr. Pedro de), 

577 78 León (Fr. Luis de). 

578 81 Guzmán (Fr. Domingo de) 



Medicina. 

Las cátedras de propiedad son las mismas que antes, 
una de Prima y otra de Vísperas, hasta que en 1577, por 
acuerdo del Claustro y aprobación real (1), una de las cur- 
satorias se convirtió en cátedra de propiedad. Sin embar- 
go, se diferenciaba de las anteriores en que no ganaba resi- 
duo, y aquéllas sí. Lo que hubo durante este siglo fué un 
aumento considerable en las cátedras cursatorias. En 1530 
empezaron á leerse dos cátedras: una de Avicena, en la que 
desde 1558 se leía además á Galeno, que se convirtió en cá- 
tedra de propiedad en 1577, y otra de Artícela, llamada tam- 
bién de Práctica de Artícela ó Articila. En Claustro de 9 
de Septiembre de 1551 se acordó la creación de una cátedra 
de Anatomía. Ya en los estatutos del 1561 se habla de una 
cátedra en que, durante dos cursos, se ha de leer el Método 
de Galeno, y desde 1570 no se dice nada de la cátedra de 
Artícela y sí de la de Método. Sospechamos que son una 
misma. En 1566 se crea una cátedra de Cirugía, y en 1573 
otra de Simples. Además se leyeron cátedras extraordi- 
narias. 



(1) Tomo I, pág. 565. 



- 3Ó1 - 

Cátedra de Prima. 

(?) 1526 Alvarez de la Reina (Fernando). 
526 28 Parra (Alonso de la). 

528 36 Fernández (Gonzalo). 
536 48 López (Agustín). 

548 57 Alderete (Lorenzo de). 
557 59 Cartagena (Francisco de). 
559 63 Pérez de Cubillas (Lorenzo). 
563 91 Medina (Cosme de). 
591 610 Soria (Rodrigo de). 

Cátedra de Vísperas. 

512 (?) 26 Parra (Alonso de la). 
526 28 Hernández (Gonzalo). 

529 61 Parra (Antonio de la). 
561 63 Medina (Cosme de). 

563 611 Núñez (Ambrosio). 

Cátedra de Medicina (propiedad). 
577 610 Bravo (Juan). 

Cátedras cursatorias. 
Avicena. 

530 36 López (Agustín). 

536 48 Alderete (Lorenzo de). 

548 48 Vega (de Alcalá) (Dr. Cristóbal de). 

548 59 Pérez de Cubillas (Lorenzo). 

559 60 Enríquez (Lie. Pedro). 

560 60 Bravo (Juan). 

560 63 Núñez (Ambrosio). 
563 77 Bravo (Juan). 

Articela-Método. 

530 33 Sepúlveda(Lic) 

533 36 Alderete (Lorenzo de). 

536 40 Sepúlveda (Lie.) 



- 302 - 

1540 45 Pérez de Cubillas (Dr. Juan). 
545 46 Núñez (Dr. Luis). 
546 50 (?) Cartagena (Lie. Francisco de). 
550 (?) 57 Xaramillo (Lie. Andrés de). 
557 59 Medina (Cosme de). 

559 60 Núñez (Ambrosio). 

560 63 Bravo (Juan). 

563 67 Lemos (Lie. Luis de). 

567 75 Vázquez (Dr. Agustín). 

575 91 Soria (Rodrigo de). 

591 97 Espinosa (Dr. Diego Felipe de). 

Anatomía. 

551 61 Medina (Cosme de). 

561 62 No hubo catedrático. 

562 67 Vázquez (Lie. Agustín). 
567 75 Soria (Rodrigo de). 

575 96 Vázquez (Agustín). 

Cirugía. 

56S 85 (?) Alcázar ó Valcázar (Lie. Andrés), 
585 (?) 93 Muñoz Montenegro (Lie. Lucas). 

Simples. 

573 83 Tiedra (Miguel de). 

584 91 Espinosa (Dr. Diego Felipe de). 

591 97 Medrano (Dw Cristóbal de). 

597 98 Xúñez de Zamora (Dr. Antonio). 

Partido de Medicina. 
562 74 Pérez de Cubillas (Dr. Juan). 

Partido de Anatomía. 

592 97 Ruiz de Ochoa (Lie. Diego). 



- 303 - 

Artes. 

Incluímos en este grupo, como lo hemos hecho en el siglo 
anterior, las restantes cátedras de propiedad y las cursato- 
rias que se establecieron en el transcurso del siglo. Aun- 
que nuestro deseo hubiese sido dar un cuadro completo de 
los catedráticos encargados de las varias cátedras que se 
leían en la Universidad, tenemos el triste convencimiento 
de que no lo hemos logrado en lo referente á los estudios de 
esta Facultad. La multiplicidad de cátedras de una parte y 
de otra el poco tiempo que algunos las desempeñaron, uni- 
dos á los frecuentes cambios de plan que sufrió la ense- 
ñanza de la Gramática en nuestra Escuela, hacen muy difí- 
cil realizar un estudio definitivo. 

Cátedra de Filosofía moral. 

(?) 1519 Valdivielso (Fr. Alonso de). 
519 25 (?) Colonia (Simón de). 
525 (?) 30 Margallo (Pedro). 

530 41 Córdoba (Fr. Alonso de). 
541 49 Gil de Nava (Juan). 
549 78 Sancho (Francisco). 
578 79 León (Fr. Luis de). 
580 607 Zumel (Fr. Francisco de). 

Filosofía natural. 

504 OS Navarro (Martín). 
508 22 Ortega (Juan de). 
522 35 Martínez de Silíceo (Juan). 
535 85 Hernández (Enrique). 
585 86 Curiel (Juan Alonso de). 
586 603 Sánchez (Francisco). 

Súmulas. 

530 47 Martínez de San Millán (Juan). 
547 56 Gómez (Juan). 
557 61 Vicente (Martín). 



- 304 - 

1561 79 Peralta (Martín de). 

579 82 Francés (Miguel). 

582 92 Aragón (Fr. Pedro de). 
593 600 Sepúlveda (Fr. Marcos de). 

Lógica magna. 

523 40 San Juan (Fr. Domingo de). 
540 41 Gil de Nava (Juan). 
541 (?) 49 Sancho (Francisco). 
549 84 Torres (Fr. Gaspar de). 
584 623 Sánchez (Fr. Bartolomé). 

Cursos de Artes. 

Con esta denominación se comprenden las seis cátedras 
cursatorias de Filosofía que se dieron durante este siglo. 
De los primeros años tenemos datos muy incompletos. 
Cuando se hizo la creación de la cátedra de Teología no- 
minal se fundaron también otras dos: una de Lógica y otra 
de Físicos de nominales. En 1518 se daban, además de la 
cátedra llamada de Físicos, una de Nominal, otra de Lógi- 
ca nominal, otra de Físicos de nominales y tres cursos rea- 
les. Esta denominación dura hasta 1522, después parece que 
empieza á. usarse la genérica decursos de Artes y los Es- 
tatutos nos hablan luego de la cátedra de Físicos, y de las 
Regencias de Artes de Súmulas, Lógica y Filosofía. 

Físicos. 

(?) 1507 Subcragero. 
507 (?) Torres (Pedro de). 

(?) 19 Colonia (Simón de). 
519 (?) Sancti Spíritus (Mro. Pedro). 

(?) 29 Espinosa (Br.) 
529 33 Navarrete (Mro.) 
533 35 Hernández (Enrique). 

535 36 Espinosa (Mro. Lope de). 

536 36 Vera (Mro. Pedro de). 
536 40 Sandoval (Mro.) 



— 305 - 

1540 41 Villegas (Mro.) 
541 47 Valle (Mro. Juan). 

547 48 Vicente (Martín). 

548 49 Torres (Fr. Gaspar de). 

549 50 (?) Palacios (Mro. Miguel de). 

550 (?) 55 Palacios (Mro. Paulo de). 

555 67 Rodríguez (Mro. Diego). 
567 67 Calahorra (Lie. Alonso de). 
567 71 Rueda (Mro. Hernando de). 

571 72 Muñoz (Mro. Diego). 

572 75 González (Mro. Simón). 
575 80 Zumel (Fr. Francisco de). 
580 80 Ares (Dr. Miguel). 

580 84 Espinosa (Dr. Diego Felipe de). 

584 85 Gómez (Lie. Antonio). 

585 86 Iglesias (Dr. Juan de). 

586 91 Sepúlveda (Fr. Marcos de). 
591 98 Sánchez (Dr. Bernardo). 

Curso de Artes (a). 

517 (?) 22(?) Margallo (Pedro). 
522 22 (?) Prades (Fr. Juan de). 
(?) 30 Solís (Br. Fr.) 
530 36 Vera (Lie. Hernando de). 
536 41 Navarro (Mro.) 

541 42 (?) Fricio (Fernando de). 

542 (?) 43 Torres (Mro. Bartolomé). 

543 47 Martín de Peralta (Br. Pedro). 
547 50 (?) Lacasa (Mro. Miguel de). 

551 (?) 53 Madrid ^Vlro. Antonio). 
553 56 Castellanos (Mro. Juan). 

556 58 Cruz (Mro. Antonio de la). 
558 65 (?) Miguel (Mro. Hernando de). 

(?) 67 García Galarza (Dr. Pedro). 

567 6S Rueda (Mro. Hernando de). 

568 68 Lacasa (Mro.) 
568 70 Muñoz (Diego). 

570 71 Ojeda (Mro. Esteban de). 

571 74 Mendiola (Lie. Agustín de). 

20 



- 306 - 

1574 78 López de Riatan (Lie. Dionisio). 
578 78 Manso (Lie.) 

578 79 Aguayo (Mr o.) 

579 82 Gutiérrez Mantilla (Lie. Gonzalo) 

582 83 Quesada (D, Juan de). 

583 91 Sánchez (Dr. Bernardo). 
591 93 Rodríguez (Dr. Antonio). 

593 94 Arixti(Dr. Martín de). 

594 95 Alfonso (Lie. Martín). 

595 98 Ramírez de Arroyo (Lie. Pedro.). 

Curso de Artes (b). 

(?) 526 Navarrete (Mro.) 

526 32 Hernández (Enrique). 

532 40 Rosero (Mro. Pedro). 

540 45 Pérez (Lie. Hernán). 

545 49 Palacios (Mro. Miguel de). 
549 51 (?) Peralta (Martín de). 
551 (?) 54 Martínez (Lie. Toribio). 

554 59 Francés (Miguel). 

559 63 Cercito (Mro. Miguel de). 

563 (?) Castillo (Mro. Juan del). 
(?) 67 León (Lie. Juan de). 

567 70 Rodríguez (Matías). 

570 75 Zumel (Fr. Francisco de). 

.575 79 Cacharro (Dr. José Gil). 

579 80 Hernández (Dr. Benito). 

580 81 Palacios (Mro.) 

581 84 Sánchez (Fr. Bartolomé). 

584 86 Samaniego (Dr.) 

586 94 Ramírez de Arroyo (Lie. Pedro). 

594 95 Caxa (Dr. i 

595 98 Velázquez (Dr. Juan). 
598 600 Malo (Mro. Hernando). 

Curso de Artes (c). 

(?) 523 (?) Conpludo (Mro. Francisco de). 
(?) 531 Gómez (Br. Pedro). 
531 36 Sandoval (Mro.) 



- 307 - 

1536 38 Gil de Nava (Juan). 
538 42 Causo ó Causso (Mro. Pedro de). 
542 47 Vicente (Martín). 
547 50 (?) Rodilla (Lie. Jerónimo de la). 
(?) 54 Trullo (Mro. Juan). 
554 56 Fuente (Mro. Pedro de la). 

556 57 Torquemada (Mro. Diego de). 

557 61 Lemos (Lie. Luis de). 
561 67 Calahorra (Alonso de). 

567 68 Al vero (Lie). 

568 70 Vega (Dr. Sebastián de la). 
570 72 Ibáñez (Mro. Juan). 

572 73 Castillo (Lie.) 

574 75 López (Lie. Pedro). 

575 77 Ramírez (Lie. Lope). 

577 84 Guzmán (Dr. Antonio de). 
584 87 Parra (Dr. Francisco de la). 
587 93 Ruiz (Dr. Gerónimo). 
590 92 Gómez de Contreras (Dr. Pedro). 
592 95 Pacheco (Mro. Francisco de). 
595 98 Águila (Lie. Gerónimo del). 
598 600 López (Dr. Miguel). 

Curso de Artes (d) . 

510 19 Oria (Juan de). 
519 29 Pradiíla(Lie) 
529 35 Espinosa (Br. Lope de). 
535 40 Villegas (Mro.) 
540 42 He ras. 

542 48 Torres (Fr. Gaspar de). 
548 50 Palacios (Mro. Paulo de). 
(?) 54 Arciso (Fr. Gregorio de). 
554 58 Bravo (Lie. Diego). 

558 62 Ruiz (Mro. Telmo). 

562 66 (?) Vilches Pacheco (Dr. Alonso). 

567 (?)68(?) Gómez (Juan). 

568 (?) 71 (?) López de Arismendi (Juan). 
571 (?) 72 González (Mro. Simón). 

573 79 Rejón (Mro. Alonso;. 



- 308 - 

Í579 80 Pereyra (Dr.) 
580 84 Gómez (Dr. Antonio). 

584 88 Hernández (Antonio). 
588 96 García (Fr. Diego). 

596 601 Cornejo (Fr. Pedro). 

Curso de Artes (e). 

510 (?) Córdoba (Fr. Alonso de). 
517 (?) 22 Martínez de Silíceo (Juan). 
(?) 30 Martínez de San Millán (Juan). 
530 36 Sancho (Francisco). 
536 41 Díaz (Mro. Pedro). 
541 42 Carmelo. 
(?) 43 (?) Arrayhoz. 
543 (?) 47 Miño (Mro. Francisco). 
547 57 Mur (Mro. Esteban de). 

557 58 Toledo (Mro. Francisco de). 

558 62 Espinar (Mro. Pedro del). 
562 68 Morales (Dr. Andrés de). 
568 71 González (Mro. Pedro). 
571 73 .Sánchez (Mro. Francisco). 
573 75 Monreal (Mro.) 

575 80 Ares (Dr. Miguel). 

580 81 Barahona (Dr. Juan de). 

581 83 Salazar (Lie. Luis de). 
583 85 Iglesias (Juan de). 

585 90 Lezcano (Mro. San Juan de). 
590 91 Isasa (Br. Martín de). 

591 600 Jubero (Fr. Dionisio de). 

Curso de Artes (f). 

(?) 523 San Juan ^Fr. Domingo de). 
523 30 Medina (Dr.) 

530 31 Guerrero de Logroño (Mro. Pedro' 

531 33 Olmedo (Mro.) 
533 42 Gómez (Juan). 

(?) 47 Uranga (Mro. Fernando de). 
547 50 Roa (Mro. Martín de). 



- 309 - 

(?) 1554 Rodríguez (Br. Diego). 
554 56 Avila (Lie. Alonso de). 
556 59 Liermo (Mío. Juan de). 
559 59 Angies (Fr. Josefo). 
559 67 Pérez (Mro. Sebastián). 
567 69 Pérez (Mro. Alonso). 
569 71 Alvarez (Manuel). 

571 72 Fonte (Mro. Gonzalo de la). 

572 73 Heredia(Mro. 

573 76 Samaniego (Lie. Blas de). 
576 80 Verga ra (Lie. Alonso de). 

580 85 Gómez de Figueredo (Lie. Sebastián). 
585 87 Herrera (Dr. Jerónimo de). 
587 90 Canal (Mro. Juan de la). 
590 92 Aguirre (Dr.) 

592 93 Díaz (Dr. Domingo). 

593 98 Díaz (Lio. Francisco). 

Cátedra de Prima de Gramática (a). 

503 03 Lebrija (Antonio de). 

504 05 Espinosa (Pedro de). 

505 09 Lebrija (Antonio de). 
509 40 Barbosa (Arias). 

540 49 Aguilar (Antonio de). 
549 85 Castro (León de). 
5^5 603 Pérez Ortiz Francisco). 

Cátedra de Prima de Gramática (b). 

(?) 513 Tizón (Alonso i . 

513 33 Castillo (García del). 
533 52 (?) Torre (Hernando de la). 
552 (?) 61 V r asco (Juan . 

.561 89 Sánchez de Aguilar (Francisco). 

589 96 Martínez ^Francisco). 

Cátedras cursatorias. 

Hay bastante confusión en este punto. La creación del 
Colegio de Trilingüe y el natural aumento de cátedras que 
se produce con tal fundación, hacen más difícil la labor. 



- 310 - 

Griego. 

(?) 1523 Barbosa Arias). 
523 53 Núñez de Guzmán (Hernán). 
553 76 Castro (León de). 

576 6C0 Sánchez-de las Brozas (Francisco). 

Para poder acomodarnos mejor á la denominación que 
las cátedras cursatorias de Gramática reciben durante este 
siglo, nos ha parecido conveniente dividirlo en tres perio- 
dos: uno, hasta 1530; otro, hasta 1554, y otro, hasta el final 
del siglo. En el primero, á la antigua denominación de ge- 
nerales de Gramática, que se da á algunas clases, hay que 
añadir las cátedras de Poesía, Oratoria y Salterio. En el 
segundo, se pierden todas estas denominaciones: en su lugar 
tenemos los cursos de mayores, medianos y menores. En ei 
tercero, se conservan estas denominaciones, pero los cursos 
se agrupan en dos colegios de Gramática, que unas veces 
tuvieron cuatro cátedras cada uno y otras veces tres. A 
juzgar por los conocimientos que se exigían para ser alum- 
no de los cursos de menores de estos colegios, debían ser 
semejantes á nuestras escuelas de instrucción primaria. 
Además había cursos especiales de Gramática, de Latini- 
dad, de Griego y de Hebreo. 

En el primer periodo encontramos las siguientes cáte- 
dras: 

Poesía. 

(?) 1503 Quirós (Francisco de). 
503 07 Alvarez (Alonso). 
507 09 Flamineo (Lucio). 
509 24 Santisteban (Lie.) 
524 50 (?) González (Br. Francisco). 
No se vuelve á hacer mención de la cátedra de Poesía. 

• Oratoria. 

(?) 503 Alvarez (Alonsos 
503 (?) Aguilar (Antonio de;. 
(?) 21 Gómez (Francisco). 



- 311 - 

1521 23 Solórzano (Br.) 

523 29 Zamora ^Br. Juan). 

Desde esta fecha no se hace mención de la cátedra de 
Oratoria: el Br. Zamora figura desde ahora entre los regen- 
tes de Gramática. 

Salterio. 

(?) 1505 Fr. Adolfo. 

505 22 Sánchez de Béjar (Br. Francisco). 
522 24 González <Br. Francisco). 

524 26 Bustos (Br.) 

526 30 Suárez Br. Hernán). 
Xo se vuelve á hacer mención de la cátedra do Salterio. 

Regencias de Gramática. 

(?) 529 (?) Piedra hita (Br. Alonso de). 

(?) 530 Minaya (Br. Gonzalo de). 
En el segundo periodo tenemos los cursos de Gramática 
de principiantes ó menores, de medianos y de mayores. Es- 
ta denominación se pierde pronto: ya desde 1540 se suele 
emplear otra, la de cursos de Gramática. Se conservan los 
siguientes nombres: 

1529 29 Ribera (Br.) 
529 29 Ramírez (Br.) 
529 30 Busto (Br.) 
529 31 Velasco (Br. Fernando de). 
529 34 Torre (Hernando de la'. 
529 48 Almofara (Mro. Alonso). 
529 54 Romero (Mr. Alonso de). 

529 54 Zamora (Br. Juan de). 

530 41 Minaya (Br. Gonzalo de). 

531 40 Aguilar (Antonio de). 

532 41 Salazar (Br.) 
.549 54 Pérez (Br. Luis). 
54 ( > 54 Manso (Lie. Diego). 

El principio del tercer periodo le hacemos coincidir con 
la Carta Real dada en Valladolid á 13 de Junio de 1554. que 
organiza los estudios de la Facultad de Gramática, y de la 
que damos aquí un extracto por haberlo omitido en el tomo 



- 312 - 

primero. Dispone dicha carta que haya dos colegios de Gra- 
mática y un Colegio Trilingüe organizado en forma análoga 
á los de la Universidad de Alcalá. En cada colegio de Gra- 
mática habrá un lector de menores, tres ó más lectores de 
medianos, si el número de alumnos lo exigiese, y dos de 
mayores, y para que la enseñanza sea tal que redunde en 
beneficio de los oyentes habrá un superior que prescriba y 
ordene á los regentes de menores, medianos y mayores la 
forma en que deben hacer las lecturas. Parala enseñanza 
del Griego se dará una cátedra de Preceptos, además de la 
principal. Y en el Colegio Trilingüe ordénase haya .30 pre- 
bendas: 11 para colegiales de Retórica, 11 para colegiales 
de Griego, 5 para colegiales de Hebreo y las tres restan- 
tes para un catedrático de Retórica, otro de Griego y otro 
de Hebreo. Además da facultad á la Universidad para que si 
fuese necesario pueda designar á un Maestro de la Facultad 
de Gramática, que se encargue de hacer las modificaciones 
oportunas. 

La Universidad hizo uso de tal autorización pero omiti- 
mos el estudio de las modificaciones que introdujo porque 
no encajan bien con el que nos hemos propuesto. Además 
los documentos consultados no precisan si las cátedras se 
daban en la Universidad ó en el Colegio de Trilingüe, y no 
satisfechos con los ensayos que hemos intentado de recons- 
trucción del cuadro de profesores de Gramática, nos limi- 
tamos á dar la lista de los hallados y el concepto por qué 
figuran. 

Primarios (superiores) de los colegios. 

1554 58 Romero (Mro. Alonso). 
558 61 Sánchez de Aguilar (Francisco). 
561 78 Meneses (Mro. Francisco de). 
No hemos encontrado quién fué su sucesor: creemos que 
á su muerte se refundieron los dos colegios en uno. 
554 89 Cuadrado (Mro. Diego). 

589 89 Martínez (Francisco). 

590 93 Morales Cabrera (Br. Francisco de). 

593 600 El salario y la cátedra que leía el Br. Morales 
fué dado al Mro. Sánchez de las Brozas, pero no se dice que 
fuese primario del colegio de Gramática. 



- 313 - 

Regentes de Gramática. 

1554 55 Enríquez (Br.) 
554 55 Mola no (Br. 
554 57 Soto (Br. ) 

554 58 Sánchez de Aguilar (Francisco . 
554 5S Sagrameña Br. Cristóbal) (IV 
554 61 Meneses (Mro. Francisco de). 

554 74 Salazar (Br., luego Mro.) 

555 85 Pozo (Br. Fernando del). 
557 60 Martínez (Br. 

557 65 (?) Guevara (Br.) 
557 74 (?) Flandes (Br. Juan de). 
557 si Martínez (Francisco). 

560 (>4 (?) Conderina. 

561 74 (?) Barrientos (Bartolomé). 
561 <S4 Pérez Ortiz Francisco). 
566 78 Fragoso. 

566 98 Salazar (Br. Francisco de). 

576 77 Zerón (Br. Roque). 

576 70 Ribero. 
576 612 (?) Pina Caldeira (Br. Paulo). 

579 88 Moutiño íBr Melchor). 
.581 605 (?) Silva (Br. Antonio). 

589 92 Reguera. 
590 614 (?) Munguía (Br. luán Bautista). 
590 618 (?) Campos (Br. Luis de). 
592 95 (?) Zerón (Br. Roque). 

Partidos de Gramática. 

536 38 Vaseo (Juan). 

552 54 Sánchez de Aguilar (FYancisco). 

552 .54 Cuadrado (Mro. Diego). 

">52 54 Barrientos (Mro. Bartolomé). 

552 54 Mola no (Br. Diego). 



1 i Figura desde esa fecha hasta 1567 con cargo en el Colegio Trilingüe, 



- 314 - 

1553 80 Torre (Mro. Diego de la). 
583 88 Barbosa (Mro. Xácome) (1). 
593 600 Sánchez de las Brozas (Francisco). 

Partidos de Griego. 

533 53 Castro (León de). 

548 53 Gracián (Mro. Blas). 

548 53 Cuadrado (Mro. Diego). 

553 58 Hernández (Br. Diego). 

555 59 Rosales (Mro.) 
559 65 (?) Munguía (Br.) 

559 90 Escribano (Br. luán). 
565 (?) 89 Cuadrado (Mro. Diego). 

574 76 Meneses (Mro.) 

589 92 Farfán ;Mro. Francisco). 

590 93 Morales Cabrera (Br. Francisco de). 

591 94 Miranda (Br. Francisco de). 
593 601 Sánchez (Bartolomé). 

594 95 Verga (Lie.) 

Cátedra de Hebreo. 

(?) 508 Peñafiel (Fr. Alfonso de). 
Por falta de persona suficiente, según expresión de los 
libros de Claustro, estuvo esta cátedra sin proveer en pro- 
piedad hasta 1561. En el año 1530 el lector que la regentaba, 
Lie. Fidelio ó Filelfo, renunció á la lectura, y la cátedra se 
anunció á oposición, pero no se proveyó. En 7 de Mayo 
de 1543 se leyó en Claustro una petición del Dr. Juan de la 
Puebla protestando de que no estuviese provista en propie- 
dad la cátedra de Hebreo, que llevaba vacante más de 35 
años, pero la petición no produjo efecto porque se acordó 
en 31 de Julio de aquel año pagar dos salarios por no haber 
quien pudiera llevar la cátedra conforme á la Constitución. 

1561 79 Martínez (Martín). 
580 92 Madrigal (Cristóbal). 

5 ( )3 602 González Aguayo ^Diego). 

(1) En el t. I, pág. .">"9. >e dice que era primario de uno de los colegios de Gra- 
mática. 



- 315 - 



Partidos de Hebreo. 



(?) 1534 Fidelio ó Filelfo (Lie.) (1). 
530 34 Coronel (Pablo). 
534 36 Sánchez" (Lie.) 
536 42 Sánchez de la Fuente (Br. Diego). 
542 (?) 43 Sala zar (Fr. Pedro de). 
544 45 Fr. Juan Beltrán, trinitario. 
543 61 Martínez (Martín). 

549 51 Montemayor (Alonso de). 
561 80 Madrigal (Cristóbal de). 

586 (?) 92 Muñoz (Gerónimo). 
592 600 Montemayor (Alonso de). 

Cátedra de Retórica. 

503 (?) 09 Barbosa (Arias). 

509 09 Flamineo (Lucio). 
509 13 (?) Lebrija (Antonio de). 
513 (?) 27 Herrera (Fernando de). 

527 53 Núñez de Guzmán (Hernán). 

553 73 Navarro (Francisco). 

573 600 Sánchez de las Brozas (Francisco). 

Partidos de Retórica. 

533 34 Hernández (Br. Juan). 
547 50 Castro (León de). 

550 53 Navarro (Francisco). 

554 59 Sánchez de las Brozas (Francisco). 
560 63 Delgado (Martín). 

564 (?) 73 Sánchez de las Brozas (Francisco). 
573 (?) Vemegas (Mro. Alexo). 
584 (?) Céspedes (Baltasar de). 
569 73 Ramiro (Lie. Alonso). 
569 74 Vázquez (Luis). 



(1) Figura ya en 1Ó18. 



- 316 - 

Cátedra de Astrología. 

1504 42 (?) Salaya (Sancho de). 
542 (?) 51 (?) Sánchez de Olivares 'Alonso). 
551 (?) 61 Aguilera (Juan de). 
561 76 Aguilera (Hernando de). 
576 78 González de Talavera (Alvaro). 
578 92 Estuvo sin proveer en propiedad 
592 98 Serrano (Gabriel). 

Partidos de Astrología. 

578 92 Muñoz (Gerónimo). 
587 91 González (Bartolomé. 

591 92 Serrano .Gabriel). 

592 92 Mesa (Lie.) 

592 97 Núñez de Zamora (Antonio). 

Cátedra de Música. 

(?) 522 Fermoselle (Diego de). 
522 42 Fernández (Lucas). 
542 66 Oviedo (Juan de). 
567 90 Salinas (Francisco). 
590 93 Salamanca (Roque de). 
593 603 Clavijo (Bernardo). 



Notas biográficas y bibliográficas. 0) 
Acosta (Miguel de). 

Bachiller en Cánones, fué nombrado el 9 de Julio de 1557 
sustituto del Dr. Benavente en la clase de Sexto. Al decla- 
rarse esta vacante el 19 de Octubre del mismo año por muer- 
te del dicho Dr. Benavente, quedó sin cátedra, pero á los 

(.1) Aunque hay lagunas lamentables en los fondos del Archivo universitario, la 
documentación que se conserva desde 1530 en adelante es abundantísima. Esto di- 
ficulta considerablemente nuestro propósito, que no es más que indicar lo que he- 
mos creído que podría servir mejor de guía a quienes quisieren estudiar con todo 
detalle la vida académica de cada uno de los doctores y maestros de la Universi- 
dad de Salamanca en el sigio xvi. 



- 317 - 

pocos días, el 30 de Octubre, fué nombrado catedrático de 
una de las cursatorias de Cánones, que desempeñó hasta 1566. 
En el entretanto, hizo los grados de Licenciado y Doctor en 
Cánones mediante juramento, recibiendo el primero el 31 de 
Agosto de 1562, y el segundo, el 2 de Mayo de 1563. En 24 
de Diciembre de 1566 se proveyó en él una de las de Vís- 
peras de Cánones, que ocupó hasta su muerte. Se anunció la 
vacante del Dr. Acosta el 14 de Enero de 1584. 

Acuña (Pedro de). 

Figura con el número 299 entre los colegiales de San Bar- 
tolomé; la Historia del Colegio da abundantes datos biográ- 
ficos. Siendo Bachiller en Leyes, desempeñó una de las cá- 
tedras de Instituta desde 1538 á 1540. Hizo el juramento para 
graduarse de Licenciado el 19 de Enero de 1540. 

Aguilar (Antonio de). 

Figura un Br. Antonio de Aguilar en la lista de colegia- 
les de San Bartolomé, como ingresado en el colegio en 1508. 
En los libros de Claustros, en acta que corresponde al 30 
de Octubre de 1503, aparece también un Br. Antonio de Agui- 
lar desempeñando la cátedra de Oratoria, y no tenemos 
noticias exactas para afirmar si se trata de una misma per- 
sona ó de distintas. Los datos precisos arrancan del año 1531, 
en cuya fecha comenzó á desempeñar una de las regencias 
de Gramática, que tuvo hasta el 16 de Marzo de 1540, en que 
le nombraron catedrático de una de las de Prima de Gra- 
mática: fué el sucesor de Arias Barbosa. No tenemos en qué 
basarnos para señalar la fecha de su muerte: ocupó la cá- 
tedra durante el curso de 1548-49, pero en el libro de Claus- 
tros de 1549-50 se dice que el Mro. León de Castro era 
catedrático de Prima de Gramática, y como la otra cátedra 
de Prima seguía desempeñándola el Mro. de la Torre, cabe 
suponer que en los últimos meses del 1549 muriese el maes- 
tro Aguilar. Tomó los grados de Licenciado y Maestro en 
Artes en esta Universidad. Hizo el juramento para recibir 
el primero el 7 de Febrero de 1539, y para el segundo, el 29 
del mismo mes y año. 



318 - 



Aguilera (Antonio de). 



Era natural de Salamanca, y fué colegial de Oviedo. Re- 
cibió el grado de Lie. en Cánones el 3 de Junio de 1534. El 
30 de Abril de 1535 es nombrado catedrático de una de las 
cursatorias de Cánones, y el 29 de Agosto del mismo año 
hizo el juramento para recibir el grado de Doctor. Verificó 
el juramento al mismo tiempo el médico Dr. Juan de Aguile- 
ra. Desempeñó la cátedra cursatoria hasta que el 26 de Ene- 
ro de 1538 fué proveído de la cátedra de Decreto que dejó 
vacante el Dr. Martín Azpilcueta cuando marchó á Coim- 
bra. Hacia el mes de Octubre de 1549 fué nombrado cate- 
drático de una de las de Prima de Cánones, pero como los 
datos de los libros de Claustro no son precisos, no hemos 
podido determinar si sucedió en la cátedra al Dr. Puebla ó 
al Dr. Collado. Le ponemos como sucesor del último de los 
citados. Fué jubilado el 21 de Junio de 1557. La Historia del 
Colegio de San Bartolomé le incluye entre los individuos 
del Consejo de Indias y del Consejo Real, pero no hemos 
averiguado cuándo recibió estos nombramientos. En el ju- 
ramento del Miro, en Teología, Cristóbal Vela, en 1570, al 
cual asistió, se dice que era del Consejo de Indias. En los 
libros de cuentas de 1578-79 figura como del Consejo Real 
de S. M., mas debía serlo de antes porque en una Carta Real 
de 20 de Noviembre de 1575(1) se halla entre los consejeros el 
Dr. Aguilera. Por Real Carta de 27 de Diciembre de 1567 (2) 
fué nombrado Conservador de esta Universidad. Entonces 
era va del Consejo de Indias. El Dr. Aguilera murió duran- 
te las vacaciones del curso de 1579-80, y se anunció la va- 
catura de la cátedra de Prima de Cánones que había des- 
empeñado el 19 de Octubre de 15S0. Nicolás Antonio men- 
ciona á un Dr. Aguilera, catedrático de Salamanca, que 
trabajó con Fernando Díaz y otro doctor en la publicación 
de El repertorio de las Leyes de todos los Reinos de Cas- 
tilla. 



(1) V. t. I, pág. 558. 
-' V. t. I. pág. 525. 






- 319 - 



Aguilera (Hernando de). 

Era canónigo de Salamanca, y hermano del Dr. y Teso- 
rero Juan de Aguilera. Sucedió á su hermano Juan en la 
cátedra de Astrología, para la que fué nombrado el 8 de 
Febrero de 1561. Pidió á la Universidad que le incorporase 
el grado de Maestro en Artes por la Universidad de Zara- 
goza el 30 de Abril de 1561, y le fué concedida la incorpora- 
ción después de muchas tramitaciones. En los libros de cuen- 
tas de 1560-61 se dice que en aquel curso ganó el salario 
solo como Bachiller. Desempeñó la cátedra hasta su muerte, 
en 1.° de Julio de 1576. 



Aguilera (Juan de). 

Era de Salamanca. Se graduó de Bachiller en Medicina 
en nuestra Universidad el 27 de Febrero de 1526. Hizo el 
juramento para el grado de Licenciado el 21 de Agosto 
de 1532 y para recibir el de Doctor el 29 de Agosto de 1535. 
En el encabezamiento de los Estatutos de la Universidad 
de 1538 aparece como sustituto del Dr. Salaya en la cátedra 
de Astrología. Después de esta fecha pasó á Roma, donde 
le nombraron médico del Papa Paulo III, según afirma Mo- 
rejón. Aunque Nicolás Antonio y Vidal dicen que fué tam- 
bién médico de Julio III, hemos encontrado en los libros de 
juramentos que el Tesorero Aguilera figura en 23 de Octu- 
bre de 1551 en la ratificación del grado de Maestro en Teo- 
logía de Fr. Pedro de Sotomayor, y que el 7 de Septiembre 
de 1552 estaba en Salamanca y era catedrático de Astrolo- 
gía en la Universidad. Pidió la incorporación de su grado 
de Maestro en Artes, y concedida que le fué, el 30 del mis- 
mo mes y año, hizo el juramento previo para recibir el grado. 
Xo hemos podido averiguar la fecha precisa en que fué 
nombrado catedrático, pero debió serlo alrededor de Sep- 
tiembre de 1561. Fué t¿imbién canónigo de la Catedral de 
Salamanca, pues desde 1553 en adelante siempre que se le 
cita se le llama el Dr. y Tesorero Juan de Aguilera. Se de- 
claró vacante la cátedra de Astrología el 2 de Enero de 1561 . 



- 320 - 

Unos días antes había ocurrido el fallecimiento del Dr. Aguí- 
lera. Algunos otros particulares de su vida y sus obras se 
pueden encontrar en la obra de Morejón. 

Álava Esquivel (Diego). 

Pocos datos podemos añadir á los que dan Nicolás Anto- 
nio, el Marqués de Al ventos, Vidal y otros. Hacia el año 1529 
fué nombrado catedrático de una de las cursatorias de Cá. 
nones: la desempeñó hasta el año de 1532. 

Alba (Cristóbal de). 

En 20 de Marzo de 1506 fué nombrado sustituto del Doc- 
tor Cubillas en la cátedra de Decreto. Debió disfrutar poco 
de la sustitución porque el Dr. Cubillas murió al año si- 
guiente. Nada concreto hemos podido averiguar hasta el 
año 1518: entonces era catedrático de una de las cursatorias 
de Cánones. En 8 de Mayo de 1522 fué nombrado catedráti- 
co de Vísperas de Cánones en la vacante del Dr. Yáñez de 
Frechilla. Ya había recibido el grado de Doctor. En 18 de 
Abril de 1523 murió Cristóbal de Alba. 

Alcázar ó Valcázar (Lie. Andrés). 

Fué el primero que ocupó la catedrilla de Cirugía crea- 
da en la Universidad de Salamanca en 1566 (1). Desempeñó 
esta cátedra quizá hasta 1585: no podemos, sin embargo, 
señalarla con toda seguridad. No hemos encontrado su 
nombre entre los catedráticos de Prima de Medicina aun- 
que afirma Vidal que lo fué. Morejón trae un estudio deta- 
llado de su obra. No conocemos otros particulares de su 
vida . 

Alderete (Lorenzo de). 

Debió estudiar en la Universidad de Ferrara, donde re- 
cibió el grado de Dr. en Medicina en 14 de Mayo de 1529, 
según resulta del acta de incorporación. El 27 de Octubre 



(1) V. t. I, págs. 518 y ó_'ó. 



- 321 - 

de 1533 fué nombrado catedrático de la cursatoria de Artí- 
cela, que ocupó hasta 1536 en que pasó á la cursatoria de 
Avicena. Desempeñó esta cátedra de Avicena hasta 1548. 
Hizo el juramento para recibir el grado de Licenciado el 23 
de Enero de 1543 y á los pocos días pidió á la Universidad 
que le admitiese la incorporación del grado de Doctor, obte- 
nido en Ferrara. La Universidad le admitió la incorpora- 
ción. El 14 de Febrero de 1548 fué nombrado catedrático de 
Prima de Medicina. Esta cátedra la desempeñó hasta su 
muerte: se anunció la vacante el 21 de Mayo de 1557. Aun- 
que Morejón no dedica ningún artículo á este maestro, hace 
algunas veces alusiones honrosas á él, como cuando habla 
de Francisco Micón, que dice que fué discípulo del famoso 
catedrático de la Escuela de Salamanca Dr. Alderete. 



Alvarez de la Carrera (Jerónimo). 

En 13 de Enero de 1508 se le dio la provisión de una de 
las cátedras de Vísperas de Cánones, y á los dos días pidió 
licencia para leer por sustituto mientras recibía los grados. 
No hemos podido averiguar cuándo fué nombrado catedrá- 
tico de Decreto: en 1512 seguía siendo de Vísperas, pero 
en los libros de cuentas de 1518-19 figura como catedrático 
de Decreto. Tampoco sabemos cuándo murió: vivía en 1524 
pero en el acta de Claustros de 30 de Mayo de 1526 se habla 
de hacer la petición de unos documentos de la Universidad 
á la viuda del Dr. Carrera. Además, el sucesor del Dr. Ca- 
rrera en la cátedra de Decreto era el Dr. Juan de Castro, 
quien dejó vacante al pasar á esta cátedra la que él desem- 
peñaba que era la de Sexto y Clementinas. Sabemos que 
el Dr. Benavente tomó posesión de la cátedra de Sexto 
el 23 de Febrero de 1526, de donde teniendo en cuenta los 
plazos que se daban para anunciar las vacantes, cabe pen- 
sar que el Dr. Alvarez de la Carrera murió en los últimos 
meses de 1525. 



a 



322 - 



Alvarez de la Reina (Fernando). 

La noticia más antigua que de su vida hemos podido ad- 
quirir es la inserta en la Cédula Real de Fernando el Cató- 
lico (1) fechada en Medina del Campo á 29 de Septiembre 
de 1504. Según ella era ya catedrático de Prima de Medici- 
na de la Universidad y médico de la Real familia: pide en 
ella el Rey á la Universidad que le prorrogue por otros tres 
años la licencia que tiene para estar ausente de su cátedra 
y residir en la Corte. La Universidad acordó en 14 de Octu- 
bre conceder la licencia pedida. En Claustro de 26 de Abril 
de 1505 se aprobó la merced que le hizo el Rey de una de 
las conservadurías de la Universidad. Por otra Cédula dada 
en Burgos á 27 de Noviembre de 1507 pide el Rey á la Uni- 
versidad licencia por cuatro anos para que el Dr. Fernán 
Alvarez, su físico, siga en la Corte porque así cumple al 
servicio de la Reina, su hija (2). Esta Cédula se leyó en 
Claustro de 20 de Diciembre de 1507 y la Universidad negó 
la licencia por el daño que causaba la ausencia, toda vez 
que la cátedra tenía que leerse por sustituto. Según apare- 
ce en el acta del Claustro de 28 de Enero del año siguiente 
el doctor pidió licencia al Rey para venir á residir su cáte- 
dra y el Rey respondió que porque cumplía al servicio de 
la Reina, su hija, y suyo, que estuviese en la Corte, no sólo 
no le daba licencia para irse, sino que le mandaba, so pena 
de la vida, que no saliese de la Corte. El testimonio de este 
mandato regio está fechado en Burgos á 6 de Enero del di- 
cho año. La Universidad envió al Síndico para que viese al 
Rey y le suplicase que no permitiese ni mandase dar tales 
licencias, pero el resultado no correspondió á los intereses 
de la Universidad y en Claustro de 30 de Marzo de 1508 se 
dieron al doctor de la Reina dos años de licencia. Debió 
seguir disfrutando de ellas mientras vivió, pues en 1510 (3j 
le fué concedida otra y con el testimonio de Villar y Macías 
podemos decir que estando la Corte en la ciudad de Palen- 



(1) V. t. I, pág. 358. 

(2) V. t. I, pág. 362. 

(3) V. t. I, pág. 365. 



- 323 - 

cía en 1522 otorgó testamento en aquella ciudad, ante Pedro 
de Villaverde, escribano de S. M. Cesárea. Este mismo au- 
tor nos dice que nuestro doctor era vecino y regidor de Sa. 
lamanca, y que se llamaba Fernán Alvarez de Abarca, pero 
conocido en documentos oficiales por el doctor de la Reina, 
por haber sido médico de Isabel la Católica y serlo enton- 
ces de la Reina D. a Juana. No obstante los merecimien- 
tos y autoridid del Dr. Villar estimamos otras las causas 
de esa variante de apellidos, entre las cuales podemos apun- 
tar la existencia de catedráticos de Medicina apellidados 
u de la Reina„ desde mediados del siglo xv. Nos dice tam- 
bién que por su intervención fué traído al convento de San 
Agustín de Salamanca el cadáver de su yerno, el comune- 
ro ajusticiado Francisco Maldonado, y fueron devueltos á 
sus nietos los bienes confiscados al ajusticiado; el nnyor de 
los nietos heredó el mayorazgo del Maieral, á cuyo mayo- 
razgo Felipe III en 1614 (1) hizo merced por juro de heredad 
de una de las conservadurías de la Universidad de Sala- 
manca. Según Villar el Dr. Alvarez de la Reina hizo codi- 
cilo en Salamanca el 1.° Ú2 Mayo de 1526, y de los libros 
de Claustro resulta que el día 3 del mismo mes y año se 
acordó pronunciar por vaca la cátedra de Prima de Medi- 
cina. Debió pues fallecer el 1 ó 2 de Mayo. Gallardo dice que 
sin pie de imprenta se publicó una obra de este Dr. Alva- 
rez titulada Regimiento contra la peste. 



Alvarez de Tapia (Francisco). 

Figura desde 1519 á 1521 como catedrático en una de las 
cursatorias de Cánones: tal vez desempeñase después al- 
guna sustitución de cátedra de propiedad hasta el 30 de Ma- 
yo de 1523 en que fué nombrado catedrático de una de las 
de Vísperas de Cánones. Se graduó de Doctor después de 
haber obtenido esta cátedra. Vacante la sustitución de la 
cátedra de Prima de Leyes del Dr. Galíndez de Carvajal, 
quiso presentarse á ella el 20 de Enero de 1527 alegando que 
no había estatuto, ni constitución ni costumbre que impi- 



(1> V. t. I, pág. 689. 



- 324 - 

diese á los catedráticos de propiedad opositar á tales sus- 
tituciones: no consiguió lo que deseaba. En 26 de Junio 
de 152S se anunció la vacante de la cátedra de Vísperas que 
desempeñaba por haber sido nombrado catedrático de la de 
Decreto. En 19 de Abril de 1532 fué elegido catedrático de 
una de las de Prima de Cánones que desempeñó hasta su 
muerte. Se publicó la vacatura de la cátedra el 6 de No- 
viembre de 1537. 

Andrada (Juan). 

Hizo el juramento para recibir el grado de Licenciado en 
Leyes el 12 de Noviembre de 1549. En 20 de Noviembre 
de 1553 es nombrado catedrático de Volumen. Desempeñó 
esta cátedra hasta que el 11 de Agosto de 1554 le eligieron 
sustituto del Dr. Peralta en una de las de Prima de Leyes. 
Lo fué hasta el 7 de Mayo de 1560 en que le nombraron ca- 
tedrático de Digesto Viejo. En 21 de Marzo de 1561, fué de- 
clarada vacante la cátedra de Digesto Viejo por haber pa- 
sado el Dr. Andrada á una de las de Vísperas de Leyes. 
En el curso de 1577-78 se le autoriza por una provisión del 
Consejo Real que lea por sustituto en razón de su mal es- 
tado de salud. Falleció durante las vacaciones del curso 
de 1585-86. 



Aragón (Fr. Pedro de). 

Agustino. Natural de Salamanca. A los datos que dan 
Nicolás Antonio y el P. Vidal podemos añadir que recibió 
los grados de Licenciado y Maestro en las Facultades de 
Teología y Artes. Hizo los juramentos previos el 6 de Fe- 
brero y el 4 de Marzo de 1576 para los de Teología, y el 10 
y 16 de Enero de 1583 para los de Artes. En 7 de Noviem- 
bre de 1576 fué nombrado catedrático de Escoto; desempe- 
ñó esta cátedra hasta 13 de Diciembre de 1582 en que se le 
dio la provisión de la cátedra de propiedad de Prima de Ló- 
gica. La desempeñó hasta su muerte acaecida el 24 de No- 
viembre de 1592. 



- 325 



Ares (Miguel). 

Figura con el número 393 entre los colegiales de San 
Bartolomé, donde ingresó en 1574. Desde 1575 á 1580 des- 
empeñó una de las cátedras cursatorias de Artes, y duran- 
te algún tiempo, en 1580, la de Físicos. Llegó á ser Obispo 
de Orense en 1595. 

Azpilcueta ¡Martín de . 

Conocido por el Dr. Navarro. Hay muchas variantes en 
su apellido (Ayzpetia, Yzpetia, Azpicoeta). En 17 de No- 
viembre de 1532 pidió que se hicieran en la Universidad de 
Salamanca probanzas de lecturas para poderse graduar de 
Licenciado en Cánones. Declaró á su favor D. Francisco de 
Navarro, Prior de Roncesvalles, diciendo que le vio cursar 
y leer en la Universidad de Tolosa ( Francia), desde 1518 
hasta San Juan de 1521. Que estuvo después en la Univer- 
sidad de Caos (Cahors?), donde le dejó el testigo; y, final- 
mente, que le ha visto leer Cánones en esta Universidad 
cinco años seguidos. Era clérigo de misa. De los libros de 
Claustro resulta que en 3 de Septiembre de 1528, fué nom- 
brado catedrático de una de las cursatorias de Cánones, y 
que en 12 de Agosto de 1529 le designaron sustituto del 
Dr. Villasandino en una de las cátedras de Prima de Cá- 
nones. A la muerte de Villasandino, el 7 de Junio de 1532, 
fué nombrado catedrático de Decreto. Pocos días después. 
el 10 de Noviembre, recibió el grado de Doctor. En 19 de 
Diciembre de 1537 se le hizo provisión de una de las cáte- 
dras de Prima de Cánones. Por entonces, no sabemos si 
por deseos del Dr. Navarro, fué nombrado catedrático de 
la Universidad de Coimbra. La Emperatriz pidió á la Uni- 
versidad licencia para que el Dr. Navarro pudiese pasar á 
Coimbra por dos años (1), por una cédula y varias sobrecé- 
dulas, pero la Universidad se resistió. El Emperador ame- 
nazó á la Universidad con la pérdida de la naturaleza y tem- 
poralidades en sus reinos si no le daban la licencia deseada 
por Real Cédula de 1538 y la Universidad entonces cedió, 

(1) V. t. I, pág. 411. 



- 326- 
otorgándole la licencia por dos años, bien entendido que si 
aquellos pasaban y el doctor no volvía, se publicaría la va- 
catura de la cátedra de Prima que desempeñaba. El Doctor 
Navarro debió dejar la Universidad en los primeros de No- 
viembre de 1538, porque en los libros de cuentas se dice que 
ganó catorce lecciones en la cátedra de Prima en el curso 
de 1538-39. El Dr. Navarro no volvió en el plazo fijado y el 
19 de Enero de 1541 se publicó la vacatura de la cátedra. El 
Marqués de Alventos dice que cuando tenía 71 años ingresó 
en el Colegio mayor de Oviedo y señala el año de 1563 como 
fecha de su entrada. Nicolás Antonio lo pone en duda, vio 
mismo hace Vidal, que sigue á Nicolás Antonio. Estima- 
mos, aunque pudiera ser que estuviésemos errados, que el 
Dr. Navarro no fué colegial de Oviedo; sólo que el haber 
ingresado en el Colegio hacia el año 1563 un Martín Salva- 
dor Azpilcueta, también llamado el Dr. Navarro, de quien 
nos ocupamos á continuación, ha producido una confusión 
lamentable. Creemos, pues, que con razón ponía Nicolás 
Antonio en tela de juicio la colegiatura del Dr. Martín de 
Azpilcueta en el Colegio de Oviedo. En este autor se en- 
cuentran otros pormenores de su vida, que omitimos en 
gracia á la brevedad, y lista bastante completa de sus obras 
que puede completarse con los datos que dan Gallardo, Pé- 
rez Pastor y otros. D. Vicente de la Fuente dice que en- 
tre 1525-27 fué nombrado un Martín Navarro Obispo de Cá- 
diz, pero que no qui^o aceptar el cargo. Creemos que no se 
refiere á Azpilcueta sino á un colegial de San Bartolomé lla- 
mado Martín Navarro, quien, según la Historia del colegio, 
fué presentado y no quiso aceptar dicho Obispado. 

Azpilcueta (Martín Salvador). 

Debe ser el que el Marqués de Alventos confunde con 
el precedente. Consta en muchas actas que había sido cole- 
gial de Oviedo: aunque no se conserva en el Archivo ni el 
expediente de ingreso en el Colegio (al menos no le hemos 
encontrado) ni el libro de recepciones de colegiales, puede 
muy bien aceptarse la fecha del 10 de Febrero de 1563, 
como la de su ingreso. En 39 de Marzo de 1566 fué nombra- 
do, siendo colegial de Oviedo, sustituto por enfermedad 



- 327 - 

del Dr. Castillo en la cátedra de Sexto. Muerto el Dr. Cas- 
tillo pasó á ocupar una catedrilla de Cánones de la que 
tomó posesión el 8 de Marzo de 1567. Luego fué nombra- 
do con fecha de 10 de Enero de 1568 sustituto del Dv. Agui- 
lera en la cátedra de Prima de Cánones. En 5 de Agosto 
de 1569 aparece como catedrático de propiedad de una de 
las de Vísperas de Cánones y poco despue's, el 9 de Sep- 
tiembre, hizo el juramento para recibir el grado de Licen- 
ciado, y el 6 de Noviembre lo verificó para incorporar su 
grado de Doctor en Cánones por la Universidad de Coim- 
bra. Por eso el libro de cuentas de 1569-70 dice que el Doc- 
tor Navarro ganó en ese curso 13 lecciones como Licen- 
ciado y las demás como Doctor. Desde 1579 cuando se ha- 
bla de él se le llama el Dr. y Canónigo Navarro. El 3 de 
Enero de 1581 fué nombrado catedrático de Decreto pero 
desempeñó poco tiempo la cátedra porque el 21 de Mar- 
zo de 1583 se hizo en él provisión de la Canongía doctoral 
de la iglesia de Toledo y el 26 del mismo mes se publicó la 
vacatura de la cátedra de Decreto. No conocemos otros 
datos de este catedrático. 

Báñez (Fr. Domingo). 

Nicolás Antonio, las Historias del Convento de San Es- 
teban y otras más dan detalles bastante completos de la 
vida y obras de este ilustre dominico. Por nuestra parte 
añadiremos que estudió en esta Universidad y vino á regen- 
tar cátedra en 1577. En 23 de Abril de este año se le dio po- 
sesión de la catedrilla de Durando, que desempeñó hasta 
que en 18 de Febrero de 1581 fué nombrado catedrático de 
Prima de Teología, de la que tomó posesión el 20 del mismo 
mes. Siendo catedrático de Durando hizo los juramentos 
previos para recibir los grados de Licenciado y Maestro en 
Teología el 21 de Junio y el 7 de Julio de 1577 respectiva- 
mente. Por Cédula Real de 4 de Marzo de 1591 comunicó 
Felipe II á la Universidad que le había dado cierta comi- 
sión que cumplía á su servicio (1): no se dice en los libros 
de Claustros, en donde se acuerda obedecer esta Cédula, 

(1) V. t. I, pág. 6U1. 



- 328 - 

nada que permita traslucir el objeto de la comisión. El 
maestro Báñez se jubiló en el curso de 1601-02. Murió á poco, 
el 22 de Octubre de 1604. 



Barbosa (Arias). 

En los libros de Claustro y de cuentas aparece también 
Ayres y Aries Barbosa. No tenemos por falta de datos nin- 
guna noticia anterior á 1503. Nicolás Antonio y la Memoria 
de la Universidad de Salamanca de 1884-85 dan algunos da- 
tos biográficos. Nosotros, entre varios que omitimos, pode- 
mos decir que hizo el juramento de bene legendo el 1 de 
Mayo de 1503, y que el 11 de Septiembre de aquel mismo 
año se le incorporó al colegio de Doctores y Maestros ar- 
tistas. Esto permite suponer que no era graduado de Maes- 
tro por Salamanca, y que el nombramiento de catedrático 
de propiedad de Retórica sería en algunos días anterior á 
su incorporación por ser práctica corriente en esa época 
no recibir el grado ó no incorporarle hasta que se tuviese 
cátedra de propiedad. Además, en los libros de cuentas se 
dice en el correspondiente al curso de 1523-24 que era jubi- 
lado, es decir, veinte años después de ser nombrado cate- 
drático de propiedad. Debía desempeñar también la ca- 
tedrilla de Griego, sustituida por la Universidad después 
de 1480. No hay documentación que permita aceptar ni re- 
chazar la afirmación de que Arias Barbosa era catedrático 
de Griego en Salamanca en 1489. Desde 1503 en adelántela 
vino desempeñando hasta 1523. A la muerte del Mro. Espi- 
nosa se opuso á la cátedra de Prima de Gramática, pero 
desistió de la oposición. En 30 de Junio de 1506 fué uno de 
los Consiliarios nombrados por la Universidad para irá be- 
sar las manos á Felipe I. En 9 de Marzo de 1509 se opuso á 
la cátedra de Prima de Gramática que dejó vacante el 
Mro. Lebrija, y en 22 de Marzo se le dio la posesión de ella. 
Dejó vacante la de Retórica, pero siguió desempeñando la 
catedrilla de Griego, por la que cobraba 13.000 maravedís, 
hasta que se jubiló en 1523. Después de jubilado volvió á 
Portugal y murió á una edad muy avanzada en 1540. Hemos 
encontrado en los libros de cuentas la fecha de su muerte: 



- 329 - 

tuvo lugar el día de San Sebastián, 20 de Enero del año 1540. 
Nicolás Antonio da abundantes datos biográficos y biblio- 
gráficos del Mro. Barbosa. 

Barrientos (Bartolomé). 

Hemos encontrado algunas notas incompletas de la vida 
académica de este Maestro. Figura con un partido de Gra- 
mática desde 1552 á 1554, y luego con una regencia de Gra- 
mática desde 1561 á 1574. El espacio entre los años 54 y 61 
es casi seguro que lo pasó en Salamanca, y un examen minu- 
cioso de toda la documentación del Archivo quizá pusiera 
en claro su ocupación durante ellos. Después de 1574 no 
hay noticias de él. Nicolás Antonio y otros han dicho que 
fué catedrático de Matemáticas: no hemos encentrado nin- 
gún dato que nos permita seguir la opinión de tan autoriza- 
do bibliógrafo. Gallardo da también notas sobre Barrien- 
tos. Según resulta de los libros de juramentos de gradua- 
dos, era Maestro de Artes por la Universidad de Zaragoza. 
Pidió la incorporación en 1561, y hasta el 4 de Noviembre 
de 1569 no hizo el juramento exigido á los que se incorpo- 
raban. 

Bena vente (Antonio de). 

La primera noticia que tenemos de él es la de su nom- 
bramiento como sustituto del Dr. Diego Alonso de Bena- 
vente en 31 de Enero de 1512. Muerto el Dr. Diego Alonso, 
se opuso á la vacante. Fué nombrado siendo ya Doctor 
el 9 de Julio del mismo año catedrático de una de las cursa- 
torias de Cánones y la desempeñó hasta 1522. Entonces fué 
designado sustituto del Dr. Villasandino en la cátedra de 
Prima de Cánones. Lo fué hasta que en 23 de Febrero 
de 1526 le nombraron catedrático de Sexto y Clementinas. 
Desde 1538 no leía por sí la cátedra, sino por sustituto: hay 
informes de facultativos y se habla de un asiento hecho por 
el Claustro, en el cual ganaba residuo sin repetir. En las 
vacaciones del curso de 1556-57 debió morir el Dr. Bena- 
vente porque su cátedra se publicó por vaca el 19 de Octu- 
bre de 1557. 



- 330 - 

Bernal (Cristóbal de). 

Natural de Salamanca. Juró para recibir el grado de Li- 
cenciado en Leyes el 11 de Mayo de 1559 y para el de Doc- 
tor el 5 de Mayo de 1560. Ocupó una de las cátedras de Ins- 
tituía en 1558. Pasó luego á una de las de Código que des- 
empeñó hasta 14 de Mayo de 1572 en que tomó posesión de 
la de Volumen. En 3 de Diciembre de 1573 se proveyó en él 
la cátedra de Digesto Viejo. La desempeñó hasta que en 5 
de Mayo de 1584 fué nombrado catedrático de Vísperas de 
Leyes. En 1593 era Regidor de Salamanca y seguía siéndo- 
lo cuando falleció el año 1600. Debió morir el 21 ó 22 de Oc- 
tubre de dicho año, porque ganó tres lecciones en el cur- 
so 1600-01 y se publicó la vacatura de su cátedra el 23 del 
mismo mes. 

Blasco de Medrano (Pedro). 

En 7 de Febrero de 1591 hizo el juramento previo para 
graduarse de Licenciado en Cánones. Era natural de Bie- 
bla (diócesis de Burgos) (1). El 29 de Abril de 1595 fué nom- 
brado catedrático de una de las catedriilas de Cánones. Po- 
cos días después, el 22 de Mayo, hizo el juramento para 
recibir el grado de Doctor. Desempeñó la cursatoria de 
Cánones hasta que en 10 de Junio de 1598 fué nombrado 
catedrático de Vísperas de Cánones. Disfrutó escaso tiem- 
po de ella, pues el 13 de Junio de 1599, murió. 

Bravo (Juan). 

Natural de Piedrahita. Estudió en Salamanca. El 18 de 
Diciembre de 1553, hizo el juramento para recibir el grado 
de Licenciado en Medicina. En 30 de Marzo de 1560 es ya 
catedrático de la de Artícela de Medicina. Poco después, el 
16 de Noviembre de 1561, juró para tomar el grado de Doc- 
tor. El 14 de Diciembre de 1563 fué nombrado catedrático 
de la de Avicena. Lo había sido antes un poco de tiempo en 

(1) Quizá Bielba (Santander). 



- 331 - 

el año de 1560. En 1577, á propuesta del Claustro, y con apro- 
bación del Consejo Real, fué elevada á cátedra de propie- 
dad esta cátedra del Dr. Bravo (1), con salario de doscien- 
tos ducados, pero sin derecho á ganar el residuo que dis- 
frutaban los otros catedráticos de propiedad. Previa oposi- 
ción fué nombrado catedrático el Dr. Bravo el 29 de Abril 
de 1577. Le jubilaron durante el curso de 1596-97: debió ser 
en Marzo del 97 porque el sustituto fué designado el 30 de 
dicho mes. El Dr. Bravo murió el 27 de Julio de 1610. Mo- 
rejón y Gallardo dan notas sobre las obras que escribió 
este ilustre Maestro. 

Busto (Martín de). 

Hizo el juramento para el grado de Licenciado en Cá- 
nones el 12 de Mayo de 1559. En 1562 es catedrático de una 
de las cursatorias de Cánones; al año siguiente, el 2 de 
Mayo, hizo el juramento para recibir el grado de Doctor. 
El 9 de Marzo de 1574 fué nombrado catedrático de Sexto y 
Clementinas. Dejó esta cátedra para encargarse de la de 
Decreto en 30 de Abril de 1583. El 21 de Junio de 1593 se le 
dio por jubilado. Durante su jubilación desempeñó una de 
las plazas de Oidor de la Cnancillería de Valladolid hasta 
su muerte acaecida en los primeros días del curso 160102. 

Cano (Melchor). 

Las Historias del Convento de San Esteban y otras 
aportan curiosos datos acerca de este Maestro. Añadire- 
mos que el 23 de Octubre de 1546 tomó posesión de la cáte- 
dra de Prima de Teología á la muerte del Mro. Vitoria, y 
en 18 de Diciembre del mismo año hizo el juramento para 
incorporar su grado. Desempeñó la cátedra hasta que en 
Claustro de 26 de Enere de 1551 se le dio licencia y mandado 
para que asistiese al Concilio de Trento. No hemos encon- 
trado datos de su permanencia en Salamanca después de ha- 
ber vuelto del Concilio. Solo sabemos que ya en Octubre 
del 552 era catedrático de Prima Fr. Domingo de Soto. Ni- 

(1) V. t. I, pág. 565. 



- 332 - 

colas Antonio, Catalina García, Gallardo y otros dan inte- 
resantes noticias bibliográficas. 

Por tratarse de uno de los más notables maestros de 
aquellos tiempos, transcribimos de los Historiadores del 
Convento de su orden; 



(1) DEL MAESTRO FR. MELCHOR CANO, CATEDRÁTICO DE PRIMA DE SALA- 
MANCA, QUE FUÉ OBISPO DE CANARIAS, Y DE OTROS CATEDRÁTICOS 
DE TEOLOGÍA DE SU TIEMPO EN LA UNIVERSIDAD. 

Al doctísimo Maestro Fr. Francisco de Vitoria, de buena me- 
moria, sucedió en la cátedra de prima el Maestro Fr. Melchor 
Cano, hijo del Convento de Salamanca, en el año de 1546. Tuvo un 
grande opositor, reputado por uno de los más eminentes hombres 
en letras de aquellos tiempos, el Maestro Juan Gil de Nava, cate- 
drático entonces de Filosofía moral y después de la cátedra de Vís- 
peras de Teología, de quien en el capítulo precedente se ha hecho 
alguna mención. Pero como el Maestro Fr. Melchor Cano tenía 
tan grande ostentación y hizo actos tan lucidos y admirables, llevó 
tras sí los ánimos de la Escuela, con que le dieron la cátedra con 
mucho exceso de votos. Trajéronle de la cátedra de prima de Al- 
calá que tenía, no queriendo la Orden que se opusiese otro, porque 
temía mucho no se perdiese la cátedra, y aunque en aquel tiempo 
era catedrático de Vísperas el Maestro Fr. Domingo de Soto, no 
estaba en Salamanca, porque asistía al Concilio de Trento aquel 
año de 1546, cuando vacó la cátedra por muerte del Maestro Vito- 
ria, y predicó á los Padres del Concilio el primer domingo de 
Adviento de aquel año. Tuvo la cátedra de prima el Maestro fray 
Melchor Cano casi siete años con grande utilidad y aprovecha- 
miento de los discípulos, y dejóla cuando le hicieron obispo de Ca- 
narias el año de 552, sucediéndole en ella el Maestro Fr. Domingo 
de Soto. Fué el Padre Maestro Fr. Melchor Cano natural de la 
villa de Tarancón, en el obispado de Cuenca, y hizo profesión en 
el Convento de Salamanca, adonde había tomado el hábito, siendo 
prior el santo Fr. Juan Hurtado, á 19 de Agosto de 1524 años. 
Tuvo el año de noviciado en compañía de otros novicios muy 
hábiles, que salieron varones eminentes en letras y erudición, 
porque fueron novicios con él los Maestros siguientes: Fr. Andrés 



(1) Sobre todos los catedráticos de Prima de Teología de esta Universidad, 
desde la creación de la Facultad en 1416 hasta el 1606, véase la obra Historiado- 
res del Convento de San Esteban de Salamanca, publicados por el P. Cuer- 
vo, t. I, págs. 201 y 483; t. II, per totnm; t. III, pág. 599. 



- 333 - 

de Tudela, que fué catedrático de prima de Alcalá, y murió año 
de 1542, á quien sucedió en la misma cátedra el Maestro Fr. Mel- 
chor Cano. Fr. Mancio de Corpore Christi, que fué catedrático de 
prima de Alcalá y de Salamanca. Fr. Martín de Ledesma, que fué 
catedrático de prima de Coimbra y fundador de la Teología en 
aquella Universidad. Fr. Cristóbal de Córdoba, que fué provincial 
de la provincia. Fr. Tomás de Chaves, que sacó á luz la Suma de 
Sacramentos del Maestro Vitoria. Estos Padres Maestros fueron 
novicios con el Maestro Cano y otros algunos maestros más, que 
á la Orden había traído con su espíritu, santa Aida y fervorosos 
sermones el prior Fr. Juan Hurtado. 

Después que hizo profesión, entró en los estudios, donde dio 
grandes muestras de excelente y agudo ingenio, descubriendo muy 
grande caudal y rica habilidad. Señalábase mucho entre todos sus 
condiscípulos, aunque eran tan grandes sujetos y dotados de tan 
excelentes ingenios como se ha dicho. Tuvo por maestro en la teo- 
logía al P. Fr. Francisco de Vitoria luego á los principios que co- 
menzó á leer la cátedra de prima, aprovechándose incomparable- 
mente debajo de la disciplina de tal Maestro. Después desto le eli- 
gió el Convento por colegial del Colegio de San Gregorio de 
Valladolid para que con la comunicación de hombres tan hábiles 
y tan grandes ingenios como allí ha habido y hay, saliese más con- 
sumado en la teología. Era á la sazón regente y lector del Colegio 
el Maestro Fr. Diego de Astudillo, varón muy docto y teólogo muy 
profundo, y con su comunicación y los ejercicios de aquella easa 
de letras se hizo tan docto, que sin salir de allí (cosa extraordina- 
ria y raras veces vista) fué señalado por el Provincial á instancia 
de los colegiales por lector de Teología; y habiendo leído algunos 
años eon grande aplauso y aceptación de mucho concurso de es- 
tudiantes, le mandó la obediencia que fuese á la Universidad de 
Alcalá á oponerse á la principal cátedra de prima de Santo To- 
más, que estaba vacante por muerte del Maestro Fr. Andrés de 
Tudela. Llevó la cátedra con grande gusto de la Escuela, y leyóla 
con opinión de grande ingenio y singular erudición. Estuvo en Al- 
calá tres años, hasta que el de 1546, por muerte de su maestro 
Fr. Francisco de Vitoria, vacó en Salamanca la cátedra de prima, 
la cual llevó eon mucha reputación y honra al doctísimo Juan Gil 
de Nava, catedrático de Filosofía moral, como está dicho. Leyó la 
cátedra así en la sustancia de doctrina como en la claridad con 
que la enseñaba, con grande satisfacción de toda la Escuela. Fué 
el primer maestro que en Salamanca comenzó á enriquecer las re- 
soluciones de Teología escolástica con testimonios exquisitos de la 
sagrada Escritura y con doctrina de los Concilios y de los santos 
Doctores. Tenía muy especial gracia en presidir á los actos públi- 



- 334 - 

eos, causando grande admiración á los que le oían. Por lo cual fué 
muy estimado de sus discípulos, que afirmaban no haber persona 
alguna en el mundo que en erudición y esplendor se pudiese com- 
parar con él, porque á todos les hacía ventajas conocidas. Tuvo 
noticia el emperador Carlos V de sus raras prendas, por lo cual le 
mandó asistiese al Concilio Tridentino, que reasumió Julio III el 
año de 1551. Y entre los muchos prelados maestros y doctores de 
todas naciones que se hallaron en el Concilio, resplandeció el in- 
genio del Maestro Fr. Melchor Cano con singulares muestras de 
rara erudición. Volvió á España, habiéndose suspendido el Conci- 
lio, adonde hizo particulares servicios á la Iglesia católica, descu- 
briendo y impugnando algunos errores que se levantaban en algu- 
nas ciudades destos reinos. Parecióle á la Majestad Cesárea de 
Carlos V que persona tan docta y de tan aventajadas prendas con- 
venía se ocupase en el gobierno de alguna iglesia, y así le nombró 
por obispo de Canarias año de 1553; pero aunque le aceptó y se 
consagró obispo, dejó el obispado y se retiró al religiosísimo Con- 
vento de Santo Domingo de Piedrahita, por parecerle que estando 
en su Orden serviría mejor á la Iglesia y aseguraría mejor las co- 
sas de su salvación. Mas viendo que las novedades de aquellos 
tiempos pasaban muy adelante y cundían mucho con menoscabo 
y detrimento de la integridad de la fe que por tantos siglos se ha- 
bía conservado en España, se determinó volver á Valladolid á pro- 
curar remediarlo. Allí leyó públicamente delante de grande con- 
curso de frailes, eclesiásticos y seglares, ciertas anotaciones sobre 
la epístola de San Pablo, primera á Timoteo, que eran mu}' á pro- 
pósito para confundir y destruir las novedades y errores que en- 
tonces se iban descubriendo. Hiciéronle prior de su Convento de 
Salamanca, y aunque obispo consagrado, aceptó el oficio. En el 
cual, sucediendo en Salamanca una terrible hambre por más de 
cinco meses, prove3 T ó de pan, pescado y potaje para todos los po- 
bres que se juntaban, que eran en grande y crecido número, y no 
por eso dejaba de dar la limosna ordinaria acostumbrada que el 
Convento reparte cada día, gastando tres fanegas de pan cocido 
al día. No contentos entonces los religiosos, viendo el buen espíri- 
tu de su prelado, dejaban la mayor parte de su comida para los 
pobres, y demás desto pedían licencia para vender los libros y 
otras algunas cosas que en las celdas tenían, para socorrer esta 
necesidad. Imitaban en esto al bienaventurado San Agustín, que 
cuando no tenía que dar á los pobres, vendía el vestido para re- 
partir entre ellos el dinero que sacaba. Tenían también delante el 
ejemplo de nuestro glorioso Padre Santo Domingo, que vendió los 
libros que tenía, para ayudar al socorro de otra semejante necesi- 
dad que en su tiempo sucedió en la ciudad de Palencia, adonde él 



- 335 - 

estudiaba. Y no paró la caridad de los religiosos en esto, sino con- 
siderando que entre los muchos pobres que acudían, venían algu- 
nos muy necesitados de vestidos, porque no tenían con qué cubrir 
sus carnes, los abrigaron y vistieron. Entendían que por este ca- 
mino se servía á Dios mucho, y se acrescentaba el Com~ento en lo 
temporal y en lo espiritual. Acudía al remedio de estas necesida- 
des el prior Fr. Melchor Cano, en compañía del Maestro Fr. Do- 
mingo de Soto, con tanto fervor y caridad, que estando el Conven- 
to muy alcanzado, se tomaron mil ducados á censo para remedio 
de los pobres. De todos ellos había minuta en la casa hecha por 
orden y diligencia del Padre Prior. 

Los mayordomos de las parroquias acudían al Convento, de 
donde llevaban el pan cocido que era necesario y estaba señalado 
para los pobres de cada parroquia. En la iglesia había dos me>as, 
una para mujeres y otra para hombres, y en ambas se proveía lo 
necesario para la comida, ayudando los frailes, particulares, y 
muchos con todas sus raciones, los cuales pasaban como podían, 
con menos de lo que habían menester, en razón de socorrer la ne- 
cesidad de los pobres. Este ejemplo fué muy eñcaz para que los 
caballeros y ciudadanos se moviesen á mayor compasión, y se 
alargasen en las limosnas. Ayudó mucho para esto la autoridad y 
persuasión del Maestro Fr. Domingo de Soto, el cual, en predi- 
cando, luego se juntaba con el Corregidor y con algunos caballe- 
ras, y pedían limosna, y lo que se juntaba se gastaba en el Con- 
vento en la forma y manera sobredicha. Otra grande hambre suce- 
dió año de 1599, siendo prior el P. Maestro Fr. Rafael de la Torre, 
que lo ha sido cuatro veces en grande aumento de la Religión y 
del bien temporal del Convento; á la cual se socorrió con tanto 
cuidado y con tan fervorosa caridad, que movió á los de la ciudad, 
á su imitación. Alargóse mucho la limosna, que se da cada día, 
sustentando muchos más pobres, así los envergonzantes como los 
que andan pidiendo por las puertas. Y los Religiosos pidieron al 
Prior que mandase se les diese pan bazo á fin de que las libras 
que se habían de aumentar en cada fanega, se diesen de limosna, 
y de la ración que á ellos se les daba; y así por abstinencia como 
por raridad dejaban la mayor parte de la comida, y las manos de 
Dios, que todo lo multiplican, lo repartieron de tal manera que el 
trigo que se había medido como necesario hasta la cosecha, que 
era por el mes de Julio, llegase hasta el mes de Octubre, y que se 
hallasen más de cien fanegas más de lo que entendían que había. 
En esta ocasión muchos Religiosos vendieron también sus libros, 
para con el precio socorrer esta grave necesidad, y de lo que les 
daban por los libros, no sólo les remediaban su hambre, sino su 
desnudez y los vestían. 



- 336 - 

Pero volviendo al P. Maestro Fr. Melchor Cano, el año de 1557 
fué electo provincial en el Capítulo que esta provincia celebró en 
el insigne Convento de San Vicente Ferrer de la ciudad de Plasen- 
cia (1), y por ciertas causas que se le ofrecieron con ocasión de su 
oficio, fué llamado á Roma por el general de la Orden Fr. Vicente 
Justiniano, y habiendo negociado y despachado muy á satisfac- 
ción, se volvió á su provincia, adonde dentro de pocos días murió 
en el Convento de San Pedro Mártir el Real de Toledo año de 1560. 
Fué sepultado en el Capítulo, á la entrada, y puesta una piedra de 
pizarra sobre su sepultura en la cual después enterraron al Maes- 
tro Fr. Pedro de Contreras, provincial que también había sido des- 
ta provincia. Dejó escrito y impreso el libro de Locis Theologicis, 
de extraordinaria erudición, muy recibido de los hombres doctos 
de todas las naciones como por las frecuentes impresiones que de él 
se han hecho se manifiesta. También dejó impresas dos relecciones 
muy doctas, una de Sacramentis in genere, y otra de Paenitentia. 
El tiempo que el Maestro Fr. Melchor Cano tuvo la cátedra de pri- 
ma: tuvo la de vísperas el Maestro Fr. Domingo de Soto, y habién- 
dola dejado cuando fué nombrado confesor del emperador Car- 
los V, la llevó el Maestro Juan Gil de Nava, como está dicho; y 
muriendo este Maestro el año de 1551, envió el provincial Fr. Bar- 
tolomé Carranza de Miranda al Maestro Fr. Pedro de Sotomayor, 
regente del Colegio de San Gregorio de Valladolid, que se opusie- 
se á ella, y llevóla, y la leyó nueve años, hasta el de 1560, que 
ascendió á la de prima. Era este Padre Maestro hijo del Convento 
de San Pablo de Córdoba. La cátedra de Santo Tomás la tenía el 
Maestro Fr. Juan de Guevara, de la Orden de nuestro P. San Agus- 
tín muy docto y religioso varón. La de Escoto tenía el Maestro 
Martín de Roa, colegial mayor de San Bartolomé, en la cual se 
sucedió año de 1556 D. Diego de Torquemada colegial del dicho 
Colegio, que fué obispo de Tuy, y en su Catedral levantó y hizo el 
mausoleo <j sepulcro del santo Fr. Pedro González Telmo, fraile 
desta Orden, de quien se reza como de patrono de aquel obispado. 

Cartagena (Francisco de). 

En 23 de Agosto de 1540 hizo el juramento para gra- 
duarse de Licenciado en Medicina. Desde 1546 á fecha que 
podrá ponerse entre 1550-52 desempeñó la cátedra de Arti- 

1 1 1 Declarada nula esta elección, Melchor Cano fué reelegido en 1559, en el Ca- 
pítulo de Segovia. Cesada también esta elección con el pretexto de ser obispo con- 
sagrado, Cano fué á Roma, y logró del Papa su confirmación en el oficio de pro- 
vincial. 



— 337 - 

cela que dejó para pasar á ser sustituto del Dr. de la Parra 
en la clase de Vísperas de Medicina. El 25 de Junio de 1557 
tomó posesión de la cátedra de Prima de Medicina y en 5 de 
Septiembre de aquel año le fué dado el grado de Doctor. 
Era entonces sacerdote. Disfrutó poco de la cátedra: en 19 
de Octubre de 1559 se hizo la publicación de la vacatura de 
la misma por muerte del Dr. Cartagena, que debió falle- 
cer en las vacaciones del curso anterior. 

Castillo (García del). 

Maestro en Artes. Su nombre ha pasado á la posteridad 
al lado del Mro. Lebrija, por haber sido ambos oposito- 
res á la cátedra de Prima de Gramática que quedó vacan- 
te á la muerte del Mro. Yisón, de quien García del Castillo 
había sido sustituto por enfermedad. El Mro. Castillo tomó 
posesión de la cátedra de Prima en Julio de 1513 según cons- 
ta en el acta del Claustro de 17 de Febrero de 1533. Recibió 
el grado de Maestro el 22 de Agosto de 1513. Desempeñó la 
clase hasta su jubilación en 17 de Febrero de 1533. A los po- 
cos meses, el 9 de Agosto, murió el Maestro y la cátedra de 
Prima se anunció por vaca dos días después. 

Castillo (Juan del). 

Fué colegial del Arzobispo. En 10 de Julio de 1542 verifi- 
có el juramento para recibir el grado de Licenciado en Cáno- 
nes, y el mismo día de 1547 lo hizo para tomar el de Doctor. 
En 17 de Junio de 1548 fué nombrado catedrático de una de 
las cursatorias de Cánones, que desempeñó hasta el 2 de 
Diciembre de 1557 en que se encargó de la sustitución del 
Dr. Ciudad en una de las de Vísperas de Cánones. Tuvo á su 
cuidado esta sustitución hasta el 3 de Marzo de 155.S en que 
le nombraron catedrático de Sexto y Clementinas. Por su 
mal estado de salud necesitó de sustituto. Al fallecer el 
Dr. Castillo se pronunció la vacatura de la cátedra de Sex- 
to el 7 de Enero de 15íj>7. 



- 338 



Castillo (Juan del). 

Figura con el número 355 entre los colegiales de San 
Bartolomé. Entró en el colegio en 1558. En 1563 fué nom- 
brado catedrático de una de las cursatorias de Artes, que 
debió dejar en 1566 cuando salió del colegio por ser elegido 
Obispo de Santiago de Cuba. Al hacer el juramento en 22 
de Noviembre de 1565 para graduarse de Licenciado era ya 
electo Obispo de Cuba en Indias. 

Castro (Benito de). 

Desempeñó en 1519 por algún tiempo la cátedra de Ins- 
tituía. En 1520 tomó posesión de una de las de Código que 
ocupó hasta el 13 de Julio de 1529. Era Licenciado y Doc- 
tor en Leyes por esta Universidad: se graduó de Doc- 
tor antes de 1526. En 1523 estuvo procesado por interven- 
ción en el asesinato de Beatriz de Castro (1), pero nada he- 
mos averiguado de las resultas del proceso. En el día, mes 
y año antes indicado, se le dio la sustitución de la cátedra 
de Prima de Leyes del Dr. San Isidro. La desempeñó hasta 
que el 27 de Mayo de 1531 fué nombrado catedrático de Vís- 
peras de Leyes. En 5 de Diciembre de 1536 le designaron 
catedrático de una de las de Prima de Leyes: figura como 
tal en los Estatutos de la Universidad de 1538. Debió falle- 
cer en 1542: en la provisión de lecturas de 12 de Junio 
de 1542 aparece como catedrático de Prima su sucesor el 
Dr. Pérez de Grado. 

Castro (Juan de). 

Doctor en Cánones. Hizo el juramento el 1 de Mayo 
de 1503. Es el dato más antiguo que hemos adquirido de él. 
Fué después catedrático de una de las cursatorias de Cáno- 
nes, y sustituto de los Dres. Benavente (Diego Alonso de) y 
Yillasandino. En 20 de Agosto de 150o fué nombrado cate- 
drático de Sexto y Clementinas. Después le designaron para 

(1) v. 1. 1. 



- 339 - 

catedrático de Decreto: debió serlo á principios de 1526, por : 
que la cátedra de Sexto que dejaba, se proveyó en propiedad 
en Febrero de aquel año. El 25 de Mayo de 1528 se anunció 
la vacatura de la cátedra de Decreto por muerte del Doc- 
tor Castro. 

Castro (León de). 

En 12 de Diciembre de 1533, siendo Bachiller en Artes, 
fué encargado de una de las regencias de Gramática: tenía 
que enseñar Griego y se le asignaron de salario 20.000 mara- 
vedís. Además de esta cátedra de Griego tuvo desde 1547-48 
á 1550 un curso de Gramática latina (Retórica). Jubilado el 
Comendador Hernán Núñez, en 1 de Mayo del 548 se encar- 
gó de la sustitución de la cátedra de Retórica, que ocupó 
hasta que hacia Octubre de 1549 fué nombrado catedrático 
de una de las de Prima de Gramática: siguió dando Grie- 
go. A la muerte del Comendador dejó el curso que había 
venido desempeñando para encargarse de la lectura de la 
cátedra de Griego instituida por la Universidad. A partir 
de este momento la intervención de León de Castro en 
la vida universitaria es muy grande. Había hecho en 27 
de Enero y 24 de Febrero de 1539 los juramentos previos 
para recibir los grados de Licenciado y Maestro en Ar- 
tes. En 1559 se graduó de Licenciado y Maestro en Teolo- 
gía: tenía hechos los estudios de esta facultad, según mani- 
fiesta Nicolás Antonio, bajo la dirección del Mro. Francisco 
Sancho, de quien hablaremos más adelante. Vidal dice que 
su maestro de Teología fué el Brócense (1) pero creemos 
que es un error, debido tal vez á haber ignorado la exis- 
tencia del Mro. Francisco Sancho. Gallardo afirma que es- 
cribió un prólogo al libro de los Refranes del Comendador 
Núñez, impreso en Salamanca en 1555. Fué jubilado en su 
cátedra de Prima de Gramática el 6 de Julio de 1569. Re- 
nunció á la catedrilla de Griego, y el 1 de Mayo de 1576 se 



(1) Aunque reconocemos que á nuestro trabajo podrán apuntársele defectos, 
no obstante el cuidado que hemos tenido al hacerle, nos creemos en el deber de 
advertir que la Memoria histórica de Vidal debe ser manejada con prevención: 
hay que hacer en ella infinidad de correcciones. 



- 340 - 

pronunció la vacatura de la clase. No conocemos la fecha 
precisa de su muerte: el 17 de Octubre de 1585 se dio cuen- 
ta al Claustro del fallecimiento del Mro. León de Castro y 
el 21 del mismo mes se hizo la publicación de la vacatura 
de la cátedra de Prima. Nicolás Antonio da algunos datos 
biográficos y bibliográficos. 

Cercito (Miguel do. 

Figura con el número 356 entre los colegiales de San 
Bartolomé, donde ingresó en 1559. Aquel mismo aflo se en- 
cargó de una de las cátedras cursatorias de Artes, que 
desempeñó hasta 1563, fecha en que salió del colegio. Hizo 
el juramento para recibir el grado de Licenciado en esta 
Universidad el 13 de Junio de 1562. 

Ciudad (Juan). 

Doctor en Cánones desde antes de 1526. Figura como 
catedrático de una de las cursatorias de Cánones des- 
de 1520 á 1523. Después fué sustituto de los Dres. Alarte y 
Villasandino, hasta que e! 19 de Mayo de 1530 fué nombra- 
do catedrático de una de las de Vísperas de Cánones. De- 
bió jubilarse á fines de 1550 ó principios del 1551: al hacerse 
la asignación de lecturas para estas cátedras el 17 de Mayo 
de 1551 no figura él, pero sí su sustituto el Dr. Díaz de San- 
do val. Murió el 6 de Diciembre de 1559. 

Clavijo (Bernardo). 

Tomó posesión de la cátedra de Música el racionero 
Bernardo Clavijo el 3 de Abril de 1593. No era más que Ba- 
chiller cuando se llevó la cátedra. No hemos encontrado su 
nombre entre los graduandos de Licenciados y Maestros. No 
debió desempeñar su cometido con constancia: son frecuen- 
tes las multas que se le imponen por no asistir á clase por 
enfermo. Dejó la cátedra de Música en 1603 por haber sido 
nombrado organista de la capilla de Su Majestad el Rey 
Felipe III. 



- 341 - 

Colonia (Simón de). 

Son muy escasos los datos que tenemos: en 1507 era sus- 
tituto del Mro. Carmona en la cátedra de Texto de Lógica, 
y en 27 de Octubre de 1508 se le encargó de una de las cá- 
tedras cursatorias de Artes. En 1518 era catedrático de Fí- 
sicos y la desempeñó hasta que el 23 de Agosto de 1519 fué 
nombrado catedrático de Filosofía Moral: entonces era Li- 
cenciado. Luego aparece como Maestro. En 1524 era todavía 
catedrático de Filosofía Moral, pero no figura para nada en 
los libros de Claustros de 1526. Debió morir hacia 1525. 

Collado (García del). 

Figura con el número 265 entre los colegiales de San 
Bartolomé, donde ingresó en 1522. Se licenció en Cánones 
el 1°. de Febrero de 1526, é hizo el juramento para recibir 
el grado de Doctor el 6 de Agosto del año 1527. El 20 de 
Agosto del año siguiente fué nombrado catedrático de una 
de las cursatorias de Cánones, que desempeñó hasta que el 
25 de Octubre de 1535 fué elegido catedrático de una de 
las de Vísperas de Cánones. El 22 de Marzo de 1541 le de- 
signaron catedrático de Prima en la vacante del Dr. Nava- 
rro. Por fallecimiento del Dr. Collado fué pronunciada la 
vacatura de la cátedra de Prima de Cánones el 22 de Agos- 
to de 1549. 

Córdoba Fr. Alonso de). * 

Agustino. El 2o de Abril de 1510 tomó posesión de la cá- 
tedra de Lógica de nominales, recientemente creada por l;i 
Universidad. Carecemos de datos para señalar cuánto tiem- 
po ocupó esta cátedra; solo sabemos que á fines de 1518 no 
figuraba entre los catedráticos de la ilustre Escuela. En una 
petición que dirige en 1529 rogando que le hagan vitalicia 
la cátedra de Gregorio Arimino, que desempeñaba, el Claus- 
tro se la prorrogó por otros cinco años: de aquí hemos con- 
jeturado que en 1524 pudo ser nombrado para esta cátedra. 
Sin embargo, en los libros de Claustros la cita más antigua 



- 342 - 

es la de 4 de Junio de 1527. Aquel día se dio licencia á los 
maestros y catedráticos de esta Universidad Fr. Francis- 
co Vitoria, Fr. Alonso de Córdoba, Frías, Vázquez de Oro- 
pesa, Silíceo y Margallo para ir á Valladolid al examen de 
las obras de Erasmo que tendría lugar el 15 del mismo mes 
y año. Dejó esta cátedra de Gregorio Arimino ó de Teolo- 
gía de nominales el 28 de Marzo de 1530 por haber tomado 
posesión de la de Filosofía moral. Desempeñó esta clase 
hasta su muerte, y sentimos no haber podido precisar la fe- 
cha del fallecimiento, pero falta el libro de cuentas corres- 
pondiente al curso de 1541-42, en donde se daría seguramente 
noticia de él: en el curso anterior figura el Mro. Fr. Alonso; 
y en el siguiente el Mro. Juan Gil de Nava. Es presumible 
que falleciera á fines del 541 porque el Mro. Francisco San- 
cho, sucesor del Mro. Gil de Nava en la cátedra de Lógica 
Magna, incorporó su grado de Maestro en Febrero del 542. 
y teniendo en cuenta la costumbre de incorporar los gra- 
dos después de tener cátedra de propiedad, y el tiempo que 
se empleaba en hacer las provisiones de las cátedras, cabe 
suponer dicha fecha. Nicolás Antonio dice que murió en 
Avila en 1542 y aparte algún otro dato biográfico da algu- 
nos bibliográficos interesantes. También se ocupa de él la 
Historia del Convento de San Agtistin. 

Coronel (Pablo). 

Estuvo durante algún tiempo leyendo un partido de He- 
breo que le señaló la Universidad de 50.000 maravedís de 
salario en Claustro de 13 de Septiembre de 1530. Lo debió 
leer hasta su muerte: en Junio de 1534 consta en los libros 
de Claustros que era catedrático de Hebreo y Nicolás Anto- 
nio dice que murió en Octubre de aquel año. En 7 de Abril 
de 1533 firmó en el libro de Claustros una obligación por la 
que salía garante de un giro de 12 ducados hecho á un tal 
Zamora, vecino de Alcalá, para que enviase la Biblia que 
escribía. 



- 343 - 

Corpus Christi ¡Fr. Mandos 

Las Historias del Convento de San Esteban de Sala- 
manca dan algunos datos biográficos. Podremos añadir que 
se graduó en 1546 de Maestro en Teología en el colegio de 
Porta Coeli, extramuros de Sigüenza, y en la certificación 
que presentó cuando incorporó su grado en Salamanca 
en 1564 dice u Reverendus dominus frater Mantius de Bece- 
rrilí ordinis predicatorum... Quizá le diese este apellido por 
ser natural de Becerril de Campos. Desde 1551 fué catedrá- 
tico de Santo Tomás en Alcalá. Se opuso á la cátedra de 
Prima de Teología de Salamanca y fué nombrado catedrá- 
tico sin oposición, por ser único opositor, en Noviembre 
de 1564. No hemos visto la fecha en el proceso de la provi- 
sión de la cátedra, pero las Historias de San Esteban seña- 
lan el día 22. Hizo el juramento para incorporar su grado 
de Maestro en Teología el 7 de Diciembre de 1564. Por su 
fallecimiento en 8 de Julio de 1576, según los documentos de 
la Universidad, quedó vacante la cátedra de Prima de Teo- 
logía. Nicolás Antonio da algunos datos bibliográficos re- 
ferentes á este ilustre dominico. 

Costa (Manuel da¡. 

Portugués. Se hizo Bachiller en Leyes en Salamanca el 4 
de Abril de 1532 y recibió el grado de Doctor en la Univer- 
sidad de Coimbra el 11 de Noviembre de 1537. Siendo cate- 
drático jubilado en esta última Universidad, hizo oposición 
á una de las de Prima de Leyes de la de Salamanca y el 3 de 
Diciembre de 1561 fué nombrado catedrático. Verificólos ju- 
ramentos para recibir el grado de Licenciado é incorporar 
el de Doctor el 6 y el 12 de Febrero de 1562. El 22 de Junio de 
aquel mismo año se publicó la vacatura de la cátedra de 
Prima por muerte del Dr. Costa. En el libro de cuentas hay 
una instancia de ia viuda de Costa pidiendo dinero á la 
Universidad para pagar las deudas contraídas en el viaje y 
volver á Portugal. Nicolás Antonio da también abundantes 
datos biográficos y bibliográficos. 



- 344 - 

Covarrubias y Leiva (Antonio de). 

Colegial de Oviedo. Hermano del Visitador de la Uni- 
versidad D. Diego de Covarrubias. Hizo el juramento para 
recibir el grado de Licenciado en Leyes el 23 de Marzo 
de 1556. Durante el curso de 1558-59 fué nombrado catedrá- 
tico de Instituía: desempeñó esta clase hasta el 17 de Mayo 
de 1560 en que le designaron sustituto del Dr. Peralta en 
la cátedra de Prima de Leyes. En los primeros días del 
año 1561 dejó la sustitución para pasar de Oidor á la Audien- 
cia de Granada. Prescindimos de los demás detalles de su 
vida que pueden leerse en muchos autores, entre otros Ni- 
colás Antonio, que hace un estudio biográfico y bibliográ- 
fico bastante completo. 

Covarrubias y Leiva (Diego de). 

Colegial de Oviedo. Hizo los juramentos para recibir los 
grados de Licenciado y Doctor en Cánones en 30 de Di- 
ciembre de 1538 y en 9 de Febrero de 1539. El 23 de Diciem- 
bre de 1540 fué nombrado catedrático de una de las cursa- 
torias de Cánones que desempeñó hasta Junio de 1548. Se 
hizo publicar la vacatura de ella el día 8 de dicho mes. Des- 
de esta fecha, hasta que le eligieron Obispo de Ciudad 
Rodrigo en 1560, los hechos de su vida no se conocen bien. 
Visitó en nombre de Felipe II á la Universidad en 1561. 
Prescindimos de otros detalles por ser muy conocidos. Ni- 
colás Antonio, el Marqués de Alventos y otros dan abun- 
dantes pormenores bibliográficos. 

Delgado (Francisco). 

Figura con el número 316 entre los colegiales de San 
Bartolomé, donde ingresó en 1540. La Historia del Colegio 
trae una minuciosa biografía de él. Recibió en la Universi- 
dad de Salamanca el grado de Licenciado en Teología: hizo 
el juramento el 6 de Marzo de 1546. Fué, como dice la His- 
toria del Colegio, catedrático de Santo Tomás, desde 1543 
á 1548 (1). 



(1) Prescindiremos en lo sucesivo de muchos colegiales de San Bartolomé que 
fueron catedráticos de cursatorias porque por lo general están conformes los da- 
tos de la Historia del Colegio con lo averiguado por nosotros. 



345 - 



Díaz de Sandoval Noguerol (Gutiérrez). 

Se le conoce con el nombre del Dr. Sandoval ó Dr. San- 
doval Noguerol. Hizo los juramentos para recibir los gra- 
dos de Licenciado y de Doctor en Cánones el 27 de Junio 
de 1547 y el 6 de Mayo de 1548. Era entonces catedrático 
de una de las cursatorias de Cánones para la que había sido 
nombrado el 29 de Octubre de 1546. Dejó esta cátedra en 9 de 
Agosto de 1549 por haberle designado sustituto del Dr. de 
la Puebla en la clase de Prima de Cánones. En el curso 
de 1553-54 figura como sustituto del Dr. Ciudad en la de 
Vísperas: no conocemos la fecha del nombramiento, pero se 
le cita como tal en la asignación de lecturas de 1551. Cesó 
en esta sustitución el 23 de Noviembre de 1557 por haber sido 
nombrado catedrático de Sexto. Desempeñó esta cátedra 
dos meses: el 21 de Enero de 1558 pasó á la de Prima de 
Cánones. Ocupó esta cátedra hasta su muerte: se hizo la 
publicación de su vacatura el 15 de Junio de 1569. 

Diez de Alcocer (Fernando). 

Son pocos los datos que hemos podido reunir. Figura 
como Doctor en una de las cátedras de Vísperas de Cáno- 
nes en los libros de cuentas de 1518-1519. Desempeñó esta 
cátedra hasta su muerte en 7 de Noviembre de 1522. 

Enríquez (Diego). 

Natural de Zamora. Hizo los juramentos para recibir 
los grados de Licenciado y Doctor en Leyes el 22 de Junio 
de 1557 y el 28 de Abril de 1560 respectivamente. En 1565 
figura como catedrático de Código. A la muerte del Doctor 
Juan Bautista Gómez, hijo del Dr. Antonio Gómez, fué 
nombrado catedrático de Volumen. Tomó posesión de la 
cátedra el 29 de Marzo de 1569. En 6 de Junio de 1572 es ya 
catedrático de una de las de Vísperas de Leyes, y el 21 de 
Marzo de 1584 tomó posesión de una de las de Prima de Le- 
yes. Fué jubilado. La cátedra de Prima se declaró vacante 
por muerte del Doctor en 26 de Agosto de 1605. 



- 346 - 

Enríquez (Gabriela 

Hizo los juramentos para recibir los grados de Licencia- 
do y Doctor en Leyes el 7 de Mayo y el 1 de Septiembre 
de 1578 respectivamente. En 9 de Septiembre de 1581 fué 
nombrado catedrático de Código. Desempeñó esta cátedra 
hasta el 31 de Mayo de 1584 en que le designaron para susti- 
tuto de la cátedra de Vísperas de Leyes del Dr. Andrada. 
En 1 de Marzo de 1506 fué nombrado catedrático de Di- 
gesto Viejo. Por Real Cédula de 12 de Junio de 1587 se le 
aumentaron 200 ducados anuales en el salario de esta cáte- 
dra (1). El 31 de Diciembre de 1592 pasó á la clase de Pri- 
ma de Leyes. Por haber sido nombrado Fiscal de la Real 
cárcel de Corte dejó la cátedra en 1606. 

Espino de Cáceres (Diego de). 

Natural de Salamanca. Hizo los juramentos para recibir 
los grados de Licenciado y Doctor en Cánones el 27 de No- 
viembre de 1559 y el 19 de Mayo de 1560. El 30 de Octubre 
de 1571 fué nombrado catedrático de una de las cursatorias 
de Cánones que desempeñó hasta el 4 de Agosto de 1579, 
por elegirle entonces sustituto de la cátedra de Prima de 
Cánones del Dr. Gutiérrez de Moya. En la lista de catedráti- 
cos de cursatorias de Cánones que precede, figura el Doctor 
Espino con dos cátedras: una de 1571-72, y otra de 1574-79. 
Respecto á ello advertiremos que al producirse una vacante 
en estas clases se corría la escala y variaba la lectura que 
cada catedrático tenía que hacer en la que desempeñaba. 
La mayor parte de las veces no se hacía constar tal va- 
riación, pero en aquella fecha se hicieron simulacros de 
vacaturas y oposiciones para dar á cada uno la cátedra que 
por antigüedad le correspondía. En 22 de Junio de 1583 fué 
nombrado catedrático de Sexto. En 1 de Abril de 1591 de 
Vísperas de Cánones, y en 14 de Junio de 1597 de una de 
las de Prima de Cánones. Fué jubilado durante el curso 
de 1601-02 porque el sustituto tomó posesión de la susti- 

(1) v. 1. 1. 



- ^47 - 

tución en el mes de Julio de 1602. Xo sabemos el día de su 
muerte, pero quizá sea el 18 de Octubre de 1602 porque en 
los libros de cuentas se dice que la cátedra de Prima estaba 
vacante desde el día de San Lucas del año 1602 por muerte 
del Dr. Espino. Nicolás Antonio trae algunas notas biográ- 
ficas y bibliográficas incompletas. 

Espinosa (Pedro). 

Figura en los libros de Claustros como regente de Gra- 
mática hasta 1504. Debió ser nombrado catedrático de Pri- 
ma de Gramática en la vacante de Lebrija, pero sólo sabe- 
mos que á principios de 1504 se presentó á hacer tales opo- 
siciones, y que en 31 de Marzo de 1503 se anunció de nuevo 
la vacante de la cátedra de Prima de Gramática por muerte 
del Mro. Pedro de Espinosa. 

Farfán (Francisco). 

Un Maestro en Artes y Doctor en Teología por la Uni- 
versidad de Toledo de este nombre, hizo el juramento para 
recibir el grado de Licenciado en Teología en Salamanca 
el 14 de Septiembre de 1584. Luego incorporó su grado de 
Doctor en Teología. Era entonces canónigo de Salamanca. 
Gallardo le cita al insertar la aprobación de la obra del Bró- 
cense, Los errores de Porfirio, fechada en 3 de Marzo 
de 1588. Desde 1589 á 1592 figura un Mro. Farfán desempe- 
ñando un partido de Griego. No sabemos nada más de su vi- 
da. De sus obras Nicolás Antonio hace una sucinta enume- 
ración. 

Fermoselle (Diego de). 

Siendo Licenciado hizo el juramento de 1.° de Mayo 
de 1503: debía ser catedrático de Música, pero no hemos 
encontrado hasta el 4 de Mayo de 1606 ninguna indicación 
precisa de que tenía tal cátedra. Por muerte del entonces 
ya Mro. Fermoselle se hizo publicar la vacante de la cáte- 
dra de Música el 5 de Agosto de 1532. 



- 348 - 

Fernández (Lucas). 

Aparece como sucesor del anterior en la cátedra de Mú- 
sica. Fué nombrado el 31 de Octubre de 1522. En 30 de Di- 
ciembre de 1526 hizo el juramento para graduarse de Licen- 
ciado y poco después debió hacerse Maestro porque en el 
juramento de 1 de Mayo de 1527 figura el Mro. Lucas Hernán- 
dez. Aparece en la documentación del Archivo indistinta- 
mente Hernández y Fernández. Por muerte del Maestro se 
hizo publicar la vacante de la cátedra de Música en 19 de 
Octubre de 1542. Gallardo da algunas notas bibliográficas. 

Ferrera Francisco de). 

Doctor en Cánones. Debió ser nombrado catedrático de 
Sexto y Clementinas á la muerte del Dr. Cornejo, aunque 
no consta la provisión, porque en 11 de Julio de 1596 se 
anuncia de nuevo la vacatura de la cátedra por muerte del 
Dr. Ferrera. 

Flamineo (Lucio). 

Siendo Bachiller se opuso á la cátedra de Prima de Gra- 
mática, vacante por renuncia del Mro. Lebrija, en 17 de 
Diciembre de 1503. En 11 de Enero de 1504 le señaló la 
Universidad 20.000 maravedís de salario para que leyese á 
Plinio: esta cátedra la desempeñó hasta su muerte. En 22 
de Noviembre de 1507 fué nombrado catedrático de la cur- 
satoria de Poesía, vacante por muerte del Br. Alvarez. De- 
jó esta cátedra cuando tomó posesión de la de propiedad de 
Retórica el 27 de Abril de 1500. Disfrutó de ella poco tiem- 
po, pues en 2 de Julio de aquel mismo año se declararon va- 
cantes las cátedras de Retórica y Plinio por muerte de 
Flamineo. 

Francés (Miguel). 

De sus primeros años da algunos datos Picatoste. Reci- 
bió en la Universidad de Zaragoza los grados de Licencia- 
do y Maestro en Artes. De su vida en Salamanca sentimos 



- 349 - 

no poder aceptar las manifestaciones del autor que aca- 
bamos de citar. Desempeñó el Mro. Francés una cátedra 
cursatoria de Artes desde 1554 á 1559. El día 1 de Junio 
de este año le designaron sustituto del Mro. Enrique Her- 
nández en su cátedra de Filosofía natural. Permaneció en 
esta sustitución hasta el 25 de Octubre de 1579. El día an- 
tes había sido nombrado catedrático de Prima de Lógica 
(Súmulas). En 10 de Diciembre del mismo año hizo el jura- 
mento para tomar el grado de Licenciado, y recibido que 
fué, el Claustro se reunió para tratar de la incorporación del 
grado de Maestro por la Universidad de Zaragoza. En este 
acta consta que la Universidad le incorporaría si pagaba 
las propinas que los tasadores señalasen y los tasadores di- 
jeron que habían sido acordadas y aceptadas por el Maes- 
tro FYancés que estaba dispuesto á satisfacer su importe. 
Se hizo la publicación de la vacatura de la cátedra de Ló- 
gica, por muerte del Mro. Francés, el 23 de Marzo de 1582. 
Picatoste añade algunas notas bibliográficas. 

Frías (Francisco de. 

Los datos más antiguos que tenemos de él son del 
año 1518: era entonces catedrático de Código. Dejó esta cá- 
tedra en 1519 y nada sabemos fijo de él hasta el 5 de Diciem- 
bre de 1521: quizá en este bienio estuviese encargado de la 
sustitución de la cátedra del Dr Galíndez de Carvajal, aun- 
que no tenemos datos firmes en que apoyarnos. En la últi- 
ma fecha citada fué nombrado catedrático de Vísperas de 
Leyes: se graduó al poco tiempo de Doctor, el 5 de Enero 
de 1522. En los libros de Claustros, en fecha correspon- 
diente á Enero de 1526 era, «además de catedrático, escri- 
bano principal por Su Majestad en el Estudio é Universidad 
de Salamanca, que tenía por merced para toda su vida. La 
Universidad consiguió del Emperador que le donase per- 
petuamente dicha escribanía después de la muerte del Doc- 
tor Frías (1). En 20 de Abril de 1531 se hizo la publicación 
de la vacante de la cátedra de Vísperas por muerte del Doc- 
tor Frías. 



(1; V. t. I, págs. 396-4U3. 



350 



Frías (Martín de). 

Era catedrático en 1503. Debía ser catedrático de Bi- 
blia: tenemos una nota del 23 de Junio de 1506 en la que 
así consta. En 21 de Octubre de 1507 deja vacante la cáte- 
dra de Biblia para pasar á la de Vísperas de Teología que 
desempeñó hasta su muerte. En 1527 asistió al examen de 
las obras de Erasmo en Valladolid. Debía estar jubilado 
por entonces, pero no hemos encontrado la fecha de su 
jubilación. Hemos hallado la de su muerte que tuvo lugar 
el 24 de Octubre de 1528. La cátedra se dio por vacante dos 
días después. Nicolás Antonio señala alguna de sus obras. 

Fuenmayor (Alonso de). 

Figura con el número 258 entre los colegiales de San 
Bartolomé. Ingresó en el Colegio en 1518. Desempeñó una 
de las cátedras cursatorias de Cánones de 1523 á 1528. El 
Marqués de Alventos dice que llegó á ser Arzobispo de 
Santo Domingo y Primado de las Indias. 

Fuente (Pedro de la). 

Figura con el número 339 entre los colegiales de San 
Bartolomé. Desempeñó una de las cátedras cursatorias de 
Artes de 1554 á 1556. Llegó á ser Obispo de Pamplona. 

Galarza (Beltrán de). 

Figura con el número 280 entre los colegiales de San 
Bartolomé: ingresó en el Colegio en 1528. Desempeñó una 
de las cátedras de Código desde 1531 á 1534. Siendo cate- 
drático hizo, en 16 de Abril de 1532, el juramento para reci- 
bir el grado de Licenciado en Leyes. Habiendo instituido 
la Universidad en 1534 la cátedra de Digesto Viejo, se opu- 
so á ella y la llevó, siendo así el primer catedrático de esa 
enseñanza. Empezó á leer en 4 de Marzo de 1534. Ese mis- 
mo año dejó el Colegio y la cátedra se vacó. Llegó á ser del 
Consejo Real. 



— 351 — 

Galíndez de Carvajal ( Lorenzos 

No hemos podido determinar la fecha de su nombramien- 
to de catedrático de Prima de Leyes, pero debió tener lu- 
gar á fines de 1503 en la vacante del Dr. Segura. En 1504 
figura ya como catedrático de Prima. Puede decirse, sin 
embargo, que no fué catedrático de esta Universidad, pues 
gozó, mientras vivió, de licencia para residir en el Consejo 
Real y su cátedra era leída de media multa por un susti- 
tuto. Fué nombrado conservador del Estudio (1). En 5 de 
Diciembre de 1527 se publico la vacatura de la cátedra de 
Prima por muerte del Dr. Galíndez de Carvajal. 

Gallegos (Alonso . 

Natural de Salamanca. Hizo los juramentos para recibir 
los grados de Licenciado y Doctor en Cánones el 6 de Ma- 
yo y 14 de Agosto de 1574. En 1583 fué nombrado catedrá- 
tico de una de las cursatorias de Cánones, que desempeñó 
hasta que el 8 de Noviembre de 1586 fué elegido sustituto 
de la cátedra de Prima de Cánones del Dr. Vera. En 9 de 
Mayo de 1591 dejó la sustitución por haber sido nombrado 
catedrático de Sexto. En 7 de Agosto de 1597 pasó á la 
clase de Vísperas de Cánones. Murió el 3 de Septiembre 
de 1600. 

Gallo (Gregorio). 

Los primeros datos que hemos encontrado datan del 
año 1534. El Br. Gallo, teólogo, fué encargado de la lectura 
de la cátedra de Vísperas de Teología por enfermedad de 
Fray Domingo de Soto. El 4 de Enero de 1536 pasó á la de 
Biblia de media multa del Mro. Ortiz; no era más que Bachi- 
ller. En 28 de Mayo de 1537, hizo el juramento para recibir el 
grado de Licenciado en Teología. Desempeñó la sustitución 
hasta el 27 de Marzo de 1538, en que tomó posesión de la cá- 
tedra cursatoria de Santo Tomás, que dejó al poco tiem- 



I V. t. 1 p.i^s. 357 360, 362. 383 y 3s:>. 



- 352 - 

po, porque el 9 de Agosto de aquel año se encargó de la de 
Teología nominal (Gregorio Arimino). Recibió el grado de 
Maestro en Teología en Junio de aquel mismo año. En 19 de 
Octubre de 1540 fué nombrado catedrático de Biblia. Aun- 
que se dice que era catedrático de Vísperas de Teología 
en 1549 en una Cédula Real (1), no hemos encontrado indi- 
cio alguno que permita sospecharlo: creemos que se trata 
de una atribución equivocada. En Claustro de 26 de Enero 
de 1551 se le dio licencia y mandado al Maestro para que 
asistiese al Concilio de Trento en representación de la Uni- 
versidad. No sabemos cuando volvió, pero ya en 1553 hizo el 
juramento de 1.° de Mayo. Por mandado de la Universidad 
estuvo fuera de Salamanca durante el curso de 1556-57: de- 
bió ir á los Países Bajos á solicitar de Felipe II los negocios 
á que se refieren las dos Cédulas Reales de 1.° de Marzo 
de 1557 (2). El curso siguiente lo pasó en la Corte. Llegó á ser 
Maestrescuela de Salamanca y en 16 de Diciembre de 1559 
aceptó y juró el cargo ante el Claustro de diputados. El 9 
de Julio de 1560 fué jubilado en la cátedra de Biblia. Hay 
notas de su presencia en la Corte en 1560 y en 1563. En un 
acta de 27 de Noviembre de 1564 se le llama Maestrescuela 
de Salamanca y Obispo electo de Orihuela. Se encontraba 
en Salamanca en Marzo de 1565. En los libros de cuentas 
de 1576-77 se le cita como Obispo electo de Segovia. Murió 
durante las vacaciones del curso de 1578-79 y su cátedra de 
Biblia se anunció el 19 de Octubre de 1579 á oposición. 

Gallo (Fr. Juan). 

Dominico. Hermano del anterior. Las Historias del Con- 
vento de San Esteban, Martínez Añibarro y otros, dan al- 
gunos datos biográficos y bibliográficos. Por nuestra parte 
añadiremos que se opuso en 1565 á la cátedra de Vísperas 
de Teología que llevó Fr. Juan de Guevara. No sabemos 
si por envidias entre los claustrales ó por los méritos de 
Fr. Juan Gallo, es lo cierto que al día siguiente de haber 
sido nombrado Fr. Juan de Guevara catedrático de Víspe- 



(1) V. t. I, pág. 468. 

(2) V. t. I, pág. 475. 



— 353 — 

ras, el Claustro señaló al Mro. Gallo un salario de 200 du- 
cados para que leyese una cátedra de Santo Tomás, de lo 
que protestó la Orden de San Agustín ante el Consejo Real 
por la ofensa que se hacía á la Orden y principalmente á 
Fr. Luis de León, catedrático hasta entonces de Santo To- 
más (1). Por auto del Consejo de 22 de Septiembre de 1565 
se autorizó á la Universidad para dar al Mro. Gallo el sala- 
rio propuesto por tres años. En Octubre de 1558 el Consejo 
Real aprobó la prorrogación del salario por otros cuatro 
años. En Diciembre de 1569 salió para Roma á fin de con- 
seguir del Pontífice que las dignidades y la mitad de los ca- 
nonicatos de la Iglesia de Salamanca se diesen á Doctores 
en Cánones ó Maestros en Teología por esta Universidad. 
De esta embajada dio cuenta en un informe, cuyo original 
se conserva en los libros de Claustros. Reanudó las lecturas 
de su partido de Teología el 17 de Diciembre de 1571. En 15 
de Diciembre de 1572 fué nombrado sustituto de su hermano 
el Mro. Gregorio Gallo en su cátedra de Biblia: desempeñó 
esta sustitución hasta su muerte. No hemos podido deter- 
minar cuándo tuvo lugar. Nicolás Antonio señala el 1572, y 
los historiadores del Convento de Salamanca, P. Fernán- 
dez y P. Araya, señalan la de Enero de 1573. El otro histo- 
riador, P. Barrio, rechaza esta fecha porque dice que se 
hubiese dado cuenta de la muerte del maestro en el capítu- 
lo de Toledo de 12 de Abril de 1573, y la supone acaecida 
antes del capítulo de Palencia, celebrado el 14 de Abril 
de 1574. Creemos, sin embargo, que la fecha de la muerte 
fué posterior á la celebración de este capítulo, porque en 
los libros de visita de cátedras figura el Mr. Gallo desem- 
peñando la sustitución de la Cátedra de Biblia en Noviem- 
bre en 1574. En la visita de Abril de 1575, aparece el Mro. Pe- 
dro de Uceda. Se hizo Licenciado en Teología en Salaman- 
ca, practicando para ello el juramento en 13 de Noviembre 
de 1565. Después se le incorporó el grado de Doctor ó Maes- 
tro en Teología que había recibido en el colegio de Porta 
Coeli de la Universidad de Sigüenza en 24 de Julio de 1560. 



(1) V. t. I, p.ig. 514. 

23 



— 354 - 

García de Galarza (Pedro). 

Figura con el número 336 entre los colegiales de San 
Bartolomé. Ingresó en el Colegio en 1562. Fué catedrático 
de una de las cursatorias de Artes, que dejó en 1567. Fué 
canónigo y murió siendo Obispo de Coria. La Historia del 
Colegio de San Bartolomé da más particulares de su vida 
y de sus obras. 

Gil de Nava (Juan). 

Figura en la Historia del Colegio de San Bartolomé con 
el número 293, y el nombre de Juan Fernández Gil de Nava. 
Ingresó en el Colegio en 1533. En el curso de 1534-35 se ha- 
bla de él como sustituto del Mro. Silíceo. De 1536 á 1538 
fué catedrático de una de las cursatorias de Artes. Mien- 
tras desempeñaba esta cátedra hizo el juramento (18 de 
Agosto de 1537) para recibir el grado de Licenciado en Teo- 
logía . El 14 de Agosto de 1538 se le nombró catedrático 
de Santo Tomás. En 12 de Enero de 1539 hizo el juramento 
para graduarse de Maestro en Teología; el 10 de Julio 
de 1540 el que precisaba para tomar el grado de Licencia- 
do en Artes, y el 21 del mismo mes le designaron catedrá- 
tico de Vísperas de Lógica (Lógica magna). Recibió el gra- 
do de Maestro en Artes el 13 de Agosto del mismo año. A 
la muerte de Fr. Alonso de Córdoba, fué nombrado cate- 
drático de Filosofía moral: debió ser á fines de 1541: se con- 
serva una nota correspondiente al 10 de Diciembre de 1541 
en que se dice que leía Moral. Se opuso á la cátedra de Pri- 
ma de Teología al fallecimiento del Mro. Vitoria. En 9 de 
Abril de 1549 es catedrático de Vísperas de Teología. Mu- 
rió en 1551, pero no se sabe la fecha precisa. No hizo el ju- 
ramento de 1.° de Mayo, pero en cambio, aparece su suce- 
sor Fr. Pedro de Sotomayor. 

Gómez (Antonio). 

Figura entre los Catedráticos de Instituía desde 1529 
á 1532. En 12 de Diciembre de 1529 hizo el juramento para 
graduarse de Licenciado en Leyes, y en 6 de Agosto le 



- 355 - 

practicó para recibir el de Doctor. Fué de 1532 á 1534 ca- 
tedrático de Código, y en 14 de Agosto de este último año 
le nombraron catedrático de Digesto Viejo. Debió desem- 
peñar esta cátedra hasta Agosto de 1538 en que pasó á la 
de Vísperas de Leyes. No consta la fecha de la provisión, 
pero se sabe que ganó algunas lecciones en la clase de Vís- 
peras durante el curso de 1537-38, y que la cátedra de Di- 
gesto se anunció á oposición el 23 de Agosto. Fué jubilado 
el 21 de Junio de 1557, y se anunció la vacatura de la cáte- 
dra el 10 de Febrero de 1561 por muerte del Dr. Antonio 
Gómez. Nicolás Antonio tiene bastantes notas biográficas 
y bibliográficas. 

Gómez (Juan). 

Desde 1533 ú 1542 desempeñó una de las cátedras cursa- 
torias de Artes. Un Br. Juan Gómez, artista, hizo el 9 de 
Julio de 1540 el juramento para Licenciado. Figura además 
otro Juan Gómez, teólogo, pero no sabemos si será el que 
creemos, el que en 1542-43 apareció como catedrático de 
Santo Tomás. 

Ignoramos la ocupación que tuvo desde que dejó el curso 
de Artes hasta que en 24 de Octubre de 1547 fué nombrado 
catedrático de Prima de Lógica. Hizo el juramento para 
recibir el grado de Maestro en Artes el 27 de Noviembre 
del mismo año. Por muerte del maestro se publicó la vaca- 
tura de la cátedra de Prima de Lógica el 23 de Noviem- 
bre de 155b. 

Gómez (Pedro). 

En 1529 desempeñaba ya una de las cátedras cursato- 
rias de Artes. La dejó en 1531 para encargarse de la de Es- 
coto. En 1535 fué nombrado catedrático de Teología nomi- 
nal y seguía en esta cátedra cuando hizo el juramento en 15 
de Noviembre de 1535 para recibir el grado de Licenciado 
en Teología. En 5 de Junio de 1538 ganó la cátedra de Bi- 
blia, y en 6 de Enero del año siguiente practicó el juramen- 
to para recibir el grado de Maestro. Se anunció la vacatu- 
ra de la cátedra de Biblia el 16 de Agosto de 1540. 



- 356 - 

Gómez de Figueredo (Sebastián). 

Fué colegial de la Magdalena. Desempeñó una de las 
cátedras cursatorias de Artes de 1580 á 1585. Dorado dice 
que fué hombre de ejemplar virtud y que llegó á ser Arzo- 
bispo de Veraguas. Nicolás Antonio da algunos datos bio- 
gráficos y bibliográficos. 

Gómez de Valenzuela Pescador (Francisco). 

Hizo los juramentos para recibir los grados de Licencia- 
do y de Doctor en Leyes el 11 de Agosto de 1569 y el 3 de 
Septiembre de 1570: era natural de Martos. En los años 
de 1571 y 1572 fué catedrático de Instituta. El 24 de Mayo 
de 1572 le nombraron catedrático de Código: desempeñó 
esta cátedra hasta que en 6 de Julio de 1576 fué elegido ca- 
tedrático de Vol umen. En 28 de Noviembre de 1579 se prove- 
yó en él la cátedra de Prima de Leyes. Dejó la clase en 8 de 
Febrero de 1584 por haber sido nombrado Fiscal del Con- 
sejo de Indias. No conocemos otros particulares de su vida. 
Un Francisco Valenzuela Pescador figura entre los escri- 
tores que fueron colegiales del Arzobispo. 

González Aguayo (Diego). 

Era natural de Burgos. En algunas actas se dice que 
había sido del colegio del Arzobispo. En los años 1578-79 
figura un Mro. Aguayo desempeñando una cátedra cursato- 
ria de Artes. En 9 de Febrero de 1593 tomó posesión de la 
cátedra de tres lenguas (Hebreo). En 5 de Julio y 7 de No- 
viembre del mismo año hizo los juramentos para recibir los 
grados de Licenciado y Maestro enTeología. Era Rector del 
colegio del Arzobispo en 1599. Dejó la cátedra de Hebreo 
en los primeros meses del año 1602 por haber sido nombra- 
do Canónigo magistral de Ciudad Rodrigo. 

González de Talavera (Alvaro). 

Era natural de Talavera de la Reina. Hizo los juramen- 
tos para recibir los grados de Licenciado y Doctor en Me- 
dicina en 15 de Febrero de 1553 y en 2 de Mayo de 1568 res- 



— 367 - 

pectivamente. En 30 de Agosto de 1586 fué nombrado cate- 
drático de Astrología, pero por no ser Licenciado ni Maes- 
tro en Artes ganó en la cátedra el sueldo como Bachiller. 
No debió residir en Salamanca; la clase se leyó por sustitu- 
tos: uno de ellos fué el Brócense. Se publicó la vacatura de 
la clase de Astrología el 21 de Mayo de 1578. 



Graxal (Gaspar). 

Natural de Villalón. Aunque no fué más que sustituto 
del Mro. Gregorio Gallo, en la cátedra de Biblia su nombre 
es bastante más conocido que el de muchos catedráticos de 
propiedad. Fué nombrado sustituto en 1560 y desempeñó 
sin interrupción la sustitución de la mencionada cátedra 
hasta que fué preso por la Inquisición; dejó de leer en 3 de 
Marzo de 1572. Se le conservó la sustitución hasta la con- 
clusión del cuadrienio que fué el 3 de Diciembre de 1572. La 
sustitución fué dada entonces al Mro. Juan Gallo. No se en- 
cuentra después mención del Mro. Gaspar Graxal ó Grajal. 

Guevara (Fr. Juan de). 

Agustino. En la Historia del Convento de San Agustín, 
de Salamanca, se dan algunos datos biográficos que omiti- 
mos. A principios del año 1556 aparece como catedrático de 
Santo Tomás, y en 14 de Enero del año siguiente fué nom- 
brado para la clase de Teología nominal. Desempeñando 
esta cátedra hizo los juramentos para recibir los grados de 
Licenciado y Maestro en Teología el 20 y 30 de Junio de 1560 
respectivamente. Aunque no hemos encontrado el expedien- 
te de la provisión de la cátedra de Vísperas de Teología, se 
sabe por el de la cátedra de Teología nominal que dejó va- 
cante, que el 6 de Marzo de 1565 tomó posesión de la de Vís- 
peras de Teología. En el capítulo que su orden celebró en 
Dueñas en 1582 fué elegido Provincial de Castilla. En 24 de 
Mayo de 1586 es jubilado en su cátedra de Vísperas. Murió 
el 23 de Agosto de 1600. El P. Vidal, en su Historia, señala 
la fecha del 12 del mismo mes y año. 



- 358 - 

Gutiérrez de Moya (Cristóbal . 

Hizo el juramento para recibir el grado de Licenciado en 
Cánones el 28 de Febrero de 1549. Era ya en el curso 
de 1554-55 sustituto de la cátedra de Sexto del Dr. Bena- 
vente. Dejó esta sustitución en 28 de junio de 1557 por ha- 
ber sido nombrado sustituto del Dr. Aguilera en la clase de 
Prima de Cánones. Cesó en esta sustitución por pasar á 
la de una de las cursatorias de Cánones el 14 de Marzo 
de 1558. Era entonces Doctor, porque había hecho en 1 de 
Noviembre de 1556 el juramento para recibir el grado. 
En 15 de Enero de 1560 fué nombrado catedrático de Vís- 
peras de Cánones y el 21 de Julio de 1569 le designaron ca- 
tedrático de Prima. Fué jubilado el 29 de Julio de 1579, y 
por su muerte, acaecida el 5 de Enero de 1591, se anunció 
la cátedra de nuevo á oposición. 

Guzmán (Fr. Domingo de). 

Dominico. Según las Historias de San Esteban, era hijo 
de Garcilaso de la Vega. Hizo los juramentos para recibir 
los grados de Licenciado y Maestro en Teología el 6 y 7 
de Septiembre de 1574, respectivamente. En 2 de Enero 
de 1577 empezó á encargarse de un partido de Teología en 
la Universidad, de 100 ducados de salario, que leyó hasta 
que fué nombrado catedrático de Durando el 1 de Marzo 
de 1581. Se opuso á la cátedra de Biblia que había quedado 
vacante á la muerte del Mro. Gregorio Gallo, y tuvo pleito 
con Fr. Luis de León en la Chancillería de Valladolid sobre 
la legitimidad del nombramiento. La Chancillería dio la ra- 
zón á Fr. Luis de León, aunque los historiadores de la Or- 
den dicen que estaba de parte del Mro. Guzmán, como más 
adelante se demostró. Murió el 26 de Julio de 1582, y la cá- 
tedra de Durando se anunció de nuevo á oposición. 

Hernández (Enrique). 

Desde 1526 á 1532 desempeñó una de las cátedras cursa- 
torias de Artes: no era más que Bachiller, y de 1533 á 1535 
ocupó la catedrilla de Físicos. En 29 de Julio de 1535 fué 



- 359 - 

nombrado catedrático en Filosofía Natural, y á poco, el 9 
y 19 de Agosto del mismo año hizo los juramentos para re- 
cibir los grados de Licenciado y Maestro en Artes. Debió 
jubilarse en 1556. Como jubilado vivió hasta su muerte acae- 
cida á fines de 1584, pues en el Claustro de 30 de Diciembre 
de 1584 se dio cuenta del fallecimiento del Mro. Enrique (co- 
mo se le llamaba muchas veces), y en 2 de Enero de 1585 se 
anunció la vacante. Nicolás Antonio manifiesta que era por- 
tugués y que escribió una obra, la cual dice Picatoste que 
no ha podido hallar. Gozó de gran reputación. 



Hernández (Gonzalo). 

Doctor en Medicina. Se encargó de la media multa de la 
cátedra de Prima de Medicina del Dr. x\lvarez de la Reina 
en 24 de Enero de 1523. En los libros de cuentas de 1523-24, 
consta que cobró 25.000 maravedís por un partido de Me- 
dicina ó de Cirugía. No contamos con datos para hacer la 
distinción; sólo tenemos el acta del Claustro de 2 de Agosto 
de 1526, en la que se dice que se presentaron en el Claustro 
dos regidores de la ciudad y dijeron que la Universidad 
debía establecer una cátedra, porque la que había desem- 
peñado el Dr. Gonzalo Hernández había vacado y tenía la 
ciudad falta de cirujanos. El 31 de Julio de aquel año fué 
nombrado el Dr. Hernández catedrático de Vísperas de 
Medicina, dejando antes su partido, pero la Universidad no 
aceptó el parecer de los regidores porque para ochenta es- 
tudiantes que había, eran suficientes las cátedras que ccvn- 
taban con hombres tan excelentes como los Dres. Parra 
y Hernández, salvo en el caso de que se trajese de fuera de 
Salamanca alguno como ellos. A la muerte del Dr. de la 
Parra fué nombrado catedrático de Prima de Medicina: no 
aparece la provisión, pero en Enero de 1529 se provee por 
oposición la que él tenía de Vísperas. En la asignación de 
lecturas de Mayo de 1529, figura como catedrático de Pri- 
ma. Desempeñó esta cátedra hasta su muerte: no sabemos 
el día en que acaeció, pero en los libros de cuentas consta 
que se dio por vacante la cátedra el 27 de Marzo de 1536 
por fallecimiento del Dr. Hernández. 



- 360 - 

Herrera (Fernando). 

Maestro en Artes. Debe ser el mismo que Torre (A. de 
la), llama Femando Alfonso de Herrera, que dejó de ser 
catedi ático de Retórica en la Universidad de Alcalá el 5 de 
Enero de 1513, y tal vez el sucesor de Lebrija en la cátedra 
de Retórica en nuestra Universidad, aunque los datos más 
antiguos que tenemos son los libros de cuentas de 1518-19 
en los cuales figura como catedrático de Retórica. No he- 
mos podido determinar la fecha de su muerte: sólo sabemos 
que el 18 de Octubre de 1527 se anunció la vacatura de la 
cátedra de Retórica por fallecimiento del Maestro Herre- 
ra. Nicolás Antonio y Gallardo dan alguna noticia de sus 
obras. 

Honcala (Antonio de). 

No sabemos si será este teólogo del que hace tantos elo- 
gios Nicolás Antonio, el mismo que hemos visto mencio- 
nado nosotros entre los catedráticos de Santo Tomás. Sólo 
podemos señalar la fecha en que dejó la cátedra, que fué el 
año 1528. 

Lemos (Luis de). 

Aunque todos los autores afirman que era natural de 
Fronteira (Portugal), al hacer el juramento para graduarse 
de Licenciado en Medicina en 18 de Diciembre de 1559 se 
dice que era de la ciudad de Portalegre (Portugal). Figura 
como catedrático de una de las cursatorias de Artes des- 
de 1557 á 1561. Luego no aparece como catedrático un par 
de años, pero en 1563 tomó posesión de la cátedra de Me- 
dicina de Artícela y la desempeñó hasta 1567. Desde esa 
fecha en adelante no hay notas del Licenciado Lemos. Ni- 
colás Antonio, Gallardo, Morejón y otros dan muchos más 
datos, que omitimos, sobre su vida y sus obras. 

León (Francisco). 

Es uno de los pocos que nos consta era Doctor in utro- 
que jure. En 1540 fué nombrado catedrático de Instituía, 
pero desempeñó esta cátedra poco tiempo porque al año 



— 361 — 

siguiente le eligieron catedrático de Digesto Viejo. En el 
año 1551 se le designó para Diputado por ser catedrático 
de propiedad, y aunque no hemos encontrado el acta de 
provisión de la cátedra, sospechamos que había sido nom- 
brado catedrático de Prima de Cánones, porque como tal 
aparece en un acta de 17 de Junio de 1551 y sigue figurando 
hasta su muerte. La cuestión de la incorporación de su 
grado de Doctor en Cánones dio motivo á que de ello se 
ocupase el Clnustro, pero consiguió hacerse Doctor el 25 de 
Octubre de 1551. Se publicó la vacatura de la cátedra de 
Prima de Cánones en 11 de Diciembre de 1557. 

León (Fr. Luis de). 

Habiéndose publicado no pocas biografías de este ilustre 
maestro nos limitaremos en esta Historia, á decir algo de 
lo que hemos encontrado en la documentación del Archivo. 
Hizo los juramentos para recibir los grados de Licenciado 
y Maestro en Teología el 7 de Mayo y 30 de Junio de 1560. 
En 24 de Diciembre de 1561 figuraba como encargado de 
la clase de Santo Tomás. Desempeñó esta cátedra hasta 
el 16 de Marzo de 1565 en que le eligieron catedrático de 
Durando. Al expirar el cuadrienio, se le vacó la cátedra, 
pero el Claustro le hizo colación de ella nuevamente el 22 de 
Marzo de 1569. 

Siguió, pues, en la clase de Durando, en la que cesó al 
ser preso por la Inquisición el 24 de Marzo de 1572. Desde 
entonces se leyó su cátedra por sustituto hasta que habién- 
dose cumplido el cuadrienio para el que fué nombrado, se 
declaró vacante la clase de Durando, que fué otra vez anun- 
ciada á oposición el 30 de Marzo de 1573. El 2 de Marzo 
de 1577 empezó á leer un partido de Teología de 200 duca- 
dos, que el Consejo Real, á propuesta de la Universidad, ha- 
bía aprobado por Carta de 22 de Enero (1). En 14 de Agos- 
to de 1578 le nombraron catedrático de Filosofía Moral y en 
esa fecha dejó el partido de Teología. Poco después, el 25 
de Octubre, incorporó su grado de Maestro en Artes. En 7 

(1) V. t. I. pág. 5hL'. 



- 362 - 

de Diciembre de 1579 le encargan de la cátedra de Biblia: 
sobre dicho nombramiento se siguió pleito en la Chancille- 
ría de Valladolid entre Fr. Luis y Fr. Domingo de Guzmán. 
El pleito se sentenció á favor de Fr. Luis de León, quien 
desempeñó esta cátedra hasta su muerte en Agosto de 1591. 
No hemos podido averiguar en qué día tuvo lugar: sólo sa- 
bemos que la vacatura de la cátedra de Biblia se anunció 
el 26 de dicho mes. Hombre tan extraordinario no cabe den- 
tro de los reducidos límites que nos hemos propuesto: por 
eso nuestros lectores llenarán, viendo otras obras, las lagu- 
nas y deficiencias que encuentren aquí. 

Fué, como de todos es bien sabido, uno de los maestros 
que más nombre y gloria dieron á la Universidad salmanti- 
na, y la juventud más florida de España y del extranjero 
acudía al aula donde explicaba, que todavía se conserva 
como en aquella época, ansiosa de oir sus lecciones. Genio 
de la poesía, se eleva á las mansiones celestiales al escribir 
la mayor parte de sus estrofas y desde esa región pura y se- 
rena, domina con su penetrante mirada de águila las altas 
cumbres que han de dar materia á sus obras, para que des- 
cendiendo luego su inspiración hasta las cosas del mundo, 
y adueñándose de ellas, puedan tener cabida en sus com- 
posiciones y entrar éstas en el campo de la literatura y 
del arte. 

Sentían los universitarios verdadera veneración por 
Fray Luis, y en tanto se estimó siempre su opinión y con- 
sejo, que fué consultado en la reforma del calendario al ter- 
minarse el Concilio de Trento y en cuantos asuntos y cues- 
tiones difíciles se suscitaban. Sus libros son sobradamente 
conocidos, y se leen y estudian á través de los siglos con 
singular delectación. Derrama su espíritu en sublimes can- 
ciones con una naturalidad que encanta, y sin ligera afec- 
tación y con vivo entusiasmo, hace vibrar sin ninguna otra 
ayuda, las más delicadas fibras del corazón. En La vida del 
campo refleja de modo admirable el dulce y tranquilo sosie- 
go, el delicioso encanto que arrastra tras de sí á las almas, 
á pesar de no haber estado, tal vez, en contacto con los pas- 
tores ni visto sus rebaños y sus chozas más que en las obras 
clásicas. Su estilo es lírico en todo, pues aun en las traduc- 
ciones del latín y del italiano pone siempre algo personal y 



- 363 - 

muy suyo, así como pinceladas y retoques que avaloran 
sumamente los trabajos, en cada uno de los cuales imprimió 
el sello de la ecuanimidad de su ser. 

Los restos de este sabio Maestro se hallan en un senci- 
llo panteón en la Capilla de la gloriosa Escuela, y su esta- 
tua, labrada en bronce hermosea desde 1868 la plazuela de 
los Estudios, á la vez que da calor y vida á la lindísima y 
elegante fachada principal de la Universidad, una de las 
más preciadas joyas de la ornamentación plateresca. 

Escribió Fr. Luis de León: 

In Canticum Moxsis (inédita). 

In Psalmos XXVI (publicado) XXVIH, LVII y LXVII 
(inéditos). 

In Ecclesiastcm (inédita). 

In Canticum Ccinticoruní (publicada). 

In Abdiam (publicada). 

/// Epístolam ad Calatas (publicadas). 

/;/ Epístolam II ad TJiessalonicenses (inédita). 

De Incarnatione (inédita). 

De Fide, Spe et Charitate (inédita). 

Quastiones varia' tnni dogmático:, tum expositiva: 
(inédita). 

Orationes latina (In tándem D. Agnstini. — /// exequiis 
Dominici Soto.—In Comitiis provincialibus (publicada). 

De los Nombres de Cristo (publicada) (1). 

La Perfecta Casada (publicada). 

El Libro de Job (publicada). 

Apéndices y otros muchos escritos, algunos de los cua- 
les no se le pueden atribuir con certeza. Éntrelas poéticas, 
sus obras propias, y las traducciones griegas, latinas é 
italianas son de sobra conocidas. 



• I; /// iitriusque tigntii inmolatiotiis legitimo tempore (publicada). 



- 364 - 
CARTAS DEL MRO. FR. LUIS DE LEÓN 

A LA UNIVERSIDAD DE SALAMANCA 

I 

A los muy Illustres señores Rector y mastresquela, y claustro 
de la muy insigne Vniuersidad de Salamanca mis señores. 

Muy Illustres señores: En la postrera que scribi a V. S. dezia 
que el Presidente, por orden de Su Magestad, junto a los juezes an- 
tes que se partiesen, y que no podia dezir lo que en aquella junta 
avia passado, mas de que sabia que ordenaron que se diese la so- 
brecédula e que yo la avia visto scribir, y que después me dixo el 
Presydente cuando le di cuenta de la sentencia de Roma que la 
avia embiado a firmar y que la esperaba por horas, y también di- 
xe que les avia parecido a los juezes que era justo que este nego- 
cio se acabase y que se acabara en aquella junta sino que pareció 
que era bien primero consultarlo con Su Magestad y que estaba 
con temor de que si Su Magestad mandaba que se acabase era 
mala coyuntura agora porque faltaban dos juezes y pondria el 
Presydente en su lugar por ventura algunos otros que no convi- 
niesen, y que entendiendo lo que venga de la consulta con el Rey 
avisara a V. S. al mesmo momento. Oy he sauido de parte cierta 
que mi temor no fue sin causa y avnque no he podido hablar con 
el Presydente con aver oy ydo a Palacio tres veces, se como digo 
de parte certissima que Su Magestad le embio a mandar en res- 
puesta de la consulta que se acabase luego este negocio en defini- 
tiva, y que anda pensando en los juezes y en lo de la sobrecédula, 
no se si ha venido, mañana lo sabré y vendrá e importa poco que 
venga o no mandando el Rey lo que manda que es que se senten- 
cie luego, y asi me lo ha dicho oy el señor don Pedro que es el que 
ordeno la sobrecédula. El negocio esta muy peligroso, asi por fal- 
tar los dos juezes que faltan que estaban bonissimos, como porque 
el Presydente sin duda esta mudado por respecto de su hermano 
el de Cuenca y podra si quisiere poner los juezes que sigan su vo- 
luntad, como también porque an venido aqui dos colegiales del 
A n obispo diziendo que ellos obedecieron el mandato de Su Mages- 
tad, y revocaron el poder a su procurador y entregaron la revo- 
cación a la Vniuersidad y que ella fue negligente en embiarla y 
que azi se sentencio por ellos primero que llegase y deven de tra- 
tar que les den licencia para ponerla en exención y andan alegres 
porque deven entender el fauor que tienen y por parezerles que 
estando sentenciado en Roma quando aqui se setencie les valdrá 



- 365 — 

aquello mucho para mostrar que tienen justicia y para que los 
juezes de aqui no quieran sentenciar contra lo que en Roma se 
sentenció. Yo he mostrado o af firmado que no dizen lo cierto en 
lo de auer entregado la revocación a la Vniuersidad porque en- 
tiendo que engañan en ello. V. S. me avise de la verdad y provea 
luego (sic) de lo que diré porque conviene, y asi lo juzga vna per- 
sona muy principal que desea el bien de essa Yniuersidad como 
3'0 y no la puedo nombrar, y lo que se ha de hazer es que V. S. 
mande a vno de los señores doctores juristas el que pareziere que 
mas conviene que luego al momento venga aqui a este negocio e 
yo digo que vengan dos y que Y. S. sea servida darme a mi licen- 
cia para volverme porque ando con poca salud y porque lo que 
ha sido de diligencia lo he hecho asta agora, lo que resta es ya 
cosa de leyes y de justicia que es proprio de essos señores juristas, 
y en esto de que vengan dos y a mi se me de licencia yo cierto re- 
zibire grandissima merced con que si Y. S. fuere servida de que 
venga uno y que con el que viniere asista yo siendo servicio de la 
Yniuersidad no tendré cuenta con mi trabajo pero lo vno o lo 
otro vno o dos de essos señores conviene que venga sin nin- 
guna dilación porque estoy avisado que aqui se darán mucha 
priessa y los que vinieren o el que viniere trayga orden de Y. S. 
de su venido aqui y entendido el hilo del negocio le pareciere 
conuiene yr a Monear a hablar a Su Magestad lo pueda hazer 
sin pedir nueva licencia a Y. S. para que el negocio yra de ar- 
te que no dará spacio a muchas demandas y respuestas y si ovie- 
re de venir vno solo parezeme quel señor doctor Sahagun sería 
muy conveniente y qualquiera que Y. S. embiare lo sera, lo que 
conuiene es que se parta luego sin dilación porque los colegiales 
darán priessa y el Presy dente se aprovechara de la coy untara. 
Nuestro Señor las muy Illustres personas ds Y. S. guarde y pros- 
pere en su santo seruicio. Madrid 23 Hebrero 85. Muy Illustres se- 
ñores, besa las manos de Y. S. su menor siervo Fr. Luis de León. 

II 

A los muy Illustres señores Rector y Maestresquela y Claustro 
de la muy insigne Yniuersidad de Salamanca, mis señores: 

Muy Illustres señores: El sábado passado scribi a v. s. como Su 
Magestad mandaba por vltima resolución que se acabase en deffi- 
nitiua este negocio, lo qual me di[xo] el señor don Pedro, sino que 
me mando que no dixese hasta que lo supiesse del Presydente. 
Aquel dia fui tres veces a palacio y no ubo lugar de hablarle. Ha- 
blele otro dia domingo bien despacio y lo primero le supplique me 
mandase dar la sobrecédula si era venida; respondióme que la avia 



- 366 - 

enbiado a firmar como lo avia dicho pero que Su Magestad por 
hazer merced a la Vniuersidad tomama otro acuerdo y era que se 
sentenciase luego en diffinitiua dando otros dos juezes en lugar de 
los que faltaban y con esto añidió algunas palabras que me die- 
ron buena esperanca asi de su voluntad como del sucesso del ne- 
gocio. Desengáñele de lo que dezian los colegiales acerca de la re- 
vocación del poder y satisfisose y avisóme de algunas cosas que 
no digo porque me mando que no le hiziese author dellos, de que 
vine con mucho contento. De allí hable con el señor don Pedro y 
le di cuenta de lo que había passado con el señor Presidente y di- 
xome entonces que avia sido orden de R[odrigo] Vázquez el man- 
dar el Rey que se viese luego porque la Junta que hizieron antes 
que saliesen de aqui avia insistido mucho en que se acabase en 
aquella Junta y que el Rey avia después consultado con el la so- 
brezedula y el negocio todo, y que por su parecer se avia resuelto 
en que se acabase y que todo lo que hiziesen aqui el Rey lo auia 
de consultar alia con el que es tanbien grande esperanca de bien 
porque Rodrigo Vázquez esta en este negocio como puédese de- 
sear, en el Consejo ay solos dos que puedan ser juezes que son 
Gardiola y Texada. Si salen estos el Texada es grande señor mió 
y grandissimo amigo de vn hermano mió que esta aqui y nada 
amigo de colegiales, asta agora no se an señalado juezes ni creo 
se señalaran hasta pasada la primera semana de Quaresma, por 
quel señor don Pedro que es el que tiene todo este pleito por orden 
del Rey se va mañana a la Puebla donde estara hasta el miércoles 
de ceniza que vendrá al Scurial a donde me manda que vaya aquel 
día para que de alli nos vengamos juntos el biernes o el sábado de 
misma semana. Sin esto yo embie a Su Magestad el memorial cu- 
yo traslado tiene su merced del señor Rector don Enrique y enbie- 
le a Sebastian de Santoyo con cartas mias y de vn grande amigo 
suyo para que lo diese luega a Su Magestad, y con el memorial 
enbie vna de las cartas del agente de V. S. y escribí al confessor 
y a Rodrigo Vázquez dándoles cuenta de lo que passaba en Roma 
y copia del memorial que yva para el Rey. Pienso que ha de ser 
de mucho efecto y todo lo hize por orden de los que no puedo de- 
cir. Paro el sábado que viene espero la buelta del memorial y la 
respuesta V. S. sea seruida mandar qus venga vno o dos de essos 
señores doctores juristas como scribi en la pasada porque desta 
vez se dará fin a este negocio para siempre. Nuestro Señor las 
muy Ilustres personas de V. S. guarde y prospere en su seruicio 
como sus siervos deseamos. Madrid veinte y sello de Hebrero 
de 85. Muy ilustres señores besa las manos de V. S. su menor sier- 
vo Fr. Luis de León. 



- 367 — 



III 



A los muy Alustres señores Rector y Maestresquela y Claustro 
de la \msigne Yniuersidad de Salamanca mis señores. 

Muy Illustres señores: Después que el señor doctor Sahagun 
uino a esta Corte no he escripto a V. S. en este negocio a que asis- 
to aqui porque con su uenida y con la esperanca de lo que auia 
negociado en Zaragoza para el solicitar que se señalasen otros dos 
jueces conforme a la orden que Su Magestad auia embiado a man- 
dar antes que entrasse en Zaragoca hasta agora no ha uenido 
otra nueba orden ni el Presidente la ha rresciuido a quien auemos 
hablado el señor Doctor y yo quatro o cinco veces sobre ello ni 
aunque se ha hecho diligencia con Santoyo auemos tenido respues- 
ta del. Yo he sido de parecer que se le ymbie un proprio y obiera 
hecho mas ha de on mes de mi parecer pero hacerse ha mañana 
tengo grande sospecha que hasta que Su Magestad buelba de Mon- 
con no abra orden de que este negocio sexluya. Y ansi entiendo 
que estar aqui dos de nosotros solo para esperar en duda si biene 
algo es cosa escusada y que no sirbe sino de gastar el arca, y ansi 
me pareció que estaba obligado a dar noticia dello a Y. S. para 
que sea servida mandarme que me buelua a esse lugar pues el ne- 
gocio por agora no pide mas asistencia de la que he dicho y yo ha 
dias que estoy aqui que si biniere alguna nueba orden de Su Ma- 
gestad y si uenida pareciere a Y. S. que yo soy de algún effecto 
con algunos destos señores jueces podre boluer a ello mandándo- 
melo Y. S. cuyas muy Illustres personas guarde Nuestro Señor 
con grande acrecentamiento en su seruicio. Madrid ocho de Junio 
de Só. Muy Illustres señores, besa las manos de Y. S. su siervo 
Frai Luis de León. 

-■«on copia literal de los libros de Claustros. 

En Claustro de Consiliarios celebrado el 5 de Enero 
de 1585 se acordó fuera á la Corte el Mro. Fr. Luis de León 
para tratar el negocio del Colegio del Arzobispo, y que en 
todo tiempo que allí permaneciese se le tuviera como pre- 
sente y leyente. 

Vuelve á reunirse aquél el 27 de Febrero: se lee una car- 
ta de Fr. Luis de León y se dispone enviar á la Corte al 
Dr. Solís, que no debió ir al fin, y escribir al Sr. Presidente 
de Castilla, al Presidente de Hacienda, Hernando de Vega, 
y al Sr. D. Pedro Portocarrero. 



- 368 - 

En la sesión del 6 de Marzo se lee otra carta de Fr. Luis, 
y se manda vaya á la Corte el Dr. Sahagún, en vista del mal 
estado de salud del Dr. Solís, autorizándole para que mar- 
che á Monzón en unión del maestro, si lo creen necesario, 
y dando á ambos atribuciones para cualquier otro trámite 
que el asunto requiriera. 

El 15 de Junio ordenó la Junta de Consiliarios el regreso 
de Fr. Luis á Salamanca, en razón á las manifestaciones 
que éste hacía al Claustro, y que continuase en Madrid el 
Dr. Sahagún, y el 30 de Julio, estando presente Fr. Luis de 
León, se dio lectura á una cédula del Rey fechada el 15 de 
dicho mes, en la que se explica detalladamente la cuestión 
que se ventilaba. 

El 1.° de Agosto se acordó la vuelta también á Salaman- 
ca del Dr. Sahagún. 

León (Fr. Pedro). 

Dominico. Las Historias del Convento de San Esteban 
dan abundantes datos biográficos de este maestro. No se- 
ñalan la fecha precisa de su nombramiento de catedrático 
de Prima de Teología, pues el P.Fernández dice que en 1507, 
y el P. Barrio hacia 1500. Creemos que debió ser nombrado 
hacia 1503; en ese año figura en los registros de Claustros 
como catedrático. No estaba jubilado en el año 1523, pero 
en el 1526 ya aparece leyendo por sustituto. El 2 de Agosto 
de 1526 se anunció la vacatura de la cátedra de Prima de 
Teología por muerte del maestro. 

Liermo (Juan). 

Fué colegial de Oviedo. Desempeñó desde 1556 á 1559 
una de las cátedras cursatorias de Artes. Llegó á ser Obis- 
po de Mondoñedo y Arzobispo de Santiago. 

López (Agustín). 

Doctor en Medicina. Durante el curso de 1529-30, leyó 
algunos días la cátedra de Vísperas de Medicina por el pro- 
pietario, Dr. de la Parra. El 27 de Abril de 1530, el Claustro 



- 369 - 

mandó anunciar á oposición dos catedrillas de Medicina que 
había instituido, una de Avicena y otra de Artícela, Artici- 
la ó Artisela; se opuso á ellas el Dr. López y fué nombrado 
catedrático de Avicena. Desempeñó esta cátedra hasta 
el 29 de Abril de 1536, en que le eligieron catedrático de 
Prima de Medicina. Había recibido ya los grados, pues hi- 
zo el 28 de Octubre de 1527 y el 30 de Julio de 1531 los ju- 
ramentos para la licenciatura y doctorado. Debió ocupar 
la cátedra de Prima hasta su muerte; el 10 de Enero de 1548 
se anunció la clase de Prima de Medicina de nuevo á oposi- 
ción. 

López de Palacios Rubios (Juan). 

No hay datos en el Archivo acerca de él. Sábese única- 
mente que nació en Palacios Rubios y que estudió en Sala- 
manca como colegial de San Bartolomé. Intervino de mo- 
do muy directo en la publicación de las leyes de Toro, y 
formó parte del Real Consejo. Fué uno de los escritores 
clásicos castellanos más notables del siglo xvi, competentí- 
simo jurisconsulto y de los que más honor dieron entonces 
á la Universidad de Salamanca. 

Luna (Fr. Alonso de). 

Dominico. Figura entre los escritores de la Orden. Mu- 
rió joven; era entonces catedrático de Durando. Desempe- 
ñó la cátedra de Escoto en 1591 y la de Durando desde 1591 
á 1596. Fué muy apreciado y alcanzó gran fama. 

Madrigal (Cristóbal de). 

Presbítero. Natural de Salamanca. Los primeros datos 
que hemos encontrado son de 1561; aquel año era Vicerrec- 
tor del Colegio deTrilingüe. Al proveerse la clase de Hebreo 
en propiedad en el Mro. Martínez, fué nombrado regente de 
un partido de Hebreo, y al ser el Mro. Martínez encarcelado 
por la Inquisición, Madrigal, además de su partido, leyó la 
media multa de citada cátedra. En 8 de Febrero de 1580, es 
encargado de la clase de Hebreo, y dejó la regencia; en 12 



- 370 - 

y 24 de Agosto del mismo año, hizo los juramentos para re- 
cibir los grados de Licenciado y Maestro en Teología. Des- 
empeñó la cátedra de Hebreo hasta su muerte, que no sabe- 
mos cuándo acaeció, pero debió ser hacia el 11 de Diciem- 
bre de 1592, en que se anunció su vacatura. 

Margallo (Pedro de). 

Portugués. Figura con el número 262 entre los colegia- 
les de San Bartolomé. Además, según se dice en la Histo- 
ria del Colegio, había sido colegial del de Santa Cruz de 
Valladolid, y después lo fué del de Cuenca. En la misma 
obra se consigna que se despidió del colegio de Santa Cruz 
para venir á Salamanca el 11 de Noviembre de 1517. En- 
tonces parece que se encargó de una de las cátedras cursa- 
torias de Artes, que desempeñó hasta 1522. Nada hemos po- 
dido determinar sobre su vida en la Universidad, hasta que 
fué nombrado catedrático de Filosofía Moral, nombramien- 
to que debió tener lugar á la muerte del Mro. Colonia, ha- 
cia 1525. En Enero de 1526 era diputado por ser catedrático 
de propiedad. Hizo oposiciones á la cátedra de Prima de 
Teología al fallecimiento del Mro. León, pero no se llevó la 
cátedra. Asistió con licencia de la Universidad al examen 
de las obras de Erasmo, hecho en Valladolid en 1527. En 21 
de Diciembre de 1528, realizó el juramento previo para in- 
corporar su grado de Maestro en Teología. En 19 de Febrero 
de 1530 se anunció la vacante de la cátedra de Filosofía Mo- 
ral, por haberse ausentado de ella, sin licencia, el Mro. Mar- 
gallo. De otros particulares y de sus obras, Nicolás Anto- 
nio, Marqués de Alventos, y otros dan abundantes datos. 
El Rey de Portugal Juan III, le consultó varias veces en 
asuntos difíciles y de interés. 

Martínez (Francisco). 

Figura como regente de Gramática desde 1557 á 1581. 
Debió dejar esta regencia para desempeñar la sustitución 
de la cátedra de Prima de Gramática del Mro. Sánchez de 
Aguilar. Se opuso á la cátedra de Prima vacante por muer- 
te del Mro. León de Castro. En 1589 se encargó del curso 



- 371 - 

de Latinidad que tenía el Mro. Cuadrado, pero lo desem- 
peñó poco tiempo, porque al fallecimiento de Sánchez de 
Aguilar, fué nombrado para dar su cátedra el 19 de Di- 
ciembre de 1589. Murió durante las vacaciones del curso 
de 1595-96. De sus obras dan cuenta Nicolás Antonio y Ga- 
llardo. Este último apunta la posibilidad de que su invecti- 
va contra los gramáticos vaya dirigida contra el Brócense, 
aunque no le mencione. 

Martínez (Martín). 

Natural de Cantalapiedra, según se dice en las actas de 
juramentos para tomar los grados. Por esto sin duda le lla- 
man algunos Martín Martínez de Cantalapiedra, aunque los 
libros del Archivo universitario le llaman preferentemente 
el Lie. ó el Mro. Martínez. Desempeñó desde 1543 un sala- 
rio de Hebreo, que venía á sustituir á la cátedra de propie- 
dad de tres lenguas que estaba sin proveer. En 14 de Abril 
de 1561 fué nombrado catedrático de Hebreo en propiedad, 
conforme á las constituciones. El 3 de Noviembre y el 16 
de Diciembre de aquel mismo año, hizo los juramentos res- 
pectivos para recibir los grados de Licenciado y Maestro 
en Teología. Dejó de leer la cátedra, aunque conservó la 
propiedad de ella, el 24 de Marzo de 1572, por haber sido 
apresado por la Inquisición de Valladolid. Dos días después 
se encargó de la lectura de ella el Bachiller, luego Maestro, 
Madrigal. Estuvo preso hasta el 22 de Junio de 1577, y sólo 
ganó siete lecciones en el curso de 1576-77. Siguió desem- 
peñando la cátedra hasta su muerte, el 18 de Noviembre 
de 1579, y diez días después la cátedra se declaró vacante. 
En Nicolás Antonio pueden encontrarse algunas notas bi- 
bliográficas. 

Martínez de San Millán (Juan). 

Figura con el número 270 entre los colegiales de San 
Bartolomé. Ingreso en el Colegio en 1524. No sabemos cuán- 
do fué nombrado catedrático de una de las cursatorias de 
Artes, pero es presumible que fuese después de haber in- 
gresado en el Colegio. La desempeñó hasta el 29 de No- 



- 372 - 

viembre de 1530 en que le eligieron catedrático de Prima 
de Lógica (Súmulas). El 18 de Diciembre de aquel año hizo 
el juramento para incorporar su grado de Maestro en Ar- 
tes, y el 1 de Agosto siguiente le practicó para recibir el 
de Maestro en Teología. Habíase graduado en el colegio de 
Porta Coeli de Sigüenza de Bachiller en Teología en 1527, y 
realizó el juramento para el grado de Licenciado en Sala- 
manca el 21 de Junio de 1529. En el acta del juramento para 
Maestro en Teología del Licenciado Juan Gómez de 7 de 
Agosto de 1547 aparece el Mro, San Millán como Obispo de 
Tuy. Hasta por entonces debió estar en propiedad de la cá- 
tedra de Súmulas. Otros particulares de su vida pueden 
leerse en la Historia del Colegio de San Bartolomé. 

Martínez de Silíceo (Juan). 

Figura con el número 254 entre los colegiales de San Bar- 
tolomé: ingresó en el Colegio en 1517. De las fechas y noti- 
cias que se dan en la Historia del Colegio puede despren- 
derse que llegó á Salamanca hacia 1516. Nosotros, el dato 
más antiguo que hemos encontrado, es el de que en el cur- 
so de 1518-19 estaba encargado de una de las cátedras cur- 
satorias de Artes, que se denominaba Lógica nominal, y 
que había sido desempeñada ya por Fr. Alonso de Córdoba. 

Por muerte del Mro. Ortega fué nombrado el sábado, 21 
de Junio de 1522 catedrático de Filosofía natural. Poco 
después se hizo Maestro é incorporó este grado, pero no 
sabemos la fecha cierta. Asistió en 1527 al examen de las 
obras de Erasmo é intervino luego en la consulta que se 
dirigió á la Universidad en la cuestión del divorcio de la 
Reina de Inglaterra, Catalina de Aragón. 

Durante el curso de 1534-35 leyó la cátedra por sustitu- 
to: era entonces Maestro del Príncipe, más tarde Felipe II. 
Debió renunciar la cátedra de Filosofía porque en Julio 
de 1535 se proveyó de nuevo en propiedad en el Mro. Enri- 
que Hernández. Su biografía, más ó menos cuidadosamente 
analizada, se halla en infinidad de obras. Nicolás Antonio, 
Picatoste, y otros, ocupánse de él. 

También en las obras de estos autores se apunta lo que 
se conoce respecto á los tratados que escribió. Llegó á ser 



- 373 - 

Cardenal y Arzobispo de Toledo. Murió en 31 de Mayo 
de 1557. Por su mucha ciencia y excelente tacto, gozó de 
gran autoridad y era de todos respetado. 

Maynor (Juan de). 

Figura ya en el juramento de 1.° de Mayo de 1503. Era 
catedrádico de Vísperas de Teología pero no sabemos des- 
de cuando. Quedó vacante la cátedra el 7 de Agosto de 1507 
por muerte del Maestro. 

Medina (Fr. Bartolomé). 

Las primeras noticias que tenemos son del año 1566 con 
motivo de la competencia suscitada entre él y Fr. Luis de 
León sobre la lectura de la cátedra de Prima de Teología 
desde San Juan hasta vacaciones del curso de 1565-66. Fué 
nombrado catedrático de Durando en la vacante de Fray 
Luis de León el 7 de Abril de 1573. La desempeñó hasta 
que el 21 de Agosto de 1576 se le dio la posesión de la cáte- 
dra de Prima de Teología. Ya para entonces había recibido 
los grados de Licenciado y Maestro en Teología, pues hizo 
los juramentos previos el 30 de Enero y 22 de Febrero 
de 1570. En las Historias del Convento de San Esteban, en 
Nicolás Antonio y en otros autores se encuentran curiosos 
datos sobre la vida y obras de este ilustre dominico. Por 
muerte del Maestro se declaró vacante la cátedra el 2 de 
Enero de 1581. 

Medina (Cosme). 

Acordada la creación de una cátedra cursatoria de Ana- 
tomía, fué nombrado para desempeñarla en 1551. Siguió en- 
cargado de ella hasta que en 28 de Noviembre de 1561 le 
designaron catedrático de Vísperas de Medicina. Era ya 
Licenciado y el 8 de Febrero de 1562 hizo el juramento pa- 
ra recibir el grado de Doctor en Medicina. El 25 de Octu- 
bre de 1563 se le encomendó la cátedra de Prima. 

En una carta Real de 1572 (1) se autoriza á la Universi- 



(1) V. t. I, pág. 543. 



- 374 - 

dad para aumentar el salario del Dr. Medina, como médico 
del Hospital del Estudio. Debió jubilarse en Junio de 1581, 
pues el 26 de dicho mes se anunció de nuevo la sustitución. 
En Mayo de 1591 se vuelve á hacer indicación de él como 
medico del Hospital. 

Murió el Dr. Medina durante las vacaciones del cur- 
so 1590-91, pero no hemos podido averiguar la fecha preci- 
sa. Adquirió como médico gran reputación. 

Mendoza (Fr. Alonso de). 

La Historia del Convento de San Agustín de Salamanca, 
del P. Vidal, ofrece datos completos sobre la vida de este 
Maestro. Añadiremos por nuestra parte que el 24 de Di- 
ciembre de 1586 hizo el juramento para recibir el grado de 
Licenciado en Teología, y que se le señaló el 10 de Mayo 
de 1587 para graduarse de Maestro en la misma Facultad. 
Fué catedrático de Escoto y sustituto de la de Vísperas de 
Teología. Debió morir en los últimos días del año 1596. 

Monleón (Juan de). 

En los libros de Claustros se hace mención de él como 
catedrático de alguna de las cursatorias de Cánones. El 26 
de Mayo de 1506 le nombran sustituto de la cátedra de Pri- 
ma de Cañones del Dr. Diego Alonso de Benavente. Pocos 
meses después se le designó sustituto de la de Prima, que 
tenía el Dr. Villasandino. A primeros de Febrero de 1507 
recibió el grado de Doctor en Cánones. En 14 de Junio 
de 1512 es nombrado catedrático de Vísperas de Cánones. 
Debió disfrutar poco tiempo de la cátedra, porque en los li- 
bros de cuentas de 1518-19 no figura para nada el Dr. Mon- 
león. 

Montemayor (Antonio de). 

Algunas veces le llaman el Lie. Montemor. Era en 1518 
catedrático de una de las cursatorias de Cánones. El 23 de 
Diciembre de 1522 fué nombrado catedrático de Vísperas 
de Cánones, y el 15 de Febrero de 1523 recibió el grado de 



- 375 - 

Doctor en Cánones. Desempeñó la cátedra de Vísperas has- 
ta el 6 de Abril de 1530 en que le designaron catedrático de 
una de las de Prima de Cánones. No sabemos la causa, pe- 
ro es presumible que por fallecimiento quedase vacante la 
clase de Prima, que se anunció de nuevo á oposición el 3 de 
Julio de 1535. 

Montoya (Gaspar de). 

Aparece con el número 251 entre los colegiales de San 
Bartolomé: ingresó en el Colegio en 1515. Figura como ca- 
tedrático de Instituta en el libro de cuentas de 1518-19. Des- 
de 1519 á 1523 ocupó la cátedra de Código. Hizo los jura- 
mentos para recibir los grados de Licenciado y Doctor en 
Leyes el 28 de Diciembre de 1527 y el 21 de Mayo de 1530, 
respectivamente. Por entonces se anunció á oposición la 
cátedra de Prima de Leyes que había quedado vacante por 
muerte del Dr. Galíndez Carvajal: la provisión de esta cla- 
se dio lugar á un pleito, que duró bastante, pues la cátedra 
se leyó de media multa, entre el Dr. Alvarez de Tapia y él. 
El 17 de Diciembre de 1530 se le dio posesión de la cátedra 
de Prima. No debió desempeñar la cátedra, pues se dice á 
cada paso en los libros de cuentas y de claustros que se leía 
de media multa. 

El Dr. Montoya murió durante las vacaciones del curso 
de 1535-36, y como la Historia del Colegio señala la fecha 
del 14 de Septiembre, cabe aceptarla como cierta. La cáte- 
dra de Prima fué sacada de nuevo á oposición el 19 de Oc- 
tubre de 1536. Cuando murió era del Consejo Real. 

Morales Cabrera (Francisco de). 

Bachiller en Artes. No sabemos si será el mismo de que 
habla Nicolás Antonio con el nombre de Francisco de Ca- 
brera Morales, y del que dice que enseñó latín y griego en 
Salamanca. 

Nosotros hemos encontrado este apellido de un Bachiller 
que fué Primario de los colegios de Gramática de 1590 
á 1593, y á la vez leía un salario de Griego. Dejó estas cáte- 
dras á su muerte acaecida en 1593. Nicolás Antonio da al- 
gunas notas biográficas y bibliográficas. 



- 376 - 

Muñoz (Gerónimo). 

Se le llama el Mro. Gerónimo Muñoz, pero no debió 
hacer la incorporación de su grado, porque no fué catedrá- 
tico de propiedad de esta Universidad. Según puede verse 
en una Carta Real de 20 de Octubre de 1578 (1) y en regis- 
tros de Claustros anteriores á esa fecha, la Universidad 
buscó un profesor fuera de Salamanca, por no haber en la 
Escuela persona suficiente que leyese la cátedra de Astro- 
logia. Convenidos el Mro. Muñoz y la Universidad (omiti- 
mos los datos biográficos anteriores, porque no tenemos 
más fuentes que las impresas) y aprobado el salario por el 
Consejo Real, el Mro. Muñoz salió de Valencia el 2 de Di- 
ciembre de 1578, y el 22 del mismo mes y año tomó posesión 
de su salario de Ástrología de 400 ducados, que desempeñó 
hasta su muerte. En el curso de 1586-87 figura por vez pri- 
mera en los libros de cuentas cobrando también salario por 
sus partidos de Hebreo, y desde ese curso en adelante per- 
cibía salario por las lecturas que tenía de Ástrología y He- 
breo. Picatoste dice que murió en 1584, pero esa afirmación 
es errónea, no sólo por lo ya dicho, sino porque en los libros 
de cuentas de 1590-91 aparece con los dos salarios antedi- 
chos. Falta el libro de 1591-92 en donde tal vez viniese preci- 
sada la fecha en que dejó de existir, pero teniendo en cuen- 
ta que la cátedra de Ástrología fué dada en propiedad al 
Mro. Serrano el 21 de Marzo de 1592 y que ya no se paga 
desde ese año el partido de 400 ducados, por haber muerto 
el Mro. Muñoz, creemos que el fallecimiento tuvo lugar á 
primeros del año 1592. Nicolás Antonio, Picatoste, Morejón 
y otros dan abundantes datos biográficos. Fué quizá el 
lingüista más eminente del siglo. 

Muñoz (Juan). 

Hizo los juramentos para recibir los grados de Licencia- 
do y Doctor en Leyes, respectivamente, el 22 de Noviembre 
de 1538 y el 8 de Febrero de 1540. Desempeñó [desde en- 



(1) V. t. I, pág. 568. 



- 377 - 

tonces una de las cátedras de Instituía hasta que fué nom- 
brado para la de Código el 22 de Marzo de 1541. Al año si- 
guiente era ya catedrático de Vísperas de Leyes. En el cur- 
so de 1561-62 empezó á leer la cátedra su sustituto. Falleció 
el Dr. Muñoz y se declaró vacante la cátedra de Vísperas 
de Leyes que tenía el 27 de Marzo de 1572. 

Navarro (Francisco). 

Maestro en Artes por la Universidad de París, según 
consta en el acta de incorporación del grado, desde el 10 
de Abril de 1535. Era catedrático en Alcalá, cuando la Uni- 
versidad de Salamanca se concertó con él en 8 de Agosto 
de 1550 para que por 60.000 maravedís de salario enseñase 
los cursos que había dejado vacantes el Mro. León de Cas- 
tro, de Retórica y la sustitución de Griego y de Latín. En 
el curso de 1553-54, quizá en Noviembre del 53, fué nombra- 
do catedrático de Retórica. Hizo el juramento para incor- 
porar su grado de Maestro el 2 de Noviembre de 1555. Des- 
empeñó la clase de Retórica hasta su muerte, y por esta 
causa se declaró vacante la cátedra el 12 de Noviembre 
de 1573. 

Navarro (Martín). 

No sabemos si será el colegial de San Bartolomé que 
figura con el número 217, y aparece ingresado en 1500. De- 
jó vacante, según los registros de Claustros, la cátedra de 
Santo Tomás, cuando tomó posesión, el 18 de Noviembre 
de 1504, de la clase de Filosofía Natural. Se declaró la 4 va- 
catura de la cátedra el 3 de Enero de 1508, por ausencia del 
catedrático. 

Núñez (Ambrosio). 

Portugués. Era natural de Lisboa. En 7 de Febrero 
de 1559 fué nombrado catedrático de Artícela. Ocupó poco 
tiempo esta cátedra porque desde el año 1560 desempeña 
la cátedra de Avicena. Vacante la de Vísperas de Medici- 
na, fué elegido para ocuparla. Era ya Licenciado y Doctor 



- 378 - 

en Medicina, pues había hecho los juramentos para ello el 
31 de Mayo de 1560 y el 1 de Febrero de 1562, respectiva- 
mente. Tomó posesión de la de Vísperas en 4 de Diciembre 
de 1563. A fines de 1583 fué jubilado. Gozó de la jubilación 
hasta su muerte en el año 1611. 

Nicolás Antonio y Morejón dan otros datos biográficos 
y bibliográficos que completan los anteriores. 

Núñez de Guzmán (Fernán). 

Aparece generalmente con las denominaciones el Maes- 
tro y Comendador Hernán Núñez, el Comendador griego, 
y alguna vez, el Mro. Hernán Núñez de Toledo. Las prime- 
ras noticias que de él hemos recogido son del curso 1523-24, 
en el que leyó la catedrilla de Griego, instituida por la Uni- 
versidad, á cargo antes del Mro. Arias Barbosa. En un acta 
de 6 de Noviembre de 1526 se le señala local para que lea la 
cátedra de Plinio (1). Tal vez por haber leído esta cátedra 
es por lo que dice Picatoste que explicó en Salamanca His- 
toria Natural. Nada podemos manifestar de la naturaleza 
de aquellas enseñanzas. En claustro de 19 de Julio de 1527 
le dieron licencia para acudir á la Corte á tratar negocios 
referentes á la encomienda que tenía de la Orden de Santia- 
go. Volvió poco después, y el 5 de Diciembre de 1527 pose- 
sionaron al Comendador Hernán Núñez de Toledo de la cá- 
tedra de Retórica. En claustro de 7 del mismo mes se trató 
la cuestión de las cátedras que había venido leyendo, y se 
acordó desistir de la lectura de Plinio, pero que continuase 
con la de Griego; sobre el salario y horas de lectura de es- 
ta cátedra de Griego hubo alguna discusión, mas al fin, en 
acta de 3 de Abril de 1528 prometió el Comendador, sólo 
por servir á la Universidad, leer hora y media la cátedra 
por los 30.000 maravedís que le asignaron de salario. Para 
entonces era Maestro en Artes, pues el 30 de Diciembre 
de 1527 hizo el juramento para recibir el grado. En 1533 se 
opuso á la cátedra de Prima de Gramática que había que- 
dado vacante por muerte del Mro. García del Castillo, pe- 
ro no se la dieron. Apeló de la resolución ante la Chancille- 



(1) Lebrija y Flamineo habían leído también á Plinio. 



- 379 - 

ría de Valladolid, mas la Chancillería sentenció también á 
favor de su contrincante el Mro. Hernando de la Torre. El 
10 de Enero de 1548 fué jubilado en la cátedra de Retórica. 
Por entonces debió hacer donación de todas sus obras á la 
Universidad; algunas de ellas se conservan en la Bibliote- 
ca. No hemos podido determinar cuándo murió el Comen- 
dador, pero en los libros de matrícula de 1552-53 se indica 
que se dio por vacante la cátedra de Retórica el 4 de Sep- 
tiembre de 1553. Nicolás Antonio, Torre (A. de la), Gallar- 
do, Picatoste, Catalina y otros dan más datos acerca de la 
vida y obras del famoso Comendador griego. Era de una 
erudición pasmosa. 

Olarte (Juan de). 

Doctor en Cánones. Algunas veces se le llama el Doc- 
tor Loarte en los libros de Claustros. Era en 1.° de Mayo 
de 1503 catedrático de una de las de Vísperas de Cánones. 
Quedó vacante esta cátedra el 26 de Junio de 1507, por ha- 
ber sido elegido el Dr. Olarte catedrático de Decreto. 
En 1512 figura como catedrático de Decreto, pero al princi- 
piar el curso de 1518-19, era ya catedrático de Prima de Cá- 
nones. Fué jubilado en esta cátedra en el curso de 1521-22, 
de donde es presumible que á fines de 1501 ó principios 
de 1502 fuese nombrado catedrático en propiedad. Murió el 
Doctor Olarte el 23 de Febrero de 1530. 

Oria (Juan de). 

Las Historias del Convento de San Esteban y de la Or- 
den de Predicadores se ocupan de este Maestro en Teolo- 
gía. En el año 1510 se acordó darle 4.550 maravedís por ha- 
ber hecho lecturas en la cátedra de Lógica de nominales. 
En 9 de Diciembre de 1510 fué nombrado catedrático de 
una de las cursatorias de Artes, de la de Físicos, y la des- 
empeñó hasta que se encargó de la cátedra de Biblia el 10 
de Junio de 1519. Siendo catedrático de Biblia, fué denun- 
ciado por los dominicos ante el Pontífice por las proposicio- 
nes poco seguras que enseñaba: el Pontífice las hizo exa- 



- 380 - 

minar y las condenó. Esto ocurrió, según las Historias de 
San Esteban, hacia 1522. 

Se dice también que fué denunciado por el Pontífice á la 
Inquisición, privado de su cátedra y desterrado. No pode- 
mos hacer ninguna luz sobre esto: en los libros de cuentas 
de 1523-24 figura como catedrático de Biblia: en los libros 
de Claustros de 1526 no se hace mención de él. 

• Ortega (Juan de). 

Maestro en Artes. Fué nombrado catedrático de la cur- 
satoria de Escoto el 20 de Octubre de 1505. En 10 de Febre- 
ro de 1508 es elegido catedrático de Filosofía natural y de- 
jó vacante la cursatoria. Sin embargo, debió hacerse cargo 
de ella poco después, pues no hemos encontrado el nombre 
de ningún otro catedrático que la desempeñara, y en los li- 
bros de cuentas figura en 1518 un Mro. Juan de Ortega, 
desempeñando las dos cátedras de Filosofía natural y de 
Escoto, y en el de 1521-22 se hace constar que murió dicho 
Maestro el 14 de Mayo de 1522 y que por su muerte queda- 
ron vacantes las dos cátedras. 



Orozco (Juan de). 

Hizo el juramento para recibir el grado de Licenciado el 
7 de Febrero de 1540. Desde 1544 á 1547 aparece entre los 
catedráticos de Instituía. 

Practicó el juramento para el grado de Doctor el 3 de 
Julio de 1547. Figura además como sustituto del Dr. Peral- 
ta en la cátedra de Prima de Leyes y como catedrático de 
Digesto Viejo de 1551 á 1554. En el libro de juramentos se 
dice "escribió sobre el Digesto Viejo,,, pero'ninguna de las 
bibliografías consultadas confirma esta nota. 

Ortiz (Pedro). 

En 16 de Enero de 1529 fué nombrado catedrático de Bi- 
blia, y en 22 de Abril del mismo año hizo el juramento para 
incorporar su grado de Maestro en Teología. Por cédula de 



- 381 - 

la Emperatriz de 14 de Octubre de 1530 se pide á la Univer- 
sidad que dé licencia al Dr. Ortiz, catedrático de Biblia, 
para que vaya á Roma á entender en el asunto del divorcio 
de la Reina de Inglaterra. La Universidad puso algunos re- 
paros, pero acabó por acceder, y en 24 de Abril de 1531 se 
anunció la vacatura de la sustitución del Mro. Ortiz. Siguió 
leyendo por sustituto los años sucesivos hasta que el 10 de 
Mayo de 153S se declaró la cátedra vacante. 

Oviedo (Juan de). 

En 20 de Noviembre de 1542 fué nombrado catedrático 
de música: se le llama Br. Juan de Oviedo, cantor. Cuando 
hizo el juramento de 1 de Mayo de 1551, se le denomina Ra- 
cionero, y en el libro de cuentas de 1553-54 Maestro de Ca- 
pilla de la Iglesia de Salamanca. 

Practicó el juramento para incorporar su grado de Maes- 
tro en 2 de Noviembre de 1555. Hnsta esa fecha era solo Ba- 
chiller. Se declaró la cátedra vacante el 17 de Diciembre 
de 1566. No se dice la causa pero es presumible que fuera 
por muerte del Maestro. No se vuelve á hablar de él. 

Palacios (Andrés de). 

Bachiller en Leyes. En 1505 fué nombrado catedrático 
de Código é hizo renuncia de la cátedra por haber sido 
nombrado Alcalde mayor de Córdoba. 

Palacios (Miguel de). 

Son muy pocas las noticias que de él podemos dar. Fi- 
guró desde 1545 á 1549 como catedrático de uno de los cur- 
sos de Artes, que abandonó, para pasar á ocupar la cátedra 
de Físicos. Hacia 1550 dejó de ser catedrático de Físicos y 
desempeñó hasta 1554 la de Durando. Nicolás Antonio se 
ocupa mucho de él, y Morejón le cuenta entre los impugna- 
dores de Antoniana Margarita de Gómez Pereira. Hizo el 
juramento para recibir el grado de Licenciado el 31 de Di- 
ciembre de 1549. 



- 382 - 

Parra (Alonso de la). 

Doctor en Medicina. En 1508 era sustituto del Dr. Alva- 
rez de la Reina. En 31 de Julio de aquel año fué de nuevo 
nombrado sustituto de dicho doctor por diez años. 

Hizo otra vez renuncia de la sustitución en 30 de Octu- 
bre de 1512, no sabemos por qué, quizá por haber sido ele- 
gido catedrático de Vísperas. En los libros de cuentas figu- 
ra ya como catedrático de Vísperas de Medicina desde 1518: 
ignoramos también cuándo recayó el nombramiento á su fa- 
vor. La desempeñó hasta que en 28 de Junio de 1526 fué nom- 
brado catedrático de Prima. Carlos V, poco después, le man- 
dó que fuese á servir á la Reina de Inglaterra y pidió á la 
Universidad licencia para ello (1). Los estudiantes suplica- 
ron que no se condiese tal licencia, porque no era en servicio 
del Monarca. No podemos afirmar si se le dio ó no permiso, 
pero sí que hizo el juramento el 1.° de Mayo de 1527, y que 
se anunció la cátedra de nuevo á oposición el 19 de Octubre 
de 1528 por muerte del doctor. Debió fallecer durante las 
vacaciones del curso 1527-28. 

Parra (Antonio de la). 

Doctor en Medicina. Hizo el juramento para recibir el 
grado de Licenciado en Medicina el 16 de Enero de 1523: no 
hemos averiguado cuándo practicó para el de doctor. En 8 
de Febrero de 1529 fué nombrado catedrático de Vísperas 
de Medicina, pero no debió empezar á leer hasta el 11 de 
Mayo de 1530, según los libros de cuentas. En el interme- 
dio el Dr. Agustín López y el Lie. Sepúlveda fueron sus 
sustitutos. Pondremos su jubilación hacia 1551, y murió du- 
rante las vacaciones del curso de 1560-61. Se anunció lava- 
cante en 20 de Octubre de 1561 . 

Paz (Fr. Matías de). 

Dominico. Las Historias del Convento de San Esteban 
dan algunos datos biográficos. Nosotros podemos añadir 
poco. Que fué nombrado catedrático de Biblia en 1518, y 

(1) V. t. I, pág. 384. 



- 383 - 

que estando desempeñando esta cátedra falleció el 8 de Ju- 
nio de 1519. Antes había sido catedrático de Santo Tomás y 
todavía figura como tal en el curso de 1518-19: debió serlo 
pocos días. Gallardo da cuenta de un manuscrito suyo. 

Peña (Fr. Juan de la). 

Dominico. En 30 de Noviembre de 1559 figura como sus- 
tituto del Mro. Fr. Domingo de Soto en la cátedra de Pri- 
ma. A la muerte de Fr. Domingo fué nombrado catedrático 
de Vísperas de Teología y recibió el nombramiento el 24 de 
Enero de 1561. Hizo los juramentos para tomar los grados 
de Licenciado y Maestro en Teología el 28 de Marzo y el 20 
de Abril de 1561. Murió al poco tiempo: en Marzo de 1565 se 
posesionó de la cátedra su sucesor. Nicolás Antonio, las 
Historias del Convento de San Esteban y otras señalan da- 
tos que omitimos, 

Peñafiel (Fr. Alonso de). 

Dominico. Las Historias del Convento de San Esteban 
suministran algunos datos sueltos. Dicen que en 1483 suce- 
dió al Mro. Betoño en la cátedra de Biblia, mas entende- 
mos, teniendo en cuenta que el Mro. Betoño vivió mucho 
tiempo después de jubilado, que sería el sustituto de dicho 
maestro. Ignoramos cuánto pudo durar esta sustitución, si 
bien sabemos por los libros de Claustros que en 1503 era ca- 
tedrático de tres lenguas (hebreo, caldeo y arábigo), cáte- 
dra que desempeñó hasta el 5 de Enero de 1508, en que to- 
mó posesión de la de Biblia. En 1512 seguía leyendo la cá- 
tedra, pero en los libros de cuentas de 1518-19 figura ya Fray 
Matías de Paz. Debió, sin embargo, morir por entonces el 
Mro. Peñafiel, porque á Fr. Matías de Paz se le menciona 
en dichos libros de cuentas como catedrático de Santo To- 
más y de Biblia. 

Peralta (Martín de). 

Según consta en el acta de juramento del grado de Maes- 
tro, era natural de Viana y había obtenido el grado de Maes- 
tro en Artes en la Universidad de Zaragoza. Figura en 1549 



- 384 — 

Como catedrático de una de las cursatorias de Artes. Ha- 
cia 1551 fué encargado de la de Escoto y la desempeñó hasta 
el 21 de Enero de 1557 en que tomó posesión de la de Santo 
Tomás. El 15 de Diciembre de 1561 fué nombrado catedrático 
de Prima de Lógica y poco después, el 22 de Enero siguien- 
te, incorporó su grado de Maestro. Por muerte de Peralta 
se publicó la vacatura de la cátedra el 11 de Agosto de 1579. 

Peralta (Pedro de). 

Doctor en Leyes. Fué catedrático de Instituía de 1519 
á 1523. En 1526 desempeñaba la media multa déla cátedra de 
Prima de Leyes del Dr. Galíndez de Carvajal. El 19 de Ene- 
ro de 1527 fué nombrado catedrático de una de las de Vís- 
peras de Leyes, en la que continuó hasta el 26 de Noviem- 
bre de 1534, en que le eligieron catedrático de Prima de Le- 
yes. El 22 de Octubre de 1547 fué jubilado, y el 11 de Sep- 
tiembre de 1561 se dio cuenta en el Claustro de consiliarios 
de la muerte del Dr. Peralta y de su entierro en el conven- 
to de San Agustín. Nicolás Antonio da algunos otros datos 
de su vida y de sus obras. Se distinguió como filósofo y teó- 
logo. 

Pérez (Diego). 

Natural de Salamanca. En la documentación de la Uni- 
versidad se le llama sólo Diego Pérez, pero Nicolás Anto- 
nio, y todos los que después han copiado de él, le denomi- 
nan Diego Pérez de Salamanca. Hizo los juramentos para 
recibir los grados de Licenciado y de Doctor en Cánones, 
respectivamente, el 19 de Abril de 1548 y el 7 de Octubre 
de 1549. Desde 1555 hasta el 24 de Julio de 1560 desempeñó 
una de las cursatorias de Cánones. Ese día tomó posesión 
de la sustitución del Dr. Xuárez en su cátedra de Decreto, 
pero habiendo muerto el Dr. Xuárez quedó sin sustitución. 
El 25 de Febrero de 1563 fué nombrado otra vez catedrático 
de una de las cursatorias de Cánones, que dejó por haber 
sido elegido catedrático de Sexto y Clementinas el 19 de Fe- 
brero de 1567. A poco de posesionarse de la cátedra cayó en- 
fermo, y la Universidad le autorizó para no repetir y dar 



— 385 — 

por sustituto su cátedra. Murió el Dr. Pérez el 29 de Enero 
de 1574. Nicolás Antonio trae algunas notas bibliográficas. 
Escribió varias obras y era muy culto, habiéndose captado 
las simpatías de todos los escolares. 

Pérez (Luis). 

Natural de Salamanca. En l.° de Enero de 1539 practicó 
el juramento para graduarse de Doctor en Cánones. Desem- 
peñó una de las cursatorias de Cánones desde 1542 á 1550. 
Cuando en 13 de Abril de este año se hizo la elección de di- 
putados para el siguiente de 1550-51 se habla del Dr. Luis Pé- 
rez como recientemente nombrado catedrático de una de las 
de Vísperas de Cánones. Disfrutó de esta cátedra hasta su 
muerte: se publicó la vacatura el 12 de Noviembre de 1566. 
En el libro de cuentas de este año se le llama Dr. Luis Pé- 
rez de Ulloa. 

Pérez (Sebastián). 

Nicolás Antonio hace un estudio biográfico-bibliográíico 
de un Mro. Sebastián Pérez que fué catedrático de Filoso- 
fía en Salamanca. Creemos que es uno que desempeñó des- 
de 1559 á 1567 una de las cátedras cursatorias de Artes. 

Pérez de Cubillas (Lorenzo). 

Doctor en Medicina. El 19 de Diciembre de 1546 hizo el 
juramento para recibir el grado. Fué nombrado catedráti- 
co de Avicena el 16 de Mayo de 1548: sucedió en esta cáte- 
dra al Dr. Cristóbal Vega, de Alcalá, que la desempeñó 
unos tres meses. Dejó la cátedra de Avicena para pasar á 
la de Prima de Medicina de la que fué provisto el 29 de No- 
viembre de 1559. 

En Claustro de 15 de Junio de 1560 fué elegido médico del 
Hospital del Estudio en la vacante del Dr. Gallego. Por 
muerte del Doctor se anunció la vacatura de la cátedra de 
Prima el 6 de Septiembre de 1563. 



25 



- 3S6 



Pérez de Grado (Alvaro). 

Natural de Salamanca. Villar y Macías dice que era de 
la orden militar de San Juan, cuyos estatutos recopiló, y 
tal vez por eso muchas veces en la documentación de la Uni- 
versidad se le llama Dr. Fr. Alvaro Pérez de Grado. Fué 
hasta 1527 catedrático de Instituía. 

Quizá se encargase de alguna sustitución después, y 
desde 1529 á 1531 figura entre los catedráticos de Código. 
Siendo catedrático de Código hizo el 19 de Diciembre 
de 1529 el juramento para recibir el grado de Doctor en 
Leyes. El 12 de Diciembre de 1533 fué nombrado sustituto 
del Dr. Montoya, en la media multa de la cátedra de Prima 
de Leyes, que desempeñó hasta que el 7 de Enero de 1535 
tomó posesión de una de las cátedras de Vísperas de Leyes. 

No sabemos cuándo se le nombró catedrático de Prima 
de Leyes, pero sí hemos encontrado en los libros de Claus- 
tros que el 12 de Junio de 1542 se le asigna lectura á su cá- 
tedra de Leyes. 

En el libro de Claustros de 1549-50 hay citas en que se 
dice que el Dr. Grado es canónigo Doctoral de la Iglesia de 
Salamanca. 

Fué jubilado en la cátedra de Prima el 7 de Julio 
de 1554. Villar y Macías afirma que murió el 31 de Enero 
de 1565 y que fué sepultado en la Catedral. Nosotros hemos 
leído que era perteneciente á la parroquia de Santo Tomé 
y que fué enterrado el 1.° de Febrero del dicho año de 1565. 
Nicolás Antonio trae una brevísima indicación de este maes- 
tro salmantino. 

Pérez Ortiz (Francisco). 

Con las naturales reservas nos inclinamos á creer que 
es el mismo Francisco Pérez, catedrático de Latinidad en 
Salamanca, de que habla Nicolás Antonio. 

Aparece encargado de una de las regencias de Gramá- 
tica desde 1561 hasta 1584. El 10 de Marzo de 1581 fué nom- 
brado sustituto del Mro. León de Castro en su cátedra de 
Prima de Gramática, pero á los pocos días se anunció la 



- 387 - 

vacante de la sustitución, y figura de nuevo en la regencia 
de Gramática de mayores que desempeñaba. 

A la muerte de León de Castro fué nombrado catedráti- 
co de Prima de Gramática: tomó posesión de la cátedra el 
4 de Diciembre de 1585. 

El expediente de estas oposiciones está lleno de recla- 
maciones. Debió fallecer durante las vacaciones del curso 
de 1602-03, porque en el libro de cuentas de 1603 á 1604, se 
dice que estaba vacante por San Lucas del 1603. 

Pinel (Arias). 

Portugués. En el libro de cuentas de 1561-62 se dice que 
este Doctor ganó 162 lecciones de un partido de Leyes de 
400 ducados anuales, que dio desde principios de curso has- 
ta el 23 de Julio de 1562. Quizá á esto alude Vidal cuando 
habla de un León Pinelo que leyó Leyes en Salamanca al 
mismo tiempo que el Dr. Manuel da Costa. 

Sin embargo, debe advertirse, que no fueron los dos ca- 
tedráticos de Prima: el catedrático era Costa: Arias Pinelo 
tenía una paga extraordinaria. 

En la fecha antes indicada de 23 de Julio de 1562, tomó 
posesión de la cátedra de Prima, vacante por muerte de 
Costa, y dejó de percibir el salario de 400 ducados. El 31 
de Agosto del mismo año hizo el juramento para incorpo- 
rar su grado de Doctor en Leyes por la Universidad de 
Coimbra. Poco tiempo después murió, y el 11 de Enero 
de 1563 se anunció la vacatura de la cátedra de Prima que 
desempeñaba. Nicolás Antonio da algunos otros datos res- 
pecto á su vida y á sus obras. 

Pozo (Fernando del). 

Nicolás Antonio, tomándolo tal vez del título de sus Ex- 
positiones, dice que era burguense. Figura como regente 
de Gramática desde 1555 á 15S5. En ese año la Universidad 
quiso jubilarle, pero como no tenía derecho á disfrutar de 
jubilación, por no ser catedrático de propiedad, solicitó del 
Consejo Real licencia para pagarle su salario sin leer la 



- 388 - 

cátedra y por Cédula Real de 26 de Octubre de 1585. Feli- 
pe II concedió la autorización pedida (1). 

Disfrutó el Br. Pozo bastante tiempo esta jubilación, 
pues su pago figura en las cuentas de 1597-98. No se halla 
en las del año siguiente, así que cabe suponer muriese por 
entonces. Gallardo dice que las Expositiones las dedicó 
al Mro. Francisco Martínez, portugués, de quien nos hemos 
ocupado. 

Puebla (Juan de la). 

Desde 1523 á 1528 estuvo posesionado de una catedrilla 
de Cánones. Hizo el juramento para recibir el grado de Doc- 
tor en Cánones el 4 de Agosto de 1527. El 20 de Agosto del 
año siguiente fué nombrado catedrático de Vísperas de 
Cánones. Desempeñó esta cátedra hasta el 14 de x<\gosto 
de 1535, en que es elegido catedrático de Prima de Cánones. 
En Claustro de 7 de Mayo de 1543 dirigió al Rector una sú- 
plica protestando de que la cátedra de Hebreo no estuviese 
provista en propiedad. Como hemos dicho en otro lugar, el 
Dr. de la Puebla no consiguió que se cumpliese la constitu- 
ción del estudio y la cátedra siguió sin proveerse. Fué ju- 
bilado y su sustitución se anunció á oposición el 10 de Di- 
ciembre de 1548. Poco después, el 30 de Agosto de 1549, se 
publicó la vacante de la cátedra por haber muerto el Dr. de 
la Puebla. 

Puebla (Pedro de la). 

Doctor en Cánones. Figura ya en 1503 como catedrático 
de una de las de Vísperas de Cánones: pasó á leer la que de- 
jó vacante el Dr. Olarte, también de Vísperas de Cánones 
el 27 de Julio de 1507. En 10 de Mayo de 1512 fué nombrado 
catedrático de Prima de Cánones. Desconocemos cuándo 
murió: sólo sabemos que su cátedra la tenía el Dr. Olarte 
en Octubre de 1518 y que no se hace mención ninguna en los 
libros de esa fecha del Dr. Pedro de la Puebla. 



(1) V. t. I, pág. 585. 



- 389 - 

Rodríguez (Héctor). 

Natural de Lisboa. Doctor en Leyes por la Universidad 
de Coimbra desde 1540. Había sido ya catedrático de Le- 
yes en Coimbra cuando vino á Salamanca á opositar la cá- 
tedra de Prima de Leyes, vacante por muerte del Dr. Pi- 
nel. Fué nombrado catedrático de Prima el 23 de Febrero 
de 1563. Poco después, el 29 de Marzo y el 7 de Abril del 
mismo año de 1563, practicó los juramentos para recibir el 
grado de Licenciado y hacer la incorporación del Dr. Mu- 
rió durante las vacaciones del curso de 1578-79, y su cáte- 
dra se anunció como vacante el 19 de Octubre de 1579. 

Rodríguez de San Isidro (Fernando). 

Hijo del Dr. Diego Rodríguez de San Isidro. Doctor en 
Leyes. En 9 de Noviembre de 1504, es designado sustituto 
del Dr. Ga liudez de Carvajal, en la media multa de la cá- 
tedra de Prima de Leyes. Antes había sido sustituto de su 
padre. En 4 de Mayo de 1507 fué nombrado catedrático de 
Vísperas de Leyes y en 12 de Diciembre de 1526 catedráti- 
co de Prima de Leyes. En 20 de Mayo de 1527 le jubilaron 
y el 15 de Septiembre de 1534 se declaró vacante la cáte- 
dra por muerte del Dr. San Isidro. 

Rodríguez de Castello Branco (Juan). 

Portugués, de familia muy estimada y uno de los médi- 
cos más eminentes de su época. Estudió medicina en Sala- 
manca y recibió en su célebre Universidad el grado de 
Doctor, sin que hayamos podido hallar la fecha en los li- 
bros del Archivo. Viajó mucho, visitó las principales Fa- 
cultades del mundo y mantuvo correspondencia y amistad 
con los hombres que gozaban de más reputación. Con el 
título de Amato Lusitano a sua vida e a sua obra, ha pu- 
blicado un curioso é interesante trabajo nuestro compañe- 
ro el ilustrado catedrático de la vecina República Dr. Ma- 
ximiano Lemos (Porto, Eduardo Tavares Martins, edi- 
tor, 1907). 



390 - 



Sahagún de Villasante (Diego). 

Natural de Salamanca. Hizo el juramento para recibir 
el grado de Licenciado en Cánones el 6 de Noviembre 
de 1560. En 24 de Enero de 1568 fué nombrado catedrático 
de una de las catedrillas de Cánones. El 24 de Octubre del 
año siguiente le designaron sustituto del Dr. Aguilera en la 
cátedra de Prima de Cánones. El 18 de Febrero de 1581 pasó 
á la cátedra de Vísperas de Cánones, y desempeñó esta cía" 
se hasta que fué nombrado catedrático de Prima de Cáno- 
nes el 16 de Febrero de 1591. Por muerte del Dr. Sahagún 
se vacó la cátedra el 5 de Mayo de 1597. Nicolás Antonio 
dice que dejó escrita para que se publicase después de su 
muerte una obra titulada Prceelectiones Académicas. 



Salamanca (Roque de). 

Natural de Salamanca. Hizo los juramentos para reci- 
bir los grados de Licenciado y Doctor, siendo ya racione- 
ro de la Iglesia de Salamanca el 12 de Mayo y el 29 de Oc- 
tubre de 1578. Fué después sustituto del Mro. Salinas en la 
cátedra de Música, y finalmente catedrático de Música desde 
el 14 de Febrero de 1590, hasta su muerte el 25 de Enero 
de 1593. 

Salaya (Sancho de). 

Se le llama siempre el Dr. Salaya, pero hay fundamen- 
to para creer que era además Maestro en Artes. No sabe- 
mos la fecha precisa de su nombramiento, pero en 1505 se 
habla de él como catedrático de Astrología. Puede decirse 
de este Doctor cosa parecida á la que hemos dicho del Doc- 
tor Galíndez de Carvajal, que gozaron casi continuamente de 
licencia, y la cátedra era leída por un sustituto. Ya en Claus- 
tro de 12 de Septiembre de 1506 se trata de prorrogar por 
otros dos años la licencia que tiene el Dr. Salaya, para es- 
tar ausente de la cátedra. En algunas cédulas de la Empe- 
ratriz, mujer de Carlos V, se le llama mi protomédico y 
medico del Consejo de la Inquisición. No hacemos enume- 



- 391 - 

ración de las licencias que consiguió por considerarlo in- 
útil. Debió morir á fines del curso de 1541-42, porque como 
padrino de la Facultad (debía ser cargo análogo á nuestros 
decanos) asistió en 15 de Febrero de 1532 á la incorpora- 
ción del grado del Mro. Francisco Sancho, y ya en los li- 
bros de cuentas del 1542-43 figura como catedrático Sánchez 
de Olivares. Picatoste trae algunas notas bibliográficas. 

Salinas (Francisco). 

Fué nombrado catedrático de Música de la Universidad 
el 21 de Enero de 1567. Hizo el juramento para la incorpora- 
ción de su grado de Maestro en Artes el 7 de Noviembre 
de 1569. Desde entonces suele llamársele en la documenta- 
ción de la Universidad el Abad Francisco Salinas. En el cur- 
so de 1587-88 leía por sustituto como jubilado. Murió el 
Mro. Salinas el 13 de Enero de 1590. Nicolás Antonio, Gallar- 
do y otros apuntan otros particulares sobre su vida y sus 
obras. Fr. Luis de León hace grandes elogios de Salinas en 
varias de sus composiciones poéticas. 

Sánchez (Fr. Bartolomé). 

Carmelita. Residía en el convento de San Andrés. Hizo 
los juramentos para recibir los grados de Licenciado y Maes- 
tro en Teología el 24 de Noviembre de 1573 y el 14 de Febre- 
ro de 1574. En 17 de Marzo de 1581 fué nombrado catedráti- 
co de una de las cursatorias de Artes, la cual desempeñó 
hasta que en 9 de Marzo de 1584 pasó á la cátedra de Lógi- 
ca Magna. Poco después, el 9 y 15 de Abril, practicó los ju- 
ramentos para tomar los grados de Licenciado y Maestro en 
Artes, respectivamente. No conocemos la fecha precisa de 
su jubilación, pero debió concedérsele hacia 1605. Figuró 
mucho después de jubilado. En 1623 se declaró vacante la 
cátedra por muerte del Mro. Bartolomé Sánchez. 

Sánchez (Francisco). 

Era canónigo de la Iglesia de Salamanca cuando fué nom- 
brado catedrático de Filosofía Natural. Gallardo dice, ha- 
blando del Brócense, que convinieron dos: Francisco San- 



- 392 - 

chez, el Brócense, y otro, que quizá sea éste de que nos ocu- 
pamos. Nos permitimos sin embargo advertir que no fueron 
dos, sino tres, y los tres catedráticos de propiedad. Recibió 
el nombramiento en el año 1586 y desempeñó la cátedra has- 
ta su muerte, acaecida el 11 de Noviembre de 1603. 

Sánchez de Aguilar (Francisco). 

Hizo el juramento de 1.° de Mayo de 1553: figura duran- 
te el curso de 1553-54 con un curso de Gramática y le incluí- 
mos en la lista de los regentes de Gramática, porque desem- 
peñó una de ellas hasta que fué nombrado primario de uno 
de los dos colegios de Gramática en 1558. Había recibido 
por entonces el grado de Maestro, pues un clérigo presbí- 
tero, llamado Francisco Sánchez, practicó el 10 de Enero 
de 1557 el juramento para tomar dicho grado: en el encabe- 
zamiento del acta se dice que tenía un beneficio en San Mar- 
tín: suponemos que sea la parroquia de Salamanca así lla- 
mada. Ocupó el cargo de Primario de uno de los colegios de 
Gramática hasta el 22 de Diciembre de 1561 en que fué nom- 
brado catedrático de Prima de Gramática. A él indudable- 
mente alude el Brócense en una carta, que transcribió Ga- 
llardo, fechada en Salamanca á 15 de Enero de 1581, cuan- 
do dice: 

"Escribí una noche unos borrones pava publicar unos 
..premios de las Honras que se hicieron en Escuelas; y el 
..catedrático de Prima de Gramática, que es de mí mísmo 
..nombre, le pareció que estaba lleno el cartel de solecismos 
n y barbar i sinos, y ansí lo publicó en su cátedra. Yo reitne 
n dello v ... 

Se jubiló en la cátedra de Prima durante el curso 
de 1580-81: no conocemos la fecha con precisión, pero sí sa- 
bemos que el 1.° de Julio de 15S1 fué nombrado el en aquella 
época Br. Francisco Martínez, sustituto del Mro. Sánchez 
de Aguilar en la cátedra de Prima de Gramática. Por tanto, 
hacia ese día, fué jubilado. Por muerte del Maestro se anun- 
ció la vacatura de la cátedra de Prima de Gramática el 8 de 
Noviembre de 1589. 



- 393 - 

Sánchez de las Brozas (Francisco). 

El haber hecho nuestro querido amigo y docto compañe- 
ro D. Pedro Urbano González de la Calle, en la oración 
inaugural del curso de 1912-1913 un estudio serio y deteni- 
do sobre la vida académica del sabio é ilustrado humanista 
de que vamos á ocuparnos, nos ha relevado á nosotros de 
hacer otra cosa que comprobar los asertos vertidos en el 
mencionado discurso, viéndonos, por lo tanto, precisados á 
tratar con alguna ligereza una de las personalidades más 
notables de la vieja Escuela. 

Según los libros de cuentas, un Bachiller, Francisco 
Sánchez, figura en 1553-54 con un salario de Retórica de 
100 ducados que lee en el colegio de Trilingüe: en el curso 
siguiente se le redujo la paga en 30.000 maravedís, y en el 
de 1559-60 ni se abona el sueldo ni se habla absolutamente 
para nada del Brócense. 

La primera vez que los libros de cuentas vuelven á ocu- 
parse de él, es en el correspondienteal año 1566-67 en que 
fué multado 19 días de media multa, que más tarde dejó sin 
efecto el Rector: desempeñaba entonces la cátedra de Re- 
tórica. El 17 de Diciembre de 1573 fué nombrado catedráti- 
co de Retórica, y poco después, el 4 de Enero y el 21 de 
Febrero, practicó los juramentos previos para recibir los 
grados de Licenciado y Maestro en Artes. El 9 de Junio 
de 1576 el Claustro pleno le concedió el salario de Griego 
de que había hecho renuncia el Mro. León de Castro. 

Durante el curso de 1577-78 se le encargó la media multa 
de la cátedra de Astrología. No debió hacerlo de buena ga- 
na, si lo hizo, porque sólo aparece en la sustitución del 2 al 
4 de Enero de 1578 y fué multado en tres lecciones de mi- 
llas legit. 

Mientras dicha cátedra de Astrología estuvo vacante se 
le encomendó la sustitución por mandamiento del Rector: 
explicó 75 lecciones. Hizo oposición á laclase de Prima de 
Gramática á la muerte de León de Castro: alcanzó el ter- 
cer lugar entre los opositores. Por jubilación del Brócense 
se anunció la vacadura de la sustitución de Retórica el 21 
de Junio de 1593. 



- 394 - 

Al fallecimiento del Br. Morales, en el curso de 1593-94 
empezó á leer un partido de Gramática, que llamaban de 
Vísperas, de 100 ducados de salario. Luego habiendo 
vacado la cátedra de Retórica, fué designado para sustitu- 
to de su misma clase el 15 de Mirzo de 1597, por no hallar 
persona capacitada que la leyera y que pudiera reemplazar 
al Brócense, y así siguió hasta su muerte; es decir, con el 
salario de Griego, el salario de Vísperas de Gramática, y 
la sustitución de su cátedra de Retórica. 

No hemos averiguado la fecha precisa de su fallecimien 
to: sólo sabemos que el 12 de Diciembre de 1600 fué anun- 
ciada la vacadura de la cátedra de Retórica por muerte del 
Maestro, y que ganó 34 lecciones en el curso de 1600-1601. 
Nicolás Antonio, Gallardo, Picatoste, Pérez Pastor y otros 
muchos señalan algunos particulares de su vida y sus obras. 

Como nota curiosa, y de la que nadie se ha ocupado, 
extractamos á continuación unos datos sacados del expe- 
diente de la provisión de la cátedra de Prima de Latinidad 
ó de Prima de Gramática, que dejó vacante á su muerte el 
Maestro León de Castro en 1585. 

El edicto de la vacatura tiene la fecha de 21 de Octubre de 1585. 
Antes de haberse anunciado la vacante, el Dr. Francisco Pérez 
Ortiz presentó una solicitud al Vice-Rector, en la que decía «el 
maestro Sánchez de las Brocas a tenido y tiene al presente el exa- 
men de los gramáticos para tercera clase y al presente lo exerci- 
ta lo qual es en gran perjuicio mió y de los demás opositores y de 
la buena probision de la dicha cátedra por dos cédulas como da a 
sus amigos, y a los que entiende que por el no botaron, negarse- 
las, por todo lo qual pido a v. m mande al susodicho Maes- 
tro no exercite el dicho oficio durante la vacatura de la dicha cá- 
tedra.» 

El Vice-Rector notificó á Sánchez de las Brozas esta petición, 
y el Brócense respondió «aunque an venido algunos estudiantes 
por cédula no los he querido examinar ni admitir ni aun pensaba 
admitt irlos ni examinarlos porque no pretendo sino guardar los 
estatutos y conforme á ellos guiar sus cosas.» (Esta notificación 
tiene fecha 2 de Octubre). 

El Vice-Rector entonces nombró examinador al Licenciado 
Bartolomé Sánchez, canonista. 

Terminado el plazo para la admisión de instancias, empezó la 
asignación de puntos de los opositores, que duró desde el 19 al 27 



- 395 - 

de Noviembre. El 28 hicieron los opositores el nombramiento de 
procuradores y empezaron las recusaciones y la votación. La pri- 
mera recusación, cuyo original, firmado por el Dr. Pérez Ortiz, 
se conserva en el expediente, fué hecha por el Mro. Cuadrado, 
el Mro. Martínez y el dicho Dr. Pérez Ortiz. En ella se dice «que 
el Maestro Francisco Sánchez de las Brocas de la vacante desta 
cátedra acá y antes de la publicación después que le fue quitado 
el examen de las cédulas para tercera a dado i da de dia y de no- 
che muchas cédulas con la fecha mucho antes del dia que las da 
a muchos estudiantes que no las tenian ni auian sido examinados 
ni lo an sido y que en su via abian estado en Salamanca sino de 
pocos dias acá por todo lo qual deve Vuestra Senoria con- 
forme a derecho dalle y declaralle por inavil para la presente cá- 
tedra y castigalle en la mejor forma de derecho que aia contra los 
que versam los oficios ágenos y públicos en perjuicio de la repú- 
blica » 

Notificóse esta recusación el 29 de Noviembre al Br. Juan Bau- 
tista de Guevara, médico y procurador del Brócense, quien pidió 
«copia 3^ traslado della para responder». De nuevo los Maestros 
Cuadrado y Martínez y Dr. Pérez Ortiz ponen excepción de inha- 
bilidad contra el Brócense, por haber dado cédulas á estudia ntes 
inhábiles y no examinados por él ni otro examinador de la Uni- 
versidad, en solicitud presentada al Claustro de consiliarios el 2 
de Diciembre siguiente. 

En ese día el Br. Guevara, en nombre y como procurador del 
Brócense respondió á la recusación de sus contrincantes. Dice en 
su contestación el Bachiller que la petición carece de verdad y nie- 
ga lo que en ella se afirma, según y como en la misma se contie- 
ne. Que si hubiera dado su representado alguna cédula, sería á 
personas que las «auian sacado mucho antes de la dicha vacante 
y se les auian perdido y con información dello y con su juramen- 
to en el qual caso no solo podia pero aun estaba obligado a dar 
las dichas zedulas a los estudiantes que las ubiesen perdido y le 
podían compeler a ello y assi si algunas dio seria a amigos stu- 
diantes de las partes contrarias, y hechados para ello y a quien 
my parte quisiera poder negárselas, y a las personas que no auian 
sacado antes las dicha cédulas aunque ubiessen studiado en la di- 
cha Universidad nunca mi parte quiso dar las dichas cédulas aun- 
que fue importunado para ello por muchas personas como me 
offrezco á probar siendo nezessario. 

Lo otro porque caso negado que algunas cédulas parezcan en 
poder de algunos que no las ayan ellos sacado esto no es culpa de 
mi parte sino de los contrarios los quales an guardado muchas ce- 
dulas de estudiantes que an passado a otras facultades o de otros 



-396- 

que son ya muertos y las dan a estudiantes que no son botos legí- 
timos para que nombrándose de los nombres contenidos en las di- 
chas medulas boten en esta chathreda. 

Lo otro porque caso que mi parte aya dado alguna cédula á 
quien no la aya sacado, auiendosela dado con juramento del que 
la saca y con información de que se le auia perdido, si esto es fal- 
so no es dolo de mi parte, sino de los que la sacaron, y si algún 

testigo dixere averies mi parte dado cédula no la teniendo el 

de antes le mande llebar a la carsel del Señor Maestrescuela co- 
mo a perjuro porque mi parte probara que si a alguno dio cédula 
fue debajo de la probanza y juramento que tengo referido. Lo otro 

porque no aura excepción de inhabilidad pues no puede auer 

lugar poena de inhabilidad sino en los casos expressados por sta- 
tutos y constituziones desta Uniuersidad y por ninguno dellos se 
hallara puesta poena de inhábil al que hiziere lo que los aduersos 

dizen que mi parte hizo y assi si alguna culpa o dolo vbyera 

de mi parte pudiera ser castigado por dar las dichas cédulas por 
otras poenas como' hombre que no hazia bien su oficio y no con 
poena de inhabilidad. 

Otrosí pido y suplico según que de suso pedido tengo y de nue- 
uo torno pedir que los testigos que fuessen presentados pol- 
las partes contrarias no siendo muy conoszidos y que tengan rai- 
zes en esta Uniuersidad les mande tener pressos y a buen recau- 
do porque en nombre del dicho my parte pienso accusallos y cas- 
ti gallos del perjurio » 

Al día siguiente el Dr. Pérez Ortiz y los Mros. Cuadrado y 
Martínez respondieron al escrito que el Br. Guevara presentó co- 
mo procurador del Brócense, insistiendo en sus particulares pun- 
tos de vista, y especialmente en lo de haber dado el Brócense cé- 
dulas para tercera clase á sus amigos y apasionados «como pare- 
ce por el grande numero que ay de medulas derramadas entre los 
estudiantes y el papel nueuo y tinta reciente de las dichas cédulas 
las quales pedimos sean vistas de aqui adelante y examinadas co- 
mo tienen las dichas señales las dichas cédulas para maior uerifi- 
cacion de nuestra Justicia y condenación del dicho aduerso.» Aca- 
ban pidiendo al Claustro que no se tomen más votos hasta la ve- 
rificación de esta causa y presentar por testigos á Figueroa, del 
colegio Trilingüe y al familiar más nuevo de hábito. 

Nada nos dice el expediente de la razón que asistía á unos y 
á otro; sólo nos permite leer un acta de Junta de consiliarios cele- 
brada el 4 de Diciembre de 1585, según la cual comparecieron an- 
te el Claustro los opositores «Maestro Francisco Sánchez e Maes- 
tro Pérez e Maestro Martínez e dixeron que ellos se apartaban e 
apartaron y desistían de las exceptiones personales que vnos con- 



- 397 - 

tra otros, y otros contra otros en este processo tienen puestas e 
no las quieren seguir ni proseguir, sino que piden e suplican a los 
señores Rector Consiliarios e assesores manden abrir el arca e sa- 
car el cántaro della do están las cédulas buenas e votos e confor- 
me a los estatutos desta Uniuersidad provean la dicha catreda de 
Prima de Gramática e la den a quien mas cursos tuviere y asi lo 

pidieron » 

Horas después se hizo el escrutinio y fué proclamado catedrá- 
tico de Prima de Gramática el Dr. Francisco Pérez Ortiz. 



Sánchez de Olivares (Alonso). 

En 5 de Febrero de 1527 fué nombrado sustituto del doc- 
tor Salaya en la media multa de la clase de Astrología y 
debió desempeñarla casi sin interrupción hasta que se en- 
cargó de la cátedra en propiedad. En los estatutos de 1538 
figura Juan de Aguilera como sustituto de dicha cátedra. 
Parece que le eligieron catedrático de Astrología durante 
le curso de 1541-42, pues en el curso siguiente era ya cate- 
drático. Hizo los juramentos para recibir los grados de Li- 
cenciado y Maestro en Artes el 25 de Enero de 1543 y el 1.° 
de Febrero del mismo año. No hemos encontrado la fecha de 
su fallecimiento, pero es de creer ocurriese hacia 1551, por- 
que en esa época se habla del Tesorero Aguilar, su sucesor. 

Sancho (Francisco). 

Algunas veces se encuentra escrito Sánchez, aunque son 
pocas. Aparece con el número 295 entre los colegiales del 
de San Bartolomé, é ingresó en el colegio en 1534. Desde 1530 
á 1536 tuvo una de las cursatorias de Artes. El 21 de Diciem- 
bre de 1535 hizo el juramento para recibir el grado de Licen- 
ciado en Teología, y al año siguiente fué nombrado cate- 
drático de Esco:o. Los libros de cuentas le hacen figurar 
como catedrático de Escoto hasta 1540, en que pasó á la 
cátedra de Teología nominal, pero en los Estatutos de 1538, 
en la Historia del Colegio de San Bartolomé y en otras 
partes se dice que fué catedrático de Santo Tomás. Nosotros 
no le hemos visto mencionado en la documentación que 
existe en el Archivo, entre los catedráticos de Santo Tomás. 



- 398 - 

A fines de 1541, ó principios de 1542, le eligieron catedrático 
de Texto Viejo (Lógica Magna) y desempeñó esta cátedra 
hasta el 10 de Mayo de 1549 en que se proveyó en él la cá- 
tedra de Filosofía Moral. El 7 de Febrero de 1542 verificó el 
juramento para tomar el grado de Licenciado en Artes, y 
casi seguidamente el 15 del mismo mes, incorporó su grado 
de Maestro en Artes. Fué jubilado el 25 de Junio de 1561 y 
después le nombraron canónigo de la Iglesia de Salamanca. 
Fué Obispo de Segorbe en 1577, y disfrutó poco de la mitra, 
porque murió el 23 de Junio de 1578. Se le tenía por hombre 
de ciencia y virtud. En la Historia del Colegio figuran otros 
datos biográficos que omitimos. 

San Juan (Fr. Domingo de). 

Maestro en Artes. Con las naturales reservas hemos 
agrupado los datos encontrados en la documentación del 
Archivo referentes á Fr. Domingo, Fr. Domingo de Alca- 
raz y Fr. Domingo de San Juan por entender que se trata 
de una sola persona. Era de la orden de la Merced. Las pri- 
meras noticias halladas son de Octubre de 1510 en que fué 
nombrado sustituto del Mro. Vázquez de Oropesaen la cá- 
tedra de Prima de Lógica. Después debió encargarse, aun- 
que no conocemos la fecha, de uno de los cursos de Nomi- 
nales, que desempeñó hasta el 3 de Diciembre de 1523 en 
que fué elegido catedrático de Lógica Magna (Texto Viejo). 
Se hizo Maestro en Artes el 24 de Enero de 1524. Desde 
entonces se le llama ordinariamente Fr. Domingo ó Fr. Do- 
mingo de San Juan. Ocupó la cátedra de Lógica hasta su 
muerte. No sabemos cuándo acaeció, pero sí se puede afir- 
mar que el 14 de Junio de 1540 se anunció la vacatura de la 
cátedra que explicaba. 

San Pedro (Tomás de). 

Doctor en Leyes. No conocemos de su vida muchas cosas 
dignas de mención. Fué catedrático de Prima de Leyes el 26 
de Enero de 1508, y desempeñó la clase hasta su muerte: 
el 26 de Octubre de 1526 se anunció la vacatura de la cáte- 
dra de Prima. 



399 - 



Sarmiento de Mendoza (Francisco). 

Nicolás Antonio dice que fué catedrático (ex propria 
cathedra Pontificium fus doceret). No hemos encontrado 
nosotros su nombre entre les catedráticos de propiedad ni 
entre los de cursatorias. Vidal sigue á Nicolás Antonio. 



Sepúlveda (Fr. Marcos de). 

Maestro en Artes. Trinitario. Fué nombrado catedrático 
de Físicos el 30 de Octubre de 1586. La desempeñó hasta 
el 18 de Noviembre de 1591 en que pasó á la cátedra de Es- 
coto. En 9 de Enero de 1593 fué designado catedrático de 
Súmulas (Prima de Lógica). Días después, el 25 de Enero, 
hizo el juramento para recibir el grado de Licenciado en 
Artes, y el 29 del mismo mes incorporó su grado de Maes- 
tro. Murió el 3 de Agosto de 1600. Nicolás Antonio da cuenta 
de una de sus obras. 

Serrano (Gabriel). 

Fué nombrado catedrático de Astrología el 21 de Marzo 
de 1592; el 7 de Septiembre y el 8 de Noviembre de 1592 hizo 
los juramentos para recibir los grados de Licenciado y 
Maestro en Artes: en el acta se dice que era natural de Cas- 
talla (Alicante), diócesis de Valencia. Por muerte del maes- 
tro se anunció la vacatura de la cátedra el 26 de Junio 
de 1598. 

Solís (Antonio de). 

Natural de Segovia. El 28 de Enero de 1555 hizo el jura- 
mento para recibir el grado de Licenciado en Leyes. En 
Noviembre de 1558 fué nombrado catedrático de Instituía y 
poco después, en 1559, pasó á la cátedra de Código, que 
desempeñó hasta el 27 de Marzo de 1561 en que le nombra- 
ron por un cuadrienio catedrático de Digesto Viejo. En 11 
de Junio de 1559 verificó el juramento para tomar el grado 



- 4Ó0 - 

de Doctor en Leyes. Fué elegido catedrático de Prima de 
Leyes el 8 de Mayo de 15óf). Aparece jubilado en el curso 
de 1583-84. Murió el Dr. Solís el 18 de Noviembre de 1592. 

Soria (Rodrigo de). 

Natural de la Mota de Toro, diócesis de Zamora. En 1567 
fué nombrado catedrático de Anatomía. El 15 de Septiem- 
bre de aquel año realizó el juramento para recibir el grado 
de Licenciado en Medicina, y el 9 de Mayo del siguiente 
le volvió á hacer para tomar el de Doctor. Autorizado por 
Carta Real de 17 de Julio de 1575 (1) pnsó por permuta á la 
cátedra de Método, que desempeñó hasta que por muerte 
del Dr. Cosme de Medina es elegido catedrático de Prima 
de Medicina. Ocupó esta cátedra durante todo el resto de 
su vida. Se anunció la vacatura de la clase por fallecimien- 
to del Dr. Soria en 18 de Agosto de 1610. Aunque Morejón 
no se ocupa de él, su nombre figura entre los grandes maes- 
tros y doctores médicos de la Cédula Real de 12 de Octubre 
de 1628 (2). Fué sobre todo un buen clínico. 

Soto (Fr. Domingo de). 

Según los libros de cuentas el 22 de Noviembre de 1532 
fué nombrado catedrático de Vísperas de Teología. Era 
Bachiller en esa Facultad por la Universidad de Alcalá. Re- 
cibió en 14 de Noviembre y 8 de Diciembre de 1532 respec- 
tivamente los grados de Licenciado y Maestro en Teología. 
Durante el curso de 1546-47 se dice que no fué multado por 
estar con licencia y mandado de la Universidad en el Con- 
cilio de Trento, y en el libro de cuentas de 1548-49 se con- 
signa que se anunció la vacatura de la cátedra de Vísperas 
de Teología del Mro. Soto el 4 de Marzo de 1549. Por espa- 
cio de algún tiempo fué confesor del Emperador Carlos V, 
según se manifiesta algunas veces en los libros de juramen- 
tos. También consta que á mediados del año 1551 estaba en 
Salamanca, pero hasta un acta de 15 de Octubre de 1552 en 



(1) V. t. I, pág. 552. 

(2) V. t. I, pág. 731. 



- 401 - 

que se indica que hallándose ausente de la ciudad le supli- 
caron que vininiese á leer la cátedra de Prima de Teología, 
no tenemos documentación que acredite este extremo. Por 
entonces incorporó su grado de Maestro en Artes, que ha- 
bía hecho en la Universidad de París, é incorporado en la 
de Alcalá en 1522. Fué jubilado en la cátedra de Prima de 
Teología el 29 de Abril de 1556. En una cédula del Rector, 
de 15 de Noviembre de 1560, se manda reunir el Claustro de 
consiliarios para declarar la vacante de la cátedra de Pri- 
ma de Teología por muerte del Rvdo. Maestro Fr. Domingo 
de Soto. Nicolás Antonio, Picatoste, Catalina y otros se 
ocupan extensamente de la vida de este ilustre dominico. 
De Los Historiadores del Convento de San Esteban, co- 
piamos á continuación: 



DEL MAESTRO FR. DOMINGO DE SOTO, CATEDRÁTICO DE PRIMA DI-: SA- 
LAMANCA, CÓMO TOMO EL HÁBITO DE LA ORDEN", Y DE SUS MUCHAS 
LETRAS Y SINGULAR ERUDICIÓN. 

Al Maestro Fr. Melchor Cano, obispo de Canarias, sucedió en 
la cátedra el P. Maestro Fr. Domingo de Soto, de buena memoria, 
hijo del Convento de San Pablo, de Burgos, porque habiendo re- 
nunciado el oficio del confesor del César y el obispado de Segovia 
que le ofrecía, por la quietud y descanso de su celda y afición á sus 
libros, como vacó la cátedra de prima, pidióle toda la Escuela que 
se opusiese á ella, porque se la darían. Y aunque no le faltaban más 
que cuatro años para jubilar, porque había leído la de vísperas diez 
y seis, era tan grande la opinión que todos tenían de su erudición, 
y el amor entrañable que le habían cobrado, que le rogaron con 
grande porfía quisiese ser catedrático. Al fin condescendió con sus 
ruegos, con lo cual no hubo opositor ni competidor que se atrevie- 
se á oponer. Leyó la cátedra cuatro años hasta el de 1556, en que 
jubiló. Fué extraordinario el concurso de oyentes y notable el 
aprovechamiento de toda la Escuela. Después que jubiló se opuso 
á la substitución el Presentado Fr. Ambrosio de Salazar, hijo del 
Convento de Salamanca, y muriendo éste, llevó la substitución el 
Maestro Fr. Juan de la Peña, hijo del Convento de San Pedro Már- 
tir, de Toledo, que la tuvo hasta que murió el Maestro Fr. Domin- 
go de Soto. 

Fué el Padre Maestro natural de la ciudad de Segovia, y califi- 
cóla como á patria suya, ilustrándola ron sus obras heroicas, por- 
que tuvo tan grande opinión, crédito y autoridad que compite con 

26 



- 402 - 

los más ilustres y celebrados doctores que estos reinos han produ- 
cido. Tuvo ingenio grande y capaz para cualquier cosa. Desde su 
niñez fué siempre inclinado á las letras. Por este camino pensó 
valer en el siglo, y para salir mejor con su pretensión, se salió de su 
tierra, y con poco favor y ayuda se partió para la Universidad de 
París. Allí oyó con grande cuidado artes y teología, graduóse de 
maestro en artes, y de París se vino luego á la Universidad de 
Alcalá. Pretendió una beca de colegial mayor en el Colegio de San 
Ildefonso, y conociendo los colegiales de aquel ilustrísimo Colegio 
su mucha virtud y grande habilidad, se la dieron. Fué colegial 
mayor siendo Rector el Maestro Cruz, natural de Benalcázar, en 
Extremadura, que después fué también fraile desta Orden. Estan- 
do en el Colegio comenzó á pretender cátedras de artes y teolo- 
gía, é hizo oposición á una de artes, y llevóla con aplauso de la 
Escuela, que iba conociendo su caudal y excelente ingenio. Leía 
esta cátedra con grande concurso de discípulos y no menor apro- 
vechamiento, y aspiraba á oponerse á las primeras que vacasen 
de teología, cuando Dios Nuestro Señor le tocó el corazón y le 
inspiró dejase las pretensiones de la Universidad y se retirase á 
un monasterio, donde con mayor quietud pudiese asegurar el ne- 
gocio de su salvación, que es lo que más le importaba. Traía de- 
lante de los ojos este pensamiento y conferíale muchas veces entre 
sí, sin acabarse de resolver á dónde iría á tomar el hábito. Final- 
mente, después de algunos días, se determinó de ir al Monasterio 
de Monserrate, de la Orden de nuestro Padre San Benito, que 
está cerca de Barcelona, por parecerle puesto muy devoto y sitio 
muy acomodado para sus intentos, por estar apartado del comer- 
cio humano. Tomó su camino para allá, y llegando al monasterio, 
antes que hablase al Abad ni declarase sus santos y religiosos in- 
tentos, quísolos consultar con un fraile muy docto y muy devoto 
y ejemplar que en aquella santa casa vivía. Confesóse con él y 
comunicóle su conciencia y sus propósitos. Díjole la resolución 
con que allí había venido. Procedió este Padre en el caso con mu- 
cha prudencia, porque conociendo la capacidad, habilidad y gran- 
de erudición del Maestro Francisco de Soto (que así se llamaba), 
le aconsejó y exhortó á que no entrase en su Orden, porque se es- 
condería el rico caudal y talento que Dios le había dado, con el 
cual podría servir y aprovechar en la Iglesia, que más á propósito 
le sería para eso entrarse fraile en la de Predicadores, cuyo insti- 
tito era enseñar y predicar y hacer bien á otros, encaminándoles 
con su doctrina á su salvación. Con esto dio la vuelta, resuelto de 
pedir el hábito en esta Orden de Santo Domingo, donde, prosi- 
guiendo sus estudios, pudiese ser de mucho provecho para sus 
prójimos y para sí. Llegado á Castilla, tomó el hábito en el insig- 



- 403 - 

ne Convento de San Pablo, de Burgos, seminario de varones doc- 
tos, graves y observantes. Tenía el Maestro treinta años cuando 
tomó el hábito, y mudó el nombre de Francisco en Domingo, por 
devoción que tuvo con nuestro glorioso Padre Santo Domingo, 
cuya profesión hacía, y cuya vida deseaba imitar. Algunos qui- 
sieron decir que la causa de haberse entrado fraile, fué escrúpulo 
de conciencia, porque por su consejo se había apartado un estu- 
diante, discípulo suyo en Alcalá, de ser religioso. 

Esto no se tiene por cierto, aunque algunas veces lo refería el 
Maestro á sus amigos como de tercera persona, y entendían algu- 
nos que le había acontecido á él, y si fué así, muy justificada que- 
dó la recompensa y satisfacción que hizo á la Orden. Y no sólo sa- 
tisfizo con su persona aventajadamente, sino que por su ejemplo y 
consejo se entró fraile también un compañero suyo y grande ami- 
go, que después fué maestro en teología y uno de los Padres de más 
valor y virtud que pasaron á las Indias á cuidar de las conversio- 
nes de los infieles. Eran ambos colegiales en el Colegio Mayor de 
Alcalá, y el Maestro Cruz, que así se llamaba su amigo, fué dos 
veces rector del Colegio. Pasado algún tiempo después que el 
Maestro Fr. Domingo de Soto hizo profesión, le dieron licencia 
sus prelados para que fuese á Segovia á visitar á sus padres. Lle- 
gó la nueva al Doctor de la Cruz de cómo su amigo venía á Sego- 
via, para donde se partió luego (como eran vacaciones) y apresu- 
rando el viaje y guiándole más la divina gracia que su deseo, lle- 
gó á la ciudad de Segovia. Hospedóse en el Convento Real de San- 
ta Cruz desta Orden, y diéronle celda en la hospedería, adonde 
también la tenía el Maestro Fr. Domingo de Soto. Allí se vieron y 
comunicaron los dos buenos amigos, recibiéndose con ternura y 
lágrimas, acordándose del tiempo que en el Colegio de Alcalá ha- 
bían vivido juntos. Gastaron la mayor parte de la noche primera 
en conversación espiritual, dando larga cuenta el recién profeso 
de los motivos que había tenido para tomar el hábito. Habló á este 
propósito de la brevedad de la vida, y de lo mucho que importa 
acabarla bien, y de cuando en cuando daba gracias á Dios reco- 
nociendo por singular merced de su divina mano el haberle saca- 
do de las inquietudes y embarazos del mundo, y puesto en el pa- 
raíso de la Religión. Oía estas razones su amigo con mucha aten- 
ción, reconociendo cuan acertado andaba en hallarse contento en 
el nuevo estado. Trataron de los peligros de la vida seglar, y del 
descanso y alivio que goza el verdadero religioso, y de los regalos 
con que Dios trata en la soledad de los monasterios á los que por 
su respeto dejaron padres y deudos, haciendas y honra. Propuso 
el Maestro Fr. Domingo de Soto cómo todo lo que se hace por Dios 
es poco, y mucho con lo que Dios paga, y que conocieron esto los 



- 404 - 

que no solamente dejaron haciendas, sino reinos, por seguir la des- 
nudez y pobreza de Cristo, que es lo que escribió San Jerónimo de 
Santa Paula, que los artesones de oro de Roma, de que gozó mu- 
chos años, los trocó por una choza de lodo, donde gozó mayores 
consuelos. Y el intento desta plática era reducir al huésped y per- 
suadirle lo mucho qué importaba dejar el mundo y sus peligros, y 
acogerse al puerto seguro déla Religión. Quedó el Dr. de la Cruz 
tan preso de las razones de su amigo, que el día siguiente por la 
mañana se fué á la celda del Prior, y le declaró sus deseos, pidién- 
dole que le diese el hábito de la Orden. Cuando los religiosos del 
convento tuvieron noticia de los santos intentos del Dr. de la Cruz, 
alegráronse mucho, prometiéndose que había de servir mucho á 
Dios en la Orden, por ser sujeto dotado de muchas virtudes y ta- 
lento. Tomó el hábito luego, y llamóse Fr. Domingo de la Cruz. 
Hizo profesión, y como varón apostólico deseoso de ganar muchas 
almas para Dios, pasó al Nuevo Mundo donde fué provincial de la 
Nueva España con grande acrescentamiento de la observancia y 
religión. Fué oráculo de aquellos reinos, y no se pudo acabar con 
él que aceptase una de los tres obispados que el emperador Car- 
los V le ofreció. 

Pero volviendo á nuestro buen Maestro Fr. Domingo de Soto, 
procedió muy religiosamente en el Convento de San Pablo, de Bur- 
gos, guardando el rigor de la observancia de las Constituciones de 
la Orden sin reparar en sus años ni estudios; antes su edad y le- 
tras le hacían más celoso de su propia religión. No se descuidaba 
del estudio y de aprovechar siempre en la facultad y ciencia que 
había profesado. En uno y otro se aventajó tanto, que le nombró y 
envió la Ordenen el Capítulo general de Roma del año de 1532 por 
lector segundo al Convento de Salamanca en compañía del Maes- 
tro Fr. Francisco de Vitoria, y le graduó de Maestro, y el año 
de 1533 en el Capítulo celebrado en el Convento de Toro le admitió 
y aceptó su magisterio esta provincia, y vacando en la Universidad 
de Salamanca la cátedra de vísperas cerca de los años de 1534, el 
prior Fr. Diego de San Pedro le mandó que se opusiese á ella. Lle- 
vóla con mucha honra, y leyóla diez y seis años, menos el tiempo 
que asistió en el Concilio de Trento, que para los años de jubilar 
se contaba como si leyese. Fué increíble el aprovechamiento de la 
Escuela y el concurso de los estudiantes, acudiendo todos á oirle 
su lección. Diez años levó su cátedra de vísperas, concurriendo en 
la de prima el Maestro Fr. Francisco de Vitoria y ambos adelan- 
taron notablemente el crédito y nombre de la teología en España, 
porque creció y voló por toda Europa la fama de los teólogos de 
Salamanca, así de los maestros como de los discípulos, de tal suer- 
te que en París, en Alemania, Italia y Flandes, se hablaba de ellos 



- 405 - 

con veneración y estima. Bien se echó de ver por los efectos el fru- 
to que en aquella edad se hizo, pues de los discípulos destos dos 
maestros, Vitoria y Soto, se poblaron las Universidades de maes- 
tros y catedráticos. Resplandecía el Padre Maestro no sólo en le- 
tras y erudición, sino en gobierno y celo de la observancia en tan- 
to grado, que tres veces le eligieron por prior del Convento de Sa- 
lamanca, la primera vez año de 1540, la secunda año de 4.5, y sién- 
dolo le mandó el Emperador fuese al Concilio de Trento, y la ter- 
cera por los años de 1550, cuando el Emperador le elidió por su 
confesor. Todas tres veces recibió á la Orden y dio la profesión á 
frailes de muchas prendas y de grandes esperanzas, que salieron 
eminentes en virtud, en letras, ó en dignidades, como fueron el 
Presentado Fr. Ambrosio de Salazar, catedrático de substitución 
de prima de Salamanca, Fr. Marcos de Valladares, catedrático de 
prima de Toledo, y los Maestros Fr. Juan de la Fuente, Fr. Juan 
de I (rellana, Fr. Alonso de Rojas, y el santo Presentado Fr. Pedro 
Ibáñez, y á los obispos Fr. Pedro de Feria, obispo de Chiapa, Fray 
Gregorio de Montalvo, obispo de Cuzco, Fr. Antonio de Hervías, 
"H^po de la Vera Paz. Muchos de los Religiosos á quienes dio el 
hábito tuvieron espíritu de ir á predicar el Evangelio á los genti- 
les del Nuevo Mundo, y fueron varones verdaderamente apostóli- 
cos, con los cuales después de alistados y determinados de poner- 
se en camino, usaba el santo Maestro una ceremonia y loable cos- 
tumbre, de grande edificación, al despedirlos y darles la bendi- 
ción. Continuaron y prosiguieron esta ceremonia otros priores, y 
aun deste Convento la llevaron y introdujeron en la provincia de 
la nueva España, cuando enviaban religiosos á predicar á algunas 
naciones y provincias apartadas, como en el primer libro en la 
vida del santo obispo Fr. Pedro de Feria se ha dicho. 

Decía el Padre Prior y Maestro Fr. Domingo de Soto una misa 
del Espíritu Santo, y en ella comulgaba á los que habían de cami- 
nar, y luego les echaba la bendición. Después salía todo el Con- 
venio á despedirlos con mucho sentimiento y lágrimas hasta que 
salían por la portería. Acudía siendo prior con grandísima cari- 
dad á las necesidades de los religiosos, y en especial de los enfer- 
mos. Visitábalos muy frecuentemente á todas horas, y en razón 
de que se curasen bien, no reparaba en que se gastase mucho en 
la enfermería. Parecíale que aunque las ceremonias de la Religión 
son muy buenas y santas, y es necesario que los prelados cuiden 
mucho de su observancia, principalmente se ha de poner la proa 
en que la caridad nunca falte. Siendo prior la segunda vez, año 
ele 1544, antes de la Pascua de Navidad, dio el hábito al 1'. Fr. Die- 
go fiménez, religioso de gran virtud y de muchas prendas y capa- 
cidad, por lo cual le trajo siempre por compañero suyo el Maestro 



- 406 - 

Fr. Bartolomé Carranza siendo provincial, y después que fué ar- 
zobispo de Toledo le tuvo consigo para gobierno del arzobispado. 
Fué negocio milagroso el tomar el hábito este Padre. Era rector 
del Colegio de Cuenca, uno de los cuatro Mayores de 1a Universi- 
dad de Salamanca, hombre muy docto y tan cercano á ser proveí- 
do en una plaza de oidor, que cada día esperaba esta merced v la 
cédula de Su Maiestad. Y aun dicen que luego que tomó el hábito, 
antes que se pudiese saber en la Corte aue le tenía, llesró su nom- 
bramiento v cédula desta plaza. Había á la sazón en el Convento 
de San Esteban de Salamanca un Padre anciano muv gran siervo 
de Dios, ouvo nombre no se acuerdan los que escriben el caso. Es- 
tando este Padre muv enfermo v cercano á la muerte, envió un re- 
cado al licenciado Jiménez, rector del Colegio Mavor de Cuenca, 
que en todo caso se llegase al Convento de San Esteban, que le 
quería hablar un poco, que á él 1e estaba bien v le convenía mu- 
cho. Vino luego con otro colegial, v entrando en su celda en la en- 
fermería, 1e diio: Señor, vo no os conozco ni os he visto en mi vi- 
da (como era verdad) pero Dios me ha mandado os advierta que 
habéis de ser fraile de Santo Domingo, v en esta casa, y así os lo 
digo. Este recado se le hizo a1 Rector muv nuevo v extraordina- 
rio, porque no había cosa más leios de su pensamiento v deseos 
que ser fraile, estando como estaba metido en el g-olfo de sus pre- 
tensiones. Con todo eso respondió con mucha cortesía y comedi- 
miento que si era negocio de Dios, que él no podía rehusarlo, pe- 
ro que por entonces no tenía esa determinación. Y aunque esto lo 
decía con buenas razones y urbanidad, era como riéndose del frai- 
le. Pero volvió segunda vez á decirle: Ea, señor, Dios me ha man- 
dado que le advierta esto, y de su parte se lo digo. Vaya con Dios 
y haga lo que quisiere, que yo he cumplido con lo que se me man- 
dó. Salióse el colegial de la celda del enfermo, y llegando al com- 
pañero le dijo lo que había pasado, y ambos se rieron y burlaron 
del fraile. Fuese á su Colegio, y desde que entró, comenzó á sentir 
en su corazón un desasosiego y inquietud tan extraordinaria, que 
no sosegaba ni podía olvidar ni echar de sí lo que el religioso le ha- 
bía dicho. Cada día parecía que le crecía el desasosiego y congoja, 
sin que le dejase reposar un punto, hasta que después de mes y 
medio que había batallado consigo mismo, entrando en su aposen- 
to muy afligido, se arrodilló á una imagen de Cristo diciendo: Ea, 
Señor, yo seré fraile. Digo que yo lo seré, que yo os lo prometo. Y 
desde aquel punto se sosegó de su inquietud, y se trocó todo en un 
alivio y serenidad del cielo, con la cual estuvo los días que se de- 
tuvo en tomar el hábito, el cual se lo dio el Maestro Fr. Domingo 
de Soto, de buena memoria, y por ser cosa notable se refiere en 
este lugar. 



- 407 - 



COMO EL MAESTRO FR. DOMINGO DE SOTO FUÉ AL COXCILIO DE TREX- 
TO, Y FUÉ CONFESOR DEL EMPERADOR CARLOS Y. DE SUS ESCRIPTOS 
Y DICHOSA MUERTE, Y DE ALGUNOS CATEDRÁTICOS DE TEOLOGÍA EX 
SU TIEMPO. 

Era tan célebre la fama, y tan glorioso el nombre que tenía no 
sólo en la UnÍYersidad sino en todos estos reinos y en los extra- 
ños, que el emperador Carlos V, le envió al Concilio Tridentino, 
que entonces se celebraba. Asistió á él dando grandes muestras 
de su mucha erudición, letras y virtud, y tuvo allí el lugar del Ge- 
neral desta Orden en ausencia del que lo era, Fr. Alberto de las 
Casas, que era muerto, y también en ausencia de Fr. Francisco 
Romeo Castelionense. Es muy calificado en los concilios y tiene el 
primer Yoto de las Ordenes mendicantes. Por este mismo tiempo, 
que fué año de 1546, fué definidor por la provincia de España del 
Capítulo general que celebró la Orden en Roma, adonde eligieron 
por general al sobredicho Maestro Fr. Francisco Romeo. En el Con- 
cilio predicó el primer sermón que en él se predicó, primer Domingo 
de Adviento del año de 1545. O con ocasión de lo que se había tra- 
tado coneiliarmente en la sesión yi, del Concilio, escribió los libros 
De Xa tura et Gratia , llenos de tanta erudición como se sabe. Dedi- 
cólos al mismo Concilio, y fueron recibidos, estimados y mirados 
con particular reverencia y respeto de los hombres doctos que allí 
asistían. En la misma ocasión escribió la Apología contra Ambro- 
sio Catcrino. Redujo á muchos herejes de los que acudían á Tren- 
to á nuestra santa y católica religión con sus disputas y sermones. 
Mandáronle los legados que en compañía de un hombre doctísimo 
que señaló el Concilio, ordenase y pusiese en estilo propio y fácil 
las sentencias y determinaciones de dicho Concilio, el cual, cono- 
ciendo y viendo su grande erudición, sus infatigables y continuos 
trabajos en servicio de la Iglesia, confutando los errores y here- 
jías de aquellos tiempos y triunfando de los herejes, le honró mu- 
cho, y le dio por armas y blasón unas llamas de fuego, asidas con 
dos mano? y unas letras que las ceñía con estas palabras: Fides 
quce per charitatem operatur. Así en la escalera que labró en el 
Convento de Salamanca, y en otras fábricas suyas y en el princi- 
pio de algunos de sus libros, andan puestas. Como su talento, le- 
tras y virtud eran conocidos en todas partes, mandóle el empera- 
dor que se fuese á la Corte á ser su confesor, y aunque con algún 
desconsuelo suyo hubo de obedecer, y dejando la cátedra de vís- 
peras, fué á hacer oficio de confesor del César. Administró este 
oficio por algún tiempo, pero experimentando cuan pesada y gra- 



- 408 - 

vísima era la carga, y incomportable, por 1a grande variedad de 
negocios intrincados, y grande la inquietud, y intolerable, y por 
otra parte el ministerio lleno de peligros, se resolvió en dejar 
esta plaza y cuidar de la seguridad y quietud de su conciencia. 
Díjoselo al Emperador, que lo sintió mucho, y porfió con él perse- 
verase en su oficio; pero viendo el desconsuelo del Maestro y la 
instancia que le hacía, le hubo de dar la licencia que pedía. Con 
esto se volvió al Convento de Salamanca á proseguir sus ejerci- 
cios de letras. En esta ocasión le ofreció el Emperador el Obispa- 
do de Segovia, su patria, y aunque el Maestro estimó en mucho la 
merced que le hacía, pero por la misma razón que se excusaba del 
oficio de confesor, se exoneró también del obispado. Así su Majes- 
tad le proveyó entonces en la persona que el Padre Maestro le 
nombró. Cuando volvió á Salamanca, vacó la cátedra de prima de 
teología por promoción del Maestro Fr. Melchor Cano al obispado 
de Canarias, y la Universidad se la ofreció, contentándose con 
que leyese en ella solo cuatro años que le faltaban para jubilar, y 
que leyese una hora no más, siendo la obligación hora y media; y 
dicen que se le dio á escoger hora de diez á once, siendo la de pri- 
ma de siete y media á nueve. Así lo hizo con extraordinario fruto 
de la Escuela. El ser jubilado no fué parte para que aflojase un 
punto en el rigor de sus estudios, ni cesase de escribir y trabajar 
con sus escriptos y impresiones al servicio de la Iglesia. 

En su mocedad, luego que llevó la cátedra de vísperas, escri- 
bió v s;>có á luz los libros de Súmulas y Lógica; después que vinjp 
del Concilio los de Filosofía. Luego los diez libros de Justitia et 
Jure, y c'os tomos sobre el Citarlo de las Sentencias, con otros tra- 
tados de teología. Los libros de Natura et Gratia. El libro de Ra- 
llón, ■ fegendi et detegendi secretum. Otro intitulado Deliberatio in 
c/usa pauperum. Otro de Juramento et Perjurio. Una Apología 
contra Fr. Ambrosio Caterino. V era tan grande su caridad y tan- 
ta su virtud y celo de aprovechar á todos, que también escribió y 
imprimió un libro de la Doctrina Cristiana en lengua española, 
donde pene y declara las dudas que se pueden ofrecer. En él ex- 
plica e'< M-antemente y con mucha propiedad cosas de mucha im- 
portancia. Deste libro se han aprovechado después, los que del 
mismo argumento han escrito. Escribió también sobre la epístola 
de San Pablo á los Romanos contra los herejes de nuestros tiem- 
pos. Sobre el Evangelio de San Mateo tenía trabajadas unas ano- 
taciones y escolios dignos de su grande erudición, los cuales no 
quiso que saliesen á luz, porque cuando murió aún no los tenía 
acabados de poner en perfección. Tuvo tan grande nombre así en 
el reino como fuera de él, que apenas había negocio de importan- 
cia que no se le consultase. Cometíanle negocios gravísimos para 



- 409 - 

que los acabase y concluyese, y así el rey Felipe II, al principio 
de su gobierno, le envió á la ciudad de Toledo á componer ciertas 
diferencias con el Cardenal D. Juan Martínez Siliccio, arzobispo 
de aquella ciudad, sobre cosas tocantes al subsidio. Entre Fr. Bar- 
tolomé de las Casas, obispo de Chiapa, fraile desta Orden, y el 
doctor Ginés de Sepúlveda, coronista del Emperador, hubo gran- 
des diferencias en cosas tocantes al tratamiento, haciendas y liber- 
tad de los indios. El uno y el otro dio memoriales de sus razones al 
emperador Carlos Y, y su Majestad mandó que ambos diesen sus 
papeles al Padre Maestro Fr. Domingo de Soto para que resolvie- 
se lo que se había de hacer. Era tan grande el crédito que el Cé- 
sar tenía de la sabiduría, letras y virtud del Padre Maestro, que 
gustaba siempre de consultarle y seguir su parecer. Esto se echó 
más de ver, cuando su Majestad vino la última vez de Alemania, 
y se retiró dos años antes que muriese en la Vera dePlasencia, 
en el convento de la Orden de San Jerónimo de Yuste, porque des- 
de allí le envió á llamar á Salamanca para consultar con él ciertas 
cosas muv graves tocantes á su real conciencia. Yino el Padre 
Maestro, y el Emperador ordenó que se ejecutase y cumpliese 
todo lo que había resuelto que se debía hacer. Como sus libros y 
escritos son de tanta erudición, fué maravillosa la aceptación con 
que en toda Europa se recibieron, v así ganó mucha cantidad de 
dineros de las impresiones, y todos los gastó en beneficio del con- 
vento de Salamanca. Hizo en él una artificiosa, fuerte y galana 
escalera, obra costosísima y de muchas labores, que baja del so- 
breclaustro á la sacristía y claustro, con una muy hermosa porta- 
da, que en todo tiempo no se hiciera todo ello con ocho mil dina 
dos. Demás desto levantó y hizo la plaza delante de la iglesia y de 
la portería del convento, y la puente por donde se entra en ella, 
obra muy fuerte y de mucha costa, que le costó muchos millares 
de- reales, porque igualó la calle que baja de Escuelas y de la igle- 
sia mayor ron el sitio de nuestra iglesia y convento, levantándolo 
todo de obra de sillería, de grande importancia y utilidad así para 
el convento como para la ciudad de Salamanca. Cansado y fatiga- 
do de sus continuos estudios, le vino una grave y recia enferme- 
dad el año de 1560, la cual sufrió con grandísima igualdad y pa- 
ciencia. Yiendo el peligro de ella, se dispuso para la última jorna- 
da, pidiendo que le diesen los Sacramentos de la [glesia. Recibió- 
los con singular devoción y con una fe muy firme v abrasada en 
amor de Dios. Y cuando el Prior, trayéndole el Santísimo Sacra- 
mento, le preguntó: -;Cree que éste es el cuerpo de nuestro Señor 
y Redentor Jesucristo? Respondió el Padre Maestro: Credo verissi- 
me. A lo que se pudo entender dio su alma al Señor que la había 
criado y redimido. El Maestro Fr. Domingo Báñez, en su Secunda 



- 410 - 

Secundae, columna 82, refiere que se halló presente á su dichoso 
tránsito, y que vio en él señales muy grandes de predestinación. 
Pasó desia vida á la eterna á 15 de Noviembre de 1560, á los se- 
senta y tres de su edad. A su entierro y exequias acudió toda la 
Universidad, colegios, ciudad y Catedral, llevándole á la sepultu- 
ra sobre sus hombros (como es estilo) los catedráticos de prima de 
las otras facultades. El licenciado Gil González de Avila, racione- 
ro de la iglesia de Salamanca, de quien esta historia ha hecho 
mención alegándole en muchas partes como á varón erudito, cu- 
rioso y diligente, hizo un elogio muy elegante digno de su ingenio, 
tratando del Padre Maestro que es como se sigue: 

Frater Dominicas Sotus,ex Prcedicatorum familia , doctíssimus 
et consutnmatissimus magister, a Carolo Augusto pro sacris con- 
fessionibus electus, ab Academia Salmanticensi publica prece ad- 
cituss quam liberter adiit , ut cam san excelsa doctrina muniret et 
illustraret. Sacro Concilio Tridentino interfuit, in quo fieles contra 
Lutheranos et al ios nostri sceculi nebulones, ipso pnreipue juran- 
te , aceta mata est. Multos haereticos, erroribus ábdicatis, ad verita- 
tis lucem sita proedicatioue adduxit. Multos libros pro religione, 
quam a rdenter contra impíos novatores defenderá l , edidit. Epis- 
copal u m Segovieusem , quamvis a Carolo V delatum, recussavit. 
Ohiit doctrina clarus, pietate clarior, vita et moribus clarissimus. 

Que en romance dice: 

Fr. Domingo de Soto, de la familia de los Predicadores, maes- 
tro muy docto y muy consumado, escogido por Carlos emperador 
para su confesor, llamado con ruegos públicos por la Universidad 
de .Salamanca, vino con gusto para fortalecerla y ilustrarla con su 
alta doctrina. Hallóse en el sagrado Concilio de Trento, en el cual 
con su principal ayuda fué aclamada la fe contra los luteranos y 
otros burladores de nuestro siglo. Con sus sermones trajo muchos 
herejes, dejados sus errores, á la luz de la verdad. Sacó á luz mu- 
chos libros por la religión que valerosamente había defendido con- 
tra los malvados noveleros. No quiso el obispado de Segovia, que 
Cailos V le había ofrecido. Murió ilustre en doctrina, más ilustre 
en virtud, y en vida y costumbres ilustrísimo. 

Cuando el Padre Maestro jubiló, año de 1556, se opuso á la 
substitución de su cátedra de prima el Presentado Fr. Ambrosio 
de Salazar, hijo del Convento de San Esteban de Salamanca, na- 
tural del obispado de Calahorra, de un lugar llamado Bonadilla en 
la Rioja, á quien el P. Maestro Fr. Domingo de Soto había dado el 
hábito y profesión la primera vez que fué prior, año de 1542, á S 
de Abril. De quince años de hábito y de treinta y dos de edad, lle- 
vó la cátedra de prima de substitución, pero dio tan grandes mues- 
tras de excelencia de ingenio, y hizo actos tan lucidos, que á to- 



- 411 - 

dos causaba admiración ver en tan pocos años tan grandes pren- 
das de erudición. Y no sólo tenía gracia y ostentación en leer, si- 
no que también era eminente predicador. Siemlo colegial de San 
Gregorio de Valladolid, que lo fué nombrado y electo por su Con- 
vento de Salamanca, recién ordenado de sacerdote arrastraba tras 
sí todo el pueblo, adonde hizo maravillosas reformaciones, porque 
juntamente con suspender y enseñar con sus sermones, tenía mu- 
cho espíritu, con que hizo muy grande fruto, y redujo á bien vivir 
de vida concertada y virtuosa á muchas almas muy distraídas y 
perdidas. Leyó la cátedra de prima sólo cuatro años con el aplau- 
so, aceptación y aprovechamiento de la Escuela que se podía de- 
sear. Murió en agraz, como dicen, dentro délos cuatro años, á los 
treinta y seis de su edad, dejando á toda la Universidad y á esta 
provincia muy lastimada de su tan temprana muerte. Murió con 
grande conocimiento de que se moría, y muy devota y religiosa- 
mente, como de sus virtudes y vida se esperaba. 

Sucedióle en la cátedra de prima de substitución el Maestro 
Fr. Juan de la Peña, regente que á la sazón era del Colegio de San 
Gregorio de Valladolid. Tenía la cátedra de vísperas por este 
tiempo el Maestro Fr. Pedro de Sotomayor, la cual leyó desde el 
año de 1551 hasta que llevó la de prima, como luego se dirá. La 
cátedra de Escoto tenía por este tiempo el Maestro Lope de Ba- 
rrio, colegial del Colegio Mayor de San Bartolomé. 



Sotomayor (Fr. Pedro de). 

En 1551 fué nombrado catedrático de Vísperas de Teo- 
logía. No hemos leído la provisión, pero hizo el juramento 
de 1.° de Mayo de aquel año; y en la asignación de lecturas 
de 17 de Junio, figura como catedrático de Vísperas de 
Teología (1). El 23 de Octubre también de 1551, fué ratifi- 
cada por el Claustro la incorporación del grado de Maes- 
tro, que antes había hecho ante el Cancelario. Desempe- 
ñó la cátedra de Vísperas, hasta que el 16 de Diciembre 
de 1560 fué nombrado por el Claustro, por ser único oposi- 
tor, catedrático de Prima. Fué enterrado el Mro. Sotomayor 
en el convento de Santo Domingo, el 22 de Octubre de 1564. 
Nicolás Antonio y las Historias del convento de San Este- 
ban dan algunos otros detalles que omitimos. 



(1) También figura como catedrático en el t. I, pág. 423. 



- 412 



Tisón (Alonso). 

* 

Maestro en Artes. Figura en el juramento de 1.° de Ma- 
yo de 1593: era ya catedrático de Prima de Gramática. En 
28 de Julio de 1598 se acordó darle un coadjutor para que 
leyese la cátedra por estar ciego y no poder leerla, y el 3 
de Agosto siguiente se nombró para ese cargo al Br. Gar- 
cía del Castillo. Murió en 1513: no sabemos la fecha con 
exactitud. 

Torre (Hernando de la). 

Figura desde 1529-34 como catedrático de una de las re- 
gencias de Gramática. En 31 de Octubre de 1533 fué nom- 
brado catedrático de Plima en Gramática, pero el Comen- 
dador Hernán-Núñez apeló de esta elección. El 5 y el 15 de 
Noviembre de 1534 hizo los juramentos para recibir los gra- 
dos de Licenciado y Maestro en Artes. Desempeñó la cáte- 
dra hasta su muerte. No sabemos cuándo tuvo lugar, pero 
el acta 8 de Agosto de 1559 dice que dejó de firmar una de 
ellas por el defecto de la vista: era ciego. Algunas veces se 
le llama el Maestro ciego.. Un hermano suyo, Diego, enseñó 
Gramática y era ciego también, mas éste vivió bastante 
tiempo después que él. 

Torres (Bartolomé). 

Fué colegial de Oviedo. La Historia del Colegio de San 
Bartolomé y Nicolás Antonio dan bastantes noticias sobre 
su vida y obras. Nosotros podemos añadir que desde 1542 
á 1543 fué catedi'ático de una de las cursatorias de Artes, 
y de 1543 á 1547 desempeñó la cátedra de Escoto. Después 
de esa fecha no hemos encontrado datos sobre él. 

Torres (Fr. Gaspar de). 

Mercenario. En los libros de cuentas de 1542-43 figura 
como catedrático de una de las cursatorias de Artes. Des- 
empeñó esta cátedra hasta el 23 de Octubre de 1548, en que 



- 413 - 

fué nombrado catedrático de Físicos. Dejó la de Físicos 
el 17 de Junio de 1549 para pasar á la cátedra de Lógica 
magna. Poco después hizo el juramento á fin de recibir el 
grado de Maestro en Teología el 22 de Septiembre de 1549. 
Estando ya jubilado se le dio el título de Obispo de Medau- 
ro y visitador general del arzobispado de Sevilla. El 30 de 
Enero de 1584 se anunció la vacatura de la cátedra, por 
haber muerto días antes en Sevilla el Padre Maestro. Nico- 
lás Antonio añade algunos extremos, referentes á su vicia 
y á sus obras. 

Tricio (Fernando). 

Dorado hace la biografía de él, y dice que fué catedrá- 
tico en esta Universidad. Era colegial de Oviedo y estuvo 
un año siendo catedrático de una de las cursatorias de Ar- 
tes. Asistió al Concilio de Trento y murió en Salamanca, 
ocupando el obispado de ella el año 1578. 

Valdivielso (Fr. Alonso de). 

Los datos más antiguos son del año 1503; en ese tiempo 
era catedrático de Filosofía moral. Desempeñó la cátedra 
hasta su muerte el 1 de Julio de 1519. 

Vaseo (Juan). 

Figura como regente de Gramática con 7.500 marave- 
dís en los cursos 1536-37 y 1537-38. No vuelve á hablarse de 
él hasta el Claustro de 12 de Julio de 1550, en que se acuer- 
da, con la contradicción del Comendador griego, que el 
Maestrescuela escriba al Mro. Vaseo ofreciéndole 40.000 
maravedís por la lectura de un partido de Gramática. El 13 
de Octubre asistía el Maestro en Salamanca á una junta 
en que se dispuso lo que había de leer. Hacia 1522 dejó el 
partido de los 40.030 maravedís, por haber sido nombrado 
catedrático de Prima de Gramática; desempeñando la cá- 
tedra hizo el 25 de Octubre y 20 de Noviembre los juramen- 
tos para recibir los grados de Licenciado y Maestro. Ocupó 
la cátedra de Prima hasta su muerte. En el curso de 1561-62, 



- 414 - 

ganó tres lecciones y la cátedra se anunció como vacante 
el 24 de Octubre de 1561. Algunos autores le llaman Juan 
Vasco, y la generalidad le supone fallecido hacia 1550. Ga- 
llardo, Dorado, Nicolás Antonio y otros muchos dan noti- 
cias respecto á su vida y sus obras, que nosotros omitimos. 
A su cátedra asistían muchos oyentes. 

Vázquez (Agustín). 

Natural de Salamanca. Hizo los juramentos para reci- 
bir los grados de Licenciado y Doctor en Medicina el 23 de 
Julio de 1563 y el 2 de Mayo de 1568. Era ya por entonces 
catedrático, pues tuvo la cátedra de Anatomía de 1562 
á 1567; pasó luego á la de Artícela, que desempeñó has- 
ta 1575, y, finalmente, por permuta con el Dr. Soria, volvió 
á la cátedra de Anatomía, que ocupó hasta 1596. Gallardo, 
Morejóny otros dan cuenta de las obras que escribió. 

Vázquez de Oropeza (Bernardino). 

Maestro en Teología. Hacia 1518 fué nombrado catedrá- 
tico de Santo Tomás. Dejó esta cátedra el 22 de Marzo 
de 1522 para ocupar la de Teología nominal. Luego pasó á 
la cátedra de Biblia, y esta clase debía desempeñar cuando 
le fué dada licencia para ir á Valladolid al examen de las 
obras de Erasmo. El 16 de Enero de 1529 fué elegido el doc- 
tor Ortiz catedrático de Biblia, lo cual prueba que desde 
fines del año anterior era el Mro. Oropesa catedrático de 
Vísperas de Teología. Por muerte del Maestro se declaró 
anunciada la cátedra de Vísperas de Teología el 19 de Oc- 
tubre de 1532. 

Vela (Cristóbal de). 

Natural de Avila. El 26 de Abril de 1558 hizo el juramen- 
to para recibir el grado de Licenciado en Teología: aquel 
mismo año fué nombrado catedrático de Escoto y desempe- 
ñó la cátedra hasta 1560. Volvió á encargarse de nuevo de 
la cátedra de Escoto y la ocupó desde 1565 hasta 1573. Pasó 



-415- 

después al Obispado de Canarias y luego al Arzobispado 
de Burgos. Adquirió renombre como teólogo y como pole- 
mista. 

Velasco (Martín). 

Desde 1535 á 1537 desempeñó una de las cursatorias de 
Código. El 20 de Marzo de 1537 es nombrado catedrático de 
Vísperas de Leyes: fué catedrático poco tiempo: en Agosto 
de 1538 ya tenía sucesor. No sabemos cuál fué la causa que 
produjo la vacante. 

Vera (Diego de). 

Hizo los juramentos para recibir los grados de Licencia- 
do y Doctor en Cánones el 13 de Febrero de 1548 y el 25 de 
Octubre de 1550. Villar y Macías dice que era de Salaman- 
ca. Figura desde 1554 á 58 como catedrático de una de las 
cursatorias de Cánones. Debió ser sustituto un poco de 
tiempo y el 19 de Enero de 1560 fué nombrado de nuevo. 
Desempeñó la cátedra hasta que el 19 de Febrero de 1563 
fué elegido catedrático de Decreto. 

Dejó esta cátedra el 29 de Noviembre de 1580 para ocu- 
par la de Prima de Cánones. En 1578 fué designado junta- 
mente con Fr. Luis de León, y otros tres señores, comisa- 
rio en lo de la reforma del Calendario, remitida á informe 
de la Universidad. En 1582 se le llama Doctor y Canónigo: 
fué canónigo doctoral de la iglesia de Salamanca. Le jubi- 
laron en el curso de 1583-84. Su cátedra se anunció el 13 de 
Marzo de 1598 por muerte del Dr. Vera. 

Vicente (Martín). 

Según resulta del acta de incorporación de su grado de 
Maestro en Artes le había conseguido en la Universidad de 
Zaragoza el 20 de Septiembre de 1541. Poco después debió 
venir á Salamanca, pues en los libros de cuentas de 1542-43, 
figura como catedrático de una de las cursatorias de Artes. 

Desempeñó esta cátedra hasta que en 1547 fué nombra- 
do catedrático de Físicos. En 26 de Enero de 1551 fué en- 
cargado de la media multa de la cátedra de Biblia mientras 



- 416 - 

el Mro. Gallo asistía al Concilio de Trento. El 24 de Mayo 
de aquel mismo año hizo el juramento para recibir el grado 
de Maestro en Teología. 

Al dejar la sustitución fué catedrático de Santo Tomás 
de 1554 á 56 y de Durando desde 1556 hasta el 5 de Enero 
de 1557 en que fué elegido catedrático de Prima de Lógica 
(Súmulas). Hizo á raíz de su nombramiento de catedrático 
de propiedad, á saber el 18 y 20 de Enero de aquel año, los 
juramentos para tomar el grado de Licenciado é incorpo- 
rar el de Maestro en Artes. No conocemos la fecha de su 
muerte, pero sabemos que el 20 de Octubre de 1561 fué 
anunciada la vacante de la cátedra de Súmulas. 

Vitoria (Fr. Francisco de). 

Sobre tan conocida figura es mucho lo que se ha escrito 
en todos los tiempos. Nicolás Antonio, las Historias del 
Convento de San Esteban y otras entre las antiguas, y tra- 
bajos como el de D. Eduardo de Hinojosa, en su discurso de 
recepción en la Academia de la Historia, contienen abun- 
dantes noticias (1). El 7 de Septiembre de 1526 se proveyó 
en él la cátedra de Prima de Teología. El 21 del mismo mes 
realizó el juramento para incorporar su grado de Maestro 
en Teología por la Universidad de París; aunque esto es ya 
conocido, no creemos lo sea sin embargo, la declaración 
que hizo Vitoria ante el claustro y que consta en el acta de 
incorporación, manifestando que él era Maestro en Teolo- 
gía por la dicha Universidad. Asistió en Valladolid en 1527 
al examen de las obras de Erasmo. 

Por muerte de Francisco de Vitoria se declaró vacante 
la cátedra de Prima de Teología el 14 de Agosto de 1546. 

Su vida está llena de páginas brillantes. Nació el precla- 
ro Maestro en Vitoria por el año 1480, sin que se sepa la fe- 
cha fija de su venid i al mundo. Tampoco se conocen los 
nombres de sus padres. Siendo muy joven tomó el hábito de 
Santo Domingo en el Colegió de San P¿iblo, de Burgos, ha- 
biéndole precedido y estimulado con el ejemplo en este ca- 



(1) El estudio y juicio crítico que de Vitoria hacemos, está basado principal- 
mente en los datos que aporta el Sr. Hinojosa en la citada obra. 



- 417 - 

mino su hermano Diego, quien alcanzó fama de docto y pru- 
dente y de buen orador sagrado. 

En la Universidad de París se conservaban en toda su 
magnificencia las tradiciones científicas de Santo Tomás de 
Aquino, y según antigua costumbre de los dominicos de 
nuestra patria, enviábanse allí á los jóvenes religiosos de 
más talento. El estado de la ilustre Escuela parisiense era 
de agitación y movimiento: hacía más de un siglo que ve- 
nían luchando porfiadamente realistas y nominalistas, ó co- 
mo entonces se decía, antiguos y modernos, siguiendo los 
primeros á Alberto Magno, Santo Tomás, San Buenaventu- 
ra y Escoto, y los segundos á Buridan y Marsilio. A la sa- 
zón, la división estribaba en que los antiguos se dedicaban 
al conocimiento de las cosas, ó sea á la Física, la Etica y la 
Metafísica, y los modernos al estudio de los términos, ó sea 
á la parte de la Lógica que trata de las formas verbales, de 
las ideas y de los grados de certidumbre racional. 

No menos formidable era la lucha que en la Universidad 
de París había en materia literaria, efecto de haberse ex- 
tendido por los diferentes estados de Europa el renacimien- 
to de la antigüedad clásica, y creado por los innovadores 
una especie de neopaganismo, poniéndose no pocos de ellos 
en frente de la Iglesia católica. 

Los sabios españoles reconocieron desde luego que las 
humanidades no eran nocivas, sino muy útiles á la teología 
y á la filosofía, y lamentaban que ese estudio hubiese de- 
caído tanto en la Universidad de París, y dado lugar á que 
Erasmo de Roterdam llamase adocenados á sus maestros. 

En España estaban representadas en aquella época por 
hombres como Antonio de Lebrija, Arias Barbosa, Alfonso 
de Palencia, Hernando del Pulgar, etc., etc., y los Reyes 
Católicos hospedab in en su corte á los intelectuales italia- 
nos Pedro Mártir de Angleria y Lucio Marineo Siculo. 

Francisco de Vitoria debió ir al Estudio de París sólida- 
mente preparado con el conocimiento de las humanidades, 
pues en el Colegio de Santiago tuvo por profesores á los 
maestros más esclarecidos, figurando entre ellos el sabio 
Crockart, que murió joven aun, cuando preparaba una edi- 
ción de La Summa Teológica de Santo Tomás, cuya ter- 
minación se vio obligado á hacer su discípulo Vitoria, por 

27 



- 418 - 

indicación de aquél. Después de licenciarse, explicó con 
gran aplauso en aquellas aulas, hasta que solicitado por los 
dominicos de la provincia de Castilla, vino á España, y re- 
gentó cátedra en el Colegio de San Gregorio de Vallado- 
lid. A la cátedra de Prima de Teología de la Universidad 
de Salamanca hizo oposiciones, porque se lo mandaron sus 
superiores, y el Rector y Consiliarios de la gloriosa Escue- 
la felicitaron muy efusivamente al nuevo Maestro por sus 
brillantes ejercicios, al jurar en casa del Maestrescuela don 
Pedro Manrique. Un mes más tarde se le nombró Diputado, 
viniendo así á formar parte de la Junta de gobierno de la 
Universidad salmantina, consolidándose cada vez más el 
prestigio y la ciencia de Vitoria; era considerado por todos 
y acudían á él consultándole arduos é intrincados asuntos 
las personas más elevadas y conspicuas. A la controversia 
entre los partidarios é impugnadores de Erasmo, tuvo que 
acudir, como ya hemos consignado, en unión de los Maes- 
tros Ferias, Oropesa, Silíceo y Alonso de Córdoba, y como 
la reunión que había de celebrarse en Valladolid fué apla- 
zada, la Universidad se hizo remisa en autorizarla nueva 
salida de los profesores para la ciudad del Pisuerga, pero 
el inquisidor amenazó al Claustro con la pena de excomu- 
nión mayor si no daba pronto el permiso pedido, y los men- 
cionados doctores dejaron sus cátedras temporalmente, vol- 
viéndolas á desempeñar á principios de 1528. Vitoria no to- 
mó parte activa en tan empeñadas contiendas, contándose 
no obstante, entre los partidarios de Erasmo, según consta 
en carta dirigida á éste por Luis Vives (y citada por Me- 
néndez Pelayo en el vol. II, pág. 75, de la Historia de 
los heterodoxos españoles). Tal vez influyera en la parcia- 
lidad que mostró por aquél, el haber tratado con intimidad 
á Erasmo durante su permanencia en París, y ser como 
nuestro dominico entusiasta defensor de la alianza entre 
los estudios clásicos y los teológicos, y admirador decidido 
de Santo Tomás. Al intervenir Vitoria en la redacción de 
los Estatutos de la Universidad de Salamanca de 1538, pro- 
curó facilitar el progreso de los estudios de humanidades, 
que aun cuando ya de antiguo se enseñaban en la Escuela 
fundada por D. Alfonso IX, sólo á contar desde esta fecha 
(la de 1538), alcanzaron la debida importancia y el lugar 



- 419 - 

que las nuevas tendencias demandaban. Esta reforma tan 
necesaria fué introducida por la iniciativa de Francisco de 
Vitoria. El saber y prudencia de este Maestro se divulgaron 
de tal modo, que (como dice uno de sus biógrafos, el P. Aya- 
la) consultábanle todos los Theólogos, Juristas. Canille- 
ros, Confesores de Reyes y los Reyes. 

Carlos V le envió los capítulos y dudas que por encar- 
go del Obispo de Méjico, Fr. Juan de Zumárraga, presen- 
tó al Consejo de Indias el agustino Juan de Oseguera, re- 
ferentes á la instrucción y conversión de los naturales de 
Nueva España al catolicismo. En Marzo de 1541, el Empe- 
rador le pidió parecer acerca de una cuestión grave que se 
planteaba por Bartolomé de las Casas: la de si era ó no lí- 
cito y oportuno el bautismo de los indios adultos, sin que 
de antemano se les hubiera preparado. S. M. encarecía á 
Vitoria la conveniencia de que examinase por sí mismo es- 
te punto, y que, oyendo á los teólogos salmantinos más no- 
tables, remitiera el parecer de ellos y el propio, de su puño 
y letra y firmado al Consejo de Indias. 

Vitoria y sus colegas respondieron no ser partidarios 
de que se administrase el bautismo sin la cumplida instruc- 
ción del adulto que había de recibirle. 

También fijó el Maestro su atención en los negocios pú- 
blicos y en la marcha y desenvolvimiento de los mismos. 

Con gran alteza y claridad se conduele en sus cartas de 
las frecuentes ausencias del Emperador y de sus prolonga- 
dos viajes fuera de la Península. 

No se detuvo en que llegase la verdad, por amarga que 
fuera, á los oidos de los poderosos, y condenó las incesan- 
tes y sangrientas guerras entre el Emperador y el Rey de 
Francia. 

Jamás consintió Vitoria que viviendo él se publicase nin- 
guno de sus escritos, y en todas partes y en todos los mo- 
mentos de su vida dio pruebas de sencillez y modestia. A 
sus discípulos y á sus hermanos de hábito debemos el que 
sus obras hayan llegado á nosotros. 

Poseía como nadie el arte de insinuarse en el ánimo de 
los alumnos para guiarlos en la investigación científica, y 
maravillaba á los doctores y maestros los resultados que 
obtenía en la enseñanza y la novedad y excelencia del mé- 



- 420 - 

todo que aplicaba á los estudios teológicos. Hizo de su cá- 
tedra un verdadero sacerdocio, y hallándose enfermo y pa- 
ralítico pidió que le condujeran á ella entre dos criados. La 
enfermedad avanzó y llegó un día en que no pudo volver á 
la Universidad. Eso precipitó su muerte, que fué sentidísi- 
ma. El Rector y el Claustro presidieron el entierro y toda 
la ciudad acudió al sepelio. Lleváronle en hombros hasta 
la sepultura los catedráticos de Prima, poniendo, según fe- 
liz expresión de Anaya, "la luz debajo de la tierra,,. 

El más vivo testimonio de la actividad literaria de Fran- 
cisco de Vitoria, vulgarizado por la imprenta, fuera de la 
Sitmuia de Santo Tomás, es la colección de disertaciones 
ó discursos académicos leídos en días y actos solemnes an- 
te la Universidad. Después del fallecimiento del Maestro, 
sus discípulos formaron dicha colección, que apareció por 
vez primera en Lyon en 1557, y que purgada de los erro- 
res de que salió viciada, se reimprimió en Salamanca en 1565 
por el P. Alonso Muñoz, alumno de Vitoria. Otras varias 
ediciones alcanzó en los siglos xvi, xvn y xvm; la última es 
de M idrid, de 1765. 

También escribió Confesionario ó instrucción para los 
sacerdotes en la administración del Sacramento de la Pe- 
nitencia, impreso en Salamanca en 1562, y un Parecer ó con- 
sejo sobre si los señores pueden vender ó arrendar los ofi- 
cios como escribanías y alguacilazgos, inserto como apén- 
dice á la obra del fraile Jerónimo Diego de Zúñiga Instruc- 
ción y refugio del ánimo y conciencia escrupulosa y teme- 
rosa de Dios, é impresa en Salamanca en 1552. 

Debe considerarse en cierto modo de Vitoria, como to- 
mada de sus explicaciones de clase, la Summa Sacramen- 
torum Eclesioe, de Fr. Tomás de Chaves, impresa en Va- 
lladolid en 1561, y una de las producciones de este género 
que alcanzaron más boga en los siglos xvi y xvn. Cha- 
ves no tiene reparo, antes por el contrario, manifiesta gran- 
dísima satisfacción en llamarse fiel discípulo de Vitoria. 

Este dejó manuscritos extensos comentarios á la Summa 
de Santo Tomás, que todavía parecen inéditos. Nuestras bi- 
bliotecas y archivos contendrán, sin duda, algunos de los 
Pareceres del Maestro Fr. Francisco en los graves asuntos 
sobre que frecuentemente era consultado. 



- 421 - 

En la biblioteca de la Universidad de Salamanca se con- 
serva un manuscrito no completo de los comentarios de Vi- 
toria á la Summa Theologica. D. Fermín Caballero, en la 
Vida del limo. Sr. D. Fray Melchor Cano, pág. 644, dice 
que en la biblioteca universitaria de Sevilla hay manuscri- 
tos de Vitoria "que proceden del convento que fué de domi- 
nicos de aquella ciudad, titulado de San Pablo„. El Padre 
jesuíta Ehrle, autor de uno de los trabajos biográficos mo- 
dernos más importantes acerca de nuestro dominico, da 
noticia de los manuscritos de éste conservados en los archi- 
vos de Roma. 

Vitoria fué el restaurador de la germina tradición ecle- 
siástica, y mediante el estudio meditado y serio de las prin- 
cipales fuentes, dio á conocer la utilidad de la filosofía y la 
de la crítica histórica para la inteligencia de los textos. 

Su cultura clásica y su erudición teológica le abrieron 
un camino ancho y glorioso en las luchas del pensamiento, 
y con su privilegiada inteligencia y su espíritu reflexivo, 
fué el primer escritor que formuló clara y científicamente 
los principios de justicia en que se basan las relaciones in- 
ternacionales en tiempo de guerra. Se distinguió por la pro- 
fundidad y novedad de sus teorías, y el derecho de gentes 
en opinión de Vitoria, no deriva sólo su eficacia de los pac- 
tos celebrados entre los hombres, sino que bajo otro con- 
cepto tiene igualmente fuerza de ley, por haber sido pro- 
mulgado por la autoridad de todo el universo. Las cuestio- 
nes relativas á la conducta de los españoles con los indios, 
dieron origen á una literatura fecunda, en cuyas produccio- 
nes se examinaron los problemas que planteaba la ciencia 
del derecho internacional, el descubrimiento y la conquista 
de América. Entre estas publicaciones descuellan y forman 
época las dos Relecciones que Vitoria dedica al asunto. 

He aquí un breve resumen de sus conclusiones esencia- 
les en orden al derecho de guerrar 

La guerra es lícita, como medio necesario para que los Esta- 
dos se basten á sí mismos afianzando la propia conservación, ven- 
gando las ofensas y postrando á sus enemigos. La facultad de de- 
clararla pertenece al jefe del Estado como representante de la 
nación. Tara este efecto únicamente son Estados las Monarquías 
y Repúblicas, como sociedades civiles perfectas, ó sean las que no 



— 422 — 

dependen de otras, y tienen leyes, asambleas y magistrados pro- 
pios, aunque algunos de tales Estados reconozcan la soberanía de 
un Príncipe superior, «como Aragón y Castilla la del Rey de Es- 
paña». No pueden ser causas justificativas déla guerra la diferen- 
cia de religión, ni el ansia de extender y engrandecer el territorio, 
ni la gloria y particular conveniencia del Soberano, el cual no ha 
de llevarse otra mira que el bien de la República. El Príncipe que 
obligue á los subditos á derramar su sangre cuando no lo exige el 
provecho público, es un tirano y los trata cual á míseros siervos. 

La injuria recibida es la única causa justa para declarar la 
guerra, y en esta es permitido todo cuanto exijan la defensa y el 
afianzamiento del bienestar general; mas para declararla no es 
suficiente que le parezca justa al Príncipe, pues éste debe pensar 
antes los motivos de ella y escuchar las razones de los contrarios 
y discutirlas ex cequo et bono, consultando á varones probos de 
ciencia y conciencia. No ha de emprenderse la guerra, si de ella 
se siguen mayores males de los que haciéndola se pretende evitar. 
No está autorizado privar de la vida á personas inocentes ni aun 
per accidens, sino cuando la guerra justa no puede llevarse á cabo 
de otro modo. Ni siquiera en la guerra contra los turcos y otros 
infieles se ha de ensangrentar la espada en los niños, ni en las mu- 
jeres, á no ser que éstas tomen parte en la lucha. En las guerras 
entre cristianos se debe respetar siempre á los labradores, á la 
gente togada y pacífica, á los clérigos y religiosos, y á los hués- 
pedes y peregrinos, á menos que unos y otros renuncien á este sa- 
grado fuero, empuñando las armas ó atizando la discordia. Es 
ilícito matar en ningún caso á personas inocentes, v. g. á los hijos 
de los sarracenos, para que al llegar á la mocedad no destruyan 
á los cristianos; porque es intolerable cosa quitar la vida á nadie 
por pecado futuro. 

Sólo se puede perjudicar en sus bienes á las personas inocentes, 
cuando importe enflaquecer y aniquilar al enemigo, y en la guerra 
contra infieles, hasta arrebatarles sus riquezas y víveres, á fin de 
privar de armas y recursos á los contrarios; pero se ha de procu- 
rar ver si hay términos hábiles de hacer la guerra sin agravio de 
inocentes, ni de agricultores, ni de la gente togada y religiosa. 

En Vitoria, como en la generalidad de los autores que 
le precedieron, se encuentra al tratar de las normas de hu- 
manidad que hayan de regular la conducta de los belige- 
rantes durante la guerra y después de terminada, una ra- 
dical distinción, según que la contienda sea entre cristia- 
nos ó entre cristianos y sarracenos; pero la misma doctri- 



- 423 - 

na se desarrolla en los tratados de los árabes, con la sola 
diferencia de prescindir totalmente de los temperamentos 
humanitarios aconsejados por sabio dominico y los cristia- 
nos. Ataca Vitoria en forma resuelta y valiente la doctrina 
de la esclavitud y reconoce en los indios el derecho de pro- 
piedad y de continuar gobernándose por sus propias leyes 
é instituciones, bajo la obediencia de sus antiguos señores. 
Así en el método, como por haber ampliado los horizontes 
del saber, incluido en el círculo de sus investigaciones pro- 
blemas no examinados hasta entonces, y por formular con- 
ceptos é ideas originalísimas, inicia Vitoria una nueva fa- 
se en el cultivo científico del derecho internacional, de la 
cual son derivaciones y continuación los escritos de Genti- 
li y de Grocio, tenidos generalmente como los verdaderos 
fundadores de esta ciencia. Grocio, en .su famoso libro De 
jure belli, que fué un progreso moral en la vida del género 
humano y contribuyó no poco á difundir ideas de piedad 
social, de mansedumbre y de hermosa tolerancia, tuvo á 
gala colocar á Vitoria en el lugar que le correspondía, á la 
cabeza de los ilustres precursores de su obra humanitaria, 
citando con cariño las dos Releet iones, De Indis y De jure 
belli. 

El célebre publicista escocés Mackintosh, en su notable 
Historia de los progresos de la Etica, no se harta de lla- 
mar á la España del siglo xvi la más poderosa y magnífi- 
ca de las naciones europeas, y declarar digno de memoria 
eterna á Francisco de Vitoria por haber expuesto el pri- 
mero las doctrinas de la escuela en la lengua de la época 
de León X. 

En el centenario de Alberico Gentili, celebrado en 1876, 
el profesor de Padua A. de Giorgi, saludó á Francisco de 
Vitoria, no sólo como inspirador de Gentili, sino como pa- 
dre de la ciencia del Derecho Internacional. 

VITORIA, 
JUZGADO COMO TliÓLOGO POR MENÉNDEZ PELAYO 

Fnincisco de Vitoria, «participó ampliamente del espíritu de 
generosa y libre indagación que el Renacimiento trajo consigo». 
«Con Vitoria penetró á torrentes la luz en el estadio antes inacce- 



- 424 - 

sible, y un oleo nuevo vigorizó á raudales los miembros y el espí- 
ritu de los nuevos púgiles. De Vitoria data la verdadera restaura- 
ción de los estudios teológicos en España, y la importancia sobe- 
rana que la Teología, convertida por él en ciencia universal, que 
abarcaba desde los atributos divinos hasta las últimas ramifica- 
ciones del derecho público y privado, llegó á ejercer en nuestra 
vida nacional, haciendo de España un pueblo de teólogos. 

En su escuela se formaron los más grandes del siglo xvi: un 
discípulo svyo, Domingo de Soto, escribió el primero y más céle- 
bre tratado De Justitia et Jure; otro discípulo suyo, Melchor Ca- 
no, trazó en estilo digno de Marco Tulio, el plan de una enciclo- 
pedia teológica, remontándose al análisis de nuestras facultades 
de conocer y buscando en ellas el oi'^auojí para la nueva discipli- 
na que, merced á sus esfuerzos, alcanzó carácter plenamente cien- 
tífico y positivo, antes que ninguna otra ciencia». 

«Un abismo separa toda la teología española anterior á Fran- 
cisco de Vitoria de la que él enseñó y profesaba, y los maestros 
que después de él vinieron valen más ó menos en cuanto se acer- 
can ó se alejan de sus ejemplos y de su doctrina. Todo el asom- 
broso renacimiento teológico de nuestro siglo xvi, todo ese inter- 
minable catálogo de doctores egregios que abruma las páginas del 
Nomenclátor Litterarius, de Hurter, convirtiéndole casi en una bi- 
bliografía española, estaba contenido en germen en la doctrina ck 1 
Sócrates alavés. Su influencia está en todas partes». 

VITORIA, MORALISTA 

«Francisco de Vitoria, dice también Menéndez y Pelayo, es el 
primero de los moralistas que la Escuela produjo durante su edad 
de oro, y puede reclamar muy buena parte, no en los extravíos 
(tan ajenos de su templanza y sobriedad ds juicio), pero sí en los 
aciertos de aquella legión de casuistas, a ver tan denigrados y cu- 
ya rehabilitación comienza ahora, los cuales apuraron hasta los 
últimos ápices la disección de los a tos humanos, de sus ocultos 
móviles, de sus extremas consecuen 'ias, de los accidentes que los 
modifican, y de su calificación conforme á las leyes déla ética 
cristiana». 

TEORÍA DE VITORIA 
SOBRE LA POTESTAD DEL PAPA Y DEL CONCILIO 

La teoría de Vitoria sobre la potestad del Papa y del Concilio 
fué bandera de nuestros teólogos en Trento. 

Vitoria combate resueltamente á los que sostienen que la potes- 



- 425 - 

tad eclesiástica radique inmediatamente en toda la Iglesia univer- 
sal, del mismo modo que la potestad civil radica en la República, 
afirmando que el Concilio no tiene esta potestad inmediata y por- 
que represente á la Iglesia universal, sino «por serla unión y con- 
gregación de todas las potestades eclesiásticas». Sostiene la facul- 
tad del Papa de disponer de las leyes y estatutos de los Concilios 
generales, y aun de abrogarlos en cuanto no se refieren á la fe ó 
á la disciplina de la Iglesia universal, juzga sacrilego sostener que 
un Concilio pueda constituir en la Iglesia alguna potestad supe- 
rior al Papa, y afirma que éste no sólo puede errar y pecar grave- 
mente dispensando de las leyes y decretos así de los Concilios co- 
mo de otros Pontífices, sino también que no le es permitido conce- 
der tales dispensas, ni mucho menos abrogar tales decretos sin 
causa razonable, aunque no se refieran en nada al derecho divino. 

Asegura la posibilidad de que haya en la Iglesia una ley posi- 
tiva, de la cual conviene no haya dispensa nunca, y dice que si la 
experiencia ó la prudencia enseñasen que el eximir de una ley de 
este género redundaba en perjuicio ó en grave daño de la Iglesia 
ó de la religión, el Concilio puede declarar y establecer que nunca 
se conceda dispensa de dicha ley, y que después de esto, no es da- 
do al Papa concederla, y peca mortalmente si la otorga por cual- 
quier causa. El decreto en cuestión no ha de referirse sino á pocas 
leves y éstas importantísimas y de todo punto necesarias, pues no 
debe dañarse á la autoridad del Pontífice, ni darse ocasión de re- 
belarse contra ella. Efecto de tal decreto sería no limitar la facul- 
tad del Papa, á quien corresponde todo acto de jurisdicción en la 
Iglesia, sino hacer que así el que pidiera la licencia ó se aprove- 
chara de ella, como el Papa otorgándosela, pecaran, por tratarse 
de cosa ilícita. Si á pesar de ésta el Papa dispensa contra lo acor- 
dado en el Concilio, no corresponde á los subditos resolverla con- 
ducta que han de seguir, pues que, aun errando el Papa, es mejor 
obedecerle; que el no hacerlo daría ocasión á que otros le des 
obedecieran aun en las cosas justas y razonables. No siempre, sin 
embargo, el mandato o dispensa del Papa obliga á obedecer, pues 
las leyes injustas, aun emanando del Papa, no obligan en con- 
ciencia. 

No juzga conveniente ni lícito Vitoria apelar del Papa al Con- 
cilio. «Y aunque se suponga, dice, que el Concilio está sobre el 
Papa, no obstante, por tratarse del Jefe supremo de la Iglesia, im- 
porta que corresponda á él la última decisión de las causas». 

Al redactar el Concilio el decreto en cuya virtud se hubiera de- 
prohibir al Papa cosas que, aun estando en sus facultades, serían 
gravemente perjudiciales al bien de ka Iglesia, debe cuidarse, en 
cuanto sea posible, de guardar el respeto á la autoridad pontificia 



- 426 - 

y la reverencia debida al Papa, y éste no debiera tomar á mal, 
sino antes bien, regocijarse de que se hiciera semejante decreto, 
puesto que redundaría en bien de la Iglesia y no perjudicaría á su 
autoridad en lo más mínimo, dado que la prohibición de dispen- 
sar no implica defecto de autoridad, sino que se funda en la ma- 
teria misma. 

Viniendo á precisar Vitoria la forma en que podría verificarse 
la resistencia á los preceptos del Pontífice en el caso extremo en 
que obrase contra lo prohibido en el Concilio, niega desde luego 
que aun entonces sea lícito á los fieles desobedecer los mandatos 
del Papa, y sólo reconoce á los obispos ó al Concilio provincial el 
derecho á formular semejante oposición. 

En la Biblioteca Nacional de París se conserva un catálogo de 
Licenciados de su Universidad (manuscrito número 15.440 del fon- 
do latino), formado según los registros originales por Hardy, 
Greffieráe la Facultad de Teología en 1787, é intitulado Collectio 
Catalogorum D. D, Baccalaureorum Licenciatorum, 1373-1774, 
y en él figura al folio 63, entre los Licenciados del año 1522 Fray 
Francisco de V T itoria. 

El parecer de los teólogos salmantinos acerca del bautismo de 
los indios, se publicó en el t. III, págs. 543 y siguientes de la 
Colección de documentos inéditos relativos al descubrimiento, con- 
quista, etc., (te Ame' rica y Occeania. 

De las teorías de Vitoria sobre el derecho de la guerra trata 
con extensión y exactitud Canchy, Droit marílime international ', 
París, 1863, vol. II, págs. 11-23. 

A. de Giorgi, en su libro Delta vita e detlc opere di Alberico Gen- 
til i, I 'arma, 1876, pág. 82, publicado en conmemoración del 300" 
aniversario del famoso precursor italiano de Grocio, es quizá el 
único entre los escritores modernos, que ha estudiado á fondo las 
teorías internacionalistas de Vitoria, comparándolas con las de 
Pierino Belli y Alberico Gentili. 



- 427 - 
REALES CÉDULAS DEL EMPERADOR CARLOS V 

CONSULTANDO A FR. FRANCISCO DE VITORIA SOBRE 
LOS NEGOCIOS DE INDIAS 

I 

El Rey=Maestro Fr. Francisco de Vitoria, catedrático de Pri- 
ma de la Unibersydad de Salamanca: Sabed que fray Joan de Ose- 
guera de la horden de Sant Agustín, por parte del Obispo de Mé- 
xico, ha presentado en el nuestro Consejo de las Indias ciertos 
capítulos y dubdas que en la Nueva España, ques en las nuestras 
Indias del mar océano, se han ofrecido acerca de la ynstrucion 3' 
conbersion de los naturales della a nuestra santa fee, las cuales 
en las vistas, por ser como son cosas theologales, ha parecido que 
conviene que sean vistas y esaminadas por theologos, e yo por la 
buena relación que de vuestra persona letras y vida tengo, he 
acordado de os las mandar remitir para que, como celoso del ser- 
vicio de Dios nuestro señor e vuestro, y como cosa que tanto yn- 
porta a nuestra santa fee catholica y descargo de nuestra real 
conciencia, las veáis y deysen ellas vuestro parecer. Por ende 3*0 
vos ruego y encargo que vea\'s los dichos capítulos y dubdas que 
con esta van, y platicadas con los otros theologos desa L^nibersv- 
dad que a vos os pareciere, enoyeis ante nos al dicho nuestro Con- 
sejo vuestro parecer sobre cada cosa dello, firmado de vuestro 
nombre y de las personas que eligierdes, para ver y determinar 
lo suso dicho: que demás del servicio que en ello haréis a nuestro 
Señor, 3-0 seré dello mu3 T servido; 3 T porque entre estos articulos 
puede ser que aliéis algunas cosas que consistan mas en governa- 
cion que en letras, las que os pareciere que son desta calidad, re- 
mitirlas e3^s a los del dicho nuestro Consejo para que, como mas 
y n formados en lo que conviene a la buena governacion de aque- 
llas partes, hordenen las que devemos mandar 3' proveer sobrello; 
y porque como ve3's esto es cosa que conviene que con brevedad 
se provea, he mandado al dicho fra3 T Joan de Oseguera que vaya 
a os solicitar, del qual os podios 3-nformar particularmente de 
todo lo que quisierdes saber cerca dello. Por servicio mió, que 
con todo cu3 T dado 3' diligencia dexadas todas cosas, entendavs en 
ello como 3 t o de vos confio. De Toledo a treinta y uno de henero 
de mili e quinientos 3 7 treinta e nueve años.=Yo el Rey=Refren- 
dada de Samano y señalada del Cardenal y Beltran 3- Carvajal y 
Bernal y Velazquex. 



- 428 - 



II 



El Rey=Maestro fray Francisco de Vitoria, catedrático de 
prima en la Unibersidad de .Salamanca. Fray Bartolomé de las 
Casas, de la orden de Santo Domingo, ha mucho tiempo que rrexi- 
de en las nuestras Indias, e agora ha venido a estos Reynos, a 
procurar algunas cosas que tocan a su orden y bien de los natu- 
rales de aquella tierra; el cual nos ha hecho relación que conviene 
y es necesario que se proyva e deñenda que ninguno baptice en 
aquellas partes indio ni negro ni otro ynfiel adulto, hasta que, 
conforme a la sagrada escriptura y dotrina de los santos y a la 
costumbre de la universal Iglesia, sean en la fee católica doctrina- 
dos, tanto tiempo cuanto suficientemente ovieren menester para 
ser dignos de rrecivir el sancto baptismo; porque diz que en las 
dichas nuestras Indias se acostumbra baptizar, sin que aquel que 
rrecive el agua de baptismo sepa ni entiende lo que rrecive de que 
nuestro señor es de servido: e visto los suso dicho en el nuestro 
Consejo rreal de las Indias, por ser como es cosa theologal, ha pa- 
recido que conviene que sea visto y examinado por personas 
theologas, e yo, por la buena relación que de vuestra persona le- 
tras e vida tengo, he acordado de os lo remitir para que, como ce- 
loso del servicio de Dios nuestro Señor e vuestro como cosa que 
tanto ymporta a nuestra sancta fee católica, lo veáis e deis en ello 
vuestro parecer. Por ende yo vos ruego y encargo, que veáis lo 
que asy dize el dicho fray Bartolomé de las Casas cerca de lo to- 
cante al dicho baptismo, y platiquéis sobre ello con los dichos 
theologos desa Unibersidad que a vos os pareciere, y la rresolu- 
cion que todos tomaredes en ello, la embiareis ante nos al dicho 
Consejo nuestro firmado de vuestro nombre e de las personas que 
heligeredes para ver e determinar lo suso dicho; que demás del 
servicio que en ella aréis a nuestro Señor yo seré dello muy ser- 
vido. De Madrid a treinta e un días del mes de marco de mille 
quinientos e cuarenta e un años.=Cardenalis=Refrendada y seña- 
lada en los dichos. 



- 42^ - 
CARTAS DE FR. FRANCISCO DE VITORIA 

AL CONDESTABLE DON" PEDRO FERNÁNDEZ DE VELASCO 

I 

Illmo. Señor. 

Aunque no avia mucho sobre que yo escriui a V. S. mas lar- 
go y fue uny carta con la de don luán. Creo que era el mensajero 
cierto y que no se avran perdido las cartas. Ya acá sabíamos la 
yda de V. S. a la casa de la Reyna, que el señor Conde Syruela me 
lo avia escrito. Creo que V. S. es buelto a la corte a esperar la ve- 
nida de Su Magestad; plega a Dios que no sea por demás la espe- 
ranza desta vez, que a todos se nos face tarde, y guarde a V. S. 
siempre para que en lo común y en lo particular haga muchos 
bienes, que aquellos que los fazen son los verdaderamente gran- 
des al lenguaje del cielo y del Evangelio, que asy lo dize nuestro 
Señor qui scandalisaverit etc., minime vocavitur iu regno ccelo- 
runt; qui autemfecerit etc., hic magnus vocabitur iu regno ccelo- 
vnm. Grand burla seria si los grandes de acá fuesen los chicos de 
alia; que oviesen sido Reyes o Señores de farsa: no plega a Dios. 
Una carta he visto del campo, que decía que Antonio Ley va mu- 
rio con mucha mas fama y opinión de cavallero y capitán que de 
cristiano; que aun paresceme que dize que ni aun confesión no 
fizo. Nuestro Señor a él y a todos nos faga misericordia, que es 
mucho menester, y el sabe lo secreto de quien es bueno o no para 
azer. Asy como escriven, bien llorado yria al otro mundo; podría 
ser que no fuese allá capitán syno soldado. Es muy tarde de mi- 
rar en esto al punto de la muerte. Sant Juan Baptista, a la gente 
de guerra que le preguntaron que farían para yr al cielo, no les 
dixo que dexasen aquel oficio o partido sim estofe contenti stipen- 
diis vestrts, neminem concutiatis, nentini injuriam feceritis; pe- 
ro pocos guardan aquella guerra, que no tienen por valientes si 
no son mas bravos con sus naturales o con los amigos, que con 
los enemigos. Algo desto les podria caber a los señores con sus 
vasallos, que también la regla de Sant Juan es derechamente para 
ellos. Dios les dio tan largamente que gastar sin agovio de nadie, 
ni manda que pierdan de su derecho, pero cuando ay duda aun 
Aristóteles lo dixo, que tnelius est injuriam pati quam faceré. Don 
Juan está bueno, bendito nuestro Señor; el Bachiller ha estado 
bien malo de costado; ya esta fuera de peligro. Nuestro Señor la 
vida y yllustrisimo estado de V. S. syempre prospere y guarde en 
su servicio.— Capellán y siervo de Y. yllustrisima S.=Fray Fran- 
cisco de Yitoria. 



- 430 - 

II 

Yllustrisimo Señor. 

De acá pocas nuevas puede a ver que escrivir a V. S. que todas 
vienen de alia, y plega nuestro Señor que las buenas siempre sean 
verdaderas y las otras salgan mentirosas. A lo menos la que tene- 
mos entre las manos de la venida de Su Majestat, quiera nuestro 
Señor no se nos vierta, y que Dios le trayga con bien, no solo des- 
tos Reynos sino de toda la Cristiandad que en tanta necesidad es- 
ta. Bien se sabe cuan poco sometidos son los Principes a parece- 
res de nadie, especial si son fuera de su inclinación; pero sy algu- 
no puede tener lugar con Su Majestat, ninguno tanto como el de 
V. S. por muchos títulos. Yo algunas vezes pienso cuan grande 
desvario es uno de nosotros, no solo tablar, pero ni pensar en las 
cosas publicas y de gobernación, que me paresce que es mas fue- 
ra de términos que sy los señores fablasen en nuestras filosofías; 
pero cuando ses me acuerda que, sy alguno ay por cuyo acuerdo se 
gobiernan estas cosas, son hombres de carne y hueso como nos- 
otros, y que podría ser que quedasen fuera otros tan sabios como 
los que entran dentro, no tengo por tan grand locura tener que no 
lo aciertan ni alcancan todo.— Yo lo veo mal alignado, pero sy se 
pudiese fallar camino para dar algún corte entre Su Majestat y el 
Rey de Francia, creo que seria aun mucho mejor jornada que la 
de Túnez. Yo agora no pediría á Dios otra mayor merced, syno 
que ficiese estos dos principes verdaderos hermanos en voluntad 
como lo son en devdo, que si esto oviese, no avria mas herejes en 
la Iglesia ni aun mas moros de los que ellos quisieren, y la Iglesia 
se rreformaria quisier el Papa o no; y hasta que esto yo vea, ni 
daré un maravedi por Concilio, ni por todos cuantos remedios ni 
yngenios se ymaginaren. 

La culpa non debe estar ni (sic) el Rey de Francia, y mucho 
menos en el Emperador, syno deben ser los pecados de todos. Las 
guerras no se inventaron para bien de los principes syno de los 
pueblos, y sy esto es asy como lo es, véanlo buenos hombres sy 
nuestras guerras son por bien de España o Francia o Italia o Ale- 
mania sino para destruycion de todas ellas y acrecentamiento de 
la morisma y hereges. Ándense ay jurando que nosotros no tene- 
mos ninguna culpa. Dios gelo perdone a los Principes o a los que 
en ellos los ponen, pero no perdonara. Mas que cosas nuevas es- 
qrivo a V. S., como si esto no lo tubiese visto V. S. mejor que 
nadie, mas lo peor dello es que todos lo veen syno solos los Prin- 
cipes. Donjuán lo faze a la verdad mucho bien, y con mucha di- 
ligencia y con toda subieción, que sin duda muestra inclinación 



- 431 - 

de toda bondad: ha estado un poco malulo de un romadizo, pero 
ya esta libre, por que le libre yo de manos de médicos. Nuestro 
Señor la vida y illustrisimo estado de V. S. siempre prospere y 
guarde a su servicio. De Salamanca a XIX de noviembre=cape- 
llan y sierva de V. illustrisima S.=Fray Francisco de Vitoria. 

Xuárez (Pedro). 

Se escribe también su apellido Juárez y Suárez. En 5 de 
Agosto de 1532 hizo el juramento para graduarse de Licen- 
ciado en Cánones, y en 10 de Noviembre de 1533 fué nom- 
brado catedrático de una cursatoria de dicha Facultad. 

Mientras desempeñaba esta cátedra recibió el grado de 
Doctor en Cánones: verificó el juramento previo el 22 de 
Agosto de 1535. El 2 de Noviembre de 1538 fué encargado 
de la media multa de la cátedra de Prima de Cánones del 
Dr. Navarro. 

El 5 de Mayo de 1541 se le eligió catedrático de Víspe- 
ras de Cánones. A fines de 1549 ó principios de 1550, fué 
nombrado catedrático de Decreto, siendo jubilado el 11 de 
Julio de 1560. Por muerte del Dr. Xuárez, se declaró va- 
cante la cátedra de Decreto el 11 de Enero de 1563. 

Yáñez de Frechilla (Fernando). 

Se encuentra su nombre en los libros de Claustros 
de 1504. El 2 de Agosto de aquel año, fué nombrado susti- 
tuto del Dr. Cubillas en la cátedra de Decreto. Después 
hemos hallado otra mención de él en 30 de Enero de 1511; 
este día parece que fué reelegido para catedrático de una 
de las cursatorias de Cánones. Ya Doctor figura en los li- 
bros de cuentas de 1518 como catedrático de una de las de 
Vísperas de Cánones. Disfrutó de esta cátedra hasta su 
muerte en 16 de Marzo de 1522. 

Yáñez de Frechilla (Francisco). 

Algunas veces se le llama también Ibáñez de Frechilla. 
En 9 de Junio de 1534 hizo el juramento para tomar el gra- 
do de Licenciado. En 4 de Septiembre del año siguiente fué 



- 432 - 

nombrado catedrático de una de las cursatorias de Cáno- 
nes, y el 12 de Noviembre de 1536 practicó el juramento pa- 
ra recibir el grado de Doctor. Dejó la cátedra cursatoria 
al ser elegido el 15 de Diciembre de 1548 sustituto del doc- 
tor Juan de la Puebla en la clase de Prima de Cánones. Ha- 
cia Octubre de 1549 parece que le encomendaron la cátedra 
de Prima de Cánones. No debió vivir mucho después del 
nombramiento, pues no se encuentra entre los catedráticos 
que hicieron el juramento de 1 de Mayo de 1551, al paso que 
figura el Dr. León en Junio de aquel año como catedrático 
de Prima, y además en los libros de Claustros de 1550-51 se 
hace alguna cita de la viuda del Dr. Frechilla. Suponemos 
por todo ello que murió á principios de 1551. 

Yáñez de Deza y Frechilla (Juan). 

Algunas veces se le llama Ibáñez. En 7 de Diciembre 
de 1568 hizo el juramento para recibir el grado de Licencia- 
do en Cánones el Br. Juan de Deza y Frechilla, natural de 
Salamanca. Verificó el juramento para el grado de Doctor 
el 24 de Agosto de 1572. Desde el curso de 1582-83 figura 
como sustituto del Dr. Gutiérrez de Moya, en su cátedra 
de Prima de Cánones. Desempeñó la sustitución hasta 1.° 
de Marzo de 1584, en que fué nombrado catedrático de Vís- 
peras de Cánones. El 24 de Abril de 1598 es elegido cate- 
drático de una de las de Prima de Cánones. Fué jubilado 
en Junio de 1603 y murió poco después, durante las vaca- 
ciones del curso de 1602-03. Nicolás Antonio cita alguna 
bibliografía de este maestro salmantino. 



Zumel (Fr. Francisco de). 

Mercenario. El 2 de Diciembre de 1570 fué nombrado 
catedrático de una de las cursatorias de Artes, que tuvo 
hasta el 7 de Diciembre de 1575 en que pasó á la cátedra de 
Físicos. Entretanto hizo en 31 de Mayo de 1571 y 17 de Fe- 
brero de 1572 los juramentos para recibir los grados de Li- 
cenciado y Maestro en Teología. Desempeñó la cátedra de 
Físicos hasta el 18 de Enero de 1580 en que fué elegido ca- 



— 433 — 

tedrático de Filosofía moral: aquel mismo año, el 19 de Ma- 1 
yo y el 10 de Julio, tomó los grados de Licenciado y Maes- 
tro en Artes. Hacia 1593 se hace mención de él como gene- 
ral de la Orden de la Merced. 

Fué jubilado en Mayo de 1601 y murió en 1607: se decla- 
ró vacante la cátedra de Filosofía moral en 23 de Abril 
de 1607. Nicolás Antonio da algunos datos biográficos y bi- 
bliográficos. Disfrutó de gran estimación por su mucha cien- 
cia y virtud. 

Zúñiga (Alonso de). 

Los primeros datos seguros que de él hemos encontrado 
son del año 1505: era entonces doctor y catedrático de Vís- 
peras de Leyes. Algunas veces se le llama el Dr. Stuñiga. 
Sigue figurando como catedrático de Vísperas de Leyes 
hasta el 25 de Octubre de 1521, en que se anunció la vacadu- 
ra de la cátedra por muerte del Dr. Villar y Macías dice que 
un Dr. Alonso de Zúñiga aparece entre los sublevados en 
la ciudad del Tormes cuando las Comunidades, y Lafuente, 
en la lista que publica de los exceptuados del perdón, inclu- 
ye al Dr. Alonso de Zúñiga, procurador en la junta por Sa- 
lamanca. No podemos asegurar si se trata ó no de la mis- 
ma persona. 

Zúñiga Avellaneda (Gaspar deh 

El 4 de Agosto de 1547 hizo el juramento para recibir el 
grado de Licenciado en Teología. Desde aquel año de 1547 
hasta 1550 figura como catedrático de Escoto. Fué después 
Obispo de Segovia, Arzobispo de Santiago y Sevilla y Car- 
denal de la Iglesia romana. 



Capítulo vi 

Catedráticos de la Universidad de Salamanca durante la primera mitad del 
siglo XVII. — Enseñanzas que se daban. — Notas biográficas y biblio- 
gráficas de los maestros más notables. 

Cánones. 

Cátedra de Decreto. 

1601 16 Pareja (Juan de). 

616 23 Balboa Mogrobejo (Juan de). 
623 30 Bonilla (Martín de). 

630 31 Nieto (Juan). 

632 48 López de Honti veros (Martín). 

648 49 Sánchez Randoli (Francisco). 

Cátedra de Prima (a). 

603 17 Bergas (Roque de). 

617 23 Guillen de la Carrera (Alonso). 
623 30 Balboa Mogrobejo (Juan de). 
630 42 Bonilla (Martín de) (1). 

648 51 Altamirano Velázquez (Juan de). 



1 1 I Por los Libros de Claustros de 1638 y siguientes sabemos que la Universidad 
trató de evitar, por indicaciones del Consejo Real, que las cátedras principales 
como eran las de Prima de las diversas Facultades estuviesen ocupadas muchas 
veces por sustitutos y no por propietarios, puesto que, jubilado el poseedor, la 
clase debía ser leída por un sustituto que ganaba menor salario, lo cual era sólo 
por un plazo más ó menos largo, cuatro años generalmente, y sin más ventaja 
para él que el mérito que podría resultarle de desempeñar tal cátedra. Este esta- 
do de cosas terminó con la Carta Real de 13 de Noviembre de 1647 en la que se 
disponía que la cátedra cuyo propietario jubilase se anunciara á oposición, para 
ser cubierta en propiedad, aun cuando no disfrutase el agraciado del salario ínte- 
gro hasta que el profesor más antiguo que hubiese jubilado en ella muriera ó la 
renunciase. Por eso el Dr. Bonilla figura en los Libros de Cuentas como catedrá- 
tico de Prima de Cánones jubilado, hasta su muerte en 166-, no obstante apare- 
cer como catedrático de ella el Dr. Altamirano, catedrático de la misma, de 
164S á 1651, en que murió. Caso análogo se da en la otra cátedra de Prima de Cá- 
nones con los Dres. Pareja, López de Hontiveros y Sánchez Randoli. 



- 4% - 



Cátedra de Prima (b). 

1602 12 León (Juan de). 
612 16 Pacheco de Guzmán (Francisco). 
616 41 Pareja (Juan de). 
648 66 López de Hontiveros (Martín). 

Cátedra de Vísperas (a). 

599 6C4 Rodríguez de Carvajal (Rafael). 
604 06 Balmaseda (Bernardo de). 
606 08 Corral Arellano (Diego de). 
608 10 Sierra (Francisco de la). 
610 12 Pacheco de Guzmán (Francisco). 

612 13 B.ilboa Mogrobejo (Juan). 

613 16 Fernández de Mansilla (Pedro). 

616 17 Carrillo Chumacero (Fernando). 

617 18 Riaño (Diego de). 
619 23 Bonilla (Martín de). 

624 29 Oca (Alvaro de). 

629 31 Sarabia (Francisco de). 

631 37 Arias de Mesa (Fernando). 
637 43 Porras (García de). 

643 48 Altamirano Velázquez (Juan). 

Cátedra de Vísperas (b). 

600 02 Sotillo de Mesa (Alonso). 
602 04 Ortega y Zafra (Juan de). 
604 07 Cornejo de Pedrosa (Bartolomé). 
697 08 Núñez de Herrera (Esteban). 
608 25 Ruiz Barrio Pedro). 

625 30 Nieto (Juan). 

630 32 López de Hontiveros (Martín). 

632 36 Altamirano Velázquez (Juan). 
636 48 Sánchez Randoli (Francisco). 
648 48 Pardo de Figueroa (José). 



- -137 - 



Cátedra de Sexto y Clementinas. 

15^9 604 Balmaseda (Bernardo de). 
605 07 Núñez de Herrera (Esteban). 
608 10 Pacheco de Guzmán (Francisco). 
611 22 Nieto de Briones (Diego). 
622 24 Oca (Alvaro de). 
624 26 Ayora (Gregorio de). 
626 28 Velasco (Pedro de). 

628 29 Sarabia (Francisco de). 

629 30 López de Hontiveros (Martín). 

630 31 Arias de Mesa (Fernando). 

631 36 Sánchez Randoli (Francisco). 
636 37 Porras (García de). 

638 41 Medra no (García de). 

641 45 Valderrama (Francisco de). 

645 45 Espada (Francisco de la). 

645 48 Bajo Arroyo (Pedro). 

648 49 Rodríguez de Armenteros (Juan). 



Cátedras cursatorias. 
Cursatoria (a). 

600 05 Núñez de Herrera (Esteban). 

605 08 Ruiz Barrio (Pedro). 

608 08 Juárez de Molina (Lie. Pedro) B. (1). 

608 11 Huertos (Lie. Juan de los) B. 

611 16 Carrillo Chumacero (Fernando) A. 

616 19 Vela (Dr. José) O. 

620 21 Arrese (Lie. Jerónimo de) B. 

621 24 Nieto (Juan) C 

624 26 López de Hontiveros (Martín). 



(1) Como muchas de estas cátedras fueron desempeñadas por colegiales de los 
colegios mayores de San Bartolomé, Cuenca, Oviedo y Arzobispo, indicaremos 
con las riglas B. C. O. y A., respectivamente, los catedráticos que fueron cole- 
giales. 



- 438- 

1626 28 Sánchez Randoli (Francisco). 
629 29 Arredondo (Tomás de) B. 
629 31 Cid de Molina (Dr. Francisco) C. 

631 32 Andrade (á veces Castro) (Lie. Fernando de) B. 

632 33 Vázquez de Aguilar (Lie. Paulo) C. 

633 36 Guzmán (Lie. Paulo de) O. 
636 39 Feloaga (Antonio de) A. 
639 41 Estrada (Lie. Antonio de) B. 
641 44 Quiñones (Luis de) O. 

644 45 Golfín de Carvajal (Juan) C. 

645 46 Rodríguez de Armenteros (Juan). 

646 46 Campo Redondo (Francisco de) B. 

646 47 Vivero (Alonso de). 

647 49 Ulloa y del Enzina (Félix). 

Cursatoria (b). 

601 02 Bergas (Roque de). 

602 02 Paredes (Lie. Luis de). 
6'J2 03 Bergas (Roque de). 

603 04 Cornejo de Pedrosa (Bartolomé). 

604 11 Nieto de Briones (Diego). 
611 14 Acosta (Ñuño de). 

615 16 Balboa Mogrobejo (Juan). 

616 17 Riaño (Diego de) B. 

617 19 Bonilla (Martín de). 
620 24 Ayora (Gregorio de). 

624 25 Nieto (Juan) C. 

625 26 Velasco (Pedro de) A . 

626 29 Arias de Mesa (Fernando). 

629 30 Arredondo (Tomás de) B. 

630 33 Villeia (Lie. Andrés de) A. 

633 35 Vázquez de Aguilar (Lie. Paulo) C. 

636 36 Bajo Arroyo (Pedro). 

636 41 Garaña Nieto (Antonio de). 

641 43 Estrada (Lie. Antonio de) B. 

643 43 Altamirano Velázquez (Juan). 

644 45 Quiñones (Luis de) O. 

645 45 Estrada Manrique (Juan de) O. 
645 45 Golfín de Carvajal (Juan) C. 



- 439 - 

1646 48 Rodríguez de Armenteros (Juan), 

648 49 Ulloa Pereira (Juan de) O. 

649 49 Navarrete (Juan Bautista). 

Cursatoria (c). 

603 06 Corral Arellano (Diego de) B. 
696 08 Sierra (Francisco de la). 
608 12 Sánchez (Bartolomé). 

612 17 Moscoso y Córdoba (Lie. Cristóbal) C. 

617 18 Haro (Lie. García de) C. 

618 23 Cañas (Francisco de) O. 
623 25 Velasco (Pedro-de) A. 

625 26 Arias de Mesa (Fernando). 

626 29 Ordóñez de la Real (Lie. Pedro) O. 

629 30 Villela (Lie. Andrés de) A. 

630 30 Altamirano Velázquez (Juan). 
630 32 Lezama (Antonio de) A. 

633 33 Porras (García de). 

633 36 Bajo Arroyo (Pedro). 

636 38 Valderrama (Francisco de) C. 

638 39 Ressa (Lie. Bernabé de). 

639 41 González de Salcedo (Lie. Jacinto). 
641 44 Espada (Francisco de la) A. 

644 45 Estrada Manrique (Juan de) O. 

645 45 Castejón (Gil de) B. 

646 48 Infante (Sebastián) C. 
648 48 Ulloa Pereira (Juan) O. 

Cursatoria (d). 

600 02 Ortega (Juan de) A. 

602 06 Aoyz (Lie. Berenguer de) B. 

606 06 Pacheco de Guzmán (Francisco) A. 

607 13 Espino (Lie. Alonso de). 

613 20 Ayora (Gregorio de). 
620 25 Neila (Dr. Pedro de). 

625 26 Sarabia (Francisco de) B. 

626 28 López de Hontiveros (Martín). 
628 31 Sánchez Randoli (Francisco). 



- 440 - 

1631 32 Cid de Molina (Francisco) C. 

632 33 Lezama (Lie. Antonio de) A. 

633 36 Porras (García de). 
636 39 Bajo Arroyo (Pedro). 

639 44 Feloaga (Lie. Antonio de) A. 

644 45 Espada (Francisco de la) A. 

645 45 Estrada Manrique (Juan) O. 
645 48 Pardo de Figueroa (José) A. 
648 49 Infante (Lie. Sebastián) C. 



Leyes. 
Cátedra de Prima (a). 

606 12 León (Juan de). 

612 21 Pichardo Vinuesa (Antonio). 

621 28 Vega de la Peña (Pedro de). 

628 31 Valencia (Melchor de). 

631 41 Portillo (Gregorio de). 

641 44 Ramos del Manzano. (Francisco), 

645 48 Villalobos (Pedro de). 

Cátedra de Prima (b). 

605 06 Caldeira (Francisco de). 

606 21 Díaz (Marcos). 

621 23 Queipo de Llano (Juan). 
623 25 Arce (Diego de). 

625 48 Maqueda Castellano (Paulo de). 

Cátedra de Vísperas (a). 

602 12 Pichardo Vinuesa (Antonio). 
612 14 Chumacero Sotomayor (Juan). 

615 16 Riego (Juan Alonso del). 

616 17 González de Sepúlveda (Matías). 

617 21 Larrea (Juan Bautista). 

621 25 Maqueda Castellano (Paulo de) 

626 31 Portillo (Gregorio de) 



- 441 - 

1631 32 Larreategui (Martín de). 
632 41 Ramos del Manzano (Francisco). 

641 42 León (Pedro de). 

642 44 Vidaña Lazárraga (Antonio). 

644 45 Felvaga (Antonio de). 

645 48 Salcedo (Luis de). 

648 48 Chaves y Sotomayor (Gabriel de), 

Cátedra de Vísperas (b). 

600 05 Caldeira (Francisco de). 

605 06 Flórez Melón (Sancho). 

606 07 Paniagua (Gabriel). 

607 09 Solórzano Pereira (Juan de). 

609 10 Pérez de Araciel (García). 

610 17 Guillen de la Carrera (Alonso). 
617 21 Vega y de la Peña (Pedro de). 
621 28 Valencia (Melchor). 

628 35 Cerbera (Bernardo de). 
635 45 Villalobos (Pedro de). 

645 45 Cervantes (Esteban de). 

646 46 Flórez (Alonso). 

646 48 Virto de Lezana (Pedro). 



Cátedras cursatorias. 

Digesto Viejo. 

601 02 Márquez (Lie. Francisco). 

602 02 Pichardo Vinuesa (Antonio). 
602 05 Flórez Melón (Sancho) B. 
605 07 Solórzano Pereira (Juan de). 

607 09 Martínez de Tejada (Lie. Lorenzo). 
609 15 Riego (Juan Alonso del) O. 

615 16 Gudiel de Peralta (Luis) A. 

616 16 González de Sepúlveda (Matías) A. 

616 17 Vega y de la Peña (Pedro de). 

617 21 Queipo del Llano (Juan) B. 



- 442 - 

1621 22 Ronquillo (Lie. Antonio) O. 
022 25 Portillo (Gregorio). 
626 28 Cerbera (Bernardo de) A. 
628 30 Solís (Lie. Francisco de) O. 
630 32 Ramos del Manzano (Francisco). 
633 33 Robles (Lie. Francisco) O. 
633 35 Villalobos (Pedro de). 
636 38 Góngora (Lie. Juan de) A. 
638 41 León (Pedro de) C. 

641 42 Arredondo (Diego de) A. 

642 45 Salcedo (Luis de). 
645 45 Flórez (Alonso) A. 

645 46 Virto de Lezama (Pedro). 

646 48 Zamora (José de). 

648 48 Villegas (Alvaro de) B. 

648 49 Beltrán de Arnedo (Pedro) O. 



Volumen. 

599 604 Villavicencio (Lie. Luis). 
604 06 Díaz (Marcos). 
606 08 Mexía de Castilla (Lie. Juan) C. 
608 08 Rodríguez Calvo (Lie. Simón) A. 

608 09 Pérez de Aranciel (García) A. 

609 12 Chumacero Sotomayor (Juan) B. 

612 13 Chumacero (Lie. Antonio) C. 

613 16 González de Sepúlveda (Matías) A 

616 17 Larrea (Juan Bautista) C. 

617 21 Maqueda Castellano (Paulo de). 

621 22 Portillo (Gregorio). 

622 26 Cerbera (Bernardo de) A. 
626 28 Amaya (Francisco de) C. 

628 29 Solís (Lie. Francisco de) O. 

629 30 Ramos del Manzano (Francisco). 

630 31 Larreategui (Martín de) O. 

631 33 Robles (Francisco de) O. 
633 33 Villalobos (Pedro de). 

633 33 Nieto (Lie. Martín) C. 

634 36 Góngora (Lie Juan de) A. 



- 443 - 

1636 40 Vergara (Francisco de) B. (1). 

640 41 Arredondo (Lie. Diego de) A. 

641 42 Vidaña (Lie. Antonio de) B. 
643 48 Laso de Vega (Cristóbal) C. 
648 48 Villegas (Lie. Alvaro de) B. 
648 48 Fernández de Retes (José). 

648 49 Oca y Zúñiga (Alonso) A. 

649 49 Santos (Lorenzo) O. 

Código (a). 

602 05 Díaz (Marcos). 

605 05 Solórzano Pereira (Juan). 

606 06 Mexía (Lie. Juan) C. 

606 07 Martínez de Tejada (Lie. Lorenzo). 

607 08 Pérez de Araciel (García) A. 

608 09 Chumacero Sotomayor (Juan) B. 

609 12 Pardo de Lago (Lie' Luis). 
612 12 Chumacero (Lie. Antonio) C. 

612 15 Sánchez de Islastejas (Lie. Bartolomé) O. 

615 16 Vega y de la Peña (Pedro de). 

616 21 Ronquillo (Lie. Antonio) O. 
621 21 Valencia (Melchor de). 

621 22 Cerbera (Bernardo de) A. 

622 26 Amaya (Lie. Francisco) C. 

626 28 Arias Temprado (Lie. Paulo) B. 

628 29 Ramos del Manzano (Francisco). 

629 33 Villalobos (Pedro de). 

633 34 Góngora (Juan de) A. 

634 36 Eusa (Lie. Fausto de) B. 

637 38 León (Pedro de) C. 

638 40 Arredondo Alvarado (Diego de) A. 
640 42 Salcedo (Luis de) 

642 43 Cervantes (Esteban de) A. 

643 44 Torre (Lie. Alonso de la) B. 

644 45 Flórez (Alonso) A. 



(1) Fué autor de la Historia del colegio viejo de Satt Bartolomé, que corregi- 
da y aumentada se publicó en 1766 por D. José de Rojas y Contreras, Marqués de 
Alventos, también colegial de San Bartolomé. 



- 444 - 

1645 45 Domonte (Dr. Melchor). 

645 46 Zamora (Dr. José de). 

646 48 Chaves (Gabriel de) O. 
648 48 Flórez y Guzmán (Juan) C. 
648 48 Oca (Alonso de) A. 

648 49 Santos (Lorenzo) O. 

649 49 Gamarra (Pedro) B. 

Código (b). 

601 02 Flórez Melón (Sancho) B. 

602 06 Paniagua (Gabriel) A. 

606 08 Rodríguez Calvo (Lie. Simón) A. 
608 10 Guillen de la Carrera (Alonso). 
610 15 Gudiel (Lie. Luis) A. 

615 16 Larrea (Juan Bautista) C. 

616 17 Maqueda Castellano (Paulo). 

617 21 Arce (Diego de) C. 

621 25 Puebla (Lie. Jerónimo de la) A. 
625 28 Solís (Lie. Francisco de) O. 

628 29 Santelices (Juan de) A. 

629 30 Larreategui (Martín de) O. 

630 32 Robles (Francisco de) O. 

632 33 Nieto (Martín) C. 

633 36 Vergara (Lie. Francisco de) B. 

636 37 Arce (Juan de) O. 

637 42 Castro (Lie. Nicolás de). 

642 43 Laso de la Vega (Lie. Cristóbal) C. 

643 45 Virto de Lezama (Pedro). 

645 46 Santos (Lie. Toribio) O. 

646 48 Villegas (Alvaro de) B. 
648 48 Fernández de Retes (Jos